Todoroki
No quería verme con Bakugou después de lo que me había dicho, así que fingí haber ido a la enfermería. El resto del día, solo fui capaz de hacer estiramientos y un leve entrenamiento. Estaba agotado, con el cuerpo adolorido y disgustado. No podía concentrarme. Luego del almuerzo, me retiré a mi habitación; no quería estar con nadie.
Me percaté de que había quedado dormido, cuando al tomar mi celular, éste marcaba las 4:45 pm. Sentía sintiéndome igual de pesado. Decidí bajar a la cocina por algo de comer para subirme los ánimos. Bajando las escaleras, pude ver a Kirishima y Sero frente a la habitación de Bakugou.
– ¿Crees que está dormido?
– Él no suele dormir a esta hora – respondió el pelirrojo. – Ni siquiera bajó a comer y no responde mis llamadas o mensajes
– Debe estar agotado por la pelea de esta mañana – posando sus manos en los hombros del otro – Mina y Kaminari nos esperan para ver una película. – al verlos alejarse sentí la urgencia de escabullirme. Supongo que para que no pensaran que estaba interesado en el estado de Bakugou, pero, sí lo estaba.
Una vez llegué al área común, varios de los chicos estaban viendo en la televisión.
– Hola Todoroki, ¿te encuentras bien? – Yaoyorozu fue la primera en acercase a mí, llamando la atención del resto. No quería ser abordado por nadie.
– Sí, ya me encuentro mejor. – Mentí
– Siéntate con nosotros, Todoroki – me invitó Uraraka, acompañada de Iida, Tsuchan y Midoriya.
– Solo vine por algo de comer. – Tomando un panecillo y leche de fresa. – Saldré a caminar un rato. – Me dirigí al jardín sin esperar sus reacciones.
Estuve caminando por un rato pensando en las posibles motivaciones que llevaron a Bakugou a querer enfrentarse a mí. Al principio pensé que se trataba de la insistente revancha que me pedía por mi deficiente desempeño en el Festival Deportivo, para presumirle a los demás que era mejor que yo, pero se sentía distinto, su rostro después de golpear mi estómago era contemplativo, no agresivo. Por los segundos en que esperó a que me recuperara, por primera vez, parecía… afligido. Recordar eso hizo que me doliera le pecho, aún más después de lo que me dijo una vez terminó la pelea: "Ahora si tendrás motivos para ignorarme".
El sol comenzaba a descender. Miré mi reloj y faltaba una hora para que iniciara el toque de queda. Sabía que debía retirarme al dormitorio, pero, pensando en que Bakugou no se encontraba en su habitación, me sentí tentado a confirmar las sospechas de su paradero. Me adentré a las instalaciones de la academia, al cuarto de suplementos administrativos, para ser más exacto. La vez en que ambos compartimos la asignación de limpieza de clase, fuimos a guardar los elementos de limpieza luego de utilizarlos. Yo me encargué de acomodar los desinfectantes, mientras él acomodaba las escobas.
Esa tarde, él se había detenido en la ventana del cuarto. Era la primera vez que lo había visto hacer algo tan ajeno a él; miraba el atardecer. La vista a contraluz de su silueta contra la ventana hacía como si su cabello destellara llamaradas anaranjadas producto del atardecer. Verlo me provocó un sentimiento extraño, pero, agradable. Podría haberlo contemplado por más tiempo. En otra ocasión, cuando compartí la limpieza con Yaoyorozu, comprendí lo que observaba: él sol descendía justo en dirección perpendicular a la ventana, provocando que el reflejo de los rayos crease motas de luz que descendían, parecidas a luciérnagas o cenizas al fuego. Era una vista agradable.
A medida que me acercaba al referido cuarto, sentía mi corazón latir con fuerza. Pensaba que se trataba del agotamiento por subir hasta el cuarto piso del edificio, pero eran nervios. No había tenido una plática decente con Bakugou desde hace mucho tiempo, aunque ahora que lo pienso, "decente" tal vez no era el término indicado; pero extrañaba que me molestara, gritara o que me demostrara sus atenciones de la única forma en que lo sabe hacer: con agresividad. Era divertido molestarlo y ver cómo se exasperaba con tanta facilidad. Extrañaba hablar con él y entrenar, mientras se regodeaba de ser el mejor; verlo así de feliz me divertía.
Empezaba a sentirme cada vez más a gusto con él, por lo que temí que esta cercanía lo terminando afectando debido a la relación conflictiva con mi viejo y sus restricciones, resultando exactamente en lo mismo que quería evitar; herirlo. Pero, ya no quería estar alejado de él, quería volver a hablar con él, entrenar con él, estar cerca de él y compartir tanto como lo hacíamos antes de mantenerlo a distancia de mí. Estaba harto de que mi vida estuviera sujeta a los lineamientos de quien solo me ha provocado sufrimientos. Sé que sería difícil desprenderme de los daños que por tanto tiempo me causó, pero, si al menos conseguía volver a conversar con Bakugou, estaría satisfecho.
Estando frente a la puerta titubeé ante la sola presunción de que se encontrara allí, pero solo lo sabría una vez impidiera que mis problemas me dominaran.
