Todoroki

Cuando llegamos de correr, se escuchaba un murmullo considerable. Kaminari se acercó a Bakugou para preguntarle a dónde estábamos y sin entender qué le molestó de la pregunta, lo empujó con su habitual actitud. Algo similar pasó con Kirishima, salvo que éste solo se llevó un "quítate de mi camino". ¿Seguiría molesto por que le gané en la carrera?
– ¿En serio tenías que congelar mis pies?
– Lo que sea para ganar – subiendo las escaleras.

Al llegar a clases, el profesor Aizawa nos organizó en pares al azar y, mi compañero resultó ser, ni más ni menos que Bakugou. Fuimos los últimos en enfrentarnos.

Comencé con la muralla de hielo que me servía para retenerlo mientras pensaba en alguna estrategia para enfrentarlo. Sin embargo, de la nada, escaló el gran muro y se abalanzó contra mí en una espiral de humo desde arriba, lo que generó una fuerte ráfaga de aire que me dejó disperso. No podía verlo, pero sabía que había aterrizado, por lo que congelé el suelo al instante. Una vez el humo se disipó, no estaba a la vista. Un fuerte golpe que me ancló al suelo me hizo percatarme de que se encontraba sobre mí. Logré zafarme de su agarre con una barrera de fuego que, lejos de intimidarlo provocó una mayor expansión de una de sus explosiones. Así estuvimos por al menos quince minutos, donde ninguno quería ceder. Todo ese tiempo en el que habíamos estado entrenando había provocado que conociéramos nuestros puntos débiles y límites.

En un momento cedí ante el frío de mi lado derecho, debido al sobre uso de ambos lados, no podía equilibrar la temperatura de mi cuerpo con la misma rapidez. Eso le dio una brecha para acercarse a mí, pero como sabía que también estaba agotado, alcancé a anclar sus pies al piso antes de perder el conocimiento. El resto fue oscuro.

Desperté en la enfermería con apenas algunos vendajes. A mi lado, se encontraba Bakugou, inconsciente pero su piel resplandecía con un leve color rojizo. Me acerqué a él un poco adolorido para confirmar que ese trataba de fiebre. Su rostro se retorció con una expresión de dolor. Rápidamente, acerqué mi mano derecha a su frente y poco a poco disminuí la temperatura, mientras la izquierda sostenía su mano. Su expresión se estaba suavizando y yo solo quería estar ahí, viéndolo dormir.

Poco después me desperté a su lado, para encontrarme con sus ojos, aun sosteniendo su mano. Permanecimos mirándonos lo que a lo mejor fueran unos cuantos segundos antes de que fuéramos interrumpidos por Recovery Girl. De camino al dormitorio, se quejaba de que, antes de que se desmayara, había quedado en empate.

– Esto no es nada que otro encuentro no arregle. No te molestes tanto. – intentaba calmarlo. Pero el encuentro no pudo ocurrir pues nuevamente nos encontrábamos recibiendo exámenes parciales. Durante este tiempo no pudimos hacer más que intercambiar breves palabras en los pasillos, bueno Bakugou me gruñía cada vez que podía, pero luego entendí que esa era su forma de comunicarse. Empezaba a extrañarlo.

Últimamente había estado recordando al mayor de mis hermanos, o lo poco que recuerdo de él. Cuando mucho en mis recuerdos solo está la imagen de alguien con severas quemaduras y destellos de llamas que envolvían su cuerpo. A diferencia del desquiciado del viejo, Fuyumi y Natsuo, no podían olvidarse de él, en especial el tercero de nosotros; ambos hermanos eran muy unidos, según me llegó a contar. La muerte de él en ese incendio de seguro fundó los cimentos de lo que originaría mi cicatriz y el internamiento de mi madre en el hospital psiquiátrico. Nuevamente comenzaba a sentirme pesado.

