29 Dos Generaciones de Merodeadores
Resumen: Paseo por Hernhill. Entrenamiento Merodeador. El Ministerio de Magia y los licántropos curados.
Después de almorzar, ocho adultos, nueve jóvenes y dos niños se aparecieron en el jardín posterior de La Pradera. Entraron a la casa solamente Luna, Neville, Remus y Sirius, tanto para saludar a los búlgaros que vivían allí y cuidaban gustosamente de los Longbottom como para visitar a Alice y Frank.
Habían planificado que Luna y Neville sólo los volverían a ver el siguiente domingo, luego de la tercera y última terapia, mientras que Remus y Sirius irían allí todos los días un rato en la mañana y otro rato en la tarde, acompañándolos en la medida que ellos lo admitiesen.
La joven rubia le habló animadamente a Alice y Frank de su noviazgo con el joven castaño, mientras le peinaba con cariño el pelo a su suegra. Su novio afeitaba a su padre con su varita con mucho cuidado.
Para Sirius el choque emotivo de verlos fue muy fuerte, teniendo que salir a los pocos minutos de la habitación. Fue tranquilizado por Aline, que había entrado en la casa al ver que Angela empezaba a agitarse, reteniendo su esposo a la chica y al ahijado del Merodeador. Cuando la Cundáwan lo tranquilizó lo acompañó de nuevo a la habitación, pues era necesario que asimilase lo ocurrido para que los ayudase los días subsiguientes.
Apenas salir Remus y Sirius de la casa se les abrazaron Jessica, Angela, Harry, Nymph y Meg. Luego los nueve chicos rodearon a Neville en un sólido abrazo, soltándose con una suave risa cuando Luna les dijo que ahogaban a su novio.
Los quince se sometieron al exhaustivo examen de Jessica, Angela, Hermione y Harry, para que luciesen como muggles.
—¡Mamá Nymph, tu pelo! —exclamó con tono exasperado Jessica, mirándolo con sus ojos miel y denegando.
—Es por el embarazo. —se explicó luego de concentrarse y cambiarlo a castaño. Pero a los pocos segundos cambió de nuevo por mechones que ciclaban entre distintos tonos pasteles.
—No te preocupes, tía Nymph. —la tranquilizó Angela con una sonrisa comprensiva. Tomó su gorro y se lo puso con cuidado, atenta a que ningún mechón de pelo sobresaliese.
Una vez que todos estaban listos, luciendo totalmente como muggles, salieron rumbo a Hernhill a buscar a John Wallace frente al pequeño mercado.
Fred, Harry, Remus y Sirius entrecerraron levemente los ojos al ver que el joven de piel morena clara y pelo castaño rojizo palidecía al ver el grupo, interrogando con sus ojos verdes a Angela y Jessica.
—Hola John —lo saludó con una sonrisa nerviosa la segunda, que caminaba agarrada de la mano de su prometido—. Te presento a mi papá, Remus Lupin, a su prometida Nymph Tonks y a mi novio Fred Weasley. Él es nuestro amigo John Wallace.
—Hola Jessica. Mucho gusto señor Remus —Se paralizó luego de saludarlo por el nombre, incapaz de recordar el apellido tan nervioso como estaba—. Un placer conocerla señorita… Nymph —dijo un poco más tranquilo al notar que el papá de su amiga no se había enojado, no recordando tampoco el apellido de ella—. Mucho gusto Fred, felicitaciones por tu noviazgo con Jessica. —los saludó, estrechándole las manos levemente a la sonriente mujer y correspondiendo a los apretones del sonriente señor y el joven pelirrojo de mirada enojosa.
—Me alegra que nos esperaras como acordamos, John —le dijo con una sonrisa Angela, intentando quebrar el ambiente tenso por la expresión del gemelo de su novio—. Te presento a mi papá, Sirius Black y a su prometida Meg Heigh —Al notar la extrañeza del chico al oír el apellido del hombre, quedándose mirándola con la mano a medio camino, se mordió levemente el labio inferior y se explicó—. Me presenté con el apellido de mi fallecida madre porque estaba molesta con él. Mi nombre es Angela Black —Se giró a mirar a su padre con expresión de disculpa—. Una fea costumbre que debo perder, perdona papá.
—No te preocupes, pequeña. Sé que no lo volverás a hacer.
—Mucho gusto en conocerlo señor Black. —le tendió la mano John, nervioso pero decidido y respetuoso.
—Me alegra conocer al joven que quiso defender a mi hija y mi sobrina de tres abusadores. —le dijo estrechándole la mano con una sonrisa amplia.
