Todoroki
La luz del sol que se coló esa mañana en el cuarto de Bakugou, que estaba rodeándome con sus brazos. No solo nos turnábamos los cuartos al dormir, sino también cómo dormíamos. Sentir su pecho en mi espalda era una de las mejores sensaciones que jamás había sentido, me sentía resguardado en sus brazos y eso era lo que más disfrutaba de estar con él. Me giré lentamente para no despertarlo. Sentir su cabello entre mis dedos era relajante, y ver lo apacible que podría llegar a ser, sería siempre algo que querría mantener solo para mí.
De pronto comenzó a gruñir y temí haberlo despertado, pero el solo me acercó más a su pecho, lo que hizo que asegurara mi brazo alrededor de su espalda. Podía sentir las vibraciones guturales de su garganta al despertarse, era como el ronroneo de un gatito.
– ¿Desde cuándo eres tan madrugador? – estaba frotando mi cabello
– Es que no tenía sueño. ¿Te desperté?
– No. De seguro debe ser hora de levantarme.
– Si quieres nos podemos quedar aquí, después de todo es domingo. – Hundiendo mi nariz en su pecho.
– Tenemos un examen mañana, no podemos pasarnos el día en la cama – besando mi cabello antes de liberarme. Verlo sentado al borde de la cama, me motivó a tomarlo por detrás; su espalda aún estaba cálida. – Nada de lo que intentes hará que me quede contigo aquí. – acariciando mi cabello mientras besaba su cuello. – Ya basta. – Se liberó de mí con dificultad. – Ve a cambiarte, nos vemos en diez minutos. – Entrando al baño dejándome en la cama.
Acatando su pedido de mala gana, me dirigí a mi habitación para quitarme el pijama. Una vez cambiado, me recosté en mi cama hasta que pasaran los diez minutos.
– Oye, bicolor, ¡despierta! – Bakugou estaba frotando mi cabeza, y yo lo atraje a mí, tomándolo de la cintura – ¡Déjame ir! ¡Tenemos muchas cosas que hacer hoy! – apretando mis mejillas, provocando que me levantara. Detestaba cuando hacía eso, pero con reprochárselo solo conseguía que lo hiciera con más insistencia. – Si no te gusta, no me des motivos para hacerlo – me sonreía de la forma en lo que lo hace cada vez que consigue lo que quiere.
– No me iré hasta que te disculpes. – Cerré mis ojos en espera de lo único que sabía que me haría seguirlo.
– A veces eres tan infantil. – Tomando mi rostro en sus manos. Comenzaba con un ligero roce en mis labios, hasta que aumentaba la insistencia de mantenerlos sujetos a los suyos. No necesitaba comprobar con nadie más que solo podría sentirme así de feliz con él. Estaba acostumbrado a la pasividad con la que me besaba, disfrutando de cada beso individualmente e incluso del choque de nuestras respiraciones. Lentamente se separó de mí y permanecimos mirándonos fijamente por unos segundos. – Vayamos por el desayuno – levantándose de la cama, al tiempo en que yo lo imitaba.
Al llegar, él fue abordado por el Bakusquad, y yo estuve un rato con el Dekusquad. Aún me resultaba gracioso cómo habíamos terminado en esta cotidianidad en la que estábamos divididos en esta especie de equipo. Tras compartir/discutir un rato con Kirishima, Kaminari, Sero y Ashido, nos dirigimos a la biblioteca. Pese a su mal carácter, Bakugou era bastante eficiente explicando.
Habíamos estado estudiando por al menos cuatro horas, cuando me rehusé a escuchar los causales de los primeros legisladores de leyes para héroes en oficio.
– No quiero seguir. Tengo hambre. – apoyando mi cabeza sobre el libro
– No te dije que te detuvieras – dándome un ligero golpe con el ejemplar que tenía. – Aunque también tengo hambre.
– Quiero soba – elevando mi cabeza
– Nada de eso. Es la única porquería que comes. – Levantándose de la silla, tomando el libro y sus apuntes
– Pero es lo que me gusta. – yo tomaba mis cosas y lo seguía.
– No puedes seguir comiendo esa sopa fría y desabrida. – le fruncí el ceño, deteniendo mi avance. Él se giró hacia mí y, para sorpresa de nadie, estaba molesto. Caminó hasta donde estaba, sin mirarme.
– Te prepararé algo de comer. – tenía una mano detrás de su nuca. Mi respuesta inmediata fue abrazarlo. – ¡Idiota, estamos en el pasillo!
– Es que estoy muy feliz – dándole un beso en la mejilla, para luego soltarlo
– No te acostumbres – refunfuñó caminando a mi lado
…
– ¿Qué me vas a preparar?
– Algo mucho mejor que lo que tu sueles comer, eso te aseguro – no sé si sería mejor, pero los vegetales que salteaba olían muy bien. Yo estaba sentado en una de las sillas del desayunador mientras lo veía cocinar. El delantal no hacía más que acentuar su cintura, y esa vista me gustaba en demasía. No me pude resistir y tuve que acercarme más a él.
– Verte cocinar hace que me gustes más – tomándolo por la cintura.
– No me distraigas. – mientras picaba algunas papas, de hecho, bastantes
– Pero quiero hacerlo – mi voz escapó en un susurro, y él se detuvo para colocar un beso en mi mejilla
– No es el momento – y con eso me indicó que debía apartarme para guardar apariencias. ¿Por cuánto tiempo estaríamos así?
Me acomodé nuevamente en mi asiento mientras revisaba mi celular. Ahora conversaba más seguido con mi mamá, además de las llamadas, de vez en cuando nos enviábamos mensajes y eso me subía mucho los ánimos. Pensar en lo feliz que estaba con Bakugou y cómo había mejorado la comunicación con mi progenitora, hacía que cierto nivel de miedo se apoderaba de mí. Era como si estar así de feliz fuera el preludio de que algo podría salir mal.
– ¡Huele delicioso aquí! – la voz de Sero entró en escena, y eso solo significaba que era cuestión de tiempo para que el Bakusquad estuviera completo.
– Por supuesto que sí, ¡es Bakugou quien está cocinando! – mencionó el de cabello amarillo
– ¡Aun no está listo, idiotas!
– Esperaremos a que lo esté, entonces. ¿No es así, Kiri? – Mina estaba siendo llevada por el pelirrojo, que en cuando me vio desvió la mirada. Ahora que lo pienso, dese hace un tiempo sentía como si me estuviera evitando. Me pregunto si habré dicho o hecho algo que le moleste. Los cuatro se sentaron en el resto de sillas disponibles, Kirishima en el extremo más alejado. – Por cierto, Todoroki, estamos pensando en salir a comer o dar una vuelta algún día, ¿quieres acompañarnos? – una alta llamarada se levantó en donde se encontraba Bakugou.
– ¡¿QUÉ DIABLOS ESTÁS HACIENDO, PINKY?!
– ¡Invitándolo a salir con nosotros, ya que tú no lo harás! Entonces, ¿aceptas? – La oferta era tentadora, y a lo mejor daría pie a que de a poco no tengamos que disimular.
– Lo pensaré – la chica dio un salto en celebración. No era necesario ver la cara de Bakugou en ese instante para imaginar qué expresión tendría.
– Bakugou, no le eches tanto puerro esta vez, ¿sí?
– Sí, claro. MOLESTA A QUIEN PREPARA DE COMER – fulminando a Sero con la mirada, quien se puso a la defensiva para luego mostrarle una sonrisa
Él ya había contemplado prepararles algo para comer a ellos también. Ya fuese para disimular, o que realmente quisiera hacerlo, me pareció un lindo gesto. Sabía que, aunque no lo demostrara, les tenía aprecio a su manera. Supongo que yo también he aprendido a leerlo entre líneas.
– Bakugou, ¿crees que podríamos entrenar después? – habló por fin luego de un largo rato el pelirrojo mientras se servía lo ya preparado por su amigo
– No lo creo. Mitad–Mitad y yo aún no terminamos de estudiar
– Pero yo no quiero seguir – protesté
– Yo no te pregunté. Sabes que estás peor que yo, y que debes mejorar – respondió sin siquiera mirarme
– Aww, ya hasta se preocupa por su rendimiento – comentó Ashido
– Es como si fueras parte del Bakusquad, Todoroki – comentó Kaminari engullendo un trozo de calabaza
– ¿Qué Todoroki qué? – Uraraka fue quien se pronunció – Estás comiendo con ellos ¡Traidor! – con la mirada acusatoria. Y así fue como el resto del Dekusquad apareció.
– ¡Supéralo cara redonda! – sin apartar la vista de su plato
– Solo me invitaron a comer, Uraraka – terminando la última porción en mi plato.
– Huele muy bien. Debió ser preparado por Kacchan
– ¡CLARO QUE SÍ, MALDITO NERD! – solo para responderle a Midoriya lo miro desafiante, incomodando al peliverde
– Deben limpiar cuando terminen
– ¡CÓMO SEA, CUATRO OJOS! – en respuesta a nuestro representante
– Disfruten de su comida, kero – siguiendo a los otros tres
Como Bakugou, había preparado la comida, los chicos se ofrecieron a ayudar a limpiar mientras nos dirigíamos a su habitación. Sin embargo, la inusual actitud de Kirishima me intrigaba.
– Oye… ¿No notas un poco raro a Kirishima? Digo, antes solía sonreír más… – y no solía mirarme tan extraño
– Yo también lo he notado… Supongo que está molesto porque ya no pasamos tanto tiempo juntos – respondió secamente – Ya se le pasará – acomodándose sobre la cama, invitándome a imitarlo
– Si eso piensas – no parecía seguro de su respuesta, pero, no quería insistir. – Por cierto – tomándolo por la cintura – lo que preparaste de comer, estaba delicioso. – Dándole un prolongado beso en la mejilla.
– La próxima vez, lo prepararás tú – tomando mi rostro para besarme. Él sabía perfectamente qué tenía que hacer para tenerme en la palma de sus manos, y este simple gesto, era uno de esas formas. – Debemos continuar donde lo dejamos la última vez. – Tomando el grueso tomo verde que pensé en quemar en ese instante. Supongo que esta eran las consecuencias de estar con uno de los mejores estudiantes de la clase.
…
Esa tarde, me encontré dormido en su habitación. Habíamos estado estudiando por dos horas más hasta que le pedí un receso. Como no estaba, decidí salir en su búsqueda. El dormitorio estaba en un inhabitual silencio y yo me sentía ajeno a esta tranquilidad. Pero eso era solo el indicio del caos. Un chirrido que conocía bastante bien retumbó en los muros del área general. Giré con los músculos rígidos en dirección al origen, para ver una tetera en ebullición.
Mi primer reflejó fue mover mi pie derecho y así fue como media cocina estaba cubierta de hielo. Al menos ese molesto sonido ya no estaba.
– ¡¿QUÉ ES LO QUE TE SUCEDE?! – y así fue como el silencio se esfumó – ¡¿Por qué hiciste eso?! – No me atrevía a responder. Me sentía demasiado irritado. – Derrítelo. – Yo no me atrevía a mirarlo a los ojos. – ¡DERRÍTELO! – insistió – Yo no puedo quitarlo porque si provoco una explosión, destruiré toda la cocina si no es el dormitorio completo, así que, DERRÍTELO – de pie a poca distancia de mí. Sabía que tenía razón, pero me sentía incómodo. Recordar ese sonido trajo a mi mente recuerdos con los que aún tengo que lidiar. Pero eso no hizo más que alterarlo aún más. – ¡¿Qué es lo que te ocurre?! – tomando mis mejillas, apretándolas con fuerza – Eso era para un té, ¡PARA TI! – eso me hizo sentir culpable
– ¡Salgamos a comer! – pronuncié entre jalones, y solo así, aflojó su agarre. – Así podría compensarte el gesto – frotando mis adoloridas mejillas. Permaneció escéptico por unos segundos
– Bien. Te espero en la entrada. – Volvió a acercarse a mí – pero arregla este desastre. – dándome un ligero golpe en la frente.
Una vez la cocina volvió a su estado habitual, salí al frente para encontrarme con un Bakugou distraído con su celular sentado en las escaleras.
– Podemos irnos – manteniendo el mismo perfil bajo. Él solo mantuvo su ceño fruncido. – ¿Sabes a dónde están los demás?
– En el estúpido grupo de clase anunciaron que salieron a un festival de fuegos artificiales.
– ¿Quieres ir luego de cenar?
– No. Está bien. – Si bien estaba acostumbrad a su mal humor, verlo así de tranquilo era lindo.
Una vez estuvimos un poco más alejados, tomé su mano y él primero titubeó, pero la aseguró a la suya, intercalando nuestros dedos, haciendo que las dos siluetas alargadas por el atardecer, se convirtieran en una sola.
Pese a su mueca, no protestó cuando pedí soba fría y él, un humeante platillo picante. Estar así hizo que tuviera un breve deja vú de la última vez. En ocasiones no terminaba de comprender, cómo siendo tan diferentes, terminamos en esta situación.
Salimos del restaurante poco antes de las ocho y, para respetar su horario de sueño, decidimos regresar a los dormitorios. De camino, él se detuvo para amarrarse las agujetas mientras yo me perdí con la vista de la ciudad a esa altura.
– Podemos quedarnos un rato ahí, si quieres – la sugerencia me tomó desprevenido. Yo asentí volviendo a tomar su mano. Nos acercamos hasta los barandales que llegaban casi al borde de la pendiente. Allí las luces eran mucho más brillantes, incluso parecían parpadear como luciérnagas.
El clima estaba agradable, pero eso solo significaba que era demasiado frío para Bakugou, por lo que decidí abrazarlo por detrás. Él se estremeció al contacto y debo admitir que se sentía extraño hacer este tipo de gestos fuera de la seguridad de alguna de nuestras habitaciones, pero eso no me detuvo para tomar ventaja de que éramos los únicos ahí. Su respiración era pausada, al tiempo en que sus brazos se aseguraban a los míos. Era agradable estar en este silencio, donde solo parecíamos estar él y yo, sin embargo, no estaba del todo tranquilo.
– Siento el incidente de la cocina… – inicié – fui muy impulsivo
– Y un tarado – agregó
– Sí, también… Aún estoy aprendiendo a lidiar con algunas cosas…
– Ya no importa… – girándose hacia mí – Pero si lo vuelves hacer, no hará próxima vez – tomando mis mejillas de nuevo
– ¡Sí, ya entendí!– me quejé, para que luego él colocara sus manos en mis hombros, haciendo esa mirada que solo me invitaba hacer una cosa. Me incliné hacia adelante, sintiendo la suavidad de sus labios. Lo acerqué todavía más a mi cuerpo, y ahora eran sus dedos que jugaban con mi cabello. Fue un beso posesivo y liberador al mismo tiempo; donde él tomaba mi labio inferior mientras yo intentaba seguirle el ritmo, sonriendo como signo de victoria cada vez que lo conseguía. Solo el sonido de un estadillo nos separó. Se trataba de la pirotecnia del festival que mencionaron nuestros compañeros.
– Al final logramos ver los fuegos artificiales – era una vista hermosa, aunque también debo atribuir de que su compañía contribuyó a que fuera mucho más agradable.
– Sí, supongo. – apoyando su cabeza en mi hombro. Sentir el ligero choque de su respiración en mi cuello, mientras veíamos esa escena abrazados, me hizo pensar que, congelar media cocina no estuvo del todo mal.
Sin embargo, no pude predecir que ese evento fue solo el preludio de los efectos que la angustia reprimida eventualmente mostraría.
Me gusta lo sutil y tierno de ellos dos. Ya quisiera yo algo remotamente parecido...
Dato #31
Como U.A. está en una colina, imaginé que una vista a esa altura sería preciosa.
...
Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario
