Bakugou

(Lemon)

Todo el grupo de extras estaba emocionado por el estúpido Festival Cultural. Pinky estaba dando giros como un trompo mientras los extras y el maldito nerd la rodeaban, hablando estupideces que solo los extras hablan.
– Tomen asiento – ordenó la oruga amarilla que tenemos de profesor al entrar arrastrándose. A veces me cuesta creer que sea un héroe profesional. – Se acerca el Festival Cultural. – Y dicho esto, comenzaron a vociferar como mandriles.
– Profesor, ¿está seguro que es buen momento para celebraciones? – no pensé escuchar eso de Shitty–Hair
– Has cambiado mucho – el tomacorriente también se extrañó
– Es que los villanos están muy activos
– Es una opinión cierta y válida – continuó el profesor. – Pero la U.A. no tiene solo el departamento de héroes. Si bien el Festival Deportivo es nuestro escenario, el cultural es el de los demás. Las clases de Apoyo, General y de Gerencia son los protagonistas. No es tan famoso como el Deportivo, pero para ellos es un evento importante. – Parecía que su voz monótona bajaba un decibel con cada oración. – Y actualmente la clase de héroes es una fuente de estrés para muchos de los demás estudiantes.
– Visto asó, no puedo oponerme – el pelirrojo volvió a tomar asiento
– Por eso, no es tan sencillo como negarse a participar. – Continuó. – A diferencia del año pasado, este festival se celebrará únicamente para la escuela. – Comenzó a moverse, con la mayor velocidad que un saco de dormir permite, para recostarse en el muro a sus espaldas. ¿Cómo se supone que debemos tomarlo en serio? – Aunque no sean los protagonistas, todas las clases deben preparar algo. Hoy decidiremos qué se hará. – Concluyó para quedarse dormido. Ahora era el cuatro ojos y la cola de caballo quienes estaban en el podio.
– Como delegado de la clase A1, tomaré las riendas de la selección de temática para nuestra propuesta. – Para variar, estaba alzaba la voz como única forma de comunicación. – Empecemos mencionando ideas. Si tienen alguna, alcen la mano. – Y como los mandriles que son, comenzaron a gritar alzando con las manos al arriba. – Hagámoslo por orden. ¡Kaminari!
– ¡Una cafetería de sirvientas! – y comenzó a dar detalles de cómo deberían verse el sexteto de faldas de la clase. Prefiero arrancarme los ojos a tener que participar en algo semejante. Sin embargo, la uva si estaba más que motivado con la idea, salvo que no pudo terminar la suya debido a que la rana lo amordazó; de igual forma, dudo que tuviera algo bueno que decir. Y así comenzaron a nombrar otras tantas estupideces: un puesto de mochi, vencidas, una casa encantada; y un largo etcétera de ideas insulsas.
– Soba – ¿Por qué no me sorprende? De no ser porque ya es bien sabido que es lo que más prefiere, sería disonante asociar su monótona expresión cuando habla de su comida favorita.

Yo era el siguiente en la lista, era mi turno de dar una idea que valiera la pena.
– ¡Un Deathmatch! – básica supervivencia del más fuerte
– Un banquete de sombras – digno de una catacumba
– Mi especialidad brillante – esto ya no tenía sentido

Luego de que fueran nombradas todas las propuestas, comenzaron a descartar las "menos prácticas e incomprensibles". Se atrevieron a descartar la mía, que, por lejos, era la mejor. No son más que un par de idiotas con pésimo gusto.
– ¡¿Y para qué diablos preguntan?! – cuestioné, solo para que siguieran divagando. El murmullo se convirtió rápidamente en bullicio y nos encontrábamos en plena jungla, cada quien destacando sus dotes para ignorar al delegado que intentaba callarlos. Solo fue la campana de cambio de clase que logró silenciarlos.
– Es una sesión muy poco productiva – ahora llevaba en brazos el saco de dormir amarillo. – Decidan algo antes de mañana. Si no… – Al pie de la puerta, nos ofreció una mirada macabra. – Será una clase abierta. – y a coro replicaron su amenaza, imperando la tensión colectiva.
– ¡Hoy decidiremos lo que haremos! – ShittyHair estaba decidido a que eso no ocurriera.

Descartada mi fantástica idea, poco me podría importar lo que decidieran. Estaba con Shoto, al pie de la escalera mientras los demás se reunían en el área común.
– No son más que un grupo de idiotas con mal gusto
– Tampoco eligieron la mía
– Solo a ti te gusta esa cosa fría
– Al menos yo no pretendía una masacre. De igual manera, – acercándose un poco a mí – comería algo más si me lo prepararas
– No soy tu cocinero
– Nunca dije que sería sin recompensa – cuando me sonrió, sentí como mi pulso flaquear
– Iré a dormir. No me despiertes cuando vayas.
– Sí – volviendo a sonreír. Esa expresión sería algo de lo que nunca me aburriría.

Todoroki

Luego de verlo alejarse, me acerqué a los chicos. Tokoyami, Midoriya, Kirishima, Ochaco y Tsuyu estaban ausentes debido a sus labores como residentes.
– Ellos harán lo que digamos – comentó Kaminari despreocupado
– ¿Y Bakugou? – pregunto Oijiro
– Fue a dormir. – Contesté
– Chicos, estuve pensando con calma en lo que dijo el profesor Aizawa. – Iida comentó – Mencionó que el estrés del resto de las clases; tenemos que proponer algo que los ayude a relajarse.
– Iida tiene razón – continuó Yaoyorozu – Si aspiramos a ser héroes, o podemos seguir causándoles problemas. Ha de ser alguna propuesta que ofrezca una experiencia. – ¿Una experiencia? – La cafetería se sirvientas, el zoo interactivo o la casa encantada…
– El zoo me parece complicado – Sero estaba de brazos cruzados
– Algo para liberar el estrés… – pese a ser imperceptible, no era difícil suponer que Toru también estaba preocupada.
– ¿Y el número cómico?
– Siendo novatos, solo los estresaremos más – replicó el pelinegro
– Bailar todos juntos sería divertido – Ashido me acababa de dar una idea.
– El baile me parece una buena opción. – Me acerqué hacia el computador, para buscar lo que Kemy había mencionado durante la licencia provisional. Creo que era "concierto".
– ¿Ah? No me esperaba tu apoyo. – Ashido se incorporó acercándose a mí por detrás
– Un momento. Había algo por aquí. – Busqué en un popular sitio de vídeos algo que coincidiera con la ilusión que Kemy mostró – No estoy seguro, pero creo que esto podría ser a lo que se refieran con una experiencia. – De la pantalla salía música y sonidos al compás de bailarines y músicos, tal y como vimos esa tarde en el área de prácticas. – A esto me refería
– No me lo esperaba – comentó Mineta – ¡¿Te volviste un fiestero?! – ¿Fiestero?
– No. Pero Iida tiene razón al querer aliviar el estrés del resto de las clases y para eso hay que ofrecer un lugar donde puedan divertirse. – las víctimas profesionales parecían estar muy a gusto con eso. – Saqué la idea de las prácticas para la licencia. – Satou me miraba extrañado.
– Ya veo, cantar y bailar… – Iida estaba muy atento a la pantalla
– Repito, los novatos solo aportan más estrés.
– ¡Yo puedo ayudarles a bailar! – la pelirosa comentó al tiempo en que Aoyama mostraba los pasos de baile que había intentado hacer esta mañana
– Dominó los pasos en apenas un día – Kaminari estaba sombrado – ¡Ashido sabe enseñar!
– Bailar no es suficiente, ¡necesitamos buena música! – Mineta comenzó a dar vueltas
– Si hablamos de música… – Toru torció su cuerpo hacia Jirou, haciendo que todos la miráramos. La chica se veía apenada por alguna razón. – ¡Toquemos en directo con tus instrumentos!
– ¡Es– espera! – visiblemente nerviosa
– ¿Por qué? Tocas y enseñas a tocar muy bien. Y cuando hablas de música, estás radiante. ¡Quiero oírte tocar!
– Ustedes tienen aficiones perfectas para un héroe – se veía conflictuada, por alguna razón – Pero la mía es una afición normal y corriente.
– Con que eso fue lo que te enojó antes – dijo Kaminari – ¡Tocar tan bien es algo estupendo!
– Tocando puedes hacer sonreír a la gente – no recuerdo haber visto a Koda tan emocionado jamás. – Es una afición perfecta para una heroína.
– Comprendo su emoción – Yaoyorozu se colocó delante de la abrumada chica –pero es Jiro quien debe decidir.
– Si insisten tanto, no puedo negarme. – Los chicos comenzaron a gritar.
– ¡La clase A ya tiene plan! – concluyo Kaminari – ¡Haremos un concierto!

Me dirigí a la habitación de Bakugou, asegurándome de no ser percibido. Él estaba ubicado en el extremo derecho de la cama, con sus brazos extendidos, como si me dejara espacio para acomodarme entre ellos, y eso hice, no sin antes mover un poco su cabello para colocar un beso en su frente, procurando no despertarlo, sin embargo, como una planta carnívora al contacto, me abrazó acercándome a él. Me las arreglé para quedar a la altura de su pecho, para inhalar su olor a azúcar quemada. Por alguna razón, no pude evitar reír; me sentía tan a gusto que no me pude contener.
– Ya duérmete – murmuró entre sueños. Mañana estaría molesto por despertarlo.
– Lo siento – quedando dormido poco después.

Bakugou

– ¡Hay que decidir los pasos de baile y ropa! – Pinky no dejaba de gritar
– ¿Qué crees que les gustará? – el multibrazos nos acompañaba junto al tomacorrientes y la aficionada al rock
– ¡Tiene que ser algo moderno!, ¿verdad, Jiro? – solo pensaba en recostarme un rato. Oírlos me tenía harto. Sin embargo, ciertos comentarios para nada disimulados estaban evidentemente dirigidos a mí por un par de extras de otra clase
– ¿Te enteraste? Los héroes de la clase A1 darán un concierto para nosotros –un tipo con el copete más horrible que haya visto se atrevía a mirarme a los ojos acompañado de una antipática de pelo color malva. Son del curso al que pertenece el tipo con ojeras al que he visto con el tomacorriente varias veces.
– ¿Para nosotros? Se creen demasiado importantes
– Sí, es patético – eso lo dice quien posiblemente jamás se haya visto en un espejo. Me propuse ignoraros, pero uno de los comentarios me molestó más que el resto. – Los villanos los atacaron más de una vez, e incluso uno de ellos les causó problemas a los profesionales – para esto ambos me miraron sin reparos. Sentía la ira acumularse en la palma de mis manos como chispas. – Hubo varios heridos y nos perjudicaron a nosotros.
– Tienen agallas. Ellos son los culpables de todo, lo menos que pueden hacer es intentar remediarlo, aunque no funcione. – Me pregunto cómo será posible hacer que un asesinato parezca un accidente. Ambos salieron de mi campo visual, pero mi ánimo estaba considerablemente volátil. Quería cerrarles la boca.

Esa tarde, nos reunimos en el área común para coordinar lo que haríamos.
– Casi no tenemos tiempo, así que debemos decidir qué haremos – incluso el cuatro ojos parecía tenso, aunque ahora que lo pienso, ¿cuándo no?
– Primero hay que elegir canción, ¿cuál quieren? – el entusiasmo de la pelirosa se esparcía como polen al tiempo en que las cualidades, o la falta de ellas, salían a flote entre los extras.
– Yo no sé de música
– Yo tampoco – ni siquiera me molesté en ver quiénes eran, solo estaba ahí porque no asistí ayer.
– Debemos pensar en una canción conocida. ¡Una que emocione! ¡Una para bailar! – nunca imaginé que el pokemón estuviera tan motivado
– Para combinar sus opiniones tiene que ser una four–on–the–floor – comentó la pelimalva – Rock new rave de discoteca – debo admitir que era la que mejores comentarios hacía, supongo que era porque la música era su fuerte. – La mejor música dance es la FDM… – la chica pronto se dio cuenta que nadie la entendía.
– ¿Alguien toca el bajo o la batería? – sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal – La batería es esencial en un grupo. Si soy sincera, con la batería aún estoy practicando – sentía la urgencia en mi pecho de irme de ahí, no quería estar tan involucrado con esta idiotez – En un mes no puedo practicar y enseñar a otros.
– Oye – en el momento en que el pokemón eléctrico se dirigió a mí, entendí que debía ingeniármelas para esconder un cadáver – tú dijiste que ibas a un conservatorio de música, ¿no? – y así fue como quedé expuesto. ¿Por qué diablos le dejé saber eso en primer lugar?
– ¡¿En serio?! – expresaron a coro
– Prueba a tocar la batería, Bakubro – el cara de soya sostenía unas baquetas
– ¡No pienso hacerlo!
– Por lo visto es muy complicado… – continuó. No iba a permitir que este idiota hiciera suposiciones de mí. Le arrebaté el par de palillos para ubicarme en la batería, que demostré tocar con la destreza de un profesional.
– ¿Decías? – como era de esperarse todos me miraron con admiración, salvo por el bicolor que más que sorpresa, me ofreció una amplia sonrisa. Si no me giraba hacia otro lado, me delataría.
– Es perfecto – la chica estaba estupefacta
– ¡Increíble! – Pinky comenzó a saltar
– ¡Tienes talento! – comentó el pelinegro
– ¡Bakugou será el de la batería! – espetó el tomacorriente, pero no estaba interesado.
– No pienso participar en esta tontería. – pretendía irme a mi habitación
– ¡Por favor, Bakugou! – la chica de audífonos rara vez se mostraba tan insistente – Si lo haces, de seguro quedará genial…
– ¡Claro que no! – Eso no sería suficiente – Quieren aliviar el estrés del resto de clases, ¿no? Nosotros somos la causa de ese estrés. Sólo servirá para contentarnos. – Me volteé hacia ellos. – ¡Si están enojados con nosotros, no lo aceptarán!
– ¡No lo digas así! – ¿Desde cuándo la invisible tenía tantas agallas?
– ¡Ser amistosos es absurdo!
– Tiene razón, no pensamos en eso – concertó el cuatro ojos.
– Entonces, ¿qué propones? – Shoto me miro expectante
– No es tan sencillo… – debía puntualizar ciertas cosas – No es que quisiéramos que nos atacasen los villanos. ¿Por qué tenemos que ser considerados nosotros? Si lo que quieren es animarlos, no lo hagan. No somos sus amigos, somo sus rivales; por eso, ¡vamos a demostrarles cómo se hace un verdadero concierto!
– ¡Bakugou! – ahora me ovacionaban como correspondía
– Eso significa que tocarás, ¿no? – Pinky pretendía abrazarme, pero la mantuve a distancia
– Pero no me harán perder el tiempo
– ¡Claro que no!
– ¡Eres genial, Bakubro! – el trio de idiotas me estaba asediando.

El resto de la tarde, se siguieron cuadrando otros detalles.

– Tocar el piano siempre fue parte de mi educación, tal vez sirva de algo – cola de caballo parecía excusarse al decirlo; patético.
– ¡Tocarás el teclado! – Pinky le dio unas cuantas palmadas
– El teclado es vital en un concierto. ¡Gracias, Yaomomo!
– ¡Haré lo que pueda!
– Yo quería bailar con todas las chicas, ¡pero te perdono porque eres adorable! – parecía un chicle
– Yo tocaré el bajo. Faltan guitarras y un cantante. – Escucharlos hablar de este concierto, solo me hizo pensar en el bicolor.
– ¿Por qué carajos les mencionaste un concierto? Tú no sabías de ellos hasta hace poco
– Nos estábamos quedando si opciones y me pareció una buena idea – comentó monótono – Quiero ver uno real – su expresión se suavizó y no pude hacer más que condescender.
– Como sea
– Acerquémonos – invitó. Yo caminé detrás de él.
– El resto puede bailar – comentó el chico cola
– No sé si eso será suficiente – el cuatro ojos poniendo peros
– De eso se encargará… – Shoto fue interrumpido
– ¡La puesta en escena! – Pinky era la más animada con esto
– Eso mismo – En los extras reinaba la confusión.
– ¡Esto es lo que haremos! – tomó el ordenador y lo puso a la vista de todos. Esto era exasperante. Quisiera irme de aquí, pero tenía el presentimiento de que, si me iba, terminaría haciendo algo que no dejaría sobrevivientes. – ¡Todos se verá fantástico con chispas, cinta y bolas de espejo!
– ¡Hagamos un desfile! – la invisible era demasiado ruidosa
– El Prof. Aizawa reservó el gimnasio para nosotros. – Y a partir de aquí comenzó una estúpida explicación de lo que ya no estaba seguro si se trataba de un concierto. Mencionaron algo acerca de hacer que Shitty-Hair rompiera el hielo de Shoto, y algo acerca de que brillitos girara como bola disco. Esto ya no tiene sentido, y lo peor, es que era una propuesta aceptada por la mayoría. No se puede esperar menos de estos extras.
– Sentimos llegar tarde – y hablando de extras, la rana, el pelirrojo, la cara redonda y el maldito nerd hicieron acto de presencia. Se les puso al día acerca del "concierto" mientras yo solo estaba ahí esperando el momento indicado para irme.
– Entiendo por qué Jiro el bajo y Yaoyorozu el teclado… – Shitty-Hair estaba preocupado
– Pero Bakugou tocando la batería es… – escuchar mi nombre me puso predispuesto
– ¡Inesperado! – la invisible tenía agallas
– ¡¿Algún problema?! – no se atrevieron a responder
– ¿Y quién cantará?
– Jiro puede hacerlo – la cara redonda propuso, pero la uva, la escarcha e incluso Shitty-Hair se postularon; deseé no tener oídos.
– Yo también creo que Jiro puede cantar – la invisible agregó – Cuando nos enseñaste a cantar, lo hacías muy bien
– No me halagues tanto, lo pones más…
– ¡Canta! – la invisible era una espina en… Ni siquiera sé qué más iba a formular, me distraje con el sonido de su voz. Debo admitir que era, de hecho, grandiosa. Nadie se atrevió siquiera a respirar, y toda la atención estaba sobre ella. Con esa voz, podría fácilmente acoplarla a su aspiración de ser heroína. En cuanto se detuvo, el molesto ruido volvió, pero la chica estaba sobrecogida, y no es para menos; seríamos el mejor evento del Festival Cultural.
– ¡Decidido por unanimidad, serás la cantante! – concluyó el cuatro ojos.
– Necesito dos guitarras – anunció y de nuevo el tomacorriente y la uva se postularon
– No es que quieran o no, es si saben hacerlo – protesté
– ¡Claro que sí! – contestó el pelo amarillo tocando una guitarra. Ya lo recordé, una vez me encontré con él fuera del conservatorio, y mientras esperaba a mi vieja, él me hizo compañía. Al parecer, tomaba clases ahí también.
– Debemos armar el grupo de baile – el come azúcar continuó
– Yo quiero estar. Mi cola me permite moverme
– Yo quiero usar mi cinta en el escenario – y antes de continuar, las notas de una guitarra eléctrica resonaron en el salón
– ¡Qué sonido tan melancólico, Tokoyami! – Shitty-Hair estaba conmovido por el más lúgubre de todos; los extras aspiraban a protagónicos repentinamente.

Todos estaban emocionados, y yo comenzaba a sentirme ansioso. No estaba seguro de si esto funcionaría, pero era lo mejor hasta ahora. Supongo que habría que esperar.

Estaba más que agotado, eran pasadas las 1 de la madrugada y a este punto no podía responder por mis actos, pero al fin ya se nos habían asignado nuestras funciones divididos en: el grupo de música, la puesta en escena y los bailarines.
– ¡A partir de mañana tendríamos mucho trabajo! – ya no quería escuchar a nadie, especialmente al cuatro ojos.

De camino al tercer piso, me las arreglé para acomodarme en la cama del bicolor, pues éste estaba entretenido con el maldito nerd.

Al poco tiempo, escuché la puerta abrirse: Shoto, estaba soñoliento. Si estaba tan cansado, ¿por qué tardó tanto en venir?
– ¿Acaso no estás cansado?
– Quería preguntarle algunas cosas antes de dormir
– ¿No podías esperar hasta mañana?
– No quería que se me olvidara – se acomodó detrás de mí, dejando su brazo izquierdo sobre mi torso; su habitación estaba como un témpano, para variar – ¿Estás celoso?
– Ya duérmete – acomodando la cobija
– Bakugou
– ¿Qué quieres? – en serio necesitaba dormir, estaba saturado de tanta estupidez
– Me quedé pensando en tus palabras. – Me volteé para mirarlo – En el campamento… fuiste uno de los más afectados. ¿Te sentiste motivado por eso? – él supo leerme entre líneas
– Supongo que me dejé llevar, eso es todo – volviendo a mi posición anterior
– Nadie te culpa por eso – se las arregló para besar mi mejilla. Solo alcancé a murmurar. Su mano izquierda buscó la mía para entrelazar nuestros dedos. Yo estaba cada vez más disperso. – Prometedor aspirante a héroe, excelente cocinero y habilidoso baterista; soy muy afortunado – besando ahora mi cuello. ¿Cómo se supone que iba a dormir? Sentía mi rostro caliente
– Mañana puedes continuar citando mi lista de cualidades, ahora déjame dormir – volteándome para quedar cara a su pecho. Él me abrazó, para acariciar mi espalda mientras quedaba dormido.

Los días siguientes estuvimos ensayando y finalizando los preparativos de lugar para el día del concierto. Dos días anterior al mismo, nos propusimos hacer una exhaustiva limpieza que pese a ser una colaboración de los veinte, nos tomó todo el día.

De camino a guardar los elementos de limpieza en el lugar correspondiente, escuchamos un estruendo que provenía de allí. El azucarado, la batería, la invisible, Shoto y yo nos apresuramos con cautela solo para encontrar a la uva debajo de cajas de desinfectante y otros elementos de limpieza.
– Pero, ¡¿qué diablos?! – los objetos estaban esparcido alrededor
– ¡¿Qué hiciste Mineta?! – protestó la chica
– ¡Solo quería alcanzar los limpia vidrios! – con la escoba que sostenía, fue muy fácil imaginarlo como una piñata.
– No haremos nada mirando – la batería se hizo paso entre el desorden para levantar al enano
– Ni modo – la cinta pegante se adelantó para recoger los elementos del piso
– Ayudemos – Shoto posó una mano sobre mi hombro. Suspiré para ayudar a recoger, como si no estuviera lo suficientemente cansado como para que tuviéramos trabajo extra. Pasaron al menos diez minutos cuando el cuatro ojos pareció de pie en la puerta.
– ¿Qué hacen aquí? – como si no fuera obvio – Debemos discutir algunos detalles antes del concierto
– Pueden adelantarse, los alcanzo en un momento – musité sin quitar la vista de lo que recogía.
– ¿Estás…?
– ¡Sí! – interrumpí a la cinta pegante – ¡Ahora, lárguense!
– Me quedaré a ayudar – Shoto estaba organizando los elementos en un estante
– De acuerdo – dijo el pelinegro seguido por el tomacorriente
– No tienes que hacerlo – protesté
– No te preocupes – insistió al tiempo en que el más corpulento y el enano adolorido dejaron el lugar
– En serio, no era necesario – yo podría continuar por mi cuenta.
– Pero de verdad quiero hacerlo – continuó, para dirigirme una mirada apacible. No cedería, aunque insistiera
– Como sea. – repliqué y de pronto me sentí observado. No podía ver su rostro, pero sentía que nos observaba – ¿Qué no te ibas? – Chistó para luego irse sin más. Una vez me aseguré de que estábamos solos, me cuestioné su insistencia. – ¿Por qué te quedaste?
– ¿No quieres mi compañía? – esto ya era una manía; cuando no me quería responder, siempre respondía a mis preguntas con otras. Ni siquiera me molesté en seguir su fastidioso juego. Una vez me aseguré de que no restaba nada más, a parte de lo que Shoto recogía, me acerqué a la ventana, solo para dejarme caer al pie de ésta. El cristal de la puerta reflejaba la puesta de sol y yo me sentía somnoliento. Poco después, el bicolor se colocó a mi lado, al tiempo en que un vaho de cansancio dejó sus labios.
– Si estás tan cansado, debiste haberte ido – cerrando los ojos, recostando mi cabeza en la pared
– Quería pasar más tiempo contigo – mis ojos volvieron a abrirse. – Por los preparativos y ensayos, una vez solos, terminamos dormidos antes de darnos cuenta.
– Bien, ya estamos aquí. – Tenía una expresión expectante
– ¿Acaso no lo recuerdas?
– ¿Recordar qué? – después de una rápida mirada de desconcierto a la que no tuve oportunidad de cuestionar, se acercó para darme un beso
– ¿Aún no lo recuerdas? – ahora nuestras respiraciones chocaban y, como un deja vu, recordé la vez que nos besamos, justo aquí, meses atrás.
– Sí… – maldición, comenzaba a sentir mi cara hervir. Estaba a pocos centímetros de mí, con un leve tono rosado en sus mejillas. Los recuerdos de esos días volvieron a mí, como una tempestad. Sentía mis pálpitos chocar con fuerza al tiempo en que me sonreía. Me sentía abrumado; tanto había pasado en las últimas semanas que a veces me costaba creer que nos habíamos vuelto tan unidos; demasiado, de hecho. No me atrevía a mirarlo de frente, justo ahora mis sentimientos debían estar delatándome y no quería que lo notara, pero fue en vano, pues tomó mi mejilla para girarme.

Y como aquella vez, fue un beso pausado; era como si tuviéramos el tiempo a nuestra disposición. En esta ocasión no eran roces torpes; la práctica era perceptible. Ahora nuestras respiraciones no obstaculizaban la sincronización de nuestros labios y, como una especie de acuerdo, incluso la destreza con la que nuestras manos se acomodaban sobre nuestro cuerpo, evidenciaba horas de prácticas, pero no era suficiente. Comencé a sentir una fuerte urgencia de acercarlo más a mí; de sentirlo cerca de mí.

Lo tomé por detrás, acomodándolo más cerca de mi torso, y continué el beso con insistencia. Nuestra respiración ahora estaba más agitada y escucharlo gemir de vez en cuando no hacía más que motivarme a continuar. De verdad disfrutaba estar con él, mejor dicho, disfrutaba todo de él, incluso la elocuente densidad que lo caracteriza.

En una de las pausas para tomar aire, me detuve para contemplarlo; sus cejas, iris y pestañas de diferente color; mis dedos recorrieron desde su sien, pasando por los pómulos y mejillas, hasta llegar a sus labios. Volví a retomar el beso, para apreciar que no era el único que anhelaba hacerlo; sentía su hambre en cada roce, y la insistencia con la que sus dedos se enredaban en los cabellos de mi nuca; quería más de él. Tomé su labio inferior solo para hacerme paso en su cavidad bucal; pude percibir el reflejo de la impresión, pero rápidamente se acostumbró a la interacción de su lengua con la mía. Oleadas de euforia, me hicieron sentir embriagado; era como si mi cuerpo me pasara factura por los días en que no lo suplí con la correspondiente dopamina faltante y me dotara de ella en desmedida, aunque no era el único. El bicolor, parecía sentir la misma impaciencia, pues lejos de dar señales de querer concluir, se dejaba guiar de mis movimientos oscilatorios sosegadamente. No quería que terminara.

Después de lo que seguro fueran unos minutos, nos separamos con la respiración audiblemente agitada. Tanto su pecho, como el mío, subía con brusquedad; sus labios estaban hinchados y no dudaría que los míos estuvieran en la misma condición. De pronto comenzó a reír, como si no me tuviera ya a su disposición.
– Ahora, ¿de qué te ríes?
– Estoy muy feliz de estar contigo – colocó su frente contra la mía
– Claro que debes estarlo, estás con Bakugou Katsuki – él volvió a sonreír
– Sí – llevando su mano a mi mejilla. Podría haber permanecido ahí de forma indefinida, pero el toque de queda estaba en contra.
– Debemos irnos – y ante la tentativa de alejarnos, el volvió a acercar nuestras frentes, esta vez con los ojos cerrados.
– Solo un poco más… – dejó escapar en un susurro que produjo una descarga en todo mi cuerpo. No podría haberme negado, aunque lo quisiera, pues yo anhelaba seguir así de cerca de él.

No sé cuánto tiempo más permanecimos así, en silencio, apenas con el mínimo murmullo de nuestras respiraciones chocando sutilmente. Nuestras manos se sostenían con firmeza, y no pude evitar cuestionarme por cuánto tiempo podría ser posible disimular frente a los demás cuánto me gustaba estar con él; me preguntaba si alguna vez sería capaz de presumir a los demás lo importante que era Shoto para mí.


Escribir este capítulo fue muy desafiante.

Dato #45

No me gusta lo explícito pues siento que es muy burdo, sin embargo, un Lemon bien escrito considero que puede generar las mismas o incluso más emociones que un Smut, pero eso lo podrán juzgar ustedes.

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