Iä! Iä! Shub-Niggurath! Iä! Iä! JK Rowling! Iä! Iä! White Squirrel!
Notas del autor: The Colors of Infinity está disponible en YouTube, y a pesar de ser bastante anticuado ahora, lo recomiendo. Pónganse en los pies de alguien que solo había visto los gráficos de computadora de 1990 e imaginen lo asombroso que fue. Yo lo vi cuando era niño alrededor de cuando Hermione lo hizo, e inspiró un interés de toda la vida en fractales.
Notas de la traductora: No he podido encontrar el documental referenciado por White Squirrel en español o subtitulado, pero el tema de los fractales ciertamente es interesante. ¿Hay algún otro matemago en la audiencia de pura casualidad? Pero matemagos o no, ¡espero que todos estén disfrutando de esta historia!
Capítulo 38
–Vaya, ¿lograste una aparición perfecta en tu segunda lección? –dijo George–. Nadie nunca logra eso.
–Bueno, Percy lo hizo en su primera lección, pero no es humano –agregó Fred.
–Hubo algunas desparticiones en la primera lección en nuestro año –continuó George–, pero nadie lo hizo bien hasta la cuarta semana.
–Creo que mucho fue suerte, si soy honesta –les dijo Hermione–. Estoy muy lejos de poder hacerlo a velocidad, y aún pasé por una despartición una vez. –Se estremeció con la idea. Casi se había desmayado cuando movió su peso de un pie al otro y dejó el otro atrás. No había dolido tanto como había esperado. Le ardía, pero el tallar esas palabras en su mano había sido peor. Y había tenido un arreglo fácil. El muñón estaba… distorsionado… como si hubiera sido pellizcado hasta removerlo por el agujero de gusano… así que no sangrando. El arreglo había sido simplemente colocar el pie junto al muñón y realizar un hechizo para des-distorsionar el espacio, y se conectaron de manera impecable con un extraño humo púrpura. (Sólo las desparticiones de la cabeza y torso, las cuales eran mucho más raras, eran las verdaderamente peligrosas.)
–Les pasa a todos –le aseguró George–. Estoy seguro de que te irá perfecto en el examen. ¿Y qué piensas de la tienda?
Hermione había ido al Número 93 del callejón Diagon temprano el día de la gran apertura de Sortilegios Weasley, donde los tres estaban de pie detrás de un listón con un par de tijeras gigantes (idea de Hermione). Dio otra mirada a la tienda; probablemente era la tienda más colorida que había visto. El resto de las tiendas en el callejón eran aburridas y estaban cubiertas de carteles de "se busca" y guías de seguridad del Ministerio, pero Sortilegios Weasley parecía tener el suficiente color para el callejón entero. Sobre la puerta, había la figura enorme con estilo de marioneta de ventrílocuo con la imagen de un gemelo Weasley quitándose su sombrero, haciendo un conejo aparecer y desaparecer debajo. (Esa era una broma en sí misma, ya que solo los hijos de muggles lo entenderían.) Tuvieron suerte de conseguir un local en una esquina, y estaban tomando ventaja de eso. La ventana del lado izquierdo estaba llena de productos brillantes y que hacían ruido, mientras que la del lado derecho estaba cubierta con un enorme poster burlándose de los del Ministerio, promocionando algo llamado Lord Kakadura.
–Creo que vender una poción anti-diarrea como un producto de broma es ridículo –dijo ella con toda seriedad. Sin mencionar que habían subido unos cuantos lugares en la lista de enemigos de Voldemort.
–Aguafiestas –dijo Fred.
–No empieces, Fred. La tienda se ve brillante. Nadie la va a ignorar; eso es seguro. Creo que se puede ver desde el espacio.
Una multitud se había reunido enfrente de ellos. Muchos de las brujas y magos mayores estaban mirando pasmados a la tienda mientras que aquellos que conocían a los gemelos Weasley estaban sonriendo, y los niños más jóvenes miraban con gran asombro.
Un reloj en algún lugar dio una campanada marcando las nueve de la mañana, y los chicos se lanzaron a la acción–. ¡Bienvenidos, bienvenidos, a Sortilegios Weasley! –dijeron George y Fred al mismo tiempo.
–El mejor y más novedoso lugar para bromas, chistes, bufonadas, y alboroto en general para las brujas y magos de todas las edades –continuó Fred.
–Hogar exclusivo de los Surtidos Saltaclases, Orejas Extensibles, y los Salvajes Magifuegos Weasley –dijo George.
–Vendedor con licencia de kits de preparación de pociones y runas lanza hechizos sin varita –agregó Hermione. Ya que eran sus inventos (las runas con ayuda de Ron), era natural que fueran agregados a la línea de productos.
–Y debutando esta temporada… –dijo George–. ¡Puffskeins pigmeos! –Hizo un espectáculo de usar un truco de mano para que el puffskein miniatura apareciera debajo de un pañuelo, haciendo que todas las chicas en la audiencia suspiraran.
–Y para el mago en acción, ¡Capas Escudo! –Fred se colocó una capa gris con un diseño de un escudo sobre su túnica magenta–. ¿Hermione?
Hermione apuntó su varita a él–. ¡Desmaius! –El hechizo rebotó de la capa con un brillo rojo, y la multitud aplaudió.
–Garantizada para bloquear diez aturdidores o su dinero de regreso.
–Restricciones aplican. Resultados pueden variar –bromeó Hermione. George se rio y jugó con su cabello.
–Y ahora –anunció Fred–, brujas y magos, niños de todas las edades, declaramos a Sortilegios Weasley… –Los tres cortaron el listón con las tijeras gigantes–. ¡ABIERTO!
La multitud celebró y avanzó, empujando al trío dentro de la tienda. Durante las siguientes horas, Sortilegios Weasley apenas y fue caos controlado y brujas y magos entre cinco y veinticinco años (si no mayores) compraron todo tipo de artículos de broma. Vendieron lo que Hermione consideró una cantidad preocupante de pociones de amor ligeras… en su mayoría a su objetivo demográfico de jovencitas, lo cual la sorprendió. Muchos de los padres estuvieron interesados en las Capas Escudo, así como un oficial del Ministerio que se quejó de la incompetencia de sus colegas para usar encantamientos escudo. Varios estudiantes hijos de muggles más jóvenes hablaron con ella y le preguntaron si sus padres podían usar los kits para preparar pociones sin varita. Se alegró de ver a otros padres muggles mostrando tal interés en las vidas de sus hijos. Y por supuesto, fuegos artificiales fueron prendidos ya sea accidentalmente o a propósito aproximadamente cada diecisiete minutos.
Más tarde en la mañana, el resto del clan Weasley llegó: El Sr. y la Sra. Weasley, Bill, Ron, y Ginny, además de Harry. Hagrid los estaba escoltando, haciendo que el grupo luciera el doble de grande de lo que era. Todos habían prometido visitar el día de la apertura mientras hacían sus compras de la escuela.
–¿En qué estaban pensando? –los regañó la Sra. Weasley cuando llegó a ellos–. ¿Lord Kakadura? ¡Serán asesinados en sus camas!
–No –respondió Fred con una sonrisa–, Bill nos ayudó con las barreras. Estaremos bien. –Ron y Ginny se rieron mientras su madre se volteaba para gritar a Bill.
–Y bien, niños, ¿qué piensan de la tienda? –les preguntó George.
–No estoy seguro –respondió Harry–. Vi los colores y pensé que me convulsionaría.
Los gemelos se rieron y comenzaron a mostrarles alrededor. El resto de la familia Weasley no se sorprendió tanto de todos los productos que habían desarrollado ya que habían pasado un mes en Grimmauld Place planeando y haciéndolo antes de rentar el edificio, pero sí se sorprendieron de la gran cantidad de mercancía con la que estaban lidiando. Ron estaba tomando una cantidad sospechosa de Detonadores Trampa, y Harry estaba considerando seriamente comprarse una Capa Escudo. Ginny ya había adoptado un puffskein, pero estaba interesada en los Brazaletes Fantasía.
–Fred y George nunca me dejaron probar el producto terminado –dijo a Hermione–. Dijeron que no era lo suficiente mayor.
–Pues, pueden ser un poco… –Hermione buscó la palabra–. ¿Intensos? Las fantasías adolescentes no siempre son… tú sabes, material apropiado para menores.
Ginny no conocía la expresión, pero lo comprendió–. ¿Hablas de experiencia? –preguntó, moviendo sus cejas.
Hermione se sonrojó–. Los ayudé a probarlos. Me enviaron algunos de las terminados este verano. Pídeles que te dejen comprar una Fantasía de la Copa Mundial. Esa debería ser bastante limpia.
Ginny la miró–: Pensé que no te gustaba el quidditch.
–No, no me gusta volar en una escoba con mínimas funciones de seguridad, pero una fantasía está bien. De hecho, fue lo más que he disfrutado volar. –Entregó a Ginny uno de los dijes–. Estoy intentando descubrir si hay una manera confiable de aplicar clasificaciones de películas muggles para poder vender algunas como esta a los niños más pequeños.
–¿Clasificación de películas?
Hermione explicó el sistema a Ginny. Ella pensó que era una buena idea una vez lo comprendió. Acababan de alejarse del mostrador con los Brazaletes Fantasía cuando Harry y Ron la tomaron–. Hermione, ahí estás –dijo Harry en voz baja–. Necesitamos hablar contigo.
Hermione rápidamente miró alrededor para asegurarse de que la tienda estaba bajo control y los llevó al almacén–. ¿Qué pasa, Harry? –preguntó.
–Creo que Malfoy está tramando algo –dijo.
Ella frunció el ceño–. ¿Qué quieres decir?
–Nos lo encontramos junta a la Sra. Malfoy en la tienda de Madame Malkins –explicó Harry–. Fue un bravucón.
–También su mamá –agregó Ron.
–Sí, pero después, lo vimos caminando solo, y no pensamos que la Sra. Malfoy lo dejaría pasearse sin una buena razón, así que nos escapamos del Sr. y la Sra. Weasley en el boticario y lo seguimos. Fue a Borgin y Burkes… tú sabes, la tienda sórdida en el callejón Knockturn.
–¿No entraron, verdad? –dijo Hermione preocupada.
–No, usamos las Orejas Expansibles –le aseguró Harry–. Le preguntó a Borgin sobre como arreglar algo y le dijo que guardara "el otro" para él.
–¿Qué era?
–No sabemos –dijo Ginny–. No pudimos ver.
–Amenazó con enviar a alguien llamado Greyback detrás de él para que se quedara callado… incluyendo con su mamá –agregó Ron.
–¿Quién es Greyback? –preguntó Hermione.
–Es un hombre lobo –dijo Harry sombrío–. El que mordió a Remus. Me contó sobre él. Es una muy mala persona.
–¿Amenazó a Borgin con un hombre lobo? –susurró Hermione horrorizada.
–Es como sonó –dijo Harry–. Y eso no es todo: Creo que Malfoy es un mortífago.
–¿Un mortífago? ¿Por qué?
–No dejó que Madame Malkin viera su brazo izquierdo. Y después, mostró a Borgin algo que no pudimos ver, y lo asustó casi tanto como Greyback.
–Esa no es mucha evidencia –razonó ella–. Malfoy solo tiene dieciséis años. ¿Acaso Voldemort lo haría ya un mortífago? –preguntó Hermione.
–¡De ninguna manera! –insistió Ron–. Malfoy es muy inútil.
–Si Voldemort creyera que sería útil, lo haría –lo contradijo Harry–. Podría pasar.
Hermione lo consideró. Harry parecía comprender mejor la mente retorcida de Voldemort que la mayoría de las personas. Intentó no pensar si eso era por la influencia del horrocrux. Y Draco Malfoy era el hijo de un mortífago más rico y prominente, así que si algún estudiante iba a ser uno, sería él, pero eso no les decía nada sobre lo que estaba haciendo–. Eso no es mucho con lo que continuar –le dijo–. Y no tienes pruebas.
–Lo sé –dijo él incómodo–. Desearía saber que estaba pidiendo a Borgin que guardara para él.
–Creo que lo que está planeando es importante –sugirió–. Si es que está planeando algo.
–Venganza, supongo –dijo Harry.
–¿Contra quién?
–Contra nosotros. Tú y yo. Su papá está en Azkaban por nuestra culpa, ¿no?
–Supongo –dijo ella. Sintió un leve escalofrío–. Pero sin pruebas, no veo como haya algo que podamos hacer. Probablemente solo cuenta tus sospechas a Dumbledore.
–Lo haré, pero creo que algo grande está pasando. Lo sé.
–Lo único que podemos hacer es tener cuidado, Harry –dijo Hermione–. Vamos, necesito regresar.
No pensó que el resto de la mañana causaría más problemas pero recibió la sorpresa más grande del día una hora después cuando un hombre con mirada enloquecida entró a la tienda, y Fred le dio una mirada y dijo–, ¡No puedo creerlo! –Hermione no reconoció al hombre al principio. Estaba sucio y desaliñado, con una maraña de cabello rubio y ropa gastada que era muy grande para él. No fue hasta que habló que tuvo sentido.
–Estoy buscando a Hermione Granger –dijo–. Escuché que quizás estaría aquí.
Era Ludo Bagman. La antigua estrella de quidditch había estado en la fuga por más de un año, desde que había perdido una gran cantidad de dinero a los duendes y a Hermione, George, y red en la Copa Mundial de quidditch y el Torneo de los Tres Magos. Había perdido mucho peso desde entonces, y tenía grandes ojeras y una expresión paranoica, pero era él.
–Sí, Sr. Bagman, estoy aquí –dijo ella.
–¡Oh, gracias a Merlín! –exclamó él–. ¡Granger, por favor, tienes que tomarlo de vuelta! –Se apresuró a ella, pero George y Fred se pusieron enfrente de manera protectora.
–¿Qué? –dijo ella nerviosa.
–¿De qué estás hablando, Bagman? –demandó Fred–. ¿Nos engañaste para tomar nuestros ahorros, escapaste por un año, y ahora caes de rodillas a nuestros pies?
–Hermione tuvo que inventar toda una rama nueva de la magia para financiar la tienda –dijo George.
–Y George tiene cicatrices de Umbridge porque no teníamos el dinero para dejar la escuela –agregó Fred con severidad.
Bagman retrocedió y se inclinó sumiso–. Lo siento –dijo–. Fui un tonto. No pude controlarme, y lo perdí todo. Solo quiero que tomes el libro de regreso, Granger.
–¿Qué libro? –dijeron George y Fred al mismo tiempo.
–Oh –dijo Hermione sorprendida–. Quiere decir el libro que le di… el que les conté.
Bagman asintió con entusiasmo, y sacó un tomo grande y marcado de su túnica y lo extendió hacia ella–. Sabía que era tuyo –dijo–. Es un libro muggle. ¡Por favor, sólo tómalo y quita la maldición que pusiste en esta cosa! ¡Ya no puedo dormir!
Hermione amablemente dio un paso al frente y tomó el libro. Miró la portada, intentando esconder su sonrisa. El libro era un gran tomo titulado Las obras completas de H.P. Lovecraft, pero ella había impreso un subtítulo falso debajo: Testimonios verídicos de lo paranormal–. Vaya, no pensé que esto funcionara –dijo.
–¿Qué? –dijo Bagman.
Ella sonrió abiertamente, después sacó su varita, apuntándola al libro, y murmuró–, Tergeo –removiendo el subtítulo. Bagman parpadeó con sorpresa–. Este libro no está maldito, Sr. Bagman –le informó–. Nunca lo estuvo. Lo único que hice fue escribir un subtítulo falso. Su propia mente hizo el resto.
Bagman continuó mirándola estúpidamente.
–¡Es ficción! ¡Cien por ciento fabricado! No hay tal cosa como Cthulhu, o las Cosas Antiguas, o los Shoggoths, o el Necronomicón. No es real… lo cual hubiera sabido si se hubiera molestado en investigarlo sabiendo que era un libro muggle.
–En otras palabras… –comenzó George.
–¡Le jugó una broma! –gritaron los gemelos al mismo tiempo, provocando risas de aquellos a su alrededor.
Bagman continuó mirándola y finalmente se calmó–: ¡Demonios! ¿Todo eso fue una broma? ¿Tienes idea del sufrimiento que me causaste, niña?
–Pues, usted me dio pesadillas con ese laberinto de cuatro dimensiones para el Torneo, Sr. Bagman –dijo Hermione–, sin mencionar todo el sufrimiento que Harry pasó y el que estafara a muchas personas. No es mi culpa que huyera y no pidiera ayuda. Así que ahí está. No está maldecido. De nada.
El hombre lucía como si quusiera gritarle más, pero miró a su alrededor y notó a todos los testigos, y decidió que la discreción sería lo mejor–. Eh… cierto –dijo–. Erm… gracias, señorita Granger. Yo… supongo que es todo lo que necesitaba. –Se dio la vuelta para irse.
–Espera, Bagman –lo detuvo Fred.
–Aún está el asunto del dinero que nos debes –dijo George.
–Sin mencionar a los duendes -continuó Fred.
Bagman palideció–. Miren, no tengo más –dijo rápidamente–. E incluso si lo tuviera, tengo que priorizar. Parece que les está yendo bien, y los duendes no son muy comprensivos.
Hermione tuvo una idea–. ¿Y si pudiéramos llegar a un acuerdo? –dijo.
–¿Un acuerdo? ¿Qué quieres decir?
–Bill, ¿podríamos hablar contigo? –lo llamó.
Bill se acercó y se detuvo cuando vio a su invitado, su expresión adoptando una de sorpresa–. Vaya, Ludovic Bagman. Mira lo que el kneazle nos trajo. Has estado causando muchos problemas últimamente.
–¿Los duendes aún están causando problemas para el Ministerio? –preguntó Hermione.
–Desafortunadamente, sí –suspiró Bill–. Los duendes fueron neutrales en la última guerra, pero han sido más difíciles este año porque el presidente Ragnok ha estado bastante molesto por él. –Dirigió su pulgar a Bagman–. Son su hermano y dos de los directores a quienes les debe todo ese dinero.
–Oh. ¿Entonces es personal para ellos?
–Sí, pero no se los digas en su cara.
–Pues, más razón para hacer algo –dijo Hermione–. Tengo dinero ahora, así que tenemos otras opciones. ¿Crees que podríamos hablar con ellos e intentar solucionar esto?
–¿En Gringotts? –dijo Bill–. ¿Has estado ahí desde el comienzo del verano?
–Bueno, no. He estado haciendo todo por cartas y giros bancarios.
–Mejor mantenerlo de ese modo si puedes a menos que quieras esperar en fila por tres horas para pasar por la seguridad de los duendes y arriesgar una sonda especial en lugares desafortunados.
Bueno, eso sonaba desagradable.
–Pero trabajas para ellos –señaló Fred.
–¿Crees que eso los hace que se sientan diferente?
–Suena a que Bagman es un caso de alto nivel para ellos –comentó George–. ¿Eso aceleraría las cosas un poco?
Bill miró entre sus hermanos, Hermione, y Bagman, y gruñó–. Ah, demonios, vamos.
–Esto es una mala idea –murmuró Bill para sí mismo mientras entraban al edificio–. De acuerdo, reglas básicas para lidiar con los muggles. No mientan. No los halaguen. No hagan amenazas que no puedan seguir. Y no pierdan su tiempo.
Extraña elección de palabras, pensó. Fue notable que no mencionara amabilidad, lo cual debería haber sido obvio, pero los duendes normalmente eran bastante rudos. Parecía que había diferencias culturales que no comprendía. Si lo pensaba, en verdad no sabía nada sobre los duendes...
–Ejem, estamos aquí para una reunión de deudores –dijo Bill a los guardias duendes parados por la sala interior en Gringotts.
–¿Nombres? –preguntó uno de los guardias… el que llevaba varias sondas diferentes.
–Ludovic Bagman, deudor. Frederick Weasley, George Weasley, y Hermione Granger, acreedores. William Weasley, asesor de los acreedores, actuando en mi papel como punto de contacto entre los duendes y magos.
Uno de los guardias abrió una bandeja cerrada con llave mientras que el otro comenzaba a pasar una sonda sobre ellos. El guardia de la puerta exterior apenas y había pasado una sonda dorada de aspecto inusual enfrente de ellos y los había dejado pasar sin comentario, pero este sondeo parecía más profundo–. Remuevan todas las varitas y armas y colóquenlas sobre la bandeja. –La sonda del duende hizo un ruido extraño cuando pasó por la pierna de Hermione y agregó–, Todas.
Hermione miró a Bill para confirmarlo.
–Tienes el derecho de pedir una ubicación alterna si quieres conservar tu varita, pero confío en la seguridad de Gringotts –dijo.
Ella asintió y metódicamente, aunque sin tardarse demasiado, sacó su varita de vid de su manga izquierda, su varita de roble rojo de su manga derecha, su varita hecha en casa de una funda improvisada en su pierna, y su navaja estilete de una funda improvisada en su tobillo. El guardia elevó una ceja a la última, quizás algo impresionado. Con eso hecho, fueron escaneados por varias sondas, pronunciados limpios, y entraron a la sala.
Había una mesa de conferencia adornada en la sala, rodeada de sillas decoradas, excepto por una al final, la cual era de madera sencilla y, si Hermione no estaba equivocada, unas pulgadas más abajo que las demás. Esa era la silla de Bagman. Los cinco tomaron sus asientos, y unos minutos después, tres duendes entraron, vestidos con mejor ropa que la de los banqueros normales, y a quienes reconocieron como Nagnok, Gornuk, y Bogrod por sus tratos previos con Bagman.
–Ludovic Bagman –gruñó Gornuk mientras tomaba su asiento–. Ya era hora de que te aparecieras de nuevo. Eres un mago frustrantemente difícil de contactar.
Bagman sabiamente guardó silencio.
–Entonces, estás endeudado con nuestra agencia de apuestas en la cantidad de… –Gornuk revisó un libro de contabilidad–...trescientos ochenta y un galeones, once sickles, y once knuts… y parece que no somos los únicos.
Los duendes miraron a los Weasley y a Hermione, y ella lo comprendió de inmediato–: Sí, eh, con las cuentas de sus deudas consolidadas bajo Sortilegios Weasley, somos los acreedores del Sr. Bagman por la cantidad de cuatrocientos sesenta galeones, tres sickles, y veintisiete knuts. Tenemos reportes sin confirmar que debe a varias personas más por su propio libro de contabilidad, pero estadísticamente, es probable que seamos sus acreedores más grandes.
–Fascinante –dijo Gornuk con obvio menosprecio–. ¿Y qué tienes que decir por ti mismo, Bagman?
Bagman les lanzó una sonrisa muy nerviosa–. Miren –dijo–, ya tomaron todo lo que tengo. Fui e intenté trabajar en el mundo muggle porque pensé que sería menos problemático, pero… bueno, es más difícil de lo que pensé.
Hermione elevó una ceja en su dirección–. ¿Qué esperaba, Sr. Bagman? –preguntó–. Prófugo, no tenía referencias, nada de experiencia, y sin dirección permanente. No puedo imaginar que sea muy diferente en el mundo mágico en lo que respecta a conseguir trabajo.
–No eres el primero en declarar tal cosa, Bagman –dijo Bogrod, ignorando su conversación–. Es suficiente obvio por tu estado actual que no estabas haciendo nada más que intentar evitar tu ajuste de cuentas.
–Yo… eh… ¿pero qué puedo hacer? Aún no tengo dinero.
–De hecho, pensé que quizás podríamos llegar a un acuerdo sobre eso, Sr. Bagman –sugirió Hermione.
Los duendes entrecerraron sus ojos con sospecha, mientras que Bagman la miró esperanzado.
–¿Qué está sugiriendo, señorita Granger? –demandó Gornuk.
–Nuestra situación financiera ha cambiado recientemente –dijo ella–. Tenemos más flexibilidad ahora, y pensé que sería bueno si pudiéramos resolver este problema de manera amigable en el interés de las relaciones entre los duendes y magos. Ahora, Sr. Bagman, podemos hacer esto de manera normal y contratar a un abogado para que presente una petición de bancarrota involuntaria en su contra, o… podemos comprar su deuda a los duendes, y puede trabajar el monto completo en la tienda.
Fred y George se miraron con comprensión y sonrieron, pero para su sorpresa, los duendes sisearon–. Típico de los magos –dijo Gornuk–. Rescatando a los suyos y queriendo mantener todo el cambio de dinero "en la familia" para que no podamos hacer nada contra ustedes.
Hermione frunció el ceño, sorprendida de que hubieran tomado su sugerencia de ese modo. No estaba segura de cómo responder, y Fred y George tampoco, pero por suerte, Bill intervino–: Es de interés personal, sí, pero en la medida en que es para nuestra ventaja resolver este asunto para mejorar las relaciones durante la guerra. De cualquier modo, aún están recibiendo lo que quieren: su dinero, y más rápido que lo harían de otro modo… como sea que Hermione lo haya conseguido. –Le lanzó una mirada preocupada.
–Y no es como si lo dejaremos libre –dijo Fred, comprendiendo–. Nos engañó de más dinero que a ustedes. Pero resulta que perdimos a un buen amigo hace unos meses. Fue terrible, y significa que necesitamos un par de manos extra en la tienda mientras paga su deuda.
–Ya veo –dijo Bogrod pensativo–. ¿Y en verdad tiene el dinero para hacer esto, señorita Granger?
–Puedo hacerlo como un préstamo de uno de mis otros negocios, Director Bogrod –dijo Hermione. Buscó en su bolso por su chequera de Gringotts. No era una chequera realmente, sino un libro con formularios para giros bancarios, el cual los magos usaban para transacciones grandes. Ya que era el único banco en el país, y lidiaba en su mayoría en oro físico, no tenía mucho sentido usar cheques, tarjetas de crédito, o alguno de los muchos instrumentos financieros que el mundo muggle había desarrollado–. Puedo autorizar el giro en este momento por trescientos ochenta y un galeones, once sickles, y once knuts de la bóveda 1337 a la bóveda del Sr. Bagman, lo cual pueden tomar para saldar su deuda con ustedes. –Gracias, príncipe Alwaleed, pensó. (Y esa carta reciente de Nueva York lucía prometedora también.)
–¿Y qué del interés? –preguntó Nagnok con avaricia.
–¿Crearon un plan de pagos con el Sr. Bagman? –preguntó Bill–. Si no, entonces no pueden estimar interés en un arbitraje formal de la deuda ya que se asume que fue realizado como un pacto de caballeros.
Nagnok frunció el ceño–: Bien jugado, rompe maldiciones Weasley.
–¿Tenemos un trato, entonces? –preguntó Fred.
Los duendes conversaron entre ellos por un minuto en su lenguaje rápido que sonaba como nórdico, y llegaron a un consenso–. De acuerdo, Weasley –dijo Gornuk–. Si Granger nos da el giro, tenemos un trato.
Hermione llenó el formulario rápidamente, teniendo cuidado de que todo estuviera en orden, antes de entregarlo. Los tres duendes lo examinaron y se pusieron de pie para irse sin comentarios.
–Gracias por su tiempo –dijo Hermione, y se puso de pie también–. Ahora, Sr. Bagman, eso lo deja con una deuda combinada con nosotros por un monto de ochocientos cuarenta y un galeones, quince sickles, y nueve knuts. Dejaré que George y Fred se encarguen de cómo puede pagarlo. Sólo no escape de nuevo. –Se inclinó y susurró en su oído mientras pasaba–, Tekeli-li.
Bagman dejó salir un alarido nada masculino y se estremeció, listo para aceptar cualquier trato que su novio y su gemelo le ofrecieran.
–¿Cómo son los duendes, Bill? –preguntó Hermione.
–¿Perdón?
Era una de las pocas veces ese verano que Hermione pudo salir de casa después de la apertura de la tienda: el cumpleaños de Harry. Ciertamente fue la única vez que Hermione y Bill pudieron hablar antes de que comenzaran sus lecciones en Runas Antiguas en septiembre. Durante un momento de calma en la fiesta, se separó para preguntar algunas cosas a Bill que habían estado en su mente–. Los duendes –repitió–. Quise preguntarlo cuando fuimos a Gringotts, pero no hubo tiempo.
–¿Qué de ellos?
–¿Cómo son? ¿Su sociedad? ¿Su cultura? ¿Su magia? Es obviamente muy diferente de la de los magos, pero aún si aprendemos sobre las rebeliones de los duendes ad nauseum en clase de Historia, no aprendemos nada sobre ellos como personas.
Bill la miró como si la estuviera viendo por primera vez–. Vaya –dijo–. No muchas brujas o magos siquiera consideran hacer esa pregunta. A la mayoría no les importa.
–Uno creería que sería lo contrario. Controlan el dinero, y parece que las relaciones con ellos no son buenas. Además, para los hijos de muggles como yo, uno pensaría que quisiéramos aprender lo más que pudiéramos sobre el mundo mágico.
–Hasta que Binns mata tu interés en la historia mágica –señaló Bill.
–Bueno, cierto –admitió ella. Incluso sus compañeros hijos de muggles no podían permanecer despiertos en esa clase.
–Eh, toma asiento, entonces. –Bill tomó una botella de mantequilla para cada uno y tomó asiento–. Hay muchas idea falsas sobre los duendes. Muchos magos los consideran como una peligrosa raza de guerreros, en su mayoría por todas las rebeliones de duendes y las hachas de batalla y eso, pero no lo son… no cuando se les conoce de verdad. Y si los magos no piensan eso, entonces creen que los duendes son una raza de banqueros roba dinero avariciosos, pero eso tampoco es correcto. No quiere decir que no sean peligrosos, tanto físicamente como en astucia, y se ofenden fácilmente, pero si se les pregunta, ellos se identificarían como artesanos.
–¿En serio? –No había escuchado eso antes. Incluso cuando las artesanías de duendes eran muy valiosas, no había ese énfasis en la clase de Historia–. ¿Más como los enanos en la mitología nórdica?
–Sí, el término nórdico es Svartálfar. El término en duendigonza es similar; es Svartaaf. "Duende" es la etiqueta que tomaron en inglés, y una muy reciente. Fue un acto de reapropiarse del término ofensivo que los magos les habían dado en el siglo XVII. Pero como dije, en la cultura duende, valoran las artesanías finas más que otra cosa. Incluso el rey duende no es el guerrero más fuerte o el político más listo. Es el artesano con más habilidad.
Hermione frunció el ceño. Definitivamente no había escuchado eso antes, y no tenía sentido.
–¿Qué tipo de artesanías? –preguntó ella–. ¿Herrería de espadas?
–No. Esa es una de las falsedades que todos creen. Primero, puede ser cualquier artesanía. El rey con frecuencia es un herrero o, en ocasiones, un cantero o alguien que trabaja con piedras preciosas, pero cualquier Maestro Artesano puede desafiar al rey si él… o ella… siente que su trabajo es superior. La Reina Herya fue una tejedora de tapices finos. Uno o dos fueron pintores. Nidhavel de la Voz Suave fue un compositor, de hecho, aunque fue muy controversial porque no creó algo físico.
–¿Y creen que es la mejor manera de encontrar a alguien para que sea líder del país? –preguntó.
–Hay un proverbio que dice, "alguien que puede dar forma al oro y a naciones" –explicó–. O algo así. Pierde algo en la traducción, pero es algo como la frase de "alguien en quien se puede confiar para lo pequeño se le puede confiar para lo grande". Además, ¿en verdad crees que nuestra forma de gobierno es mejor?
Tuvo que admitir que tenía un punto.
–Pero ahí está el punto, Hermione –dijo Bill–. Incluso cuando sus espadas y armadura no pueden compararse, las artesanías de los duendes no solo involucran armas… y si es el caso, es porque sienten que han sido empujados a eso. En el fondo, crean por la belleza de hacerlo. Sus trabajos más finos son joyas y decoraciones, no espadas.
Eso Hermione creyó comprender–. En collares de plata colgaron estrellas floreciendo –citó–. En coronas colgaron el fuego de dragón. En alambre torcido tejieron la luz de la luna y el sol.
Bill la miró con asombro–. ¿Te volviste una poeta de repente?
Ella negó con la cabeza–: Ese fue Tolkien… un escritor muggle… describiendo la artesanía de los enanos en su fantasía–. Irónicamente, recordaba el poema de la película animada más que del libro.
–Pues, llegó más cerca a eso de lo que hubiera esperado de un muggle. La cultura de los duendes en verdad revuelve alrededor de ese ideal… ven el trabajo hecho con tus manos como sagrado… algo que no puede ser tomado de manera legal. Ese es otro problema mayor. Sí venden su trabajo… y a precios exorbitantes… pero solo al comprador, no a sus descendientes. Muchos magos, si siquiera lo saben, prefieren decir que son avariciosos y solo rentan lo que hacen, pero no lo ven de ese modo. Porque consideran el trabajo de sus manos como sagrado, dicen que cuando el comprador muere, el creador tiene prioridad en la herencia.
–Eso es interesante. Puedo ver como eso podría funcionar… Pero imagino que causa fricción con los magos.
–Eso es quedarse corto. Aún se quejan de que Hogwarts mantenga la espada de Gryffindor, y eso fue hace miles de años. Pero por supuesto, el conflicto más grande entre los duendes y los magos es el uso de varitas. Los duendes son capaces de usar varitas, pero el Ministerio sólo permite que humanos o semihumanos las lleven,
–Típico prejuicio sangre pura –gruñó Hermione.
–Eh, personalmente, no estoy convencido de que las varitas les harían mucho bien, pero es justo. De cualquier modo, hay mucho más que aprender. Si quieres, puedo darte más detalles durante nuestras lecciones este otoño.
–Eso sería bueno si tenemos tiempo. Gracias –dijo. Se unió de nuevo a la fiesta, pero no antes de que otra idea le llegara: Mmm, una espada sería buena...
¡Septima, tienes que ver esto!
Eso fue todo lo que la carta de Hermione había dicho cuando la había invitado a su casa para "cena y espectáculo". Sí, eso fue exactamente lo que había escrito.
Por toda su cercanía con Hermione y su familia, Septima Vector solo había ido a la casa de su estudiante favorita una vez: la primera vez que se habían conocido, cuando Hermione había hecho la prueba para entrar antes a Aritmancia. Desde entonces, los Granger habían mantenido su hogar y la escuela separados, y aunque se habían reunido para cenar unas cuantas veces, siempre había sido en el Caldero Chorreante. Pero en esta ocasión, Hermione quería mostrarle uno de sus programas de televisión, y bajo circunstancias favorables para variar. La mayoría de sus interacciones con los Granger durante los años habían involucrado explicaciones de porque su hija casi había muerto esta vez. No podía decir que no estaba feliz de que Hermione hubiera tomado ese trabajo por sí misma.
Y por lo que parecía, le estaba yendo bien. No había sido enviada a Francia contra su voluntad, por lo menos. Septima sí notó que el hogar Granger lucía más mágico que la última vez que había estado ahí, y no solo porque un elfo doméstico estaba preparando la cena. El espacio de trabajo de Hermione estaba lleno de manera preocupante de una cantidad de libros de hechizos, runas, y cosas que parecían como diagramas alquímicos y artefactos a medio terminar, junto con una gran cantidad de material en aritmancia. Se acercó y tocó varios pedazos de tela de color negro profundo que no estaba hecha de ningún material que reconociera y se sentía como si debiera tener propiedades mágicas.
–¿Qué es esto, Hermione? –preguntó.
–Tela de nanofibra a prueba de balas. Decidí crear todo un atuendo con ella. Aguantará la mayoría de los ataques físicos, y voy a pedir a George y Fred que la encanten con protecciones adicionales. –Por supuesto, eso era más difícil que la tela. La ropa era difícil de encantar por la Ley de Gamp y por la cantidad de tiempo que estaba en contacto con el cuerpo humano, el cual, para magos y brujas, podía interferir con la magia, dependiendo de los encantamientos.
–Vaya, estás haciendo de todo.
–Después de lo que pasó en el Ministerio, tengo que –dijo ella sencillamente. Septima no se sorprendió. La cena fue muy buena, y fue agradable ponerse al tanto con ella, pero Septima estaba mucho más interesada en el programa que Hermione quería mostrarle. Y para Hermione, no había duda de lo sorprendente que esto era para ella. Finalmente tuvo la oportunidad de ver… y grabar… el documental sobre fractales del que tanto había escuchado. Ni siquiera era un documental nuevo. Había sido transmitido el año pasado, pero Hermione no había estado en casa lo suficiente para verlo. Se llamaba Fractals: The Colours of Infinity, y como un extra, fue narrado por su autor muggle favorito, Arthur C. Clarke. Y la había deslumbrado por completo.
Había visto en libros antes algunas imágenes de color de fractales como el conjunto de Mandelbrot, pero el caleidoscopio de colores cambiantes y los continuos acercamientos a un rango sorprendente de escalas que fueron mostrados una y otra vez durante el transcurso de una hora fueron cien veces más vívidos que cualquier cosa que hubiera visto antes. La cantidad de poder computacional que debió necesitarse para generar esas imágenes debía ser impactante. Se preguntó si podría programar un pergamino para dibujar fractales como el mapa del matemago dibujaba el castillo, y la capacidad que eso tendría. Las runas serían sencillas… más sencillas que las del mapa… ¿pero cuál era la velocidad fundamental de las calculaciones con runas? Quizás necesitaría de toda su maestría para lograrlo. ¿No sería irónico eso? ¿Recibir una maestría por un trabajo estético después de todo lo demás que había hecho?
Hermione puso la cinta y comenzó el programa. Septima estuvo interesada al instante por el título en la pantalla, y en cinco minutos, comenzaron a mostrar los acercamientos profundos, y estuvo tan deslumbrada como Hermione–. Esto es sorprendente –dijo–. ¿Todo eso es calculado matemáticamente? ¿Cómo pueden hacer eso?
Hermione puso en pausa la cinta–. Pues, primero, la televisión no es exactamente una imagen que se mueve como las fotografías mágicas. Muestran imágenes inmóviles una tras una muy rápido para que parezca como si se mueven… treinta imágenes por segundo, normalmente. Y cada imagen es dibujada por una computadora… o probablemente varias computadoras… que pueden hacer millones de operaciones aritméticas por segundo. E incluso entonces, puede tomar más de una hora dibujar una porque es tan complicado.
–¡Merlín! ¿Millones de operaciones por segundo?
–Miles de millones por las más avanzadas. Es miles de veces el nivel de ese código de luz que hiciste para proteger la piedra filosofal en mi primer año. No sé si siquiera es posible en principio con magia.
–Yo tampoco. Y a esas escalas, dudo que siquiera la profesora Babbling lo sepa. –Septima conocía la mayor parte de la explicación de lo que era el conjunto de Mandelbrot y como era computado por lo que Hermione le había contado, pero no estaba preparada para como los muggles habían elevado las matemáticas a un arte… como podían crea gráficos que lucían escalofriantemente como árboles acacias, como podían dibujar imágenes realistas de montañas solamente con geometría fractal. No sabía que podían ser usadas para analizar la estructura de plantas, nubes, los anillos de saturno, e incluso galaxias.
La otra sorpresa para ella, sin embargo, que Hermione no había esperado, fue Stephen Hawking. Hawking parecía ser un hombre demacrado sentado en una silla sin moverse que habló con una extraña voz a pesar de la parálisis en su rostro–. ¿Qué le pasó a él? –preguntó.
–¿Él? Oh, supongo que no lo reconoces. Tiene una enfermedad de los nervios que lo ha dejado casi completamente paralizado –explicó Hermione.
–¡Vaya! ¿Pero cómo puede hablar entonces?
–Escribe palabras moviendo ese interruptor en su mano con un código especial, y una computadora habla las palabras.
–¿En serio? ¿Y es… es un matemático?
–Un cosmólogo… eh… como un inefable, pero menos secreto. Es uno de los científicos más brillantes en el mundo. Puede hacer integrales funcionales en su cabeza, y ni siquiera yo puedo hacer eso.
¿Había muggles que eran más listos que Hermione? Intelectualmente, sabía que debía haberlos, pero la idea era intimidante, especialmente al ver a uno que debía haber pasado por muchas dificultades–. Nunca había escuchado de algo como eso –dijo–. Hay pacientes en San Mungo que lucen como él y han sido olvidados, ¿y él es un investigador muy famoso?
¿Como los padres de Neville? Pensó Hermione por un momento. Pero no, la madre de Neville puede moverse con su propio poder. Encontraría la manera de enviar un mensaje si pudiera. E incluso si la mayoría de los magos eran lo suficiente ignorantes para perdérselo, Neville no lo haría–. Pues, depende de la condición del cerebro –dijo ella–. Una enfermedad de las neuronas motrices es distintiva en como sólo paraliza el cuerpo sin dañar el cerebro. Pero bueno...
Comenzó la cinta de nuevo, y para que Septima no pensara que esto solamente era un esfuerzo matemático y científico, los muggles describieron las aplicaciones comerciales, militares, e incluso médicas como "compresión de imágenes fractales" y "satélites espías" que en su mayoría pasaron sobre su cabeza, pero eran claramente importantes. Sin embargo, casi se perdió al final con la plática de la aparición de fractales en el cerebro y en el arte y la noción del libre albedrío–. ¿Qué? –dijo con confusión–. ¿Conciencia colectiva? ¿De qué está hablando, Hermione?
–Erm… esto es algo esotérico, Septima –admitió ella–. Está hablando de fractales como una manera fundamental de comprender el universo y a nosotros mismos, pero creo que lo está exagerando.
–Obviamente. No todo es cierto –intervino la Sra. Granger.
–¿No? –preguntó Septima.
–No… como lo de los ojos. Se llaman fosfenos… las imágenes que se ven si se presionan los globos oculares. Son causados por la estimulación por presión de las células sensibles a la luz en los ojos. No hay nada místicamente matemático en eso.
–Sí, bueno, él tiende a ser algo místico –dijo Hermione–. Arthur Clarke tiene una frase: Cualquier tecnología lo suficiente avanzada es indistinguible de la magia. –Septima elevó una ceja–. Mirado de un modo, quiere decir que la magia… la verdadera magia… es fundamentalmente explicable por ciencia muggle; solo no lo sabemos aún. No sabe sobre la magia, por supuesto, pero yo lo creo. La cosa es, en sus libros, va en la otra dirección: los seres con tecnología suprema son como los dioses o ángeles, y son completamente inescrutables.
–Bueno, supongo que cualquiera puede tener ideas extrañas –ofreció Septima–. Pero puedo ver porque estás tan emocionada por la geometría fractal ahora. Es todo un mundo que los aritmagos nunca han imaginado. Tendré que ver si yo puedo hacer algo más con esto.
–Tengo unas ideas propias para mi maestría –dijo Hermione–, pero podemos discutirlas en las escuela.
–Por supuesto. Probablemente te veré en septiembre, pero puedes enviarme un mensaje cuando quieras. Gracias por la cena, Sr. y Sra. Granger.
–No fue nada, profesora –dijo el Sr. Granger.
–Mantente a salvo, Septima –le dijo Hermione.
–Tú también, Hermione.
Querido Sr. Trump,
Las dos piezas solicitadas serán entregadas al recibir un pago de cincuenta y cinco mil dólares estadounidenses (US$55,000) por cheque o transferencia bancaria a Joyería Arquímedes en Barclays… Lombards Street en Londres. Estoy seguro de que las encontrará apropiadamente "enormes".
Arquímedes
δῶς μοι πᾶ στῶ καὶ τὰν γᾶν κινάσω.
Notas del autor: Bueno, eso tenía que pasar tarde o temprano.