– ¿Qué haces aquí? – estaba de pie, recostado en uno de los marcos de la ventana, siendo iluminado por la luz del atardecer, tal como esa tarde.
– Pensé que estarías aquí – cerrando la puerta detrás de mí. Apenas podía sostenerme en pie. ¿Por qué estaba tan nervioso?
– Después de la paliza que te di, no pensé que tendrías ganas de conversar conmigo – me dirigí al extremo contrario de la ventana; me aterraba verlo a los ojos.
– Quería saber cómo estabas
– Como ves, estoy perfectamente bien. ¡Ya te puedes ir! – dejándose caer al pie de la ventana. Debía pensar cuidadosamente lo que debía decir después. Decidí sentarme a su lado; protestó como esperaba, pero, no se movió, solo desvío la mirada al lado contrario.
– Cuando te conocí, solo pensaba que te gustaba discutir al azar. Llamando extras a todo el que pretendía alguna cercanía a ti
– ¿A qué viene todo eso, idiota?
– Que, con el tiempo, me di cuenta que eras más que tus arrebatos de explosiones e insultos. Pese a lo molesto que estabas tras el Festival Deportivo, accediste a entrenar conmigo, lo que mejoró considerablemente mi desempeño utilizando ambos dones.
– Si iba a ganarte, quería que fuera en tu mejor estado, idiota – él seguía con la cabeza inclinada al lado izquierdo. Yo sentía como mis latidos se regulaban. A esa distancia podía sentir el calor que desprendía su cuerpo; extrañaba tenerlo así de cerca.
– ¿Crees que fue así? Sentí que te estaba cohibiendo…
– ¡Claro que… ¡– giró tan rápido que terminamos considerablemente cerca uno del otro – Eres muy débil– resopló volviendo a su postura anterior.
– Poco a poco quería estar más tiempo contigo. Era divertido hacerte enojar con tanta facilidad, justo como ahora. Salir a correr, repasar los apuntes de alguna clase o simplemente tu compañía.
– ¿Por qué decidiste alejarte, entonces? – su voz se escuchó inusualmente calmada. De no estar seguro de que solo estábamos ahí él y yo, pensaría que se trataba de alguien más.
– Tuve miedo de herirte. No quería que estuvieras más involucrado conmigo; quienes se acercan demasiado a mí familia, terminan heridos… – solo recordaba la voz preocupada de Fuyumi por Natsuo el día que él tupo la fuerte discusión con el infeliz de nuestro padre.
– No creas que me rompería así de fácil
– Pero yo sí… – mi voz se quebró. – No soportaría que te hiciera daño por mi culpa.
– ¿Crees que le daría oportunidad que lo hiciera? – se giró hacia mí – Si pude contigo, puedo con lo que sea
– De eso estoy seguro – me quedé mirando sus ojos, que esta vez no irradiaban su habitual ira, sino… paz.
– Siempre he querido preguntarte algo. ¿Por qué fuiste a rescatarme con el idiota de Deku y el resto de extras? – pensar en la respuesta mezcló varias emociones al mismo tiempo
– Todos estábamos preocupados por ti
– Decidiste ir pese a los riesgos.
– No estaría tranquilo sin saber cómo estabas. Eres fuerte y el mejor de la clase, pero no inmune a un grupo de villanos
– ¡¿CREES QUE SOY UN DEBILUCHO?! – vociferó molesto.
– No tienes que alterarte. Solo estamos tú y yo aquí. – Mi mano se dirigió a su mano casi de forma involuntaria, lo que suavizó su expresión. Se recostó del muro tras sí. – Y no, eres increíble Bakugou, tanto que en ocasiones no sabía cómo actuar cuando estaba contigo. El fin de semana en el que compartimos tiempo juntos, me sentía feliz pese a tus constantes reproches; deseé que no terminara… Cuando…–titubeé– cuando fuiste a mi habitación luego de que tuviera un episodio traumático; estaba feliz de que estuvieras ahí. Gracias ti me sentí mucho mejor. Como justo ahora… – Llevé mi mano a su cabello, estaba tan suave como lo recordaba.
–Eso no te impidió dejarme de hablar de la nada – apartando a mi mano. Me sentía ansioso; quería demostrarle que quería redimirme.
– ¿Por qué insistes en alejar a los demás? ¿Acaso no puedes ver lo feliz que me hace estar cerca de ti?... – Y de alguna forma, sé que no soy el único que lo siente. Volvió a mirarme, y yo sentía que me quebraría – Somos dos…
– Lo sé… – no podía detenerme. – No he dejado de pensar en lo que siento por ti y en lo que esto significa. Aún sigo aterrado de lo que esto podría pasar, pero resultó ser mucho peor alejarte. –inclinó hacia adelante y sentía mi corazón latir con fuerza – Entonces comprendí que poco o nada me importaba qué fueras, mientras me permitieras estar contigo, siempre y cuando así tú lo quisieras. – No pude resistir su mirada; me sentía expuesto e increíblemente frágil. No me había sentido así de vulnerable jamás. Me dolía el pecho.