—Hubiese querido ayudarlas de manera más efectiva, pero ellas saben defenderse bien —sonrió con más confianza el joven alto y robusto. Por lo que había visto la chica de pelo negro había resuelto el problema con el padre y le había contado además lo ocurrido el día antes, dejándolo bien parado a él—. Mucho gusto señorita Heigh.
—El gusto es mío. —le correspondió la mujer rubia.
—Ellos son nuestros tíos Eloise y Humphrey White. —los presentó Jessica.
—Mucho gusto en conocerlos. —los saludó respetuoso.
—El gusto es nuestro. —le estrechó la mano Humphrey, luego que lo hiciese su esposa.
—Nuestros tíos Aline y Wymond White. —continuó la chica de ojos miel.
—Mucho gusto señores. —siguió formal John.
—Al igual que a Sirius nos contenta conocer al joven que ayudó a nuestras sobrinas ayer. —le dijo en tono afable Wymond, mientras le estrechaba la mano luego que lo hiciese su esposa.
—Él es nuestro primo Harry Potter, prácticamente nuestro hermano mayor. —le dijo con una sonrisa alegre Angela, menos nerviosa que antes al oír el saludo de su papá a su nuevo amigo.
—Mucho gusto en conocerlo. —le tendió la mano con confianza John, correspondiendo al fuerte estrechón del pelinegro de ojos verdes.
—El gusto es mío —le sonrió ampliamente Harry, siguiendo la táctica de su padrino y su tío—. Te presento a mi prometida Ginevra Weasley.
—Mucho gusto señorita. —le sonrió a la menuda pelirroja, estrechándole levemente la mano.
—El gusto es mío. —le devolvió la sonrisa ella.
—Nuestros hermanitos de crianza, aunque no lo sean de sangre, Christine y Christopher Brown. —se los presentó Jessica con una sonrisa amable, abrazada a Fred por la cintura.
—Mucho gusto John. —le dijo muy serio el niño.
—Me alegra mucho conocerte. —lo saludó con una gran sonrisa la niña.
—El gusto es mío, a mí también me alegra conocerlos. —les dijo el joven, respetuoso y formal al estrechar la mano del niño, con una sonrisa franca y abierta al tomar con cuidado la de la niña.
—Nuestra amiga Hermione Granger y su prometido Ron Weasley. —los presentó Angela.
—Mucho gusto. —lo saludó con una sonrisa la castaña, apretando con su mano izquierda la de su celoso novio, que había estrechado el abrazo por su cintura, mientras le tendía la derecha al joven.
—El placer es mío. —le correspondió él con una sonrisa.
—Mucho gusto. —le dijo con tono serio y evidentes celos en la voz el menor de los pelirrojos.
—El gusto es mío. Felicitaciones, tienes una novia muy guapa. —le estrechó la mano con firmeza John.
—Gracias. Una lástima que no pudiese venir mi hermano George, el gemelo de Fred y novio de Angela. —le respondió Ron.
John le lanzó una rápida mirada nerviosa al padre de la chica de pelo negro y luego a ella, ante la mención del noviazgo por el pelirrojo menor. Se destensó al notar que él sonreía abiertamente y ella no lucía nerviosa. Aquello lo alegró por ella, pero le entristeció porque ahora sabía que con ninguna de sus dos amigas del día anterior habría oportunidad de tener algo distinto a una amistad. Por las presentaciones de la castaña y la menuda pelirroja, y la forma en que el castaño abrazaba a la rubia, tampoco con ellas.
—Nuestra amiga Luna Lovegood y su prometido Neville Longbottom. —los presentó Jessica con tono agradable mientras le apretaba levemente la mano a su celoso prometido, que la tenía abrazada a su cuerpo en un gesto posesivo.
—Mucho gusto conocerte, John —le dijo la rubia tendiéndole la mano—. Supongo que te entristece un poco el no conocer ni ayer ni hoy a ninguna chica soltera y sin compromiso. —le soltó con su habitual franqueza, mientras el joven le estrechaba la mano.
—Un placer conocerte —le respondió nervioso y apenado por el comentario. «¿Se me ha notado en el rostro lo que pensaba o la chica es telépata? Tengo que salir de esta situación pronto. No me conviene que los padres de las chicas que conocí ayer, los tíos y los novios, tanto de una de ellas como de las otras que me han presentado hoy, me vean como una amenaza»—. Lo que lamento es no haber conocido antes a un grupo tan agradable, pero espero que pronto todos lleguemos a ser amigos.
—Espero que así sea. —le correspondió con una sonrisa franca Neville.
—Mi hija y mi sobrina nos contaron que les habías ofrecido un paseo turístico por el pueblo —le dijo con una sonrisa Sirius, que había tomado la mano de su hija en un gesto claro de posesión paterna. Le quería dejar ver al chico que la ausencia de George no significaba que Angela caminaría a su lado—. Remus y yo lo conocimos hace más de quince años y nos gustaría ver que tanto ha cambiado con el tiempo, al igual que a nuestras prometidas, nuestros cuñados, sus esposos y los chicos les gustará conocerlo por primera vez.
—Será un placer guiarlos —le sonrió ampliamente el chico, aunque no entendió bien los parentescos y apellidos de los tíos de las chicas—. Este es el pequeño mercado de mi tía Anna Skeeter —Al ver las expresiones de desagrado de casi todos asintió—. Sí, ella es prima de la odiosa y excéntrica Rita Skeeter, pero mamá, mi tía y mi tío dicen que su prima es la oveja negra de la familia, dando siempre gracias a Dios porque ninguno de sus hijos salió parecido a ella.
Los ocho mayores y los once chicos sonrieron ante el comentario y asintieron.
—Aquí al lado tenemos la tienda de dulces de… —comenzó el recorrido el chico, nombrándoles el dueño de cada lugar y hablándoles un poco de la historia del pueblo que él conocía, así como de cada familia que integraba el pequeño lugar.
Casi dos horas más tarde entraron a un pequeño café que había en el lugar, tanto a refugiarse del frío y tomar algo caliente como a conversar animadamente con el joven que les había mostrado el lugar, a quien los niños llevaban de la mano después que jugasen en el parque con los hermanitos menores de él. A los pocos minutos entraron al lugar los tres abusadores. Los acompañantes de las primas y el guía turístico entendieron quienes eran por lo tensos que se pusieron los tres al verlos entrar, además que los recién llegados lucían algunos moretones.
Los tres rufianes notaron las miradas de rabia que el grupo les dirigía y salieron del lugar, no queriendo enfrentarse con ellos por la desventaja tanto numérica como estratégica, pues la dueña era la hermana del jefe de policía del pueblo.
Bebieron chocolate, té o café, según el gusto de cada uno, pagando Wymond todo. Aline tuvo que convencer a John que aceptase, como una muestra de agradecimiento por el rato agradable que les había hecho pasar a todos.
Sirius le dijo que volverían a Londres a final de tarde, pero que debían regresar a las casas para arreglarlo todo. Le explicó al chico que la casa donde se habían quedado el día antes era la del abuelo materno de las chicas, fallecido recientemente, quedándose allí su hija con su sobrina, su prima y su amigo porque la vecina la estaban arreglando para la próxima boda de Nymph y Remus, que irían a pasar su luna de miel allí.
El comentario de su primo hizo sonreír feliz y ruborizada a la metamórfaga, Nymph se dejó acunar entre los brazos de su prometido, dichosa.
Sirius agregó que eventualmente podrían ir a pasar él y su prometida algunos días allí, durante las vacaciones escolares, en la casita que había sido de su suegro, mientras que los chicos se quedarían en el cercano Canterbury con los tíos de las chicas, por lo que probablemente todos le volverían a ver y compartir con él.
John replicó dichoso que eso lo haría muy feliz. Añadió que así podrían compartir con ellos también Michael y sus amigos del instituto, que no los acompañaron ese día por estar en Maidstone visitando a unos compañeros de clase que habían terminado heridos en unos disturbios. Al notar que todos se ponían tensos y serios ante su comentario les dijo rápidamente que ninguno estaba herido seriamente, pero los habían dejado hospitalizados de forma preventiva por el fin de semana.
Wymond desvió rápidamente el tema hacia la familia del chico, diciéndole que la próxima vez que fuesen allí les gustaría compartir más con ellos. Sólo habían charlado un rato con los padres mientras los niños jugaban. Las expresiones de los chicos del E.D.H. ante el roce del tema de la guerra lo preocuparon mucho. Tenían pendiente una conversación con los chicos sobre su participación en el ataque a Maidstone.
John quiso acompañarlos hasta El Remanso, pero no se lo permitieron. Lo dejaron en la plaza con su familia, despidiéndose todos alegremente.
—Tío Remus y yo acompañaremos a Fred para que le muestre Sortilegios Weasley a mi padrino. Nos vemos en Deercourage más tarde. —despidió Harry a sus desconcertados amigos y novia, apenas atravesar la verja de La Pradera.
—Primero Jessica y Angela nos darán acceso a todos los que estamos aquí a El Remanso. —les pidió con tono suave Sirius, acariciando a su hija en la cabeza.
La joven de ojos miel miró nerviosa a su prima. Sonrió al verla asentir, luego de dudar un momento.
Entraron los diecinueve a la casa que había sido de Albus Dumbledore, explicándoles Angela cuál había sido la idea de ellas al ponerle el bloqueo conjunto. Sonrieron las dos felices al oír que tanto sus padres como sus tíos estaban de acuerdo.
Los miembros del G.A.H. que estaban presentes decidieron que levantarían un cercado alrededor y simularían algunos días de ruidos y trabajo, para poder arreglar la casa sin despertar sospechas en los vecinos muggles. Wymond les prometió que cuando fuesen a visitar a los Longbottom, al salir del colegio el próximo fin de semana, podrían quedarse allí un par de días. La ampliarían hacia la parte posterior y uno de los laterales Meg, Nymph, Eloise y Humphrey, mientras Aline y él acompañaban a Remus y Sirius a las sesiones de adaptación de los Merodeadores con los papás de Neville.
Las terapias se las darían Angela, Harry, Aline y Wymond el lunes en la noche, el jueves en la tarde y el domingo en la mañana, para lo cual los tíos de los chicos los buscarían en el colegio los dos primeros días. El E.D.H. en pleno esperaría el último día en El Remanso a que terminasen con la última, para luego del reencuentro de Neville con sus padres procediesen a almorzar y llevarlos con ellos a Deercourage.
Sirius convenció a Molly y Arthur de aceptar mudarse a Grimmauld "temporalmente", mientras terminase la guerra, para que pudiesen estar cómodos con Penelope y Percy, además de Ginny, Fleur, Bill, Abby, Charlie y George, hasta que el último se recuperase.
A Molly la convenció diciéndole que Bill le buscaría una casa en Nottingham a su nombre, a la que se mudarían algunos miembros de La Orden del Fénix, así como otra en Darlington que pondrían a nombre de Kingsley, para que se mudase con Clarisse y, posiblemente, Dorothy y Ámbar con sus familias. Pero como Nymph y Remus irían de luna de miel a Kent los búlgaros tendrían que irse, pidiéndole que los dejase quedarse en La Madriguera.
Le explicó que planeaban seguir distribuyendo los sitios protegidos entre los miembros de la Orden del Fénix, para ellos y sus familias, hasta que la situación de guerra terminase. De ese modo podrían mantenerse unidos en pequeños grupos, ubicados en espacios cómodos y adecuados a sus necesidades. Estarían distribuidos en toda Gran Bretaña. Así evitarían que estuviesen en peligro los seres queridos mientras actuaban, como había ocurrido con los Jordan que habían muerto mientras Joanne y Pacey ayudaban en el ataque.
Arthur accedió de inmediato. Le recordó a su esposa, al ver su asomo de protesta, que era una forma correcta de proteger a sus nietos tanto de ataques de mortífagos como de problemas de salud, por estar las madres bajo tensión nerviosa por los pequeños espacios en los que se desenvolvían actualmente. A eso se sumaba además la ventaja de estar en Londres, cerca tanto del Ministerio de Magia como del Hospital San Mungo, lo cual podría ser vital en caso que los transportes mágicos estuviesen limitados por cualquier razón. Molly comprendió y accedió.
Remus se había sorprendido gratamente con la noticia porque, aunque su amigo no lo mencionase en ningún momento, él que lo conocía tan bien sabía que lo hacía en gran medida por Ginny, Fred y George, también que conseguiría la manera de convencer a Molly y Arthur de quedarse con Grimmauld después que terminase la guerra. Los Weasley se mudarían al anochecer con la ayuda de los miembros del E.D.H. y del G.A.H.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
Harry, Fred, Remus y Sirius viajaron inicialmente por la red flú a Sortilegios Weasley, para cubrir las apariencias. Dejaron a los demás en Grimmauld arreglándolo, con ayuda de Dotty y Wykers, para la mudanza. Presentaron a Verity con Sirius y se dirigieron a la trastienda para "mostrarle las mejores bromas y luego el apartamento". En eso se demoró el gemelo pelirrojo el estricto tiempo mínimo mientras subían, se aseguraban que creyesen que seguían allí y se desaparecían hacia Hernhill.
—¿Qué tienen pensado? —les preguntó Harry, apenas aparecer en el bosquecillo cercano.
—Entrenar a la nueva generación de Merodeadores en el exquisito arte de proteger a sus damas y niños de imitadores de Mackled Malaclaw y sus efectos nefastos. —le respondió Remus con falso aire magistral.
—En cuanto George se encuentre en condiciones lo entrenaremos en forma práctica. Por ahora tendremos que conformarnos con enseñarles a ustedes dos directamente y contarle a él luego la forma en que les haremos llegar el mensaje a esos tres muggles abusadores que intentaron lastimar a nuestras pequeñas. —siguió Sirius, mientras empezaba a caminar.
Fred abrió mucho los ojos y enarcó las cejas, sorprendido y paralizado, mientras Harry y Remus lo seguían sonrientes.
—¿Qué táctica prefieres, "canuto"? —le preguntó el castaño divertido.
—Contarle a un inocente la última broma y luego un paseo con mascotas. —respondió con malicia el pelinegro mayor.
—Me parece que nuestro amigo John Wallace es el inocente adecuado —aceptó el plan Remus—. En cuanto al paseo con mascotas, le añadiremos un toque especial aprovechando las habilidades de nuestros pupilos en hacer magia sin varita.
Harry, Fred y Sirius lo miraron interrogantes. Los cuatro se detuvieron bajo un gran roble a escuchar el plan del castaño y afinar los detalles. Luego salieron hacia el pueblo con aire inocente y maldad brillando en las miradas de colores miel, gris, esmeralda y azul.
Consiguieron a John con su amigo Michael y otros chicos, que acababan de llegar. Le pidieron que los acompañase un rato, mostrándole además los sitios que frecuentaban los abusivos del lugar "para advertir a las chicas y los niños de no acercarse". Los consiguieron en la esquina de la plaza cerca de una heladería, observando con aire malévolo a un grupo de adolescentes.
John sintió que se le revolvía el estómago y se disculpó en voz baja, diciéndoles que iría por Michael y otros dos amigos para poner definitivamente a esos tres en su sitio.
—Como le venía diciendo a Fred antes de conseguirte, John, es una pena que George no pudiese venir hoy. Pero nos preocupaba que nuestras prometidas y las chicas se enterasen de lo que hicimos con esos tres, por eso le pedimos que se quedara con ellas mientras veníamos. —le dijo en tono cómplice Sirius.
—Además él nos ayudará la próxima vez. Pero en esta oportunidad no era conveniente, no estando tu cuñada en medio, Fred. Se le hubiese pasado la mano. —le siguió Remus la corriente.
John se quedó mirándolos sin entender.
—¿Tan serio fue, tío Remus? —preguntó Harry con fingida curiosidad.
—Bueno, un poco, pero Sirius y yo no dejamos impune a nadie que se mete con nuestras hijas. —le respondió con un ligero toque feroz en la voz.
—Oh, vamos, no fue para tanto. Sólo los llevamos a la tienda de animales exóticos de nuestro amigo, les explicamos que no nos agrada que se metan con nuestras niñas mientras los descolgábamos sobre el foso con los cocodrilitos y luego les presentamos a los pequeños escorpiones, sólo eso. —comentó con falsa tranquilidad Sirius.
—¿Cocodrilos y escorpiones? —preguntó John espantado, mientras los tres abusadores se miraban nerviosos atentos a la conversación entre los cinco.
—Sí —sonrió maliciosamente Fred—. Yo me traje algunos escorpioncitos y ellos otros, en unas bolsitas, para presentárselos a los que se metieron aquí con mi novia y la de mi gemelo.
—Genial, nadie se debe meter con Jessica y Angela, o se las verá con nosotros. —afirmó Harry con dureza.
—Ten cuidado con esos, Fred. Te trajiste los de color negro y sus picaduras pueden llegar a ser mortales. —le dijo Remus.
—Yo prefiero los marrones oscuros como los que yo me traje. Sus venenos producen muchos efectos en sus víctimas, pero a la larga sobreviven. Así evitamos tener que luego dar explicaciones sobre "accidentes". —comentó con tono despreocupado Sirius.
Los tres que habían intentado atacar a las chicas el día antes palidecieron severamente y empezaron a alejarse rápidamente del grupo, pero sin correr para no despertar sospechas.
—Vuelve con tus amigos, John. No querrás estar involucrado en esto. —le dijo en un tono bajo y sombrío Sirius cuando los vio alejarse unos pasos, haciéndoles señas a sus compañeros de seguirlos.
El aludido tragó saliva y asintió. Después de lo que vio que hizo el día anterior la hija del hombre que le acababa de recomendar alejarse y lo que les había oído decir… Mejor se quedaba con sus amigos cerca de sus padres el resto de la tarde y no comentaba nada con nadie nunca sobre lo que ocurriría con esos tres en pocos minutos.
—Ahora Fred. —le dijo Sirius en voz alta cuando estaban a sólo unos pasos de sus tres blancos.
Dejaron salir de unas bolsas de papel, que traían en los bolsillos de las capas, unos alacranes marrones y negros totalmente inofensivos. Les habían eliminado el veneno con magia, haciéndolos también moverse más rápido. Los dos chicos les enviaban maldiciones sin varita a los tres asustados jóvenes abusadores cada vez que uno de los animales los picaba, intentando introducirles un veneno que no poseían. Fred y Harry les estaban generando sensaciones similares a las de las picaduras.
