Capítulo 24

Resolución.

Michael se mordió los labios, respiro profundo y asintió con la cabeza, porque de haber pronunciado una sola sílaba estaba seguro que lloraría.

Había despertado aquella mañana con la vista de Tai arreglándose diligentemente, y en su ignorancia había hecho un comentario como: "con quien es tu cita", una frase de la que se arrepintió al instante siguiente cuando Taichi se acercó y mirándolo a los ojos respondió, "con Matt".

Michael sintió como le arrancaban el corazón del pecho, sin embargo, se forzó a mostrarse tranquilo mientras veía al hombre que amaba peinar su cabello y perfumarse. A las diez de la mañana Taichi se digno a prestarle atención, camino hasta la cama, de donde Michael no se había movido desde que abrió los ojos, para depositar un beso suave y etéreo que a Michael le supo a despedida.

—Te deje el desayuno en la barra de la cocina, fruta, pan y café, procura comerte todo eso antes de servirte un tazón de cereal.

Eso fue lo último que dijo, no adiós, ni hasta luego, sólo eso.

Taichi salió del departamento con las manos temblorosas, la filmación de la película había sido terminada apenas tres días atrás, y aunque aún faltaban afinar detalles, su trabajo ya estaba siendo expuesto al público en las marquesinas de los cines y áreas de centros comerciales como propaganda antes del estreno.

Pero ahora sin mayores distracciones era tiempo de, ídem a Sora, cerrar etapas.

Con las manos metidas en los bolcillos comenzó a andar, podía tomar un taxi y llegar al lugar del encuentro en menos de quince minutos, pero prefería despejar su mente antes del inevitable encuentro. Era extraño pensar en eso, aun más cuando hace aproximadamente trece o catorce meses atrás toda su vida era un caos.

Había estado llevando su miseria de mala manera, y gran parte de eso se debía a la idea nefasta de recurrir a los antidepresivos. Para aquellos que nunca han tomado ninguno, Taichi describiría sus efectos como estar entre dormido. La vida pasa frente a ti sin emociones, no sientes la tristeza ni el dolor, pero tampoco la felicidad o hasta empatía para con tus semejantes.

Y luego... cuando una pastilla ya no es suficiente es lógico añadir dos o tres más, y la codependencia arrojan nuevos problemas como la ansiedad o la falta de sueño que te vuelven un neurótico.

No le mintió a Matt cuando le confesó la mala persona que fue, al contrario se quedo corto, porque no quiso y Matt no tenía derecho a saber que llego a golpear a Sora, que llego a gritarle a Yoshino, que prácticamente humillo a Hikari, que se peleo y dejo de ser amigo de Koushiro y que prácticamente estuvo a nada de perder su empleo.

Fue un día, todo eso paso en un solo día, el peor que haya tenido y lo recuerda como si hubiera sido una pesadilla.

Era él cuando levantó la mano y estrelló su puño contra el rostro de Sora, recuerda que por dentro lloraba sin entender porque su cabeza y cuerpo no parecían estar sintonizados. El horror en el rostro de Yoshino cuando entro y vio a su madre en el suelo, como el niño se lanzo contra él exigiendo una explicación, y lo cobarde de su actuar cuando lo empujo gritándole que solo era un niño estúpido que nada tenía que reclamarle.

Salió hecho una furia para encontrarse en el descanso a Hikari, que inquieta por el ruido salió de su departamento para averiguar que pasaba.

En cuanto la vio toda su vista se volvió roja, como un toro que picado por las banderas del torero ya no le importa a quien embista.

Así estaba él, cegado.

La tomó por los brazos para sacudirla mientras le preguntaba si estaba loca, Hikari obviamente no entendía de que hablaba y eso lo enojaba aun más. Así que fue más explícito, preguntando porque amaba a un ser tan despreciable, tan vil, un hombre degenerado que no merecía la vida. O tal vez es que ella ocultaba secretos aún más impúdicos y por eso fácilmente disculpaba sus perversiones. Tal vez era ninfómana, y sus excesos y filias pondrían en vergüenza su gusto por...

Fue en este punto que ella le cerro la boca de una bofetada, sus ojos que siempre le miraron con amor y comprensión ahora no mostraban más que el dolor de la humillación, porque todo lo dicho por él había sido escuchado por más de un vecino chismoso que miraba la escena con morboso deleite.

Huyo escalera abajo, mientras se daba cuenta que no tenía a donde ir, Koushiro estaba fuera del país, y aunque no fuera de esa manera, su carácter tan volátil en estos días le hicieron discutir con él por tonterías.

Como que Izumi nunca le ponía a tención a pesar de que él se tomaba el tiempo de visitarlo en su despacho cada semana, nunca le había molestado ese detalle, porque se conocían y sabían sus fortalezas y defectos, así que el reclamo fue una sorpresa tanto para el informático como para el publicista, que de repente pareció sufrir de vomito verbal y comenzó a soltar una sarta de estupideces que no pensaba, pero que de todas maneras pronuncio. Por suerte Izumi solo lo despidió asegurándole que ya hablarían cuando fuera menos idiota.

Caminaba sin rumbo cuando Michael lo encontró. El actor prácticamente lo obligo a subir a su auto para llevarlo a su departamento. El primer día Taichi casi arraso con todo dentro de la vivienda en una desenfrenada demanda por que lo dejara salir. Michael soporto una increíble paliza, pero consiguió uno: mantenerlo ahí, y dos, quitarle los antidepresivos.

Taichi solo fue consiente de todo lo anterior tres o cuatro días después cuando despertó con lo que solo se podría describir como resaca, le dolía el cuerpo y la cabeza, tenía nauseas y mareo. Lo primero que se topo apenas intentar levantarse fue con el rostro cansado y moreteado de Michael, que con sonrisa un tanto forzada le preguntaba como se sentía.

Los recuerdos llegaron de golpe, así como la culpa.

Y cuando uno pensaría que las cosas mejorarían, con Taichi tendían a ir en sentido contrario.

Michael estaba exhausto, pero se mantenía firme, a su lado, calmando con palabras dulces sus culpas y remordimientos. La peor parte de la desintoxicación ya había pasado, pero el tiempo de rehabilitación seria mucho más largo y tortuoso. Lo primero era disculparse con quien dañó.

Sora lo miro con sus expresivos ojos mientras lo abrazaba comprensiva. Ella lo amaba a su manera y entendía, sabía que ese que la golpeo no era el Taichi Yagami que la ayudó, que le ofreció un hogar y un futuro mejor para ella y su hijo. Así sin muchas palabras quedo perdonado.

Hikari tuvo más o menos la misma reacción, eran familia, y la familia es de por vida sin importar lo que venga o vaya.

Koushiro, Izumi le tiro un buen derechazo, que si bien no llego a lastimarlo porque Koushiro es hombre de escritorio y no posee mucho musculo, si pareció hacerlo sentir mejor tras decidir que estaban a mano.

Y el que le costo más fue Yoshino. El niño se negaba a hablarle, incluso a permanecer más de dos minutos en la misma estancia. Al principio pensó que lo odiaba, luego una verdad aun más dura le fue revelada cuando intentó posar su mano sobre su cabecita.

Yoshino temblaba, no lo odiaba, le tenia miedo.

Tuvo que actuar como lo haría con un animalito, respetar el espacio del niño y no imponer su presencia, demostrarle a base de detalles que había vuelto a ser el mismo de antes, y luego cuando ya pudo aproximarse sin representar un peligro, disculparse sentidamente. Intento explicarle de la manera más simple que no había sido él en ese momento, que le había sucedido algo muy malo y que tomó malas decisiones. Que lamentaba no haberse refugiado en el cariño de aquellos que lo amaban.

Yoshino lo perdono con una sola condición, que nunca más volviera a poner esa cara de monstruo, porque de verdad lo asustó mucho.

Taichi abrazo a su hijo prometiéndolo de todo corazón mientras lloraba.

No iba a permitir que ese monstruo que casi lo destruyo volviera a tomar las riendas. Pero a pesar de sus palabras, de vez en cuando sentía la tentación de tomar una pastilla, en momentos así, tomaba su teléfono y marcaba el numero de Michael.

El actor pasaba las noches en vela, platicando o solo escuchando el sonido del segundero del reloj mientras avanza, noches interminables en que las manos de Tai le temblaban mientras su cuerpo rezumaba y sus nervios eran puestos a prueba, porque no había otra cosa en su cabeza que la apacible sensacion del antidepresivo haciendo efecto.

Michael nunca insinuó durante esas noches sus sentimientos, ni siquiera le tocaba por accidente, se conformaba con mirarlo de una manera que Tai solo podría describir como adoración.

Y fue varios meses después, casi un año que Michael comenzó a mostrarse más cariñoso, a visitar con mayor frecuencia a Tai tanto dentro como fuera de la oficina y luego a confesarle sus sentimientos.

Los detalles que le mandaba siempre eran recibidos con una sonrisa forzada, las citas siempre cargadas de un aire receloso que hicieron en algun punto pensar a Michael que nunca seria correspondido. Y estaba bien, si esa era la decisión de Tai. Pero antes de renunciar completamente y conformarse con ser solo un amigo más tenia un par de cosas que quería decirle.

Taichi se sorprendió cuando Michael lo cito en un parque, era una hora tardía por lo que estaba casi desierto. Michael lo condujo hasta una banca, la briza estaba tibia porque era verano y los grillos cantaban su eterna canción.

—Esta será la ultima cita —dijo mirando el cielo oscuro. —No quiero obligarte a nada.

—Tu no...

—Mira Tai, no se si no te has dado cuenta, o si no quieres darte cuenta, pero desde hace mucho yo estoy enamorado de ti. Te he visto ser un buen padre, un buen esposo, un increíble hermano y un gran amigo. Un muy loco enamorado, y cada una de esas facetas las ame, pero, aunque te parezca raro o estúpido, también ame tu dolor, tu tristeza. Lo que no ame es ver que te quebraras por alguien que no lo valía. Tal vez tu ya no lo recuerdes, pero mientras superabas los primeros días de abstinencia te pregunte porque estabas tan dolido. Claro entendía que te rompieron el corazón, pero ustedes no llegaron ni ha hacer pareja. Tu respondiste que te odiabas por estúpido y confiado. Me contaste que esa noche que fuiste a su departamento no tuvieron sexo, alegaste que estabas casado, pero la verdad es que tenias miedo, que nunca has estado con un hombre, y por eso te rehusaste. Que pensabas que por eso Yamato a otro día busco alguien que si estuviera dispuesto a abrirle las piernas.

Taichi no lo podía creer, no lo recordaba para nada.

—Lo peor de todo es que lamentabas no haber estado con él al menos una vez, aun cuando eso significara que después de un par de veces se cansara de ti de todos modos.

Taichi no podía negarlo, de verdad lo había pensado por mucho tiempo.

—Te lo dije en ese entonces, y te lo repito ahora, hay personas así, pero también hay quien está dispuesto a poner tu felicidad antes que la suya, a quien de verdad le importas, no te cierres al amor, quizás las cosas no salieron bien, pero mientras estés dispuesto a intentar vas a encontrar lo que estas buscando. Amor.

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Taichi suspiro al ver la cafetería a un par de cuadras de d'Xim en donde cito a Yamato, el lugar serviría para marcar un principio y final, y notando que su pulso en algún punto del recorrido había recobrado su ritmo tranquilo.

Después de recordar todo lo sucedido estaba más que seguro de su decisión.

Empujo la puerta y la campanita anuncio su llegada. Con la vista busco a Matt encontrándolo en la mesa de la esquina. Con paso firme acorto la distancia y tomó asiento. Matt le sonrió, se veía un poco ansioso por saber el motivo de la cita.

—Siempre me pregunte como haces para verte bien con cualquier cosa, creo que la frase que le repetido a Sora más de un millón de veces es, debería ser ilegal ser tan sexy —y rio con agrado al ver como se ruborizaba el cantante tras su cumplido.

—Tai, yo, dime que estoy suponiendo bien cuando pienso que quizás no todo esta perdido —dijo tomando la mano de Yagami.

Taichi no intento retirar la suya, al contrario, coloco la otra sobre la blanca de Yamato.

—Estoy aquí para dos cosas —afirmó Tai dando un suave apretón. —La primera para asegurarte que te quiero, siempre lo haré de una manera u otra, porque si no pude odiarte cuando no te entendía, ahora que nos hemos vuelto a encontrar, y a pesar de no saber los motivos por los cuales te alejaste, me has demostrado que no fue por falta de amor y eso me hace feliz. Siempre podrás contar conmigo, voy a poyarte en todo, pero no puedo ser más que tu amigo. Y dos, devolverte esto —y le tendió sobre la mesa una caja pequeña.

Yamato la tomó expectante, como si la caja fuera una cobra apunto de atacar.

—Se que encontraras a la persona correcta y cuando eso pase voy a ser muy feliz por ti. No espero que lo entiendas ahora, pero lo harás, te lo aseguro.

Y sin esperar respuesta Tai se marchó dejando detrás de sí a un Yamato que tomaba entre sus manos un reloj de pulsera dorado con cinchos en marrón, el mismo que él una vez colocó en la muñeca del publicista.

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La campanilla de la puerta se escuchó otra vez cuando la puerta se cerró a la espalda de Tai, luego una mano delicada le sujeto del brazo.

—¿Estas bien hermano? —preguntó Hikari.

Taichi parpadeo, respiro profundo y luego respondió con una enorme sonrisa.

—Si.

El claxon de un auto se hizo oír y Tai abrió grande los ojos al reconocer el coche de Michael.

¿Cómo lo había encontrado?

—Yo lo llame hace un rato —confesó Hikari como si hubiera escuchado sus pensamientos. —Pensé que quizás...

Taichi no la dejo terminar, le dio un beso tronado en la mejilla y corrió a subirse al auto sintiendo en su bolsillo el peso de una caja pequeña de terciopelo negro.

—¿Crees que va a estar bien? —preguntó Koushiro saliendo de su escondite, había acudido a la cita solo por si acaso y no porque estuviera preocupado de la decisión de su amigo.

—Creo que sí —respondió ella. —Supongo que al fin entendió que el verdadero amor no nace de un flechazo, sino que se forma a partir de los detalles de cariño, la preocupación y entrega. Porque una estrella fugaz es deslumbrante y maravillosa, pero el cielo estrellado que contemplamos todos los días, incondicional y perpetuo tiene su propio romanticismo. Aquel que te ama no te hace sufrir, busca la forma de evitarte el dolor, y si por algún motivo no esta en sus manos, encontrara como aligerarla.

Una exclamación de júbilo hizo a ambos dar un respingo, Michael dentro del auto comenzaba a gritar con una emoción más allá de la felicidad.

—Por lo que veo el anillo era para él —comentó Izumi con una sonrisa torcida.

Hikari solo elevo los hombros restándole importancia.

—Y lo dudabas, que poco conoces a mi hermano.

Fin.