Momo
Las semanas en las que nos encontrábamos asistiendo junto con los profesionales en misiones más demandantes fueron intensas, pues los riesgos habían aumentado y debíamos estar listos para enfrentar situaciones de emergencia. Debido al curso extracurricular al que Todoroki debía asistir con Bakugou, pensé que podría compartir mis apuntes con respecto a lo que he aprendido en mis prácticas. Su molesto y ruidoso compañero se había adelantado, así que aproveché la oportunidad.
Sabía que de lunes a jueves debían asistir, así que esperé hasta el viernes para tener la oportunidad de invitarlo. Ese día había estado ansiosa pero una vez llegado el momento, me acerqué a él sin hesitar. Al terminar la clase, todos habían empezado a salir.
– ¿Vienes Momo? – preguntó Kyoka
– Ah… No, ah… Haré algo más hoy – su mirada se dirigió al chico detrás de mí que terminaba de recoger sus cosas, y me sonrió al intuir lo que ocurría.
– Mm, ya entiendo. Nos vemos luego, entonces. – se colgó de mi hombro brevemente. – Buena suerte. – me susurró antes de salir. Ella sabía de mis sentimientos por él y siempre me alentaba a luchar por ellos.
Sin más dilación, me coloqué delante del chico bicolor.
– Todoroki he estado tomando apuntes de mis prácticas y me preguntaba si quisieras repasarlas conmigo. – Mi corazón latía con fuerza. Él mantenía la mirada serena que lo caracterizaba
– Me encantaría…
– ¡MITAD–MITAD! –una explosión en la puerta trasera del salón casi provoca que me vaya de espalda – ¡Deja de perder el tiempo con cola de caballo! ¡Tenemos que irnos! – el rubio estaba tan sanguíneo como siempre
– Lo lamento Yaoyorozu, Bakugou y yo tenemos algo que hacer – acomodándose la mochila
–No te preocupes, entiendo – forzando una sonrisa
– Nos vemos luego – se despidió para reunirse con el rubio explosivo. Yo solo pude verlos alejarse.
– ¡¿Por qué siempre te tardas tanto?!
– Me causa gracia verte así
– ¡¿QUÉ DIJISTE?! – y en respuesta él le mostró una sonrisa. No recuerdo haberlo visto sonreír antes. Sentía que alguien estrujaba mi pecho. El curso extracurricular los había vuelto más unidos, y yo solo lo sentía más lejos.
Esa tarde, me dirigí al dormitorio con la cautela de no ser vista por Kyoka o alguno de mis otros compañeros, me sentía abatida. Caí rendida en mi cama, y me aferré a una de mis almohadas forradas de seda. A veces me preguntaba cuándo había empezado a tener sentimientos por Todoroki y llegaba a ninguna fecha en específico. Había creído que fue después del examen en el que enfrentamos al Prof. Aizawa, pero no; fue mucho antes. Cuando en la ceremonia de inicio quedé deslumbrada por su cabello bicolor que me pareció inusual y la curiosidad que me provocó su cicatriz en el ojo izquierdo que, lejos de ser intimidante o causarme disgusto, me pareció dotarlo de la ecuanimidad digna de un monje. Su apacibilidad y trato cordial cautivaron mi atención, para que tras ser felicitada por él al aprobar el examen no fuera más que obvio que lo que sentía por él, no era simple amistad.
– Momo, ¿estás ahí? – era la voz de Kyoka – ¿Puedo pasar? Toru está conmigo. – Mis mejillas estaban húmedas, pero no quería que me vieran así. Las sequé rápidamente para dejarlas pasar.