—Aaayyy. —se quejó el flaco y alto.
—Nosotros no le hicimos nada a esas dos presumidas y ustedes nos lanzan esos pequeños asesinos. —se quejó el bajo y gordito.
—Tal vez sus picaduras nos maten, pero ustedes no se irán ilesos. —dijo con fiereza el mediano y robusto, girándose y sacando un pequeño puñal. Estaba dispuesto a atacar, con el apoyo de sus compañeros, a los dos chicos. Sonrió con expresión malévola al no ver a los dos adultos, guiando con amenazas de los tres a los dos hacia el callejón cercano.
Fred y Harry retrocedieron con supuesto miedo y miradas de rabia, listos para comenzar con la segunda parte de su plan. Cuando llegaron el pelirrojo y el pelinegro de ojos esmeraldas al fondo del callejón los tres abusadores sonrieron con malicia. Ya se preparaban para saltar sobre ellos cuando unos gruñidos feroces los paralizaron de terror. Se giraron levemente y vieron con verdadero pánico a un perro negro, lanudo y que les pareció enorme avanzar junto a un lobo castaño claro hacia ellos, los dos gruñendo y enseñándoles su dentadura afilada amenazadoramente.
Lo siguiente que supieron era que algo los había golpeado, haciéndoles perder sus armas. Salieron corriendo de allí, huyendo despavoridos, con las dos fieras corriendo tras ellos. Los persiguieron la cuadra que les faltaba para salir del pueblo y el camino frente al bosque, evitando con dificultad el ser empujados a entrar allí. Siguieron corriendo sin detenerse, a pesar de ya no oír a sus perseguidores, hasta que entraron en Maidstone. Allí se escondieron en un edificio abandonado. Decidieron jamás volver a Hernhill.
Fred y Harry habían disfrutado muchísimo el espectáculo, luego de desarmarlos con magia sin varita. Siguieron a las formas animagas de los Merodeadores. Estaban felices al saber que Remus podía ahora participar en forma consciente de aquél tipo de "escarmientos", que suponían antes estaban reservados a James y Sirius.
Todo estuvo bien hasta que vieron al perro dejar de perseguir a los abusadores y meterse cojeando hacia el bosque. Los dos chicos y el lobo rápidamente lo siguieron, consiguiéndose a Sirius de nuevo en su forma humana, presionándose con una de sus manos el pecho y con la otra una pierna, respirando irregularmente.
—¿Padrino? —le preguntó Harry asustado.
—Sólo… estoy… fuera… de forma. —le dijo Sirius intentando en vano sonreír, logrando sólo una mueca debido al dolor que sentía.
—No debimos seguir tan lejos. —afirmó Remus arrepentido mientras lo evaluaba con Harry y Fred, usando sus dones como habían aprendido.
—No es tan serio —comentó aliviado el chico pelinegro luego de evaluarlo—. Pero debemos llevarlo a El Remanso a descansar. —sentenció con firmeza, sus esmeraldas clavadas en los ojos grises de su padrino.
—Angela y Jessica se preocuparán mucho si te ven llegar así, Sirius —se adelantó Fred a la protesta que veía formarse en su rostro—. Y la excusa de la visita a la tienda no se la creerán.
—Vamos a darle energía pronto, chicos, o Angela aparecerá aquí en unos minutos. —sentenció Remus. Los dos chicos se le unieron en seguida, a pesar de los pequeños gruñidos de protesta de Sirius.
Cuando terminaron la transferencia descansaron los cuatro unos minutos, recostados a los árboles. Luego caminaron lentamente hacia la casa, mientras planeaban la excusa que le darían a Angela para el malestar de Sirius. Decidieron decirle que fue producto de un sobresalto, por una broma de los chicos.
*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***
—¿Qué hicieron? —les preguntaron a coro Ginny, Nymph y Meg, apenas verlos aparecer en el apartamento de los gemelos pelirrojos.
Harry, Fred, Remus y Sirius se sobresaltaron al encontrarlas allí.
—Nada. —respondieron los cuatro a coro de inmediato, con un tono de voz evidentemente culpable.
—¿Prefieren que les digamos a Jessica y Angela que no estaban aquí como dijeron? —los amenazó la metamórfaga.
—¡No! —exclamaron los cuatro al unísono, poniendo cara de niños regañados seguidamente.
—Angela te percibió débil hace un rato. Queremos saber la verdad y también lo que le dirán. —interrogó con expresión seria la mujer rubia a su prometido.
Sirius suspiró al ver sus ojos azules decididos. Les confesó la verdad y la mentira que los cuatro habían planeado, mientras Fred buscaba en la trastienda lo que necesitaba para cubrir lo que le dirían a la chica de pelo negro.
Meg los regañó a los cuatro apenas regresar el pelirrojo, especialmente a su prometido que aún estaba convaleciente como le recordó. Las tres los ayudaron a encubrir su ausencia con Verity, pues la chica era amiga de Jessica y Angela. No querían que las jóvenes sospechasen lo ocurrido. Dijeron que habían estado con ellas en el apartamento probando de nuevo algunas bromas, luego de ellas llegar allí.
Los siete viajaron por la red flú a Grimmauld. Al llegar ayudaron a finiquitar los detalles, luego de tranquilizar a Angela. Al terminar de instalar a los Weasley en Grimmauld viajaron con los demás del E.D.H. (a excepción de George) y la mayoría del G.A.H. (que a excepción de Abby y Charlie se habían unido poco antes a ayudar con la mudanza) de regreso a Deercourage.
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El día siguiente Sirius acompañó a su hija a Grimmauld a primera hora para que visitase a George, con Meg y los otros chicos del E.D.H. Luego del desayuno regresaron a Hogwarts todos los chicos a excepción de Angela, que se dirigió al Ministerio de Magia con Sirius, Remus, Eloise, Aline y Wymond, tanto para que el pelinegro de ojos grises reconociese a la chica como su hija, como para entrevistarse con los aurores y finiquitar lo pendiente desde el interrogatorio al que lo habían sometido en La Madriguera.
A la chica de pelo negro la enviaron al colegio con Aline, apenas finiquitaron lo concerniente a su reconocimiento como Angela Saiph Black Dumbledore.
La versión de Sirius sobre lo ocurrido desde su desaparición era simple: al atravesar el Velo de la Muerte había aparecido en un lugar inhóspito poblado de unas criaturas extrañas que lo atacaron. Consiguió un refugio al alejarse del arco con el velo, logrando sobrevivir durante un tiempo que no lograba determinar. Había intentado en varias oportunidades regresar por medio del Velo, pero sin lograrlo. Unas horas antes de reaparecer en el mundo de los magos, en la cueva desde la que llamó a Dobby, percibió un cambio en el lugar. Pero no supo a qué se debía ni tampoco cómo había regresado, pues se encontraba muy malherido y debilitado.
La idea de plantear lo ocurrido de esa manera era dejar patente el conocimiento de la existencia de otro mundo al atravesar el velo, uno terrible, lo cual justificaría el que se le siguiese considerando el Velo de la Muerte. Esto lo decidieron los miembros del G.A.H., pensando en la posibilidad que Voldemort liberase a los Mudredais y fuesen a dar allí víctimas de ellos. No iban a decirle al Ministerio de Magia lo ocurrido exactamente, para evitar tener que responder preguntas sobre el rescate de Sirius. Además de no confiar en el ministro y algunos miembros del personal, no podían hablar sobre los Cundáwans.
También tuvieron que registrarse como animagos Sirius y Remus. El primero porque su capacidad quedó al descubierto al explicar su escape de Azkaban. El segundo porque, como licántropo registrado y curado por la poción, debía confirmar su capacidad para transformarse de forma controlada como animago. No fue necesario que llevasen a Jessica porque a ella jamás la habían registrado. Su condición de ex licántropa sólo era conocida por los miembros de la Orden del Fénix, del E.D.H. y los fallecidos Brown.
La condición de los licántropos que habían sido curados por la poción se había vuelto muy delicada. Algunas personas en el Ministerio de Magia, lideradas por Dolores Jane Umbridge, estaban presionando para que fuesen internados todos en el ala médica de Azkaban. Alegaban que en realidad ahora eran más peligrosos que antes, pues no estaba su transformación ligada a la luna llena y "se podían transformar en lobos agresivos al menor disgusto".
Aquella situación no progresó, como ellos planteaban, debido a que el propio ministro no lo permitió. Había tomado en cuenta que él había visto a Remus muy enojado cuando interrogaban a Sirius y, sin embargo, no sólo mantuvo su forma humana sino también su ecuanimidad. Sin embargo, un incidente con un joven ex licántropo había dado elementos probatorios a lo sustentado por Umbridge.
La decisión ministerial fue que todo licántropo curado por la poción debía aprender animagia y pasar un examen severo de control emocional en el cuarto piso del Hospital San Mungo. Quienes no se sometiesen a dicha ley serían irremisiblemente encerrados en Azkaban, como planteaba dicho grupo.
Aunque ya no era vigilada la prisión por dementores, sino por un grupo especial de aurores y algunos encantamientos especiales, el estar allí seguía siendo temido por la comunidad mágica. La ausencia de las perversas criaturas había sido un alivio para los prisioneros. Pero, debido a la falta de personal, se les permitía al grupo de aurores que trabajaban allí el uso tanto de la Maldición Cruciatus como de la Imperius.
Otros problemas eran los arrestos sin grandes averiguaciones, la imposibilidad para el Wizengamot de llevarlos a todos a juicio en términos de tiempo relativamente cortos y la dificultad para proporcionarles atención médica adecuada. Los medimagos en general se hallaban saturados por los ataques de Voldemort, existiendo sólo dos en la prisión.
Al enterarse de la situación que se estaba suscitando, de la cual Remus y los demás no estaban al tanto por todo lo ocurrido últimamente, Remus, Sirius y Wymond decidieron colaborar con los licántropos curados enseñándoles animagia y algunos ejercicios de control emocional. Para ello entrenarían a un grupo de medimagos y magos voluntarios que los ayudasen, pues les era imposible hacer más debido a sus propios "trabajos". El Ministro y el Jefe de Aurores (a quién no le agradaba Umbridge) estuvieron de acuerdo y les agradecieron la buena disposición.
Los dos puntos más difíciles de la reunión fueron el traslado de los Longbottom fuera del Hospital San Mungo y la reincorporación de Sirius como auror. Lo primero fue un poco complicado, pues Scrimgeour y Robards desconfiaban de la motivación de Neville y Augusta Longbottom para llevárselos después de tantos años de estar internos. Eloise les explicó que querían intentar con ellos un tratamiento poco ortodoxo, que ella y su cuñada habían aprendido en la India. Que los familiares habían accedido y no informaron en el hospital para no generarle inconvenientes a los medimagos, que tenían tantos años tratándolos.
En cuanto a la petición del Ministro y el Jefe de Aurores al pelinegro de reincorporarse al cuerpo de aurores en aquellos tiempos de crisis, Wymond intervino cuando vio que el hombre de ojos grises estaba a punto de perder la paciencia luego de negarse varias veces. El alegato fue simple y definitivo: Sirius quería y necesitaba tiempo para compartir con la hija que acababa de encontrar y conocer, para la cual sería muy duro perder a su padre por la guerra luego de haberlo encontrado. Aquello no significaba que él no ayudase en la medida que su salud lo permitiese, como de hecho Remus, su hermana, su esposa, su cuñado y él lo estaban haciendo. Pero lo harían todos como civiles, de manera voluntaria, sin presionar psicológicamente a una chica que se encontraba enferma desde el ataque al tren.
Aquél recordatorio de la consecuencia de una mala decisión del Ministerio, perjudicando a menores de edad, fue suficiente para que dejasen de presionar a Sirius. Sin embargo el Ministro aprovechó la oportunidad para solicitarles a Remus y Wymond que aquél tipo de intervenciones les fuesen notificadas y que trabajasen en equipo. También les preguntó sobre la presencia de jóvenes cerca de ellos durante la última batalla, según le habían notificado los aurores.
El castaño, viendo que la paciencia del Cundáwan empezaba a agotarse y sus ojos de color azul eléctrico estaba fijos en el Ministro, explicó que el informarles con anterioridad de su participación contra mortífagos en ataques podría poner a sus familias en peligro. Hizo notar que en el pasado ya Voldemort había infiltrado personas en el Ministerio y la negativa a proteger el Ministerio y el Hospital, como habían hecho ellos con Hogwarts, La Madriguera y otros sitios, podía generar conflictos.
Remus les explicó también que los chicos estaban allí por casualidad, visitando a unos amigos de infancia de su hija y su sobrina. Les dijo que se habían visto atrapados en la situación mientras su hija, que conocía el lugar, pedía ayuda. Se comprometió a que sus amigos y él hablarían con los aurores cada vez que participasen en alguna batalla defendiendo a civiles, luego de que ocurriese pero no antes.
Robards asintió en dirección a Scrimgeour, dándole a entender que estaba de acuerdo con aquello. Quería evitar enfrentamientos con ellos, que ya les habían estado ayudando, por seguir los consejos de Fudge, a quién el auror no apreciaba. El Ministro accedió, comprendiendo que era la mejor estrategia por el momento.
Cuando llegaron a Deercourage, luego de aquella mañana tan difícil en el Ministerio, Aline convenció a los tres hombres de reposar un par de horas luego del almuerzo antes de ir al campo Cundáwan. Esa noche tendrían la primera terapia con los Longbottom y no era conveniente que estuviesen tensos. El entrenamiento de Sirius esa tarde fue teórico, profundizando en la información de los dones y del Entrenamiento Cundáwan de la primera etapa, mientras Remus, Aline y Wymond fueron al refugio y luego al cuartel.
