Aizawa

Detestaba el ambiente tenso que había entre ambos ahora, pero de alguna forma debía hacerle entender los riesgos de usar su don sin responsabilidad. Sé que está en esa edad en la que cree que es posible crear un mundo ideal con solo desearlo; lamentablemente, la realidad era muy distinta. Objeto de sus impulsos adolescentes se dejó llevar del heroísmo ingenio propio de todo aspirante a héroe profesional, acción comprensiblemente heroica pero cuestionablemente razonable.

El orden es posible porque no imponemos nuestros intereses por encima del resto, aun sea para proteger a los demás pues, si todos actúan con las mismas intenciones, la brecha entre lo correcto y lo impulsivo, sería inexistente.

Me apoyé al borde del barandal con vista al campo de entrenamiento. Le pedí que hiciera lagartijas hasta llegar a la centena. Definitivamente había mejorado bastante desde que había comenzado a entrenarlo y su desempeño era cada vez mejor, pero había otros aspectos que debía trabajar, como su impulsividad. Y pensar que ese niño tan retraído sería tan testarudo. Aunque, pensando en nuestro primer encuentro, no debería extrañarme.

Para ese tiempo, ya tenía al menos 6 años como héroe profesional. Incluso, pese a mi apatía por la prensa, había logrado llegar al décimo lugar de popularidad, justo lo que necesitaba para pasar desapercibido.

Esa noche, durante el tiempo en que hacía el patrullaje de la zona, recibí incontables llamadas de la persona más ruidosa jamás conocida, y cuya especialidad era justamente esa.
– ¿Qué diablos quieres? – respondí luego de la vigésimo octava llamada seguida
– Informarte que fui aceptado como profesor en la Academia U.A. YEEAHHHH! – cuando escuché su grito al otro lado del teléfono, lamenté tener oídos.
– ¿En serio decidiste aplicar para ser profesor?
– ¿Por qué no? Ver a los nuevos prospectos sería algo interesante. Incluso Midnight aplicó – y pensar que ella también decidiría irse por esa rama
– Queda demasiado lejos. ¿No podían optar por un lugar más cercano?
– Si crees que eso afectará nuestra relación, descuida; solo tengo ojos para ti – a veces era muy empalagoso
– Son un par de ingenuos. Invertir su tiempo rodeados de pubertos mientras aprenden a cómo no salirse control…
– ¡Tú también fuiste un puberto mientras estuvimos ahí! – diez años después y seguía actuando como uno
– Pero yo no me salía de control, como tú. Y ya, no me fastidies. Yo si tengo algo mejor que hacer que gritar.
– ¡Eres muy cruel Shota! – colgando en seguida.

Con el símbolo de la paz presente, la criminalidad se mantenía bajo control, pero no inactiva.

Había estado investigando un caso con respecto a mercancía ilegal que había estado siendo escondida en alguna parte de la ciudad. Los reportes de mis colegas, informaban que habían sido reportadas unos depósitos en una bodega contigua a un orfanato a mitad de la noche todos los jueves de los últimos cinco meses. Si bien durante el día y con anterioridad habían sido revisadas y no se hallaron irregularidades, por qué insistir en hacer ese tipo de trabajos a altas horas de la noche. Es probable que algo haya sido desapercibido y, la solicitud de dirigirnos al área en cuestión, no hizo más que confirmar mis sospechas.

Vlad King fue uno de los primeros en intervenir. Los pasantes, entonces estudiantes Mt. Lady y Gunhead sirvieron como héroes de apoyo, mientras éramos dirigidos por el héroe número siete, Best Jeanist. El héroe número cinco, Edge Shot se encontraba acompañando a los policías.

Cuando llegamos al lugar, el humo se estaba expandiendo al orfanato, y según habíamos sido informados, tanto niños como maestros eran retenidos como rehenes por villanos fuertemente armados. Gunhead logró interceptar a los villanos en la entrada, mientras Mt. Lady ayudaba a los bomberos mitigando el fuego, neutralizando a los villanos que resguardaban la bodega.

En compañía de los otros dos héroes profesionales y la policía, nos introducimos al interior del orfanato que estaba cubierto de humo casi en su totalidad. Debíamos sacar a los rehenes antes de que el humo se expandiera, pero la intercepción de varios villanos nos impidió el paso, o más bien uno de ellos. En cuanto nos vio, no solo se multiplicó a sí mismo sino también a varios de sus aliados.

Activé mi don y pese a que las copias aún seguían ahí, fue más fácil para mis colegas atrapar a los desaprensivos.

– Investigaré el área. Los rehenes deben estar en alguno de los cuartos. – Me adelanté, abriéndome paso entre el humo cada vez más denso. Me topé con dos villanos más a los cuales noqueé sin problemas. Entré a un cuarto donde quienes parecían ser las maestras estaban arrinconadas.
– ¿Se encuentran bien? – quitándoles las mordazas
– ¡Los niños! No sabemos dónde están – estaban tan asustadas que ni siquiera respondieron mi pregunta
– Diríjanse a la salida, yo buscaré a los niños – guiándolas al salir. Me adentré aún más al edificio, donde el humo dificultaba mi visión, pero me fue posible percibir una figura entrar con rapidez a una de las aulas. El tipo vociferó dos nombres que no logré definir, irrumpiendo con brusquedad.

Me acerqué con rapidez, para encontrarme con una escena peculiar. Los niños estaban rodeando a otro de cabello morado que con dificultad podía sostenerse en pie, en cuanto cedió los tres villanos allí presentes comenzaron a moverse, pero Edgeshot y otra heroína de apoyo ayudaron a neutralizarlos.

Me apresuré para tomar al niño borrando los poderes de los captores, mientras inspeccionaba el lugar.
– ¿Papá…? – la voz era procedente del infante que sostenía. El niño había estado delirando antes de desmayarse. Ardía en fiebre y respiraba con dificultad.
– ¡Llévenlo con los paramédicos en lo que me encargo del resto! – dejándolo a cargo de una practicante, cuya habilidad era la de estirarse.

Como era de esperarse había más villanos escondidos en otras áreas del orfanato. Logramos apresarlos en un ejercicio que nos tomó toda la noche. El humo se había esfumado casi en su totalidad para cuando los reporteros habían llegado, para mi suerte fue Best Jeanist quien dio los detalles del operativo.

Luego de una investigación, y como había sospechado, en la bodega había un compartimento secreto detrás de uno de los muros traseros, donde se encontraba un contrabando de explosivos. Gracias a que el fuego fue detenido a tiempo, pudimos evitar una destrucción mayor. El líder de la pandilla fue apresado y tanto los menores como las maestras y la directora, fueron atendidos por los paramédicos, en especial un niño con una leve contusión y el otro que se desvaneció mientras lo sostenía.

Fue cuando hacía el papeleo de rutina, en el que debía comunicarme con los rehenes, que obtuve más información acerca de la peculiaridad del niño.

– Su habilidad es control mental. Tras responder una pregunta o enunciado, su objetivo está a su merced – explicó una de las maestras, visiblemente afectada. Desde el incidente, el niño tenía dos días inconsciente. Al parecer había usado su don excesivamente, al punto de llevarlo a su límite mientras protegía a los demás niños.
– Maestra, queremos saber cómo está Shinso – esos mismos niños irrumpieron en la habitación donde me encontraba con la joven mujer.
– Él aún sigue dormido. No es posible que reciba visitas.
– Pero queremos hablar con él.
– Sí, es nuestro héroe – los niños se veían preocupados, algunos incluso comenzaron a llorar. Yo estaba cada vez más tenso con la situación que temía se saliera de mis manos.
– Ya tendrán la oportunidad de hablar con él más tarde. – Siendo guiados por otra de las profesoras. – Cuando se realizó una evaluación para medir el alcance de los dones de los niños, durante el turno de Shinso, su don se salió de control. – Ella se veía afectada. Fue entonces como me contó cómo el niño había terminado allí luego del sonado accidente de avión de Sapporo, donde estaban sus padres. Tras quedar huérfano, fue acogido allí. – Debido a la naturaleza de su poder, siempre permanecía al margen, ni siquiera mostraba interés en hablar con nadie. Fue a raíz de un arrebato como todos los que pronunciaron alguna palabra dentro de su perímetro cayeron presa de su don, aunque debo admitir, que no lo podía evitar. Antes de intentar detenerlo, el niño estaba luchando para retenerlo. – Su voz comenzó a quebrarse – Fue escucha de palabras muy hirientes. Los niños empezaron a llamarlo "villano" … incluso yo me referí a él como "monstruo". – Ella se cubrió el rostro para rollar, y yo volví a sentir pánico. – Me arrepiento tanto de haberlo tratado así, de no haber sido por él, no sé qué habría pasado con los niños – se lamentaba entre sollozos.

Debido a su afligido estado, no puede continuar con mi reporte, así que la deje descansar. Me dirigí hacia el cuarto donde estaba el niño en cuestión. Según tenía entendido estaba estable, pero debido al desuso de su don, no pudo delimitar a tiempo su límite, lo que lo llevó a una especie de coma inducido, que funcionaba como mecanismo de defensa para evitar daños. Parecía estar en un profundo sueño. Me pregunto si ese estado de aislamiento lo llevó a relacionarme con su padre.

Ya de salida, me encontré con Midnight, quien había estado realizando funciones de evaluación para una investigación que llevaba en curso.
– No esperaba verte por aquí, Eraserhead – llevaba una taza de café
– Estuve en el operativo del incidente con el orfanato. Solo vine a hacer el reporte
– Yo estoy aquí para darle seguimiento a un niño. Según tengo entendido, tiene dos días inconsciente
– ¿A qué te refieres con darle seguimiento?
– Estuve presente en la evaluación de dones del orfanato meses atrás, y el de él fue que registró mayor poder, tanto que se salió de control. Incluso tuve que dormirlo.
– ¿Puedes darme más detalles? – No imaginaría que mientras más escuchaba de él, más involucrado me sentía.

Días después, el niño despertó, pero seguía bajo vigilancia. Decidí ir a visitarlo y para mi sorpresa, sostenía una figura de acción en la que usaba mi anterior traje de héroe. Al verme se cohibió, apretando la figura contra su pecho.
– Tienes buen gusto – sentándome en una silla próxima a la cama. Desvió la mirada ligeramente ruborizado. – Me contaron que actuaste como todo un héroe durante el ataque de los villanos, al punto incluso de ser capaz de sacrificarte por los otros niños. Tienes ben material para ser un futuro profesional en el área. – Tras decir eso, se giró hacia mí. Sus ojos brillaban.

Las semanas siguientes, periódicamente visitaba el orfanato para cerciorarme de que no hubiera secuelas en los infantes, así como el patrullaje rutinario que comencé a realizar en las proximidades de la zona, incluso luego de que las investigaciones con respecto al contrabando habían finalizado. La maestra encargada, me contaba cómo con el paso del tiempo la situación del niño había mejorado favorablemente, interactuando más con el resto.

Las semanas se convirtieron en meses y los meses en un año. Ya se había convertido en costumbre cerciorarme del estado del infante en caso de que su don volviera a salirse de control.

– Vas a ir a verlo mañana, ¿verdad? – era mi día libre, y a veces me cuestionaba porqué desperdiciaba la tranquilidad de mi apartamento con la persona más ruidosa que conozco
– Debo asegurarme de que su don esté bajo control
– Pero no ha ocurrido ningún percance, ¿cierto?
– En efecto, eso es lo que quiero evitar
– ¿Por qué no admites que tienes interés en el bienestar del niño? – bloqueándome el paso – Sé que es porque te recuerda a ti. Reservado y apartado del resto, hasta que llegué yo a iluminar tu mundo – y poner a prueba mi paciencia
– Eso no tiene nada que ver – haciéndolo a un lado, pero me abrazó por detrás impidiéndome avanzar
– Eres muy orgulloso, Shota – expresó casi en un susurro
– Y después de todo este tiempo, para ti eso no parece ser inconveniente – su abrazo se afianzó
– Como quieras, no voy a insistir. Eventualmente te delatarás – girando hasta estar frente a mí. – Tengo hambre, vayamos a comer.

Fuimos a un café del centro y estando sentado ahí recordé porque disfrutaba de la oscuridad de la noche; pasaba desapercibido. Algunas personas se llegaron a acercar a mí para pedirme autógrafos, que firmé de muy mala gana. Cuando quise ser héroe profesional, jamás contemplé ser una celebridad. Es un fastidio pretender estar de buen humor todo el tiempo, cosa que era imposible para mí.

– ¡Esto está tan delicioso que quiero gritar!
– Ni te atrevas – el reflejo de mis ojos en sus lentes brillaba en un intenso color rojo
– No sabes captar una simple broma – engullendo el helado que tenía en frente – Por cierto, estoy disfrutando de mi faceta como profesor.
– ¿En serio? ¿Qué es lo que más disfrutas? ¿Vociferarles hasta dejarlos sordos? ¿Levantarte al menos tres horas diarias para llegar a tiempo?
– Eso y motivarlos a mejorar. – Su expresión cambió; era como si emitiera luz. – Es abrumador pero fascinante cómo están llenos de energía dispuestos a dar lo mejor de í mismo para convertirse en héroes.
– De adolescente crees que eres capaz de hacer lo que sea
– Y es justo por eso que son tan asombrosos. No conocen los límites o el miedo. Están dispuestos a sacrificarse para ayudar a quienes necesiten. La sociedad necesita de héroes que interpongan su vida ante de la de los demás. – Escucharlo decir eso me recordó a Shinso – Es nuestro deber guiarlos para que den su mayor potencial y procuren s seguridad en el proceso.
– Suena a muy complicado y agotador
– Y lo es, pero cuando ves cómo mejoran en las prácticas de rescate o en el dominio de sus dones, y lo felices que están por su progreso, es satisfactorio saber que eres parte de ese crecimiento. – Por todo el rato que estuvo hablando de ellos, sus ojos brillaban. Pensar que un alborotador como él terminaría impartiendo docencia en el mismo lugar donde tantas veces fue enviado a detención.

Esa noche en mi apartamento, sus palabras permanecieron rebotando en mi cabeza. Ese niño se llevó al límite guiado por esos principios; sacrificio, entrega, valentía, osadía e incluso ingenuidad, y considerando que de alguna forma me considera modelo a seguir, no puedo evitar sentirme responsable por ello. Sentía la necesidad de ser parte de ese proceso en él, de guiarlo a convertirse en mejor persona, y eventualmente, un héroe profesional si así lo deseara.

Cuando entré a mi oficina, como si de un movimiento mecánico se tratara, al tiempo en que la pequeña gatita que decidí acoger y que respondía por Miko se sentó en mi regazo, investigué cómo era posible llevar a cabo el proceso de adopción.

Por varios días tuve que procesar que el hecho de que solo sería posible si al fin le proponía matrimonio y para ser sincero, no sabía qué era peor; tener que aguantarme su sermón con respecto a que estoy más apegado a niño de lo que me atrevería a admitir o que formalizaríamos la relación como me lo había estado insinuando desde un tiempo. Espero no arrepentirme de esto último.

Sin embargo, la opinión más importante solo la tendría él. Decidí tomar mi próximo día libre para hacerle una visita formal al niño, para tener la conversación más complicada que jamás haya tenido.

Estaba increíblemente ansioso cuando entró por la puerta de la sala principal. Estaba sonriendo, como cada vez que venía a verlo, pero esta vez, era yo quien no podía contener mis nervios. Estaba sentado justo al frente de mí, expectante. La maestra estaba en otro sillón, con la misma expresión.
– Veo que hoy estás más animado – él permaneció en silencio, ruborizado
– Sí, justo antes de que llegaras, jugaba a que era Eraserhead – pude sentir cómo una sonrisa involuntaria se formaba en mi rostro
– No imagino mejor héroe – estaba apenado, pero sentí el impulso de acariciar su cabello, en cuanto lo hice sus ojos se iluminaron y yo me sentí sobrecogido. Nunca había estado tan nervioso.
– Tengo algo que proponerte. – para esto me coloqué a la altura de sus ojos. Me sentía increíblemente vulnerable y expuesto frente a un niño de ocho años. – ¿Quisieras hacerme el honor de ser tu tutor? – El niño mostró el rostro más expresivo que jamás hubiera hecho y yo estaba al borde del colapso. Cubrió sus ojos con sus manos y comenzó a llorar. La maestra e intercambiamos una mirada de confusión, mientras sentía mi cuerpo ceder por la agonía. Hasta que sus sollozos se volvieron palabras
– ¡Sí!... ¡Sí quiero! – y eso confirmó la influencia que había logrado causar en mí; la carga que poco segundos antes sentía, se esfumó.

Ahora faltaba la parte más difícil. Tres años antes había comprado los anillos, solo no encontraba un momento oportuno para hacerlo. Esperé a que fuera el festival de otoño, en parte para hacerme a la idea de todo lo que pasaría si aceptaba, y en parte porque sería admitir que he pensado en él de esta manera por bastante tiempo… No iba a dejar de recordármelo jamás.

– Esta vista es increíble, Shota – estaba como un niño, caminando de un lado a otro de la gaceta, como si tratara de tener una mejor vista del festival.
– Sí, eso creo… – otra vez la sensación incómoda en la boca del estómago; demasiado estrés en tan poco tiempo.
– ¿Qué haremos para Navidad esta vez? – era el momento. Si lo dilataba más, me iba a retractar o a desmayar. La tensión era insoportable.
– Depende… – acercándome a él.
– ¿De qué depende? – Era ruidoso, incauto y sorprendentemente denso en ocasiones. Despistado y muy enérgico, tanto, que siento que drena mis ganas de vivir cuando su don evidencia su emoción. Pero luego recuerdo lo atento que es, y cómo pese a su torpeza, logra que siempre lo elija una y otra vez. Su apoyo incondicional, su estridente ánimo y peculiar sentido del humor que, aunque nunca lo admita, me hace agradecer los momentos con él. Cualquiera que tolere mi apatía, debe ser el indicado y no imagino compartir mi vida con nadie más, de aquí en adelante.
– De si aceptas casarte conmigo – estaba arrodillado frente a él, sosteniendo el anillo grabado con nuestras iniciales. Estaba petrificado y era lo más silencioso que jamás lo hubiera escuchado.

No sé cómo, pero, en cuestión de segundos, estaba en el suelo, abrazado por el rubio que no dejaba de besarme.
– ¡Sí, quiero casarme contigo! – verlo así de feliz, me hizo continuar la propuesta
– Pero debo decirte algo más – se acomodó frente a mí, y ambos estábamos sentados en el piso de madera
– Esto va a ser molesto… – suspiré – Quiero adoptar a Shinso – no me atreví a mirarlo a los ojos; no sabría cómo sería su expresión al saber una de las motivaciones de pedirle matrimonio
– ¿Qué acaso estos son los primeros indicios de tu instinto paternal? – expresó en tono burlón
– ¡No empieces! – y me acercó a él, para besarme de nuevo
– ¿Pensabas que me iba a retractar? – sostenía mi rostro
– No quería que pensaras que solo por eso quería proponerte matrimonio. ¿Estás de acuerdo con esto?
– Por supuesto que sí. He estado esperando esto desde hace mucho tiempo y pensar en formar una familia con el niño que ha logrado despertar tu instinto paternal, es un dos por uno. –acercó su frente a la mía – No puedo estar más feliz. – Ya no podía con tantas emociones. Era demasiado para mí en tan poco tiempo.

Mi corazón latía con fuerza cuando le coloqué el anillo, y se volvió a lanzar hacia mí, sin dejarme de besar.

Pasaron dos meses antes de la ceremonia, en la que revisábamos los detalles, cada vez que teníamos tiempo libre. La boda fue una ceremonia muy reservada. Apenas estaban presentes nuestros padres y Nemuri Kayama, quien fungió como testigo.
–YEEAAHHHHH! – fue lo primero que hizo luego de que fuera oficial.
– No entiendo por qué tienes esa cara, ya deberías estar acostumbrado – me secreteó mientras Hizashi abrazaba a mis ahora suegros.
– Lo estoy. – Admití más feliz de lo que le dejaría saber.

Pocos días después, me encontré con Midnight quien regresaba de hacer su último reporte del orfanato antes de dejar el puesto y convertirse en profesora. Me invitó un café y fuimos a la azotea de la agencia.
– Tu mejor amiga y esposo están trabajando en la más prestigiosa academia de héroes de todo Japón, de la cual eres egresado. Solo faltas tú.
– ¿Mejor amiga?
– No cambies el tema.
– Jamás sería docente.
– Yo creo que serías un gran maestro. Se requiere una gran variedad de opiniones y estilos de enseñanza para educar a los jóvenes. Además, ya te recomendé y fuiste aceptado. Solo debes presentarte.
– Pierdes tu tiempo. No tengo material para ser profesor.
– También tendrías más tiempo para explotar tu faceta como padre.
– ¿Quién te dijo?
– Tu amado esposo y mi colega, ¿quién más? – me recosté del barandal. Entiendo que esté emocionado, pero, hasta que no fuera oficial, no quería que lo dijera. – El niño ha cambiado mucho desde la primera vez que lo vi. Incluso me recuerda un poco a ti. Qué pena que por tu trabajo de héroe profesional no puedas estar tanto tiempo con él.
– No sería el primero.
– Pero estoy segura que le encantaría pasar más tiempo con su héroe favorito. Que a ti te gustaría pasar más tiempo con él.
– Debo irme – salí a iniciar con el patrullaje nocturno.

Estaba en la cima de uno de los edificios cuando vi a uno de mis colegas protegiendo un animal peludo que una vez estuve más cerca, pude percatarme que se trataba de un gatito. Detesto ser tan débil con los felinos. Derroté al villano con características de lobo con facilidad, y luego llamé a la policía para que estuviera bajo su cuidado. Como comenzó a llover, nos colocamos bajo uno de los toldos circundantes.
– No sé qué hacer con él – sostenía a la pequeña criatura en sus brazos, resguardándolo del frío
– Cuidar a un animal, u otro ser vivo, es una gran responsabilidad.
– ¿Tienes algo en contra de los gatos? Has evitado mirarlo
– Nada de eso, solo no me dejo llevar por mis emociones – mi casa sería un refugio para gatos si así fuera. Él miraba al minino con admiración– Si no estás preparado para la responsabilidad, no deberías involucrarse con algo en primer lugar. – Advertí
– Lo tendré en cuenta – sonrió.

Tras el cese de la lluvia, se alejó con el animal en brazos. Parece que había decidido conservarlo.

Explorando el área, me percaté de que ya había estado aquí antes. Guiado por el olor a café, reparé en uno de los escaparates a través de los cuales pude ver a Ikajiro en compañía de los Hermanos Hotta.
– Shota, no te quedes de pie, pasa – el más alto de los tres me invitó a pasar.
– Estoy haciendo mi patrullaje. No puedo detenerme por mucho tiempo.
– Relájate un poco, Aizawa – ofreciéndome leche caliente.
– Mi hermano y yo pensamos abrir un café, e Ikajiro será nuestro cocinero
– Yo seré el cajero – el gemelo se sentó a mi costado
– Yo seré el mesero – el mayor estaba a mi derecha – Tu podrías formar parte del equipo, o incluso ser inversionista.
– Sería entretenido ver a Aizawa en traje de maid – comentó el más corpulento de los tres del otro lado del mostrador. Estando con ellos, no pude evitar recordar una charla parecida en la que Hizashi, Oboro y Nemuri planeábamos nuestra propia agencia de héroes soñada. Pensando en cómo debería ser cuáles cargos ocuparíamos. Parecía un recuerdo muy lejano.

El proceso de adopción, mi reciente enlace con un individuo cuya personalidad era totalmente opuesta a la mía, me tenía muy reflexivo. Sentía que tenía que pensar muy cuidadosamente cuáles serían mis próximas decisiones a tomar.

– ¿Qué dices, Aizawa? ¿Te unes a nosotros? – mi mente estaba lejos
– Me temo que no podré aceptar. – Dirigiéndome a la puerta. Sería algo totalmente nuevo para mí, pero tras pensarlo por varias semanas, considerando los puntos a favor; Hizashi no tardaría tanto en regresar desde Musutafu, tendría mucho más tiempo para cuidar de Shinso… – Pronto abandonaré la ciudad.

De camino a mi apartamento, mientras esperaba a Hizashi para darle la noticia de que mañana iríamos a firmar los documentos de adopción, no dejaba de pensar en las palabras de Nemuri y las que incluso él mismo me había dicho. Si me convertía en profesor tendría que lidiar con estudiantes que se convertirían en los próximos héroes. Era una gran responsabilidad; sin contar los impulsos hormonales característicos de la edad.

Fue entonces cuando mis ojos repararon en una foto del niño. Estaría próximo a cumplir los nueve y parecía irreal pensar que ya habían pasado casi dos años desde la primera vez que lo vi. Luego de preguntarme cómo me convertí en héroe luego de graduarme de la Academia U.A., fue suficiente motivación para querer convertirse en héroe. Si bien estaba feliz de conversar con él con más soltura y saber sus deseos, pensar en su educación era algo en lo que debía pensar si quería apoyarlo en su decisión.

"…Cuando ves cómo mejoran en las prácticas de rescate o en el dominio de sus dones, y lo felices que están por su progreso, es satisfactorio saber que eres parte de ese crecimiento." Sus palabras se repetían en mi cabeza con insistencia.

– ¡Estoy agotado! – fue lo primero que dijo cuando atravesó la puerta. Salí a su encuentro en la sala. – Estoy hambriento. Tuve que participar en un examen especial donde todos debían detenerme, y como puedes apreciar, lo lograron – se acomodó frente a la cena que le preparé. – Cada vez son mejores. – Esto último lo dijo con una amplia sonrisa.

Pese a lo arduo que debe ser profesor de futuros héroes, él nunca se mostraba disgustado o molesto con ello, al contrario, pese al cansancio, todas las mañanas despertaba con el mismo ánimo y llegaba igual de feliz. Él realmente disfrutaba ser maestro. Quizás no sería tan malo tenerlo de colega también.

– Luego de pensarlo, he decidido que seremos colegas – casi se atraganta con el bocado de arroz que pretendía tragar.
– ¡¿Vas a ser profesor?!
– No grites
– YEEAAHHHH! – esto se haría más frecuente una vez compartiéramos lugar de trabajo, pero, ya que. Después de todo, lo amo tal cual es.

Tras firmar los documentos de adopción, el niño nos acompañó fuera del orfanato, no sin antes despedirse del resto de los niños, quienes, pese a las lágrimas, estaban felices por él. Él pareció verse sobrecogido, pero supo corresponderles.

Una semana después nos mudamos en un apartamento en el centro de Musutafu, estaríamos a poca distancia de la academia y apenas a tres estaciones de la escuela de Shinso, quien manifestó más aspectos de su carácter con el paso del tiempo, convirtiéndose poco a poco en alguien de personalidad lúdica y a la vez reservada, y un inesperado amante de los gatos. Y pensar que una misión de rutina desencadenaría tanto solo por él. Había pasado de ser un héroe profesional a esposo, tutor y profesor en apenas dos años.

Tardé un tiempo en acostumbrarme, pero, fue una vez detrás de un escritorio o como supervisor que comprendí lo que ahora Midnight y el ruidoso de Present Mic me recordaron los primeros meses y cada vez que podían, ser profesor era agotador pero satisfactorio.

– Pensé que tendrías hambre – El sonido de la puerta me distrajo. Hizashi se hizo paso en la oficina, con un plato de emparedados y leche.
– Gracias – dando un sorbo a la bebida blancuzca
– Tenemos que hablar
– Déjame adivinar, tiene que ver con el puberto de cabello morado
– Sé que estabas preocupado por él, pero no soporto verlo así de tenso cuando están uno en compañía del otro.
– Sin disciplina hará lo que quiera
– Ambos deben hablar. Sé que estás molesto – detesto que tuviera razón. – como él también, y por eso, mañana saldremos los tres.
– Hizashi…
– No fue una pregunta – cuando se tornaba así de serio, no tenía oportunidad de argumentar y, tal y como dijo, los tres salimos en una incómoda cita al festival de otoño.

Detestaba el lugar, había más abejas de las que quisiera tener cerca jamás y un ambiente demasiado amigable e incluso romántico para el humor que manejaba. Hizashi funcionaba como una especie de barrera entre el puberto y yo, quien desde la última semana rara vez me habló.

– Hoy hace un día perfecto – para estar en cualquier lugar menos aquí. Desde que llegamos, él único que se atrevía a romper con el denso silencio era el más ruidoso de los tres. – ¿Sabes Shinso? La propuesta de matrimonio fue en esta época del año
– ¿Y no te arrepentiste? – murmuró entre dientes, evitando el contacto visual.
– Claro que no. ¡Fue la mejor decisión que tomé!
– Sí, fue una decisión consciente y premeditada. No un impulso espontáneo. – Aclaré para luego escuchar como chistó el menor de los tres.
– ¡Vayamos a ver la gaceta que está por allá! – señaló. Se encargó de tomarnos a cada uno de sus costados y arrastrarnos allí, solo para ver una bandada de gansos ser alimentados con pan. No imagino mejor forma de pasar un fin de semana.

Horas después caminamos hasta llegar a la orilla de un río, donde había varias personas reunidas en manteles sobre el pasto.
– ¡Tengo hambre! – y yo ganas de morir – Iré a solicitarle a los dependientes los elementos para un picnic, vuelvo en un momento. – Sé lo que intentaba hacer, pero, no sería tan simple. Sabía que debía aligerar las tensiones entre Shinso y yo, sin embargo, no tenía ni la menor idea de qué podría decirle al puberto sin empeorar la situación.

Mirándolo por el rabillo del ojo, en efecto podía apreciar que ya no se trataba del niño que tomé en mis brazos esa noche en el orfanato, sino un adolescente que actuó de acuerdo a sus ideales, aunque no fuera de la forma correcta. Ser tutor es una ocupación ardua.

Hizashi llegó poco después con una canasta y un mantel. Lo acomodamos, de alguna manera sin intercambiar miradas ni mucho menos el más mínimo canje de palabras.
– Olvidé las bebidas – una vez había acomodado el almuerzo. Ante de que pudiera decir algo más, vimos como un a niño que jugaba con un globo éste se escapaba de sus manos, lo que lo motivó a hacer un salto que solo sería producto de un don. Él sonreía victorioso de poseer nuevamente el objeto de color verde, pero, por otro lado, quien parecía ser su madre lo reprimió causándome un desagradable recuento de lo que le había dicho una semana antes a quien contempló la escena con desdén.
– Iré yo – levantándose con brusquedad. Ya comenzaba a sentir los estragos de la migraña.

Tras apenas probar bocado, caminamos a uno de los templos. El lugar transmitía la paz que el bullicio de la multitud en las otras secciones del festival no poseía. Sentía que a lo mejor esta sería la oportunidad para limar asperezas. Hizashi le estaba dando de comer a unos ciervos semi domesticados que circundaban el santuario mientras yo solo me limitaba a leer las inscripciones en unos talismanes que colgaban sobre una fuente, aunque eso no era más que una mera distracción para dilatar lo inevitable. Tomé una profunda bocanada de aire antes de decidir hablar con Hitoshi, para encontrarlo detrás de mí, llevando una mano a su nuca; manía que debió adquirir de mí cuando se siente incómodo.

– Lo siento. – Era evidente que le costaba decirlo. – No fue un acto impulsivo. Solo no podía quedarme mirando sin hacer nada – aclaró.
– Sí, esa urgencia se convierte en algo natural, supongo…
– Yo no usaría mi poder para beneficio personal. – Se veía realmente arrepentido. – Como cuando apliqué para el curso de héroes en el examen de admisión, pude haber utilizado mi don para aprobar. Era cuestión de hacer que alguno de los que estuvieran ahí hiciera lo que le pidiera, pero no lo hice. – Ahí estaba otra vez esa incómoda sensación en el pecho cada vez que lo veo decaído. – No quiero ser un héroe a costa de los demás, quiero ser responsable de mis decisiones, por eso preferí reprobar a conseguir un lugar a costa de otros.
– Justo por eso serás un gran héroe – llevando mi mano a su cabello – Y procurar que así sea es mi responsabilidad, y la del ruidoso que es acorralado por venados – se giró ligeramente a la izquierda para ver cómo, en efecto, Hizashi apenas podía moverse entre los animales
– Seré más prudente – mirándome al fin a los ojos
– Eso espero – e inmediatamente la tensión se esfumó

Hitoshi caminaba unos cuantos pasos delante de nosotros de regreso a la Academia.
– Cada vez se parece más a ti
– ¿Eso es favorable o no?
– Estoy casado contigo, así que creo que sí. – Tomando mi mano. – Pronto se convertirá en un gran héroe
– ¿No has dudado alguna vez si lo estás haciendo bien? – Desde que Hitoshi había llegado a nuestras vidas esa era una pregunta frecuente, que no hizo más que repetirse aún más luego de acceder ser profesor
– Sí. El cuestionarte si has tenido buen desempeño es muestra de una continua mejora, y por eso eres tan buen profesor
– ¿Haremos esto cada vez que haya un inconveniente?
– Claro que sí. Todas las veces que sea necesario.
– De alguna manera, siempre sabes qué decir. – La curvatura involuntaria de una sonrisa se formó en mi rostro, al tiempo en que tres sombras se alargaban en el pavimento.


Me fascina pensar en Aizawa y Yamada como dos padres estrictos y divertidos, respectivamente.

Dato #37

Me leí a biografía de Aizawa en Wiki y un poco de "Vigilantes" para darle un peso a su pasado y vaya que ahora me encanta más de lo que ya lo hacía.

Dato #38

Este capítulo lo escribí escuchando la canción que le da nombre al nombre "Aprender a quererte" de Morat y es muy tierna y bella. Solo pondré un fragmento, pero toda la canción describe a Shinso y Aizawa.

"Cuando te vi tuve un buen presentimiento
De esos que llegan una vez en la vida
Quiero tenerte aunque sea solo un momento
Y si me dejas tal vez todos los días"

...

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