Bakugou
Estaba tan distraído celebrando, que no me di cuenta que ya estaba dormido a mi lado, con el control a punto de resbalarse de sus manos. Por un momento pensé en despertarlo, pero cambié de opinión y decidí buscar una frazada para arroparlo. Es probable que, si lo despertaba, no volviera a dormir. Yo, por otro lado, por la descarga de adrenalina tras la victoria, no me sentía somnoliento por lo que me quedé despierto buscando qué ver en la televisión.
No recuerdo haber apagado el aparato, pero cuando me percaté de que estaba en el área común, era obvio que no me había dirigido a mi habitación antes de quedarme dormido. Supuse que serían las 6:30 am pues era la hora en la que solía salir a correr todas las mañanas. Mientras recobraba el conocimiento, un ligero peso a mitad de mi pecho, me hizo mirar en esa dirección para encontrarme con la cabeza del Mitad–Mitad recostado apaciblemente allí. ¿En qué momento llegamos a esta posición?
No estaba incómodo, solo sorprendido de que estuviera así. Desde esta perspectiva, su cabello bicolor formaba una espiral que reafirmaba uno de los nombres con los que me refería a él "bastón de caramelo". Las hebras de su cabello se entrelazaban justo en la cúspide, como un remolino, y se separaban una vez alejados del centro. Era una escena extraña e hipnótica. No había pensado cuanto tiempo había estado contemplando la rareza de su cabello cuando decidí levantarme, procurando no despertarlo en el proceso. Sería muy incómodo explicar esta situación si despertaba y me encontraba mirándolo.
Poco antes de llegar a las escaleras, un ligero susurro me detuvo. Provenía de él.
– Mamá, no me dejes con él… – el lloriqueo se hacía cada vez más alto. Acercándome al origen, el sostenía sus manos sobre su cicatriz, empapado en sudor, comenzando a convulsionar. Estaba teniendo una pesadilla.
Entré en pánico. Lo primero que hice fue tratar de calmarlo, llevando mis manos a su espalda, sin éxito, por el contrario, se retorció con aún más violencia al grado de que su lado derecho empezó a generar hielo. Tenía que hacer algo para detenerlo. Procedí a lentamente aumentar el volumen de mi voz mientras lo llamaba por su nombre de pila
– ¡Todoroki! – empezaba a abrir los ojos. Yo estaba de rodillas frente a él, quien estaba muy sorprendido viendo su mano cubierta de hielo.
– ¿Me acabas de llamar por mi nombre? – Si podía hacer esa pregunta tan estúpida, supongo que ya estaba bien.
– Eres un idiota – alejándome de él. Y, antes de que me diera cuenta, ya no estaba.
Todoroki
Pensé que estaba durmiendo, pero, era real. Escuchaba la voz de Bakugou nombrarme. Al abrir los ojos, se veía preocupado. Sin poder conectar con lo que había pasado, solo me límite a preguntar si lo que había escuchado no era producto de mi somnolencia.
Con un "eres un idiota" y un ceño fruncido, confirmé que no imaginé lo que escuché. De repente, los recuerdos de mis recurrentes pesadillas se abalanzaron contra mí, y corrí hacia mi habitación. Cerré la puerta con brusquedad. Me recosté al pie de mi cama, y en el espejo de cuerpo completo, solo podía ver mi cicatriz en mi ojo izquierdo, recordándome que yo era la razón por la que estaba allí ese fin de semana;
- Yo soy quien provocó su internamiento. Escondí mi rostro en mis rodillas, deseando desaparecer.
Bakugou
"¿Vendrás este fin de semana?" "No, no iré vieja bruja" "Esa no es forma de responderle a tu madre, mocoso. Además, dijiste que vendrías." "Tengo mejores cosas qué hacer." "Como sea. Llámame cuando puedas." Concluyó.
Eran ya las 7am, un poco más tarde de la hora a la que suelo salir a correr, pero era mejor que nada. "Mitad–Mitad, preparé desayuno. Está en la encimera, si quieres." Y antes de guardar mi celular alcancé a leer "Entendido". Al regresar, el muy insulso estaba en la cocina… ¿cocinando? ¿Desde cuándo? ¿Qué acaso lo que preparé no fue lo suficientemente sofisticado para su paladar?
– ¡Oye, ya había preparado algo para ti!
– Era muy picante para mi gusto – siguiendo preparando lo que sea que estuviera cocinando. Antes de provocar un desastre considerable, decidí darle la espalda e irme a mi habitación a tomar un baño. Cuando volví, me sorprendí buscando al idiota de doble color de cabello. Pero antes de dejar de lado mis intenciones, como si de una invocación se tratara, lo vi sentado en el más amplio de los sofás, mirándome fijamente. Me acerqué a él.
– Voy a salir a dar una vuelta. – Informó para dirigirse a la puerta. Me acerqué a la encimera y, allí se encontraba Takoyaki para mí. ¿Me estaba agradeciendo? Quería sentirme molesto, pero no podía. Estaba sobrecogido por el gesto inesperado y, aunque intentaba mantener el ceño fruncido, era inútil. No quería quedarme allí pensando en el gesto amable que había hecho por mí.
– ¡Oye, Mitad–Mitad!, voy a acompañarte
– Pero acabas de llegar de correr
– ¿Tienes algún problema con eso?
– No, en absoluto. – Respondió con su monótona voz, y empezamos a caminar, aunque rápidamente avanzó delante de mí.
– ¡Oye, camina detrás de mí!
– Camina más rápido, entonces
– Eso no fue una pregunta
– Ni lo que dije tampoco. – volviendo hacia mí. – ¿Puedes callarte ahora? Quise salir a caminar para relajarme, y que me grites no ayuda en nada.
– Tu cara inexpresiva no es muy fácil de leer tampoco
– Perdón por no gritarles a todo el mundo cada vez que puedo, como tú Bakugou – pese a lo sarcástico que podría interpretarse eso, su rostro era inexpresivo. Estaba tan cerca de él que podía ver cuan diferentes eran los colores de sus iris.
– ¿Qué dijiste? – pequeñas chispas salían de mis manos, pero el muy idiota se giró ignorándome.
– Esto no me está ayudando, y solo me estás alterando. Voy a regresar adentro y hacer algo más. – seguí sus pasos. Llegamos a los dormitorios y, justo en la entrada, su celular comenzó a sonar, alejándose de mi para responder. Me senté en el gran sofá central y poco tiempo después, regresó.
– Era mi hermano Natsuo
– Como si me importara
– Eso no fue lo que me dejaste deducir cuando hablé de Fuyumi. Natsuo es mi hermano mayor.
– ¿Por qué, si tienes a dos hermanos tan atentos, tengo que estar contigo aquí? – estaba irritado
– Perdón por molestarte esta mañana. – Ignorando mi pregunta. – Tuve una pesadilla. No volveré a molestarte y, – para esto se giró hacia mí. – Gracias. – Eso era lo último que esperaba escuchar de él.
– ¿Por qué me estás agradeciendo?
– No lo sé. Supongo que siento que es lo correcto. – Volviendo su vista a la alfombra. – Además, por qué no te fuiste a tu casa. Debes estar aburrido porque tu grupo no está aquí; el… ¿Bakusquad? – mientras más lo escuchaba, más odiaba ese nombre
– Solo no quería ir Mitad–Mitad, eso es todo
– ¿Será que disfrutas pasar tiempo conmigo?
– ¡CLARO QUE NO! ¡Y te mataré si vuelves a decir una estupidez así!
– No te enfades – llevando una de sus manos a mi cabeza mientras me sonreía. Eso me hizo enojar aún más.
– ¡¿ME ESTÁS MOLESTANDO?! – eso lo hizo reír. Para este momento estaba confundido. Él estaba disfrutando de todo esto.
Todoroki
Cuando llevé mi mano a su cabeza esperaba que fuera punzante al tacto, y para mi sorpresa no solo era suave, sino que el rubio dejó que lo hiciera y todavía sigo con vida para recordarlo. No pude evitar reír ante la providencia. Pero poco duró la tranquilidad pues nuevamente comenzó a vociferar, antes de comenzar a irse.
– Pasar tiempo contigo es mejor de lo que imaginé, Bakugou – expresé, ante la declaración el chico se detuvo. – Veamos una película o juguemos un rato.
– No, voy a mi habitación, tengo mejores cosas qué hacer. – No iba a aceptar otra negativa en respuesta. Me acerqué a él y tomé su mano para llevarlo al sofá.
– Eso no es cierto. No sabes mentir. Voy a dejar que elijas.
– Haré esto solo porque estoy aburrido, ¿entendido? – soltándose de mi agarre – Será de terror.
– No me gustan
– Como si me importara tu opinión – mientras miraba el catálogo.
Luego de un rato, me escondía detrás de uno de los cojines, predispuesto a ser sorprendido por algún susto aleatorio. Sin embargo, como si se tratara de una fuerza magnética, giré a mi costado derecho para encontrarme con los ojos de Bakugou. Permanecimos así por lo que supuse debieron ser algunos segundos que me parecieron horas. Con un gesto mecánico, giré mi rostro, colocando mi mano izquierda sobre mi ojo al tiempo que se escuchaba justo uno de los sustos que quería evitar. Fuera de eso, ¿por qué me molestaba que viera mi cicatriz? Para este momento, debía estar más que habituado a que la viera, ¿qué era diferente ahora?
– Veamos El Rey León – pronunció cambiando la atmosfera totalmente.
Bakugou
Esperaba disfrutar de su cara con cada uno de los sustos que contenía Poltergeist, pero cuando menos lo esperaba, me encontraba viendo la cicatriz en su ojo izquierdo. Llegaba apenas hasta su pómulo, bastante separada de su oreja, pero lo suficientemente extensa. Contrastando con el turquesa de su ojo, lo hacía parecer aún más intenso. Cuando se giró en mi dirección, no esperaba que lo hiciera mientras analizaba más de lo que debería algo que de seguro era la causa de sus problemas. Y, como si me hubiera leído la mente, giró su rostro para cubrirlo con sus manos.
En el instante en que la culpabilidad aumentaba con la misma rapidez con la que yo tomé el control remoto para ver algo menos terrorífico, caí en cuenta de que había sido presa de mi imprudencia cuando le propuse la estúpida película de "El Rey León". Nada mejor que una película infantil para dos prospectos a héroes profesionales. Por suerte, funcionó pues me estaba sonriendo. Eso me quitó el peso que no sabía que llevaba en mi espalda, sintiéndome ahora más aliviado, aunque poco después empezaba a incomodarme que pudiera provocarme esto con tanta facilidad. No estaba habituado a este tipo de sentimiento. Me levanté hacia la cocina y busqué un vaso de agua para mitigar la tensión que provoqué al mirarlo.
– Mis hermanos solían hablar de ella y de lo mucho que les gustaba, aunque nunca pude verla con ellos. Touya, Fuyumi y Natsuo compartían bastante tiempo juntos.
– ¿Quién diablos es Touya?
– Era uno de mis hermanos… – había vuelto a equivocarme cuando su cara se nubló al hablar de él. A lo mejor era otro de los tantos temas delicados en torno a él.
– Bueno, es tu día de suerte entonces – subiendo el volumen para que fuera lo único que ocupara el espacio. Su rostro volvió a su habitual seriedad, que poco después se tornó en una sonrisa. Estaba tan feliz de la relación de los dos felinos protagonista, que de nuevo empezaba a sentirme culpable por lo que sabía que iba a ocurrir. Y, como supuse, ahora estaba abatido tras la muerte del león. Pausé la película al escuchar un sollozo. Sus ojos estaban rebosando de lágrimas. ¿Qué acababa de hacer?
– ¿Por qué tuvo que morir? – ¿Por qué te afecta tanto? Es solo una película animada. No es real. – ¿Por qué abandonó al pequeño Simba? Si solo hubiera escuchado a su padre, lo habría visto crecer para protegerlo... Bakugou, ella estaría conmigo si hubiera escuchado a mi padre – Esto escaló muy rápido. Sentía mis ojos más abiertos de lo normal al escuchar el rumbo que estaba tomando su monólogo. – Ella no estaría en ese hospital y yo no sentiría tanta culpa cada vez que la viera... Yo la llevé a ese estado... – ¿Cómo era posible que me equivocara nuevamente con una película infantil? ¡¿Cómo?! Estaba entrando en pánico de nuevo, debía hacer o decir algo para calmarlo. Ahora se encontraba llorando y yo no sabía a cuál dirección mirar.
Esto era mi culpa y debía hacer algo al respecto, pero no tenía ni la menor idea de qué; esto nunca me había ocurrido antes. Y antes de que pudiera reaccionar, sentí un firme agarre en mi cintura y su cabeza estaba apoyada en mi pecho, el chico seguía sollozando. Estaba sobrecogido, era una de las primeras ocasiones en las que no sabía cómo reaccionar, así que dejé que lo hiciera.
En esa posición era aún más fácil poder detallar cómo el cabello en ambos hemisferios de su cabeza se fundía justo en el centro; justo a la mitad.
Como si de un imán se tratara, mi mano derecha hizo camino hasta su cabello y comenzó a moverlo, haciendo que se mezclara aún más. Era sedoso al tacto. Luego de un rato, su respiración se había regulado, y sin previo aviso, el Mitad–Mitad, se levantó imagino camino a su habitación. Me sentía extrañamente incómodo. No recuerdo haber tenido contacto de este tipo con nadie, ni siquiera con mi vieja. Creo que fue motivado por eso, que mi mano materializó un reflejo que no terminaba de procesar cuando él me vio con la mirada expectante. No pronunció palabra, y yo mucho menos sabía qué decir.
– ¿Quieres que me quede? – solté su brazo
– ¡¿Por qué querría que hicieras eso?!
– ¿Y por qué no? – Acercándose a mí
– Haz lo que quieras. – Regresando a mi asiento. Me sentía como un idiota y podía escuchar retumbar mis oídos con fuerza. Por un largo tiempo solo hubo un profundo silencio hasta que el mueble reaccionó a la inercia de un cuerpo caer sobre él. Había decidido quedarse, y yo estaba más feliz de lo que jamás sería capaz de admitir. Odiaba sentirme así y todo por él. Nuevamente sentí sus brazos alrededor de mi cintura, pero no lo sentía alterado, sino todo lo contrario. Tenía su barbilla apoyada en mi hombro y mientras mis músculos estaban tensos; ni siquiera me atrevía a respirar con normalidad, estaba incómodo, pero no me molestaba que estuviera cerca de mí; esto era extraño.
Luego de unos momentos, un susurro se transformó en un "gracias" y mis músculos se tensaron aún más. Maldición, ¿qué estaba ocurriendo? Mis dedos volvieron a envolverse en su cabello y ambos permanecimos así, no sé por cuánto tiempo.
Divagando en la situación en la que me encontraba, sentí la urgencia de separarme de él. De alguna forma, mis sentidos no funcionaban como de costumbre mientras estábamos tan cerca.
– Oye, Mitad–Mitad – no respondió, se había dormido. ¿Cómo puede dormirse con tanta facilidad? Viéndolo así de apacible no me atrevía a despertarlo. ¿Cómo pudo cambiar lo que pienso de él en apenas unas horas?
Intenté dormir, pero no podía; me sentía ansioso. No sé cuánto tiempo había pasado, pero empezaba a sentirme acalambrado. Fue entonces, cuando él comenzó a despertarse.
– Lo siento – separándose de mí. El lugar donde se encontraban sus brazos empezaba a perder calor. – Me quedé dormido – frotándose los ojos
– Sí, eso fue obvio – mi voz escapó más calmada de lo que imaginé. ¿Qué era todo esto?
Chin a chin (poco a poco) se irán sanando esas heridas... Espero estés bien querido/a lector/a.
Dato #16
Me gusta cómo escribí la personalidad de los dos. La serenidad de mi querido Todoroki y la brusquedad de Bakugou.
...
Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario
