Este fic participa en el reto de febrero de La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. El reto consistía en escribir un fic inspirado en una frase sorteada. En mi caso, está relacionada con la amistad y pertenece a Ramon Llull: No tengas amistad con quien tenga poderosos enemigos.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling.
Aviso: El fic es un WI en el que Harry no volvió a la vida tras morir en el bosque, de modo que nunca hubo duelo entre él y Voldemort y los mortífagos acabaron venciendo.
Beta: Nea Poulain
Palabras: 497
Sonrisa
El aire frío sacudiendo su ropa, enfriando su piel. El crujido de la nieve bajo sus pies mientras camina. El movimiento de las nubes al ser empujadas por el viento, el olor a humo que este arrastra.
Trata de capturar cada sensación, porque serán las últimas, al tiempo que se consuela a sí misma diciéndose que el mundo no desaparecerá del todo, que hay algo que la espera al otro lado.
Pero no puede evitar echarse a llorar cuando los sitúan frente a un poste de madera. Unas cadenas en los extremos sirven para atar al primer prisionero; se le seca la garganta mientras observa y se da cuenta de que nadie le dará agua para calmar su sed.
—Hannah —susurra Justin, que se encuentra a su lado—, Hannah…
Todos los condenados se estremecen cuando el hombre vestido de negro le lanza un rayo verde al prisionero.
«No tienen por qué hacerlo así», se dice Hannah. «No de uno en uno, no mientras el resto miramos».
Arrastran a otro hombre al poste. Van demasiado lentos; demasiado rápidos.
—Perdóname, Hannah.
Otro rayo verde. El cuerpo del prisionero cae hacia adelante y Hannah recuerda el aspecto de Harry Potter en brazos de Hagrid. Él también parecía un muñeco, una cosa ajena en la que Hannah pensaba que nunca estaría destinada a convertirse.
Habían perdonado a muchos de los participantes en esa lucha; pero no a los que ayudaron a nacidos de muggles a esconderse.
—Esto es culpa mía —dice Justin, sorbiendo por la nariz—. Tú eres sangre pura, nunca te habrían tocado si no hubiesen sabido que éramos amigos…
—Te delaté —susurra Hannah. Todavía le arde el corte que le hicieron durante la última sesión de tortura, cuando confesó el escondite de Justin. Más duele su conciencia.
—Me habrían encontrado de todas formas.
Hannah se imagina qué habría ocurrido si nunca hubiese hecho amistad con un perseguido como Justin. El nombre de su familia quizás le habría dado el lujo de un perdón y una existencia tranquila bajo el nuevo régimen, sin tener nunca la certeza de qué momentos van a ser los últimos.
Se da cuenta, a su pesar, que desea dar marcha atrás y cambiarlo todo. No puede ignorar que su garganta quiere agua, que la nieve es hermosa, que morir con lágrimas congeladas en las mejillas y un chillido de miedo pugnando por salir de su interior no es justo.
Mira a Justin de reojo. Él también tiene los ojos húmedos de puro terror. Cuando Hannah alarga la mano y coge la suya, descubre que en su muñeca late el eco de un corazón aterrorizado.
No le quedan más minutos que a ella y aún así los gasta en pedir su perdón.
Eso la obliga a decir algo que, en esas circunstancias, le suena tanto a mentira como a verdad.
—Me alegro de ser tu amiga.
Eso significa llevarse con ella la sonrisa de Justin; algo hermoso para ser lo último que jamás verá.
