Kaminari
Desde que Bakubro y Todoroki se distanciaron, incluso el clima en la clase, pareció tornarse gris. Era incómodo estar con n Bakugou que ni siquiera gritaba como antes, de hecho, se veía triste, lo que nos afectaba al resto del Bakusquad, siendo más evidente en Kirishima. Él es muy cercano a Bakubro, y ni si quiera eso era suficiente para limar los conflictos entre ambos chicos cuando discutían del humor del referido.
Estaba de camino al dormitorio cuando, desde una de las ventanas, me detuve a verlos. Era muy triste escucharlos discutir, aún más si Kiribro se esforzaba tanto en hacer sentir mejor a nuestro amigo.
– Pensé que solo me espiabas a mí – la voz de Shinso me asustó
– ¡¿Por qué no saludas como la gente normal?! – Solía sentirme extraño cerca de él. Siempre debía estar a la defensiva pues no sabía cuándo cómo iba a usar conmigo sus juegos de palabras para confundirme.
– Como habrás notado, no soy muy social. Así que siéntete afortunado. – colocándose frente a mí, viendo a los chicos – Creo que a tu amigo le gusta el explosivo – comentó. Aunque eso es obvio, digo, son amigos. A mí me gusta estar con ambos, al menos antes de que las cosas se tornaran tan hostiles.
– Claro, siempre andan juntos, son muy buenos amigos.
– No me refiero a eso. – Mirándome divertido. De seguro me iba a molestar. – El pelirrojo tiene un interés romántico en el explosivo – por alguna razón mi cara se sentía caliente – ¿Qué? ¿Tú también? – acercándose a mí.
– ¡N-no...! ¡Claro que no! Es extraño que a un chico le gusté otro – sin estar seguro de lo que dije
– ¿Así que eso piensas? – su tono de voz se escuchó distante. – ¿Sabes?, recordé que tengo algo que hacer. Hablamos luego. – Se alejó de mí, dejándome aturdido, pero no era eso lo que me molestaba.
¿Por qué dije eso? ¿Habría algún problema si fuera cierta la atracción de Kirishima por Bakugou? Otra vez mi boca se había movido más rápido que mi cerebro, si era que tenía uno.
Esa noche, estuvimos en la habitación de Serobro junto con Mineta. Invitamos a Kiribro y Bakubro para tener una noche de chicos y poder presumirle a Mina que no era la única que podía organizar pijamadas con las de su mismo género, pero ambos chicos se negaron a estar con nosotros. Ambos habían estado distantes del resto; de hecho, era Kirishima quien intentaba acercarse a Bakugou sin éxito. Desde que Todoroki y éste último habían dejado de hablarse, las cosas se habían vuelto complicadas. Y, para colmo, el comentario de Shinso no salía de mi cabeza. ¿Qué tal se existía una atracción entre los chicos? ¿Qué pensarían los demás? Dos chicos juntos es considerado un tabú…
– Quisiera saber qué le ven las chicas a los apáticos – dijo el pelimorado, trayendo golosinas y palomitas consigo
– ¿A qué te refieres? – indagó Serobro llevándose un dulce de regaliz a la boca
– Al que parece dormir dos horas al día de la clase 1–C; es un imán para las chicas
– ¿Shinso? – indagué
– ¡Sí, justo de él estoy hablando! – se veía molesto – Pasas mucho tiempo con él. ¿Sabes por qué rechaza a cada chica que se le declara?
– ¿De verdad? No sabía que era así de popular.
