Shinso
El día en que recibimos nuestras licencias, Monoma se encontraba, para variar, molestando a los de la clase 1–A. En cuanto entramos en contacto, Kaminari me sonrió como siempre y yo le devolví el gesto, antes de que el maniaco se interpusiera.
– Eres demasiado molesto
– Es el momento de demostrarles que somos mejores que ellos – se veía más desquiciado que otros días – Porque, a diferencia de ellos, ¡todos los de nuestra clase aprobaron para la licencia provisional! – Kendo se las arregló para neutralizarlo sin poder terminar su resonante risa.
Ya había escuchado acerca de eso cuando Hizashi nos invitó a comer a Shota y a mí. Al parecer, Bakugou y Todoroki no aprobaron la segunda mitad del examen que consistía en hacer trabaos de rescate. Del primero no me extraña, pero me sorprendió saber que la razón por la que Todoroki no alcanzó los puntos requeridos fue producto a una discusión con otro de los estudiantes. Esta era realmente una clase conflictiva, no me extraña que su profesor siempre esté de mal humor.
Como si fuera poco, también esa misma noche después del examen, resulta que el mismo Bakugou se había enfrentado a Midoriya violando el toque de queda, según los escuché hablar. ¿Qué le sucede a ese tipo? Tiene problemas con todo el que se le cruza en frente. Sé que mis intenciones son de unirme al curso de héroes, pero será una molestia tenerlo de compañero. Creo que los únicos rescatables son Midoriya y, Kaminari.
Esa tarde, durante el receso, Kaminari fue a verme. Quisiera admitir que no estaba feliz por verlo, pero aún no me acostumbraba a estar cerca de él. Era más bien efectos secundarios de lo que me hacía sentir.
– ¡Hola Shinso!
– Hola Pikachu – bajándome del árbol
– Lo dice el que se trepa como un mono – sentándose en el banco al pie del árbol
– Solo ejercito otro de mis dones – sentándome a su lado. Era agradable estar con él. – Escuché que aprobaste el examen para la licencia provisional sin problemas
– ¡Si! Aunque fue más difícil de lo que pensé. Lo que me recuerda – tomándome de los hombros – ¡tu idea de redirigir mis descargas funcionó, muchas gracias! – no sé qué me dejó más pasmado, verlo tan sonriente cerca de mí sabiendo que era la causa o su contacto físico. Debía pensar en algo rápido antes de dejarme en evidencia
– ¿Crees que no tendrá costo? – su expresión cambió al momento que me liberaba
– Bueno… No tengo dinero para pagarte – era adorable verlo así de apenado
– No quiero tu dinero. Quiero que me invites a salir. – sus ojos se expandieron, ¿fue muy arriesgado? Casi entro en pánico antes de que me mostrara una gran sonrisa
– ¡De acuerdo! – el espíritu me volvió al cuerpo – ¿Cuándo y a dónde te gustaría ir?
– Puede ser este fin de semana, y con respecto a dónde, sorpréndeme. – Hoy era el día límite para depositar el libro que tenía, así que debía ir a la biblioteca antes de que terminara el receso. – Nos vemos el sábado a las 2pm en la entrada de la Academia. Ahora debo devolver este libro. Nos vemos luego.
– ¡Hasta el sábado! – yéndose en dirección contraria. Creía que iba a desmayarme de la emoción; iba a salir con él. Me sentía como un tarado sonriendo sin razón aparente.
Pero, de camino por el pasillo que dirige a la biblioteca, me sentía observado, o más bien, perseguido. Simulé girarme por un pasillo para colgarme de uno de las señaléticas. Al mirar hacia abajo, se trataba del enano compañero de Kaminari de cabello en forma de bolas moradas.
– ¿Buscas a alguien? – saltando de mi escondite frente a él, lo que hizo que cayera de espaldas.
– A ti – levantándose con agresividad – ¡Sé que quieres engatusar a Kaminari y no lo voy a permitir! No será como tú – esta uva andante comenzaba a irritarme.
