All For You

Capítulo 26

"Todo Por Ti"

"Cualquiera que sea el futuro que le espera

Creo que va a ser felizmente bendecido"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración

N/A: Este capitulo contiene Lemmon todo aquel que se sienta sensible con este contenido, pondré la siguiente marca */*


Fue abriendo lentamente sus ojos, con la dificultad de enfocar quien estaba enfrente de ella, pero poco a poco fue escuchando su nombre, comenzando a distinguir, el cabello negro y los ojos azules de su querida amiga, su hermana.

-Annie-se extrañó de verla allí, en su habitación.

-Qué bueno que reaccionaste-pero le pareció más extraño que ella pareciera aliviada de que despertara.

-Estoy en…-reconoció que aquella no era su habitación en la pensión, pero tampoco le parecía desconocido aquel lugar.

-En la casa de los Ardley-contesto la pelinegra, aunque no tenía sentido que estuviera precisamente en la habitación de huéspedes, cuando ella ya tenía asignada una habitación a pesar de que rechazaba en vivir allí-Te desmayaste en el tren-explico, pero para Candy seguía sin tener sentido.

-"¿Tren, cual tren?"-se preguntó tratando de recordar si recientemente había abordado uno, pero llevaba más de un año sin salir más allá de Lakewood-¿Cómo llegue aquí?-pregunto esperando que Annie fuera más específica, pensando que tal vez se había pegado en la cabeza a tal grado de olvidar ese evento.

-Porque tenías esa carta-aquella respuesta no le aclaraba nada.

-¿Carta, cual carta?-cuestiono, incluso pensando si llevaba una que Anthony le había escrito entre sus ropas.

-La invitación de Terry para ir a Nueva York, avisaron de la estación y Archie fue por ti-la confusión persistía y más cuando se mencionaba el nombre del actor, con quien no había tenido comunicación desde que se despidieron en Lakewood-Debiste cuidarte más, el doctor dijo que pudo ser neumonía-la puerta sonó haciendo que Annie permitiera el acceso, con ello Patty y Archie entraron a la habitación. Patty no tardo mucho para que rompiera en llanto y contarle de forma desgarradora que Stear se había ido a enlistarse a la guerra dejando una nota.

-Eso es imposible, Anthony, Anthony lo había convencido de que no se fuera-argumento desesperada, él le había asegurado que estando los tres junto, él no se iría.

-¿Anthony?, ¿de qué hablas, acaso?-las lágrimas de Archie no se hicieron esperar, no solo por su hermano, sino por la mención de su primo.

-¿Ella sigue aquí?-pregunto altivamente la tía Elroy presentándose en la habitación, a lo cual Candy se levantó con dificultad de la cama.

-Tía, por favor dígame que no es cierto, Anthony se pondrá triste si se entera…-

-¡Niña!, ¿Cómo te atreves?-cuestiono horrorizada, haciendo que la rubia se paralizara ante el trato que estaba recibiendo de su tía cuando ya era un hecho de que se llevaban bien-Mencionar a mi querido Anthony en esta situación, no quiero verte más por aquí-se retiró sin querer mostrar el dolor en su rostro.

-Candy, ¿Por qué mencionas a Anthony?-Archie la tomo de los hombros intentando que lo viera a los ojos.

-Anthony esta en Suiza-afirmo aunque al ver los ojos del menor de los Cornwell, se percató que no era la respuesta correcta.

-Candy no, ¿olvidaste aquel día en la cacería de zorros?-una punzada en su pecho se hizo presente, haciendo que sus piernas se debilitaran, temiendo y comprendiendo todo.

-Todo fue un sueño-agito su cabeza en señal de negación, había regresado en el punto en donde se habían re encontrado, justo después de romper con Terry y haberse desmayado en el tren de regreso y que aquellos hermosos días, habían sido creados dentro de su cabeza-¡No! ¡Anthony!-grito desgarradoramente mientras Annie la abrazaba-¡Anthony!-grito nuevamente su nombre mientras se despertaba a mitad de la noche en su habitación, con lágrimas en los ojos, su corazón acelerado y sudando frio. Reconoció que se encontraba en la pensión y desesperadamente se levantó, prendió su lámpara y encontró el guardapelo que tenía sobre su escritorio junto con las cartas que había estado recibiendo, abrió el medallón encontrándose con la apacible y cautivadora mirada de Anthony y aquella sonrisa que iluminaba su vida-Fue una horrible pesadilla-acerco la foto a su pecho, sintiéndose aliviada por haber despertado, sin embargo, deseaba verlo, tenerlo a su lado, que a pesar de que cada día con él era un sueño, un milagro, también él lograba demostrarle que todo aquello era verdad.


Al otro lado del mundo una joven de cabellos rubios, sujetados en una larga trenza que se agitaba cada vez que ella daba un paso por andar trotando. Recorría apresurada por los pasillos hasta llegar al gimnasio que contaba la Universidad, al entrar noto el alboroto, los gritos, las porras de los soldados y pacientes en rehabilitación, los estudiantes y alguno que otro médico, incluyendo a los que estaban en su grupo, acercándose a Kelly y Michael, este último moviéndose sutilmente, haciendo fintas como si él mismo estuviera en el ring.

-Chicos el Dr. Blythe quiere vernos en su oficina ya mismo, ¿Dónde está Anthony?-pregunto en voz alta Erin buscando si estaba entre el público más cercano.

-Está allí y está ganando-señalo Michael emocionado siendo testigo de la destreza de su compañero, mientras que Kelly miraba silenciosamente pero sin perder de vista tan entretenido combate. Erin por su parte estaba perpleja viendo como el rubio estaba ya por noquear a su contrincante y por fin ser declararlo como ganador. Su rival cayó y la campana sonó incesantemente llamando la atención de todos en el recinto pero en especial del ganador.

-Anthony toma una ducha rápida y preséntate a la oficina del Dr. Blythe de inmediato, hay noticias-era Erin, eufórica, quien se había apoderado de la campana para captar su atención. Con el pecho desnudo, sudoroso desde la cabeza hasta sus pectorales, bajo agitado del ring para cumplir la petición de su líder sin percatase de los suspiros que lograba arrancar de las enfermeras que pasaban por el lugar.


Ya llevaba varias semanas trabajando en el zoológico y era la primera vez que presenciaba un día tan soleado como ese en Londres, en donde varias familias se habían reunido para recorrer aquel lugar. Se había asegurado que los leones tuvieran la comida suficiente antes de continuar su recorrido, pero algo llamo su atención haciendo que se quedara estático, ni él mismo entendía que algo dentro de él le pedía que se detuviera, sus ojos se posaron sobre la espalda de una dama vestida de color azul con algunos holanes blancos, que hacían juego con su sombrilla, a pesar de los intensos rayos de sol, alcanzo a ver como ella cerraba su sombrilla dejando ver su larga y ondulada cabellera rubia, veo como ella se agachaba para recoger algo y sin premeditarlo vio como ella se subía al árbol, se fue acercando silenciosamente mientras veía como su brazo se extendía para dejar a un polluelo en su nido, habiendo terminado su misión, ella fue bajando pero fue resbalando a lo cual rápidamente fue a su auxilio, aunque por desgracia no detuvo la caída, evito que ella recibiera el mayor impacto, el calor y el aroma que desprendía de ella era inconfundible, floral, afrutado, jazmines, eran lo que llenaban sus pulmones y aceleraban su corazón, sintió como ella se levantaba pero el sol le pegaba directamente en la cara y era imposible distinguir su rostro, encegueciéndole cada vez más. Cuando pudo abrir de nuevo los ojos, reconoció el techo de su habitación, las cortinas habían sido recorridas por sus mucamas.

