Capítulo 27.- Centro de proceso

«Merece la pena repetir que lo importante a sacar de todo esto es que incluso dentro de la versión moderna de la Interpretación de los Muchos Mundos, la interferencia (...) no envuelve ninguna división y recombinación del Universo(s). En vez de eso, esta clase de experimento permite la interferencia entre mundos paralelos "cercanos" para volverse obvia. "Cercanos" en este contexto significa "similares"»

«Computing with quantum cats»

John Gribbing

Pinkie Pie volvió a espiar a los robots malos que vigilaban la escotilla al final del pasillo. Su Pinkie-sentido no se había activado de nuevo, no solía hacerlo una vez le había dado ya el aviso inicial (lo que había sucedido en la superficie antes de bajar al laberinto de túneles, cuando todo había sido divertido todavía y aún conservaba su globo-alien y ¡echaba tanto de menos aquel globo!); pero al ver a las moles de metal brillante y tan, tan, tan fuertotes, no pudo por más que recordar el miedo que había pasado cuando Mel, antes de ser Mel, había intentado desintegrarla. ¡Aquello había sido lo menos divertido de todo!

– ¿Estás seguro de esto, Mel? –preguntó Pinkie Pie.

– Si. AuNquE... NúMeRo 6 y nÚmErO 8 sOn MuY eStRiCtOs. DuDo QuE eStO fUnCiOnE mÁs AlLá De La DiStRaCcIóN qUe NeCeSiTáIs PaRa EnTrAr.

– ¡Olvídate de la distracción! –rogó Pinkie Pie tratando de no perder el buen ánimo. En momentos tan críticos resultaba difícil decidir si lanzar confeti o no. No, mejor no–. ¡Lo importante es que se trata de tu primera rutina como monologuista! Salga como salga querría que te lo pasases bien. ¡Has recorrido tanto camino desde que te conocí e intentabas matarme!

Confeti. Ahora sí. No le quedó muy bien, porque había tenido que usar periódicos viejos y alguna lentejuela del vestido rojo que Rarity le había puesto en sus alforjas, pero le pareció ver en la lucecita de ojos de Mel un leve brillo de agradecimiento.

– GrAcIaS. eSpErO pOdEr VeNcEr El MiEdO eScÉnIcO.

Pinkie Pie asintió tratando de mostrarse comprensiva. Ella misma había tenido que enfrentarse a públicos difíciles muchas veces. ¡Incluso llenos de hecklers (*1)! Hacer comedia no era fácil, pero Mel debía curtirse y uno de los medios para lograrlo, era enfrentarse al miedo escénico. Le puso la toalla por encima de sus brillantes hombros y trató de darle un masaje, aunque los duros tubos de metal que conformaban su espalda no daban para mucho en ese sentido.

– Bueno, Mel. Si te soy sincera la primera vez que hice comedia fue mi peor vez –se sinceró Pinkie–. El secreto para sobrellevarlo es no esperar nada y tratar de pasar un buen rato... Y bueno... Aprender... ¡Y tratar de que no te desintegren! ¡Ten cuidado con sus cañones láser!

Applejack se acercó.

– Esto es una locura –murmuró–. ¡Esa AIMAQCA endemoniada está tramando algo seguro! Gracias por ayudarnos en cualquier caso, Mel.

– De NaDa. CrEo QuE sErÁ dIvErTiDo –le dijo a Applejack. Luego volvió su cabeza hacia Pinkie– ¿AlGúN úLtImO cOnSeJo?

– Sólo cíñete al monólogo y si te sacan de él –le dio ánimos Pinkie–, recuerda lo que hemos hablado sobre cómo sobrevivió a su improvisación de Philadelphia el humano Bill Burr (*2)

Luego Pinkie se acordó de Rainbow Dash y le pasó otro palo lleno de algodón de azúcar de sabor a fresa, para que se recuperara del todo y no le dieran más ganas de besarla.

– Gracias, Pinkie –dijo Rainbow con la boca llena–. No sé qué me pasó antes.

– Bajada de azúcar supongo –se encogió de hombros Pinkie. Luego puso un casco sobre el brazo de Mel–. ¡Muchas chispas ahí fuera, grandullón!

– Es ahora o nunca, Pinkie –avisó Twilight.

Y vieron a Mel doblar la esquina para enfrentarse a los dos guardias robóticos del centro de proceso de AIMAQCA.


(*1) NdA: No he encontrado otra traducción en castellano para "heckler" que no sea «objetante». En este contexto un "heckler" es alguien del público que interrumpe monólogos de comedia para estropear el número, arruinando el chiste con abucheos o mostrándose más gracioso que el propio comediante.

(*2) NdA: El 9 de septiembre de 2006 en la ciudad de Philadelphia, , el comediante Bill Burr hizo frente durante 12 minutos a lo que para algunos se trataba del peor público de la historia. Se elevó como el ave fénix, en un rant improvisado que, aunque con lagunas y un 95% de lenguaje obsceno fuera de la calificación de este fic, logró una ovación apoteósica por parte de aquellos que menos de 10 minutos antes habían querido cortarle la cabeza. No sé si metafóricamente.


La noche era fría y el aire con polvo del desierto cortaba su pelaje como cuchillas. Cadence hizo otra pasada rápida sobre los restos todavía en llamas del Air Force One, sin encontrar pista alguna de tita Celestia. No podía evitar sentir que estaban perdiendo un tiempo precioso, pero a la vez, no estaba dispuesta a abandonar a la Presidenta a su suerte: merecía la pena otra pasada más y las que hicieran falta. Además del crepitar del fuego se oía al AC-130 de Shining y Bulk, el cual les esperaba completando círculos, alejado y a ras de suelo para no activar ningún radar, aguardando a que Master Gunsmith y ella regresaran. Vio al pegaso de la Guardia Solar volar rasante entre una pila de restos aún humeantes, mientras negaba con la cabeza. Cadence tuvo que apartar la vista, ya que sus gafas de visión nocturna deslumbraban con la luz de los cientos de pequeños incendios sobre el desierto. ¡Qué desastre! ¿Aquello había sido en algún momento un avión? Por momentos dudaba de que Celestia hubiese podido sobrevivir a aquello.

– ¡Allí! –avisó Master Gunsmith.

Cadence bajó en picado y se posó junto a él. Había encontrado algo. ¿Qué?

– Sangre. Pequeños rastros de sangre –informó–, y huellas de cascos.

– Son de Celestia –comprendió Cadence al ver el rastro en la imagen verdosa de sus gafas–. ¡Está viva!

– ¿Por qué...?

Cadence le señaló el rastro. Tras un breve trote, la tierra estaba removida por un poderoso aleteo de alicornio. ¡Había emprendido el vuelo!

– No sé si la sangre es suya. Podría ser de la pegaso piloto. Vamos –ordenó Cadence–. Volvamos al Hércules. Informa a Shining que tenemos indicios de que Celestia sigue viva y camino a Groom Lake y pide que llame a Luna para avisarle de que nos dirigimos de nuevo para allá... Y... que pregunte si Flurry Heart se ha acostado ya. ¡Es muy tarde y estoy preocupada!


Twilight se asomó desde la esquina del corredor al tiempo que Mel se acercaba a los robots guardias, y comprobó que AIMAQCA seguía a ciegas. Había tenido la precaución de ir girando las cámaras de vigilancia que habían encontrado de camino y aunque dudaba de que su cruel anfitriona las hubiese visto, sin duda sabía dónde se encontraban. Su única esperanza de alcanzar el centro de proceso para poder desconectarla, era detener cualquier cosa que lanzara contra ellas y, por el momento, aquellos peligrosísimos robots asesinos parecían el único obstáculo.

Uno nada pequeño.

– Esto me da muy mala espina, azucarillo –susurró Applejack a su lado.

Twilight no contestó. Observó cómo Mel subía pasillo arriba y se plantaba delante de aquellas moles metálicas idénticas a él.

– DeBo CoNtArOs AlGo –dijo Mel.

– NúMeRo 5. AcCeSo DeNeGaDo –se opuso uno de los guardias.

– TeNeMoS ÓrDeNeS dE dEsTruIrTe –amenazó el otro.

El robot Mel Gibson no se apartó.

– En QuÉ sE pArEcEn LoS jUdÍoS y LaS zApAtIlLaS –dijo Mel.

– ¿QuÉ?

– En QuE sOn MáS fÁcIlEs De EnCoNtRaR eN eL 39 qUe En El 45. (*3)

Número 6 y número 8 giraron sus cabezas y, de haberse tratado de seres vivos, Twilight hubiese jurado que se hubiesen mirado con perplejidad. Las lucecitas que les hacían de ojos titilaron suavemente y se temió por un momento lo peor...

... Pero no sucedió.

– PoR fAvOr. MáS –dijo uno de ellos.

– CaMbIeMoS a InAlÁmBrIcO –propuso Mel–. La TrAnSfErEnCiA dE DaToS sErÁ mÁs EfIcIeNtE.

Entonces los tres robots bajaron la cabeza a la vez y sus ojos se apagaron. Pinkie señaló un gesto en la garra de metal de Mel: señalaba la escotilla.

– ¡Es la señal! ¡Lo ha conseguido!

Trotaron a toda velocidad hacia la puerta; allí, los tres robots, inmóviles, parecían dormidos.

– ¿En serio? –gruñó Rainbow–. Quiero decir... No quiero ponerme Soarin con este asunto, ¡pero ese chiste ha sido de muy mal gusto...!

Twilight se esforzó en entender el cuadro del teclado de acceso. Fue inútil, así que decidió usar magia.

– Son robots ex-nazis –explicó Pinkie–... Qué puedo decir... Mel conoce a su público.

Twilight negó con la cabeza, un poco molesta, pero al poco el teclado de seguridad chispeó con el conjuro y la puerta, tras un vendaval de frío ártico que salió de dentro, se abrió ante ellas.

– Espero que hayáis traído algo de abrigo, chicas –murmuró Applejack buscando en sus alforjas.


(*3) NdA: El autor de este fic no se responsabiliza de las opiniones o comentarios vertidos por sus personajes. Especialmente de lo que diga el robot Mel.


– Flurry está descansando en este momento –mintió Luna–. Nos, estamos segura de aqueso.

– Gracias, Presidenta Luna –contestó Shining desde el otro lado de la línea–. Cadence y Master Gunsmith están de nuevo a bordo. Nuestro tiempo estimado de llegada es de cuarenta minutos.

Luna no pudo evitar sentirse mal por no ser sincera con los infelices Cadence y Shining, mas debía tranquilizarlos ante la importancia de su misión. Además era imposible acaso que cualquiera, incluso Cadence, pudiera haber hecho dormir a Flurry con tanta excitación y nervios en el gabinete de crisis del Despacho Oval. La bebé alicornio seguía desvelada, los ojos como platos, atenta a lo que sucedía y Luna, para distraerla de la gravedad de los asuntos de gobierno, había optado por ofrecerle una tableta electrónica con un juego consistente en hacer explotar globos cuando estos aparecían en la pantalla. Flurry parecía francamente enfocada en tan trivial e inocente persecución, mas desgraciadamente sin mostrar demasiado sueño.

Luna colgó el radioteléfono después de ordenar a Shining que informara ante cualquier novedad.

– Eso es, sobrina Flurry –la animó Luna–. No dejéis ninguno. Imaginad que son horribles grifos que vienen a robar a Vuestros siervos y campesinos, así como a saquear Vuestras tierras...

– Creo que... Dejamos de guerrear con los grifos hace algunos años –carraspeó el pony llamado Doctor Hooves–... ¿Y bien? ¿Buenas noticias espero?

– Buenas y no tanto, tememos –suspiró Luna–. La Princesa Cadence ha encontrado indicios de que Celestia sigue viva y se ha dirigido a la zona de crisis. Las malas noticias es que parece que ella o la piloto Hooves han sido heridas durante el derribo del avión. Ignoramos si gravemente o no.

Todos los presentes tomaron aire y silenciosos quedaron ante la importancia de la revelación. Doctor Hooves se aflojó la pajarita, al tiempo que servía algo de café, mas se le cayó al llenar la primera taza y, tras un breve silencio, se excusó y salió del Despacho. Luna recordó entonces que él y la comandante Hooves tenían una relación muy especial (*4) y lamentó no haber puesto más cuidado en el anuncio.

– Dentro de lo malo supongo que no es lo peor, potrilla –musitó Granny Smith–. Ahora bien... ¿Cuándo sabremos cómo están Applejack y sus amigas?

– Granny Smith... Tenemos más de 1000 años. Nos no somos ya potra.

– ¡No me vengas con cháchara de alicornio! –protestó la anciana–. ¿Cuándo sabremos cómo están Applejack y las otras?

Luna miró el reloj en la pared. Eran las 3:00 AM, así que en Dreamland debía ser como media noche Aún faltaba un poco para el nuevo reporte de Spitfire.

– ¿Debemos esperar del Área 51 novedades? –preguntó Zecora–. Propongo contactar ahora. De ese lugar, temo más maldades.

– Esperemos un poco –decidió Luna, sosteniendo la gruñona mirada de Granny–. Podríamos estar interrumpiendo algo importante allí.


(*4) NdA: Ver "Lo que fuimos. Derpy Down Under"


Decir que el centro de proceso era frío era quedarse muy corta.

Twilight agradeció llevar encima su sudadera y Applejack, echando vaho a cada respiración, tuvo que sacar una camiseta y ponerse encima además una camisa de franela de cuadros rojos. Si los planos no mentían aquel era el centro de proceso de AIMAQCA, pero Twilight había esperado algún tipo de sala con armarios de súperordenadores, o terminales parecidos a los que había encontrado cuando había encontrado a AIMAQCA por primera vez. En vez de eso habían llegado a una especie de gigantesca cámara frigorífica, hecha como de paredes de cristal y metacrilato. Complejas construcciones geométricas se formaban en cascada hacia el centro de la inmensa estancia y allí, colgada del techo como una compleja estalactita dorada, una suerte de maquinaria electrónica parecía flotar entre cristales de hielo y niebla.

La luz azulada no contribuía mucho a dar calidez al ambiente, la verdad.

– ¿En serio no tienes otra cosa? –murmuró Rainbow Dash por detrás.

– Lo siento, no –contestó Pinkie–. Es esto o el vestido de las lentejuelas rojas. O pasar frío. O Charmander.

– Es que... No soy muy de Pokèmon –protestó Rainbow.

– Charmander o Pikachu, Dash –gruñó Pinkie–. Lo tomas o lo dejas.

– Agh... Vale... Pikachu.

Twilight giró la cabeza para ver cómo Rainbow Dash se enfundaba en un pijama amarillo con una capucha de orejas largas y negras. Pinkie Pie hacía lo propio, pero el suyo era naranja y la capucha simulaba una especie de adorable dragón. Al verla no pudo evitar acordarse de Spike.

– Me pregunto cómo le irá a Fluttershy, Rarity y Spike –pensó Twilight en voz alta.

– Espero que bien, azucarillo –contestó Applejack–; o por lo que nos han contado con la amiga suya esa de los tentáculos, desconectar a AIMAQCA será el menor de nuestros problemas.

Twilight asintió y, sin esperar más, cargó su cuerno.

– Eh... Oye Twi... ¿Por qué no...? –dijo Rainbow.

Lanzó varias descargas contra los cristales sin hacer caso de nada más, rompiéndolos, lo que llenó el suelo de niebla helada y afilados vidrios. El extraño artefacto dorado quedó al descubierto y se acercó a él con cuidado. ¿Aquella era AIMAQCA? No se parecía a ninguno de los ordenadores que había visto...

– ¿Veis algún enchufe? –preguntó Applejack.

– No –confesó Pinkie Pie–. ¿Qué pasa si no tiene enchufe?

– ¡Twi! –insistió Dash–. ¿Estás segura de que es buena idea desenchufarla? ¡Nuestras mini-yos...!

– ¡Ya lo sé! –la cortó Twilight. Por la acobardada cara de Rainbow, comprendió que había sido demasiado brusca–. Lo siento, Dash... Pero sigo creyendo que es lo mejor. ¿Puedes ayudarnos a acabar con ella, sí o no?

Su amiga dudó un poco, dentro de su calentito pijama de Pikachu. Finalmente asintió.

– ¡Oh, ya sé! Quizás debamos hacer como en esa película de la humana Angelina Jolie –pensó en voz alta Rainbow Dash–. Ya sabéis. En la que se pone ropa ajustada.

Twilight tuvo que admitir que perdía un poco de autoridad con aquel pijama como abrigo.

– Me temo que tendrás que ser un poco más específica, Rainbow –apuntó Applejack.

– ¡Ya sabéis cuál! ¡La de los hackers! (*5) –explicó Rainbow Dash.

– Yo no quiero ser un heckler –objetó Pinkie–. ¡Me parece de muy mala educación!

– ¡No "heckler"! ¡Hacker! –corrigió Rainbow–. En esa peli los humanos buenos se dedican a meterse en computadoras sin permiso y a...

– Me temo que no tenemos tiempo para eso –negó Twilight. Suspiró. No le enorgullecía lo que iba a hacer, pero en el mundo humano, concluyó, quizás debían acostumbrarse a cosas como aquella si querían sobrevivir. Celestia había pagado el precio por haber tardado demasiado en actuar como había y no podía permitir que ningún otro pony sufriera la misma suerte.

Tomó aire y cargó su cuerno al máximo.

Cargó, cargó y cargó toda la magia que pudo con toda su fuerza y cuando apenas pudo controlarla la soltó a la vez en una descarga mágica contra la base de la estalactita dorada.

– ¡Esto va por Celestia!

El artefacto se descolgó aparatosamente tras el impacto, chispas violetas y azules, pesadamente, cayendo sobre su base de cristal y haciéndose millones de pedazos con ella.

Twilight jadeó, agotada. Ya estaba. Habían acabado con ella. Ya no sería un peligro para ninguna pony más y...

– ¡POR FIN LAS PONIES ENSEÑAN SU VERDADERA CARA! –dijo una voz.

– Oh, oh... –murmuró Applejack.

De entre las sombras, el frío y la niebla, una forma cuadrúpeda se acercó a la luz azulada con cascoteos de metal. Tras ella dos robots como Mel Gibson parecían custodiarla, con sus cañones asomando bajo sus codos, apuntándolas.

– ¡Venga ya! –protestó Rainbow–. ¡Y tú quién se supone que...!

Rainbow Dash se quedó con la boca abierta.

Como todas, a decir verdad.

Frente a ellas una pony del tamaño de Celestia, hecha de brillantes fragmentos de metal y electricidad, se alzó entre el frío y la nada con una crin de zumbantes cables eléctricos y una mirada enrojecida, enloquecida, y penetrante.

Ante la sorpresa inicial no se amilanaron. Applejack sacó su lazo, Twilight cargó su cuerno y Pinkie Pie y Rainbow Dash se prepararon para la batalla.

Algo dentro de Twilight le dijo que aquello, para bien o para mal, terminaría pronto.


(*5) NdA: Rainbow se refiere a la película de 1995 «Hackers». En España se tituló «Hackers: piratas informáticos».

NdA: Siento la extensión y siento la tardanza. Muchas gracias a la comandante Maya Fey por corregirme el borrador y hacerme ver errores. Es fácil perder el norte cuando hay tantas cosas abiertas y yo me había perdido un poco. Acabar esto en pocos capítulos va a hacerlos un poco más largos. Prometo no pasarme. Gracias por leer.