Ava estaba borracha.
Ella no era de emborracharse, pero esa noche estaba contenta y relajada, y pasó sin que siquiera se diera cuenta. Había tomado una lata de cerveza y dos tragos que Mona le había preparado, pero evidentemente le habían pegado duro. Recién notó su estado cuando quiso ir al baño y pensó que si iba sola se iba a perder. Por suerte, Sara la acompañó.
Sara la ayudó a lavarse la cara y se sentó a su lado, en el piso del baño, a hacerle compañía.
— Es una jirafa. — Intentó adivinar Ava la forma de la sombra que Sara estaba haciendo con sus manos.
— No. — Negó Sara.
— ¿Cómo no? — Preguntó ella confundida. — Ese es el cuello. — Insistió, señalando una parte de la sombra.
— Eso no es un cuello, es una trompa. — La contradijo Sara.
— ¿Es un elefante entonces? — Pidió saber ella, entusiasmada.
— Si. — Asintió Sara y aplaudió festejando que la otra había adivinado.
Continuaron así un rato. Ava se sentía cada vez más distraída. A pesar de que la estaba pasando muy bien con Sara, su presencia era muy intensa y su risa era especial. A Ava le gustaba ver a Sara feliz. Ella era hermosa cuando reía, así que se iba a proponer hacerla reír más seguido.
Por momentos, cuando reía, se le formaba una especie de hoyuelo en la mejilla derecha y eso le resultaba adorable. Sus ojos azules estaban siempre repletos de expresiones y sentimientos, que de a poco estaba aprendiendo a identificar y reconocer. Y sus pecas… le encantaban sus pecas, y se preguntaba si en verano le saldrían más por el sol.
Y así llegó a la conclusión de que Sara la hacía sentir cosas y eso le gustaba. Allí, sentadas en el piso del baño, fue la primera vez que se dio cuenta de ese pequeño-gran-importante detalle.
El alcohol que había tomado la hizo olvidarse de su timidez, de sus miedos y su vergüenza. Y así fue como le dijo a Sara que le gustaba y luego la besó.
Con el beso volvió a la realidad, y en alguna parte de su ser se percató de la posibilidad de haber cruzado un límite.
— Lo siento. — Se disculpó ella, separándose de la otra.
Pero Sara al parecer no necesitaba unas disculpas, porque ella fue quien esta vez unió sus labios en otro beso.
El segundo beso fue más que un simple roce de labios, fue un descubrirse y sentirse mutuamente. Abrieron sus bocas y también unieron sus lenguas, se probaron. Ava disfrutó de las sensaciones que sentía en todo su cuerpo al besar a Sara. Hace tiempo que nadie la hacía sentir así de bien con un beso… o mejor dicho, nadie nunca la había hecho sentir así de bien con un beso.
En algún momento, Ava perdió toda noción de tiempo y de espacio. ¿Sería eso lo que los besos de Sara provocaban en ella?
Lo próximo que supo fue que se despertó en su cama.
Ava no sabía cómo había llegado allí y no recordaba casi nada de la noche anterior. Lo único que sabía era que su cabeza dolía intensamente y sentía un cansancio tremendo en todo su cuerpo, como si no hubiera dormido.
De repente, la puerta de su habitación se abrió y entró Sara. Ella llevaba un vaso con agua y una tableta de aspirinas.
— Ya despertaste. — Comentó Sara con una sonrisa, al ver a la otra despierta.
— Si. — Afirmó ella, incorporándose en su cama para poder sentarse.
— Esto te va a hacer sentir mejor. — Dijo Sara y le entregó el vaso de agua con una aspirina.
Ava aceptó el vaso con agua y tomó la aspirina. Al beber el agua se dio cuenta de que tenía mucha sed. Agradeció mentalmente que Sara pareció adivinar lo que ella necesitaba, pero todavía no entendía qué hacía allí.
— ¿Qué haces aquí? — Preguntó ella, todavía algo confundida con la situación.
— ¿No te acordas? — Le preguntó Sara, observándola con plena atención y la otra negó con su cabeza. — Estabas borracha, así que te traje a tu casa cuando quisiste irte del cumpleaños de Ray. Me invitaste a quedarme, porque era tarde para que regresara a mi casa. — Relató lo que había ocurrido.
— Espero no haber hecho nada de lo que deba avergonzarme. — Expusó ella y se tapó la cara con las manos ante la irritación que le generaba no recordar casi nada de la noche.
— Entonces, ¿no te acordas que me besaste? — Pidió saber Sara, con cierta curiosidad.
— ¿Qué? — Preguntó ella completamente asombrada, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
¿Sería una broma?
— Me pediste que te acompañara al baño y me besaste. — Respondió Sara, dejándole saber lo que había ocurrido.
Ava miró a Sara por un largo minuto para poder leerla y, al hacerlo, se dio cuenta que estaba diciendo la verdad. ¡Ava la había besado! ¿Qué se le había cruzado en la cabeza para hacer semejante tontería? Ella no quería perder su amistad con Sara. Sintió un poco de pánico ante la situación. Sara sabía que a ella le gustaban las chicas, ¿Qué sucedía si pensaba que gustaba de ella? ¿Qué sucedía si la rechazaba? ¿Qué sucedía si la acusaba de jugar con ella, sus sentimientos y su amistad?
— Perdón, no me acuerdo. — Admitió ella, sintiendo una mezcla de miedo y de vergüenza.
— Debes haber tomado mucho para no recordarlo. — Dijo Sara pensativamente.
Sara se cruzó de brazos y por primera vez desde que había comenzado la conversación dejó de mirarla a los ojos. Ava la observó para intentar descifrar qué era lo que podía estar sintiendo. Lucía algo decepcionada, incómoda… incluso hasta algo ¿triste? Eso la hizo reaccionar, tenía que hacer algo para cuidar la amistad que tenían.
— Pero no te sientas incómoda, no significó nada. Nosotras somos amigas. — Agregó ella, intentando armar un argumento razonable.
— Tranquila, no me incomoda. — Aseguró Sara, con una pequeña sonrisa. — Recibí un beso por parte de una linda chica, no tengo nada de qué quejarme. — Bromeó y le guiñó un ojo.
Eso la hizo relajar. Esa era la Sara que conocía, confiada y despreocupada. Ava le dio un pequeño golpe en el brazo a modo de protesta ante su broma, haciéndola reír. Le gustó escuchar su risa, y hasta sintió que ya se había dado cuenta de eso antes. Pero, ¿cuándo?
— Bien, será mejor que me vaya. — Dijo Sara, interrumpiendo sus pensamientos.
— ¿No queres quedarte a desayunar o almorzar? — Ofreció ella, mencionó ambas opciones porque no sabía la hora que era.
— No, tengo que ir a trabajar. Lena está enferma así que voy a cubrirla. — Contestó Sara y agarró su mochila que había dejado debajo del escritorio de la otra chica.
— De acuerdo. — Aceptó ella y se volvió a recostar en la cama. — Suerte en tu día. — Le deseó.
— Suerte a vos también, descansa. — Dijo Sara y se dirigió a la puerta. — Y ten cuidado a quién andas besando cuando estás borracha, no todos son tan buenos como yo. — Agregó con cierto humor.
Ava agarró su almohada y la revoleó a donde estaba la otra. Ambas rieron, luego Sara se fue. Que Sara bromeara con ella la hizo tranquilizarse, porque eso significaba que estaba todo bien entre ellas, que podían continuar siendo amigas. Cerró los ojos y volvió a quedarse dormida.
La tarde del domingo no fue nada especial. Descanso, hizo las tareas del colegio y miró televisión con Amy.
Sin embargo, había algo que no dejaba de dar vueltas en su cabeza. El beso que le había dado a Sara. El beso que ella no podía recordar y le gustaría poder hacerlo.
¿Cómo habría sido? ¿Cómo se le habría ocurrido besarla? ¿Le habría gustado?
Lo mejor iba a ser no volver a tomar alcohol nunca más, ni aceptar los tragos que Mona preparaba porque siempre los hacía súper fuertes. Lo mejor iba a ser no volver a tomar alcohol cerca de Sara, porque no quería arruinar la amistad que tenían.
Por suerte, una vez que comenzó la semana, las cosas volvieron a marchar normalmente entre ella y Sara. No volvieron a mencionar el tema del beso y Sara continuó tratándola igual que siempre, como las buenas amigas que eran. Aunque por momentos la notaba un poco triste a pesar de que lo disimulaba bastante bien, y Ava se preguntaba si eso era por lo que había sucedido entre ellas o si estaría volviendo a tener problemas con su madre.
— ¿Estás bien? — Preguntó ella a Nora, cuando se sentó a su lado y dejó caer su cabeza sobre su escritorio de una manera que lucía a derrota.
— No. — Negó Nora y dio un largo suspiro. — Sara tuvo un ataque de pánico al verme. — Informó lo que la tenía mal.
— No es tu culpa, es normal que eso pase. — Le recordó ella y le acarició la espalda de forma reconfortante.
— Pero se siente como si lo fuera. — Expresó Nora su frustración. — Me gustaría poder hacer más por ella. — Agregó.
— ¿Quieres que vaya a hablar con ella? ¿Eso te haría sentir más tranquila? — Sugirió ella pensativamente.
— No, está bien, Zari estaba con ella. — Le dejo saber Nora.
Al escuchar que Sara estaba acompañada decidió que lo mejor en ese momento era concentrarse en Nora. La contuvo y escuchó sus preocupaciones, y durante la clase le escribió varios mensajes en su cuaderno para distraerla y hacerla reír.
Por el resto de la jornada escolar, no vio a Sara ni a Zari. Eso la hizo preocuparse, así que finalmente decidió escribirle a Sara por whatsapp.
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Ava:
Por qué no viniste a las últimas clases?
Estás bien?
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Sara:
Si, no te preocupes
Estoy bien
Estoy con Zari
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Ava:
Dónde están?
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Sara:
En la calle
Necesita tomar un poco de aire
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Ava:
Cualquier cosa, si necesitas algo, avisame
Estoy siempre
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Sara:
Lo sé
Gracias
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Ava no se quedó del todo conforme con la conversación, pero eso era lo mejor que podía hacer a la distancia. Sentía que Sara la estaba alejando o evitando, y eso la hacía entrar en conflicto con sus sentimientos.
Se preguntó si todo eso tendría que ver con lo que había ocurrido entre ellas en el cumpleaños de Ray, o si simplemente ella se estaba haciendo la cabeza. Tenía que aprender a no hacerse tanto la cabeza y repensar todo mil veces. Sara le había dicho que estaba todo bien entre ellas, así que tenía que confiar. Para Sara el beso que habían compartido seguramente era un simple beso más, como cualquier otro.
Pero, ¿Para Ava? Ella todavía no sabía qué significaba el beso para ella, y más cuando no podía recordarlo.
Ava estaba haciendo sus tareas, cuando un grito alegre la interrumpió. Era Ashley, ella estaba festejando algo. Ava fue a buscar a su hermana, ella estaba saltando entusiasmada por toda su habitación. Amy la estaba mirando igual de asombrada que ella.
— ¿Nos vas a contar las buenas noticias? — Pidió saber Ava a su hermana.
— Me acaba de llegar la carta de la universidad, me aceptaron. — Respondió Ashley alegremente.
Ashley correteó hacia sus hermanas y las abrazó. Volvió a gritar a modo de festejo, haciéndolas reír. Su alegría era realmente contagiosa.
— Felicitaciones futura abogada. — Dijo ella, cuando salieron del abrazo.
— Woow, impresionante el legado Sharpe. — Comentó Amy. — El año que viene ya vas a estar en Princeton con Anastasia y Alison. — Agregó pensativamente.
— Yo no voy a ir a Princeton, ni quiero ser abogada. — Confesó Ashley, sorprendiendo a sus hermanas con la noticia.
— ¿Entonces? ¿De dónde es la carta? — Cuestionó ella, cuando se recuperó de la sorpresa.
— De Brown, me aceptaron para estudiar literatura. — Respondió Ashley. — Quiero ser escritora. — Informó con una gran sonrisa.
— ¿Escritora? Eso es genial. — Aprobó Amy.
— Me alegra que pienses eso, aunque no sé si mamá y papá van a estar de acuerdo. — Dijo Ashley, algo preocupada al pensar en el momento en que iba a tener que enfrentar a sus padres.
— Mamá te va a apoyar. — Aseguró Amy.
— ¿Alguna vez escribiste algo? — Preguntó ella con curiosidad.
— Si, fanfictions. — Contestó Ashley sonrojándose. — De hecho mis historias son bastantes famosas, he recibido miles de reviews y favoritos. — Sumó, intentando que esos detalles le dieran importancia.
— ¿Sobre qué fandom y ship escribís? — Pidió saber Amy.
— Varios, pero sobre todo de Jonathan, Nancy y Steve, y Kali y Robin, de la serie Stranger Things. — Respondió Ashley.
— Tendrás que compartirlas con nosotras, queremos leerlas. — Dijo Amy.
Ava terminó de hacer las tareas y luego se puso a leer las fanfictions de su hermana. Enseguida quedó enganchada con las historias, Ashley era una gran escritora y ella no lo sabía. Pero ahora lo estaba descubriendo y podía confirmarlo. Ava se quedó dormida mientras leía las historias de Kali y Robin, deseando algún día poder vivir una historia de amor como las de ellas.
