Shinso

"El mundo no es tan idóneo como quisiéramos"; sí, eso ya lo sé. Apenas había pasado tres días desde que fue sometido a este suplicio. Con lo agotado que terminaba después del fuerte entrenamiento, con dificultad sentía ganas de vivir, mucho menos para escribir un estúpido ensayo.

"El mundo no es tan idóneo como quisiéramos" esa estúpida frase se repetía en mi cabeza una y otra vez, como si no supiera que justo por esa razón estoy bajo su cuidado; como si no fuera esa la razón por la que mis padres ya no están.

Había quedado al cuidado de mi abuela materna, cuando mi madre debía ir a una reunión de negocios al otro lado del país y mi padre decidió acompañarla. A los cinco años, eso era la clara señal de abandono, pero tras asegurarme que vendrían en la brevedad posible, solo tuve que retener las lágrimas mientras los veía irse, con la promesa de que iríamos al festival de verano en cuanto regresasen, sin saber que esa sería la última vez.

Dos semanas habían pasado desde su partida, y la noche anterior a su regreso, nos llamaron para informarnos que estaría de regreso conmigo al día siguiente. No podía dormir de la emoción; estuve despierto hasta tarde, bueno, lo más tarde que un niño de cinco años podía resistir, las 7 pm.

Cuando me desperté, estaba desanimado. Pensé que vería a mis padres en cuanto fuera a desayunar, pero no fue así.

Ya eran las tres de la tarde y no sabía nada de ellos. Mi abuela picaba una manzana mientras jugaba con una figura de acción de Eraser Head, un nuevo héroe profesional que detenía a los villanos borrando su poder; supongo que me gustaba porque me recordaba a mi papá. Era mi héroe favorito, además de All Might. Al igual que mi padre y yo, su don consistía en una habilidad intangible y a distancia; mientras mi padre podía leer las mentes yo podía controlar a quien sea que respondiera mis enunciados. Ver al héroe nocturno me hacía desear tener a los villanos bajo mi control; sería invencible.

Poco después, recibimos una llamada de ellos, pero no parecían tener su amigable tono de voz habitual.

– Hitoshi, mamá será breve. Escucha con atención…
– ¡Mamá! ¿Cuándo van a…?
– Hijo, escucha – interrumpió papá.
– No lograremos llegar a tiempo para el festival de verano – se escuchaba lejana, como en un susurro.
– No importa, en cuanto estén de regreso, todo estará bien… – se escuchó un sonido ahogado, como un sollozo – De verdad mamá, no estoy triste por eso… – consolé, sin éxito.
– Hitoshi, nunca olvides que… te amamos – esta vez fue mucho más claro, estaba llorando.
– ¿Mamá?
– Estaremos contigo, aunque no nos veas. Siempre estaremos contigo, Hitoshi… – la voz de mi papá pareció quebrarse al decir mi nombre y poco después, la llamada cerró abruptamente.

Le pedí a mi abuela que intentara llamarlos de nuevo, pero me dijo que a lo mejor estaban es un área con poca señal, o lo que eso significara.

Ese día había estado agotado después de jugar a ser Eraser Head, que no me costó trabajo dormir incluso antes de mi hora habitual. Como consecuencia, me desperté a altas horas de la noche porque tenía hambre. Bajé las escaleras sosteniendo mi juguete preferido, cuando un fuerte ruido proveniente de la sala casi hace que lo soltara. Corrí hacia la sala, para encontrar a mi abuela con sus manos cubriendo su boca y una expresión petrificada; estaba temblando.

Cuando giré en la dirección de sus ojos, el resplandor del televisor era de un intenso color rojo. Quise leer lo que decían las palabras en la parte inferior, pero solo me parecían palabras dispersas. "Accidente", "180", "avión", "heridos", "muertos"; hasta que una de ellas llamó mi atención: "Sapporo", ahí es donde fueron mis padres.

Una reportera comenzó a dar detalles de la gran columna de fuego y humo detrás de ella.
– Desde la prefectura de Hokkaido, en las proximidades de Sapporo, se reporta un accidente de avión en una zona poblada de la ciudad. No sé sabe con exactitud la cantidad de las víctimas, pero hasta ahora se reportan casi doscientos fallecidos… – otra gran explosión obligó a la reportera a refugiarse tras la ventana del helicóptero donde estaba.