Y, como si de una invocación se tratase, esa noche recibí un mensaje de mi estúpido viejo. "Responde tus mensajes, Shoto" "Eres la última persona con la que quiero hablar" "Esa no es forma de referirte a tu padre. Pensé que ya habías superado tu etapa rebelde." "¿Qué quieres?" "He sabido que has estado en contacto con tu madre y me preocupa que eso altere tu desempeño. Tu contacto con ella está suspendido hasta nuevo aviso." "¡No puedes hacer eso! ¡Ella no es de tu propiedad!" "Tienes cosas más importantes en las que concentrarte, no puedes tener más distracciones. Esto es para mejor." Estaba entrando en cólera. No tenía derecho a disponer de su vida así, sin más. "Siempre la has tratado como si no fuera nada, ¿y ahora te refieres a ella como una distracción? ¡Estoy harto de ti como nos tratas! Después de nueve años sin saber nada de ella, ¿ahora quieres volver a alejarla de mí? ¡Ella está en esa situación por tu culpa! ..." Mi corazón latía tan rápido que estaba aturdido.

Ni siquiera pude terminar la conversación. Apenas había podido hablar con mi madre dos veces las últimas dos semanas y ahora ya no podría hacerlo. El aire empezaba a faltarme y los latidos retumbaban con fuerza en mi pecho; estaba perdiendo el conocimiento. Con dificultad tomé el celular y le marqué al primero contacto que había en la lista de "Salientes" sin respuesta. Me recosté con mis brazos apretando mis rodillas en posición fetal en el suelo mientras la ansiedad no hacía más que aumentar.

Bakugou

Estando en el área común con el cuarteto de idiotas de siempre, recibí una breve llamada del Mitad–Mitad y un mensaje incomprensible. Me tomó un momento descifrarlo, pero, una vez lo hice, me encontraba de pie en las escaleras, ignorando los gritos de los cuatro idiotas desde el sofá.

La puerta de su habitación estaba ligeramente abierta, y él estaba recostado en la alfombra, con la mirada perdida, sosteniendo sus rodillas en posición fetal.

Él no había bajado a cenar. Como me había contado unos días atrás, siempre esperaba los lunes para llamar a su mamá, y es probable que el actual estado en el que está esté relacionado con eso. Me acerqué a él cuidadosamente, pero no reaccionó a mi presencia. Pensé que era muy amigo del maldito de Deku, ¿dónde estaba ese nerd?

Una vez más cerca, escuché que tenía dificultad para respirar. Hesitando, me acomodé a su lado, agradecido de haber cerrado la puerta al entrar, y lo tomé por los hombros:

– Si le cuentas a alguien de esto, te mato – lo amenacé sin estar seguro de que comprendiera lo que dije. Lo recosté en mi pecho, asegurándome de que pudiera escuchar mis latidos. – Intenta sincronizar mi pulso con el tuyo. – él me rodeó con sus brazos torpemente; era como si en cualquier momento fuera a romperse. Mis manos frotaban su espalda, y podía sentir cómo los jadeos iban disminuyendo. No sé cuánto tiempo había pasado cuando un "gracias" apenas audible llegó a mis oídos. Él levantó la vista y tenía los ojos rojos, hinchados. Su rostro estaba tan cerca que su aliento movía ligeramente mis pestañas.
– Perdón por alarmarte – separándose de mí.
– Como sea.
– No me di cuenta del último mensaje que envié. Entre en pánico. Quería llamar a Midoriya, pero al parecer fuiste la última persona con la que hablé – pensar en que no fui su primera opción me hace sentir un incómodo.
– No importa. – Permanecimos en silencio, mirando la alfombra.
– ¿Puedo pedirte un favor?
– No garantizo que lo haga
– Escríbele a mi hermana. – Extendiéndome su celular sin mirarme. – No creo poder hacerlo. Una vez lo tomé, pude ver que había al menos treinta llamadas y cientos de mensajes de sus hermanos, incluyendo un "Estúpido Viejo".
– ¿Qué hago con los mensajes que imagino son de…?
– Bloquéalo. – interrumpió con un tono cortante. Y así hice.

Procedí a comunicarme con el par. "No soy 'Shoto', soy uno de sus compañeros de clase." "¿Cómo está él?" preguntó la chica "Está estable, más calmado. Dice que les escribirá más tarde." "Comunícale que esperaremos su llamada" respondió el otro peliblanco. "Entendido." "Por cierto, es sorprendente que Shoto se mostrara frágil con alguien más. Deben ser muy cercanos. ¿Cuál es tu secreto?" Mi pulso se aceleró involuntariamente. "Supongo que soy la mejor persona que conoce." "Wow, eso sí es modestia, pero parece ser cierto. ¿Tienes nombre?" "La estupidez es genética en esta familia y sí, es Katsuki Bakugou." "Bien Bakugou, es un gusto saber que nuestro hermanito tiene a tan preciadas personas cerca de él." replicó Fuyumi. Otra vez esta incomodidad en el pecho. "Sí, supongo." Concluí.

Luego de al menos una hora, me aseguró que estaba más tranquilo por lo que me fui de su habitación.
– Y, Bakugou – de pie en la puerta – gracias, de nuevo. – Me alejé con un ademán desinteresado para oír la puerta cerrarse pocos segundos después. Mi pecho se sentía cálido, como si aún estuviera recostado en él. Qué sensación tan extraña.

A la mañana siguiente, el Mitad–Mitad se sentó a mi lado mientras desayunaba, sin pronunciar palabra. Luego me mostró su celular, y se recostó en el desayunador. Genial, ahora era su asistente personal. "¿Cómo está nuestro hermano?" "Está bien, tan inexpresivo como siempre." "Quiero saber más de ti, Bakugou" escribió el hermano mayor. Eso me tomó desprevenido, y de nuevo, sentía el pecho apretado. "Pues yo no estoy interesado." "El primer amigo cercano de Shoto. Estoy muy feliz por él." "Son muy patéticos. Como sea, ya se nos hace tarde. Hasta nunca." "Hasta van a clases juntos" alcancé a leer antes de pasarle el aparato al estoico Mitad–Mitad.
– Tus hermanos son tan o más idiotas que tu
– Yo creo que les caes bien – caminando tras de mí. ¿Hasta cuándo iba estar con esta incomodidad inexplicable en el pecho?

No estoy seguro de cómo o cuando comenzó, pero con frecuencia, el Mitad–Mitad se aparecía en mi habitación para dormir. Si tenía una, ¿por qué venía a la mía? Pero era imposible discutir con alguien que se dormía con tanta facilidad. Como escarmiento, me gustaba levantarlo a las seis para obligarlo a correr conmigo, y cada vez ocurría lo mismo:
– Levántate, ya son las 6 – mientras pellizcaba uno de sus pómulos
– Son las 6 – gruñó.
– Sí, justo por eso. Vayamos a correr – apretando aún más su pómulo
– ¿Esto será así cada vez? – quitando mi mano – Cinco minutos más
– No – volviéndolo a molestar. A veces podía verse muy infantil. Sin resultados, decidí levantarme, pero sus brazos me rodearon y un escalofrío me recorrió el cuerpo.
– Ya, no voy a insistir. – intentando liberarme de él, pero me hundió en la cama. Me giré hacia él, y ahora estaba más cerca de mí, aferrado a mi cintura. ¿Cuándo esto se volvió algo cotidiano? Dando un vistazo más detallado a su rostro, pude ver que estaba sonriendo. Había conseguido que me quedara con él. Su agarre era cada vez más apretado y la sonrisa se hacía más amplia. Y antes de poder hacer algún movimiento, estaba en el suelo y él estaba encima de mí. Ante el golpe, levantó la vista y su rostro estaba muy cerca. Me empezaba a sentir agitado y con dificultad para respirar, de seguro resultado de que estuviera apoyado en mi caja toráxica.
– Tus pestañas son muy largas
– Al menos yo tengo lo ojos del mismo color
– Como el todo el mundo
– No tengo la culpa de que seas anormal
– No soy anormal, soy de edición limitada – me sonrió. ¿Quién iba a pensar que comentaría algo tan audaz? – Vayamos a correr. – Incliné mi cabeza hacia atrás ara ver que eran las 7:10 am. Debíamos prepararnos para ir a clases.
– Claro que no, ya es muy tarde. Debes ir a tu habitación a cambiarte. Además, pesas demasiado – Dicho esto, se levantó luego de hacer una mueca.
– Nos vemos en clase, Bakugou. – saliendo de mi habitación. Yo estuve unos minutos más sentado en el suelo. ¿Por qué dejaba que todo esto ocurriera?

Ese día, durante el almuerzo con el cuarteto de estúpidos, no pude ver al inestable de Mitad–Mitad por ningún lado, así que decidí escribirle, en caso de que hubiera tenido otro episodio. "¿Dónde estás idiota?" "En la cafetería con el Dekusquad. Puedo verte desde aquí con el Bakusquad." "Con razón no te vi, procuro obviar al nerd. Veámonos después de clases." Sorprendido de mi impulsiva petición. "¿Me extrañas?" Y ya me había arrepentido. "Olvídate de lo que escribí" "Nos vemos luego en el edificio de ciencias." Replicó.

Estuve esperándolo por al menos diez minutos. ¿Me habrá tomado la palabra? Espero que no, porque a menos que no sepa leer, creo que acordamos en reunirnos, aún sin tener muy claro para qué. Poco después, se estaba acercando a mí:
– ¿Qué te tomó tanto tiempo?
– El Prof. Aizawa me informó que el idiota de mi viejo intentaba comunicarse conmigo sin éxito.
– ¿Lo llamaste?
– Claro que no. No vale la pena. – girando su cabeza a un costado. – ¿Qué hacemos aquí?
– Vayamos al dormitorio y te explico – mientras pensaba en alguna excusa. Me sentía tan tonto ahora.
– ¿Querías que te acompañara? – apoyándose de mi hombro
– Eres demasiado lento – alejándolo de mí, pero él no dejaba de sonreír. Le pedí que se cambiara de ropa, pues con el uniforme llamaríamos demasiado la atención. Una vez nos encontramos en la entrada, salimos del recinto.

– ¿A dónde vamos?
– Cuando lo veas, sabrás de qué se trata – no quise darle detalles.
– ¿Es esto a lo que llaman una cita?
– Eso es lo que tienen las parejas, idiota.
– ¿Y qué somos nosotros? – la pregunta me tomó desprevenido y no tenía ni la mejor idea cómo responder.
– Compañeros de clase, idiota – divagué
– Eso ya lo sé
– Me alegra que admitas que eres un idiota – frunciendo su ceño, pero el puchero siguiente que hizo, me pareció demasiado patético que no pude evitar reír. Era poco común que mostrara emociones, pero, cuando lo hacía, parecía alguien más.

Todoroki

Sé que somos compañeros de clase; rivales cuando entrenamos incluso, pero, ¿por qué me pidió que lo acompañara, a no sé dónde, sobre el resto? No me desagradaba su compañía, pese a que solo se refería a mí con apodos, pero ya no gritaba con tanta frecuencia y, eso era agradable.

Caminamos por al menos diez minutos, hasta un restaurante de ramen. Había escuchado antes acerca de esta cadena de comida picante; Natsuo una vez nos contó a Fuyumi y a mí cómo había perdido una apuesta con sus compañeros de la universidad; estuvo con irritación en la boca y garganta por al menos tres días… Esto me daba un mal presentimiento.

Entramos y tomamos un asiento lejos de la ventana. Bakugou fue quien pidió lo que íbamos a comer. Y por su sonrisa tras entregar el menú, estaba seguro que iba a sufrir. Lo mire disgustado.
– No pienso probar bocado – advertí
– Oh sí, claro que lo harás. – Apoyándose en la mesa para estar más cerca de mí – Esto es por no dejarme entrenar esta mañana – concluyó con una macabra sonrisa.
– Esto claramente no es una cita, es una tortura – su sonrisa se hizo más amplia.

La camarera regresó con dos grandes tazones, cuyo vapor era lo suficientemente picoso como para que mis ojos se irritaran, mientras que Bakugou, por otro lado, ya había empezado a engullir los tallarines. Él ya había acabado al tiempo en que, con dificultad, había dado creo que tres bocanadas como mucho. Sentía que tenía el infierno en mi boca y él estaba disfrutando de mi agonía. No pude más después de la quinta bocanada, ya no sentía la lengua. Alejé el plato casi lleno lejos de mí y me recosté en la mesa.

– Bakugou, mañana iremos a un sitio que me gusta a mí
– Como quieras
– Ahora quiero comer helado. La boca me arde demasiado. – indiqué y eso le provocó una sonora risa. Estaba disfrutando de todo esto.

Lo pensaré dos veces antes de retenerlo en las mañanas… ¿Eso significaba que esto se convertiría en una rutina para ambos? O quizás la pregunta sea, ¿cuándo esto se convirtió en algo natural para ambos?

Bakugou

Como era de esperarse, esta especie de convivencia con el bicolor no pasó desapercibida por los extras de la clase y los mensajes en el grupo era evidencia de eso, encabezado por la batería andante; "Así que: Bakugou puede reír, Todoroki es un comediante accidental, son amigos y salen juntos, ¿algo más que añadir?" "Eso si es inesperado" escribió Shitty–Hair "¡Chat del Bakusquad ahora!" pidió la alienígena. ¿Por qué les seguía hablando a estos extras?

Y es una vez allí que tanto el tomacorriente como la dispensadora de ácido alternaban mensajes: "¿Desde cuándo tú y Todoroki son tan unidos?" comenzó Pikachu. "Sí, son casi inseparables." "¡¿Quiénes son ustedes para darles explicaciones?!" "Solo queremos saber" "No pasa nada, imbéciles" "Dejen de presionarlo, él puede tener otros amigos aparte de nosotros" ¿Desde cuándo la de audífonos estaba en este grupo? "Pero, ¿Todoroki sobre el resto?" "¡¿A qué se refieren con eso?! Yo he visto al idiota de Pikachú hablar con el zombie de la clase 1–C y a él no lo interrogan." "Ese es otro tema" se incorporó la cinta. "¡Métanse en sus malditos asuntos, extras!" "Es solo que te extrañamos, Bakubro" escribió al fin el pelirrojo. "Tengamos una pijamada e invitemos a Todoroki" escribió el pararrayos "Hagan lo que quieran. No asistiré." "Ya vendrás" aseguró y yo apagué mi celular. Sentía la urgencia de explotarle la cara a alguien. Esa noche, al parecer se ofreció un candidato.

La puerta de mi habitación era azotada con insistencia. Al abrirla, me encontré con Shitty–Hair menos sonriente que de costumbre.
– Será bueno convivir con tu nuevo amigo, ya que son tan cercanos
– Mitad–Mitad y yo no somos amigos cercanos
– Ni siquiera lo nombré, y ya sabes de quien hablo – mi ceño se frunció
– Púdrete – iba a cerrarle la puerta en la cara, pero me detuvo – Será solo por esta noche. Además, casi no compartimos tiempo juntos. – Había algo en su tono de voz que transmitía… ¿tristeza? Accedí de mala gana, solo para que se recostara en mi hombro camino a la sala común.

Una vez allí, estuvimos jugando ese estúpido juego llamado Monopoly, en el cual, el Mitad–Mitad era bastante bueno. En un momento, las cosas se salieron de control y él congeló los pies del tomacorriente al suelo. Fue satisfactorio ver la cara de pánico mientras se quitaba los trozos de hielo. Pero, uno de ellos rebotó en mi frente haciéndome una pequeña cortada. Eso hizo que ahora fuera el heterocromático el que se riera. Me acerqué a él con intenciones de hacerlo explotar y pude sentir como los extras se alejaban de nosotros, pero, con su inexpresivo rostro solo se limitó a llevar su mano a mi cabello. ¿Cuándo había sido la última vez que convivía con alguien más además de mí?

Recordando la última vez que ocurrió un estrago, lo dejé pasar y volví a mi asiento. Los otros aún mantenían la distancia, y era lo más inteligente que podían hacer.

Una vez estuvo exhausto de estar con el resto, Mitad–Mitad se despedía de mí, pero yo también estaba harto de estar ahí, así que ambos nos fuimos. Sin embargo, su expresión era extraña.
– Oye, ¿estás bien Mitad–Mitad?
– Sí… Solo quiero dormir. – siguiendo el camino al siguiente piso. Su tono de voz era distante, pero, debía estar cansado.

O eso hubiera querido que fuese el caso.


Capítulo bastante laaaaaargo...

Dato #18

Me gusta pensar que debajo de toda esa apatía, Bakugou refugia un tierno corazón, y eso es justo lo que quise reflejar.

...

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