-Buenos días amo Ardley-las tres jóvenes saludaron a la vez al ver que el rubio se había incorporado de su cama.

-"Otra vez ese sueño"-pensó, se había vuelto recurrente desde que su tía comenzó insinuarle que fuera buscando una esposa, y así delegarle la noble tradición de ser la matriarca de la familia Ardley-"De todos los recuerdos, fue el único que no perdí pero tampoco he recuperado por completo"-pensó cuando se veía en el espejo mientras se acomodaba uno de los trajes hechos a su medida. Cuando perdió la memoria, aquel recuerdo era el único, se aferraba a él aunque no estaba completo y parecía que nadie pudiera darle razón de aquello.

Después de desayunar se dirigió al consorcio junto con George, quien le había extendido el diario con fecha del día, ya llevaban más de la mitad de febrero recorrido, también le había entregado la correspondencia que había recibido esa mañana. Al subir al automóvil, este arranco y durante el recorrido observo rápidamente que la mayoría de esos sobres venían invitaciones a bailes y reuniones.

-¿Cómo pueden estar de humor para hacer tantas fiestas?-argumento Albert pensando en lo inconscientes que eran cuando había personas muriendo en la guerra, además de aparentar de la opulencia que poco a poco se estaba acabando con la crisis. George se limitó a escucharlo, conocía la forma en la que el líder del clan pensaba en voz alta. No fue hasta que un sobre en especial acaparo toda su atención dejando la demás correspondencia a un lado. Abrió de inmediato, ansioso por saber lo que venía escrito, su sonrisa se fue ensanchando y la alegría en sus ojos era cada vez más evidente cuando finalizo de leer aquella misiva- George, por favor necesito que le mandes una nota a Candy, iré a visitarla al Magnolia esta noche- sin decirle la verdadera razón de aquella decisión, su rostro le indicaba una sola cosa y sin evitarlo, él también se alegró.


Apenas era medio día cuando Candy ya había hecho una extensa ronda de trabajo, recorría los pasillos con pasos calmados hasta que se detuvo en la parte del Hospital que rodeaba parte del jardín, el color verde poco a poco se abría paso de nuevo aunque la nieve y el gélido clima aun persistían. Para la ojiverde fue inevitable recordar que tan solo un año atrás recorría esos mismos pasillos al lado de Anthony, aunque desconociendo el sentir del otro, disfrutaban de su compañía mutua. Después de su presencia, aunque fuera por poco tiempo, ella no volvería a ver aquel lugar de la misma manera, siempre había una habitación, un pasillo, algún rincón, en donde tenía un recuerdo, una broma, una sonrisa o al menos una mirada.

-Candy, te dejaron esta nota-menciono la enfermera estando en recepción al verla caminar cerca.

-Muchas gracias Caroline- agradeció la pecosa tomando aquella hoja entre sus dedos, siguió su camino mientras miraba el contenido de su nota-"Esta noche te hare una visita a tu casa, te preparare una rica cena como en los viejos tiempos. Saludos. Albert"-era breve pero conservaba el toque de su amigo-Tal vez me haga bien hablar con él, sí, creo que eso es lo que necesito-pensó en voz alta y recobrando energías para continuar con su jornada.


Como tiempo atrás, Albert se encontraba en la cocina preparando la cena, mientras que Candy jugaba con Poupe en el comedor. Había notado que seguía conservando aquella sonrisa desde la partida de su sobrino, para él como para sus otros sobrinos y las chicas, fue difícil ver como se desmoronaba en la estación de trenes. Sin embargo, siempre recuperaba su sonrisa, y su ánimo se desbordaba cuando recibía una carta de Anthony.

-Aquí esta, espero que te guste-dijo mientras ponía la comida sobre la mesa, haciendo reanimar el apetito de la ojiverde.

-Seguirás cocinando igual aunque seas líder de un importante clan-menciono la joven disfrutando del olor de la comida recién hecha, a pesar de que ella cocinaba su comida, siempre preparaba cosas sencillas y no algo tan complejo como lo hacía Albert o Anthony.

-Es una habilidad que me costó trabajo adquirir, no pienso perderla por nada del mundo- argumento mientras se servía algo de sopa en su plato y recordaba su época de trotamundos-Perdóname por ser hasta ahora el día en que vengo a visitarte-dijo lamentándose no haber pisado ese lugar desde que él mismo la había enviado a Lakewood el año pasado.

-No, descuida, desde que tomaste el cargo has estado trabajando mucho y lo entiendo, además siempre nos vemos cuando visito la casa de lo Ardley- respondió ella restándole importancia mientras esperaba que su sopa se enfriara un poco.

-También es tu casa, sigues siendo mi hija y por lo tanto una Ardley-dijo solemnemente emulando el tono que usaba la tía abuela, haciendo que ambos rieran-¿Cómo has estado estos días?-pregunto haciendo que la expresión de Candy cambiara aunque trataba de sostener su sonrisa, sus ojos reflejaba preocupación.

-Hemos tenido mucho trabajo, aunque el otro día…-comenzó a relatarle el sueño que había tenido la otra noche, tratando de controlar el temblor de sus manos y las lágrimas de sus ojos al revivir cada imagen-Tenía mucho miedo a pesar de que sabía que era una pesadilla, se sintió demasiado real-apretó la falda de su vestido mientras que Albert la miraba compasivo.

-¿Aun estas imposibilitada de alcanzarlo en Suiza?-pregunto logrando que la ojiverde pensara bien su respuesta y recordara un importante detalle.

-Pues, hace poco, varias enfermeras se titularon-recordó a la jóvenes que al igual que ella llegaron al Hospital para rendir su examen-Aunque aún falta tiempo para que se acoplen al ritmo de trabajo y esta la posibilidad de que soliciten más enfermeras en el frente-a pesar de que no era algo seguro, con la guerra nada lo era.

-Veremos qué pasa en un mes, ¿Qué te parece?-dijo repentinamente su padre adoptivo logrando que la rubia respingara ante tal propuesta.

-¿Un mes, por qué?-cuestiono sin entender muy bien las intenciones de la cabeza de la familia.

-Como tú dices, no es algo seguro, además las enfermeras se acoplaran muy bien en un mes, tú misma lo demostraste y de no pasar nada, yo me encargare de que llegues a salvo a Zurich-Candy sentía aquel empujón para que una vez por todas pensara en ella misma y en su felicidad.

-Albert-sin decir más, sin negarse, se levantó de su lugar, siendo imitado por el rubio para fundirse en un fuerte abrazo.

-Sin importar que pase, debes ser feliz Candy-menciono dando entender que él estaría allí, no solo como un padre, si no como un hermano, un amigo que le desea lo mejor y que haría todo lo que está en sus manos para ayudarla.


Las semanas fueron pasando sin ningún percance, ayudando a capacitar a las nuevas enfermeras. A pesar de que dejaría parte de su vida al irse el país, estaba sumamente ilusionada de reencontrarse de nuevo con su amado, aunque a veces surgía el miedo de que sucediera algo similar que en Nueva York, pero de inmediato deshacía esa idea, porque a pesar de todo, confiaba plenamente en que Anthony le comentaría algo al respecto, el tono en sus cartas no había cambiado, antes de que se cumpliera el mes, Albert le propuso organizar una reunión en el Hogar de Pony para informarles de la noticia y que así pudiera despedirse de sus madres y de sus amigos, a ella le pareció una gran idea. El día finalmente había llegado, en su escritorio estaba la carta que le entregaría al Dr. Leonard para pedir su baja y una carta de recomendación. Mientras esperaba a Albert se sentía ansiosa, no sabía si debía comenzar a empacar, decidió que por lo pronto acomodaría su ropa, pero al abrir uno de sus cajones, encontró su baúl donde tenía sus más valiosos recuerdos. Sin poderlo evitar, lo abrió y lo primero que tomo fue la foto de Anthony cuando era un niño.

Recordó su primer encuentro en el portal de rosas, las hermosas palabras que él le había dicho.

"Eres mucho más linda cuando ríes, que cuando lloras"

A pesar de que lo había confundido con el Príncipe de la colina, Anthony supo colarse en lo más profundo de su corazón.

Al principio, en el momento en que te conocí

Recuerdo el momento en el que me estaba quedando sin aliento

Era tanto su deseo de volverlo a ver que estuvo dispuesta a seguir soportando el calvario que era vivir en la casa de los Legan. Supo que había valido la pena cuando lo volvió a ver en su primer baile en Lakewood, aunque hacia lo posible para que su corazón no gritara y que él no llegara a notar la emoción que brotaba con tan solo verlo.

Por miedo a que me escucharás

Por miedo a que me descubrieras, estaba ansiosa, recuerdo que

La imagen y la forma de ser Anthony con ella, lograron que ella olvidara por completo al Príncipe de la Colina, supo que amaba a Anthony solo por ser Anthony, ese sentimiento estaría sellado de por vida. Era por eso, que ahora no se arrepentía de la decisión que estaba tomando.

Me gusto tu voz

Me gustaba más cuando caminábamos juntos

El sonido del claxon se hizo presente afuera de la pensión, se asomó por la ventana descubriendo que se trataba de Albert afuera de su auto pero manteniendo su mano adentro apoyado al volante.

-Hola, ¿ya estas lista?-saludo mientras agitaba su mano.

-Sí, bajo enseguida- asintió para después bajar al encuentro de su amigo y así emprender el viaje.

Si, hubo un momento

Hubo un día en el que te amé con todo mi corazón

Era un precioso día para dar un viaje en carretera y más si era paralela a la vista de un inmenso lago, sin embargo, Candy recargo sus brazos sobre la ventana mientras apoyaba su cabeza sobre estos, cerrando sus ojos dejando que el viento golpeara su cara, mientras que los recuerdos seguían llegando. Su reencuentro en Lakewood, verlo en el jardín de las rosas, cuando comieron juntos con el personal de la mansión, cuando disfrutaron de una taza de leche con canela, cuando vieron las estrellas, cuando la cuido de su herida en la rodilla, su paseo en su bicicleta, el calor de su espalda. Viendo finalmente como tocaba la gaita, su picnic en el lago, el beso que se atrevió a darle, lo atrevido que se comportó cuando enfermo, su baile improvisado y la forma en que correspondió sus sentimientos. Suspiro mientras abría sus ojos ansiando con todo su corazón tener más momentos así a su lado.

Para mí eres, mi primer amor todos los días

Esperare por ti, como la nieve espera a la primavera

La noche en la que mi corazón estaba lastimado

La noche en la que estaba borracha

Mi corazón se siente extraño cuando el viento sopla

Finalmente habían llegado al Hogar de Pony y aparentemente eran los últimos en llegar, los hermanos Cornwell, Patty y Annie ya se encontraban allí, preparando las mesas, las sillas y todo lo necesario para una parrillada, como alguna vez el Señor Britter les ofreció. También Tom y el Señor Stevens habían llegado, este último acercándose a Albert para hablarle de un negocio que tenía en mente. Por lo tanto, la rubia se acercó a sus madres para ofrecer su ayuda.

-Por el momento estamos bien Candy, no te preocupes-menciono la Srta. Pony mientras acomodaba los cubiertos en la mesa.

-Pero…-estaba a punto de rebatir, pero la Hermana María la interrumpió.

-Creo que nos iría bien una mano con los niños-menciono viendo que tanto los niños, Miena y Clint se acercaban a ella.

Para mí eres, mi primer amor todos los días

Esperare por ti, como la nieve espera a la primavera

El día en el que lloré tan tristemente

La noche en la que tropecé

Mi corazón se siente extraño cuando el viento sopla

-Vamos Candy, el que llegue al último a la colina pierde- la iban jalando del brazo animándola a que se uniera al juego, además de que tal vez sería la última vez en mucho tiempo en que podía estar en su amada colina.

-Eso ya lo veremos-todos emprendieron la carrera hacia la colina, sin percatarse que todo su camino era totalmente verde, la primavera nuevamente estaba por hacer su llegada. Continuo corriendo, mirando hacia atrás viendo cómo se alejaba cada vez mas de ellos, siendo la primera en llegar a la colina, pero se detuvo cuando vio que en la cima ya había llegado alguien más, lo vio de espaldas, su larga gabardina café, su cabello rubio, sus ojos se llenaron de lágrimas al no creer de quien se trataba, pero él se fue dando la vuelta mientras sostenía un hermoso ramo de rosas, portando su medallón y la cruz sobre su cuello.

Muchas veces el amor es tan solitario

Si, la vida siempre es dura

Sé que los días, en los que estuvimos juntos

Fueron los días en los que te amé con todo mi corazón

-Yo gané-menciono él mientras extendía sus brazos a la espera de su amada.

-¡Anthony!-a pesar de que temía que fuera una ilusión se lanzó a sus brazos, comprobando finalmente que estaba allí estrechándola fuertemente-Estas aquí, realmente estas aquí-decía sin poder contener sus lágrimas, aferrándose a él lo más que pudiera.

Para mí eres, mi primer amor todos los días

Esperare por ti, como la nieve espera a la primavera

-Te lo prometí, te dije que haría lo posible para que estuviéramos juntos-él también estaba derramando un par de lágrimas a pesar de que su corazón brincaba de alegría y estaba donde pertenecía-No sabes lo mucho que te extrañe, día y noche-la joven se fue soltando deseando ver el rostro del ojiazul, ver que seguía siendo el mismo que había dejado ir un año atrás.

-Yo también, todos los días, pensaba en ti, deseaba tanto estar a tu lado-menciono Candy mientras el galeno no dejaba de mirarla con dulzura, con su mano libre acariciaba el rostro pecoso de la joven para retirar las lágrimas de sus mejillas.

La noche en la que mi corazón estaba lastimado

La noche en la que estaba borracha

Mi corazón se siente extraño cuando el viento sopla

-Por favor no llores, ¿acaso ya lo olvidaste?, eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras-a pesar de que sabía que eran lágrimas de alegría, logro reflejar en ella esa hermosa sonrisa que le dio valor para continuar-¿Recuerdas que alguna vez te dije que había algo importante que quería decirte aquí mismo?-ella asintió sin querer mencionar que fue el día en el cual tuvo ese accidente que los había marcado-Bueno, actualmente, eso ya no es un misterio, sin embargo, aun así, quiero aprovechar la oportunidad para decirte, no, más bien, pedirte algo muy importante-el rubio le entrego las rosas a la ojiverde, quien intento callar su sollozo cuando el joven se arrodillo frente a ella.

Para mí eres, mi primer amor todos los días

Esperare por ti, como la nieve espera a la primavera

-Candy White Ardley, mi Dulce Candy, ¿Me harías el gran honor de cumplir mi más grande sueño, ser mi esposa?-pregunto solemnemente mientras le mostraba el anillo que alguna vez le perteneció a su madre.

-Si, por siempre si-entre lágrimas la rubia asintió, posteriormente Anthony tomo su mano izquierda para deslizar aquella promesa sobre su dedo anular.

El día en el que lloré tan tristemente

La noche en la que tropecé

Anthony se levantó para poder sellar su propuesta con un beso que ambos demandaban por el largo tiempo que habían estado separados, con ello dando inicio a una nueva y hermosa etapa en sus vidas.

Mi corazón se siente extraño cuando el viento sopla

Cuando bajaron de la colina, sin poder soltarse de la mano, fueron recibidos con serpentinas y aplausos, felicitando a la feliz pareja, siendo Candy la sorprendida de que todos supieran lo que estaba pasando.

-¿Pero cómo es que…?-pregunto mirando primero a Anthony quien solo sonreía y después a los demás.

-Fui yo-una mano se levantó, siendo Albert quien se acercaba a ellos-De nuevo-dijo mientras reía en complicidad con el galeno.

-Le envié una carta hace un mes, diciéndole de mi regreso, el equipo en el que estoy, se va establecer aquí, debido a que la investigación que estamos llevando estará siendo asesorado por un médico que se encuentra en Chicago, el Dr. Blythe menciono que toda nuestra investigación tendría sentido, si se aplicaba en otras partes del mundo y América fue el primero en ser elegido-comento, tratándose de la primera de muchas semillas que se sembrarían para propagar el labor de la investigación médica y su aplicación. Candy estaba feliz de que el destino nuevamente, como en cada ocasión la regresara a sus brazos.

-¿Estarás de regreso en el Hospital Santa Juana?-pregunto emocionada no solo de poder trabajar con él, sino además ayudarle a continuar con su sueño de salvar vidas.

-Sí y en una pequeña Clínica que tiene el Doctor que nos va a asesorar, voy a necesitar de nuevo los servicios de una preciosa y encantadora enfermera-dijo, mientras se miraban fijamente, como habían añorado en tanto tiempo, logrando que los demás desaparecieran nuevamente. Un carraspeo se hizo presente, pero este se hizo más persistente hasta lograr que ellos salieran de su propia burbuja.

-Otra vez ignorándonos-menciono Archie indignado y con la garganta gastada en su intento de llamar su atención.

-Siempre será lo mismo-secundo Stear aunque ambos estaban felices por el reencuentro y del reciente compromiso de los rubios.

-¡¿Ustedes también sabían?!-cuestiono de forma retadora la rubia recordando nuevamente como había sido engañada.

-En realidad, todos aquí lo sabíamos Candy-llego Patty de manera conciliadora para auxiliar a su novio y cuñado.

-Permítame continuar-señalo Albert, de nuevo teniendo la palabra-En su carta, decía que quería sorprenderte, por lo cual le avise a todos y te distraje con la idea de enviarte yo mismo a Suiza, ahora, esta fiesta en vez de ser una despedida, es de compromiso-menciono mientras sus ojos se fijaban en el anillo que alguna vez le perteneció a su hermana y ahora estaba en la mano de su hija adoptiva-Felicidades a ambos-Albert abrazo a ambos, siendo seguido por los que se encontraban en esa fiesta, todos ellos, sus seres queridos.

Candy no podía estar más feliz aquel día y que Anthony estuviera allí para compartir ese momento, siendo que él también estaba desbordando de alegría. Días después fueron felicitados por Vincent Brower, quien había regresado con hijo, pero sintieron que la mayor prueba seria con Elroy Ardley, quien además de estar feliz por el regreso de su sobrino favorito, lo estaba por su compromiso, otorgándose ella misma el derecho de organizar todo, acoplándose a la fecha que la pareja ya había definido.


Se causó un revuelo por la llegada de los médicos de elite que se habían formado en Suiza, no solo por el regreso del Dr. Brower que había roto varios corazones al darse conocer el compromiso que tenía con la enfermera White, sin embargo la llegada del Dr. Michael Freeman consoló y cautivo varios corazones, la mayor sorpresa fue la incorporación de dos mujeres, algo histórico para el Hospital Santa Juana, siendo una de ellas, la líder de aquel grupo.

-¡Candy!-llamo desde lo lejos Anthony, quien venía acompañado de dos de sus compañeros y habían interceptado a la rubia mientras hacia su jornada.

-Anthony-su corazón vibraba por poder decir su nombre en voz alta-¿Se reunieron con el Dr. Leonard?-pregunto percatándose desde que dirección venían.

-Sí, mira, quiero presentarte a mis compañeros- comento entusiasmado, siendo notado por sus dos colegas la manera en que ambos se dirigían uno al otro.

-Hola, ¡Michael!, que gusto verte-saludo alegre la joven al ver aquella cara conocida.

-Lo mismo digo Candy, y felicitaciones por su compromiso-menciono logrando que la rubia se sonrojara y Anthony sonriera orgulloso, feliz de poder gritar a los cuatro vientos que la pecosa seria su esposa.

-Muchas gracias-menciono apenada aunque no dejaba de sonreír.

-Ella es la Dra. Kelly Douglas-el ojiazul procedió a presentarle a su otra compañera.

-Mucho gusto Candy, finalmente conocemos a la chica que susurraba Anthony cuando le llegaba una carta tuya-recordó aquellos días en los que el rubio estaba más entusiasmado y rebosante de energía, todos en su grupo, incluido el Dr. Blythe sabían la causa de eso. Ahora fue el turno de Anthony sonrojarse levemente.

-El gusto es mío, estoy entusiasmada por trabajar con una Doctora-menciono la ojiverde, admirada de conocer a una mujer que se dedicara a esa noble profesión.

-A decir verdad, no soy la única Doctora con la que estarás trabajando-menciono Kelly y de inmediato se escucharon unos pasos apresurados que se venían acercando. Candy quedo perpleja de ver a una hermosa chica a mitad de sus veintes, con cabellera larga, rubia y ondulada, ojos color miel con ese tono dorado que podría atrapar a cualquiera, al acercarse más pudo distinguir unas pecas en su rostro, a pesar de que ella no había pronunciado una sola palabra, en su corazón ya se había ganado toda su confianza, era una sensación inexplicablemente preciosa.

-Perdón por la tardanza, el Dr. Leonard quería ver unos temas conmigo-decía mientras recuperaba la respiración, pero al ver finalmente, en persona a la joven que tanto amaba uno de sus colegas, se quedó ofuscada al ver tan de cerca su rostro, sus ojos, del mismo color de la persona que la amaba, confiaba en ella y la impulsaba a seguir sus sueño a pesar de las objeciones de su propia familia, pero sus facciones, tan cercanas a aquella mujer que dolorosamente había perdido a mitad del fuego-"Mamá"-pensó, pero rápidamente sacudió su cabeza alejando aquellos tristes recuerdos al sentir como sus ojos se humedecían-Ella debe ser Candy, futura esposa del Dr. Brower, mucho gusto yo soy Erin Evangeline Callaghan, pero me puedes decir Erin-dijo no solo al recuperar su aliento si no su ánimo de poder finalmente conocerla, a diferencia de Michael y Kelly, ella extendió su mano para poder estrecharla y no solo eso, ella se presentaba como la persona debajo de la bata.

-El gusto es mío Erin-se sentía bien y nada extraño para la ojiverde decir su nombre, ni mucho menos tomar su mano, era como si ambas hubieran encontrado algo sumamente valioso, pero no tenían una manera lógica de explicarlo.


Mientras tanto, en una residencia elegante, pero modesta, Ian Callaghan se abría a las inversiones en América, era en lo único en lo que se podía enfocar antes de ponerse a pensar en lo sofocante que era estar en aquel país, fue difícil cuando su hija le comento la decisión que se había tomado para poder seguir su investigación, para ambos no fue sencillo. Sus ojos verdes se cubrían de una sombra de tristeza al recordar la tragedia que se había llevado a dos de las personas que amaba, su familia, su adorada esposa y su pequeña. Pero por Erin, haría cualquier cosa, siendo la cabeza de su propia familia, impedir que el juicio de los otros miembros Callaghan opinaran acerca del rumbo que llevaba su única heredera, incapaces de creer que ella podría dirigir el futuro de la familia, era de carácter urgente que ella contrajera matrimonio, pero para Ian, su hija era un valioso tesoro que no se lo podía dejar a cualquiera y mucho menos a cualquier hijo de familia prestigiosa pero caída en desgracia por la recesión, ellos no verían a la preciosa persona que ella era, si no la gran fortuna con la que venía incluida. Sin querer atormentar a su hija, desechaba cada invitación o permiso para cortejarla, no, ella merecía algo mejor, si tan solo pudiera tener lo que tuvo ella con su amada. Sin embargo, una de las invitaciones, pertenecía a la familia de su difunta madre y de las pocas que han mantenido a flote sus negocios, pero no era una invitación con intenciones directas hacia su hija, era por parte de la matriarca que estaba enterada de su llegada y que le hacia una cordial invitación a su mansión.

Días después en la sala principal de la familia Ardley, la tía Elroy se había tomado ese día libre después de que había iniciado los preparativos de la boda de su sobrino. Todo con tal de recibir a tan prestigiada familia que tenía viejos lazos con la familia Ardley, el jefe del clan, un hombre viudo, de cabello castaño claro con algunos hilos de plata, con un porte regio y elegante, aunque en su mirada un atisbo de tristeza que solo podía ser confortado al ver su hija, una joven hermosa, recatada, pero poco común al ser no únicamente colega de su sobrino, sino también su líder, a pesar de sus prejuicios que antes la hubieran llevado a escandalizarse, no pudo evitar ver en ella un gran potencial, esa pieza tan importante que hacía falta en el clan Ardley.

-Fue una gran sorpresa saber que se estarían estableciendo en Chicago-menciono siendo cuidadosa con aquel evento que había causado gran impacto en la alta sociedad años atrás.

-En realidad, para nosotros también lo fue, como lo fue saber que el joven Anthony era parte de los Ardley, debo decir que es un buen muchacho-aquel dato fue descubierto en la invitación previamente enviada por la tía Elroy.

-Me enorgullece que sea un joven determinado, lo mismo debe sucederle con la joven Erin teniendo en común la misma profesión de mi querido sobrino-dijo, notando que la rubia estaba algo distraída y con la mirada inquieta.

-Desde niña su cabeza ha estado en los libros, tiene una inteligencia extraordinaria-recordó lamentando un poco que no hubiera tenido una infancia normal siendo educada únicamente por él y rodeada por los libros.

-"Que aburrido es esto, debería estar en el Hospital o en la Clínica con el Dr. Martin para seguir con la investigación, ¿y si me escabullo?, no, no quiero causarle dificultades a mi papá, ya está haciendo demasiado al estar en Chicago conmigo"- pensó al no estar acostumbrada a hacer visitas sociales, recibió clases de etiqueta, de cómo comportarse como una dama y tener conversaciones triviales, pero no ahora cuando tenía una gran responsabilidad sobre sus hombros, aunque para ella, en ese momento, era mucho más importante estar al lado de su padre en aquella visita.

-Erin-llamo su padre haciendo que saliera de sus propios pensamientos.

-¿Si?-pregunto un poco apenada, pero manteniendo un tono de voz moderado ante la dama que tenía la fachada de ser estricta.

-La Sra. Ardley te ofreció un poco del pastel que ella hizo-dijo entusiasmado al saber que ambos eran débiles a los postres, logrando que su hija pusiera su total atención al postre.

-Esta delicioso-argumento la rubia con una sonrisa alegrándose de haber ido a esa reunión y tener el privilegio de probar el delicioso postre preparado por aquella dama-"Ya no me parece tan gruñona"-pensó regalándole una sonrisa a Elroy, quien se estaba convenciéndose cada vez mas de aquella joven y la gran representante que seria. No obstante, la otra persona que formaba parte de ese deseo aun no llegaba.

-Muchas gracias, ¿les gustaría dar un paseo por los alrededores de la mansión?-ofreció, buscando una manera de matar el tiempo y postergar el inminente final de aquella reunión.

Los tres se encontraban recorriendo el exterior de la mansión, mientras que su padre y la Sra. Elroy hablaban de la situación actual y de los negocios que se estaban llevando a cabo, ella se quedó unos pasos atrás, ella ya estaba al tanto de los movimientos que hacia su padre, por lo cual se sintió libre de asombrarse de lo grande que era la mansión, casi del tamaño del castillo en donde paso su niñez y llevaba tiempo sin volver, nunca había visto una casa de ese estilo con aquellas proporciones. Se detuvo cuando un ruido y un movimiento cerca de los arbustos cerca de la reja se hizo presente, espero unos segundos, hasta que vio que algo rápidamente trepaba el árbol, se fue acercando lentamente sin dejar de observar al animal, distinguiendo que no se trataba de un gato o una ardilla.

-¿Un zorrillo?-pregunto admirada, aunque su rostro cambio a preocupado-¿Estas perdida pequeña?-pregunto viendo como el zorrillo se escondía entre unas ramas, pero fue saliendo poco a poco al ver que aquella dama no parecía asustada, sino al contrario, mostraba una sonrisa para advertirle que no era una amenaza-Tranquila, no te hare daño- ella extendió su mano para que trepara en ella y poder sostenerla, cuando la mofeta estaba a punto de acceder a aquella invitación, algo provoco que se escondiera, algo que alerto a la rubia.

-¡Cuidado!-se escuchó a lo lejos y después un zumbido, miro hacia atrás viendo como un pequeño avión se acercaba a ella sin control, pero antes de que llegara a golpearla, una fuerza ajena a ella la arrojo hacia al pasto, ella cerro sus ojos esperando el impacto de caer, pero otra vez algo más se interpuso, fue abriendo sus ojos, sintiendo nuevamente ese golpeteo en su corazón, lentamente se incorporó pero esta vez pudo ver de quien se trataba, un hombre de su edad, vestido de manera elegante, cabello medio-largo, rubio, observo como él abría sus ojos y la miraba fijamente, dejándola sin respiración. Mientras que por otro lado, Albert al evitar que la joven fuera golpeada por uno de los inventos de su sobrino Stear, al abrazarla, pudo sentir ese aroma que hacia aletear su corazón, una sensación cálida que solo había sentido aquella vez en Londres, cuando abrió sus ojos, pudo admirar lo hermosa que era, lo que hacía imposible fijar su vista a otro lado, incluso antes de poder ver su rostro.

-"¿Podrá ser?"- fue en lo único que pudieron pensar, sin poder despegar la mirada del otro, ni poder moverse un solo centímetro.

-¿Están bien?-pregunto Stear siendo seguido por su hermano, preocupados al ver lo que había ocasionado el avión a control remoto que había inventado el mayor de los Cornwell.

-¡William!,¡Erin!-grito alarmada la matriarca de los Ardley seguida por Ian, quien estaba preocupado, pero a la vez estaba agradecido de que el joven salvara a su hija.

-Lo siento mucho tía, no sabía que tenía visitas-se disculpó de inmediato Stear, apenado y esperando que la reprimenda de su tía no fuera tan severa.

-Descuiden, yo estoy bien-menciono rápidamente Erin sentándose sobre el pasto, dejando libre al rubio, quien ligeramente se sintió afligido.

-Muy bien, no hay porque alarmar….auch-fue diciendo Albert al enderezarse pero al estar sentado rápidamente pronuncio un quejido mientras se agarraba del cuello, haciendo que todos los ojos se dirigieran a él.

-¡William!-grito la tía Elroy.

-¡Albert!-al mismo tiempo lo hicieron los hermanos Cornwell con preocupación.

-Tranquilos, no es nada grave-menciono para después levantarse, pero fue arrebasado por la rubia quien de inmediato le extendió ambas manos para ayudarlo.

-Por favor, apóyate en mi-era imposible negarse sobre todo al ver en su mirada preocupación-Hazlo despacio-mientras se levantaba no dejaron de mirarse el uno al otro.

-Joven Erin, ¿sería un atrevimiento mío pedirte que lo revisaras?-argumento Elroy notando con agrado la manera en la que ambos se miraban.

-Para nada, al contrario-menciono determinada al dirigir su mirada a la tía Elroy y después al joven que tenía al frente.

Se encargaron de llevarlos a la habitación principal que le pertenecía al líder del clan, asegurándose que Erin tuviera lo suficiente para atenderlo. Estando solos, él sentado sobre su cama, ella se fue acercando para tomarlo del cuello, haciendo que sus rostros estuvieran más cerca, pero rápidamente intento concentrarse.

-¿Te duele si hago esto?-pregunto mientras tocaba partes de su cuello, hasta que vio como el apretaba sus ojos-Al parecer es un dolor muscular, tal vez con la caída…-menciono ella mientras lo soltaba.

-No, es más bien tensión, he tenido mucho trabajo últimamente-comento tratando de que ella no se culpara y masajeándose el cuello-Por cierto, ¿eres enfermera?-cuestiono el rubio deseando saber más de ella.

-En realidad soy Doctora, estoy en el grupo de elite con Anthony-menciono esperando que él supiera de lo que estaba hablando.

-Ah, ya veo la Dra….-

-Callaghan- a completo ella.

-Eres su líder entonces-dijo él asombrado con una sonrisa, pero aun con el deseo de saber más-¿De casualidad estudiaste en Londres?-cuestiono haciendo que la rubia se sorprendiera.

-¿Cómo lo sabes, Anthony te lo dijo?- pregunto, causando la risa del rubio, para después dejarle un espacio amplio en su cama, dando un par de golpes en ella para que Erin se sentara, aunque ella lo vio desconfiada.

-Descuida, no muerdo-levanto ambas manos en señal de rendición, a lo cual, ella exhalo y acepto la invitación-¿También visitaste el zoológico de Londres?-pregunto sin desear postergar más aquella duda y acabar de una vez con el misterio.

-Pero, ¿Cómo es que…?-quería saber la respuesta, pero un ruido en la habitación hizo que ella respingara, mirando una y otra vez toda la habitación, era tan amplia que le era difícil saber el origen de aquel ruido.

-Descuida-Albert la tranquilizo logrando atrapar su mirada, causando en él una amplia sonrisa-Puedes salir-dijo haciendo que su pequeño amigo saliera de su escondite, trepara hacia su cama y después saltar hacia el hombro del rubio.

-Oh, eres tú-menciono ella con una sonrisa maravillada por el pequeño zorrillo-¿Es tu amigo?-pregunto ella con un hermoso brillo en sus ojos.

-Su nombre es Poupe, hemos sido amigos por muchos años, pero como habrás visto, mi tía es muy estricta cuando se trata de animales, es por eso que solo está aquí cuando estoy en mi habitación y alejado de la vista de mi tía, solo así evito que le dé un infarto- ambos rieron al imaginar el escándalo que armaría si ve al pobre de Poupe cerca.

-Pero hace un pastel delicioso, ¿puedo?-dijo la rubia al extender ambos manos pidiendo permiso para que Poupe vaya con ella, Albert miro al pequeño zorrillo y asintió, a lo cual Poupe se dejó cargar por su nueva amiga. El líder del clan estaba maravillado, de haber sido cualquier joven que exigía su atención por ser uno de los solteros más codiciados del país, hubiera corrido despavorida.

-¿Y también hiciste que un polluelo regresara a su nido?-cuestiono, logrando que la rubia se paralizara, mientras ella había descartado que fuera él por haber visto a un sujeto con ropas ordinaras y no alguien con trajes hechos a la medida, Albert vio en ella todas la posibilidades.

-¿Acaso tú, cómo?-pregunto intrigada y a la vez asombrada de que el destino lo llevara hasta él.

-Antes de contarte toda mi historia, me presento, mi nombre es William Albert Ardley, pero solo dime Albert-se presentó mientras le extendía la mano, haciendo que la joven dejara a Poupe sobre su regazo, correspondiendo el saludo del joven, sintiendo de nuevo ese cosquilleo y calidez en su pecho.

-El mío es Erin Evangeline Callaghan, pero está bien solo Erin-mientras se sostenían las manos, sabían que era el inicio de algo sumamente extraordinario. Mientras tanto en la sala, nuevamente hablaban Ian y Elroy, sin evitar el tema de los jóvenes que recién se habían presentado.

-Realmente espero que su sobrino se encuentre bien-menciono el líder del clan Callaghan genuinamente preocupado por el joven que había salvado a su hija.

-Créame, él lo estará, tengo una muy buena corazonada-dijo antes de sorber el té que le habían servido. Si bien no obligaría a Albert a nada, estaría al tanto de que aquella relación fluyera y esta vez pondría sus manos al fuego al decir que ella no se equivocaba.


El mes de Mayo había llegado y con ello, un evento tan esperado por los Ardley. Candy se miraba una última vez en el espejo, viendo en el reflejo la ilusión que ella creyó que nunca se cumpliría, Albert, la persona con la que se sentía sumamente agradecida había entrado, indicándole que ya era el momento.

-Te ves preciosa Candy-menciono él admirando tanto el semblante como el atuendo de la joven.

-Muchas gracias Albert, por todo-a final de cuentas, el Príncipe de la Colina la había guiado precisamente a su destino, a ese día tan especial.

-No tienes nada que agradecer, como dije antes, mereces ser inmensamente feliz-le dio una abrazo fraternal evitando que ella llorara-¿Estas lista?-pregunto, ella asintió enérgicamente.

Acepto el brazo de Albert, su amigo, su padre adoptivo para guiarla en ese momento tan importante, temblaba de ansiedad y euforia, no podía parar de sonreír y creía que podía estallar en llanto cuando comenzó a caminar atravesando un portal de rosas viendo a todos su amigos, a la gente que más quería y al final de ese camino estaría él, esperándola.

En el jardín de Lakewood, en donde había una gran variedad de rosas que habían florecido esa hermosa mañana, todos los invitados se levantaron de su asiento mientras las gaitas comenzaron a sonar como era costumbre en la familia. Él estaba junto con sus primos, como los tres paladines que eran, vistiendo su kilt escoces. Y allí estaba ella como siempre la había imaginado, pero no había premeditado que ese día se veria más hermosa que nunca.

Al llegar finalmente le entrego su ramo de rosas a Annie quien estaba feliz por ella, por fin su hermana estaba viviendo un hermoso momento con el hombre que amaba.

Anthony de niño soñaba con ese día, pero llego a pensar que eso jamás sucedería incluso se había resignado a no ver ese momento, cuando la tuvo finalmente de frente, una lagrima se escapó, no había recordado haber vivido tanta dicha, la mano de su amada delicadamente limpio su mejilla, él en respuesta logro tomarla y besar su dorso dulcemente.

Sin soltarla la bajo a la altura de su pecho y extendió su otra mano para que ella sin dudarlo la tomara y fue la señal para que el sacerdote iniciara.

-Estamos aquí reunidos para celebrar la unión de esta pareja...-todos los invitados, las damas de honor, los padrinos, escuchaban atentamente cada palabra, hubo más de uno, incluyendo a la señorita Pony y la hermana María que no pudieron evitar las lágrimas, Vincent se sentía dichoso de que su hijo encontrara su felicidad, era un hermoso momento, después del tiempo que estuvieron separados, las mentiras, los sacrificios, el dolor que habían sufrido, el destino finalmente les hacía justicia, el corazón de ambos estarían unidos para siempre-Es momento de decir sus votos…-se dirigió a la pareja, siendo Candy la primera, quien miraba fijamente al rubio sin poder evitar sonreír y que sus ojos se humedecieran.

-Anthony, mi deslumbrante Anthony, mi príncipe de las rosas, te he llevado en mi corazón a pesar de las circunstancias, mis pensamientos son tuyos, deseo que estés conmigo en mis momentos felices, como en los tristes, y yo quiero estar contigo, para cumplir tus sueños, en la salud y en la enfermedad, cada día contigo es un milagro, un sueño hecho realidad y nada me haría más feliz, que estar contigo por toda la eternidad, porque Anthony es Anthony al fin al cabo- ambos rieron al ser el mismo lugar en donde años atrás ella había pronunciado por primera vez esa frase.

-Candy, mi Dulce Candy, mi pequeña pecosa, todos mis latidos, cada respiración están llenos de ti, cada día, cada noche, en mis sueños, lo único que puedo ver son tus ojos, y escuchar tu risa, porque eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras, mi promesa siempre será que seas inmensamente feliz, aunque yo sea el más dichoso por hacerte mi esposa, mi compañera de toda la vida, porque la soledad nunca nos vencerá, te amare y vivirás por siempre en mi corazón, mi preciosa rosa-las lágrimas de Candy se hicieron nuevamente presentes aunque allí estaba la persona que hacia posible desvanecerlas.

El sacerdote les indico que se entregaran los anillos, y no habiendo impedimentos, los declaro, marido y mujer. Ambos se fundieron en un beso haciendo que todos los invitados estallaran en gritos de alegría y aplausos felicitando a la feliz pareja, había lágrimas, pero mucha algarabía por la reciente unión. A pesar de ser un evento organizado por Elroy Ardley, acostumbrada a grandes multitudes, se tuvo que limitar, ya que la pareja solo quería invitar a los más allegados, incluyendo además a la joven que tenía a la vista y que precisamente bailaba con su sobrino cuando la orquesta comenzó a sonar en la gran salón de la mansión. Observo como ambos, mientras bailaban, intercambiaban algunas palabras y ambos reían, aunque Albert le indicaba que solo era una amistad, sus ojos decían otra cosa, esa mirada la conocía perfectamente y esperaba fervientemente que ella le correspondiera, después de todo, él la frecuentaba en el Hospital para invitarla a almorzar y habían asistido a varios eventos juntos, aunque justificándose que era solamente para ahuyentar a los pretendientes y la jovencitas interesadas, aun así, su corazonada persistía y se mantendría al margen.

-"Espero que no pase mucho tiempo antes de que pueda organizar otra boda"-no podía contar por el momento con Stear y a Patty, ya que habían decidido primero terminar sus estudios y para eso faltarían un par de años, aunque los padres de ambos, estaban de acuerdo para cuando avanzara el compromiso.

-Descuide madame Ardley, William finalmente la encontró-menciono George, sorprendiendo a la longeva dama, como si pudiera leer sus pensamientos, pero le alegro y le tranquilizo que el empleado más allegado de su sobrino le confirmara sus deseos y sus sospechas.

Todos disfrutaban de la fiesta, del banquete y del baile. Karen, junto con su tío habían logrado interceptar a los Stevens, siendo la primera quien no aparto su vista de Tom, percatándose que se había vuelto más apuesto, de vez en cuando se intercambiaban cartas, pero para la actriz, tenerlo cerca, lograba despertar ciertos deseos, los cuales Tom no desconocía, pero que hacia lo posible por controlar, aunque sabía que en cualquier momento serian presos de eso deseos. Mientras que Annie junto con Adam disfrutaban de la fiesta, siendo ella quien dejaba atrás la experiencia de una amor no correspondido, aunque no imaginaba, que Archie sentía lo mismo que alguna vez ella sintió, aunque demasiado tarde, pero haría las cosas correctamente y dejaría que ella fuera feliz. Anthony, al igual que sus primos, había cambiado su kilt escoces por un smoking azul medio, una camisa blanca y una corbata color vino, estaba bailando con su esposa sin creer aun que realmente ese día había llegado, temiendo tal vez que realmente estaba en el cielo. Cuando se dirigían a descansar después de bailar varias piezas, Erin junto con su padre llegaron para saludar a los novios.

-Perdón por irrumpirlos, pero deseábamos venir a saludarlos y felicitarlos, deseo que les vaya muy bien en su matrimonio-argumento Erin sintiéndose inmediatamente impulsada en abrazar a Candy, quien se sintió feliz por aquel abrazo, sentía que transmitía todo el apoyo que ella necesitaba.

-Muchas gracias Erin y no es ninguna molestia, nos alegra que estén aquí-argumento mientras se soltaba de ella regalándole una sonrisa.

-Por cierto, quiero presentarte a mi padre, Ian Callghan-mientras que Candy le regalaba una sonrisa, aquel hombre no evito sentirse conmovido por aquel gesto, su hija anteriormente le había hablado de aquella joven, pero al verla en persona y vestida de novia, le hizo recordar aquel día tan feliz que había vivido con su amada cuando la hizo su esposa, tenía esa misma sonrisa, aunque no tenía los ojos que Erin había heredado.

-Es un verdadero placer conocerte-dijo al recuperar la noción de la realidad y sentir que el aire había regresado a sus pulmones.

-El gusto es mío Sr. Callaghan- respondió admirando el color de sus ojos, no era común encontrar el mismo color que los de ella en un hombre, sentía una enorme paz, ese mismo sentimiento que sintió cuando conoció a Erin, pero con un atisbo de melancolía.

-¿Te molesta si te doy un abrazo?-pregunto queriendo hacer lo mismo que había hecho su hija segundos atrás. Candy negó, recibiendo el abrazo de aquel hombre, sintiendo una dicha y a la vez tristeza en su corazón, era como si hubiera encontrado algo muy valioso, algo que tanto había buscado pero que ahora no tenía las palabras para nombrarlo-Espero que sean muy felices-menciono cerca de su oído, haciendo que la ojiverde se sintiera conmovida al punto de las lágrimas, había escuchado tantas veces esas palabras ese día, pero viniendo de aquel hombre, lo hacía sumamente hermoso y especial.

Después de expresar sus felicitaciones a Anthony, de inmediato le indicaron a la rubia que era momento de arrojar el ramo, por lo cual, en compañía de sus esposo se dirigió a las escaleras principales, subió unos cuantos peldaños y espero que varias de las invitadas que fueran solteras se reunieran al pie de las escaleras.

-Pero Kelly, yo no quiero-argumento Erin siendo llevada a rastras por su colega.

-Dijeron chicas solteras, y yo no veo un anillo en tu dedo, así que vamos-alego mientras la empujaba dejándola hasta adelante, cuando finalmente llegaron, la novia arrojo el hermoso ramo de rosas topándose primero en la cabeza de Erin y luego a sus manos, algunas se decepcionaron, otras se sorprendieron y varias la felicitaron, ella no lo podía creer, sin querer miro hacia su izquierda viendo como Albert la estaba viendo, igual de sorprendido aunque después una sonrisa se hizo presente en sus labios, mientras que ella estaba totalmente avergonzada y con el rostro sonrojado se cubrió la cara con el ramo. Si sentía algo por Albert, pero tenía un miedo terrible que él no sintiera lo mismo y después de aquel evento surgiera un sinfín de malentendidos.

-Lo mejor será no darle importancia-susurro decidida, sin imaginar que cierto rubio estaba ideando la manera de dar el siguiente paso.

Cuando todos los invitados se fueron de Lakewood, al anochecer, Anthony cargaba a su esposa hasta la habitación que desde niño era suya, pero que ahora seria de ambos, ambos reían felices de haber tenido una espléndida boda, debían agradecerle nuevamente a la tía abuela.

-Bienvenida a nuestra habitación-dijo mientras entraban y el hacía unos pasos de baile hasta llevarla a la cama-¿Le gusta nuestra habitación Sra. Brower?-pregunto juguetón mientras ella estaba sentada sobre la cama y él se acercaba lentamente hacia ella mientras se quitaba el saco y aflojaba su corbata.

-Me gusta mucho, pero no tanto como mi compañero de cuarto-respondió ella, besándolo cuando lo tuvo más cerca haciendo que ella se recostara sobre la cama mientras ella le fue desabrochando la camisa y el hacia los posible de despojarla de su vestido, dejándolo con un fondo de seda y sus medias de ligero, deshizo su peinado dejando libre sus rizos dorados, siendo una sensual visión que lo dejo sin aliento, al igual que ella cuando no traía su camisa.

-Tengo a la esposa más hermosa del mundo-dijo mientras acariciaba su mejilla y admiraba aquellos ojos que no paraban de mirarlo fijamente, con deseo, con necesidad de sentir su cuerpo.

*/*

La fue despojando de la ropa con una lentitud agonizante para la rubia que se estremecía con cada roce, cada caricia, la beso de manera demandante mientras él se deshacía de sus demás prendas, finalmente, ante la desnudez de ambos, con la respiración agitada y el corazón acelerado, se miraron mutuamente, transmitiendo el anhelo que sentían por estar así desde que se habían separado. En medio de un beso fue entrando en ella lentamente, un sonido quedo atrapado en la garganta de la rubia, mientras que su lengua estaba entrelaza a la de su amado.

Él comenzó a moverse más a más rápido mientras que Candy se aferraba a su cuello, Anthony la abrazaba, casi llegando a la cumbre y a modo de reflejo la rubia abrazo con sus piernas al ojiazul, habiendo traspasado un nuevo límite logrando que ella no pudiera contener su voz cuando ambos habían llegado. Aun agitados, ella se puso encima de él asegurándose que no se había salido de ella, comenzó a moverse lentamente, entrelazando las manos con las de Anthony, quien disfrutaba de un inmenso éxtasis al ver a la ojiverde de esa manera, viendo su pecho agitarse, esa mirada atrapante, la forma en la que se movía y el tono que usaba para decir su nombre, lo estaban volviendo cada vez más loco, sin embargo su locura aumentaba cuando ella se movía más rápido, hasta que finalmente ambos inclinaron su cuello hacia atrás, jadeando el nombre del otro al mismo tiempo.

Anthony se incorporó atrapando los labios de la rubia y recorriendo sus labios a su cuello mientras la tomaba de cintura para iniciar nuevamente el vaivén, pero fue cuestión de segundos para que ella se moviera por sí sola, rectificando que su cuerpo respondía totalmente al suyo, la lengua del rubio marcaba con fuego su pecho y ella no podía reprimir su voz, indicando el placer que solo deseaba recibir de él, sintiendo como se deshacía entre sus brazos. Sellando con un beso haber llegado a ese lugar más allá de las estrellas.

*/*

Solo había dormido un par de horas cuando la voz de Anthony se hizo presente entre sus sueños, abrió sus ojos notando que faltaba poco para que el sol saliera, sin embargo su día comenzaba alegremente al ver al ojiazul sentado en su lecho, despertándola dulcemente, aunque eso no evito que él la mirara dormir por unos minutos, una visión que deseaba repetir todas las mañanas.

-Candy, hay algo que quiero mostrarte-dijo mientras retiraba unos mechones dorados de su rostro.

-¿Y qué es?- pregunto con una sonrisa al sentir como el rubio la acariciaba.

-Es una sorpresa-respondió entusiasmado. Minutos después llevo a su esposa con los ojos vendados hacia el jardín de las rosas.

-¿Dónde estamos?-pregunto Candy mientras extendía uno de sus brazos mientras el otro era sostenido por su esposo.

-Tranquila, ya llegamos-Anthony anuncio mientras le quitaba la venda de los ojos y el sol cada vez se hacía más presente, quedándose sin aliento al ver el espectáculo que le había preparado el rubio.

-La Dulce Candy, está floreciendo-como aquella primera vez que se la mostro, pensando alguna vez que no la volvería a ver florecer junto a él.

-Feliz cumpleaños Candy-la rosa no era lo único que le había regalado, sino también un día de cumpleaños-Perdóname por haberme perdido muchos de tus cumpleaños, pero hare todo lo que este a mi alcance para estar en todos los siguientes, porque de algo debes estar segura, yo haría todo por ti para que seas feliz-proclamo mientras tomaba las manos de su pecosa, mirándola determinado y fijamente con dulzura.

-Anthony-susurro y sin contenerse más, Candy beso los labios de su amado, él correspondió al estrecharla entre sus brazos, mientras un hermoso amanecer se hacía presente en el espléndido jardín de Lakewood.

FIN


Hola.

¡Por fin! Después de varios años, varios hiatus y escases de inspiración llegamos al final de esta historia, obviamente tendrá un Epilogo, que se estrenara el siguiente domingo y resolverá algunas dudas, no muchas, solo algunas.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, por su paciencia, sus comentarios, su apoyo, pero sobre todo por Anthony y Candy, al #TeamAnthony en el cual todas estamos de acuerdo que merecía una historia así al igual que Candy, no se enojen conmigo Terryfans, aun sigo siendo incapaz de escribir un Terryfic, no siento el mismo amor que ustedes que siento por este ship Anthony&Candy. También por las parejas que se formaron y permanecieron como Patty & Stear y aunque Annie no se quedo con Archie, ambos aprendieron lo que es el verdadero amor (una disculpa sincera para geomtzr que ama esta pareja). Siendo sincera, no se hasta cuando vuelva a escribir, quiero realizar unas cosas por mi trabajo, capacitarme y retomar el inglés, pero si llego a necesitar de nuevo una válvula de escape y una nueva idea aparece y no me deja tranquila, sin duda tendrán noticias mías.

De nuevo gracias, esta historia también es suya.

Songifc:

First Love - Sondia

Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos