No hablaron en todo el día, aunque cruzaron miradas cada vez que coincidían en el gran comedor.

Draco prefería darle su espacio para que pensara lo que quería hacer con libertad, cuando ella hubiera decidido seguro que le buscaría para decírselo.

Las horas pasaron muy despacio, el día se le hacía interminable y el sol no descendía a suficiente velocidad.

No sabía cuánto tendría que esperar, pero ojalá Hermione no tardara demasiado.

Contempló el dosel verde de su cama durante horas en la completa oscuridad, pensando en si ella sería capaz de creerle y de darle otra oportunidad como le había pedido mientras escuchaba la respiración y algún que otro ronquido de sus compañeros de cuarto.

Aquella noche le costó conciliar el sueño otra vez, lo que no imaginaba es que a Hermione también le resultó difícil dormir.

Ya le había dado las suficientes vueltas a todo lo que hablaron y tenía claro lo que iba a hacer, pero le asustaba lo que pudiera pasar cuando se lo dijera a él.

En mitad de la noche se levantó de la cama y se quedó sentada en el pequeño banco que había junto a la ventana, observando la luna en silencio mientras recordaba las palabras de Draco y todo lo que habían vivido juntos esos meses.

Estúpido idiota, podía haberse dado cuenta de lo que sentía mucho antes y les habría ahorrado todos estos problemas a los dos.

Con un último suspiro, volvió a su cama y cerró los ojos.

Mejor intentar dormir para no parecer un mapache al despertarse.


A la mañana siguiente, Draco bajó las escaleras de su dormitorio para encontrarse cara a cara con Pansy, que estaba sentada en uno de los sofás con las piernas y los brazos cruzados.

Se detuvo al ver su rostro serio.

-¿Qué pasa?- preguntó, deteniéndose delante de ella.

-Sienta tu jodido culo aquí un momento, Malfoy-.

Él puso los ojos en blanco y se sentó a su lado, cuando su amiga le llamaba por su apellido era porque tenía algo importante que decirle.

Pansy miró hacia atrás por encima de su hombro, observando al resto de estudiantes que estaban revoloteando por la sala común antes de marcharse a desayunar.

Se acercó más al chico rubio y le habló al oído.

-Escúchame bien... ¿recuerdas eso que dijiste de que tenía razón en todo?-.

Draco apretó los labios y asintió en silencio.

-¿Y que dijiste que me harías caso la próxima vez?-.

-Yo no dije eso, Pansy- murmuró él, entrecerrando los ojos.

Ella frunció el ceño y le agarró con fuerza del brazo.

-Hazme caso por una vez, maldito cabezota. Cuando hables con ella, dile todo lo que sientes... todo. No te calles las cosas por orgullo o mierdas de esas porque no tendrás otra oportunidad- gruñó con mala cara.

Draco sacudió su brazo, librándose de su agarre.

-De acuerdo pero no te pongas así, no es tu estilo-.

Una pequeña sonrisa curvó los labios de la chica.

-Lo sé, es el tuyo. A ver si comportándome igual que tú lo entiendes de una vez-.

Él se levantó y la miró de reojo.

-Lo intentaré-murmuró en voz baja, sacudiendo su túnica.

-De intentarlo nada, hazlo- respondió Pansy con ojos furiosos.

Draco resopló y asintió una vez, alejándose hacia la salida a las mazmorras.

Ella también se levantó y se colocó bien la túnica sin dejar de sonreír.

-¿Por qué estás tan contenta?- dijo Zabini, que acababa de bajar las escaleras.

-Pensaba que nunca vería a Draco enamorado, es todo un espectáculo- murmuró ella, riendo.

-¿Qué? ¿Está enamorado? ¿Te lo ha dicho él?- preguntó el chico, abriendo mucho los ojos.

Pansy puso los ojos en blanco y salió de sala común sin contestarle.


Tras el desayuno Draco caminaba a paso rápido hacia el aula de Aritmancia sintiendo los ojos de Pansy clavados en su espalda.

Estaba deseando ver a Hermione y poder estar cerca de ella.

Nott le había distraído en el gran comedor y apenas la había visto. cuando terminó de comer ella ya no estaba y sabía que le gustaba llegar antes de tiempo.

Al entrar, la clase ya estaba medio llena y no pudo evitar que una media sonrisa se formara en su rostro al verla en el pupitre que compartían.

Por fin Hermione iba a dejar de actuar como si él no existiera, o al menos eso esperaba.

Se acercó en silencio y se sentó a su lado, buscando su mirada.

Esos ojos de color almendrado no tardaron mucho en fijarse en él.

-Hola, Draco-.

-Hola-.

Siguieron mirándose y la sonrisa de Draco se curvó cuando ella se ruborizó.

-¿Podemos... podemos hablar después de las clases?- preguntó Hermione en voz baja.

Él asintió.

-¿Dónde?-.

-No lo sé... prefiero que sea a solas- dijo ella, suspirando mientras miraba a su alrededor.

Draco torció el labio haciendo una mueca, estaba lloviendo y no iban a poder salir del castillo.

-Te esperaré en la escalera que baja a las mazmorras a la hora del almuerzo-.

-Está bien, esta vez seré yo la que robe algo de comida para que no nos muramos de hambre- dijo Hermione, sonriendo.

Él correspondió a su sonrisa y los dos dejaron de hablar, la profesora ya estaba en la clase.

Se miraron de reojo varias veces y, cuando la clase terminó, él se inclinó hacia ella.

-Nos vemos más tarde- susurró.

Hermione tragó saliva y asintió, nerviosa.

Draco salió de clase junto a sus amigos de Slytherin y ella se dirigió al aula de defensa contra las artes oscuras, donde ya estaban Harry y Ron.

Aquella clase también terminó más rápido de lo normal y Hermione se retorció las manos mientras entraba en el gran comedor con sus dos amigos.

-Vas a ir ahora a hablar con él, ¿no?- preguntó Ron al verla así de inquieta.

-Sí, voy a coger un poco de comida y me marcho- dijo ella, asintiendo.

-¿Luego nos lo contarás?- susurró Harry, acercándose más a su amiga.

-Claro-.

Comprobando que nadie se estuviera fijando en ella, Hermione llenó varias servilletas de comida y las guardó en los bolsillos de su túnica, volviendo a salir hacia el pasillo principal.

Luna sonrió al verla marcharse y Ginny frunció el ceño.

-Espero que no se arrepienta- murmuró la pelirroja, resoplando.

-No lo creo, él no será capaz de volver a cagarla- contestó Luna mientras se servía arroz en su plato.

Harry y Ron se miraron, y empezaron a comer sin comentar nada.

Preferían esperar a saber lo que había pasado de boca de Hermione, pero por experiencia sabían que Malfoy no era precisamente un experto en amabilidad y comprensión.


Hermione caminó hasta las escaleras que bajaban a las mazmorras, y recibió varias miradas de odio de algunos Slytherin que subían por ellas para ir al gran comedor.

Los ignoró y se apoyó en la pared de piedra, esperando.

Su mente era un remolino de pensamientos y notaba que tenía el pulso acelerado.

Un par de minutos después, el corazón le dio un vuelco al ver que Draco aparecía por el pasillo, caminando hacia ella.

Se detuvo a su lado, demasiado cerca, de forma que sus rostros estaban solo a un par de centímetros de distancia.

Ese olor cítrico mezclado con madera la envolvió por completo, confundiéndola todavía más.

-Ven conmigo- murmuró Draco, sujetando su mano.

Bajaron juntos la escalera y él sintió la mano de Hermione muy temblorosa.

-¿A dónde vamos?- preguntó ella.

-A mi sala común-.

Los ojos de Hermione se abrieron como platos.

-¡¿Qué?!-.

-Yo conozco la tuya, creo que es justo que tú conozcas la mía- respondió Draco sin mirarla.

Hermione dio un tirón de su mano, obligándolo a que se detuviera.

-Si entro ahí y me ven contigo tendremos problemas- dijo, con la voz entrecortada por los nervios.

-Me importa una mierda- contestó él, encogiéndose de hombros y volviendo a caminar.

Llegaron hasta una pared de piedra que parecía igual que las demás.

-Gárgolas de chocolate- murmuró Draco en voz baja.

La pared se apartó y ambos entraron por el hueco.

Hermione se quedó sin habla al ver la gigantesca sala verde, con las cinco ventanas redondas que daban al fondo del lago.

No pudo evitar estremecerse al recordar que así fue como Draco vio a la sirena por primera vez, cuando entró en el lago completamente hechizado y ella logró salvarle de milagro.

El chico rubio no se detuvo, siguió su camino hasta las escaleras que llevaban a los dormitorios de los chicos ignorando a los cinco estudiantes de tercer curso que les estaban mirando con la boca abierta.

Subió las escaleras sin soltar a Hermione y se detuvo en la puerta de su cuarto.

La abrió y la dejó pasar primero, sabía que sus tres compañeros estaban en el gran comedor.

Hermione dio unos pasos y recorrió el dormitorio con su mirada, era prácticamente igual que el de Harry y Ron cambiando los colores.

Todo tenía tonos verdes y plateados, hasta los baúles.

Arrugó un poco la nariz ante aquel despliegue de colorido enemigo, aunque sonrió al recordar que Draco también se había sentido así cuando estuvo en su dormitorio.

Escuchó un chillido y, al girar la cabeza, vio que junto a una de las camas había un águila en una percha.

Se acercó a ella lentamente, reconociendo a la mascota de Draco.

-¿Está siempre aquí?-.

-Casi siempre, no le gusta la lechucería. Se llama Dark- dijo él, que no se estaba perdiendo ni un solo gesto de Hermione mientras la dejaba observar todo con tranquilidad.

-Ya nos conocemos- respondió ella, sonriendo.

Le acarició suavemente las plumas de detrás del cuello y el águila le picoteó los dedos con cariño.

-No suelen gustarle los desconocidos- comentó Draco, que ya estaba junto a ella y miraba al ave con el ceño fruncido.

-Pues parece que yo le he caído bien- dijo Hermione, que seguía acariciando a Dark.

Él atrapó un mechón de su cabello rizado entre los dedos y se lo acercó a la nariz.

-A lo mejor es porque sabe lo que siento por ti- susurró muy bajito, haciendo que Hermione se tensara.

-Draco, yo...- empezó ella, con la voz algo temblorosa por los nervios.

Él se sentó en el borde de la cama y dio dos golpecitos a su lado, invitándola a acompañarle.

-Te escucho, Hermione-.

Tras sentarse ella se mordió el labio inferior, no sabía cómo decírselo y sospechaba que no le iba a sentar bien.

-Llevo dos días desesperado, esperando para saber lo que me vas a decir. No me tortures más- añadió el chico, inclinándose para hablar cerca de su oído.

-Está bien... lo diré sin más- aceptó ella, suspirando.

Él guardó silencio y Hermione alzó la vista para enfrentarse a su mirada.

-Yo... yo siento lo mismo por ti. En realidad estoy enamorada de ti desde la primera vez que te lo dije, aquella tarde en la casa de los gritos... o puede que incluso desde antes- confesó en voz baja.

Draco sonrió levemente.

-Puede que yo también lo estuviera en ese momento, pero no me di cuenta. Me ha costado mucho asumirlo, ya lo sabes-.

-No hace falta que lo jures- murmuró Hermione, haciendo una mueca.

Sintió los brazos de Draco rodeándola y su aliento cerca del cuello.

-Menos mal que estás bien, si te hubiera pasado algo creo que habría perdido la cabeza- dijo él, suspirando y poniéndole los pelos de punta a ella con ese suspiro.

-Espera, no he terminado-.

Draco levantó la cabeza al escucharla y la miró, levantando una ceja.

-Aunque los dos sintamos lo mismo, no sé si es buena idea que estemos juntos... no estoy segura de si saldría bien-.

Él frunció el ceño.

-¿Por qué dices eso?- preguntó, molesto.

¿A qué venía esa gilipollez de repente?

-Nunca te has enamorado, seguramente te agobiarás al meterte en una relación porque no has tenido una antes... y además, vamos a tener a mucha gente en contra cuando se enteren-.

-A la mierda los demás, que digan lo que quieran. Y respecto a lo otro... tú y yo llevamos casi seis meses en algo muy parecido a una relación y no ha podido gustarme más-.

Hermione sonrió, con las mejillas un poco coloradas.

Draco apretó su agarre alrededor de su cintura, acercándola más a él.

-Solo necesitamos que salga bien una vez... esta vez. Es mejor que no haya tenido nada serio antes, me gusta que tú seas la primera- murmuró, mirándola a los ojos.

Ella bajó la mirada, avergonzada.

-En realidad tú también eres el primero con el que siento algo así, Draco... porque nunca llegué a estar enamorada de Ron, aunque pensaba que sí-.

Él sonrió y se lanzó a por sus labios, sin poder contenerse más.

La empujó suavemente y se recostó sobre ella en la cama, disfrutando de sus besos.

Hermione cerró los ojos y abrazó a Draco por los hombros, después de tanto tiempo sin estar así de cerca de él sentía que el calor de su cuerpo le quemaba más que nunca.

Sus besos le estaban robando el aire de los pulmones y su cerebro se estaba nublando, incapaz de asimilar todo lo que sentía en ese momento.

El beso terminó y se encontró con los ojos grises de Draco fijos en ella.

-¿Quieres hacer otra apuesta?- preguntó, sonriendo de lado.

-¿Otra vez vas a intentar obligarme a acostarme contigo?-.

-Nunca te obligué, tú también querías y lo sabes- murmuró el chico, bajando hasta su cuello para dejar un rastro de besos.

Hermione reprimió un escalofrío y suspiró.

-¿Qué apostaremos ahora?- preguntó, sentía mucha curiosidad.

-En unos días vuelvo a tener partido contra Gryffindor. Si perdemos dejaré que tú decidas lo que vamos a hacer, incluso si quieres que lo mantengamos en secreto hasta que nos larguemos de aquí en junio me parecerá bien. Pero, si ganamos... lo haremos a mi manera- dijo él, volviendo a mirarla a los ojos.

Hermione levantó las cejas.

-¿A tu manera? ¿Y eso qué significa?-.

-Ya lo descubrirás si atrapo la snitch antes que Potter- contestó Draco, alzando las cejas varias veces.

-Nada de trampas esta vez- le advirtió ella, poniéndose seria.


¡10 mil lecturas! Esta se ha convertido en mi historia más leída en FanFiction, gracias a todos :)