Shinso
Al fin había terminado mi castigo, y las cosas con mi tutor estaban en orden. Pese a que aun sostengo el bien de los civiles por encima de formalidades, entiendo su postura. Supongo que ser un héroe no es sólo saber actuar, sino también cómo y cuándo.
Fue poco después de que arregláramos el desacuerdo que supe que fue citado por la comisión de héroes, lo que nunca significaba nada bueno. Como siempre era en este tipo de situaciones, siempre había un grado de confidencialidad extrema que no hacía más que confirmar la gravedad del asunto. Ni siquiera Yamada conocía los pormenores de la misión, por lo que solo nos restaba esperar a que concluyera con los resultados esperados.
Fue una vez que la noticia se publicó en los medios que nos enteramos de la operación. Un clan yakuza había estado experimentando con una droga que de alguna forma involucraba a una niña. Héroes como Rock Lock y FatGum, así como sus subordinados de este último, dos estudiantes de tercero y primer año que terminaron con heridas considerables. Sin embargo, fue la muerte de uno de los cabecillas lo que más llamó mi atención. El difunto héroe profesional Nighteye murió en combate en circunstancias de las cuales no tengo suficiente información, pues además de los efectos de la droga que dejaron a uno de los tres grandes sin su don, el resto de los datos se guardaban con recelo y un alto nivel de misticismo. Considerando los efectos secundarios de la misión, no es para menos. Una droga con semejante poder sería altamente perjudicial, y algo me decía que esa niña tendría algo que ver con todo eso.
Yo solo podía pensar en que en cada misión era una solicitud de la que no había garantías de regreso. Siempre me resultan realmente extenuantes los entrenamientos a los que me somete, pero, ahora lo comprendo. Un error en los cálculos y eso podría resultar en un punto sin retorno. La idea de que podría haber sido él quien… Ser un héroe profesional es un trabajo demandante.
Desde el incidente y tras asistir al funeral, Shota mostraba un semblante solemne y pese al apoyo que Yamada le ofrecía, aun se veía distante. Pasaba mayoría del tiempo en el hospital, y fue entonces cuando poco después supe que ella no puede controlar su don y él estaba presente en caso de ser necesario detenerla. Pensar en eso me trajo algunos recuerdos.
Me encontraba recostado en una de las escaleras con vista a las gradas. En el tiempo en que mi tutor había estado con sus visitas recurrentes al hospital, intercalaba los días de práctica con el arma de captura, y las lecturas teóricas de motivación, o más bien, manipulación. Estaba leyendo el segundo tomo de una colección de dieciséis cuando decidí relajar la vista por un momento. Incliné mi cabeza hacia arriba hacia la copa de uno de los árboles a los costados de la escalera. Faltaba al menos un mes para tomar el examen que validaría si podría calificar para el curso de héroes; eso hacía que me sintiera ansioso no solo por la incertidumbre de los resultados, sino también porque estaríamos en el mismo salón… Midoriya y el resto de la clase.
Me sentí tan sobrecogido, que solo pensé en cerrar mis ojos y no pensar en nada. Acomodé el libro abierto sobre mi rostro para que el resplandor no me incomodara. Estuve tan concentrado en ese estado de pasividad que solo percibía el ruido de la briza y el trinar de una que otra ave esporádica.
– ¿Estás dormido? – era imposible para mí no reconocer esa voz. Al deslizar el libro, me encontré con sus ojos amarillos viendo a los míos perpendicularmente mientras sentía como la presión sanguínea aceleraba mis latidos. Me mostraba esa cálida sonrisa que me hacía perder la noción del tiempo. El viento movía lentamente su cabello y yo no superaba el hecho de que estaba a pocos centímetros de su rostro. – ¿Shinso?
– Como puedes apreciar, estoy bastante despierto. Solo me tomaste desprevenido – mantuvimos la misma postura. Me costaba concentrarme. – ¿Qué haces por aquí?
– Solo vagaba por el campus y te vi recostado. Se me hizo raro que eligieras este lugar para dormir y me acerqué, pero solo estabas meditando. – Si volvía a sonreír así a tan poca distancia, no sería responsable de lo que haría.
– ¿Acaso me habrías despertado con un beso como en los cuentos de hadas en caso contrario? – Su rostro cambió de color rápidamente. Debo admitir que era divertido verlo así de conflictuado.
– Yo… ¡Yo solo espero no haberte interrumpido! – no pude contener las ganas de reír, haciendo que poco después imitara el gesto. – Por cierto, sentí que pasó un mes desde la última vez que nos vimos, ¿ocurrió algo?
– ¿Me extrañaste?
– ¡Hablo en serio! – no podía contarle que estuve castigado tras el incidente en la feria
– Digamos que tuve un entrenamiento exhaustivo que en definitiva pretendía sacar lo mejor de mí – junto con mi espíritu y mis ganas de morir.
– Sé que debemos entrenar, pero ¿por qué te esfuerzas tanto? Digo, te he visto entrenar por bastante tiempo y pareces exigirte mucho más que el promedio.
– ¿Me has estado espiando? – su semblante volvió a tornarse rojizo
– No... Bueno, yo… ¡Me parece increíble lo mucho que has mejorado en estos meses…! Tanto que me has motivado a mí también a ser mejor – me pregunto si repetirías esa expresión sabiendo todo lo que provocas en mí.
– Me alegra saber eso. Para la próxima te puedo dar un autógrafo.
– Tú serás el que me pida uno. – comenzó a reír, y yo haría lo que fuera para escucharla una y otra vez; para ser la causa.
– ¡Vaya! Parece que están muy ocupados – Monoma, como siempre, tan inoportuno. – Siendo del curso 1–A, no entiendo por qué no te codeas con los de tu grado.
– Yo no soy un fustigador y te sigo hablando – incorporándome – Aunque estoy considerarlo en dejar de hacerlo.
– Shinso, la academia cometió un grave error al dejarte en el curso 1–C y a mí en el 1B, digo, incluso éste calificó para el curso de héroes. – dirigiéndole una mirada despectiva a Kaminari
– Eres un… – me levanté, pero las manos del rubio detrás de mí, me detuvieron
– No te molestes, Shinso. No vale la pena escuchar las palabras de un resentido. – Disfruté más de lo que imaginaba la mirada molesta de Monoma
– Tienes razón – sin quitarle la vista al referido
– Nos vemos luego, Shinso – en cuanto me soltó, me cuestioné seriamente por qué le seguía hablando a este idiota.
– ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan obsesionado con los de su clase? – Acercándome a él.
– Porque muchos de ellos están sobrevalorados. – estaba aún más molesto. – la lanza rayos desde el ombligo, el que desprende esferas pegajosas, la invisible y en especial el rayo ambulante ese.
– ¡Déjalo en paz! Él no te ha hecho nada. ¿Por qué te molesta tanto?
– Porque si sigues en su compañía, serás tan inútil como él. No es más que un idiota. – en ese instante me sentí tan tentado a usar mi don en él
– El único idiota que veo aquí, eres tú – alejándome de él.
– Shinso – bloqueándome el paso – Si decidí intervenir es porque yo reconozco tu potencial y no quiero que sea menospreciado por alguien que no lo valore. – su voz se suavizó, pero estaba demasiado molesto para escucharlo.
– Kaminari no es como piensas
– Alguien que comparta tanto tiempo con la bomba andante y el otro grupo de alborotadores no creo que sean buena influencia.
– Sí, justo ahora me estoy preguntando quienes son los que influyen en mí – alejándome de él. Lo que comenzó como una inofensiva broma, estaba convirtiéndose en una conducta nociva.
…
Por al menos la semana en la que Shota alcanzaba a conversar con Hizashi, siempre había un nombre y una situación constante: "Eri" el nombre de la niña a la que supervisaba en el hospital, y "cuidar". Ya comenzaba a tener una idea de a dónde se dirigían esas pláticas… Me pregunto si había sido así siete años atrás.
Fue una noche en la que me encontraba caminando por el campus con mi otro tutor que recibió una llamada de su esposo. Tras un "Llegaremos en unos minutos" y mi respuesta afirmativa para dirigirnos al dormitorio de los del curso de héroes, fue que pude ver a la niña.
