Mitsuki

Al abrir la puerta, lo que menos esperaba era encontrar a mí irreverente hijo traer a la casa a alguien más que Izuku, quien no nos visitaba desde hacía ya mucho tiempo.

El chico era de apariencia apacible. Por un momento me quedé pensando dónde lo había visto antes, hasta que recordé que fue quien quedó en segundo lugar en el Festival Deportivo. Su cabello y ojos de diferente color eran mucho más llamativos en persona.

Estaba en plena preparación del almuerzo cuando llegaron, así que inmediatamente comencé a aumentar las raciones. Por pura consideración con el chico, decidí mantener un tono de voz más a ameno, pero, si compartía tanto tiempo con el ruidoso de mi hijo, deberá estar acostumbrado a sus alaridos.

Mientras el arroz terminaba de cocerse, me dirigí a la sala, pero la vista de ambos chicos me conmovió en demasía.
– Así que ya me invitas a conocer a tus padres. ¿No crees que vas muy rápido? – ambos estaban sentados en el sillón
– No te hagas ilusiones – acercándose a pocos centímetros del chico. Mi corazón se agitó por la familiaridad que ambos se mostraban. Era confuso, pero, agradable al mismo tiempo. – Solo vine a buscar algunas cosas. Una vez termine, iremos a otro sitio.
– Y de seguro me dirás "no me molestes con tus preguntas estúpidas" si te pregunto dónde, ¿verdad? – acercándose aún más. Yo sentía que no debería espiarlos, pero esto era demasiado nuevo para mí. Katsuki se veía realmente a gusto con él; mucho, de hecho.
– Me conoces muy bien – y la subsecuente sonrisa de ambos a su respuesta lo confirmó. La mirada que ambos sostuvieron por esos segundos me tomó el aliento. Era la primera vez que veía a mi hijo tan a gusto con alguien, y ese sentimiento me sobrecogió. Decidir que estuviera en los dormitorios, fue una buena decisión después de todo.

El rubio se dirigió a las escaleras y el otro chico se giró, viéndolo alejarse, por lo que me motivé a hablarle.

– Si bien lo recuerdo, tu nombre es Todoroki, ¿verdad? – sentándome a su lado
– Sí. – El chico era de apariencia reservada y educada. Me transmitió mucha paz verlo así de apacible. Pensar que pasa tanto tiempo con ese alborotador, me hace pensar que a lo mejor no sea tan malo relacionándose con los demás.
– Es realmente admirable que te lleves tan bien con él
– No lo entiendo. ¿Ocurre algo con él?
– No, es solo que mi hijo es… Bueno, ya debes saberlo…
– Explosivo, ruidoso, arrogante, pedante… Sí, lo sé. – No tuve más que sonreír ante la acertada enumeración
– Sí. Justo así.
– También es un buen compañero y amigo cuando quiere. Incluso hay un squad que lleva su nombre, al que a veces suele prepararles de comer. – Yo estaba incrédula de imaginarlo en una situación semejante, pero el chico se detuvo, con los ojos desorbitados, antes de continuar. – Sin embargo, haga de cuenta que usted no escuchó esto de mí.
– ¿Cuál es el nombre del squad? – dudó, pero al final respondió "Bakusquad" en un susurro. Mi risa resonó en toda la casa, y eso llamó la atención del ruidoso en el piso superior.
– ¡¿DE QUÉ DEMONIOS SE RIEN USTEDE DOS?!
– ¡NADA QUE TE IMPORTE! – estuvo de pie en el barandal superior
– Bicolor, sé dónde vives y duermes. Estás advertido. – Mostrándole una actitud desafiante, a la que el aludido solo respondió con una cálida sonrisa.
– Gracias por ser tan cercano a mi Katsuki. Puede llegar a desesperar a veces, pero es buen chico. Como creo que lo eres tú – desde que vi su cabello quise acariciarlo, y no me resistí a hacerlo. Al chico lo tomó por sorpresa, pero después pude ver que sonrió ligeramente. Estaba feliz de ver lo mucho que había mejorado Katsuki, y sé que en compañía de Todoroki, no haría más que ser exponencial.

Todoroki

Mientras la madre de Bakugou, o más bien su versión femenina adulta, servía la comida, pude ver en uno de los estantes una foto familiar, donde se encontraba a un costado de ambos, un hombre de expresión relajada con lentes y cabello castaño, el que imagino debe ser su padre. Si de su madre adquisición la apariencia, debe ser de su padre la versión más relajada que me muestra cuando estamos solos.

Luego de comer, ella se dirigió a la cocina.
– ¡El postre ya debe estar listo!
– ¡Claro que no! ¡Ya nos tenemos que ir! – protesto al escucharla
– No seas tan estricto. Ella se tomó la molestia de prepararlo y quisiera comerlo. – Tomándolo de su chaqueta. Chistó, pero eso no era más que el preludio de su consentimiento
– Bien. Termínate esa cosa para que al fin nos vayamos. – retomando su asiento a mi lado. Ella vino con tres porciones de flan, repartiéndolas. Bakugou fue el primero en engullirlo de dos bocados, su madre fue la segunda y yo casi terminaba. La joven mujer se dirigió a la cocina, dejándonos nuevamente a solas.
– Tu madre es muy agradable, Bakugou, y cocina tan bien como tú – dando otra mordida
– Claro que sí. Es mi madre, después de todo. – girándose rápidamente – Espero no me haya escuchado.
– Eres demasiado orgulloso – tomando su mano por debajo de la mesa. Al contacto, él entrelazó sus dedos con los míos, y esa era una de las mejores sensaciones que podía sentir estando con él.
– Y tú muy lento al comer
– Aun así, me quieres, tanto como yo a ti. – dando el último bocado a mi postre, mientras mi vista periférica captaba como ocultaba su rostro sobre la mesa.

Tras terminar, y luego de su insistencia, nos encontrábamos en la entrada de la casa. Agradecí a su progenitora por la comida, y partimos con rumbo desconocido, al menos para mí.

– ¿No me vas a decir a dónde vamos?
– Lo sabrás dentro de poco, bicolor – tendríamos al menos diez minutos caminando y el clima era agradable. El camino que habíamos tomado me parecía familiar, fue entonces cuando vi las columnas del templo que pude identificar el camino.
– ¿Por qué te detienes? – me detuve inconscientemente
– Tengo recuerdos agradables con este templo – los dos, de hecho
– Yo no – respondió con una mueca. – Esa cosa atrae tormentas.
– Nos trajo a ti y a mí – siendo tan pálido, era fácil notar cuando su tono de piel cambiaba a un rojizo fugaz
– Se nos está haciendo tarde – tomando mi mano para seguir caminando.

Estaba tan distraído que cuando estuvimos frente al hospital donde se encontraba mi madre, no supe cómo reaccionar. Inhalaba y exhalaba con fuerza recordando la última pelea con mi viejo.
– Bakugou… No puedo – entré en pánico
– Oye, tus respiraciones se están volviendo irregulares. – Me jaló del chaleco hasta unos bancos. – Respira lentamente – estaba usando ese tono de voz que rara vez escuchaba. Llevó mi mano a su pecho – Intenta igualar mi ritmo cardíaco. – Estaba funcionando, de a poco me sentía más relajado, pero estaba aturdido. – Tu siempre vienes a visitarla, y te ves más feliz cuando la visitas. Estoy seguro que lo mismo le ocurre a ella, y este fin de semana tenga que ser diferente. – Todavía tenía que lidiar con este sentimiento de rechazo y otros temores, y pese a que no sé por cuánto tiempo sería, si estaba con él, era mucho más fácil hacerles frente.
– Tienes razón – dándole un fugaz beso en la frente para entrar al gran edificio de color blanco.

Como las veces anteriores, me dirigí al recibidor, sin embargo, un comentario de la recepcionista me alarmó:
– Ella recibió una breve visita de su esposo esta mañana – mis músculos se tensaron al imaginarlo aquí
– ¿A qué hora fue eso?
– Esta mañana, por al menos diez minutos o menos. – Ella me permitió el acceso y si antes dudaba verla, ahora estaba aterrado.

Estuve frente a la puerta de su habitación por un largo rato. Estaba temblando, al punto en que mis músculos dolían por la tensión. ¿Cómo podría verla? Yo soy la causa de porqué está aquí
– Me pregunto si Shoto vendrá… – apoyado en la puerta, pude escuchar el calmado tono de su voz. Ella quiere verme. Escucharla decir eso fue como desprenderme de una pasada carga.

Tomé la perilla de la puerta y ella estaba sentada frente al escritorio, con una pluma y hojas sobre éste.
– Estaba pensando en escribirte una carta. Pensé que no vendría porque estarías cansado por tu curso extracurricular… – su calmada expresión se nubló – ¿pasa algo, Shoto? – levantándose para acercarse a mí. Colocó sus manos en mis mejillas, que estaban cada vez más húmedas. Solo cuando estuvo de pie, pude ver que, sobre el escritorio, se encontraban unas flores azules.

Estuve un momento conversando con ella, solo sobre la academia y mis avances en mi preparación como héroe profesional. Ella no hizo mención de la visita de él y yo de la pelea de días atrás. Ocasionalmente llegó a sonreírme mientras batallaba para no mostrarle gestos que la preocuparan.

Terminado el tiempo de visitas, era tiempo de retirarme, pero, antes de irme, se acercó para abrazarme. No recordaba la última vez que habíamos estado así de cerca. Le devolví el gesto, y estaba plenamente feliz. Por esos instantes, toda la angustia que había estado cargando, se esfumó y ella me ofreció la sonrisa más amplia que no le había visto hacer jamás.

Bakugou estaba en el mismo lugar en que lo dejé cuando regresé. Estaba contemplando el árbol a su costado con asombroso detalle. ¿Estaría contando sus hojas?
– ¿Interrumpo? – sentándome junto a él. Su rostro cambió a un gesto más amable.
– Te ves en mejor estado
– Lo estoy. Gracias por convencerme para venir a verla – me sentía muy feliz
– Como agradecimiento quiero saber qué te ocurrió días atrás – adoptando una postura estoica
– Sí, lo haré – disfrutaba de la ambivalencia con la que podía manifestarse; entre lo explosivo y lo apacible. El inconveniente es que no podía decidir cuál de los dos me gustaba más. – Tengo que presentártela.
– ¿No crees que vas muy rápido? – levantándose para irnos
– Tú fuiste quien se adelantó – siguiendo sus pasos.

Sé que lidiar con mi pasado será un proceso tardado y arduo, pero, mientras esté con él, sé que estaré bien.


Mitsuki es una D-I-O-S-A

Dato #34

Los padres tendrán una participación importante para el desarrollo de los personajes.

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