Todoroki
¿Por qué su voz se escuchó tan serena? Él no suele hablar; de hecho, solo sabe gritar. De seguro estaba molesto porque me dormí sobre él y debe estar agotado. ¿Qué se supone que deba hacer ahora?
– No fue mi intención incomodarte… – comencé sin saber exactamente cómo continuar – No esperaba quedarme dormido e inconscientemente te abracé como suelo hacerlo con las almohadas cuando duermo y de seguro fue muy difícil para ti no gritarme pensando que aún me sentía mal. – Tenía los ojos muy abiertos. Debía estar pensando como desquitarse de ponerlo en esa situación.
– Oye idiota, ¡¿de verdad crees que no puedo estar algún rato sin gritar?! – me gritó
– Pues… – solo esta palabra provocó chispas en sus manos. No quería que hubiera un enfrentamiento así que decidí alejarme de él. – Debes estar agotado, mejor te dejo para que descanses – alejándome de él, pero en la rapidez, empujé el vaso de cristal que aún conservaba un poco de agua, salpicando al rubio con el líquido. Está de más aclarar que corrí de allí lo más rápido que pude.
Por un momento pensé en tomar el ascensor, pero Bakugou fue más rápido de lo que esperaba, así que me abalancé hacia las escaleras y de nada sirvió hacer barricadas de hielo pues las destruía con bastante facilidad. Había llegado a mi habitación, y cuando intenté cerrar la puerta, el fuerte empujón me hizo caer de espaldas y poco después el rubio visiblemente enojado estaba sobre mí. Y pese a la escena que haría palidecer a cualquiera, pensar que apenas unos minutos atrás estábamos abrazados y ahora él tenía intenciones de volarme la cara, hizo que me encontrara riendo distendidamente.
Y para colmo, mientras más veía las expresiones de Bakugou, desconcertado, más risa me atacaba. Después de un rato de verlo hacer varias caras, empezaba a tener hambre.
– Oye, Bakugou, pesas mucho. Tengo hambre y quiero comer algo. – lo empujé levemente y el hizo el resto del trabajo. – ¿No tienes hambre? – Mientras salíamos de la habitación.
– ¡¿Qué te importa?! – ya había vuelto a la normalidad. Solo tomé unas galletas de la alacena y lo invité a sentarse en el sillón. – Terminemos la película. – Se sentó a mi lado con el ceño fruncido.
– ¿Seguro que no te pondrás a llorar?
– ¿Esa es tu forma de pedirme un abrazo? – acercó sus manos con chispas a mi rostro, pero no parecía enojado sino más bien, indeciso. El sonido de su celular, disuadió sus intenciones asesinas. Poco después lo guardó, y solo se recostó contra el mueble.
Terminada la película, que resultó ser bastanteaste esperanzadora al final, quise preguntarle por qué había elegido esa sobre otras y, tras una respuesta algo confusa, cambió el tema y uno llevó al otro. Para mi sorpresa, si era posible sostener una conversación con Bakugou sin que estuviera vociferando a cada rato.
La noche había caído y ahora nos encontrábamos en nuestras habitaciones. Decidí revisar mi celular, y lejos de leer los mensajes del grupo de la clase, quise conversar con Fuyumi. "El doctor dijo que mamá puede usar su celular una vez a la semana, a partir del lunes y dijo que quería llamarte primero, ¿estás bien con eso?" Me tomó un tiempo analizar el mensaje, pero una vez la ansiedad cedió, no tardé en responderle. "Me encantaría." Ella respondió al instante: "De acuerdo, le diré que te llame el lunes a las 8:00pm" "Gracias Fuyumi". Dejando el celular a un lado. No recordaba la última vez que me sentí tan emocionado.
No tenía sueño y eran alrededor de las 1am. Subí a la azotea con una frizada a ver las estrellas cuando mi teléfono empezó a tintinear insistentemente. Era Bakugou. "Mitad–Mitad, ¿estás despierto?" "Sí. No puedo dormir" "Dormiste todo el día, claro que no puedes dormir" "Buen punto" "¿Por qué no estás en tu habitación? ¿Dónde estás?" "En la azotea" "Voy de camino" Ese último mensaje no lo esperaba, pero no me molestaba la idea.
Seguido de unos pasos, el rubio apareció tras el umbral que daba acceso a la azotea.
– ¿Tampoco puedes dormir?
– ¿Qué no es obvio? – sentándose a mi lado
– Cuando no puedo dormir, me gusta venir a la azotea. Me gusta adivinar cuál constelación puedo ver desde aquí. Como estamos en verano, la de la derecha es Libra – señalándola – debajo de ella está la de Escorpión y creo que a la derecha está la de Sagitario
– ¿Quién pensaría que te gustaba algo más que la soba fría? – mirando el cielo. Escuchando su comentario no había caído en cuenta que n le había contado esto a nadie. Me sentí expuesto. – Eso si es inesperado – No estoy seguro, pero creo haber visto una sonrisa al decir eso. – ¿No has tenido otra pesadilla?
– No. – No esperaba que estuviera interesado. – Pero estoy feliz, lo que sería otra razón por la que no puedo dormir.
– Imagino que debe ser por el regreso de los idiotas mañana – lucía desinteresado
– Aunque ahora que lo pienso, extrañaré pasar tiempo contigo, Bakugou – los ojos del rubio se expandieron, aunque no estoy seguro si fue por lo que dije o porque comencé a acariciar su cabello. ¿Cómo podía sentirlo tan cerca? Siempre había mantenido a los demás al margen, y con él era inesperadamente sencillo estar… me sentía cómodo con él.
– Debe ser mi personalidad. Sin importar cuanto los aleje, siempre vuelven a mí
– Sí, puedo confirmarlo – acomodando la frazada. Ahora que lo pienso, ¿no tenía frío?
– ¿Acaso te estás enamorando de mí? Aunque no te culparía – rebosaba arrogancia
– Ya quisieras – dejé escapar una tímida risa
– Al parecer ya estás de mejor humor.
– Este ha sido un fin de semana extraño. Estoy a mitad de la noche, conversando contigo acerca de constelaciones, sin saber cuál de esas cosas es más extraña – ante mis declaraciones volví a reírme.
– Sí, definitivamente eres extraño, Frío–Caliente
– ¿Sabes que tengo un nombre verdad? – Extendiéndole mi frazada, llevándola a su espalda. Él ni se inmutó.
– Es más fácil identificarte así. – Terminando de acomodar el pedazo de tela a su cuerpo. Seguimos hablando por un largo rato, hasta que mis ojos comenzaron a sentirse pesados, pero fue él quien cedió al sueño primero, apoyando su cabeza en mi hombro. Antes de seguirlo, permanecí un poco más observándolo. Parecía irreal tener al chico más impulsivo dormido a mi costado, tan apaciblemente, y eso no me desagradaba.
Bakugou
No recuerdo haber sido así de cercano con alguien, no siquiera con el idiota de Shitty–Hair. Pero antes de identificar las posibles causas de ello, me sorprendí despierto cubierto con la frazada del Mitad–Mitad, me había quedado dormido. Miré a mi alrededor en su búsqueda, quien se encontraba sentado justo al borde. Lo imité, aun envuelto en su frazada; él me miró con una sonrisa.
– ¿Qué te causa tanta gracia?
– Ah, eres de esos – acomodándose para mirarme de frente
– ¿De qué estás hablando ahora?
– De los que se despiertan de mal humor – volviendo a elevar sus manos a mi cabeza. No estaba seguro de cómo eso me hacía sentir. Volví a quedarme dormido para encontrarme reposando mi cabeza sobre su hombro. Esta vez estaba escuchando música. ¿Habrá logrado dormir? Estuve un rato mirándolo antes de que se girara en mi dirección.
– Hola de nuevo, dormilón
– ¿Siquiera dormiste?
– ¿Preocupado? – No pensé que pudiera hacer una expresión tan pícara
– Ni que me interesara – separándome de él
– Solo dormí un poco. Como te dije antes, me siento ansioso. – Me sentí incómodo. Su rostro ahora formaba una sonrisa tímida. – Ahora que estás despierto, quiero preguntarte algo.
– Adelante
– Debo hacer unas compras hoy, ¿quieres acompañarme?
– ¿Por qué crees que quiero?
– Porque eres buena compañía – subí una ceja – Y se agotó la leche de fresa ayer, y sé que a ti también te gusta. – Desvié los ojos en blanco – Es un hecho entonces. Te veo en la entrada. – Alejándose de mí. Permanecí un rato mirando como el sol se acomodaba cada vez más alto, sin saber si esta calidez provenía de él.
Cuando retomé mi celular, estaba lleno de conversaciones acerca de cómo habíamos estado pasando el tiempo el Mitad–Mitad y yo. No son más que unos extras sin nada mejor que hacer.
Obviando su existencia, como siempre, me encontré con el chico de cabello bicolor, quien estaba viendo su celular. Una vez me acerqué lo suficiente a él, estaba apacible. Me adelanté y él me siguió. Al salir, varias personas se quedaban mirando. De seguro por los recientes eventos, tanto por el Festival Deportivo como por el maldito secuestro. Empezaba a estresarme, pero, el agarre de Mitad–Mitad en mi brazo me calmó un poco.
– ¿Por qué me sostienes?
– Pensé que te haría sentir mejor. Debe ser incómodo tener tantas miradas sobre ti.
– Lo dice quien tiene el cabello bicolor – solo se limitó a sonreír tímidamente desviando la mirada.
No nos dilatamos mucho haciendo las compras, y fue una vez en el lugar que pude apreciar con cual facilidad Mitad–Mitad podía dispersarse; no había visto a nadie tan feliz por ver diferentes versiones de soba fría, ni si quiera podría imaginar que había tanta variedad. Salvo por una breve parada en un templo debido a una maldita tormenta eléctrica, nada más ocurrió.
Una vez en la entrada de los dormitorios, sus ojos desprendían pánico
– ¡Bakugou, olvidé comprar leche de fresa!
– Lo olvidaste tú, idiota – enseñándole los empaques con dibujos de la referida fruta – Esta era la razón por la que salimos y fallaste rotundamente
– Justo por eso te pedí que me acompañaras
– No te acostumbres – esperaba algún gesto de disgusto, pero sonrió tímidamente
– Tal vez lo haga – caminando detrás de mí.
Es noche, para sorpresa de nadie, el grupo en común tenía casi 800 mensajes de los extras, hablando de las idioteces que los extras suelen hablar. Pude ver que tenía bastantes menciones del pelirrojo.
"¿Nos extrañaste, Bakubro?" "No, por supuesto que no" "No lo niegues, Bakubro" replicó el tomacorriente. "¿No fue aburrido pasar todo el fin de semana con Todoroki?" "No tengo que responder sus malditas preguntas" "Lo tomaré como un –sí–" se añadió la cinta pegante. "También te extrañamos, Bakubro" "Aunque algunos te extrañamos más que otros" continuó la marciana rosa "¡Cuenta, cuenta!" añadió la de audífonos "Malditos extras" "¡Reunión del Bakusquad a las 8:00pm en el área común!" escribió Pinky. "Pero, ¿esa no es la hora a la que duerme Bakubro?" replicó el tomacorriente "¿Podrás permanecer despierto tan tarde? ¿No arruinará tu sueño de belleza?" "Voy a destruirte, intento de Pikachú". Aventé mi celular contra mi cama, antes de que terminara en pedazos si seguía leyendo.
Esa noche, fui arrastrado a pasar tiempo con el cuarteto de idiotas que no paraban de contar lo que habían hecho durante el fin de semana, como si me importara. En especial, Shitty–Hair, quien se la pasó recostado de mí, tan tarado como siempre. Eran las 11:pm y estaba más que exhausto, no por la hora, sino por tener que aguantar tantas estupideces en tan poco tiempo. Mi energía había sido drenada hasta su límite.
Una vez el pelirrojo se despidió de mí con un abrazo que no esperaba, me detuve frente a mi puerta al escuchar la voz monótona del más denso de la clase. Estaba hablando con el maldito nerd mientras le sonreía. Verlo mostrarle esa expresión a la cual había atribuido solo a hechos aislados en los últimos días, me incomodó. Me sentí intranquilo mientras estuve sosteniendo el picaporte de la puerta, hasta que decidí a dónde debía ir para desprenderme de esta pesadez.
Estaba de pie frente a su habitación, y hesité un momento. Yo no suelo dudar en lo que quiero hacer. ¿Qué me estaba pasando? En un impulso, toqué su puerta con más brusquedad de la que esperaba. El chico de cabello bicolor abrió la puerta, somnoliento, y yo no tenía claro por qué estaba de pie frente a él.
– ¿Por qué tardaste tanto?
– Estaba durmiendo – bostezó – ¿Necesitas algo?
– No… – respondí. Me sentía como un idiota ahí
– Buenas noches – cerrando la puerta. ¿Para qué diablos hice eso?
Me dejé caer en mi cama, pensando en lo alterado que estaba el horario al que había estado acostumbrado como para que, a pocos minutos de la media noche, no alcanzara dormir. Pero mi insomnio no era a causa de sueño, sino a otras cuestiones. No podía dejar de pensar en el idiota de doble don. ¿Por qué me presenté en su habitación? ¿Qué esperaba de él? Supongo que resultó que estaba tan adormilado que no se molestó en ahondar sobre mi presencia frente a su puerta.
Tenía mi brazo sobre mis ojos, cuando el toque insistente a mi puerta me incorporó de un respingo al borde de mi cama. Me abalancé contra la puerta dispuesto a destruir a quien estuviera del otro lado, pero me detuve al verlo de pie, frotándose los ojos.
– ¿Me vas a dejar pasar? – no esperó mi respuesta y me hizo a un lado. Se recostó en el extremo derecho de mi cama, y se acomodó bajo mis cobijas. Esa fue una de las escenas más inusuales que había pensado jamás, pero haciendo un breve recuento de lo que había ocurrido los pasados dos días, no era tan irrazonable. – Buenas noches, Bakugou
– Como sea – cerrando la puerta, recostándome, para su suerte, en el lado de la cama al que estaba habituado a dormir. Él ya se encontraba durmiendo. Era increíble la facilidad con la que podía hacerlo sin dificultad. Estuve un rato mirando su cicatriz, pensando en que, de alguna forma, sería extraño imaginarlo sin ella. Es como si fuera una cicatriz de guerra, y eso nunca quedaba mal.
Tuve un sueño muy extraño. Pinky había escrito en el grupo para saludar "al más guapo de la clase" y todas empezaron a mencionar a Mitad–Mitad. La uva comenzó a protestar, refiriéndose a él como "Scarface" y yo solo pensé en aventarlo por la ventana. El muy infeliz sobrevivió a la caída, pero me sentía incómodo. No quería que nadie se acercara a él.
Con los remanentes de lo que sea que pasó por mi cabeza mientras dormía, fui el primero en despertarme. Estaba agotado pero mi reloj estaba habituado a que estuviera despierto para las 6:00am. Él, obviamente seguía durmiendo así que decidí despertarlo. Debía ir a su habitación.
– Despierta – agitándolo
– No gracias – abrazando la almohada
– Saldré a correr
– Me alegro por ti... Creo en ti... – balbuceó
– ¿Qué?
– Hablas demasiado – incorporándose. El lado blancuzco, del que había estado recostado, estaba revuelto. – Vamos.
– No te pedí que me acompañaras
– ¿Por qué hablas tanto entonces? Volveré a dormir
– Tienes diez minutos. – Y justo eso era lo que me tomaba para estar listo en la entrada. Al poco tiempo, Mitad–Mitad también se presentó, más animado.
– ¿Sabes qué es peor que ser el último en la clase? – No le respondí. Seguro debía estar delirando. – Perder contra mí – y corrió delante de mí.
– ¡Eres un idiota! – corriendo tras él
Dato #17
Me fascina este par. Tan diferente y tan lindo. Me gustan los momentos fluffy con ellos. :3
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