Todo pasó muy rápido. Cuando me percaté de lo que ocurría, me dejaba llevar por el movimiento oscilante al compás de su guía mientras sentía sus labios sobre los míos. Era una sensación extraña, pero agradable; tal y como la primera vez que lo hice por impulso en el templo, aunque esta vez, era diferente. Pausados, nuestros labios encajaban con ávida sincronía, al momento en que nuestras respiraciones chocaban al girarnos. Solo nos separamos para tomar un poco de aire, sin dejar de mirarnos.
– Ahora estamos a mano – Mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que explotaría
– Cállate – acercándose de nuevo a mí para continuar. Se inclinó más hacia mí, mientras mis manos se acomodaban en sus hombros y cuello, jugando con los mechones de cabello que mis dedos alcanzaban. El aire estaba impregnado con el dulzor típico que desprende su piel. Yo me dejaba llevar por la suavidad de sus labios y lentitud con la que me guiaba; pensar que alguien tan explosivo podría ser así de calmado me resultaba fascinante. Sus manos estaban apoyadas a la altura de mi cintura, y la amalgama de emociones que tenerlo así de cerca, me embargó de una profunda alegría
– ¿Ahora qué te pasa? – sus mejillas tenían un ligero color rojizo. Debía estar molesto porque comencé a sonreír a la mitad de nuestro beso.
– Solo estoy feliz; muy feliz – llevando mi mano a su mejilla para continuar. Nunca había sido tan feliz.
…
Los días siguientes, fueron distintos a la última vez. Durante el día, íbamos a clase, entrenábamos y realizábamos alguna asignación, pero una vez llegada la noche compartíamos tiempo juntos. Sentir sus manos a alrededor de mi cuerpo al tiempo que nos besábamos, era lo que más esperaba.
En una de esas noches, me encontraba terminando una asignación para el día siguiente y solo él entraría en mi habitación después de las 9, considerando que su horario de sueño había cambiado drásticamente recientemente.
– No pensé que estarías despierto – estaba sobre mi cama, terminando de escribir el ensayo en mi computadora
– No puedo dormir, ¿tienes algún maldito problema? – Mientras se colocaba detrás de mí para abrazarme. A veces me causaba gracia lo contrarias que podían ser sus acciones con respecto a lo que decía. Tenía apoyado su cabeza en mi hombro. Se sentía tan bien estar así de cerca. – ¿Hasta ahora terminas eso? – me reprochó y poco después sentí sus dientes en mi cuello. – ¿Y por qué tu habitación es tan jodidamente fría?
– Estuve ocupado. Además de que esta clase me parece aburrida. – guardando el archivo – y me gusta el clima frío
– Sí, eso explica tu personalidad – tenía sus labios apoyados en mi nuca y me costaba concentrarme –
y para el informe, debiste pedirme ayuda entonces, bicolor
– Siento que ocupo mucho de tu tiempo, Bakugou – decir esto lo molestó, porque volvió a morderme – Entrenamos juntos, salimos a correr, debemos asistir al curso extracurricular; incluso dormimos juntos
– ¿Quieres que me aleje de ti?
– No, claro que no. – Recostándome en su pecho, llevando mi mano a su mejilla para atraer su atención. – Es solo que quiero que pases más tiempo con el Bakusquad – detestaba que le mencionara el nombre
– Malgasto suficiente tiempo con ese cuarteto de tarados
– Admite que tú también los extrañas – guardando el documento por última vez
– ¿No serás tú quien quiere pasar más tiempo con el maldito nerd y los otros tres extras? – apretó aún más su abrazo
– Me encanta pasar tiempo contigo, Bakugou, ¿pero no crees que empezarían a sospechar? – ahora estaba de frente a él, sosteniendo su rostro
– Como quieras – chistó. Sellé su disgusto con un beso. Siempre eran pausados, como si temiéramos que el tiempo avanzara con demasiada prisa.
– Esta noche dormirás en mi habitación – abalanzándome sobre él
– ¡No, claro que no! ¡Quítate de encima! – intentaba a apartarme
– No vale la pena que nos regresemos a tu habitación si estamos aquí – recostado en su pecho
– ¡Tu habitación es un maldito glaciar!
– Solo tienes que acercarte más a mí al dormir, eso es todo. – hizo otra mueca de disgusto – Activaré por un rato mi lado izquierdo, así estarás más a gusto – giró su cabeza con dirección a la puerta por unos segundos
– Está bien, bicolor – mientras nos acomodábamos en la cama – pero mañana dormiremos en la mía – colocándose a la altura de mi pecho mientras lo cubría con una sábana
– Eso lo veremos – mientras posaba mi mano izquierda sobre su brazo para traspasarle calor. Volvió a chistar, acurrucándose en mi pecho. Todas las mañanas al despertarnos esperaba la noche con ansias, pues sabía que podría estar con él, solo para mí; no reemplazaría por nada caer dormido mientras acariciaba su cabello.
Sí, justo lo que esperabas leer, ¿o no? Me encantó escribir este capítulo con "Invisible String" de fondo.
Dato #27
Para la escena del cuarto de limpieza me inspiré en un doujinshi de ambos besándose y pues me pareció demasiado tierno.
...
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