Bakugou
La mañana siguiente a nuestra prueba final, Shoto seguía dormido a mi lado. Supongo que debían ser al menos las 6am debido a mi falta de sueño. Me liberé de él lentamente procurando no despertarlo. Antes de levantarme, acomodé el cabello detrás de su oreja; verlo así de apacible era hipnótico. Dejé un beso en su mejilla antes de salir de la habitación. Pensar en que esto pueda ser una rutina diaria desde ahora, no estaría mal.
Tras llegar de correr, Shitty–Hair se encontraba en el desayunador con la cinta pegante. Recordando los últimos mensajes que había compartido con él, insistió en que éste sería el fin de semana cuando en el que saldríamos. Desde e último incidente en el que estuvo involucrado, realmente se veía deprimido por la muerte de ese héroe profesional, así que accedí para que dejara de gimotear.
– Bakubro, ¿a qué hora es nuestra cita?
– En cuanto me duche nos iremos
– ¿Ustedes van a tener una cita? – preguntó el que tomaba un vaso de jugo rojizo
– Bueno… No…
– Sólo iremos a caminar. A ver si este idiota vuelve a su idiotez habitual. – respondí sin esperar respuesta, dirigiéndome a mi habitación.
Cuando terminé de cambiarme, revisé mi celular para ver si había algún mensaje del bicolor y las únicas notificaciones que había eran, para variar, las del maldito grupo de clase. Como era fin de semana y con el sueño tan pesado que maneja, debía seguir dormido. Había olvidado decirle la noche anterior que saldría con el pelirrojo, por lo que pensé en enviarle un mensaje comunicándoselo. "Saldré con Shitty–Hair. Estaremos de regreso en la tarde. Cuando veas este mensaje, escríbeme."
– ¡Bakubro! – el fuerte azote en mi puerta casi me hace tirar el dispositivo
– ¡¿Qué demonios?! – abrí la puerta con brusquedad
– ¡Se nos hará tarde! – El pelirrojo ya no tenía su ropa de dormir
– ¿Tarde para qué?
– ¡Para compartir con mi mejor amigo! – sus caninos destacaban en esa boba sonrisa suya
– Eres un fastidio – cerrando la puerta tras de mí, solo para que se colgara de mi hombro camino a la salida.
Estaba tan animado como un perro al que salen a pasear. Caminamos hasta el centro, a donde se encontraban diversos escaparates de tiendas de todo tipo y locales de entretenimiento. Verlo así de feliz era algo desconcertante, a menos que lidiara mejor de lo que pensaba con sus dilemas.
– ¡Ya llegamos! – Era un local de arcade. Al entrar al local era como una especie de cueva, lleno de luces estroboscópicas de varios colores y sonidos artificiales de naves o quien sabe qué diablos. Había personajes de todas las edades embelesados por los colores y animaciones con las que interactuaban.
– ¡¿Un maldito arcade?! – me arrastró a uno de las cabinas que disponía de un par de armas de plástico y visores
– ¡Relájate! Esto será divertido – colocándome el visor y el arma en mano. El juego tuvo un comienzo lento, unas malditas naves se dirigían a nuestra dirección y con el tiro del gatillo de plástico, eran eliminados uno a uno. Tras un rato, el audiovisual aumentaba la cantidad de estos invasores al tiempo en que las armas aumentaban de capacidad y alcance. Debo admitir que me estaba dejado llevar; ver cómo eran destruidos con tanta facilidad era adictivo y vigorizante, con cada explosión no hacía más que querer pasar al siguiente nivel. Pese a los efectos envolventes de sonido, podía escuchar la misma euforia proveniente de mi izquierda; al parecer ya estaba de mejor humor. Supongo que estaba saliendo mejor de lo que pensé. Me pregunto si a Shoto se sentiría a gusto en un lugar como éste.
No sé cuánto tiempo pasamos en local de videojuegos, pero cuando salimos, ya era el mediodía.
– ¡Eso fue fantástico!
– No fue para tanto, Shitty–Hair
– Claro que sí, ¡conseguimos la puntuación más alta! – volviendo a mostrar sus dientes afilados; a veces me recordaba a una piraña o un tiburón.
– Como sea. Tengo hambre.
– ¡Ya sé a dónde iremos! – arrastrándome nuevamente a otro lugar.
Me llevó a un establecimiento a unos diez minutos de donde estábamos. Nos sentamos en una de las mesas adosadas a las ventanas exteriores. Tomé uno de los menús para ordenas.
– ¿Qué vas a pedir? Yo invito
– Bakubro, no es necesario, yo…
– Pagaste el estúpido juego ese. – Interrumpí, sin apartar la vista del rectángulo que sostenía – Además, arriesgaste tu vida la última vez… Supongo que invitarte a comer no lo compensa, pero es lo mejor que recibirás de mí. Tómalo o déjalo. – pasaron unos segundos antes de que el sonido de un sollozo ahogado me obligara a mirar al frente. ¡Maldición! Estaba con los ojos llorosos, llamando la atención de los que estaban en el local, ¡incluso de los transeúntes! – Si no te calmas, te voy a dar motivos para llorar
– ¡No lo puedo evitar! – musitó entre jadeos – ¡Eso es muy masculino, Bakubro!
– ¡Ordena lo que vayas a comer para al fin irnos de aquí! – encontrando al fin la sección de comida picante.
Luego de ordenar, y esperar unos cuantos minutos, el mesero trajo lo que íbamos a comer. Él había ordenado katsudon mientras yo comía un ramen condimentado, que no estaba tan picante como hubiera querido, pero era comestible.
– Bakubro, eres admirable. Desde aquí puedo sentir el picor del picante, y tú lo engulles como si nada
– Tú y tu paladar debilucho.
– No dirías lo mismo si me hubieras visto pelear contra Rappa – activando su don para chocar sus puños
– ¿Así? – ofreciéndole mi plato – Te reto a probarlo – Dudó, pero lo tomó. Sus ojos lloriqueaban mientras llevaba los palillos a su boca. Luego de unos segundos no podía distinguir qué estaba más rojo, si su rostro o su cabello. Esta era una vista fascinante, no podía contener la risa. Me recordó a la vez que salí con el bicolor a comer tras haber congelado la cocina.
– ¡Necesito agua! – se levantó con rapidez, levantándose con brusquedad del asiento.
Mientras esperaba su regreso, mis ojos se concentraron en uno de los proyectores en uno de los edificios aledaños. Entre noticias y la promoción de algún producto inútilmente innecesario, vi una promoción de tratamiento capilar de la heroína dragón, Ryukyu. Ella también estuvo en el incidente, siendo la que estaba a cargo de una de los tres grandes, la rana y cara redonda. A diferencia de Nighteye, ella resultó ilesa. Si bien jamás haría publicidad de ningún tipo, es un hecho que ser un héroe implica mucho más que ser la cara de un producto. Si algo había aprendido en el maldito curso extracurricular, es que la cooperación y darles prioridad a las víctimas, velando por su salud emocional y física, es esencial en situaciones de riesgo; así como ser ejemplo para futuras generaciones, mientras evitamos morir en el cumplimiento de esas funciones…
– Aún me arde la lengua. – se quejó, aun con la cara roja volviendo a su asiento. – ¡Eso es el infierno en un plato! – Me pregunto si estará bien del todo.
Cuando fuimos a verlos al hospital, sus cuerpos estaban cubiertos por vendajes. Al igual que el héroe encargado de él, FatGum y el otro de los tres grandes, estaban seriamente lesionados. Solo el maldito de Deku y Aizawa parecían estar ilesos, al menos físicamente. El más hablador y molesto de los tres grandes, había perdido su don a causa de una droga creada a partir de las células de la niña cuyo rescate le costó la vida a uno de los profesionales.
…
Caminamos hasta llegar a la orilla de un río, donde nos sentamos en las rocas. Shitty–Hair estaba como un niño, tirando piedras al agua, contando los saltos que éstas daban al chapotear. No quería nublar su semblante con alguna pregunta que le recordara lo ocurrido, pero, ¿de verdad había superado lo que ocurrió?
– ¿Cuál es el estado de FatGum?
– No pensé que te interesaría el estado de mi héroe tutor – comentó mostrando uno de sus colmillos. Si bien me molestaba que me mirara con esa cara tan estúpida, no podía dejar que desviara la conversación.
– Para que terminaras en el estado tan deplorable en el que te vimos al visitarte al hospital, debió ser una pelear complicada
– Lo fue – tomando otra roca para lanzarla al agua. Su voz bajó uno dos tonos. – Superé mi límite solo para que el increíble FatGum noqueara al par de Yakuzas… – Hizo una pausa y temí ser demasiado intrusivo – Él ahora está recuperado pero, por un momento temí fallar y no ser lo suficientemente fuerte para ser su compañero, sin embargo, recordé a Crimsom Riot y la razón por la que quiero convertirme en héroe: el miedo es inevitable, arriesgamos nuestras vidas para proteger a otros, después de todo; pero hay cosas peores que esas, como ver morir a quien pudiste haber salvado y la impotencia de no poder evitarlo. – No lo veía así de triste desde que fuimos reprochados por Aizawa cuando nos instalamos en el dormitorio – Quiero ser un héroe sin arrepentimientos, protegiendo a mis aliados y salvando a los que pueda en la medida de lo posible. ¡Siendo un héroe caballeroso! – su rostro volvió a iluminarse. No debí subestimarlo. – Gracias por preocuparte por mí. Eres muy agradable, Bakubro.
– ¡Claro que no! – levantándome para quitarme los rastros de pasto – Y será mejor que nos larguemos de aquí antes de que anochezca. – Alejándome de él. Podía escuchar su risa a mis espaldas.
En varios momentos del día estuve revisando mi celular sin señales del bicolor. Él no sería capaz de permanecer durmiendo todo el día, ¿verdad? Una vez descendimos del tren, próximos a la academia, no pude evitar notar lo rojizo que estaba el pelirrojo.
– ¿Qué te pasa?
– Nada… ¿Por qué lo dices?
– Estas más rojo que tu cabello.
– ¿Así? – ese comentario pareció alterarlo. Me pregunto si los estragos secundarios del picante que ingirió seguían causando efecto y me los había estado ocultando.
– ¡¿Qué haces?! – Estaba nervioso y con las pupilas dilatadas, lo que me confirmaba que en efecto no estaba del todo bien. Quité sus manos de su rostro, para tocar su frente, que estaba ligeramente caliente, incluso pareció enrojecerse más al contacto.
– ¡¿Por qué me ocultas que estás enfermo?!
– ¡No estoy enfermo!
– ¡No mientas o pretendas hacerte el fuerte!
– ¡No miento! – tomando mis brazos – Solo… estoy feliz – soltando su agarre, sin mirarme a los ojos. Tanto alboroto solo para decirme eso.
– No es para tanto. Ni que fuera la primera vez… – retomando a nuestro destino
– Desde que estamos en los dormitorios, ya no ha sido necesario que me acompañes camino a mi casa y extrañaba este tiempo a solas contigo; además de que ahora pasas más tiempo con Todoroki… – su voz era apenas audible – Mucho, de hecho…
– Él y yo solo nos acercamos más por el maldito curso extracurricular
– ¿Eso quiere decir que ya no tendrás que compartir tanto tiempo con él? – Ya había notado que Shoto no era del todo su agrado. Aunque ambos se arriesgaron para mi rescate, no es que hayan sido tan unidos antes y mucho menos desde que…
– ¿Por qué te molesta tanto que pase tiempo con él? – Detuve mi avance, obligándolo a mirarme. No entendía por qué estaba tan conflictuado. Había salido con él como quería y ahora tendría más tiempo para estar con el otro trío de idiotas, ¿por qué le incomodaba tanto que estuviera con Shoto?
– Solo siento que te has alejado de nosotros. Las cosas no son como antes; has cambiado… – en ningún momento me miró a los ojos
– Claro que he cambiado, de lo contrario no habría conseguido mi licencia provisional. – Aclaré – Pero eso no significa que dejaré de hablarles, digo, –acercándome a él– no los eliminé cuando tuve oportunidad pese a los molestos e insistentes que eran – y siguen siendo, – no creo que valga la pena hacerlo ahora. – Esta vez levantó la mirada – Ahora quita esa estúpida expresión. – Sus colmillos lentamente volvieron a sobresalir y yo me di la vuelta, solo para que se colgara de mi cuello por detrás.
Estábamos en las escaleras y Shitty–Hair se detuvo mirando no sé qué carajos.
– ¿Ahora qué? ¿Te vas a quedar ahí como un idiota? – acercándome a él, miré hacia donde estaba su vista. Desde su balcón había una pancarta en la cual podía leerse "¡El héroe más caballeroso, Red Riot!" Esto tenía que ser obra de el otro trio de alborotadores.
– ¡Gracias, Bakugou! – rodeándome con sus brazos – ¡Eres increíble!
– ¡Yo no tengo nada que ver en esto! – intentando zafarme
– Pero muy mal mentiroso – ajustando sus brazos aún más. – Muchas gracias por tu apoyo – esto último lo dijo en un susurro, incluso me pareció que se le quebraba la voz
– Entremos de una maldita vez – soltándome al fin.
Al entrar, como imaginé, la batería, la dispensadora de ácido y la cinta pegante, sorprendieron al pelirrojo en la entrada. Intentaron incorporarme en su estúpido abrazo, pero los ahuyenté con una de mis explosiones. Estaba agotado y ahora solo podía pensar en porqué el doble don no había mostrado señales de vida en todo el maldito día.
Me dirigí directamente a su habitación, solo para no escuchar respuesta del otro lado, incluso tras tocar la puerta y llamar insistentemente a su celular. A lo mejor estaba con el estúpido "Dekusquad". Esta noche dormiríamos en mi habitación, así que eventualmente tendría que hacer acto de presencia. Decidí ir a cambiarme, solo para encontrarlo sentado en mi cama.
– Te estuve llamando a tu celular – comenté quitándome la chaqueta para colocarla sobre una silla – No recibí si quiera un mensaje tuyo en todo el día. – Él seguía sin musitar palabra, con la vista fija en el suelo. Ni siquiera se inmutó al verme. – ¡¿Qué te pasa?! – Tomando su rostro entre mis manos, sentándome a su lado en la cama. Él seguía sin mirarme y yo me estaba impacientando. – ¿Ocurre algo? – insistí ahora más calmado.
– No me dijiste que saldrías con Kirishima – eso no me lo esperaba
– Claro que… – al mirar los mensajes, me di cuenta de que ni siquiera lo había enviado. Haciendo un recuento de lo que ocurrió, recordé que fui interrumpido por el dientes de piraña. – Pensé que te había enviado el mensaje. – Dejando mi celular a un lado. ¡Maldición! Detestaba verlo así, y aún más si era por mi culpa. – Shoto, lamento no avisarte – tomando su mejilla, pero él no me miraba. – Shoto, en verdad lo siento – uniendo mi frente con la suya, sin dejar de acariciar sus mejillas. Verlo así era mi debilidad.
– Desde el inicio has sido muy cercano a él… No sería ilógico pensar que pierdas la noción de las cosas cuando están juntos – ¿Acaso estaba celoso de Kirishima?
– Shoto – esta vez me aseguré de que me mirara a los ojos, entrelazando una de nuestras manos. – En todo el día solo podía pensar en ti – era tedioso tener que aclararle mis sentimientos, como si no fueran obvios para él. – Eres quien está en todo momento en mis pensamientos… Y con quien quiero estar cuando no estás conmigo; me gustas más de lo que jamás pensé fuera posible… – eso lo dije sin pensar, mi subconsciente se dejó llevar.
Aún impresionado con mi propia aclaración, mis ojos solo se fijaron en la sonrisa tímida que escondía cabizbajo. Yo sentía mis tímpanos latir al ritmo de mi respiración agitada y mi rostro caliente. Su puchero me llevó a quedar en evidencia, y él solo permanecía en silencio, dejándome desprovisto de argumentos. – No volverá a ocurrir – y sin aviso, me acercó a él. Podía sentir como sus dedos se ajustaban a los míos mientras sus labios tomaban el control. Era un beso tímido y calmado. Su respiración era consistente cuando chocaba con la mía. Me sentía sobrecogido; saber que de alguna forma solo a él le pertenecía, me dejaba expuesto.
¿Cómo había conseguido dejarme indefenso con una simple caricia? Había cedido ante su potestad y la idea contraria me resultaba absurda; ahora le pertenecía por completo.
Me gusta pensar que en el fondo Bakugou es muy tierno.
Dato #42
En la historia quise ampliar en otros aspectos además del romance, como la amistad, el desamor, el heroísmo y otras responsabilidades, por eso quise hacer un "retelling".
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