Kirishima
Luego del concierto, estuve con los chicos disfrutando de varias de las atracciones, a la par de que no podía evitar buscar a Bakubro en cada esquina del recinto. Me pareció verlo del evento del concurso de talento de las chicas, pero no fue el caso. Ahora que lo pienso, tampoco había rastro de Todoroki… pensar que podrían estar juntos me provocaba una pesadez en la boca del estómago, pero no iba a permitir que esos pensamientos nublaran este día tan divertido. Luego del estrés del rescate de Eri y la pérdida de Sr. Nighteye, no solo los estudiantes de las otras clases deseaban desestresarse.
A lo mejor el bicolor ni siquiera estaba con él, aunque si ese fuera el caso, solo son amigos. Así como comparto con Kamibro, Serobro, Mina o incluso Deku, Bakubro podría pasar tiempo con alguien más… Esos eran los pensamientos que me repetía con una y otra vez. ¿A quién o más bien, por qué intentaba convencerme de eso? Despejé mi mente, y me dejé llevar por todas las actividades del resto de los estudiantes, a la par de que éramos felicitados por la apertura del festival.
Entrada la tarde, visité con Sero la peor y mejor casa del terror; estaba tan asustado que apenas podía caminar, y eso era lo mejor de todo. Al final nos reímos a más no poder de lo patéticos que nos veíamos corriendo como infelices, aunque en nuestra defensa, el desempeño de los del curso 1C fue por lejos destacable; es increíble pensar que unos estudiantes podrían causar tanto miedo.
Había caído la noche, y comenzaba a sentir frío. Le dije a Sero que iría al dormitorio para buscar un abrigo, y ver de paso si me encontraba con el rubio que no había visto desde la presentación del concierto. Eran pasadas de las 8pm, por lo que supuse que estaría durmiendo, pero quería pensar que quizás habría contemplado la invitación de Mina de que el Bakusquad asistiera a la fogata que harían para concluir el Festival Cultural.
Tras buscar uno de mis abrigos favoritos de la mercancía promocional de Crimson Riot, me propuse dirigirme a la habitación de Bakubro. Poco antes de llegar a su habitación, me percaté de que se dirigía camino a las escaleras. Fue entonces cuando recordé que la habitación del chico bicolor se encontraba en el tercer piso y la pesadez se acunó nuevamente en mi estómago. Lo llamé, pero no recibí respuesta, por lo que supuse que no me escuchó. Corriendo para acercarme a él, me di cuenta de que no se detuvo en este piso, sino que continuó hacia arriba, y fue estando más cerca de él, que me di cuenta de que estaba escuchando música.
Cuando al fin estaba a punto de alcanzarlo, me congelé al ver que iría a reunirse con quien había pasado a ocupar gran parte de su tiempo; Todoroki. Pensé en interrumpirlos y llevar conmigo al rubio conmigo a la fogata, pero mi celular comenzó a vibrar. Me devolví unos pasos atrás solo para confirmar el remitente. Era Mina. Colgué sabiendo que en cualquier momento podría devolverle la llamada, retomando nuevamente mi camino hacia arriba solo para encontrarme con un escenario que ni en más inverosímiles pesadillas pensaría que fuese posible. Un dolor punzante me extrajo el aire de golpe tan frenéticamente que siquiera las oleadas de puños de Rappa se compararían al sufrimiento que crecía exponencialmente en mi pecho.
Bakugou estaba recostado del chico que lo miraba fijamente a los ojos de una forma que jamás pensé que sería posible que lo hiciera, y mucho menos dirigida a él; de la misma manera en la que seguro yo también miraba al rubio cuando éste no me observaba. Poco duró esta contemplación, solo para que los labios de ambos chicos se encontraran en una lenta sincronización que evidenciaba asidua práctica. Estaba petrificado viendo la escena, al tiempo en que sentía mi cuerpo quebrarse; sentía que en cualquier momento me rompería en pedazos y que, por falta de aire, colapsaría.
La situación, tan bizarra como sí misma, no era la impresión como tal, sino más bien confirmar que las suposiciones que negaba y excusaba como mecanismo de defensa habían resultado ser ciertas; ellos eran más que amigos.
Ambos eran ajenos a mi martirio, y estando allí no hizo más que empeorar. Cuando en una pausa se separaron, y luego de que el bicolor le comentara, con una sonrisa que pocas o jamás habría recordarle verlo mostrar, que se veía "feliz", el aludido, sin reparos o el más mínimo titubeo, convirtió en palabras el motivo de su sonrisa: "Es porque estás conmigo" sin quitar la vista de él, y fue justo éste el detonante que motivó al chico al que le pertenecían esas palabras a besarlo con aún más frenesí que pocos minutos atrás.
Tuve que ahogar un sollozo con las palmas de mis manos, solo para sentirlas húmedas al contacto con mi rostro, ¿cuándo había comenzado a llorar? No podía permanecer allí un segundo más. Cada músculo y hueso de mi cuerpo se sentía tieso. El camino de regreso por las escaleras fue tortuoso y lento; sentía que con cada escalón partes de mi cuerpo se desprendían como piedras en un derrumbe.
Pese a mis intenciones de llegar a mi habitación, con el pánico de que fuera descubierto por alguno de ellos, en la prisa para pasar desapercibido, tropecé en los escalones del segundo piso, solo para chocar con uno de los muros. Conseguí activar mi don, pero no con la rapidez suficiente, provocándome un palpitante dolor justo en el centro de mi frente. Fue allí, sentado y abatido que me entregué a la tristeza que inútilmente intentaba contener. Mis lágrimas brotaban como torrentes en ambos lados de mi cara, sin pretender detenerse, como si quisieran drenar de mí todo el dolor que estaba sintiendo. Y debo admitir que, de haber sido cierta esa afirmación, dudo que toda el agua de mi cuerpo fuera suficiente.
Supongo que llegar a este punto de quiebre me confirma que, para mí, Bakugou no era un simple amigo.
Como si de una cruel tortura se tratara, mi mente se puso en mi contra, y comenzó a repasar las señales que nunca supe leer: cuando se enfrentaron poco después de ser rescatado, las veces en las que practicaban y estudiaban juntos, incluso el comentario en la cocina la vez que llegamos de hacer las compras; todos claros indicativos de que entre ellos ocurría algo más.
Sentado en el suelo, solo me limité a tomar mi cara entre mis manos, olvidándome de que me encontraba en medio del pasillo llorando como un niño.
– ¡Kirishima! – era la voz de Mina – ¡¿Estás aquí, Kiri?! ¡Se nos hace tarde para ir a la fogata! – No quería que me viera así. No sabría cómo explicarle. Producto del deplorable estado en el que me encontraba, no pude determinar el origen de su voz, y terminé causando el efecto contrario; choqué de bruces con ella, haciéndonos caer. – Kiri, ¿estás bien? – yo volteé mi torso inmediatamente para no ser visto por ella, pero su mano sobre mi hombro y mis respiraciones entrecortadas no cooperaron con mi intento de pasar desapercibido. – Kiri, ¿qué te ocurre? ¿Por qué lloras? – tomando mi rostro entre sus manos. Su tacto era cálido, pero la mirada preocupada en su rostro no hizo más que desaparecer cualquier intento de formular alguna coartada. Me aferré a ella, y pese a que apretar mi cabeza en su torso no hizo más que hacer que la herida en mi frente doliera aún más, sentir su abrazo mantuvo lo poco que tenía, unido. Estaba llorando. – Kiri… – acariciando mi espalda. – Vayamos a tu habitación para que me cuentes lo que te ocurre, ¿sí? – ella se escuchaba preocupada, y era entendible.
Me ayudó a levantarme y, como dijo, nos dirigimos a mi habitación. Una vez allí, ella se sentó al borde de mi cama mientras yo lloraba en su regazo. No estaba permitido que las chicas fueran a las habitaciones de los chicos, y mucho menos a solas, pero debido a que no se encontraba ninguna figura de autoridad en el dormitorio, así como la distracción de la fogata, pasar este breve momento con ella no era inconveniente, considerando que en las reuniones del Bakusquad ella siempre estaba presente, e incluso disipaba cualquier disturbio que Bak… Ahora que lo pienso, será difícil volver a verlo a la cara después de todo esto. No seré lo suficientemente fuerte para estar con él sabiendo que no podré ser más que eso, su "amigo".
Tras frotarme un ungüento en la frente, permaneció en silencio mientras yo lloraba distendidamente.
– Kirishima, por favor, dime qué ocurre – ella acariciaba mi cabello como una madre que cuida a su hijo tras haberse caído de la bicicleta, sin embargo, contarle no sería tan sencillo. – ¿Por qué tu frente está hinchada? – Si bien mis intenciones no era exponerlos, debía respetar las razones por las que lo mantenían en secreto. Pero aun peor que eso, era materializar en palabras lo que, por mucho tiempo, me rehusé a colocarle etiqueta: mis sentimientos.
– Debes mantener el secreto, Mina – incorporándome, sentía mis ojos calientes e hinchados, al igual que mi nariz y frente. Debía estar hecho un desastre.
– No estoy segura de poder hacer eso, considerando si esa es la razón que te tiene en este estado – ella tomó mis manos
– Por favor, necesito que no se lo digas a nadie – acercándome más a ella. Ella tardó unos segundos, mirando mis manos que se ajustaban en las suyas, para subir la mirada de vuelta a mis ojos, y llevar una mano a mi mejilla.
– Lo prometo – contestó al fin. El mayor obstáculo ahora sería decir comunicarle lo que vi; sentía la urgencia indiscutible de sacarlo de mi pecho antes de que me carcomiera desde adentro, pero siempre he considerado que, en el momento en el que dices las cosas en voz alta, se convierten en realidad y para ser sincero, no estaría listo jamás para admitir que lo que vi lo fuera. Quería seguir engañándome de que lo que presencié fue producto de una pesadilla o un sueño del que eventualmente despertaría, pero no hacía más que retrasar lo inevitable.
Mi garganta se sentía seca, mis músculos como si hubiera sido arrastrado sobre un camino de rocas, y mi respiración congestionada. Esto sería difícil.
– Mina… – no podía dilatarlo más – estoy enamorado de Bakugou – nuevamente mis lágrimas comenzaron a caer, aunque el peso en mis hombros se aligeró un poco. Sus ojos se expandieron en un sutil asombro, para luego acercarse más a mí
– Eso no tiene nada de malo, Kiri. – ella seguía escuchándose preocupada – No es motivo para que estés así – intentando quitar las lágrimas de mi mejilla – No tienes porque…
– Pero él ya está con alguien… – dije a media voz, y la imagen de ambos chicos besándose me taladraba lentamente, al grado de doblar mi espalda. Como supuse, la chica estaba estupefacta, pero sus manos en mi rostro y manos no se apartaron de mí. Ella ahora no emitía ningún sonido, esperando a que continuara, pero me costaba formular palabras; me dolía pronunciar su nombre.
– ¿Quién es? – pronunció apenas audible – Acaso es…
– Todoroki – nombré, pronunciando un audible y doloroso sollozo. Ella apoyó mi cabeza en su hombro, y yo me aferré a ella para dejar salir mis penas. Su mano subía y bajaba por mi espalda con movimientos repetitivos.
Estaba mareado; mi cuerpo se sentía tan pesado como un yunque y tan febril como un diente de león que, con la más ligera briza, se desharía.
– ¿Cómo sabes esto? – indagó al fin. Pensar en la sola respuesta significaba clavar una daga en el centro de mi pecho. Me pregunto si algún día podría recuperarme de este dolor.
– Ambos estaban en la azotea, besándose… – la chica volvió a formular una expresión aun mayor de asombro, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me sentía enfermo.
– ¿Estás seguro que…?
– ¡Sí! – conteniéndome para poder decir una oración meramente decente. – Los vi; ambos parecían estar felices… – y pensar en ello me hizo sentir culpable. ¿Podría alguna vez estar feliz por ellos si algún día llegaban a hacer pública su relación?
– Sé que es difícil… – ella apretó sus labios antes de continuar – pero debes ser fuerte. Esto no es el final – volviéndome acercar a ella.
– Esto duele demasiado, Mina – ajustando mi agarre. – No seré yo quien esté su lado, no seré la primera persona que quiera ver al despertar, con quien quiera estar
– Pero eres y serás su amigo, porque te importa y tú a él – sus manos ahora acariciaban mi cabello – Superarás esto. ¡Eres el héroe Red Riot! – tomando nuevamente mi rostro entre sus manos. Sus ojos estaban dilatados. – Créeme, con el tiempo, dolerá cada vez menos. Será como si nada hubiera cambiado, porque entenderás que los sentimientos no se imponen, pero sí se transforman. – no solo lo que decía, sino también cómo lo hacía, era como si hablara de una experiencia personal. Me pregunto en quien estaría pensando.
No sé cuánto tiempo estuvo conmigo, pero fue una vez desperté por la luz del sol que entraba por mi ventana que me percaté de que me había quedado dormido. Llevé mi mano a mi frente, solo para recordar porqué estaba caliente en primer lugar, y mis omóplatos volvieron a contraerse.
No había sido un sueño, y esta pesadilla era mi nueva realidad, en la que jamás sería correspondido.
Este capítulo fue catártico.
Dato #48
Para este capítulo me inspiré en una canción de Ha*Ash que lleva el mismo nombre.
"Si, algo cambio
Sin proponérmelo
Me acostumbré a tu voz
Y a ti cerca de mi
Eras mi amigo y yo
Todo lo confundí"
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