– ¿De verdad crees que él es tan influenciable? El que dudes de él, es muestra de que tú eres el confundido aquí.
– ¡No será como tú! – temblaba – ¡No usarás tu don de villano sobre él o sobre mí! – me apuntaba con su dedo índice, desafiante. No era la primera vez que me acusaban de controlar a los demás, pero yo sería incapaz de controlar a Kaminari para mi beneficio; tenerlo bajo mi poder es un acto egoísta; yo no lo obligaría a nada, y mucho menos iba a permitir que este idiota lo insinuara.
– ¿Quién te crees tú para meterte en su vida? – mi mano apretó el libro que sostenía– Lo que decida solo le incumbe a él. Yo nunca lo controlaría para mi beneficio, justo como podría hacerlo contigo justo ahora, pero no eres más que una mancha en el suelo. – Debía controlarme. Solo quería manipularme y no lo iba a permitir.
– ¡Un tipo como tú nunca será un héroe! – en la misma actitud ofensiva. Sin embargo, algo le pasaba. Sus ojos se tornaron brevemente en un verde neón, que apenas duró unas milésimas de segundo – ¡Y si sabes lo que te conviene, deberías mantenerte al margen! – alejándose de mí.
Que tipo tan desagradable.
Deposité el libro en la biblioteca y el resto del día fue tan igual como los otros, salvo que esta vez los comentarios de ese infeliz habían tocado fibras sensibles. ¿Era posible aspirar a ser un héroe haciendo esos comentarios hirientes? Estaba sentado en uno de los árboles cerca de la entrada de mi dormitorio. Sentía que necesitaba aire fresco.
No sé cómo comencé a desarrollar sentimientos por Kaminari, solo no podía asumir que por su mera amistad estuviera tan feliz. Que cuando estoy con él, quiero que el tiempo no avance o que disfruto de su compañía. Sin embargo, si esto significaba algún inconveniente para él, no quiero causarle molestias…
– ¡AAUURRHH! – un maldito aullido casi me hace caer de donde estaba.
A pocos metros del dormitorio estaban el dúo más ruidoso de toda la academia patrullando: Present Mic y Hound Dog. Miré mi celular y faltaban diez minutos para que iniciara oficialmente el toque de queda.
– ¡Shinso! ¿Qué haces allá arriba? – me llamó el rubio con cabello de cacatúa – casi es hora para que inicie el toque de queda. A menos que también quieras hacer la limpieza…
– ¿Es acaso ese el requisito para estar en esa clase? – bajándome del árbol, pero el tipo con don de perro volvió a soltar un alarido que apresuró mi contacto con el suelo, cayendo de espaldas por la impresión
– Eso te pasa por soberbio – Hizashi se acercó a levantarme. – ¿Te encuentras bien? – su pregunta me tomó desprevenido. Pensé que lo disimulaba mejor.
– No es nada – quitándome la tierra de la ropa
– Querido Hound Dog, ¿podrías adelantarte? – el aludido gruñó en respuesta, continuando su caminata. – ¿Seguro que no quieres hablar? – Cuando usaba su tono de voz neutral, me sentía obligado a responderle. Suelo ser más cercano a Aizawa, pero con todo lo que ha ocurrido, no he querido saturarlo con mis asuntos, por eso pensar en Yamada de la misma forma no era algo habitual para mí.
– Hablaré siempre y cuando no hagas un escándalo – aseveré
– Haré mi mayor esfuerzo – tomando asiento en el banco frente al dormitorio. Mis manos sudaban; no tenía ni la menor idea de cómo comenzar, aunque sabía que debajo de esa apariencia alborotada, había un buen escucha.
– ¿Cómo… sabías que lo que sentías por él era diferente a una amistad?
– ¿De quién hablas? – me arrepiento de lo que pensé. Ya me sentía muy incómodo como para hablar de más. Solo me limité a mirarlo de reojo. – ¡¿Estás hablando de Shota?! Espera… ¡Estamos teniendo esta conversación tipo padre e hi…! – me abalancé contra él antes de que terminara la frase.
– Por esto no suelo decirte nada, ¡eres demasiado ruidoso! – alejándome de él. No era necesariamente y secreto la cercanía que tenía tanto con Aizawa como con Yamada, pero, no era de mi interés que fuera de dominio público.
– Lo siento. – Volviendo a su tono de voz normal. – Respondiendo a tu pregunta, supongo que fue poco a poco y fue más evidente en unas vacaciones de verano antes de nuestro último año, cuando de todos mis compañeros, era su ausencia la que más extrañaría. – Su semblante siempre cambiaba cuando hablaba de él. Me pregunto si haré una expresión similar cuando pienso en Kaminari – Ese año me esforzaba tanto en no dejarle ver mis sentimientos que, luego de una práctica me citó a la azotea y me amenazó con lanzarme de allí si no le decía lo que ocurría. Pero tenía tanto miedo de alejarlo, que el que me dejara caer desde esa altura no me pareció tan mala idea. Sin embargo, desistió solo para reemplazarlo con su indiferencia, que era aún peor que lo anterior. Lo cité en la azotea y le dije como me sentía. Como sabes, él es muy inexpresivo, pero me abrazó solo para decirme que me había tardado demasiado. – Su rostro parecía emitir luz, tanta que rebotó a mí; rebosaba alegría – No le digas que te lo conté con tantos detalles, se sentirá muy apenado y de seguro se molestaría conmigo…
– Siempre y cuando no le cuentes acerca de esto. - Acomodándome - ¿Qué pasó con los demás? ¿No fue incómodo?
– ¿Es eso lo que te preocupa? – su voz ahora era compasiva – Siempre habrá quienes piensen diferente, pero si hay interés de ambas partes, esos comentarios y opiniones pasan a segundo plano hasta ya no importar, después de todo, vale la pena pasarlos por alto si eso te permite estar con quien quieres. –seguía mostrándome esa amplia sonrisa – Incluso podrías encontrarte con quienes estén felices por ti. – Creo que esta es la plática más cercana que habíamos tenido.
– Tienes razón – sentí que posó su mano en mi hombro
– ¿Me dirás de quién se trata?
– Claro que no – me alejé de él
– ¡Eres muy cruel! ¡Cada día te pareces más a él! – no estaba seguro de cómo debía tomarme esa afirmación
– ¡Ya pasó el límite de toque de queda! – me detuve al pie de la escalera antes de entrar. – Algún día tal vez lo sepas… – cerrando la puerta tras de mí.
– YEAAHHHH! – fue lo que escuché en respuesta. Su alarido retumbó en todo el dormitorio, llamando la atención de todos hacia mí. Perfecto, justo lo que quería.
…
Llegó el fin de semana y me dirigía a la entrada donde Kaminari me estaba esperando, el único inconveniente es que Yamada se encontraba hablando con la Profa. Midnight. No quería que empezara a hacerse las ideas que justo quería evitar que generara. Debía pensar en alguna distracción, así que lo que se me ocurrió fue encender los aspersores. Empapé parte de mi chaqueta y pantalones, pero prefería eso a ser asediado con preguntas que no querría responder. Ambos profesores se alejaron, lo que me permitió acercarme al rubio sin ser vistos.
– Es hora de irnos – tomándolo del brazo, para acelerar su paso.
– ¡Espera! ¡¿Por qué corremos?!
– Digamos que yo fui quien decidió regar las plantas, de nuevo – respondí jadeando.
– ¿Por qué?
– ¿Y por qué no? – no hizo más preguntas, estaba demasiado confundido con mi pregunta-respuesta.
Una vez estuvimos lo suficientemente lejos, nos detuvimos. En cuanto vi que aún sostenía su brazo, lo solté. Al menos mi ropa comenzaba a secarse.
– ¿Ya tienes pensado a dónde iremos?
– Hay una feria deambulante, así que pensé que sería divertido ir. No había ido desde que era pequeño.
– Yo nunca he ido a una
– Fue una buena elección entonces – me sonrió. Mirar rocas romperse por una gota hubiera sido igual de entretenido en su compañía.
El lugar estaba lleno de atracciones, y en el centro se encontraba una gran carpa donde imaginaba se realizaría la presentación especial. Una vez conseguimos las entradas, el espectáculo inició: trapecistas saltaban de un lugar a otro con bastante destreza. Pasado el primer acto, se presentó a escena un habilidoso presentador que podía ingerir lo que sea, tomando la forma de lo que comía. Otro de los artistas podía crear némesis de las personas que creaba; la versión opuesta tanto en género como personalidad. En una oportunidad se acercó a Kaminari y creó una ilusión de una chica apática y malhumorada.
– Es igual a ti – mientras miraba la ilusión contrariado
– ¿Eso quiere decir que soy la versión opuesta a ti?
– No creo que eso sea un inconveniente. Después de todo, los opuestos se atraen – comentó la artista antes de alejarse. Ni siquiera me molesté en averiguar qué reacción había hecho Kaminari pues resguardé mi posible rostro ruborizado mirando en dirección contraria.
Los actos restantes fueron fantásticos, en especial el de cierre, pues, si tocábamos las motas de luz que revoloteaban, nuestro cuerpo adquiría una luz característica por unos cuantos segundos: yo tenía un vibrante color morado mientras mi acompañante brillaba más de lo usual en un potente amarillo neón.
Poco después fuimos a comer a un café.
– ¿Cómo te ha parecido hasta ahora?
– He tenido mejores – su rostro se agrietó – pero en las otras no estabas tú, así que esta la supera
– ¡¿Por qué eres así?! – dando un largo sorbo a su bebida, aunque puedo decir que sonreía. Yo dirigí mi vista hacia la gran estructura circular giratoria – ¿Quieres ir ahí?
– ¿Te imaginas que se desprenda y gire sin parar?
– Eso suena como una trama de película de terror – la forma en como lo dijo me hizo reír
– Con más razón tenemos que subirnos – adelantándome.
– ¡Espérame!
Una vez en la atracción, esta dio un par de vueltas hasta detenerse a una altura considerable. No imaginaba que estaríamos suspendidos a tantos pies de altura, y fue entonces cuando el pánico me invadió. ¿Qué haría si decía algo de lo que me arrepintiera? ¿Saltar? ¿Desear que mi suposición se vuelva real? Ambos escenarios me parecían más alentadores que tener que hacerle frente a Kaminari.
– De pequeño me daban miedo las alturas – comentó
– ¿Cómo lo superaste?
– Mi pie quedó atascado en una rueda de la fortuna. Estuve de cabeza por al menos media hora. – No podía creer lo que escuchaba
– ¡Eso es bizarro e increíble! Sólo tú contarías una anécdota así con tanta calma, ¡en una de las atracciones donde te ocurrió! – toda la tensión que tenía la liberé en una risa
– Creo que llevé a otro nivel eso de que "lo que no te mata, te hace más fuerte" – y yo reía con más fuerzas. – Oye, tu no sueles reír con tanta frecuencia, ¿qué ocurre?
– Todo esto es tu culpa. Que esté así es evidencia de que eres capaz de lo que sea. – mientras me secaba una lágrima – ¿Por qué accediste?
– Porque querías subir, además, ya lo superé. Y verte tan feliz hizo que valiera la pena. – volvió a darme esa sonrisa que me dejaba inquieto. – ¿Saldé mi deuda?
– Definitivamente. – le devolví el gesto. Me sentía aturdido, no me sentía así de feliz desde hace mucho tiempo, y quería acostumbrarme a eso.
Salíamos de la rueda de la fortuna, cuando escuchamos un alboroto. Se trataba de un villano que había asaltado una joyería cerca de la atracción; traía consigo un rifle de asalto. Kaminari tenía una postura ofensiva, pero algún héroe debía estar cerca para ocuparse del incidente.
– Debemos dejarle esto a los héroes profesionales
– Bakugou no retrocedería – ¿Uno de los problemáticos de su clase? ¿De qué estaba hablando? No tuve tiempo a pensar, pues el tipo se acercaba nosotros con rapidez, no sin antes lastimar a varios transeúntes a su paso. Ver eso me revolvió el estómago, ¿dónde estaban los héroes?
Kaminari miraba el ambiente con la respiración agitada a los costados, buscando alguna salida. Fue entonces cuando recordé que no era la primera vez que estaba en este tipo de situaciones; él había tenido encuentros más cercanos con villanos de los que yo jamás imaginaría; y era eso justo lo que diferenciaba a la clase de héroe del resto; ellos no huían, los enfrentaban.
El villano, cuyo don era una especie de visión periférica, tenía ojos en todas partes, lo que le hacía fácil esquivar obstáculos a conveniencia.
– Shinso, necesito que uses tu poder a mi señal – fue todo muy rápido. Kaminari deshilachó uno de los hilos de su chaqueta hasta crear una fina fibra casi imperceptible, haciendo que, tomando una piedra haciendo que, al lanzarla, se enroscara en uno de los barandales del otro extremo de donde nos encontrábamos. Era un hilo que no pretendía detenerlo sino ralentizarlo; era ingenioso pero arriesgado
– No podemos hacer nada sin autorización – advertí
– Lo sé, pero en ocasiones, no podemos esperar por una. – Asegurando el hilo. Tenía razón; no había rastro de ningún héroe a la vista, debíamos hacer algo. – Una vez caiga, necesito que le preguntes si necesita ayuda – dándome una sonrisa determinada. No podía negarme tras ver cómo confabuló este plan en cuestión de segundos, agilidad digna de un aspirante a héroe.
Tal y como me indicó, nos apartamos de modo que el fino hilo se tensara. El tipo, cuyo cargamento aun sostenía con fuerza, cayó al suelo dándome la oportunidad de acercarme a él.
– ¿Necesitas ayuda?
– ¡Quítate de… ! – ya estaba bajo mi control. Debía actuar con cautela sin llamar la atención.
– Esperarás aquí hasta que lleguen a detenerte – le susurré y me mantuve al margen. Por los cinco minutos posteriores, que fácilmente pudieron haberse percibido como más tiempo, estuve concentrado en no perder la concentración. Kaminari me miraba desde su posición. Los héroes neutralizaron al tipo y yo lo liberé de mi don. – Es hora de irnos – tomando su mano para alejarnos. Caminamos lo suficiente hasta llegar a un puente.
– ¡Eso fue increíble Shinso! – anunció mientras me apoyaba del barandal
– Tu fuiste quien ingenió ese arriesgado plan
– Lo siento, no debí obligarte – su rostro amigable se oscureció. Me arrepentí de inmediato.
– No me arrepiento de haberlo hecho – le sonreí. Solo hasta ese momento no me había dado cuenta que aún sostenía su mano. – Pero debemos ser más cuidadosos, pudieron habernos señalado.
– El villano ahora está apresado, y no hubo heridos de gravedad. – Posó su mano en mi hombro – Eso hacen los héroes, detener a los villanos pese al riesgo. – ¿Cómo no podía evitar sentirme así por él? Yo sería capaz de repetir esto con tal de verlo sonreír así.
– Supongo que somos muy buen equipo – le devolví el gesto
– ¡Claro que sí!
Caminamos de regreso a los dormitorios.
– Lamento que no resultara como quizás lo esperabas
– A lo mejor, no hubiera sido tan memorable sin el gesto heroico que protagonizamos. – Mirando al cielo. – Creo que es justo ser tan arriesgados e impulsivos su mayor virtud y defecto; la clase 1–A es todo un grupo de irreverentes bien intencionados.
– Pues por lo que acabas de demostrar, tiene material para pertenecer a nuestra clase – esa sonrisa se había convertido en mi debilidad. Mis latidos retumbaban en mis oídos. – ¿Estás bien? Estás rojo de repente
– Debe ser la impresión. Ya se me pasará. – girándome a un costado. Mis emociones me traicionaban. Caminamos hasta la academia, hablando de cosas al azar, y yo solo deseaba que el día no acabara. Llegamos poco antes de que iniciara el toque de queda. Al llegar a los dormitorios nos separamos; me sentía abrumado por la cantidad de emociones que tuve que disimular mientras estaba con él.
Al llegar a mi dormitorio, mi tutor se encontraba en la entrada.
– Necesito que me acompañes – esto no sería nada bueno. El terreno de la academia hacia periferia con un acantilado desde el cual era posible ver la ciudad, pero pese a la majestuosa vista, sabía que no había sido citado para apreciarla.
– Los testigos reportaron que, luego de que un adolescente se acercara a el delincuente, este se paralizó al instante. – sentí mi espalda contraerse. Sostenía su celular mientras supuse que leía el artículo en algún portal de noticias. – Salvo que, como no pudieron identificar al insolente que usó sus dones, solo se limitaron a decir que se trataba de contribuidor. – esto último, incluso parecía tener un tono burlón. – ¿Por qué me da la impresión de que se trata de ti?
– En efecto, así fue – no valía la pena ocultarlo
– Me alegra que ni siquiera te molestes en justificarlo, pero no es solo ilegal usar tu don sin licencia, sino que desestimaste mi autoridad como tu tutor y responsable, así como la confianza que la Academia U.A. depositó en ti cuando fuiste admitido.
– ¡El villano estaba armado y ni siquiera pude ser identificado como dice el artículo!
– Con más razón debiste mantenerte al margen y dejarles el trabajo a los profesionales. Además, ¿qué hubieras hecho en el caso contrario?
– Pero no ocurrió. Y de los profesionales no había rastro. Tú no estabas ahí…
– ¡¿Acaso no entiendes que violaste la ley?! ¿En qué te diferencia eso a ti de ese villano? – otra alusión a lo que tanto escuché en el orfanato; mi cuerpo se sentía pesado.
– Estás exagerando – empezaba a quebrarme
– Las leyes son para el bien común y mantener el orden, no puedes disponer de tu don sin responsabilidad.
– ¿En qué momento es más importante el bien común sobre la seguridad de a quienes debemos proteger?
– Irrespetar las leyes bajo ninguna circunstancia no está a discusión. Hay situaciones que no podemos evitar y es justo este sistema de leyes que permite un mayor orden.
– ¿Aunque eso signifique sacrificar a algunos en el proceso?
– El mundo no es tan idóneo como quisiéramos. – Dejó escapar un profundo suspiro – Estás castigado por una semana. – ¿Una semana? – Solo podrás asistir a clases y, las horas libres de las que disponías las usarás para realizar un reporte de cien páginas acerca del origen de las leyes y su importancia.
– ¡Eso no es justo!
– ¿Quieres que lo eleve a dos semanas? – mis manos se convirtieron en puños por la impotencia. No puedo deducir cuál de los dos estaba más molesto. – Lo que hiciste fue no debe repetirse; fue muy irracional. – No estaríamos de acuerdo
– ¿En serio? Yo creo que debes estar acostumbrado y es justo eso lo que me convierte en el perfecto candidato para estar en esa clase. – Me alejé lo más rápido que pude.
Estaba recostado en mi cama analizando sus palabras, llegando a la conclusión que lo repetiría de nuevo si fuera necesario. Tanto tiempo escuchando que mi don era el indicado para un villano, y hoy me sentí feliz de usarlo, y no me arrepentía de haberlo hecho. Solo pude conciliar el sueño pensando en los momentos que compartí con Kaminari, quien fue por mucho, lo mejor de este día.
Me encantó escribir este capítulo. Espero que te haya gustado también.
Dato #24
Pese a lo que se pueda creer, no me desagrada Mineta, aunque tampoco me cae bien. Considero que es un "alivio cómico" razonable.
...
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