– ¡En serio! Compite con "tengo dos dones" de nuestra clase. Aunque tengo ciertas sospechas acerca de él…
– ¿De qué hablas? – pregunté
– ¿A caso no te has dado cuenta? Aunque tu no sueles ser el más perspicaz de la clase – dando un largo trago a su gaseosa – Creo que tiene otro tipo de preferencias
– ¿Podrías ser más claro? ¡Deja de hablar en clave, Mineta! – protestó Sero
– Les daré unas pistas más cercanas que a lo mejor puedan identificar. – Colocándose de pie, solo así podía estar a la altura de nuestros ojos, mientras estábamos sentados en el suelo. – ¿No creen que el interés que muestra Kirishima por el explosivo de Bakugou es demasiado abnegado? No sé, como si estuviera interesado en él, y no necesariamente como un simple amigo – y las sospechas continuaban
– Ellos han sido muy cercanos desde el inicio – argumentó Sero
– Eso no me convence. El pelirrojo a veces lo mira de forma peculiar, ¿o me van a negar que no es muy cursi cuando dice a cada rato lo "masculino" que es el explosivo incluso al refunfuñar por todo y todos? – espetó en tono burlón – No hay peor ciego que el que no quiere ver
– ¿Y qué tiene que ver eso con Shinso? – indagué
– Qué a lo mejor tenga esos mismos gustos– creí que mi corazón explotaría por la impresión. ¿Por qué me sentía tan agitado? ¿Lo habría ofendido con mi comentario? – Yo que tú no andaría tanto rato con él, si no quieres que piensen lo mismo de ti. – No pude responder. Me sentía aturdido. No pensé que Mineta se refiriera tan despectivamente a personas con preferencias distintas. Estaba aturdido.
– Un héroe debe abogar por la inclusión y un mundo mejor para los demás, sin importar sus gustos. Ese comentario no está bien, Mineta.
– Solo expreso mi opinión y una hipótesis, nada confirmado. Además, eso me conviene. – Llevándose varias palomitas a la boca - Mientras menos competencia, mejor. – Volviéndose a acomodar en su lugar. El resto de la noche no quise jugar. Solo me mantuve viendo cómo Sero perdía una y otra vez contra el pelimorado.
Esa noche, se me hizo muy difícil dormir. Solo pensaba en las palabras que les había dicho a Shinso, probablemente alimentadas inconscientemente por el desdén de Mineta. Me sentía pésimo. Si bien no podía asegurar que ese era el caso de Shinso, pudo sentirse tan ofendido como Sero cuando le cuestionó que esa no era la forma más idónea de pensar para un héroe. Sin embargo, y para ser sincero, no podía desmentir que sus brutales palabras resonaran en mí... Sin querer darle más vueltas al asunto, concluí en que solo había una forma para quitarme este peso de encima: debía hablar con Shinso a como dé lugar.
Shinso
Esa noche fui derrotado por completo por Aizawa; no debí acceder a entrenar con él, no estaba en mi mejor estado emocional. Las palabras de Kaminari eran como un taladro en mis oídos, y algo peor que eso, era la expresión de repulsión que había hecho. La jaqueca me estaba matando. Esa noche tampoco alcancé a comer gran cosa. Por primera vez en mucho tiempo, solo quería dormir y olvidarme de todo.
A la mañana siguiente, me reuní con mi tutor muy temprano luego de acatar lo que indicaba el mensaje que me había enviado. Tenía el mal presentimiento de que me iba a reprochar mi pésimo desempeño la noche anterior, a lo mejor alegando que no me tomaba en serio la oportunidad de ser admitido en el curso de héroes.
– ¿Por qué estabas tan decaído anoche?
– Tuve un mal día, eso es todo... – espero haberlo convencido
– ¿Recibiste algún comentario acerca…?
– ¡No!, Nada de eso. – lo interrumpí. De seguro estaba haciendo referencia a lo que decían de mi don en secundaria, que era perfecto para un villano; pero ese era un tema que ya había superado. – A lo mejor algo me cayó mal. Eso es todo.
– Sabes que estoy a 2km o una llamada de distancia. Hizashi también está disponible si necesitas hablar con él. – Rara vez tenía esa voz tan apacible conmigo. Debí haberlo preocupado.
– ¿Seguro que no tiene que ver con algo más? No sé, ¿confesiones? – sentí mis ojos expandirse. ¿Cómo había llegado a esa conclusión?
– Nada que ver. Esto no es nada que un día de reposo no arregle
– Si querías un día libre, solo tenías que decirlo. De nada sirve entrenarte si estás tan decaído. – Llevando su mano a mi cabeza. – Hablamos luego. – Alejándose de mí. A veces pensaba que me veía como un gato, y por eso me trataba como uno.
El resto del día estuve distraído. Por suerte, no tuve ningún tipo de actividad física. Solo tenía deseos de dormir… Creo que me estoy convirtiendo en mi tutor. Mi cara se arrugó al pensar en eso.
A su vez, algo curioso que había comenzado a ocurrir es que, lejos de asustar a los demás con mi don, parecía haberme vuelto más ¿popular? Al menos con las chicas. Las confesiones estaban aumentando y yo estaba adquiriendo la fama de rompecorazones; incluso llegó a los oídos de él. Ahora debe pensar que mi pésimo desempeño debía ser por una decepción amorosa.
Ese día, como había ocurrido en otras ocasiones, recibí una carta donde era citado detrás del edificio de Biología. Asistí por pura cortesía, pues la respuesta siempre sería la misma pero esa vez, quise hacer algo distinto. Al llegar, me di cuenta que se trataba de una chica con cuernos de cordero, acompañada de dos de sus amigas. Ella se acercó tímidamente a mí, y yo me preguntaba si les parecía intimidante pues ni siquiera me miraban a los ojos. Y así parecía, pues no se atrevía a musitar palabra. Así que fui yo quien rompió las tensiones.
– ¿Tienes algo que decirme? – la pregunta tomó desprevenida a la chica, pero al menos la motivó a hablar
– Desde hace un… un tiempo me has… gustado, Shinso y quería saber si… ¡aceptarías mis sentimientos! – diciendo esto último pude notar que sus ojos desprendían ese brillo que lograba ver en los ojos de Aizawa y Hizashi cuando hablaban entre sí. Me pregunto cómo se sentirá ser correspondido… Sin embargo, me temo que eso era algo que ella no sería capaz de experimentar conmigo.
– Estoy halagado, pero lamento informarte que no puedo. – Respondí secamente. Había algo que se repetía en este tipo de situaciones, y era la tenacidad y valentía que mostraban en cada una de las confesiones; unas más decididas que otras, pero, con la misma determinación. Ya quisiera ser así de valiente para enfrentarme a él… Aunque luego de lo que había dicho, no creo que fuera capaz. Sin embargo, en ese instante, fue como recibir una epifanía.
– Antes de irte, quisiera que me respondieras una pregunta – ya que había empezado, debía continuar. – ¿Qué te motivó a hacerme esta declaración? – la expresión de las tres chicas era de asombro. ¿Habré tocado una fibra muy sensible?
– Bueno… – la expresión de la chica se relajaba mientras tomaba aire – Creo que vale la pena expresar lo que sientes, aun no seas correspondido pues, eso te libera. – Y a las pruebas me remito. Una vez se desprendió del peso de confesarme sus sentimientos, ella se veía y escuchaba más relajada.
– Sí. Eso creo… – condescendí.
Esa tarde salí a caminar por los alrededores de los dormitorios antes del toque de queda con Monoma. Habíamos empezado a convivir luego de que nuestras clases entrenaran con frecuencia.
– ¿Cuántas van?
– ¿De qué hablas?
– ¿Cuántas féminas van en tu contador de chicas rechazadas?
– ¿Desde cuándo estás interesado en mi vida amorosa?
– ¿Sabes qué? A veces es un fastidio hablar contigo. Solo respondes con preguntas. – Era tan fácil molestarlo que no podía reír descaradamente en su cara. – Eres un idiota
– Considerando los resultados de aquel mítico test en línea de cuál es tu tipo de don, yo que tú, pondría en práctica técnicas de relajación.
– Los resultados de un estúpido test en línea creado por unos idiotas no van a definirme – su resultado describió que su don ideal era "rabia" – Y no me cambies el tema, ¿crees que algún día encuentres a la indicada? – No. Pues no sería un "ella" sino "él"
– Solo el tiempo lo dirá – y en la distancia pude ver a Kaminari, caminar al lado del chico dispensador de cinta. Creo que su nombre era "Sero". Al vernos, se acercaron a nosotros.
– Hola chicos – saludó el más alto de los dos.
– Hola, Kamina… – fui interrumpido
– Miren a quien tenemos aquí, a los insulsos del curso 1–A – ya empezó este con lo mismo. – ¿Qué hacen en estos rumbos en vez de estudiar como los mejores que son?
– Monoma, supéralo – colocando mi mano en su hombro.
– Ellos son unos …– y se detuvo en seguida. Tuve que usar mi don en él, puesto que Kendo no estaba cerca.
– Dirígete a tu habitación y descansa hasta mañana. – Acatando mis órdenes, se alejó de nosotros. – Lamento eso.
– Estamos acostumbrados a sus comentarios – comentó despreocupado el pelinegro
– Serobro, ¿podrías darme un momento con Shinso? – mi corazón dio un vuelco ante la impronta.
– No hay problema, Kamibro. Te veo en el dormitorio. Nos vemos luego Shinso – alejándose de nosotros
– ¿Kamibro? – pregunté para disipar mis nervios
– Es como solemos llamarnos. Ni siquiera sé cómo o cuando comenzó – podía quedarme viendo esa sonrisa toda la tarde, la noche y los días siguientes. Comenzamos a caminar por los alrededores, cerca de los árboles.
– ¿De qué querías hablar?
– No suelo ser muy bueno con las palabras y creo que no usé las indicadas la última vez que nos vimos – ¿Me habré delatado? El pánico se estaba apoderando de mí. – A lo que me refería es que, no había contemplado una atracción entre mis amigos, y no es que esté mal porque no lo está, porque yo no los juzgo si así fuera, aunque no estoy seguro de que fuera así… – estaba poniéndose cada vez más nervioso
– ¡Kaminari! – tomándolo de los hombros – No me obligues a usar mi don contigo – se cubrió la boca al instante. Si supiera lo débil que me hacía cuando actuaba así de tierno. – Tranquilo, no lo haré.
– En resumen, olvida lo que dije. – No pude evitar sonreír. Era como quitarse un peso de encima. – A veces ni yo estoy seguro de lo que me gusta… – Mis ojos se abrieron como platos, y él detuvo su avance, claramente sorprendido. Mis latidos estaban a tope – Cambiando de tema – igualando mis pasos, audiblemente nervioso, pues no me atrevía a verlo a la cara. – esta mañana te vi hablando con el Prof. Aizawa, de hecho, parecen ser muy cercanos. – Aún no estaba a gusto con ventilar aspectos de mi vida privada con nadie. Era algo muy raro para mí y esa noche tenía mis emociones a tope.
– Él es mi tutor. Debido a que tenemos dones de la misma especie, decidió entrenarme. – respondí procurando demostrar la mayor tranquilidad posible
– Debe ser muy arduo tener clases privadas con él. Sus clases son demenciales.
– Sí, es toda una tortura, pero tiene buenas intenciones.
– ¡El profesor Aizawa es el mejor! – se veía como un niño emocionado. Tras quedarme viéndolo, su rostro se tornó rojo, imagino que apenado por su comentario.
– Definitivamente lo es – le sonreí y su cara se relajó. Caminamos un rato más y luego nos separamos camino a nuestros dormitorios. Creo que fue la primera vez en la que deseé que el toque de queda fuera más extenso.
A lo mejor algún día sea capaz de confesarle mis sentimientos. Por ahora, estaba feliz por considerarnos amigos.
…
En otra ocasión en la que me encontraba haciendo prácticas, quería tener a varios voluntarios y, aprovechando la no solicitada pero conveniente popularidad que tenía con las chicas, les solicité a algunas que me ayudaran a probar una nueva técnica. Obviamente, esta solicitud tuvo que ser analizada y probada por mi tutor, quien estuvo presente en todo momento, monitoreando y, vigilando sobre todo mis acciones. Si tan solo supiera que la clasificación de nuestros dones, no era lo único que teníamos en común.
Un quinteto de chicas se encontraba a poca distancia de mí. Les solicité que usaran sus dones para atacarme, pero, esta práctica se basaba en manipulación, así que, debía timarlas para conseguir lo que quería.
– Pueden venir a mí con todo lo que tengan. No escatimen en nada. – ellas se acercaban con rapidez. Estaba consciente de que sabían cómo funcionaba mi habilidad, así que debía ingeniármelas no solo para que respondieran, sino que fuera una respuesta en conjunto, para usar mi don sobre ellas a la vez. – ¿Me pregunto cuál será la indicada para mí? – Y justo como lo planeé, la respuesta conjunta de las cinco me dio paso a que estuvieran bajo mi control, aunque esta vez era resultado de mi don y no de la falsa idea de romance que pudieran tener de mí.
Pero mi satisfacción fue efímera. Sabía que, a mayor control, más concentración y energía necesitaba, lo que convertía esta práctica en una de resistencia a contra reloj. – Quiero que den un salto hacia atrás – pedí, con dificultad. Acataron mi orden, pero yo me sentía desfallecer. Mi vista estaba borrosa y mi cabeza estaba a punto de estallar, pero de la nada, el dolor había desaparecido y las chicas empezaban a recobrar la conciencia. Él había usado su don sobre mí. Me sentía decepcionado. ¿Acaso era tan débil como para interrumpir mi entrenamiento?
– Gracias por su tiempo chicas. – acercándose a mí. – Ahora soy yo quien necesita pasar tiempo de calidad con este galán. – dijo en tono burlón. Las chicas se despedían sonrientes, al tiempo en que yo sentía el mundo sobre mis hombros.
– ¿Por qué me detuviste? – una vez cerca de mí, pude ver que tenía en sus manos un cronómetro y una libreta con anotaciones.
– ¿Sabes? En los primeros meses en los que Midoriya Izuku entrenaba o luchaba, luego de llegar a su límite, terminaba imposibilitado para continuar. – Mantuvo una expresión solemne. – Tu rendimiento y duración, no solo en combate cuerpo a cuerpo, sino también en el mejoramiento de tu don, ha sido considerable, pero si no conoces tus límites, no podrás continuar en una lucha real si estás inconsciente. Esto solo se mejora con práctica. – En pocas palabras, o me conformaba con mi zona de confort o seguía entrenando, y obviamente la segunda opción no estaba en discusión.
– ¿Podré algún mejorarlo?
– Depende de ti, y las intenciones que tengas con él – mostrándome el cronómetro. – Con una persona, previamente eras capaz de durar al menos 8 minutos antes de llegar a tu límite, cuando te enfrentaste a Midoriya, la cifra había aumentado a 10. Con estas cinco chicas fuiste capaz de mantener la conciencia por solo 3 minutos. Todo es cuestión de conocer tus métricas, y el resto es ingenio para usarlas a tu favor. – Guardando el objeto esférico. – Pero por ahora, bien hecho. – Mostrándome lo que creo que era una sonrisa.
Poco después me acerqué al lavadero a refrescarme la cara. Lo que no esperaba era encontrarme con las cinco chicas voluntarias de antes.
– Hola Shinso – se acercó una de ellas – Nos preguntábamos si nos podrías decir si, entre nosotras se encontraba la indicada – No quería romper sus ilusiones tan bruscamente, respondiéndoles que solo las utilicé para una práctica, pero, era lo menos que podía hacer por ellas.
– No creo que eso sea tan fácil de responder – y entre los murmullos de las chicas, pude escuchar otra voz no muy lejos de allí.
– ¿Ves? ¡Te lo dije! – alcancé a ver esferas violetas moverse, y el cabello que sería capaz de reconocer incluso en la oscuridad. ¿Por qué se escondían detrás del muro?
– ¡Cállate, nos va a escuchar! – el sonido de su voz me lo confirmó y, de hecho, son ustedes quienes quiero que escuchen.
– Shinso, ¿por qué no podemos acercarnos más a ti?
– Me temo que no son mi tipo. – respondí tratando de verme relajado, pero mi pulso me jugaba en contra. – Las chicas sostenían una mirada confusa mientras murmuraban entre ellas y un ruido apagado se escuchó no muy lejos.
– ¡Ya cállate! ¡Vámonos de aquí!
– ¿Algún día coincidirán tus sentimientos con los de alguien más? – inquirió otra de las chicas tomándome desprevenido.
– Quizás. – Alejándome de ellas.
Una vez estuve fuera de su alcance, me dejé caer tras un muro. Sentía que en cualquier momento iba a desmayarme. Le había dejado saber al chico en el que estoy interesado mis preferencias, aunque siendo tan distraído como era, no estaba muy seguro de que hubiera captado la indirecta, pero no me importaba. Me sentía más ligero y mucho mejor.
Me sentía aliviado. Este solo era el inicio de un largo camino de aceptación y asimilación, que de a poco iba tomando forma.
Siempre me inspiro cuando escribo de este par.
Dato #19
Mis narraciones favoritas son las de Shinso, es la más apegada a mi personalidad y me encanta.
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