La pantalla estaba completamente roja, cubierta de llamaradas ascendentes de fuego y humo. Se podían apreciar varios héroes tratando de lidiar con la situación, pero el fuego parecía no extinguirse. Mi corazón latía con fuerza, y el golpe seco de mi abuela cayendo de rodillas viendo la escena me confirmó lo peor…
– ¿Mamá?, ¿Papá…? – articulé, para poco después sentir los brazos de mi abuela rodearme.

No recuerdo en qué momento caí dormido, pero cuando desperté estaba recostado en el sillón, cubierto con una manta. Me sentía mareado, como si lo que había visto la noche anterior se tratara de un mal sueño. Me dirigí a la cocina para encontrarme con el señor y la señora Ayama, los vecinos del apartamento contiguo.
– Hitoshi – mi abuela volteó a verme. Tenía los ojos hinchados, de los cuales brotaban lágrimas.
– Es solo un niño, qué hará ahora sin ellos... – no entendía lo que el hombre junto a ellas quería decir
– Abuela, ¿dónde está mamá y papá? – ella se levantó lentamente, hasta estar a mi altura. Me rodeó con sus brazos y comenzó a llorar.
– ¡Lo siento mucho, Hitoshi! – dijo entre sollozos. Mi cuerpo se sentía débil, como si fuera a romperse.

Esa mañana me enteré que el avión donde se encontraban mis padres, había sido atacado por un villano mutante antropomórfico cuyo don consistía en la impermeabilidad; las llamas no pudieron ser apagadas porque las había hecho resistentes a la humedad. El fuego consumió no solo el fuselaje sino también a quien lo originó, quien no tenía control sobre su poder, dejando el caso sin resolución por falta de pruebas. Todo el lugar alrededor quedó hecho cenizas, sin indicios de su causa y sin culpables.

La ceremonia póstuma se realizó de forma simbólica, pues los cadáveres fueron consumidos por completo. De alguna forma, fui incapaz de llorar. Como un mecanismo de defensa me negaba a aceptar que ellos ya no regresarían, y llorar no haría más que confirmarlo. Ingenuamente me prometí esperar pacientemente a que me tomaran en sus brazos, como solían hacer si se ausentaban por largo tiempo, aunque esta vez sería permanentemente.

Sin embargo, no me percataba que las lágrimas que contenía eran derramadas por mi abuela. No soportó perder a su hija. Un mes después del suceso que me dejó huérfano, sufrió una falla cardíaca, y tres días después, no me restaba ningún familiar con vida. Estaba completamente solo.

Fui llevado a un orfanato, poco tiempo después. Me había convertido en un niño retraído, que apenas hablaba. Todo empeoró una vez fuimos sometidos a un examen para probar nuestros dones.

Una vez mis padres descubrieron mi habilidad, la cual ni siquiera yo sabía que tenía tras pedirles un helado, entendieron que debía mantenerlo al margen. Podía controlar a los demás a mi antojo si así lo quería, pero nunca lo hacía. Ellos me dejaron claro que solo los villanos usan su poder sin pensar en los demás para su propio beneficio, por lo que nunca lo utilizaba, lo que provocó que, cuando fuera llamado al examen, este se saliera de control.

Los otros niños mostraban sus dones sin problemas, pero la única forma en que podía mostrarles de lo que era capaz, solo era si los utilizaba, y yo no quería ser un villano. Comenzaron a decirme que era alguien sin don, alguien que jamás sería un héroe.

No quería estar ahí. Me sentía abrumado y triste. Quería ver a mis padres; quería estar con ellos. Estaba tan molesto de sentirme solo que, cuando tuve que presentarme a la prueba no pude contenerme. Pese al miedo, hice lo que me pidieron y todo empeoró a partir de allí.

Estábamos ubicados en una hilera, donde todos iban a ser evaluados por un equipo especial encargado de evaluar el potencial de nuestros dones, o en su defecto, que tan peligrosos podían llegar a ser.

– Ahora es el turno de Hitoshi Shinso – anunció la dirigente del comité
– A ver qué es capaz de hacer el sin don – comentó uno de los niños mientras me dirigía hacia los evaluadores
– No eres más que un inútil – hizo otro de ellos, haciéndome caer. Estaba harto de sus abusos.
– Bien Shinso, muéstranos tu don que, según puedo leer aquí, no es físico o perceptible a simple vista
– ¡Porque no tiene! – vociferó uno de los niños de atrás, riendo sórdidamente pese a la reprimenda de nuestra profesora. Ya no lo toleraría más.

Me giré hacia él, concentrando toda mi energía en hacerlo arrepentirse.
– No eres más que una molestia
– Al menos yo… – ya estaba a mi voluntad. Los especialistas y demás presentes no entendían del todo qué ocurría.
– Levántate y vierte el agua de tu vaso sobre ti mismo – y tal como indiqué, fue exactamente lo que hizo. Había un silencio sepulcral. Todos miraron con cautela como el molesto chico hacía lo que le pedía sin protestar.
– ¡Es suficiente, Shinso! – escuché la voz de nuestra profesora, pero, fue inútil, ella también cedió a mi control, inmóvil.
– ¡Tiene el don de un villano! – gritó otra de los niños, cediendo ante mí. Ese comentario me puso en estado de alerta. No podía controlarlo. Tanto era mi aberración a ellos que las dimensiones de mi alcance estaban descontroladas. Pero fue el que hiciera alusión a un antisocial lo que me quebró.
– ¡Yo no soy un villano!
– ¡Es un monstruo! – y uno a uno caían bajo mi control sin poder contenerme. Mi cabeza comenzaba a doler con intensidad.
– ¡Detente! – no podía. Caí al suelo por el intenso dolor que no hacía más que aumentar.

Un miasma de color rosa pálido y un aroma dulce fue lo último que percibí antes de quedar inconsciente. Desperté en la enfermería, todavía con dolor de cabeza, me sentía aturdido. Me acerqué a la puerta, de salida, cuando una conversación entre la enfermera y quien se encargaba de mí y mis compañeros de salón, me quebró:
– Es un monstruo. ¿Quién iba a imaginar que un niño así tendría un poder tan fuerte?
– Es el don ideal para un villano – otra vez. Esta palabra era cada vez más común cuando se referían a mi don.
– Ahora tendré que cohibirme cada vez que quiera hablarle
– Debes mantenerte alejada de él, y a los otros niños también. No sabemos de lo que sería capaz.
– Tienes razón, pero no puedo hacer nada para evitarlo.
– Iré a ver si despertó – y la puerta se abrió tan rápido que no pude alejarme lo suficientemente rápido. Sus miradas aterrorizadas no hicieron más que mantenerlas en cautela y precaución. Ni siquiera se atrevieron a hablarme y yo no podía sentirme más solo e incomprendido. Quería desaparecer.

Los días siguientes estuve apartado del resto y, como era de esperarse, me prohibieron usar mi don, a tal punto, que, aunque intentaran disimularlo, podía darme cuenta de que estaba en constante vigilancia. Me había aislado de los demás, y ellos tampoco tenían intenciones de acercarse a mí.

No se atrevían a hablarme, e incluso la profesora lo hacía con extremo cuidado, procurando interactuar conmigo el menor tiempo posible. Estuve en una habitación privada, solo para mí y rara vez tenía contacto humano. Estaba tan solo como me sentía.

Miserable en esta nueva realidad, apena salía de la habitación. Incluso evitaba hacerlo por meses. Habían pasado casi dos años desde el deceso de mis padres, y en todo ese tiempo no había llorado desde sus muertes. Estando apartado en esa blanca habitación, solo pensaba en desaparecer. Ya no quería seguir lidiando con mi propia existencia, una que era rechazada por los demás.

Lo más entretenido que me ocurría, era despertarme una vez a la semana, a mitad de la noche para ver a través de mi ventana como era guardado un cargamento en una bodega contigua al orfanato. Tardaban al menos una hora antes de irse, para repetir el proceso a la semana siguiente, pero una noche fue diferente.

Esa semana ya habían llevado el cargamento, por lo que escuchar el ruido mecánico de la puerta de acero me motivó a levantarme. Estaban apuntando a uno de los que cargaban el equipo con un arma y luego de un fuerte ruido, ocurrió una fuerte explosión que me motivó a esconderme tras el muro de mi habitación. Cuando me levanté, el humo ya había comenzado a expandirse y tal y como había visto esa trágica noche, todo el escenario era de un intenso y ardiente color rojo.

Las alarmas del orfanato se activaron y el humo comenzaba a entrar a mi habitación. Corrí hacia el ala principal para encontrarme con los otros niños y profesoras. Ellos estaban tan asustaron que obviaron su temor por mí, apartándome de las ventanas contiguas al almacén junto con el resto de los niños.

– Debemos salir de aquí y alertar a la policía – anunció la directora, cuando salía con dirección a la oficina, para caer de un fuerte golpe a la cabeza poco tiempo después frente a nosotros.
– Me temo, que solo harán lo que les pidamos – Un grupo de villanos vestidos con una vestimenta haraposa interceptó la salida. – Atrápelos, y si se atreven a usar sus dones, elimínenlos. – Indicó el que parecía ser el líder de todos ellos. – Necesitamos rehenes en lo que sacamos todo el cargamento, por lo que necesitaremos una coartada si se adelantan.

Fuimos apartados de nuestras maestras, metidos en uno de los salones y custodiados por dos de los captores. Uno era de amplia musculatura y piel escamosa, el otro era menos corpulento pero su cabello era de una especie de material reflectivo; ambos intimidantes.
– Si son buenos niños, no serán lastimados, al menos la mayoría – tomando a uno de mis compañeras y lanzándolo contra la pared. Un aullido colectivo llenó el lugar y solo fue mitigado por la amenaza del otro que dirigió su cabellera, ahora de un brillo afilado, hacia nosotros.
– Eso es solo una muestra de los que les ocurrirá si se atreven a hacer algo – estábamos acorralados.

Fuimos ordenados en un círculo. Algunos temblaban, otros cubrían sus bocas para no llorar, y yo me sentía débil. Yo no sería así, jamás. Ver lo crueles que eran con nosotros no hacía más que motivarme a aborrecerlos y pensar en algún plan para someterlos, solo necesitaba una distracción.

No sabía cuánto tiempo había pasado para cuando escuchamos las sirenas de los policías en el exterior. Ambos optaron una postura amenazante
– Ni se les ocurra moverse – esta era mi oportunidad
– O si no, ¿qué?
– Eres un… – se detuvo a poca distancia de mí
– ¡Maldito…! – pronunció el otro, cediendo a mi control, pero disparó el arma antes de que pudiera moverme. Esperando el disparo cerré mis ojos como acto reflejo solo para ver que había sido condensada en una esfera por Saoku, uno de los niños que creaba burbujas que solidificaban objetos.
– Rekiro, Tekata ¿ocurre algo? – la voz del exterior proveniente de no de los jefes me alertó. Debía actuar con prisa. Me acerqué al más próximo a la puerta para responder.
– Diles que está todo en orden – y como pedí, justo así lo hizo.

Pese a la fatiga que estaba comenzado a sentir y a la presión en mi cabeza por el tiempo prolongado, no permitiría que nos hicieran daño pues, si cedía, en cuanto tomaran el control, nos asesinarían. Solo debía esperar por los héroes a que vinieran por nosotros.

Las sirenas del exterior eran más fuertes, y el ruido del agua contra confirmó que el incendio intentaba ser controlado.
– ¡Shinso! – una de las niñas se acercó a mí para sostenerme
– Estoy… bien – mi cabeza latía con insistencia. Pero debía resistir; la vida de ellos dependía de eso.

La puerta abrió con fuerza y otro de los villanos entró al aula.
– Son unos malditos – tomando a otro de los niños – no son más que un estorbo
– Ustedes son el estorbo
– ¡¿Qué dijis…?! – tenerlo bajo mi control casi me hace colapsar. Sentí como ahora más niños me rodeaban, visiblemente preocupados.
– Tenemos que hacer algo, si nos quedamos aquí nos van a atacar – teniendo la intención de salir del salón
– No podemos… – expresé con dificultad – No sabemos cuántos villanos hay ni sus dones. Sería muy peligroso.
– Pero, Shinso…
– ¡Estoy bien! – mentí, era lo mejor que podía hacer – Puedo resistir un poco más… – respirando con dificultad. Mi estado estaba cada vez peor.

El ruido exterior no hizo más que aumentar y yo no podía resistir más. Mi control se estaba debilitando y, sin fuerzas, veía como el trio de villanos comenzaba a moverse. Quería resistir un poco más pero mi cuerpo no resistía.

Cuando uno de ellos se abalanzó hacia mí, fue interceptado por alguien de vestimenta oscura y ojos rojos. Esperé sentir mi cuerpo caer al suelo, pero en cambio fui sostenido por alguien. Con dificultad pude ver el rostro del hombre que me sostenía, pero estando con él me sentía seguro. Era una sensación familiar que no recordaba desde hace tiempo. Su cabello era oscuro y alborotado, estaba mirando hacia adelante, sosteniéndome con firmeza, mientras yo perdía la conciencia.

En ese momento las últimas palabras de mi papá llegaron a mi mente: "Siempre estaremos contigo, Hitoshi…" Apreté una de sus mangas, antes de desvanecerme.
– ¿Papá…?


Este también casi me hace llorar. Me encanta Shinso.

Dato #36

Me inspiré a partir de los comentarios que dijeron de este pelimorado en el capítulo en el que se enfrenta con Deku en el Festival Deportivo.

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