Kaminari
Si bien habíamos practicado lo suficiente y que resultó mejor de lo esperado, no pode evitar sentirme nervioso al saber que Shinso me vería tocar la guitarra. Eso me motivó a esforzarme aún más. Quería verlo para preguntarle qué le pareció el concierto.
Un mes antes me había comentado que se encontraba ansioso por una prueba que estaba próximo a presentar, por lo que me alivió que la idea del concierto haya sido seleccionada, aunque antes me había dicho que los lugares con mucha gente no eran de su agrado, pero me prometió que asistiría para verme.
– ¡Hola Shinso! – Estaba recostado en el tronco, sobre una de las ramas del árbol de la primera vez que lo vi
– Buen día Kaminari – apartando la vista de su libro. Me pareció extraño, casi siempre me dice algún comentario más animado.
– ¿Te pasa algo?
– Pronto presentaré una prueba importante – comentó antes de hacer un giro mortal para caer al pie del árbol
– ¡Wow! ¡Eso fue genial! Estoy seguro que la aprobarás.
– Gracias, Kami – seguía viéndose disperso. Quería animarlo.
– Como ya sabes, se acerca el Festival Cultural hará un concierto, y quería saber si querrías venir.
– Las multitudes no suelen ser lo mío, y los gritos tampoco…
– Entiendo… Voy a tocar una guitarra eléctrica, cosa que no podría hacer de no ser por la ayuda de Jiro, y quería que asistieras – Así como esperaba que eso te animaría
– En ese caso, puedo reconsiderarlo – le sonreí – Solo si asistes a la casa del horror que hará mi clase
– ¡Hecho! – le confirmé, pese a mi miedo a los espectros.
– Nos vemos luego. – Con monótono tono de voz. Me pregunto qué tan importante era esa prueba para él.
En un momento durante el concierto, sentí una mirada insistente venir desde el centro del público. Shinso estaba ahí, acompañado de Mirio sempai y Eri. Que ahora que lo pienso, ellos tres también solían pasar mucho tiempo juntos, él con la niña más que con el otro chico.
Estaba tan feliz de que estuviera presente, que no podía contener la emoción. Todo el ambiente estaba entusiasmado, incluso Bakugou parecía disfrutarlo, pues en varias ocasiones lo vi sonreír mientras enérgicamente tocaba la batería.
Una vez terminado el concierto comenzamos a recoger los trozos de hielo y demás elementos que fueron utilizados durante la presentación. En ese intervalo, una voz gutural me hizo saltar.
– ¡Shinso! – me sonrió. Eso significaba que estaba de mejor humor.
– La presentación fue fantástica. ¿Quién pensaría que sabrías tocar tan bien la guitarra?
– Todo fue gracias a Jiro. – Colocando uno de los últimos trozos de hielo en el recipiente para deshacerlo.
– Ahora es tu turno. – Saber que estuvo presente en el concierto, haría que valiera la pena cada susto.
– Lo sé. – Me lamenté caminando a la salida con él. – No sabía que te llevaras tan bien con Mirio sempai y Eri – Estuvimos caminando por el recinto, viendo algunas gacetas. Su evento se llevaría a cabo una vez entrada la tarde.
– Sí. De alguna forma somos los niñeros oficiales de Eri, y nos turnamos cada vez que podemos. ¿Celoso?
– ¡No! – me sentí agitado de repente y esa risa disimulada no hizo más que confirmarme que solo lo dijo para molestarme
– Yo tengo una pregunta para ti – Deteniéndonos cerca de una fuente para sentarnos. – ¿Por qué siempre tomas la cola de uno de tus compañeros, Oijiro? ¿Tienes una clase de fijación con eso? – su comentario me hizo reír
– Es muy suave, y a él no parece importarle. Incluso, es interesante ver como sus emociones se manifiestan a través de ella. – Sus ojos se desviaron y antes de continuar, el mencionado pasaba cerca – ¡Oijiro! – el chico se acercó a nuestra dirección
– Hola Shinso, Kaminari. – él siempre era muy amable
– ¡Tu baile junto a los demás fue fantástico! – el chico me ofreció una amplia sonrisa, ligeramente apenado, pese a que su cola evidenció su emoción
– Muchas gracias Kaminari, tú también estuviste genial con la guitarra. – La expresión de Shinso disimuló el asombro de los gestos del chico frente a nosotros. – Nos vemos luego – se despidió
– No esperaba esa reacción. Qué tierno. – Comentó entre una leve risa
– ¿Te sientes mejor?
– En realidad, sigo sintiéndome ansioso. – Exhaló estirando sus brazos – No tanto por la prueba, sino por lo que aprobarla significaría…
– Ya verás que resulta mejor de lo esperado, y terminarás sintiéndote aliviado de haber exagerado – animándolo.
– Gracias, Kaminari. Eres un gran amigo… – dijo al tiempo en que sentía mi pecho caliente
– Imagino que debes prepararte para tu actividad de esta tarde. – extremadamente nervioso
– En parte… – levantándose – Nos vemos luego. – dándome una última sonrisa antes de irse. Estar cerca de él ya no era igual que antes, aunque no sabía exactamente qué había cambiado.
Más tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse, me reuní con Mina, Hagakure, Satou y Mineta. Luego de ver varios puestos, junto al resto de los chicos, les propuse dirigimos a la casa encantada de la clase 1C, en parte porque no me atrevería a ir sin compañía y en parte, porque iría aun sin ella. Pese a mi miedo creciente, quería ver a Shinso; se lo debía, después de todo.
– Esto da mucho miedo – la invisible se aferraba al brazo de la otra chica
– Pueden abrazarme a mí, si están muy asustadas chicas – ofreció Mineta
– ¡Claro! –el rostro del chico se alumbro ante el comentario de la rosada mientras entrábamos al lugar– te usaremos de carnada mientras huimos
– No es para tanto, chicas – el musculoso estaba seguro de sí mismo, hasta que un espectro sin dientes le "sonrió" de improvisto, alzando un grito desgarrador. En ese momento mi alma apenas estaba aferrada a mi cuerpo. A partir de ahí, decidimos no separarnos, aunque para molestia de Mineta, Satou y yo hacíamos de barricada para que no se acercara a las chicas. Varios sustos y espectros salidos de quien sabe dónde nos quitaron el aliento en más de una ocasión, pero nada como lo que nos esperaba más adelante en el recorrido.
Llegamos a un lugar que simulaba estar lleno de maleza oscura, que le daba un aire deprimente y sombrío a la sala. Estaba sepulcralmente silencioso, tanto, que lo que más se escuchaba, era nuestra respiración jadeante. Sentía que en cualquier momento devolvería mi estómago. De pronto, el sonido de uñas contra una pizarra nos llevó a colocar nuestras manos en los oídos para ver acercarse, de forma inhumanamente posible, a algo que solo el averno concebiría. Una figura alargada y blanquecina, en postura de tarántula, estaba frente a nuestras narices antes de que lográramos huir. Y pensar que mi destino final sería en un Festival Cultural. Mis piernas no reaccionaban, y no estaba seguro de seguir respirando. Mineta alcanzó arrastrarme, pero yo seguía en trance. Había visto a la muerte a los ojos, y era cuestión de tiempo a que viniera por nosotros.
– ¡¿Qué clase de tortura es esta?! – Mineta estaba aterrado, con la respiración agitada, mientras yo yacía en el piso, inmóvil. En un momento nos separamos, y solo nos quedamos el chico de menor estatura y yo; los otros tres ya de seguro fueron presa indiscutible de algún innombrable destino, y nosotros seríamos los siguientes si no encontrábamos la salida pronto. ¿Cómo consiguieron hacer de esto una catatumba tan creíble? Creía que el plan era asustar, no matarnos del susto.
Caminamos con la mayor cautela posible, procurando no hacer contacto visual con nada. Si recibía otro susto, caería en coma. Y de la nada, escuchamos el ruido exterior; estábamos cerca del final. Eso nos motivó a caminar más rápido a lo que creímos era la salida, pero, como si de otra dimensión se tratara, entramos a un aula de clases que parecía el escenario de un asesinato. El sonido de una grabadora apagada nos confirmó que habíamos sido dirigidos a una trampa, y el azote de la puerta a nuestra espalda enumeraba los pasos a seguir para matarnos, de modo que, con suerte, quizás nuestros cuerpos serían hallados, pues nuestras almas ya no estarían presentes.
– ¡Sáquenme de aquí! – golpeando con brusquedad la puerta detrás de nosotros. El rápido celaje de una sombra moverse a una de las esquinas, me extrajo el poco oxígeno que me quedaba. Este era el fin. Una de las sillas calló al suelo y Mineta estaba afónico de tanto gritar. Otra silla más volvió a caer. – ¡Activa tu maldito don y sácanos de aquí! – mi voz no salía y, para este punto ya no sabía si esto era obra de simples estudiantes o espectros de otro mundo. Un pupitre fue lanzado a un costado, y esto fue el colmo para Mineta. – ¡Ven a mí, engendro! ¡No pienso morir sin antes dar pelea! – sosteniendo dos bolas moradas en sus manos, temblando como loco. El ruido de pronto se calmó y la puerta detrás de nosotros se abrió. ¿Acaso se asustó con el comentario del asustado chico? Mis piernas aún temblaban, pero logré incorporarme y justo antes de pasar por el marco, una aberración se colgaba como un pedazo de tela al aire, mientras del marco escurría icor oscuro. Mineta logró salir, no sin antes lanzarle los proyectiles que la cosa colgante esquivó sin dificultad.
Estaba aterrado. Mi voz era inexistente y de alguna forma sabía que estos serían los últimos segundos de mi existencia. Pero el pensamiento de Shinso extrañamente logró calmarme. La cosa se dejó caer frente a mí y se colocó a la altura de mis ojos. Solo una vez lo tuve frente a mí que, pude confirmar que la voz que emitía me era familiar.
– ¿Kaminari? – era él – ¿Estás bien? Me sentía mareado por alguna razón, pero ya no sentía miedo. Estaba a gusto, pero muy abrumado para hablar – En verdad lo siento Kaminari, solo quise asustar a la molesta uva que te acompañaba… y lo conseguí, pero no pretendía alarmarte tanto. – Su voz sonaba audiblemente preocupado. – Lo lamento mucho. – Él me tomó entre sus brazos, a la altura de su pecho. ¡Me estaba abrazando! Podía sentir sus latidos debido a lo cerca que estábamos, a menos que los confundiera con los míos. Estaba increíblemente agitado. – Por favor, perdóname – musitó en un susurro, cerca de mi oído, enviando un escalofrío a través de mi espalda. – No debí hacer algo así
– Shinso – en cuanto me escuchó se separó de mí alterado, sin embargo, estábamos tan cerca que no podía pensar en nada más que en su respiración chocar con la mía. No podía quitarle los ojos de encima.
– ¿Te sientes bien? – No estaba seguro de cómo me sentía, pero nada tenía que ver con el miedo que ya no imperaba en el ambiente. En cambio, estaba inexplicablemente relajado.
– Sí… sí, estoy bien – ¿Por qué me temblaba la voz? El chico no estaba del todo convencido
– Ustedes fueron los últimos. Salgamos – Ayudándome a levantarme. Seguía inestable, pero no sentía miedo. ¿Qué me ocurría?
– Debiste decirme que le temías a este tipo de cosas – tras unos minutos después de que se quitara el disfraz que tenía, se había amarrado el cabello en una cola, y debo decir que el parecido con Aizawa era notable. Apenas llevaba una franela negra, que marcaba lo tonificado que estaba… Y nuevamente era presa de una incomodidad inexplicable.
– No quería defraudarte. – Se sentó a mi lado. La fogata frente a nosotros estaba siendo preparada. – Además, me siento culpable de que te preocuparas por mí, pero supongo que no es más que una muestra del increíble trabajo que hicieron los de tu clase.
– Supongo entonces que me doy por satisfecho. – Estaba recostado del banco y se veía feliz. Me seguía sintiendo mareado, pero no estaba seguro si eran los efectos secundarios de los sustos. Llevé mi mano a mi pecho para percatarme de que mis latidos estaban acelerados. ¿Por qué estaba tan nervioso? – Kami, ¿pasa algo? ¿Sigues agitado? ¿Quieres un poco de agua? – Verlo así de preocupado me hacía sentir culpable. Quería tranquilizarlo, pero no sabía cómo.
– Yo…
– ¡Kami! ¡Shinso! – Mina se apareció ante nosotros, tan sonriente como siempre. Más atrás estaban Sero y Mineta, siendo este último molestado por el primero. – Te estábamos buscando para que nos acompañaras a la fogata, pero veo que te nos adelantaste
– ¿Qué tal, Shinso? – preguntó Sero acercándose al pelimorado – ¡Esa casa del terror ha sido una de las mejores a las que he ido!
– Espera, ¡¿eras tú quien estaba ahí?! – gritó la chica asombrada. Shinso le sonrió en respuesta, y volví a sentirme agitado – Además de guapo, un ingenioso espectro. Realmente temí por mi vida. – comentó la chica divertida
– Eso explica tanto. Con esa apariencia no dudo que haya cuerpos escondidos ahí adentro… – Mineta sonaba irritado
– Sí, de hecho, planeaba que el tuyo fuera uno de ellos – Shinso se estaba divirtiendo
– Espera, ¡tú me abandonaste allí adentro! – protesté
– Supervivencia del más apto. No iba a morir por tu culpa – replicó sin remordimientos
– Eso no fue muy heroico de tu parte, Mineta –protestó Sero, molestándolo. Y antes de continuar, una gran llamarada se formó a nuestras espaldas. La fogata estaba lista.
– ¿Dónde están Bakugou y Kirishima? Dijimos que todo el squad vería la fogata – protestó Mina, al tiempo en que Shinso dejaba salir una leve risa
– A esta hora, Bakubro debe estar dormido. – Miré la hora en mi celular, y serían casi las nueve.
– Para variar. – Rodando los ojos – Iré al menos a buscar a Kiri para que nos acompañe. – Corriendo en dirección a los dormitorios – ¡Nos vemos en un rato!
– También debo ir a reunirme con los de mi clase – dijo Shinso, levantándose
– Es lo más inteligente que te he escuchado decir – dijo el de menor estatura. ¿Qué le molestaba tanto?
– Yo en tu lugar no estaría solo. Quien sabe que espectro espera hacerte su presa – replicó el aludido
– ¡¿Escucharon eso?! ¡Acaba de amenazarme! – estaba alterado, señalándolo desde abajo
– Ya vámonos – mientras Sero lo envolvía como si de una telaraña se tratase – Te esperamos en la fogata. Una vez solos, volví a concentrarme en el chico de mayor estatura frente a mí. No podía dejar de verlo. Cuando se giró en mi dirección, me sentí expuesto y apenado de ser descubierto mirándolo
– Fue divertido, aunque estaba aterrado – expresé con voz temblorosa. ¡¿Qué me estaba pasando?! El rostro del chico se iluminó. No recuerdo haber visto a Shinso sonreír con la frecuencia con lo que lo hizo hoy. Me sentía sobrecogido.
– Esa era la intención. Nos vemos luego. – Alejándose con un movimiento de manos, dándome la espalda.
Mi pecho se sentía cálido, y todo esto por estar cerca de él…
Me dirigí con dirección a la fogata, solo para ser detenido a mitad de camino por Mineta.
– ¿Cómo puedes pasar tanto tiempo con ese tipo? ¡Casi nos mata del susto!
– De alguna forma, esa es la intención de la temática, pero estamos aquí, ¿no? Además, ¡fuiste tú el que me dejó atrás! – le reproché
– No es mi culpa que seas tan lento – se defendió sin remordimientos, y sus ojos volvieron ese destello color verde. ¿Siempre había sido así? – Como sea, ya no quiero hablar de ese tipo. ¿No notaste algo raro entre Bakugou y Todoroki? – y de nuevo ese tema conspirativo
– ¿Qué se supone que deba ver? Solo son compañeros de clase, nada más – No entiendo esta rara obsesión que tiene con ellos
– ¡Sé lo que te digo! Esos dos son más que amigos. Actúan como si fueran… – el bullicio de los estudiantes rodeando la fogata nos distrajo. – No… – continuó. – No me vas a entender a menos que te muestre pruebas, ¿verdad? – se veía desquiciado – Eso es justo lo que haré. ¡Conseguiré pruebas!
– ¿Para qué? ¿Qué tiene de malo que se lleven bien?
– Ese es el punto, se llevan mejor de lo que crees… ¿Sabes qué? Ni siquiera sé para qué te comento todo esto. Eres el tipo más despistado que conozco. No puedes darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor ni aunque se apareciera ante ti para asustarte, literalmente. – alejándose de mí, molesto. ¿Qué le ocurre?
– ¿Has visto a Mina? – Sero vino a mi encuentro – No ha llegado desde que fue a buscar a Kiribro
– A lo mejor no lo ha encontrado.
– Como sea. – poniendo los ojos en blanco – Parece que esta noche seremos solo tu y yo. – colgándose de mi hombro. – Espero que a Shinso no le moleste – empujándome a donde estaban otros de nuestros compañeros
– ¿Por qué se molestaría?
– Quizás algún día lo notes – dejando escapar una risa divertido, sin dar más explicaciones. ¿Qué pasaba con todo el mundo hoy con sus oraciones incompletas?
Compartimos con los chicos en la fogata, mientras el breve momento que compartí con Shinso divagaba en mi mente. Fue entonces que caí en cuenta de que pensaba en él con más frecuencia de la que creía. Supongo que se ha vuelto un amigo muy preciado para mí…
Este es uno de los capítulos que más me gustó escribir. Amo la química de Shinso y Kaminari, y la picardía de Sero que se da cuenta de todo.
Dato #47
Al igual que Kaminari, no me gusta el terror ni nada que de miedo, pero espero haber descrito un escenario lo suficiente tenebroso y... ¿Romántico?
...
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