Capítulo 40: Me quedé sin ideas para el título xq
Es un capítulo corto pero intenso
Lavine se había dado cuenta de que había juzgado mal a los otros hijos de su esposo que habían resultado un encanto hasta llegó a darles regalos en ocasiones.
Ya estaban por fin en buenos términos.
Aunque no duró mucho la tranquilidad...
La princesa Lavine había tenido un extraño comportamiento, su salud comenzaba a decaer, se quejaba de dolores de cabeza y un dolor en el pecho. Los médicos solo le decían a la familia real de que la princesa solo estaba pasando por estrés y jaquecas, aunque Lavine ya no se sentía estresada por alguna cosa en específico.
Pasaba el tiempo y Lavine seguía sin mejorar, pero lo preocupante fue que su comportamiento era extraño, actuaba como niña pequeña y además de que iba perdiendo la memoria gradualmente.
Varios médicos revisaron a Lavine, unos no sabían que tenía exactamente, hasta que un médico alemán les dijo que tenía una extraña enfermedad que estaba afectando su sistema nervioso.
Le dijeron a la familia real de Varbergk que a la princesa no le quedaba mucho tiempo de vida, lo único que podían hacer por ella era hacerla sentirse querida y hacerle pasar buenos momentos en lo que le quedaba de vida.
La familia de Lavine no le había dicho a ella sobre su enfermedad para no preocuparla y Hans tampoco se atrevía a decirle a su esposa que tenía una rara enfermedad que no tenía cura, el príncipe estaba destrozado y sentía que lo que estaba pasando era un castigo divina por lo que había hecho en el pasado.
Cada día progresaba la enfermedad de Lavine y mas de borraban sus recuerdos de su memoria. La princesa se sentía frustrada por olvidar cosas importantes como el hecho de que estaba casada, como el día en que Hans iba acostarse a dormir y Lavine lo desconoció.
—Disculpe, ¿Que hace aquí? Es mal visto que un caballero como usted entre así a los aposentos de una señorita.
—Lavine, ¿No lo recuerdas? Estamos casados.
—Me confunde usted, solo soy una joven señorita en edad casadera.
—Esta argolla es símbolo de nuestra unión.
Lavine observa el anillo en su dedo anular y su rostro se ve desconcertado.
Un día pensó que Helena era su hermana menor, parecía una situación inofensiva hasta que la mujer se peleó con la niña por un pony y casi cae por la escalera y una niñera tuvo que intervenir.
Otro día creyó que una muñeca era su hija mientras que a su hija de verdad la desconocía.
—Ven Helenita es hora de comer, no le hagas caso a "esa chica" que se burla de ti.
Helena veía molesta la escena, esperaba a que su madre dejara la muñeca para romperla y así su madre le hiciera caso.
Cuando iba a arrancarle la cabeza a la muñeca su padre la detiene y la carga.
—Muñequita, ¿qué tal si damos un paseo?
Se lleva a la niña a dar la vuelta, pero aún el príncipe sigue pensativo.
Un día la situación se puso más peligrosa, Lavine pensaba que era una niña pequeña y le extrañó ver a un bebé en la cuna que creía suya.
—¿Qué haces ahí? ¡Esa es mi cuna!
Estaba a punto de tirar al bebé por la ventana, pero Hans llegó a tiempo para impedir que su hijo se fuera al más allá. Suspira aliviado después de aquel susto.
Hans busca ayuda con la anciana que ayudó antes a Helena y a Aline, pero por desgracia está vez no puede salvarla de su enfermedad, solo puede transmitirle calma y ayudarla a qué no olvide a sus seres queridos.
Pasa el tiempo y un día Lavine sintiéndose mejor se escabulle de los guardias y sin que su familia se de cuenta si dirige a Arendelle a hacerle una visita a Elsa olvidando su hostilidad con ella.
—Majestad ha llegado un navío de Varbergk.
—No esperaba alguna visita.
Elsa va a la sala de audiencias y le sorprende ver a Lavine.
— ¿Lavine?
—Si soy yo querida Elsa recuerdo cómo nuestros padres eran tan buenos amigos así que vine hacerte una visita para saludarte. —habla muy amigable la princesa.
A Elsa le sorprende que la trate muy bien como si fueran amigas pero decide seguirle la corriente.
—Sé bienvenida a nuestro reino.
Un rato después se encontraba en la biblioteca hablando casualmente como si fueran amigas de toda la vida.
— ¿Y cómo estuvieron las cosas entre tu Hans? Se me hace extraño que teniendo hijos no hayan terminado juntos. —dice la princesa después de beber de su té.
Elsa casi se ahoga con su bebida.
—Lo conocí en mi fiesta de coronación, éramos jóvenes e hicimos cosas sin pensar y nos dejamos llevar. Ya es cosa del pasado.
—Oh vamos, dime la verdad, puedes confiar en mí. —dice Lavine con una sonrisita.
Elsa ve que puede confiar en Lavine y decide contarle la verdad.
—Bien, lo conocí en mi fiesta de coronación y después de que mis poderes de salieron de control hui a las montañas para aislarme y no dañar a los demás, pero Hans y sus hombres fueron a buscarme y estuve un momento inconsciente... Fue ahí... Dónde Hans se aprovechó de mí y abusó de mí. No lo supe después de una serie de síntomas y sueños extraños que resultaron ser recuerdos de aquellos momentos. Me sentía fatal y humillada.
Elsa termina de hablar, la reina teme que la esposa de Hans reaccione mal, pero Lavine solo se para en seco y sale de la sala sin decir ni una palabra.
En los que Elsa estaba pensativa entra Roma con el té y unos bocadillos.
—Creí que la princesa Lavine le gustarían unas galletas de chocolate. Vine en lugar de Kai a dejar la correspondencia.
—En algún momento de la charla de puso incómodo será mejor enfocarse en otra cosa... Hum solo es una y es de Varbergk
Elsa lee la carta y era de Varbergk, le preguntan sobre la princesa Lavine, quien había desaparecido y que se le vio por última vez en un barco que se dirigía a Arendelle ya estaba enferma y la mantenían bajo vigilancia.
— ¿Les dirá que está aquí patrona? ¿No va a correrla de aquí? —le pregunta Roma a la reina.
—La dejaré quedarse, le seguiré el juego por mientras que Varbergk los dejaré con la incertidumbre.
La morena solo se ríe secamente.
Las alucinaciones de Lavine no la dejaban pensar con claridad, al día siguiente se sentía furiosa con Hans por supuestamente haberla engañado y mentido y como venganza iba a cocinar a sus propios hijos por ser un desgraciado infeliz.
Al día siguiente viene Hans por su esposa.
— ¿Y cómo ha estado? ¿No actuó o dijo algo fuera de lo normal? —le pregunta Hans a la reina.
—No, todo bien. ¿Y qué es lo que tiene Lavine?
—Le lo diré...
—Que terrible.
—No hay cura, pero procuramos que tenga días tranquilos y le damos todo nuestro apoyo. —dice Hans un tanto triste.
Abren la puerta y ven a una alterada Lavine.
— ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡LA BRUJA BLANCA! —grita Lavine y sale huyendo por la ventana.
Hans y Elsa piensan lo peor, pero ven que la princesa sale ilesa pero ahora lo importante era encontrarla.
Mientras tanto en otro rincón del castillo Andrés y Aline estaban haciendo unas réplicas de ellos en nieve con Birgit y Sigverd.
—Siento que les falta algo. —comenta Birgit.
—Si... —dice Andy pensativo.
—Ya sé accesorios. —habla Aline.
Un rato después vuelven con varios cosas con Sigverd cargando varias cajas y se encuentran a Lavine golpeando salvajemente a las estatuas de hielo con un palo.
—Pensé que el rencor ya había quedado atrás.
—Sera mejor que los alejemos de esa mujer. —les susurra Sigverd.
—Tiene razón.
Aline les propone que vayan al jardín secreto, en el camino se encuentra con Krista quien le pide ayuda a Aline a cortarle el cabello, aunque la niña al final terminó con el pelo trasquilado.
Hans y Elsa persiguen a Lavine hasta llegar a un acantilado cuando la princesa está a punto de arrojarse Elsa crea una muralla de hielo para evitar que Lavine caiga al vacío, Hans logra tranquilizarla y por un momento la princesa está en sí.
—Hiciste tanto daño en el pasado.
— ¿Lo sabes? —pregunta preocupado Hans.
—Pero a pesar de todo te perdono, pero no es a mí a quien debes de pedir disculpas, a quien le debes de rogar por su perdón. —y muere entre los brazos de Hans por fin descansando de su tormentosa enfermedad.
—Será mejor volver al palacio e informar a Varbergk de la situación.
Llega a Varbergk la triste noticia a la familia real sobre la muerte de la princesa Lavine, la familia estaba devastada, la reina Singrid enfermó, los hermanos de Lavine estaban furiosos y no querían saber nada de Hans. El rey le aconseja que lo mejor que podría hacer por ahora era dejar el reino por una temporada ya que se había desatado una epidemia de fiebre escarlata.
—Si necesitas algo, puedes contar conmigo. —toca Elsa el hombro de Hans.
Hans de instala en Arendelle y compra una hacienda en un barrio español con el tiempo el lugar de vuelve próspero.
Andy por su parte estaba feliz de tener más cerca a su amigo Hans y a Helenita.
Eso fue todo nos vemos hasta la proxima actualización