– Pasen – les abrí la puerta sin mirarlas a los ojos
– Queríamos saber cómo estabas – comentó la chica invisible al acomodarse en mi futón
– Escuchamos del Bakusquad que su líder había salido con Todoroki, así que quise venir a verte
– No era necesario chicas, estoy bien. – les ofrecí una sonrisa fugaz
– Momo, no tienes que…
– ¡Les prepararé té! – me levanté para tomar un par de tazas del estante
– No tienes que esforzarte por ocultarlo – tomando mi mano. La pelipúrpura tenía una expresión afligida
– Puedes contar con nosotras, Momo – Toru se colocó al extremo opuesto, aferrándose a mi brazo. Ver lo preocupadas que estaban por mí, provocó que me quebrara. Las lágrimas que estaba intentando ocultar no dejaron de brotar como cascadas y me dejé caer en los brazos de mis amigas.
– Es cierto que después de haber fallado en el examen para conseguir la licencia provisional deben compartir más tiempo juntos por asistir al curso extracurricular, pero son prácticamente inseparables
– Es como si la última pelea que tuvieron los hubiera unido más. No imaginaba que se haría así de cercanos – Toru abrazaba una de mis almohadas. – Pero nosotras estamos para ti – No podía ver la mano de Toru, pero sentía su calidez al acariciar mi cabello
– De alguna forma se ha vuelto más sociable, y estoy feliz por él. Ya tendremos la oportunidad para compartir tiempo juntos.
– Estamos hablando de Bakugou; el chico rara vez habla, solo sabe vociferar y está con uno de los más tranquilos de la clase. ¿No les parece muy drástico?
– Kyoka tiene razón, es algo extraño
– Supongo que congeniaron mejor de lo que pensamos
– Eso no me termina de convencer – Kyoka extrañada – Bakugou rara vez, o más bien nunca, se muestra amigable con nadie y Todoroki no es muy sonriente que digamos, y unos días atrás, ambos estaban riendo – mi corazón volvió a sentirse pesado
– ¡¿Estás segura, Kyoka?!
– De no haber visto como poco segundos después se molestó con él, no lo habría creído – mis músculos se sentían contraídos – Pero solo deben ser muy buenos amigos, de alguna forma muy inesperada…
– ¡Eso lo veremos! ¡Los espiaré!
– ¡Toru eso no está bien! – recalqué
– ¡Así saldremos de dudas! – insistió
– Eso es muy arriesgado. Si Bakugou te descubre, no vivirás para contarlo
– Momo vale el riesgo – expresó segura – además soy experta en camuflaje
– No lo apruebo, ¡en absoluto! – levantándome del futón – Esto es exagerado solo porque me rechazó una vez. Toru, no quiero que hagas nada arriesgado y mucho menos que invadas su privacidad.
– De acuerdo – bastaba con imaginar su invisible rostro para saber que aceptó a regañadientes
– Bien. Ahora sí quiero un té. – Retomando su preparación en donde la había dejado.
Solo se habían vuelto más cercanos, eso es todo. Ese era el escenario más idóneo, compartiendo tanto tiempo juntos es lo más indicado para reducir los conflictos; aunque estas afirmaciones no dejaban de sonar como un efecto placebo, pero la realidad es que hubiera dado lo que fuera para que Todoroki me mostrara la sonrisa que le mostró a Bakugou.
Kirishima
Como consecuencia del curso extracurricular, no compartíamos tanto tiempo con Bakubro. Extrañaba entrenar con él, ahora en cada espacio de su tiempo libre estaba con Todoroki; detestaba verlos juntos. Entonces se ocurrió una fantástica idea. La despensa estaba casi vacía, así que pensé en reunir al Bakusquad para salir hacer las compras. El único inconveniente: convencer a Bakugou.
En uno de los pocos momentos en los que al fin estaba solo, me acerqué a él con la esperanza de no ser interrumpidos.
– ¡Bakubro! – colocando mi mano en su hombro
– ¿Qué quieres Shitty–Hair? – mirando mi mano, obligándome a quitarla
– La despensa está casi vacía, y pensé en reunir al Bakusquad para abastecerla
– ¡¿Quién crees que soy?! ¿El ama de llaves? – sus palmas emitían humo y chispas – Además, ¿crees que voy a desperdiciar mi día libre saliendo de comprar con ustedes? ¿Eso es lo mejor que pueden hacer un fin de semana? – se estaba alejando, pero lo tomé del brazo
– Casi no pasamos tiempo de calidad juntos, y siempre es divertido cundo estamos todos juntos – permaneció en silencio por unos segundos – Podemos hacer algo más que las compras. Te extrañamos Bakugou; yo te extraño…
– De acuerdo… ¡Pero no iremos al maldito arcade de la última vez! – soltándose de mi agarre, pero yo me abalancé hacia él
– ¡Eres genial, Bakubro!
– ¡SUÉLTAME! – intentando apartarme.
Tras solicitarle la lista de compras que amablemente Iida nos facilitó, salimos ese sábado. El Bakusquad estuvo reunido como antes, e hicimos todo lo que quisimos, dentro de lo ambiguamente legal: Serobro y Kamibro apostaron que, quien perdiera, debía comprar el nuevo juego de la famosa franquicia del viajero verde si alguno de los dos llegaba primero a la fuente de la plaza. Mina y yo fuimos los jueces mientras Bakugou, molesto, se mantuvo lo suficientemente lejos como para desligarse de nosotros si algo ocurría. Kaminari ganó por muy poco, cayendo en la piscina llena de agua como símbolo de su victoria.
El muy idiota, para secarse, comenzó a sacudirse como un perro, empapando a todos los que estaban a su alrededor, mientras no parábamos de reír. Bakubro se acercó, sacudiéndolo hasta que activó su don, dejándolo en estado "Yeyh". Nos fulminó con la mirada al resto, y seguimos caminando por los pasillos del gran centro comercial. Nos hacía falta compartir tiempo juntos y ser nosotros mismos, sin la rigidez de la academia. Solo cinco chicos pasándola bien por un rato.
– ¡Estoy exhausta! – Mina se dejó caer en una de las sillas del café donde esperamos a Sero y Kaminari pues habían ido a comprar su premio
– Claro que debes estar cansada, ¡Nos obligaste a entrar a cada maldita tienda! – dando un sorbo a su bebida
– ¡Qué ingrato eres, Bakugou! Hasta te compré esa linda chaqueta por ser tan lindo de cargar mis compras
– Era lo menos que podías hacer, Pinky – Mina odiaba que la llamara así
– Te queda bastante bien, Bakugou – era una prenda oscura, que contrastaba con su piel y cabello perfectamente. Se veía muy varonil.
– ¡Por supuesto! – encestando el vaso de plástico en la papelera. No es de extrañar que tuviera tan buena puntería.
– Me gasté la mesada de casi tres meses – Sero se lamentaba mientras veía su billetera vacía
– No te preocupes, hiciste la mejor inversión de tu vida – abrazando el videojuego – Pero sabes que lo mío es tuyo
– ¿Hablas en serio, Kamibro?
– ¡Claro Serobro!, eso hacen los amigos
– ¡Abrázame hermano! – mientras se mostraban aprecio. Yo vivía para estos momentos.
– Agh, ¡ya vámonos de aquí! Aún tenemos otro lugar al que ir – levantándose bruscamente del asiento.
Tomamos el tren ya entrada la tarde que nos acercó a una de las tiendas de conveniencia más próximas a la academia, que era donde solíamos hacer las compras de alimentos y otros artículos de primera necesidad. Para variar, el tiempo vuela cuando pasas un buen rato con tus amigos, en especial cuando en equipos de dos, Sero y Kaminari, mientras Mina y yo, tomamos unos carros de compras para hacer una carrera. Esta vez les tocó perder al otro par, mientras la chica y yo festejábamos. Aunque de Bakugou no había ni rastro; de seguro nos negaba tal y como hizo en el centro comercial.
Debíamos apresurarnos antes de que terminara el toque de queda y de no haber sido por Bakugou, no nos hubiera alcanzado el tiempo. Las puertas de la entrada comenzaban a cerrarse y a duras penas pudimos ingresar a la academia. De camino a los dormitorios, se la pasó reprochándonos, pero esa era su forma habitual de mostrarnos su afecto.
– ¡ESTUVIMOS A POCO DE QUEDARNOS AFUERA! – ya dentro del dormitorio
– Pero no fue así, Bakubro. Relájate – Kaminari intentó acercársele, pero alejó con dos explosiones controladas. Eso provocó que se colocara detrás de mí.
– Bakugou, no te alteres. Ya estamos aquí. – volvió a crear otra mini explosión y yo activé mi don como acto reflejo
– Justo los estábamos esperando. – Era Iida – Estaban a punto de ser sancionados y ponernos a todos en una situación incómoda.
– ¡¿VES?! AHORA EL CUATRO OJOS NOS VA A DAR SU ESTÚPIDO SERMÓN – yo estaba listo para recibir la explosión
– De hecho, los esperábamos para hacer la cena – Yaoyorozu apareció justo detrás de él. No fue hasta ese momento que me di cuenta que todos los chicos estaban ahí.
– Sí, pensamos en hacer una cena especial para comer todos juntos, kero – Tsuchan se unió a ellos
– ¿Por cuál motivo? ¿Olvidamos alguna festividad? – Mina se acercó a ellos ansiosa. Ella amaba las fiestas y sería fatal para ella perderse una
– No necesitamos un motivo para compartir juntos – Escuchar las sabias palabras de Oijiro me llenó el corazón. Es tan varonil.
– ¡Sí! ¡Seremos tratados como los dioses! – Kaminari y Sero celebraron
– No se crean tan especiales; yo fui obligado a estar aquí, solo para estar más cerca de… – Tsuchan no dejó que Mineta continuara, dejándolo en el piso
– Ya que ustedes hicieron las compras, pensamos en agradecerles preparándoles la cena – Jiro siempre tan amable
– ¿Ves? Al final todo salió bien – casi me descuartiza con la mirada
– Y todo esto fue idea de Deku – Uraraka tomaba al chico que se veía visiblemente apenado por los hombros
– ¡Esa idea tan estúpida solo podría ser tuya! – explotó, como siempre, contra su amigo de la infancia
– Si tan solo dejaras de protestar. – Todoroki se acercó, en compañía de Koji y Tokoyami, quien con ayuda de Dark Shadow, tomaban las bolsas de comida. No había notado cuando el bicolor se acercó a Bakugou, quien cambió su expresión ligeramente en cuanto lo vio. – Por cierto, linda chaqueta – lo miró a los ojos, expectante
– ¡Eres un fastidio, Mitad–Mitad! – dirigiéndose a las escaleras. Lo seguimos poco después para reposar un rato mientras la cena era preparada. No sé qué tan obvio fue para los demás, pero al voltearse estaba ligeramente ruborizado. ¿Cómo era capaz de provocarle tanto con tan poco? Estaba incómodo y molesto de pensar cuán cercanos se habían hecho.
…
Eran casi las 7pm cuando el área común desprendía un increíble olor a Yakisoba y otros platillos. Los cinco nos acomodamos en el sillón central viendo la televisión, pero el aroma a carne cocida no me dejaba concentrarme.
– ¡Tengo hambre! – Kaminari fue quien escuchó mis pensamientos
– ¡Estará lista dentro de poco! – respondió YaoMomo mientras probaba algo que parecía un estofado. Estaba empezando a marearme.
– ¿A dónde vas, Bakugou? – le pregunté cuando se apartó de mí
– Voy por un vaso de agua – El rubio se coló entre nuestros compañeros, sirviéndose del refrigerador, pero su vista estaba sobre el chico bicolor, dirigiéndose hacia él. Todoroki se encontraba pelando unas verduras o picándolas; desde esta distancia no podía distinguirlo.
– Estás haciéndolo mal, como siempre
– Deberías hacerlo tú, entonces – le respondió sin aparatar la vista de lo que hacía
– No, hoy ustedes son nuestros cocineros – él seguía detallando los movimientos del chico
– Si eso te complace – esta vez el bicolor lo observo, lo que tomó desprevenido al rubio
– Es increíble que estés involucrado en esto, Mitad–Mitad
– ¿Por qué lo dices?
– Porque tú no sabes cocinar. Apenas te preparas esa asquerosa sopa fría porque es lo único que consumes – dando un sorbo
– Por ti aprendería a cocinar – y el furor colectivo que le siguió confirmó que todos éramos testigos de su conversación. Bakugou comenzó a toser.
– ¡ERES UN IDIOTA, BASTARDO MITAD–MITAD! – estaba rojo. Quería suponer que era porque casi se atragantaba, pero sabía que era algo más. El rubio se dejó caer con brusquedad, iracundo mientras Sero y Kaminari lo molestaban, haciendo que casi les explote la cara.
Justo a las 7:30 pm estábamos comiendo la deliciosa cena que nuestros compañeros habían preparado.
– ¡Esto es el paraíso! – dijo como pudo Kaminari con la boca llena
– ¡Quiero más! – Mina, extendiendo su mano
– ¿Qué te parece la cena, Bakugou? – pregunté anticipando su posible respuesta
– He probado mejores – viendo que su plato estaba casi vacío; nunca admitiría que le gustó
– ¡Debemos hacer las compra más seguido! – Sero estaba visiblemente satisfecho, recostándose de su asiento.
Luego del festín y de dejar la cocina impecable, los chicos propusieron ver alguna película. Tokoyami, Shoji, Koda, Sato y Aoyama se fueron a sus habitaciones. Al poco tiempo se les unieron Jiro, Yaoyorozu y Toru. Justo a las 8:00 pm, Bakugou se dirigió a su habitación, y los demás nos quedamos viendo el resto de la película. Eran casi las 9 cuando me acordé que debía devolverle unos apuntes a Serobro. Fui a mi habitación esperando encontrarlos donde creí haberlos dejado…
– ¡Aquí están! – aliviado. La última vez los desaparecí, y si lo hacía de nuevo, no lo culparía de no volver a dirigirme la palabra.
En cuanto me encontré en el quinto piso, su silueta me llamó la atención. Pensé que estaría dormido, sin embargo, estaba de pie en la habitación de…
– ¿Todoroki? – susurré sin premeditarlo al tiempo que me escondía para no ser visto. Bakugou se adentró a la habitación del chico. Mis dedos dolían por la presión de mis puños. Mi don se activó, rasgando parte de la libreta de apuntes; al menos esta vez no estaba perdida. No tuve el valor de acercarme, así que me dirigí a mi habitación.
Dejé que mi cuerpo se deslizara por la puerta del cuarto. Me sentía frustrado y solo me limité a tomar mis rodillas. ¿Por qué me molestaba tanto que fueran tan cercanos? Yo fui quien estuvo a su lado desde el principio, ¿por qué era Todoroki quien resultaría más unido a él? ¿Por qué me sentía tan mal?
Solo dormido pude disipar todas esas preguntas, que deseaba que tuvieran respuesta a la mañana siguiente, aunque no estaba seguro de querer saberlas.
Oh, el amor no correspondido :/
Dato #28
Este capítulo lo escribí inspirada en "Quisiera" de Juan Luís Guerra.
"Quererte y hablarte, mi vida, quisiera yo
(Quisiera, y tantas cosas más quisiera)
Tenerte en mis brazos y amarte y prender el alba
Y amasar la noche
Y salir contigo disfrazado de horizonte, Yeh."
...
Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario
