Todoroki
(Menciones de abuso y violencia)
Esa mañana me sentía apesadumbrado. Me sentía incómodo y vacío. Eran la cinco de la mañana, y no quise molestar a Bakugou; solo acaricié su cabello antes de irme. Una vez en mi habitación, la sensación no hizo más que empeorar. Los pensamientos acerca de mi madre siendo golpeada por mi culpa, hicieron que colapsara en el piso. Lo único que podía ver eran llamas carmesí, el reflejo de la luz contra las paredes del salón de entrenamiento luego de ser llevado a mi límite incontables veces desde que tengo memoria.
Sentía que toda la ira que tenía reprimida volvía a apoderarse de mí, y fue todavía peor cuando me miré en el espejo, y la cicatriz en mi lado izquierdo parecía arder desde adentro, recordando la quemadura y la posterior separación de mi madre; por mi culpa. Yo era la causa de que no estuviera con nosotros, y entonces pensé en mis hermanos; Natsuo y Fuyumi. Ambos debían odiarme. Por mi culpa tuvimos que estar bajo el cuidado de nuestro maldito padre… Mis músculos me dolían, sentía mi cuerpo rígido y pesado. No quería moverme. ¿Valía la pena convertirme en héroe a costa de mi salud mental?
El ruido en aumento del dormitorio me obligó a mirar el reloj. Restaba al menos treinta minutos antes de que las clases iniciaran. De mala gana, tomé un baño y me vestí. Al llegar a la cocina, casi todos estaban de salida; como un acto reflejo, mis ojos buscaron a Bakugou, pero por otro lado no me atrevía a verlo. No sabría cómo explicarle por qué no estuve ahí cuando desperté.
– ¿Dónde estabas? – su reconocible tono de voz me petrificó. No me atrevía a mirarlo a la cara.
– No tenía sueño y me levanté antes... – él permaneció en silencio, y era justo en este momento cuando deseé que estuviera gritando
– ¡Ustedes dos, apresúrense! – nos pidió Iida. Bakugou se adelantó, saliendo sin mirar atrás. El hecho de que no me hiciera más preguntas era evidencia de lo intuitivo que podía llegar a ser; sabía que le aculataba algo.
No quería ver a nadie. No podía… Regresé a mi habitación. Decidí comunicarme con el Prof. Aizawa quien poco después me esperaba en el área común. Luego de una breve conversación donde pese a no abundar en detalles le comuniqué que me sentía indispuesto para asistir a clases, accedió a firmar el permiso para mi salida.
Enfrentarme a mi viejo no era algo que ansiara hacer, pero si no lo hacía, seguiría arrastrando estos sentimientos indefinidamente.
Para esta hora debieron percatarse de que estaba ausente, en especial Bakugou. No quería que pensara que era su culpa, por lo que decidí escribirle: "Discúlpame por no dar una explicación más detallada esta mañana. Estaré con mis hermanos unos días." Me detuve porqué debía pensar cómo comunicarle esto sin preocuparlo y mucho menos hacerlo sentir responsable por algo. "Por bastante tiempo he estado lidiando con sentimientos de culpa, y no quiero que resultes afectados por ellos. Estar contigo es una de las mejores cosas que me han ocurrido en un largo tiempo, y eso me aterra, porque tengo miedo que todo se arruine…" Mis mejillas estaban húmedas. Estaba aterrado con tan solo imaginarlo. "… y porque no quiero perjudicarte, he decidido lidiar con mis problemas antes de continuar. Solo necesito tiempo para ordenar mis sentimientos. Ya no quiero sentirme vulnerable; por eso, aunque sea repentino, debo alejarme por un tiempo." No quería estar lejos de él, pero era lo mejor por el momento. Solo pensaba en abrazarlo, pero el sentimiento pronto se esfumó una vez el auto que venía por mí, me esperaba en la entrada de la Academia.
Una vez allí en la residencia, fui recibido por Hawks, el colega de mi viejo y héroe profesional. Eso solo indicaba que estaba aquí y que, por supuesto había recibido la notificación del Prof. Aizawa. Si bien la violencia física había cesado, la injerencia de su presión psicológica persistía, y no la toleraría más.
– ¡Hola, menor de los Todoroki! – Con un simple aleteo ya estaba frente a mí. Emanaba tanta energía que me hizo sentir agotado. Por suerte, no tuve que devolverle el saludo.
– ¡Shoto! – Fuyumi me abrazó al verme – Estuvimos preocupados cuando fuimos informados de que venías, ¿estás bien?
– Solo necesito reposo – respondí apenas audible.
Una vez había acomodado mi equipaje en la habitación, vi mi cama en el mismo estado en la que la dejé unos meses atrás y solo podía pensar en que esta noche dormiría solo. Me había acostumbrado tanto a dormir con alguien que, la idea de no compartir el mismo espacio para dormir con Bakugou ahora me resultaba ajeno.
Sus pesadas pisadas retumbaban por el pasillo, y eso solo era indicativo de que esperaba a mi salida. Ya había tomado la decisión de enfrentarlo después de todo, ¿cómo podría convertirme en un héroe profesional si le temía al número uno?
Me dirigí a la sala principal donde se encontraba justo en el centro. Mi vista periférica pudo captar a Fuyumi en el lado izquierdo mientras ignoraba la presencia de mi hermano.
– Fuyumi, déjanos solos – pedí
– Sho…
– Haz lo que dice tu hermano, Fuyumi – No era necesario verla para saber que estaba preocupada. Tras escuchar, el sonido de la puerta cerrarse, prosiguió. – ¿A qué se debe que no estés en clase ahora?
– Tenía un asunto pendiente que resolver aquí. – Mi todo de voz era áspero
– ¿De qué se trata? – Continuando la lectura del periódico. Solo le importaba mientras siguiera el camino que sustituyera a All Might.
– De ti. – cesando la lectura, clavó en mí la única expresión que le conocía desde que tenía memoria; el ceño fruncido, y esa mirada fría y distante que nos mantenía a todos al margen.
– Adelante – colocando el periódico a un lado. – Te escucho.
– ¿Por qué debería superar a All Might? – sus ojos se expandieron – Después de todo, una basura como tú ocupa el lugar número uno sin merecerlo. – Es curioso como el vigor disipó el miedo que sentía por él; había empezado a extraer todo lo que por tanto tiempo guardaba y no contemplaba en absoluto retractarme o detenerme.
– Debes estar agotado, algunos días de reposo te sentarán bien… – haciendo el ademán de tomar el periódico, pero lo incineré.
– ¡No me subestimes! – Ante el gesto, él seguía manteniendo la pasividad que nunca había mostrado antes
– Pensé que ya habías superado esa fase rebelde adolescente después del Festival Deportivo, pero ya veo que no
– ¡¿De verdad crees que puedo borrar todo el daño que me hiciste sin más?! ¡¿Continuar en mi preparación como héroe como si nada hubiera pasado?! – mi garanta ardía y mi pulso latía con fuerza – No quiero ser como tú, persiguiendo un ideal que consuma mi vida a costa del sufrimiento de los demás – odiaba que me viera llorar, pero esta vez era diferente. No eran lágrimas de debilidad, era de impotencia y rabia acumulada por años.
– Necesitas descansar. El estrés de la academia…
– ¡Te dije que no me subestimes! – creando una barrera de hielo que evaporó en cuestión de minutos. Eso hizo que me tomara del cuello, tal y como lo hacía para reprocharme por no cumplir las expectativas que me imponía a los cinco años
– No hagas que te obligue a reposar. – Mis manos apretaban con fuerza las suyas. Y por un momento me sentí desfallecer, pero luego recordé porqué estaba allí.
– Por los constantes abusos mi madre está en un hospital, ¡por mi culpa! – Mis lágrimas volvían a brotar – Crecí pensando que mis hermanos me odiaban por alejarla de ellos, ¡por mí culpa! ¡Ignoraste su existencia por años! ¡¿Tienes idea de cómo eso los hizo sentir?!– Su agarre se debilitaba – ¡Tú mataste a Touya! – diciendo esto me dejó caer y al tiempo en que recuperaba el aire con dificultad. Me levanté con la respiración entrecortada pero el cuerpo ligero; dejar escapar todo lo que pensaba era como desprenderme de una pesada carga. Por primera vez, no tenía esa mirada desafiante e intimidante, más bien parecía estar en conflicto. Verlo así no hacía más que motivarme a seguir. – ¡¿Vale la pena ser el héroe número uno a costa del sufrimiento de tu familia?! ¡¿Cómo puedes salvar a los demás tras haber matado a tu hijo?! – Su cuerpo se cubrió en llamas, y pareció abalanzarse hacia mí, peo alguien me sostuvo. Los brazos de Fuyumi me rodeaban, estaba aferrada a mí, llorando.
– ¡Deténganse!... Por favor… – mientras me abrazaba con fuerza. Mi vista estaba borrosa, pero delante de mí estaba la familiar silueta de Natsuo.
– Si pretendes ponerle una mano a Shoto, tendrás que pasar sobre nosotros primero – él no solía tener una voz amenazante, y escucharlo hablar así, era muestra de que había llegado a su límite. Pasaron unos segundo antes de que el retumbar de una puerta corrediza se escuchara y la temperatura del lugar disminuyera. Yo me sentía en un estado de trance.
Solo cuando Natsuo se aferró a mí tal como lo hizo nuestra hermana, me percaté de que estaba en el suelo, sin fuerzas y adolorido, pero en un estado de relativa calma, etéreo y mucho más liviano. Me aferré a ellos, y solo dejé que mis lágrimas salieran sin parar y, desde mucho tiempo, estaba en paz.
…
Al despertar, estaba en mi habitación. A unos cuantos pasos de mí, se encontraba mi hermana, quien leía tranquilamente.
– Fuyumi… – incorporándome, sintiendo mi cuerpo crujir por las heridas
– ¡Shoto, no te apresures! – acomodándose a mi costado – Debes descansar – pasando su mano por mi cabello. Viéndola más de cerca, la hacía verse más parecida a nuestra madre, y eso me hacía sentir como una carga; mi existencia para ellos era el constante recuerdo de que fueron el sucesor fallido; el resultado malogrado; el hijo no deseado.
– No quise que…
– Shoto, tanto Natsuo como yo queremos que estés bien – ella seguía acariciando mi mejilla
– Qué bueno que ya estás despierto – entró el mencionado, colocándose al lado de nuestra hermana – Eso fue inesperado, Sho – dejando escapar un suspiro. – Pero lograste algo que ninguno pudo: romperlo. – Parecía aliviado al decir eso
– Hay algo más que Natsuo y yo queremos decirte – cada uno tomó una de mis manos entre las suyas. – Nosotros estamos felices de que seas nuestro hermano, y nunca te odiaríamos
– Lo que ha ocurrido en este desastre de familia no es tu culpa. – Mis ojos me ardían. –Si alguien tiene que disculparse, es ese idiota por los contantes abusos y nosotros por no evitarlo por tanto tiempo.
– Por favor, perdónanos – ambos se inclinaron delante de mí y no pude evitar llorar. No recordaba haber llorado tanto, pero no me sentía triste; estaba aliviado. – Shoto… – Fuyumi había vuelto a abrazarme, y yo me aferré a ella. La palma de Natsuo acariciaba mi espalda.
– Mamá tampoco te odia – mis lágrimas no pretendían detenerse. – Ella siempre espera hablar contigo, te extraña y te quiere tanto como nosotros. – él se unió a Fuyumi en el abrazo – Nunca lo dudes, Sho.
…
Mientras estuve con mis hermanos, no hubo rastro de él por los próximos cinco días. De lo que no podía disponer era del curso de licencia provisional, para la cual solicité un horario temporal por el tiempo en que estuviera con mis hermanos. Si bien estaba más aliviado luego de hablar con ellos, aún debía hablar con Bakugou; lo extrañaba demasiado, hasta el punto de dolerme el pecho. Él no respondía mis mensajes y eso no hacía más que hacerme sentir peor. ¿Habré provocado justo lo que quería evitar?
Sí, esto necesitaba drama, además de que fue muy catártico.
Dato #32
Escribiendo esto se me aguaron los ojos. Siempre he pensado en Fuyumi y Natsuo como los hermanos más comprensibles del mundo.
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