Buenas!
Os traigo un nuevo capítulo que, probablemente, sea el último que suba en este mes. Ya sabéis que tengo un horario de actualización tan caótico que me sorprendo a mí misma por haber sido capaz de mantener un capítulo (más o menos) semanal estas tres semanas, pero esta es mi última semana de libertad antes de empezar las prácticas.
Espero que disfrutéis este capítulo y prometo que intentaré tener listo el siguiente lo antes posible.
Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.
Capítulo 39: Tú tampoco me amabas
...
—¿Qué estás haciendo aquí, Sagaru-san?
A Ran no le gustaba desconfiar de las personas. Siempre fue una niña inocente que creía en la bondad antes que en cualquier otra cosa. Pero la vida le enseñó a desconfiar. La vida la arrebató a su amigo de la infancia sin que pudiera hacer nada por evitarlo porque confió en sus falsas palabras de "volveré pronto". Y la vida también la había llevado a aquella situación en la que confiar ciegamente en cualquiera podría suponer la diferencia entre la vida y la muerte.
No estaban las cosas como para confiar en alguien que, por primera vez desde los siete años que lo conocía, le mostraba un nuevo lado de él y menos si ese lado suponía agarrar una pistola de esa forma, como si pareciese acostumbrado a hacerlo.
—Tranquila, Ran-chan, sé lo que parece, pero solo está intentando ayudarnos —Kazuha intervino al notar que su amiga estaba en alerta—. Mayama-san, deberías explicárselo.
El hombre las miró a ambas y después paseo la mirada por el pasillo antes de soltar un suspiro.
—Vale, pero no tenemos mucho tiempo. Ran, te guste o no, tenemos que movernos. Te lo explicaré por el camino.
Pero ella seguía sin estar convencida.
—No, primero dime qué haces aquí —insistió sin ceder ni un solo centímetro.
El chico que hasta ahora pensó que era su prometido la miró con una expresión cansina y chasqueó la lengua.
—Soy policía. ¿Contenta? Trabajo para el gobierno japonés, en la policía secreta japonesa.
—¿Qué? ¿Policía? —Ran lo miró incrédula. Bueno, incrédula tampoco, en realidad, viendo lo que tenía delante, era más fácil creerse que fuera un maldito agente secreto que un abogado de oficina.
—¿Pero se supone que trabajabas como abogado? Incluso visité tu trabajo varias veces.
—Lo siento, Ran, pero te mentí. Tengo casi diez años más que tú. Me acerqué a ti y me hice pasar por estudiante porque sabía que tenías relación con Kudo Shinichi.
Ran se crispó al instante al escuchar el nombre de su amigo.
—¿Qué tiene que ver Shinichi con todo esto? Murió antes de que nos conociéramos.
—Kudo no está muerto.
—¿Qué? —la expresión de Ran fue de absoluta incredulidad. La verdad es que ya no sabía qué era más impactante, si descubrir que su prometido era falso y que su compromiso era un fraude, o si la parte en la que afirmaba que su amigo de la infancia a quien creía muerto desde hacía ocho años resulta que estaba vivo.
—Tenemos que irnos —insiste el hombre—. Sé que quieres una explicación, pero eso tiene que esperar. Hay que escapar antes de que noten que tienen un polizón y de que se den cuenta de que no estáis.
—Ran-chan, hagámosle caso solo de momento— Kazuha a su espalda insiste—. De momento me ha ayudado bastante, me salvó y les hizo creer que habían conseguido secuestrarme cuando en realidad tenía toda la situación controlada.
Ran no lograba entender cómo podía su amiga creer tan fácilmente en las palabras de aquel hombre en aquella situación cuando no habían hablando más de las tres o cuatro veces que coincidieron, mientras que ella, que se suponía que lo conocía y que era la personal "a la cual le había dado su corazón", no podía evitar sentir el vello de su nuca erizarse al pensar en confiarle nada ahora mismo.
Pero a regañadientes, entendiendo que quedándose allí tampoco conseguían nada, aceptó que de momento no les quedaba otra que seguirlo. Por lo menos hasta que este mostrase la más mínima intención de traicionarlas.
Así que se guardó la chapa de detectives en el bolsillo, aunque esta vez lo hizo en el bolsillo interior que tenía a la altura del pecho, con cremallera, para asegurarse de no perderlo y de que fuera más difícil encontrarlo si volvían a secuestrarla. Y después echó a correr.
—¿Por qué sabías que secuestrarían a Kazuha? —La pregunta llevaba un rato rondándole la cabeza y no podía quedarse callada sin saber la respuesta.
—Shh, no es momento para ponerse a hacer preguntas— insistió él, cada vez más alterado.
Pero Ran no estaba dispuesta a seguir ciegamente a alguien sin saber toda la verdad.
—¿Cómo sabías que secuestrarían a Kazuha? —repitió.
El hombre resopló.
—Mis superiores me avisaron. Tienen las comunicaciones de algunos bajos mandos de la organización interceptados y se enteraron de que estaban planeando secuestrarla. Me ordenaron a evitarlo.
—¿Evitarlo? ¡Kazuha-chan fue secuestrada igualmente! De lo contrario no estaríamos en esta situación.
—Ellos piensan que fue secuestrada —la corrigió—. Pero lo usamos para infiltrarnos.
—¿Infiltrarnos dónde?
—En su base de operaciones.
—¿Base? ¿Este barco? —Ran miró con incredulidad a su alrededor.
—Definitivamente es mucho más sencillo esconder algo cuando no está siempre en el mismo sitio, ¿no crees?
—¿Y necesitabas poner a Kazuha en peligro por el bien de esa infiltración?
—Toyama nunca estuvo en peligro. La única que se dejó secuestrar inútilmente fuiste tú.
Esas palabras le dolieron un poco.
Había hecho todo aquello por el bien de su amiga. Era algo normal. ¿Cómo iba a saber ella que todo había sido una actuación?
Recorrieron el pasillo a buena marcha, siguiendo los pasos experimentados del autoproclamado agente secreto. De vez en cuando tenían que pararse y esconderse para evitar ser interceptados por los trabajadores del barco, quienes seguían corriendo despavoridos de un lado a otro. Sin embargo, no se había cruzado a ni un solo hombre de negro.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué todos parecen tan asustados? —preguntó Ran.
—Hemos cortado sus comunicaciones, no les funciona el radar y están navegando a ciegas —le respondió susurrando el hombre que era su prometido—. Nuestro objetivo es hundir este barco, después de todo.
—¿Hundirlo? —Ran lo miró interrogante. Mayama había mencionado que aquel era la base de la organización, por eso lo más lógico sería intentar conquistarla para investigarla, ¿pero el objetivo de la inteligencia japonesa era hundirlo? ¿Con toda la información que podía tener a bordo?
—Este navío carga con un tercio de la fortuna de Hachecelle.
—¿Hachecelle?
Ran conocía el nombre de la empresa y sabía que estaba relacionada con la organización, pero desconocía por completo la verdad detrás de ella. Ella no sabía que Hachecelle era la fachada para permitirle a la organización moverse a sus anchas.
—La actual organización utiliza el nombre de esa empresa para comerciar sin que nadie se dé cuenta. Parece una empresa de ropa, pero este barco está cargado casi en un 50% con armas. Bajo ningún concepto podemos dejar que llegue a puerto y perderle la pista a su mercancía. Es mejor que se hunda y desaparezca para siempre.
—¡¿Armas?!
—Entre otras cosas —Mayama asintió y Ran por fin entendió la envergadura del problema al que se estaban enfrentando. —La inteligencia japonesa lleva más de veinte años detrás de esta organización. Hace ocho años el FBI se llevó todo el mérito debido a su caída y en especial ese chico, Kudo Shinichi, hizo lo que le dio la gana sin tener ninguna jurisdicción —contó sin apartar la mirada de Ran en busca de alguna reacción por su parte. Pero la chica de verdad no parecía para nada enterada de lo que había pasado hacía ocho años.
Ran por su parte no podía evitar estremecerse al escuchar el nombre de Shinichi.
—Dijiste que Shinichi estaba vivo —reclamó, apuñalándolo con la mirada—. ¿Era una mentira?
—No miento. Kudo está vivo. Es cierto que el FBI dijo que estaba muerto e incluso nos entregó un informe para confirmarlo, pero la inteligencia japonesa no es idiota, en seguida nos dimos cuenta de que el informe había sido manipulado. Había cosas que no cuadraban.
Digerir aquella información era difícil. ¿Shinichi estaba vivo? ¿Durante todo este tiempo estuvo vivo? ¿Pero dónde? ¿Dónde estaba y por qué no había vuelto nunca? ¡Shinichi, maldita sea!
—¿Dónde está?
—Eso no lo sabemos —el hombre negó con la cabeza—. Si bien es cierto que sabemos que sigue vivo, no fuimos capaz de encontrarlo en estos ocho años. Por eso me ordenaron acercarme a ti, para tratar de localizarlo.
Ran tragó saliva. Escuchar eso tampoco la hacía feliz, porque solo podía significar que todos sus últimos años de falsa felicidad y esperanzas de futuro habían sido un fraude.
—¿Te acercaste a mí solo para encontrar a Shinichi? ¿También por eso me pediste matrimonio? ¿Pensaste que aparecería si lo hacías?
Hubo un silencio incómodo. Demasiado incómodo.
Continuaron corriendo por los pasillos de aquel barco cargado de armas, por aquel barco que no era otra cosa más que la base secreta de una organización criminal internacional. Ran clavó sus ojos llenos de odio en la nuca del hombre que corría delante de ella, el mismo hombre que pensó que amaba y que ahora acababa de convertirse en un extraño.
—Vamos, no me mires así —Mayama se atrevió a interrumpir aquel silencio tan horripilante—. Tú tampoco me amabas. No as podido olvidar a Shinichi ni en un solo momento.
—¡Eso es…! —Intentó quejarse, pero Mayama la interrumpió.
—¿Mentira? —el hombre completó su frase, haciéndolo con un claro tono irónico—. ¿Estás segura?
A Ran le encantaría poder decirle que sí. Pero sabía que eso probablemente sería una mentira. Tampoco es como si "no" hubiera sido totalmente verdad. Simplemente no lo sabía, y como no lo sabía no se atrevió a responder en voz alta. No esta vez. No a alguien que también le había mentido.
Mayama Sagaru… no, es muy posible que ni siquiera se llamase así, pero probablemente no le respondería si le preguntase como se llamaba de verdad, así que Ran simplemente continuaría llamándolo así. Entonces, esa persona que se hacía llamar "Mayama Sagaru" acababa de traicionarla y Ran ni siquiera estaba segura de cómo debería sentirse exactamente. ¿Enfadada? ¿Triste? ¿Era acaso aquel sentimiento que la estaba carcomiendo entera tristeza? No. Ran había estado triste muchas veces. Ran sabía bien lo que era la verdadera tristeza y sabía que aquello no se comparaba con ello. No es tristeza, era desprecio.
Ran no se sentía tan dolida por la repentina revelación de que nunca tuvo una relación normal, que también, como se sentía traicionada y enfadada. Enfadada con Mayama, consigo misma y, si es que podía, con Shinichi.
Con Mayama por haberla engañado, por haberse acercado egoístamente a ella y haber intentado utilizarla por el bien de una investigación. SIEMPRE POR EL BIEN DE UN INVESTIGACIÓN.
Con ella misma por haberse dejado engañar, otra vez con el mismo motivo, otra vez con las mismas excusas. Por pensar que por un segundo casarse con alguien que parecía apreciarla sería una buena idea. Por no haberse dado cuenta, ni sospechado siquiera, de que Mayama Sagaru le escondía un secreto tan grande como aquel en los seis años que habían estado juntos. Y también, aunque no quisiera admitirlo, por no poder reclamarle que por lo menos ella sí lo amaba y que acababa de romperle el corazón. Porque sí, después de todo, después de tantos años, todavía no había olvidado por completo a Shinichi.
Y en cuanto a este último, ¿por qué estaba enfadada con él? ¿Porque después de todo sí estaba vivo y le hizo creer durante ocho años enteros que no? ¿Porque la hizo llorar noches enteras y develarse por la pérdida de un ser querido que en realidad seguía vivo? ¿O porque nunca había vuelto a buscarla, pese a todas las promesas que le había hecho cumplir de que "esperase por él"?
"Shinichi murió", durante ocho años esa fue su realidad. No sabía cómo, dónde o por qué. Ni siquiera le dejaron ver su cadáver. Simplemente recibió una noticia triste y macabra con un montón de palabras de apoyo que no servían para nada. Y así se pasó ocho años, tratando de superar la muerte de su mejor amigo, sin ser capaz de hacerlo nunca porque en el fondo de su corazón no era capaz de creérselo del todo.
Apenas habían pasado unos meses desde que le había puesto nombre y cara al asesino de su amado. Quizá fue entonces, al escuchar esa verdad tan absoluta salir de los labios del pequeño Conan-kun, cuando por fin se rindió y aceptó que, después de todo, Shinichi sí estaba muerto y que nunca iba a volver.
Si alguien le hubiera contado esa verdad hacía ocho años quizá su vida hubiera sido mucho más fácil, quizá sí hubiera sido capaz de creérselo a tiempo para reconstruir su vida.
Hicieron falta ocho años para que por fin se diera por vencida. Pero ¿y ahora qué? De pronto se encontró a sí misma sin saber muy bien que hacer. Después de ocho años malgastados esperando a alguien que no volvería, se dio cuenta que ahora estaba comprometida con alguien a quien se suponía que amaba y junto a quien se suponía que reconstruiría esa vida hecha pedazos. Y así se suponía que debía ser.
Esas semanas encerradas en la casa de los Kudo le habían servido de mucho para pararse a pensar por primera vez en años en lo que deseaba hacer. Con el corazón roto por enésima vez, el peso de haber asimilado la muerte de Shinichi en el pecho, la presión de su matrimonio con Sagaru-san en los hombros y la fugaz sensación de los labios de Conan-kun rozando los suyos, Ran podía decir, a ciencia cierta, que se estaba volviendo loca.
Se estaba volviendo loca tratando de encontrar cual era la respuesta correcta.
¿Ahora resultaba que no había necesidad de asumir nada porque en realidad Shinichi nunca estuvo muerto?
No me jodas. Era obvio que se enfadaría con él.
Pero ahora conocía a la organización. Ahora le ponía un nombre y una identidad al asesino de Shinichi. Ahora habían secuestrado a Kazuha y por primera vez se encontró a sí misma en esa situación de vida o muerte en la que, por mucho que quisiera, no podía decirle nada a nadie para no poner en peligro a alguien preciado. Ahora, por primera vez, empezaba a entender qué razones pudo tener Shinichi que lo obligaron a tratar tan desesperadamente de mantenerla los más alejada posible de ellos.
Le dolía, estaba enfadada con él, pero no podía evitar pensar que por mucho que le pesase ella habría hecho lo mismo que hizo Shinichi de haber estado en su situación.
¿Así que tenía derecho a enfadarse con él? ¿Cuándo probablemente tomar todas aquellas decisiones tampoco habían sido fáciles para él? Es muy posible que el que más quisiera volver y decirle que estaba vivo fuera él. Ella había pasado esos ocho años acompañada de mucha gente conocida, pero si nadie sabía dónde estaba Shinichi, ¿quién se había quedado a su lado todos estos años? ¿Estuvo completamente solo? ¿Siempre enfrentando a esta organización solo? ¿Siempre enfrentando a todo solo?
En el corazón de Ran empezaban a emanar nuevos sentimientos, al mismo tiempo que poco a poco su enfado desaparecía. Añoranza, anhelo, alegría, esperanza, incluso podría llegar a decir que algo de empatía por Mayama.
Toda la culpa era de la organización. Ellos apartaron a Shinichi de ella. Ellos lo obligaron a esconderse durante ocho años. Ellos obligaron a Mayama a engañarla.
Por supuesto eso no significaba que estuviera dispuesta a perdonar a su falso prometido sin más. Mayama acababa de abrir otra brecha en su agrietado corazón y eso no iba a perdonárselo nunca, y lo mismo ocurría con Shinichi. Ya no era la misma niña inocente dispuesta a perdonar absolutamente todo de todos.
Simplemente, por fin entendía muchas cosas. Sobre la verdad que ocurrió hacia ocho años, sobre los motivos y las razones ocultas, y sobre sus propios sentimientos.
"Tú tampoco me amabas" había dicho Mayama para tratar de excusarse en lugar de admitir que la había engañado, y es posible que no estuviera del todo desencaminado, pero tampoco era completamente cierto. Ran en efecto había amado a Mayama, o por lo menos había amado al hombre que ella conoció y que se hacía llamar Mayama Sagaru. Pero Ran también había amado a Shinichi y ahora por fin podría admitir que lo seguía haciendo. No porque hubiera descubierto que estaba vivo, no porque Mayama acaba de traicionarla, sino porque tratar de engañarse a sí misma por más tiempo carecía de sentido. Ran amaba a Shinichi y lo había hecho por tantos años que el anhelo y alivio que sintió al descubrir que estaba vivo no tenía ni punto de comparación con lo poco o mucho enfadada que pudiera estar con él por habérselo ocultado.
Shinichi estaba vivo.
Y Shinichi probablemente también estaba en alguna parte del mundo enfrentando a aquella organización.
Conan-kun y Shinichi, ambos, habían dado su vida entera para derrotar a aquella organización. Y esa meta podía estar tan cerca que en aquel momento a Ran poco podía importarle quien fuese Mayama en verdad o no, si estaba dispuesto a ayudar a terminar con todo aquello, ella estaba dispuesta a venderle su alma por conseguirlo.
Ran por fin se daba cuenta que los hombres de su vida siempre habían sido desastrosos: primero su padre, que nunca tuvo el coraje suficiente para decirle a su madre que aún la amaba y eso había llevado su familia a la ruina; después su prometido, quien había resultado ser un espía infiltrado que nunca la amó. Definitivamente no tenía suerte. Solo hubo dos que, pese a la lejanía, pese a que una organización oscura trató de separarlos, siempre habían velado por su bienestar. Solo Shinichi y Conan-kun.
—¡Ran-chan! —la voz de Kazuha la sacó de sus pensamientos justo a tiempo para conseguir apartarse antes de que algo impactase contra ella y la arrollase por completo.
—¿Qué está pasando? —gritó, desconcertada y evaluando sus alrededores, sintiendo el suelo retumbar bajo sus pies.
Llevaban corriendo por los pasillos del barco por lo menos minutos, siguiendo el firme liderazgo del agente secreto, y por fin habían conseguido subir a la primera cubierta. Estaban rodeados de grandes contenedores de mercancía apilados en enormes torres que retumbaban con cada bandazo que daba el barco.
—Estamos a la deriva —gritó Mayama—. ¿Qué demonios le ha pasado al timón? ¡Maldita sea, había que dejarlos sin radar, no sin dirección! ¿Qué demonios está haciendo ese idiota?
—¿Hay alguien más en el barco? —preguntó Ran, esperanzada al pensar que igual Conan-kun ya había llegado.
Mayama parecía a punto de responderle, pero de pronto un ruido atronador sonó a su derecha, sobresaltándolos y haciendo que los tres de golpe buscasen su procedencia, justo a tiempo para descubrir que una de las grúas de carga se tambaleaba peligrosamente sobre ellos.
—¡Moveos! —ordenó el agente secreto a todo pulmón, echando a correr hacia el frente.
Ran obedeció a la orden al instante, reaccionando incluso antes de que lo hiciera su compañero. El ruido sobre sus cabezas se volvía peor, el chirrido estremecedor anunciaba que algo malo había con la sujeción de la grúa. Había que moverse de allí a toda velocidad.
Sin embargo, contrarios a los buenos reflejos de Ran, la condición de Kazuha no era tan buena. No quiso decirlo en alto para no molestar a sus dos acompañantes, pero el bamboleo del barco desde hacía un rato que le estaba provocando una sensación horrible, tanto en la cabeza como en su estómago. Aunque reaccionó correctamente a la orden de echar a correr, sus pies no funcionaron a la velocidad a la que su cabeza quiso, pisó mal y el propio movimiento arrítmico del suelo hizo que acabase por caer desplomada estrepitosamente.
—¡Kazuha-chan! —al escuchar el ruido sordo que hizo su amiga al caer al suelo, Ran se giró alarmada para descubrir que la chica se había quedado rezagada y que estaba teniendo dificultades para volver a ponerse en pie.
Ran intentó volver sobre sus pasos, acelerada, para socorrer a su amiga, pero en ese momento sonó un fuerte chasquido sobre sus cabezas, como si de un latigazo se tratase, y casi a cámara lenta la mujer policía observó como la grúa de acero se precipitaba sobre la cubierta.
—¡Espera! —alguien la agarró del brazo con fuerza, tirando de ella hacia atrás, haciéndole daño en el mismo lugar donde la habían amarrado los mercenarios y estuvo a punto de tirarla al suelo.
—¡No! ¡Kazuha-chan!
Los ojos de Ran se llenaron de lágrimas mientras tiraba a la desesperada del agarre de Mayama tratando de salir en auxilio de su amiga.
Mientras, Kazuha que se había llevado un buen golpe en un hombro, el mentón y se había torcido una muñeca al caer, se encontraba sin fuerzas en el suelo para intentar levantarse por su cuenta. Solo sabía que tenía que hacerlo a toda costa, pero que simplemente no era capaz. El miedo se apoderó de sus piernas que empezaron a temblar en cuanto vio la sombra de la grúa aparecer por encima de ella.
—¡Kazuha-chan!
El grito de Ran se extendió por toda la cubierta. Segundos después la grúa impactó haciendo un ruido abrumador.
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Continuará…
Sé que muchas estaréis decepcionadas porque preferíais que Mayama se quedase como un malo al que odiar, pero no sé si recordáis que al principio de esta historia, el prometido era Araide-sensei y que a mitad de la historia lo cambié (echándole la culpa a Hattori diciendo que se había equivocado). La razón por la que lo cambié fue precisamente porque necesitaba introducir este personaje del agente secreto infiltrado en la organización.
Sé que algunas diréis (ojo, spoilers si no llegasteis al capítulo 667 del anime): "¡Para eso ya existía Amuro!" Pero hay un problema: yo no conocía a Amuro todavía cuando diseñé a este personaje. Este cambio lo hice incluso antes de empezar a publicar esta historia aquí, en FanFiction. Así que fue entonces cuando decidí olvidarme de Araide-sensei e introducir a Mayama, el agente secreto que tenía la misión de hacerse pasar por malo.
Ahora bien, sois totalmente libres de odiarlo por engañar a Ran (maldito desgraciado, a mí también me cae mal).
Por otro lado, sinceramente, no recuerdo si ya mencioné alguna vez cuántos años llevaban saliendo Ran y Mayama antes de comprometerse, pero me dio pereza buscarlo (requeriría leerlo todo y no tengo tiempo). No es un dato realmente importante, pero si alguien lo recuerda y nota que no coinciden: lo siento mucho, culpa mía.
Datos numéricos como ese, o cuánto tiempo de embarazo tiene Kazuha, o cuanto tiempo cronológico ha pasado exactamente desde que inició esta historia… la verdad es que nunca los recuerdo. Sé que en mi cabeza Kazuha no tiene un embarazo tan avanzado, al principio era de apenas unas semanas, ni siquiera se le notaba nada la barriga y ahora, que igual han pasado uno o dos meses desde que se reveló ese secreto, pues quizá sí un poco.
Finalmente, voy a crear Hype como siempre: ¡Kazuha está en peligro! ¿Qué pasará con ella? ¿Todo está perdido?
Nos leemos en el próximo capítulo para averiguarlo ^^