Estaba siendo rodeada por los tres grandes de U.A. mientras Shota estaba de pie a su lado. Todos los del curso de héroes estaban el frente a la niña a una distancia considerable. Su cabello estaba siendo acomodado por Nejire mientras la pequeña de ojos rojos le sonreía a Midoriya, uno de los más próximos a ella. Del lado izquierdo de su frente, sobresalía un pequeño cuerno, pero no disipaba la ternura que emanaba de su semblante.
Al llegar, la vista del profesor comenzaba a dar su comunicado.
– La cuidaremos en la U.A. y permanecerá en el dormitorio – él estaba igual de ecuánime, hasta que se inclinó a la altura de la niña que lo miraba expectante. – Son unos revoltosos, pero son buenas personas. – Llevando su mano a su cabello para frotarlo gentilmente. Verlo hacer eso me provocó un deja vú. – Estarás bien aquí. – Volviéndose a incorporar, portando un semblante más relajado. Algo me decía que no sería hijo único por mucho tiempo, y esa idea no me molestaba.
– ¡Hola Eri! – la de cara redonda fue la primera en acercarse
– Me recuerdas a mi hermanita – creo que ella era Tsuyu
– Bienvenida, Eri – el de cabello rojo estaba a la altura de la niña.
– Estamos felices de que esté aquí, pero ¿por qué? – inquirió Midoriya
– No podía quedarse por siempre en el hospital. – Y con un gesto lo invitó a salir, junto con los que estuvieron en la misión.
Fue entonces cuando Yamada se acercó a ella.
– ¡Hola Eri! ¿Quieres algo de comer? – ella solo negó con la cabeza – Si tienes hambre, o necesitas algo, solo tienes que decirlo. – Ella solo se limitó a asentir. Desde que llegué no había musitado palabra, pero no parecía estar cohibida cerca de los que se acercaban a ella. A lo mejor solo era muy callada.
– ¡Hola Shinso! – Kaminari se colgó de mi hombro – ¿Viniste a ver a la nueva integrante de nuestro dormitorio?
– No podía perderme la primicia
– Claro que no – llevándome hasta el frente, justo delante de ella. De cerca sus ojos resplandecían con un intenso color rojo y era aún más linda en persona. Ella solo me contemplaba en silencio fijamente.
– ¿Ocurre algo? – ella se sorprendió por la pregunta, como si no se hubiera dado cuenta de su abstracción. Me agaché a la altura de sus ojos.
– Solo… Te pareces a Aizawa
– Hasta ella lo notó – el chico bicolor se dejó escuchar
– ¡No empieces! – y el explosivo a su lado casi nos deja sordos, así que la distraje de nuevo hacia a mí
– ¿Así? ¿Crees que eso es algo bueno? – la niña me miró confundida antes de responder
– Sí – mostrando una tímida sonrisa
– Yo también – acariciando su cabello
El resto de la tarde, estuvimos conviviendo con la niña en el dormitorio. Tanto profesores como Mirio estarían a cargo de cuidarla para enseñarle a dominar su don. Luego intentaría convencer a Shota para conseguir más información acerca de él, después de todo estaría bajo su cuidado en vez de ir a un orfanato, por no decir que parece haberse hecho muy apegado a ella.
Comenzaba a sentirme cansado, sin tomar en cuenta la mirada hostigante del chico uva, así que tras despedirme de Kaminari, me dirigí a la salida sin percatarme que en el retroceso tropecé con Oijiro. Tras lo que ocurrió en el Festival Deportivo y luego de todos los eventos consecuentes, había contemplado la posibilidad de hablar con él. Pese a que se trataba de una competencia, no me sentía a gusto con lo que hice.
– ¿Podemos hablar?
– De acuerdo – acompañándome a la salida, extrañado. Nos acomodamos a un costado de las escaleras.
– Lamento lo que ocurrió en el Festival Deportivo. No debí manipularte.
– Estábamos en una competencia, era comprensible que recurrieras a tu don para ganar – escucharlo ser tan amable, solo hacía que me sintiera peor.
– No es justificable y no debí hacerlo. En verdad lo lamento.
– No hay problema – llevando su mano sobre mi hombro. – Estoy bien. Además, no podría estar enojado por alguien tan considerado. – Mostrándome una sonrisa.
Me despedí de él camino a mi dormitorio. Ahora que lo pienso, he visto a Kaminari sostener su cola varias veces. Sé que es muy amigable, pero me pregunto si será esa la única razón…
– ¿Qué diablos te pasa? – esquivé una de sus esferas sin dificultad. Después del arduo entrenamiento, mis reflejos y percepción del ambiente habían mejorado considerablemente.
– No eres más que una molestia – la uva antropomórfica estaba sosteniendo otro de sus proyectiles.
– Sí, insulta a quien te puede dominar a voluntad – estaba listo para hacerlo retirarse, pero debía averiguar cuáles eran sus intenciones
– Vale la pena el riesgo. – Tenía una postura desafiante. – Primero engatusas a Midoriya, Kaminari y ahora quieres envolver a Oijiro, incluso pusiste tus sucias manos sobre Eri – sus ojos brillaban con un intenso color verde que me generaba cierta incomodidad
– Lo dice un reconocido pervertido como tú
– Al menos mis preferencias son normales. – Incluso su tono de voz era antinatural – ¿Acaso quieres convertirlos en alguien como tú?
– ¿A qué te refieres?
– Ni siquiera intentes negarlo. He visto cómo miras a Kaminari… – La incomodidad subía por mi garganta. – No me detendré hasta que te alejes de él.
– Quiero verte intentarlo – Estaba harto y dispuesto a romperle la cara. Me coloqué en posición ofensiva para una pelea física, quería que estuviera consciente.
– ¿Qué está ocurriendo aquí? – Mi tutor apareció de entre las sombras, y los ojos del chico volvieron a su estado habitual.
– Nada, profesor Aizawa. Solo le ofrecía las buenas noches a mi compañero.
– ¿Es eso cierto? – dirigiéndose a mí
– Sí – no valía la pena negarlo.
– En ese caso, regresen a sus respectivos dormitorios. – Me di la vuelta sin hacer contacto visual, pero podía sentir los ojos del mayor en mi nuca.
Fue una noche incómoda. Las palabras de ese idiota habían conseguido afectarme. Ni siquiera recordaba cómo surgieron mis sentimientos por Kaminari, sólo sé que, un día comencé a buscarlo entre la multitud y cuando me hablaba, era en lo único que pensaba en los días siguientes. Para el tiempo en que me percaté de todo ello, ya era demasiado tarde y, realmente no lo lamentaba.
Consciente de que nunca sería correspondido, solo me resigné a conformarme por compartir tiempo con él, ayudándolo en todo lo que estuviera a mi alcance mientras cohibía mis sentimientos cada vez que, inconsciente de su influencia sobre mí, me hacía titubear con su voz, su sonrisa o su tacto.
El miedo de ser rechazado por él si en algún momento llegase a delatarme pasmó los músculos de mi cuerpo. No toleraría su repulsión, la sola idea de su desprecio me aterraba. Supongo que mi única opción sería mantener la distancia.
A la mañana siguiente sentía el cuerpo adolorido. Mis músculos se contraían con fuerza involuntaria producto de mis propios pensamientos.
En los casilleros, su figura tan oscura como una silueta me esperaba, y algo me decía que quería continuar la conversación que ni siquiera iniciamos.
– Necesito que me acompañes – conociéndolo, eso no era una simpe petición, era una obligación. – ¿Qué ocurrió anoche?
– No es nada que deba preocuparte – no podía decírselo
– Tu tono de voz y ojeras más pronunciadas que otros días me dicen lo contrario
– Cada vez me parezco más a ti, supongo. Incluso Eri lo notó. – llevando mi mano detrás de mi nuca – Por cierto, ¿cómo está ella? – sin mirarlo a los ojos
– Ella está bien. – en un instante, me envolvió en su arma de captura – Pero no intentes cambiar el tema – sus ojos brillaban de un intenso color rojo, y su cabello ya no caía sobre sus hombros
– Fue solo un desacuerdo menor. – suspiró
– Seré paciente hasta que me lo quieras decir, por lo pronto puedes irte. – liberándome de su atadura. – Solo espero que no me causes problemas, suficiente tengo con los otros veinte.
– Sí – alejándome de él.
El resto del día me la pasé distraído, ni siquiera los gritos del Prof. Present Mic lograron hacer que me concentrara.
Habían pasado varias semanas y dentro de unos días presentaría la prueba para calificar para el curso de héroes. Intentando disipar mis pensamientos, me propuse a entrenar. Si bien llegué a toparme con Kaminari varias veces, incluso una de ellas con el idiota de Mineta, siempre lo evadía con la excusa de que debía entrenar, convirtiéndose en mi vía de escape para no pensar en él. Me enteré de que estaba asistiendo a operaciones con su licencia provisional al tiempo en que yo asistía a miembros de la policía en operaciones menores con Gun Head e incluso una que otra con Eraser Head, que eran más bien una extensión y evaluación de mi entrenamiento.
Si bien mi desempeño y esfuerzo había sido recompensado con él éxito de las operaciones, aún no me desprendía de que solo retrasaba lo inevitable. Alejarme de Kaminari me estaba afectando mucho más de lo que creí; quería verlo y el temor de su rechazo irónicamente me llevó a alejarlo de mí.
Los días siguientes, había estado recluido en la biblioteca. Si bien mis intenciones eran distraer mi mente, siempre terminaba pensando en Kaminari. Fue en una ocasión, poco antes de que terminara el receso, que, a mi salida, me topé con él y su compañero de dientes afilados.
– Shinso – tenía la mirada tan despierta como siempre
– Tengo que irme – me apresuré, pero fui detenido por su agarre
– Quisiera hablar contigo, por favor – el tiempo apartado de él solo me hizo confirmar que no podía negarme a él, mucho menos con esa expresión de súplica plasmada en su rostro
– Nos vemos en el salón Kaminari – comunicó el pelirrojo, dejándonos solos
– Shinso, ¿te ocurre algo? ¿Hice algo que te incomodara? Siento que me evitas – No necesitaba hablar para sentir que mi voz estaba entrecortada
– He estado ocupado… Se acerca el día de una prueba muy importante y estoy ansioso – pese a que era cierto, mis argumentos no hacían más que sonar como excusas. No me atrevía a mirarlo a los ojos, pues solo pensaba en las palabras de ese enano. – Sumado a los ensayos para el Festival Cultural, no me ha dejado tiempo para nada más…
– Veámonos después de clases – acercándose más a mí
– Kaminari, yo…
– ¡Solo será un momento! – tomándome de los hombros, aún más cerca. Sentía que estaba al borde de un colapso; realmente extrañaba estar cerca de él.
– De acuerdo – era débil ante esos ojos
– Bien – me sonrió aliviado. – Nos vemos luego – se despidiéndose enérgicamente. Yo en cambio me recosté del muro mientras lo veía alejarse, con mis latidos retumbando en mi tórax y mi cara considerablemente caliente.
Para este momento, mi mente estaba ausente. Ahora no podía concentrarme durante las clases porque solo pensaba en que me vería con él una vez concluyeran. Y tal era mi ansiedad que en cuanto escuché la campana que anunciaba la conclusión del último período, mi corazón casi sale de mi pecho. Me sentía aturdido.
Quedamos en vernos en la entrada del área de entrenamientos, al tiempo en que mi pecho resonaba como un tambor en cuanto lo vi con su entusiasmo habitual, sonreírme desde el otro extremo.
– Quiero mostrarte una nueva técnica con la que noqueé a un villano en la última misión a la que asistí – y no pude responder porque ya me había tomado del brazo hacia el interior de la estructura.
Dejó su mochila a mi costado, para colocarse al final del bajo techo. De inmediato, su expresión cambió a una más seria. Las ondas eléctricas envolvían su cuerpo en oleadas que aumentaban de intensidad al tiempo en que colocaba su mano derecha hacia el frente y la otra le fungía como soporte. Ahora que lo pienso, no recuerdo haberlo visto en su faceta de héroe. Se veía intimidante, decidido y… realmente atractivo. Parecía ser otra persona. Yo solo lo contemplaba a brumado por el aura que emanaba de él, amenazante y sin el menor rastro de duda en su postura. Imaginarlo en plena acción de combate, debió provocarme una ligera robotización pues sentía mi rostro considerablemente caliente.
Su cuerpo irradiaba un potente resplandor amarillo y en su mano se formaba una formidable concentración de energía que, al tiempo en que aseguraba sus pies en el suelo, liberó en un movimiento que hizo parecer como si una bengala hubiera sido disparada a toda velocidad de su mano. La tracción provocó que retrocediera solo un poco, y el potente golpe de energía cruzó hasta el otro extremo chocando con una diana que apenas absorbió el golpe, pues en su centro estaba carbonizada.
– ¡Sí! Cada vez lo hago mejor – saltó con un puño al aire – ¿Qué te pareció? – corriendo hacia mí. Terminé tan anonadado que perdí la noción de mi alrededor, y más aun estando tan cerca de mí.
– Fue increíble, Kaminari – dije procurando no quedar en evidencia
– Como vez, me toma algo de tiempo concentrar toda la energía en la palma de mi mano, pero es solo cuestión de práctica para dominarlo por completo. – Extrañaba tenerlo a mi lado, sin contar el tono alegre de su voz. – Sin embargo, cuando lo lanzo al aire, pierde potencia.
– Si te encuentras desde arriba entonces, por la fuerza de gravedad, harás que tenga mayor potencia – mis palabras salieron sin meditarlas.
– Por eso me gusta conversar contigo, ¡eres un genio Shinso! – cada vez que hablas así de mí, haces que me resulte más difícil disimular. – De hecho, fue gracias a ti que pensé en esta técnica especial.
– ¿En mí?
– Sí, siempre he visto cómo te esfuerzas en mejorar. Ya sea leyendo en la copa de un árbol o haciendo prácticas con el Prof. Aizawa… Y pensé en que quería mejorar. Convertirme en el héroe que siempre he querido ser. – Sus ojos brillaban; se veía muy feliz. No pude hacer más que desviar la vista, de lo contrario, me habría desmayado por tanto nerviosismo. – Por cierto, – continuó – ¿qué relación tienes con él? Digo, además de que son bastante parecidos.
– Él es mi tutor. Como ambos tenemos dones a distancia, me ayuda a mejorar técnicas de combate y otro tipo de maniobras.
– Tienes nervios de acero. – Exhaló – El Prof. Aizawa es muy intimidante, pero es el mejor profesor de toda U.A. – sí, definitivamente. Y como si me hubiera escuchado, comenzó a reír levantando sus pies como un niño.
– ¿Qué te pasa?
– ¡Sólo estoy muy feliz de estar contigo, Shinso! – mostrándome una amplia sonrisa – Extrañaba pasar tiempo juntos. – Mi cuerpo estaba tieso, y mi respiración comenzaba a flaquear mientras mantenía como podía la compostura. – Quiero informarte de mis avances, y quiero saber de los tuyos. Incluso puedes venir a quejarte conmigo de tu tutor, no se lo diré a nadie – fue ésta última oración en un susurro lo que hizo evidente mi taquicardia. Solo reparé en desviar mi hirviente rostro, colocando el dorso de una de mis manos sobre mi boca – ¡Era una broma! No tienes que hacerlo si no quieres – se escuchaba alterado. Y es como imaginarlo en ese estado de pánico lo que me llevó a reírme como hacía mucho tiempo no lo hacía. Sentía que la alegría no me cabía en el pecho.
– Gracias Kaminari – logré decir una vez mi risa cesó. – Vayamos a comer algo, yo invito. – Camino a la salida.
De regreso a los dormitorios, luego de ponernos al día acerca de diversos temas, regresábamos del centro. Él estaba muy entretenido engullendo un taiyaki y yo casi terminaba mi malteada. Como su dormitorio quedaba a unos cuantos del mío que estaba más apartado, decidí acompañarlo hasta la entrada, donde se encontraban tres de los cuatro con los que solía estar. Creo que se hacían llamar en "Bakusquad" en honor al explosivo que parecía fungir como una especie de líder.
– ¡Hola chicos! – los saludó vivaz
– ¿Acaso tuvieron otra cita? – el pelinegro era bastante perspicaz. Si bien no había sido mi intención, es probable que haya terminado así.
– ¡Sólo fuimos a comer taiyaki! – mostrándole la envoltura mientras tragaba con dificultad
– Puedes venir la próxima vez, si quieres – sugerí
– ¿Nosotros tres? Descuida, no es lo mío importunar… – dijo mostrando una sonrisa pícara
– No sabía que eran tan cercanos – señaló el chico de dientes en forma de púa
– ¿Bromeas? ¡Shinso es excelente compañía! – expresó Kaminari mientras se colgaba de mi hombro
– ¡Deberías acompañarnos alguna vez! – gritó animada la de piel rosada. Considerando a los integrantes, ser extrovertido y algo revoltoso era un requisito para pertenecer a su squad.
– Los grupos no son lo mío… Además, no creo ser del agrado del otro faltante aquí. – Bakugou y yo no podríamos compartir lugar por más de cinco minutos. O él provocaba un desastre nuclear o yo lo convertía en mi esclavo.
– Mejor dicho, no eres del agrado de nadie – Y de la puerta hacia el interior del dormitorio, se asomó la uva andante. – ¿No es hora de que te vayas a tu dormitorio?
– ¿Qué te ocurre Mineta? – la chica espetó
– Eso no es nada varonil, Mineta – ahora el pelirrojo
– Solo quiero ayudar, casi comienza el toque de queda – tenía un semblante siniestro.
– Eres muy atento, pero no necesito de tu amabilidad.
– No le hagas caso, solo está molesto porque recibió una paliza de Bakugou por molestarlo mientras comía – de repente el rubio explosivo comenzaba a simpatizarme
– Ese es otro idiota – dijo a media voz – ¿Acaso no piensas irte?
– ¡Mineta! – la chica ahora estaba de pie y ahora el pelinegro parecía querer utilizar su don sobre el enano
– No se preocupen. – Dije. Estaba harto de este molusco y no permitiría que me volviera a intimidar; que me alejara de quien me importa. – Si tanto quieres que me vaya, oblígame. – Y tras decir esto, permaneció en silencio. Era un insoportable pero bastante astuto, pues pareció descifrar mis intenciones. – ¿Qué ocurre? ¿Por qué tan callado de repente? – sin quitarle la vista de encima
– Kaminari tiene razón, eres muy útil Shinso. Pocos habían conseguido callarlo – el aludido comenzaba a tornarse rojo. Concluyó con girarse sobre sus pies, cerrando la puerta tras él de un portazo. Y cuando pensamos que se había alejado, se asomó por una de las ventanas
– Yo solo se los advierto, en el momento menos pensado los tendrá bajo su control. Kaminari puede dar testimonio de eso. – repitiendo en la ventana lo que hizo con la puerta
– No entiendo qué le ocurre – comentó el rubio a mi lado
– Es cierto, desde un tiempo lo he visto tornarse más agresivo. – el pelirrojo se mostraba conflictuado – Es como si no fuera él…
– Solo está resentido porque ninguna chica le hace caso. Y esa actitud no hace más que repelerlas – la chica se recostó de quien hasta ahora no había notado llevaba crocs.
– Si tienes otro problema con Mineta, no dudes en decirnos – el pelinegro me comenzaba a caer mejor
– Cualquier amigo de Kami, es nuestro amigo – la chica afirmó para ser condescendida por quien abrazaba
– Lo tendré en cuenta – les sonreí
– Nos vemos mañana, Shinso – se despidió de mí, moviendo su mano. Le asentí con una sonrisa, camino a mi dormitorio.
Debo admitir que se sintió bien demostrarle a ese enano que no permitiría que sus suposiciones me mantuvieran al margen de quienes me importan; de Kaminari. No quería contarle a Shota lo que ocurría con uno de sus estudiantes, para no ser como el niño que acude a los brazos de su protector, pero considerando los comentarios de los chicos acerca del cambio de actitud del chico, puedo llegar a la conclusión que el cambio de expresión y sus ojos de un verde resplandeciente no fueron un asunto aislado. Algo le ocurría a ese chico. Considerando su oferta de esta mañana, supongo que sería conveniente comentarle lo ocurrido la noche anterior lo antes posible.
Estaba a pocos metros de la entrada, cuando los vi, no solo a él sino también al profesor Yamada, estaban recostados en una de las columnas. Desde donde me encontraba no estaba a su vista, por lo que pretendí llamarlos hasta que escuché una palabra clave: "adoptarla". Mis ojos se expandieron y mi primer reflejo fue ocultarme. Sabía que, si preguntaba, censurarían la conversación, y yo quería saber lo más que pudiera.
– Sabía que se repetiría. – por el tono de voz, el rubio sonaba divertido – En el momento en que comenzaste a pasar tanto tiempo con ella, sabía que te ibas a encariñar.
– La niña no tiene a nadie a su cargo, y ya se encuentra en la academia… – divagó. No era necesario verlo para saber que estaba expuesto.
– Esas son meras excusas. Viste a Hitoshi en ella, ¿verdad? – Escuché chistar al pelinegro
– ¿Quieres comenzar el trámite sí o no? – lo puso contra las cuerdas.
– ¡Claro que sí! – lo abrazó tomando su cuello mientras el otro hacía una mueca de "disgusto". Era bastante orgulloso a veces. Ya no sería hijo único, y nada mejor de tener una ternura como Eri de hermana.
– Iremos al servicio social después de clases. No llegues tarde. – En respuesta solo lo abrazó más fuerte. Concluida la charla, decidí hacer acto de presencia.
– Lamento inte… No, ¿saben qué? No lamento nada. Me da igual interrumpirlos. – Acercándome a ellos. Ambos se separaron.
– Buenas noches para ti también – Shota seguía recostado de la columna
– ¡Tenemos noticias para ti, Hitoshi! – ahora era yo la presa del rubio. – ¡Tendrás una hermanita! – Me pareció sentir como su abrazo se ajustaba.
– ¿En serio? ¿Cuántas semanas de gestación tienes?
– ¡Hablo de Eri! – soltándome de inmediato – ¿Qué piensas?
– Que tardaron demasiado en decidirlo. La niña se ve a gusto con ambos. – Solo yo restaba en esta dinámica. Supongo que tendría que acercarme a ella poco a poco.
– De acuerdo entonces. – Ahora era el pelinegro quien se acercó a nosotros. – Eso era todo lo que teníamos que contarte, a menos que tu tengas algo que decirnos. – De alguna sabía que se refería al conflicto con la uva.
– Puede esperar. Por ahora, está resuelto. – decidí dejar el tema de Mineta de lado por un momento. No quise agriar el ambiente trayendo un tema tan desagradable como ese.
– Bien. – Respondió poco convencido. Sin abundar más, se fueron y permanecí afuera hasta que los perdí de vista. Por los último siete años habíamos sido solo los tres, pero pensar en Eri como otra integrante, era por lejos, una de las mejores noticias que había recibido en mucho tiempo.
Esa noche marqué en mi calendario que faltaba justo una semana antes de la prueba que decidiría si sería parte del curso de héroes. Sería justo después del Festival Cultural. Estaba ansioso, emocionado, pero sobre todo nervioso. Pensar en los posibles resultados me hacía desear cosas por el momento intangibles. Pero pensar en Kaminari, de alguna forma lograba calmarme. No sé por cuanto tiempo podría ocultar mis sentimientos. Si seguía actuando así conmigo, terminaría por demostrarle lo que siento por él. Aunque, a lo mejor eso era justo lo que tendría que hacer.
– Le confesaré mis sentimientos luego de la prueba – decirlo en voz alta no hizo más que alterar mis nervios. Era como si al hacerlo, lo convirtiera en algo definitivo. Sin importar el resultado, le diría lo mucho que me importa.
Me gusta pensar en Sero como ese amigo que sabe todo pero no dice nada. Me encanta cómo escribí la personalidad de este excelente amigo.
Dato #43
Como te habrás dado cuenta, la historia es muy larga y pese a que me he esforzado por al menos tener una redacción decente, con toda la ortografía correspondiente, también soy presa de uno que otro error de redacción. Si ves alguno, no dude en comentarlo.
...
Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario
