—Mi vida —dijo Rodolphus al momento en que su esposa y Sirius posaron sus pies dentro de la residencia. Hasta ese momento había permanecido dentro de la biblioteca, evitando a toda costa al lobo y su actual pareja, puesto que se hallaba en un predicamento horrible. Desde que había llegado del brazo de su esposa a la casa de su "primo" (porque él tenía más que claro que esos dos tenían más relación que el parentesco que los unía), sentía la sensación de estar siendo observado aun cuando no se encontraba dentro de los parámetros de visión del lobo, por lo que sus sentidos estaban alerta en todo momento. Él no era un hombre que se dejaba llevar por las paranoias como su esposa, era todo lo contrario a ella en ese tipo de menesteres, porque no estaba el día y noche pensando en si alguien entraría por su ventana para poder matarle o descuartizarle de un segundo al otro, cosas que su mujer si pensaba a cada segundo que su cuerpo daba un suspiro. No obstante, desde que llegó a la casa del animago, se sentía perseguido por unos ojos ambarinos a sol y a sombra, cosa que no le hacía sentirse seguro en absoluto. Desde que había dejado aquella relación en el pasado, no había día o noche que hubiese dejado de pensar en él, pero las circunstancias hicieron mella en su obstinación con el tiempo, cosa que no hacía más fácil el encontrarse dentro de la mismas paredes que el licántropo. Cuando entendió cuál sería la guarida de su esposa, supo que estaría expuesto a sus sentimientos como cuando el Lord lo usaba para sus sesiones de desahogo personal, es decir, completamente expuesto y sin poder decir nada al respecto, porque su corazón lamentablemente se mandaba solo. Estaba tan enterrado en aquella situación, que el miedo lo tenía dominado por completo. No quería estar expuesto a los sentimientos que enterró hacía tantos años y mucho menos sucumbir a ellos como un adolescente que no podía vivir sin tener al amor de su vida a su lado. Sería tremendamente patético, sobre todo porque ya había vivido de esa forma por varios años
—Cariño —saludó la bruja a su esposo depositando un suave beso en sus labios, mientras un bufido se escuchó a su espalda —. Estoy tremendamente cansada, así que solamente quiero irme a la cama y comer hasta quedarme dormida —comentó Bellatrix, sintiendo como su esposo se relajaba al verla llegar y tenerla en sus brazos. Tenía claro que no se le estaba haciendo fácil la vida a su esposo allí, pero pronto se irían y no tendrían que estar soportando a tanta gentuza junta
—Vámonos a la habitación en ese caso —murmuró Lestrange, expresando el alivio que lo embargó al ver que la mujer le estaba dando la vía de escape perfecta para su regocijo
Bellatrix tomó del brazo a Rodolphus y se dirigieron hasta las escalinatas que los llevarían al escondite absoluto
—¡Oye!, ¡yo quiero mi empanada!. ¡por algo te acompañé a la casa de una Muggle sexy y me aguanté los grito de la histérica de Narcissa, me merezco mi parte! —reclamó Sirius viendo que su prima se iba con todo el botín y no pensaba darle nada de lo que había "comprado". Dudaba mucho que su amiga se las vendiera, más que nada por la cercanía y complicidad que mostraban las dos mujeres cuando estaban tan cerca. Tenía una más que leve sensación de que ambas eran más que amigas y claramente la mujer no le cobraría absolutamente nada a su prima si esta se lo pedía. Cuando vio el comportamiento de las mujeres, se extrañó en demasía, pero mucho más por la calidez que demostraba la bruja hacia otra persona y más aún siendo esta una simple Muggle, por lo que había estado meditando sobre aquella situación en todo el camino de regreso a su casa. "Se la tiene que haber tirado…, ¿qué más podría ser?" se preguntaba mentalmente. No tenía sentido que su prima fuese tan cariñosa con alguien que prácticamente era un ser salvaje para ella, una bestia y que no entraría en el rango de estima de una bruja sangre pura y elitista
—Que te follen, yo me las traje para mí. Tú quisiste acompañarme cuando nadie te lo pidió, así que ahora si nos disculpas, tengo que irme a mi habitación para tener sexo desenfrenado con mi marido y de paso atragantarme comiendo —sentenció ella mientras seguía subiendo las escaleras, casi corriendo con su esposo pisándole los talones
—¡Eres mala Bellatrix!, ¡mala de adentro! —gritó acongojado Sirius, porque lo estaban alejando de su paraíso culinario
—¡No sacas nada alagándome pulgoso! —contestó la mujer desde el cuarto piso, cerrando la puerta tras de sí. Una vez dentro, se largó a reír desaforada. Le hacía gracia el comportamiento que tenía Sirius, mostrándose como un niño que aún no crecía y a la vez como un hombre oscuro que nadie quería ver. Ella sabía que él era mucho más intenso que la gran mayoría de sus amigos quería dilucidar. Era vengativo, posesivo y muy retorcido cuando necesitaba planear sus arranques de ira y descargas contra otros, cosa que no hacía más que intrigarla. "Es escorpio…, eso explica muchas cosas" se dijo, justificando al hombre por su signo zodiacal. El tema de las estrellas y constelaciones tenían una importancia muy grande en su vida, por lo que hasta tomaba en cuanta aquellas nimiedades para darle una explicación a todo lo que sucedía a su alrededor
—¿En serio no le vas a dar ni una sola? —preguntó Lestrange mirándola desde la cama de dos plazas que estaban compartiendo. Se maravillaba por las sensaciones que podían darle un espacio tan reducido como ese, teniendo en cuenta que la habitación era una cuarta parte de las que tenía en sus mansiones
—Sí le voy a dar, pero que sufra un rato. Me estoy ablandando mucho por culpa de ese imbécil…, como para llegar al punto de compartir mis cosas con él —se quejó, sentándose junto a su esposo y extendiendo el paquete que contenía las delicias que hacía Nellie
—No creo que te estés ablandando querida, solamente estás dejando salir sentimientos que nunca quisiste experimentar —contestó Rodolphus, mientras arrancaba un borde de masa y se lo llevaba a la boca
—¿Sentimientos?, ¿qué sentimientos? —preguntó con un claro tono de no estar entendiendo una palabra de lo que el hombre le decía, a la vez que separaba dos empanadas de las diecinueve que tenía, porque el Mortífago ya le había sacado una
—Agrega otras dos a las que estás separando —susurró Rodolphus, esperando que su esposa no preguntara porqué haría eso.
Bellatrix lo miró y sintió como su corazón se apretaba, teniendo más que claro que su mejor amigo todavía tenía sentimientos fuertes por el licántropo. Quiso ponerse de pie, rodear la cama y pegarle una patada en la cara para que se dejara de estupideces, pero no tenía maldad hacia él, así que simplemente suspiró e hizo lo que el mago le estaba pidiendo, solamente para ver el brillo en sus ojos al saber que su lobito tendría su parte también. No obstante, ella también quería tener ese brillo de felicidad en sus ojos, por lo que se paró de un salto y espetó —Me vas a ayudar entonces
—¿A hacer qué? —preguntó el hombre sin entender que se traía entre manos la bruja
—A sacarle canas verdes a Siri, más que mal, le dije que íbamos a subir a follar desenfrenadamente —contestó ella con simpleza
—Mi vida…, la única vez que lo hicimos fue para poder consumar nuestro matrimonio y llevamos casi veinte años casados…, no creo que este sea un buen momento para ponernos a cumplir con nuestros deberes maritales
—Bueno, ¿quieres que tu lobo tenga su parte o no…? —comentó ella, sabiendo que era el punto de inflexión de su marido —, además que no te estoy diciendo que nos acostemos, sino que me ayudes a molestar a Siri.
Con un bufido cansado, Rodolphus se puso de pie y tomó la mano de su esposa para situarse junto a la puerta de la habitación —Voy a morir por esto —dijo con desgana y nerviosismo
—Nah, me estás ayudando a dejar más de un mensaje en esos dos imbéciles —respondió ella, sacando su varita para pronunciar levemente —Sonorus.
En la cocina, Sirius rumiaba con rabia porque su prima no le había dado nada para comer y encima gracias a la misma mujer, Molly había tirado todo lo que había hecho o se lo había llevado a su casa, porque no quedaba ni una misera cosa de lo que cocinó antes de partir de la casa. Caminaba de un lado para otro con un vaso de whisky en la mano, despotricando a los cuatro vientos, al mundo, a la vida y a todo lo que se le ocurriera por su mala fortuna
—¡Es una maldita desconsiderada!, ¡no sé como es que soporto que esté en esta casa y que me deje así! —decía mientras bebía de su licor
—Canuto…, te estás quejando porque no te dio de las cosas que trajo para comer…, no puedo creer que seas tan infantil —amonestó el licántropo, cansado de escuchar y ver como su amigo se estaba quejando por cosas tan superfluas —. Estamos a portas de una guerra y tu estás sufriendo porque no te dieron qué comer
—¡Es que no lo entiendes!, ¡esas son las mejores cosas que he comido en toda mi puta vida y ella me las está alejando! —seguía diciendo, lamentándose por su mala suerte, cuando escuchó un sonido que lo dejó helado. Se encaminó hasta el pasillo principal y fue consciente de lo que era eso que lo sacó de su sesión de autocompasión
—¡Si!, ¡Sigue Rody sigue!, ¡más fuerte, párteme!
—Esto tiene que ser una puta broma… —se lamentó el animago, teniendo más que claro qué era lo que estaba pasando unos pisos más arriba de su cabeza. Sintió que sus piernas temblaban y sus pulsaciones se disparaban alocadas.
Remus que estaba a su lado, no podía creer lo que estaba escuchando y dentro de él surgió un odio que no había sentido nunca, junto al sentimiento de celo y envidia, por no ser él quien estuviese en la posición de la bruja
—¡Agh!, ¡Más fuerte amor!, ¡más fuerte! —se seguía escuchando la voz de la bruja, envolviendo todo el espacio dentro de las paredes de Grimmauld Place. Se escuchaban golpes en la madera, por lo que Sirius pudo adivinar que estaban en la puerta de la habitación y el sonido de golpes era el cuerpo de su prima chocando con el objeto. La vena de la yugular saltaba con fuerza bajo su piel y tenía unos grandes deseos de matar a Lestrange por estar haciéndole esas cosas a su prima
—¡Más, más!, ¡no pares!, ¡ya estoy cerca! —gritaba Bellatrix dentro de su habitación junto a su marido que no dejaba de golpear la puerta cada ciertos segundos, sin dejar de comer su porción del botín. Estaba aguantándose las risas que querían salir de su garganta imaginándose la cara que podía tener Sirius en esos momentos por lo que estaba escuchando, pero dentro de ella estaba el pensamiento de que merecía la pena, porque todo tiene un precio y ese era el que tenía que pagar el hombre para que ella compartiera sus cosas
—Estás loca amor —susurró Rodolphus viendo a su esposa, tragando lo que tenía dentro de la boca —, nos van a matar por esto
Ella hizo un gesto con su mano, haciéndole entender que, si le contestaba, se escucharía por toda la casa, así que, ya estando satisfecha, dijo lo último —¡No pares, no pares!, ¡me voy a correr Rody, me…, Agh! —gimió lo más fuerte que pudo, felicitándose por lo tan buena actriz que era. Murmuró el contra hechizo para conversar sin ser escuchados y se lanzó de panza a la cama, disponiéndose a comer más que contenta, mientras desaparecía lo correspondiente a los hombres que debían estar teniendo una apoplejía en esos momentos. Dio dos golpes en el colchón invitando a su marido para que se acostara a su lado y disfrutasen de la tranquilidad que se habían ganado. —No nos van a matar…, Siri tiene que estar pegándose contra una pared y tu lobo tiene que estar muriendo de los celos y queriendo matarme, pero se lo merece. Yo no voy a dejar que se te acerque Rodolphus, y eso debes tenerlo más que claro —sentenció completamente seria con su dedo índice apuntando el rostro del hombre a su lado.
El mago sonrió, sabiendo que la mujer que le estaba amenazando solamente quería protegerlo de todo sufrimiento, solo que no sabía que ya estaba sufriendo por no tener al castaño junto a él y tener que verlo con la metamorfomaga a cada momento. —Oye preciosa…, tú no gritas cuando estás tirando con alguien…, de hecho, siempre he escuchado que nadie te ha conseguido sacar más que un gemido bajo cuando han estado contigo, así que es muy poco creíble lo que acabas de hacer. Ni yo logré hacerte gritar como lo hiciste tú ahora
—Sí, pero eso Siri no lo sabe y no lo sabrá tampoco. Además, eso es porque yo domino…, a mí no me logra poner de sumisa nadie, por ende, nadie me puede hacer gritar como enferma.
—Eso tendremos que verlo… —susurró él, sabiendo que aquello no era más que una mentira del porte de Hogwarts. Lo más probable era, que la persona que lograría hacerla gritar desaforada estaba comiendo y rumiando unos pisos más abajo, pero no quería perder la cabeza por sus comentarios, así que prefirió guardárselo como todo lo referente a los Black
—Rod…, he estado pensando en hacer algo que no quiero hacer, pero que es totalmente necesario hacerlo… —susurró la Mortífaga mirando a su marido luego de estar completamente satisfecha y cambiando el tema radicalmente
—¿Debo preguntar de qué se trata o ya lo tienes decidido? —murmuró el menor de los Lestrange mirando a su esposa con intriga. Siempre que la mujer salía con ese tipo de comentarios redundantes, significaba que nada bueno podía acudir a su vida en corto tiempo
—Puedes preguntar, pero ya lo tengo decidido…, necesito que visitemos a tu suegra…, y que nos vayamos a una de nuestras mansiones antes de eso —susurró Bellatrix sintiendo como un escalofrío recorría su cuerpo por toda su espina dorsal
—A…, ¿a mi suegra?, ¿es en serio? —inquirió el hombre observando como la bruja se tensaba al momento en que lo dijo, más que nada porque se hacía mucho más real que lo dijese él a que lo soltara ella de un segundo al otro —. Explícate querida, porque te juro que ahora no estoy entendiendo nada
—Lo que pasa es que Dumbledore se está muriendo y no puedo permitir que eso pase —soltó ella sin darle demasiados rodeos al asunto —. Cuando hice el Juramento Inquebrantable con él…
—¡¿Hiciste un juramento con Dumbledore?! —gritó Rodolphus, extenuado por lo que estaba escuchando
—Rody…, céntrate por favor…, —pidió ella sin explicar las cosas que había realizado antes de sacarlo a él, a su cuñado y hermana de la mansión, más que nada porque no lo gustaba tener que explicar las cosas que hacía a espaldas de los demás. Movió su varita e insonorizó la habitación para que nada de lo que diría a continuación fuese escuchado "accidentalmente" por las personas fuera de esas paredes —. La cosa es que cuando hice eso, al momento en que coloqué mi mano en su antebrazo sentí la misma energía que expele "Él", así que estoy más que segura que el viejo se está muriendo y es gracias al Lord…, tengo que ir a ver a tu suegra porque es la única persona que me puede llevar hasta la solución para ponerle un alto a la muerte. No puedo dejar que el viejo se muera antes de que cumpla con su parte del trato, así que, aunque no me guste lo que tengo pensado hacer, voy a salvarle la puta y asquerosa vida a "Albus muchos nombres Dumbledore" —espetó con rabia
—No voy a preguntar por ahora qué fue lo que hiciste mi vida, pero espero que me lo digas pronto, porque no me gusta moverme sin saber a qué me estoy enfrentando —dijo el hombre, dejándole en claro a la Mortífaga que no tendría escapatoria de aquello —, pero si lo que quieres es ir a ver a tu madre, pues…, está bien, vamos a verla, aunque no me agrade para nada el tener que hacerlo
—¿Te acuerdas de esa vieja fea que estuvo para nuestro compromiso? —preguntó ella, sabiendo que a su esposo no le gustaba la idea más que a ella
—Esa forma de referirte a la gente querida…, ¿no puedes ser más dulce?.
—¡Pero si era fea!, yo no soy de mentir —se justificó ella
—Bueno…, ¿qué tiene esa señora que ver en todo esto? —inquirió Lestrange, no queriendo darle más vueltas a los despectiva que podía ser su mujer la gran mayoría de las veces
—Esa vieja fea es la mejor amiga de tu suegra, por eso necesito ir a verla para que me dé su ubicación —explicó con asco —. Es muy importante saber dónde encontrarla, porque ella es descendiente de Lucrecia Borgia
Rodolphus aguantó la respiración, sin poder creer lo que su mujer le estaba diciendo—… ¿C-cómo?, pero si se supone que no existen descendientes de los Borgia —susurró con estupefacción el oscuro mago, completamente anonadado por lo que estaba escuchando
—Eso es mentira —comentó ella sentándose sobre la cama para poder ver a su esposo directamente —. Un día cuando estaba sentada en la biblioteca de la mansión de mis padres conversando con Narcissa, antes de que se casara con el inútil de Lucius, escuché a mi madre conversando con esa "señora", como le dices tú. Esperé hasta que se fuera antes de volver a nuestra mansión y como tu suegra estaba hecha mierda por lo ebria que se puso, logré sacarle la información. Me contó que se cambiaron de apellido cuando se vinieron a Inglaterra escapando de las personas que los querían matar. Aunque no los culpo si se llevaron la vida matando gente que ya no les servía para tener más poder del que fueron teniendo. La cosa es que Lucrecia tenía a sus hijos escondidos y más que avisamos, así que se los trajo a Inglaterra hace unos siglos atrás y se cambiaron el apellido para que dejasen de vincularlos con la mala fama de la familia, sobre todo siendo hija de un Papa y estando ligada a la depravación que les dejó un lastre a sus hijos y a ella misma, aunque hubiese sido partícipe de la mayoría de las cosas que se le acusaban. Se supone que ella murió luego de dar a luz a su octavo hijo por una fiebre Muggle, pero eso fue solo una historia que se inventaron, porque ella era la Maestra Pocionista más grande que se ha conocido en la historia de la magia, sobre todo en el arte de los venenos, nadie sabía que ella era bruja y se fue educando con el paso del tiempo escondida, de la misma manera que educó a sus hijos —dijo con exaltación, porque sentía un profundo respeto por la mujer de la que estaba hablando y el poder que había tenido en su momento—. Draco me contó cual es la presentación de Snape ante los alumnos de primer año en el castillo, y les dice que con las pociones se puede embotellar la fama, generar la gloria y ponerle un alto a la muerte…, eso solo lo ha logrado una persona y fue Lucrecia. Durante los años que investigó y se educó, creó un compendio donde anotó todas sus pociones y la gran mayoría son venenos y sus contrapartes. ¿Entiendes ahora por qué tenemos que ir donde tu amada suegra?, ella nos dirá en donde está esta vieja fea y podré tener la solución a la muerte de Dumbledore, aunque sea a punta de Crucios…
Rodolphus contuvo el aliento por toda la información que tenía guardada su esposa y por la expectación que ello le generaba. Podría conocer a la descendiente de una de las brujas más poderosas y oscuras después de Morgana, cosa que no era menor. Asintió anonadado y diciéndose una y otra vez que valía la pena tener que ir hasta la Mansión Black. —Vamos a visitar a Druella entonces y de paso le sacamos una cuantas botellas de las que tiene guardadas…, esa mujer se emborracha con muy buenos licores —comentó consolándose a sí mismo, más que mal, tenía que sacarle provecho a esa visita tan desagradable y ya no tenía a Lucius para abastecerse de alcohol. —Ah…, ¿y ya tienes decidido a qué mansión nos iremos?, ¿y cuándo? —preguntó queriendo no sonar desesperado de irse de allí lo antes posible
—Nos vamos mañana porque tengo que prepararme antes de ir a visitar a esa mujer —contestó sacudiendo su cuerpo gracias al escalofrío que la embargó —, y nos vamos a la mansión de Exmoor. Es la más alejada y tiene más protecciones que Hogwarts y Gringotts juntos, así que nadie va a poder saber que estamos allá. Teniendo en cuenta que los Muggles solo ven una explanada gigante y piensan que es un parque nacional, no se atreverán a revisar si estamos allí siendo que es bastante visitado y tenemos libre paso por toda la vía sin que nadie nos pueda ver, sin contar que nadie sabe que tenemos esa propiedad, así que estaremos más que seguros mientras empiezo con mi parte del trato con el vejete ese — comentó recostándose sobre el colchón y apoyando su rostro sobre el dorso de sus manos, dejando que el sueño la consumiera rápidamente y cortando todo tipo de comentario de parte del hombre a su lado que no hacía más que suspirar con pesar.
