68. Secretos que hieren
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—Confío en ti.
—Es recíproco.
Bella sonrió mientras él la abrazaba por detrás y buscaba acceso a su cuello para besárselo mientras ella intentaba seguir caminando sin despegarse de su lado.
Y poco a poco se fueron acercando al círculo conformado por Irina, Jessica y dos chicos más, además de Matt, quien levantó la vista de la pantalla de su móvil para invitarlo a acercarlo.
—¡Hey, Edward! —exclamó a lo lejos—. Sales en un vídeo porno.
El rubio perdió el color de la cara y se giró a Bella, temeroso como nunca en su vida.
—¿Yo también aparezco? —inquirió la castaña.
—No, tú no.
Edward se encogió cuando Bella parecía dispuesta a sacarle los ojos.
—Te prometo que es imposible.
—Las pruebas demuestran lo contrario —canturreó Matt.
Edward se alarmó.
—Pe-pero que yo no...
—Relájate, sales pero no de la manera en que crees —le explicó Matt sin saber exactamente qué decirle—. Estás pero a la vez no, claro que eso suena como si fueras omnipresente y tampoco es así...
—¿Me puedes decir ya de qué hablas?
Irina y Jess seguían enmudecidas.
—Será mejor que lo veas por ti mismo.
Cuando Matt le alargó el móvil, Edward prácticamente se lo arrebató de las manos.
En el vídeo aparecía una chica de profundos ojos azules y un pelo ondulado sujetado por una coleta alta, de manera que dos finos mechones le caían a ambos lados del rostro.
A pesar de la diferencia de tiempo, Bella pudo reconocerla a la perfección.
La morena cubría su cuerpo con una capa, la cual se ataba con un nudo bajo el cuello. Se paró frente a lo que parecía ser un adorno de los pies de la cama y llevó sus manos a desatarse la capa.
Cuando lo hizo, la tela cayó escurriéndose como si fuera una sábana. No solo expuso la desnudez de su cuerpo, sino también un vientre visiblemente redondeado de tal vez unos cinco meses de embarazo.
Entonces un hombre apareció por detrás de ella, la abrazó entre sus brazos y le lamió el lóbulo de la oreja desde un ángulo donde se revelaba el gran tamaño de su erección.
Y aquello dejaba muy claro lo que iba a pasar a continuación...
La imagen volvió a mostrar un plano general de la habitación y se pudo apreciar la gran cama situada enfrente de ellos.
Esme caminó por los bordes y gateó hacia el centro. El hombre a su detrás saltó tras ella, se aferró a sus caderas manteniéndola en la postura de cuatro patas y, al siguiente segundo, embistió...
Bella apartó la vista, sin poder retenerla durante más tiempo, aunque igual oyó los claros gemidos sobre exagerados de lo que ocurría. Sin embargo, Edward no despegaba sus ojos de la pantalla.
—Me prometió que salió de eso en cuanto supo que estaba embarazada.
—Edward...
—¡Me lo prometió, joder!
Soltó el móvil de un golpe brusco y, por suerte su dueño hizo malabares para cogerlo, o hubiese tenido muy mala caída.
Pero Edward no fue consciente de eso. Solo cogió y se fue en dirección contrario a las clases. Estaba más que claro que estaba guiado por el dolor y la rabia.
—Sino fuera porque no me gustaría nada estar en su piel ahora mismo... —murmuró Matt de mala gana, aunque se le pasó al volver a ver la pantalla—. Pero ella sí que está buena, sí.
—¿Se puede saber de dónde has sacado el vídeo? —demandó Bella con furia.
—Lo están enviando por WhatsApp a todo el colegio, junto al mensaje de que es la madre de Edward —se excusó él—. Al menos a los de Sixth Form y a los de últimos años de secundaria, claro.
—¿Pero quién fue el primero en hacerlo?
Matt se encogió de hombros y Bella se dio la vuelta para ir tras Edward.
La castaña bajó las escaleras que conducían a los edificios de las clases y pasó de largo por las bancas. Pronto, pudo cerciorarse de que el rubio aún no había salido del colegio. Se dirigió corriendo hacia a la entrada donde su novio discutía furiosamente con uno de los guardias de seguridad.
—¡Que quiero salir!
—¡Tranquilo, tranquilo le digo!
—¡Edward!
El rubio tenía la cara roja y los ojos humedecidos, que avecinaban lágrimas de un momento a otro. Le partió el corazón verlo así. Se zafó del los brazos del guardia y volvió a aferrarse a los barrotes.
Bella lo abrazó desde detrás y sintió como sus manos se posaban con las suyas. Creía que la iba a despegar de él, pero no. Al contrario de eso, sintió cómo las aferraba con fuerza y empezaba a sacudirse en llanto.
—¡Déjelo! Ahora íbamos a dirección —advirtió Bella en voz alta mientras sujetaba a Edward—. Ha pasado un asunto familiar serio.
—¿Curso? —pidió serio.
—Sixth Form, alumnos de IB.
Y el guardia de seguridad les dejó un poco de espacio mientras Bella seguía sin dejar de sostener a Edward hasta que él se volteó, con lágrimas en los ojos y la abrazó de frente.
Ella se quedó ahí, entre sus brazos, acariciándole el cabello mientras él escondía la cara en su cuello.
—Estoy aquí contigo, estoy aquí.
nnn
Muchos creen que como los internados te fuerzan a convivir con distintos tipos personas durante un largo período de tiempo, tarde o temprano encuentras a aquellos con los que congenias y a los que pasas a querer como parte de tu familia.
Pero eso no pasó.
También parecía ser que una vez te convertías en popular, la gente te admiraba tanto que ya no se metía contigo para nada. Que todos querían ser tus amigos.
Aunque eso tampoco fue verdad...
Y un Edward de casi doce años, que había tratado por todos los medios hacerse cabida en el lugar que le habían metido, había resultado gravemente herido en la pierna después de un golpe fatal que, en lugar de las lesiones que tenía, podría haberle desencadenado algo mucho más serio.
Era consecuencia de algo llamado venganza por ocupar el lugar de favorito de otra persona. Un hecho que, a su vez, era causado por envidia.
—Edward, tu madre ya viene en camino.
Él asintió mientras se aguantaba el dolor en la frente y el resto de su cuerpo por la caída desde el árbol. Pero la ilusión de volver a su casa lo apaciguaba como el mejor calmante.
Y es que desde aquella edad, él ya estaba empezando a aprender que el dolor físico a veces no tenía ni punto de comparación con el mental o emocional.
Algo que Esme también padeció en su piel, aunque en sus propias circunstancias. Se independizó temprano, empezando por una emancipación y entrando a una posterior adultez en la que se dedicó a desvivirse por su hijo y verlo como el premio a todos sus esfuerzos.
Lo había tenido lejos durante los últimos meses, pero el recordatorio constante de que estaba haciendo algo por el bien de su pequeño la ayudaba a lidiar con la angustia. Entre tanto, en sus tiempos libres se había dedicado a limpiar los objetos que guardaba en cajas para evitar que cogiesen polvo. Primero se encargaba de las cosas de Edward, ya que él era su prioridad en cuanto a todo, y ya luego acabó limpiando todas las otras que había por allí. Aquel medio día pasó un rato con una caja en especial, la cual contenía diferentes cintas de vídeo que tiempo atrás solía repasar ocasionalmente, por distintos propósitos.
Fue una época dura en su vida, pero gracias a la misma también encontró una nueva salida.
El teléfono sonó y ella se apresuró en cogerlo, sujetarlo bajo su oreja y agacharse a recoger la caja para irla a colocar en la repisa más alta del desván. Un lugar donde nadie más que ella tenía acceso.
—¿Sí?
Contestó tranquila, sin esperarse que fuera una llamada para avisarle que cuatro niños habían tirado a Edward desde un árbol que llegaba a la altura del primer piso de habitaciones.
Esme entró por la puerta de la enfermería, corriendo, a diferencia de Carlisle. Él se quedó atrás tratando de buscar lugar de los profesores donde aparcar.
—¿Dónde está mi hijo?
Hubo una pausa.
—¿Usted es la madre?
A Edward empezaron a picarle los ojos al oírla después de dos meses. Y en unos minutos fue envueltos en los brazos que había echado tanto de menos. Un gesto que ambos les llenó de calidez y de un apretujón de felicidad en el centro del pecho.
—Zoi Mou...
—Estaba intentando que no me golpearan —murmuró él—. Me subí al árbol, se subieron conmigo. Seguí subiendo y empezaron a sacudir el árbol para que me cayera. Como no lo hacía, al final entre los cuatro se encargaron de empujarme.
Esme escuchó con mucha atención versión mientras le llenaba la cabeza de besos. Luego, la secretaria del departamento de recursos humanos explicó su opinión. No tenían suficientes pruebas para inculpar a los niños, pero igual los castigarían por el daño ocasionado a Edward. Con referente al examen hospitalario, le explicó por encima las secuelas de la caída después de entregarle la hoja. La herida en la frente, la fractura de brazo izquierdo, que ya estaba escayolado, el esguince de tobillo derecho y las contusiones del golpe, sobre todo en el abdomen.
—Además de eso, no tiene mucho más. Está bien.
Pero Esme ya había dejado de escucharla hacía unos minutos atrás.
—Me lo llevo a casa ya.
—Si quiere, no creo que haya problema en llevárselo y traerlo en una semana o así —alegó la secretaria.
Esme sonrió.
—Una vez salga por la puerta, no vuelvo a traerlo jamás.
La chica se quedó con la palabra en la boca.
—Sacarlo en mitad del curso escolar se necesita realizar un montón de papeleo —le recordó.
—El padre es muy buen abogado y estoy segura de que podrá encargarse de todo. —Esme no estaba dispuesta a escuchar a esa panda de buitres—. Incluso de denunciar a esos niños.
—Son solo niños...
—Lo que le han hecho a mi hijo no es nada inofensivo y estoy segura de que cualquier padre en mi lugar querría hacer lo mismo. —Esme se acercó a su hijo en la camilla y, a pesar de que estuviese casi a su altura, lo alzó—. Vamos, Zoi Mou.
Él sostuvo las muletas con sus manos y por fin hizo por fin algo que venía deseando desde el día en que llegó allí. Y les sacó la lengua antes de perderla de vista para siempre.
Para cuando Carlisle alcanzó la enfermería, Esme y a Edward ya estaban saliendo por la puerta.
—Esme... no puedes simplemente sacarlo del colegio antes de la mitad de curso.
—¿Ah no? —inquirió sin hacerle ningún caso—. Mírame.
Carlisle los siguió con frustración.
—No estás pensando con claridad...
—Llevo escuchando llorar a mi hijo durante meses y sé muy bien que esta educación más que valores le ha enseñado lo que es un sinvivir —alegó ella como respuesta—. Le ha destrozado, cuando yo lo único que quería era que viviera una infancia feliz, darle lo mejor que pudiese. Te apoyé en tu decisión de traerlo y colaborar en su aprendizaje porque eres su padre —remarcó—, pero me has dejado claro que está mucho mejor yendo a un colegio normal y estando conmigo. Así que espabila y llévame a mi casa.
Con Edward presente, Carlisle se limitó a acompañarlos al coche y conducir hasta la casa de Esme. Luego ya haría los trámites con el colegio por teléfono.
Durante el trayecto, Edward se quedó pensando en su figura paterna. Con su padre había ganado muchas cosas buenas, pero después del internado... Le iba a costar volver a irse con él.
Desconectó cuando su madre lo sujetó fuerte durante una curva en el coche. Había preferido irse en el asiento de atrás con su hijo, como era de suponer. Él se apegó aún más a ella y Esme suspiró.
—Perdóname, Zoi Mou —le susurró de un momento al otro—. Te prometo que voy a sustituir todas esas malas pasadas por cosas que te hagan feliz, ¿sí?
La cara del niño fue de pura dicha, la misma que puso al cruzar el umbral de Esme. Aunque un siseo escapó de sus labios cuando su padre lo dejó en el suelo.
—Edward, utiliza las muletas —le dijo Esme.
—No quiero —protestó, intentando cojear un poco con el pie hasta alcanzar el sofá. Una vez estuvo acomodado, soltó las muletas a su lado en el suelo.
Después de despedirse de Carlisle, Esme entró y se arrodilló delante de su hijo. No lo solía malcriar demasiado y le fue dando su propio espacio conforme fue creciendo, pero siempre estaba ahí para llenarlo de cariño cuando consideraba que era necesario.
—¿No prefieres irte a tu cuarto a descansar? —su idioma cambió al griego.
A Edward le confortó el pecho.
—Prefiero comer algo.
—Entonces voy a prepararte algo que te guste —le contestó levantándose y poniéndose en marcha—. No tardo mucho.
—Gracias, mamá.
Él aguantó sonriente y cómodo en el sofá de su casa. Tan solo repasarla lo entretuvo por un rato... hasta que, como todo niño de su edad, se aburrió.
—¿Dónde están los videojuegos? —preguntó.
Desde la cocina, su madre le explicó que había puesto todo en cajas en el desván mientras estaba fuera para que no cogiesen polvo. Y ella se había encargado de limpiarlo esa misma mañana.
—Están en la segunda fila, a la altura de tus ojos —le indicó, luego de que él insistiese en ir a cogerlos mientras se ocupaba de la comida—. ¡Pero camina con las muletas! No apoyes el pie.
—¡Que sí! —contestó con desgana.
Al llegar, Edward vio todas las cajas tan bien colocadas y limpias como había indicado. El problema era que había muchas... Y tendría que ir revisándolas etiqueta por etiqueta para encontrar algo.
Suspiró y se puso a ver que podía ayudar. Por suerte, la escalera estaba cerca. La arrastró con el brazo no inmovilizado e hizo el intento de subir un peldaño. Le dolió apoyar su peso en el pie derecho vendado, pero apenas eran tres peldaños.
Trató de seguir subiendo, con mucho cuidado por el dolor del esguince en el pie, hasta que llegó al tercer escalón. Desde esa altura distinguió todas las etiquetas de abajo con claridad y leyó qué era lo que decía en cada caja. Pero cuando quiso bajar, leyó lo que ponía en el cartón de la caja sin etiqueta. "Pixie".
Él frunció el ceño. Pero le sonaba a Pixar.
Decidió abrazar la caja con su mano derecha y apoyarla en la estantería de abajo. Luego bajó otro poco más y volvió a situarla abajo. Y una vez bajó de la escalera, se fue, sujetó la caja con los pies mientras tiraba de la cinta adhesiva con facilidad y encontraba diversos DVD dentro sin carátula.
Se parecía a los vídeos pirata que tenía. Aunque solo recordaba tener una carcasa negra como esa entre sus vídeos...
Edward trató de ver si había discos DVD con algún nombre de alguna de sus películas. Pero como todos tenían escrito algo en siglas o caligrafía que no entendía, porque siempre era lo mismo con la letra de su madre, ¿qué iba a saber él?
Esme estaba probando una cucharada de la comida y la verdad es que estaba satisfecha con el resultado.
—Zoi Mou, ¿quieres probar el...?
Y de pronto, oyó gemidos, seguidos de jadeos. No necesitó escuchar más de uno o dos para identificar sus propios sonidos. Soltó la cuchara y esta impactó contra el metal de la olla mientras Esme corría a la sala y se encontraba con su peor pesadilla transmitiéndose en la pantalla.
El niño se quedó en shock. Ya reconocía qué pasaba en el vídeo, hasta se lo explicaron en el colegio. Pero aquella no solo era la primera vez que veía ese tipo de contenido, sino que además el duro impacto de ver pornografía tuvo que fusionarse con el destrozo de la imagen idealizada de su madre en su mente. El miedo que le corrió por las venas al ver a su madre alzando la vista desde la altura del pubis de un hombre, el profundo dolor en sus pulmones verla sonreír mientras se levantaba y ver que otro la manoseaba por detrás. Cuando un tercero apareció para abrirle las piernas y meterse entre ellas, le acabó de provocar el asco suficiente para que el resto de la acción la distinguiese borrosa por las lágrimas. Todo lo que vio después lo sumergió en una especie de lapsus latente en su mente, un pánico en el que se ahogaba, que le dificultaba respirar y que le dolía y escocía sin parar. El repudio hacia la escena le hirió hasta el fondo del alma... pero no lo suficiente como para no dejarse estrechar entre los brazos de su madre una vez que la pantalla de la televisión estuvo apagada.
nnn
Edward besaba a Bella con delicadeza, aunque con insistencia. Dejaba ir sus labios y los volvía a buscar al segundo siguiente, negándose a soltarlos. Habían estado así durante los últimos tres minutos, casi sin coger aire, hasta que ella apartó la cara para volver a respirar o de lo contrario, acabaría mareándose.
Aún así, la boca de Edward no quiso despegarse de su piel. Se desplazó hacia su cuello mientras acariciaba la espalda de la castaña de arriba a abajo. Bella le rascó la nuca y trató con todas sus fuerzas ignorar el nudo de nervios debajo del pecho y las nauseas. No quería tener que romper el momento solo por sus molestias.
Miró de reojo la puerta, a la expectativa que alguien la cruzase.
—Gracias... —soltó de repente el rubio contra su piel.
—¿Por qué?
—Por estar aquí —dijo mirándola a los ojos.
Bella se sujetó el labio inferior entre los dientes y no pudo evitar volver a besarlo. Incluso en medio de aquella mala pasada, estaba siendo de lo más tierno.
La mano de Edward se aferró a su muslo y empezó a trazar círculos sobre las medias, generándole agradables caricias que la hacían sonreír. Pero justo en eso, alguien carraspeó, obligando a Bella a arreglarse la falda medio levantada con bochorno.
Carlisle lucía un rostro inexpresivo mientras la puerta que comunicaba la sala de espera con dirección se acabó de cerrar.
—El director me ha contado lo que ha pasado —dijo echando una mirada a ambos, pero se detuvo en su hijo—. Y no quiero que te alarmes, me ocuparé de esto yo mismo.
—¿Se puede borrar el vídeo?
Carlisle se tomó un momento para responder.
—Veré lo que puedo hacer. Vosotros esperad aquí, por favor. No pasa nada, tenéis las ausencias justificadas.
Bella asintió y se quedó por un rato más entre los brazos de Edward. Trataba de hacerle más amena la realidad, dejándole que buscase confort en ella. Y pocos minutos después, Irina cruzó la puerta de la sala de espera.
Los dos fruncieron el ceño hacia la recién llegada.
—¿Irina?
—Eh, sí. —Se acercó desde el marco de la puerta como si estuviese insegura de hablar—. Esto, Edward, siento mucho lo que te está pasando.
Él agradeció el detalle.
—No pasa nada, no tienes la culpa.
—Ya, pero indirectamente la tendré si me callo.
La afirmación los sorprendió.
—¿Qué quieres decir?
Irina tomó una gran bocanada de aire.
—Sé que es duro lo que estás pasando. Entiendo el motivo por el cual nos has ocultado lo de tu verdadera madre y... eso. —Parecía medir las palabras en una balanza—. El problema es que tal vez no todo el mundo ha sido igual de... comprensivo con la noticia.
—Irina, al grano.
La exigencia de Bella la hizo tragar con fuerza.
—Yo sé quien empezó a distribuir el vídeo...
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Una vez se aseguró de que Edward estaba tranquilo con Bella en dirección y a cargo de la secretaria, Carlisle subió por el edificio de las clases, acompañado por el director hacia el aula de su hijo. Por suerte, a primera hora había clase común entre todos los de IB.
Ambos pidieron perdón al profesor por la interrupción y Carlisle se paró delante de la pizarra.
—Muchos de vosotros, sino todos, habéis recibido un vídeo adjunto de un mensaje que dice "Esta es la verdadera madre de Edward Cullen" —dijo con una leve mueca—. Como ya tenéis una cierta edad, sabéis que se trata de un material delicado y que se ha filtrado con el propósito de hacer daño. Desde ya aviso algo: cuanto más tarde salga el responsable, más se arriesga a afrontar ciertas consecuencias legales.
Muchos se miraron y susurraron en varias direcciones, pero nadie alzó el brazo ni se levantó.
—Está bien. —Carlisle alzó las manos—. Entonces vamos a proseguir con el plan más agotador para todos. No será difícil de averiguar sabiendo que los mensajes dejan miles de huellas acerca de quien...
Y en ese momento, Edward entró por la puerta de forma brusca en dirección a un pupitre determinado.
—¿Por qué lo has hecho?
Tyler lo enfrentó en silencio a medida que él se acercaba.
—¡Responde!
—Chicos... —alertó Carlisle.
Edward todavía mantenía la esperanza de que el moreno de rizos negros frente a él diera señales de no tener nada que ver, hasta que Tyler habló.
—Era un buen material...
—¡Pedazo de mierda! —Edward clavó los puños en su mesa. Estaba lleno de dolor, coraje y decepción—. ¡Creía que eras mi amigo!
—Qué casualidad que pensemos lo mismo —soltó con sarcasmo—. Pero tú nunca has tenido reparos al engañarme sobre algo tan importante toda la vida, ¿o sí?
El rubio guardó silencio.
—¿Crees que yo no he sentido la misma decepción que tú? —soltó su amigo una mueca burlona—. ¿Qué pasa? ¿Tenías miedo de que nadie te fuese aceptar sabiendo que tu madre era una estrella de películas XXX?
—¡Cállate! —Edward bordeó la mesa para abalanzarse sobre él, ocasionando que ambos cayeran al suelo antes de darle un puño en la nariz.
Tyler rio.
—¿...O simplemente te da vergüenza que todo el mundo haya visto claramente el orificio por donde has venido al mundo? —Edward trató de volver a golpearlo, pero Tyler lo esquivó y se lo acabó dando él. Aún así, el rubio insistió con un puñetazo con la otra mano que le dio hasta calambre, antes de que Carlisle y el profesor los sujetaran por los brazos.
—¡Ya es suficiente!
—¡Edward!
En eso, Irina entró por la puerta acompañada de Bella, sujetándose el pecho por el esfuerzo de subir las escaleras a toda prisa. Rebuscó el ventolín en el bolsillo de su falda por si acaso, tomando aire, antes de alcanzar al rubio.
El moreno de rizos negros entrecerró los ojos al verla, antes de enfocarse en Edward.
—Y estoy seguro de que ella lo sabía.
—No es tu problema.
Él bufó con sarcasmo.
—A tu mejor amigo de toda la vida no, pero a la primera que te ofrece un coño caliente con el que jugar, sí, ¿verdad?
Edward se zafó de los brazos de su padre y se impulsó hacia Tyler para empujarlo contra la pared y hacer que su cabeza retumbara con el golpe.
—¡Tan solo por denigrarla de esa manera acabas de probar que ella merecía saberlo mucho más que tú!
—¡Ya basta! —Esta vez no solo volvieron a separar a los chicos, sino que además el director se interpuso entre ambos para que no sucediera más conflicto.
El rubio miró a su alrededor y se cruzó con Bella, quien ya estaba con una carraspera terrible y se sujetaba el estómago de mala aflojó su agarre.
—Edward, acompáñala a recomponerse. Y vuelve a bajar a secretaría porque vendrán a recogerte pronto —le advirtió—. Yo tengo que hablar un momento con Tyler.
Él asintió y pasó por el pupitre de la castaña para coger una botella de agua antes de marcharse lo antes posible por la puerta. Una vez así, Carlisle se giró hacia el chico magullado.
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Lillian le respondió por mensaje que iba a excusarse en el trabajo para poder recoger a Edward y llevarlo a casa. Al acabar por esa parte, Carlisle pidió una sala para reunirse con Tyler, que normalmente se utilizaban para tutoría.
—¿Cómo empezaste a enviar el vídeo?
Tyler jugó con sus manos en la silla frente a él, incómodo sin una mesa de por medio.
—No creí que fuera a ser el primero y al único al que enviaron ese mensaje —reconoció—. Solo fue después de que lo compartiera en un grupo de chicos de la clase que me di cuenta de que los demás no lo habían recibido. Y a partir de ahí se esparció como la espuma, supongo.
Carlisle asintió. Con una postura y un tono menos alterado, estaba volviendo ver al chico que conocía.
—Tyler, ¿Por qué lo has hecho?
—¿Acaso no está claro? —replicó con ofensa—. ¡Era mi mejor amigo! Yo le he contado todo durante años. Todo. Incluso con lo del divorcio de mis padres... Joder, es el único que sabe tantos detalles. ¿Y él a cambio no puede ni siquiera contarme que Lillian no es su verdadera madre? ¡Solo eso! No había necesidad de dar detalles, pero... Si ha sido capaz de mentirme con algo tan gordo como eso... ya no sé qué es verdad y qué no en esta amistad.
—Entiendo que te sientas herido, ¿pero acaso hacer eso te ha hecho sentir mejor?
—Los demás también merecían saberlo —señaló—. No soy al único que ha decepcionado. Él es uno de los más queridos de todo nuestro grupo y usted lo sabe... Lillian nos ha atendido siempre del mismo modo que todas nuestras madres lo han hecho con él. ¡Como un hijo más! Para quedarse en casa, para cualquier favor... —enumeró con un nudo en la garganta—. Nosotros le hemos tenido confianza, pero al parecer Edward nunca la tuvo con nosotros. Y luego hay que recordar que encima es él a quien más le cuesta perdonar a los demás.
—Comprendo...
—Al menos esos aires de ego y perfección por fin le han jugado una mala pasada —murmuró de mala gana—. Espero que lo haga reaccionar. Y aunque no lo haga, Irina me enseñó que vale la pena demostrar la verdad cuando se tiene delante.
—La intención de enviar el vídeo y herir en el proceso iban en un camino muy distinto a decir la verdad, Tyler —objetó Carlisle.
—Lo hecho hecho está —soltó en su defensa—. Ahora creo que tiene un problema más importante en el que centrarse.
—¿Cuál?
Tyler hizo una mueca.
—Pensar en qué hacer ahora que el vídeo ya está circulando por toda la web.
💎Bueno, bueno 😎 Esto es a lo que llamo yo primeras bombas. 💣👀
💎El capi de hoy ha estado un poquito cargado de sentimientos. ❤️ Y es algo intenso. 😶Retratar las emociones de Edward no es fácil, porque van mucho más allá de lo que parece. 😬 Por lo pronto, ¿qué pensáis de todo lo que ha pasado?
💎Taaantas peticiones para saber el secreto secretísimo, pues aquí está. Al menos en parte. Queda claro que lo que todavía falta saber mucho más... 😈
💎Me he tardado un poco más de lo que pensaba porque estos días voy un poco cansada 😓 Disculpad, como compensa os he dado un capi mucho más largo y corregido como mejor he podido. n.n
💎Y hay pistas de lo que vendrá después jeje. Gracias nuevamente por vuestros comentarios y el apoyo de todas. ❤️ Sois un amor.
Hasta la próxima.
Kisses! 😘😘😘
