Monoma
Sabía que la ingenua de Ibara estaba aplicando para estar a la par de los sobrevalorados del curso de héroes, pero lo que nunca imaginé es que esas también fueran las aspiraciones de Shinso, aunque considerando lo seguido que se hablaba con el peliverde pecoso, y en especial con el voltio andante, no era de extrañarse.
Pese a que no me había comentado nada, imagino que, por las razones antes mencionadas, no podía evitar estar preocupado por él. Tras ser acogido por el profesor Aizawa como su pupilo, había sido sometido a un arduo entrenamiento que, si bien le había favorecido, lo sometía a largas jornadas, que hacían aún más profundas las ojeras bajo sus ojos.
– Hola Shinso – cuando me senté a su lado en la biblioteca, pude percibir que estaba tenso. – ¿Te ocurre algo?
– No… – obviamente sí
– ¿Así? Entonces, ¿por qué estás tan tenso? – colocando mis manos en sus hombros para darle un masaje
– Supongo que tengo mucho en lo que pensar – sin apartar la vista de su libro.
Había comenzado a hablar con Shinso poco después del Festival Deportivo, cuando no podría creer que con un don tan fascinante como el control mental, estuviera en la clase de estudios generales, compartiendo con personas que jamás podrían igualarían su potencial. Pensar en todas las deficiencias a las que habría tenido que adaptarse por no ser evaluado como correspondía, no hizo más que replantearme los métodos de evaluación que ponía en práctica la Academia U.A. para decidir quienes tienen lo que "se necesita" para pertenecer al curso de héroes y quienes no, en especial por la amalgama de superfluos que ahora ocupan esa posición.
– ¿Por qué te esfuerzas tanto?
– Es lo que se espera de nosotros, ¿o no? – sus hombros estaban cediendo a la tensión
– Deberías tomarte un día libre – a este punto, ya estaba de pie, detrás de él. Desde esta perspectiva, era evidente que tanto entrenamiento había aumentado su masa muscular, haciendo que su espalda se viera más ancha. Era agradable sentir mis manos en contacto con él, aunque fueran solo obstaculizadas por la tela de su uniforme. – Salgamos esta tarde.
– No estoy de humor – moviendo su cabeza a los lados; mi masaje estaba surgiendo efecto.
– Vamos… – insistí, acercándome esta vez un poco más a su oído. Desprendía un sutil olor a menta. – Te hará bien tomar un poco de aire fresco… – suavizando mi voz. – Salgamos esta tar…
– ¡Hola Shinso! – y así la estridente voz de la última persona a la cual desearía ver, se escuchó desde la entrada de la biblioteca, provocando un sobresalto en el chico sobre el cual mis manos aún estaban aferradas
– Hola Kaminari – incluso su tono de voz cambió. El pueril se acercó a nosotros acompañado del dispensador de cinta.
– ¡Ah! La excelentísima clase de héroes – espeté sarcástico – ¿A qué debemos el excelso honor?
– Gracias por el recibimiento, Monoma – comentó el pelinegro sonriente, evidenciando que el voltio y él comparten la misma neurona. ¿Acaso no es obvio que fue sarcasmo?
– Monoma, la biblioteca es de libre acceso. – Comentó Shinso en tono burlón. – Esa es la misma razón por la que tú también puedes entrar. – girándose para mirarme. Esos ojos púrpuras eran mi debilidad. – Disculpen, suele ser amable, muy, muy en el fondo – haciendo énfasis en el segundo "muy"
– Descuida, entiendo que hay quienes les gusta ser territoriales con lo que les gusta. – El pelinegro me otorgó una mirada sagaz. – Nunca imaginé que disfrutaras tanto de estar en la biblioteca, Monoma. – No me gustaba cómo pronunciaba mi nombre. – Es como si no quisieras que nadie más se acercara.
– Justo por la misma razón pienso proponer la restricción de ciertos especímenes – mis ojos saltaron de uno a otro del par de idiotas
– ¿Cómo tú? – preguntó el pelimalva
– No queríamos interrumpir. – Ya lo hicieron. – Solo vine a hacerle compañía a Serobro.
– No disimules – el aludido se arrimó al de menor estatura – Kamibro también dijo que quería tomar algunos libros de texto porque verte esforzarte tanto, lo motiva a mejorar. – Refiriéndose a Shinso sintiendo como el pecho de éste se elevó ante el enunciado.
– ¡Sero! – intentando zafarse de él
– Me alegra ser tan buena influencia – era la primera vez en todo el día que lo había visto sonreír, haciendo que el amarillo le devolviera el gesto
– Pues no deberían perder más tiempo – apoyándome en la mesa en medio de los dos – Aunque ni leyendo todos los libros de la biblioteca serán los mejores. ¡Jamás!
– ¿Dónde estará Kendo cuando se necesita? – se lamentaba Shinso, pero había conseguido lo que quería.
– Me alegró verte, Shinso. – se despidió el eléctrico – Nos vemos luego. – yéndose junto al otro
– ¿Era tan difícil ser un poco más amable?
– Como tu amigo, mantengo al margen cualquier distracción – agachándome para estar cerca de él
– Si fuera así, no estuviera hablando contigo – levantándose de su asiento, dirigiéndose a la salida.
– ¡Shinso! – él se detuvo – Tienes mucho más potencial que cualquiera de los de esa clase. – Siempre lo había notado, y de no haber sido por ese inútil examen de admisión, estoy seguro que al menos compartiríamos el mismo salón de clases.
– Gracias – girándose, no sin antes mostrar una sutil sonrisa.
– ¡Basta! – era la voz del voltio, acompañada de unas infantiles carcajadas. Estaba intentando alcanzar uno de los libros que el más alto balanceaba sobre su cabeza. ¿Cómo es posible que semejante par de idiotas formaran parte de la clase más prometedora de toda la academia?
…
Escuchando comentarios de los alumnos mayores, supe que dentro de unos cuantos días se realizaría la prueba para determinar si los estudiantes de otros cursos cumplían con los requisitos para pertenecer a la clase 1A. Aunque considerando los integrantes de tan insignificante grupo, no imagino por qué alguien quisiera compartir aire con esa veintena de sobrevalorados. Durante este tiempo y poco después, y entre mis deberes como estudiante, casi nunca podía ver a Shinso quien luego de las clases, se recluía en su habitación.
Fue unos días después cuando escuché del grupo de amigas de Ibara que, a diferencia de ella, Shinso si había conseguido aprobar el examen para pertenecer al curso de héroes, lo que me generó una profunda pesadez en el estómago. Pensar que estaría ahora codeándose con esa bola de insulsos no hacía más que aumentar mi repudio hacia ellos.
La mañana de ese viernes había estado buscando al pelimalva en casi toda la escuela sin éxito, salvo por los alrededores del edificio administrativo. Por lo que, una vez me aproximaba a la oficina del director Nezu, pude ver que en efecto él se acompañaba del pequeño hombre y el Prof. Aizawa. Me cubrí detrás de uno de los muros, mientras los observaba en la distancia. Los dos mayores se dirigieron en dirección opuesta a la del chico, mientras éste se acercaba a mi dirección. Me escabullí en el hueco de la escalera, en la que al pie de la misma se detuvo para marcar en su celular.
– Kaminari, ¿tienes tiempo? – ¿Acaso piensa en informarle la primicia? ¿Antes que a mí? Mi pecho se sintió apretado repentinamente, y un ardor intenso en la boca del estómago me sobrecogió – Quisiera verte para contarte algo – de nuevo, su voz siempre se suavizaba cuando hablaba con él. – De acuerdo, nos vemos en el área de entrenamiento. – Descendiendo las escaleras.
No puedo asegurar que la incomodidad y pesadez que sentía me permitía pensar con claridad. Si no podría ser alguien a quien quisiera contarle las "buenas noticias", tampoco lo sería el voltio andante. Tomé un atajo, saltando desde atrás del edificio, luego de haber tocado a la invisible cuando ésta era acompañada de la chica de audífonos camino a la enfermería; supongo que asumir expectativas tan altas para quienes apenas pueden mantenerse al margen de los problemas, debía ser agotador
Mientras el efecto del don aún estaba vigente, estuve escondido detrás de un árbol y como supuse, poco tiempo después Shinso había llegado. Tenía la mano en su nuca, lo que significaba que estaba ansioso; ansioso por ver al estúpido pokemón.
– Hola Shinso – saliendo de mi escondite. – Has estado algo esquivo últimamente.
– Monoma – y ese tono de voz me lo confirma – ¿Qué haces aquí?
– ¿No puedo saludar a mi amigo? – a pocos metros de él
– Verás, ahora estoy algo ocupado. – o más bien, tenso. – Podemos hablar después en otra ocasión
– ¿Por qué? ¿Acaso ocurre algo? – intentando disimular mi frustración
– No… Es solo que ahora no puedo conversar contigo ahora. Disculpa. – dándome la espalda
– ¡¿Cuándo pensabas contarme que fuiste admitido en el curso de héroes?! – No pensé sonar tan enojado, pero mis emociones me superaron
– No pensé que fuera algo que quisieras escuchar – girándose en mi dirección
– ¿Por qué lo sería? – Acercándome a él – Ser admitido en la clase 1A no es más que una evidencia de que solo eres valorado si estás ahí
– Si en verdad fueras mi amigo como dices, estarías feliz por mí. – Estaba enojado. – Mucho más ahora que formaré parte de ese grupo a quienes tanto devalúas. – Y escucharlo afirmar eso no hizo más que aumentar mi incomodidad, pero tal vez podía apelar a su lado más amable
– Solo quiero pasar más tiempo contigo – y era cierto. Si tan solo hubiera logrado entrar al curso 1B…
– Nada tiene que cambiar, si así lo deseas. – Más calmado. – Podemos entrenar juntos.
– Dudo que puedas, si planeas pasar más tiempo con los de tu nueva clase
– ¿Por qué te molesta tanto?
– ¡Ya te lo dije! – no esperaba estar tan alterado – Prefiero estar en el curso 1B que con esos idiotas – y como si de una invocación se tratara, pude ver acercarse a su máximo exponente en la distancia
– ¡Shinso! – vociferó la última persona que deseaba ver, causando que los músculos del nombrado se tensaran, cuando éste se volteó en dirección al origen. Mis emociones estaban a flor de piel, y si ya no tenías intenciones de verme de nuevo, haría que me recordaras por más tiempo.
– Shinso – dije con sutileza, tomándolo por el brazo
– Monoma no es… – ya no hay vuelta atrás
– Bésame. – El efecto de mi don apenas duraba cinco minutos, diez si llegaba a mi límite, pero ese tiempo era más que suficiente para mis propósitos.
El pelimalva se giraba rígidamente hacia mí, como si estuviera luchando con los estragos de su propio don. Yo lo acerqué aún más a mí, colocando sus brazos en mi cintura, mientras en su rostro era evidente la frustración de no poder evitarlo. Una vez me aseguré de que el citado estuviera lo suficientemente cerca, presioné mis labios con los de quien ahora estaba bajo mi control. Eran mucho más suaves de lo que jamás los habría imaginado, y mentiría si dijera que no estaba disfrutándolo plenamente. Giraba su cabeza con movimientos lentos al tiempo en que mis dedos como nunca más serían capaces de hacerlo, jugaban con el cabello en su nuca, al tiempo en que ya no percibía como el sonido de los pasos acercarse se desvanecía. Sentía una ligera resistencia de sus manos en mi cintura, pero no la suficiente para apartarme.
A poco más de dos metros, el voltio andante estaba de pie, detrás de nosotros. Contemplándonos, inerte y sin hacer ni el más mínimo ruido, indiscutiblemente sorprendido e incluso, consternado. Mis ojos repelentes fue lo último que vio antes de alejarse de allí lo más rápido posible, mientras yo disfrutaba del último minuto de este único beso.
– ¡¿Cuál es tu maldito problema?! – separándose de mi con brusquedad. Sabiendo que con el volátil estado en el que estaba, usaría su don sobre mí si me atrevía a hacer cualquier tipo de sonido, permanecí en silencio antes de que se apartara de allí, iracundo.
Sabiendo que esta sería la última vez que quisiera volver a verme, debería ser motivo como para acercarme todavía menos a sus ahora compañeros de aula. Sin embargo, no puedo evitar sentirme abrumado por la brisa fría que azota las hileras de lágrimas que ahora cubren mi rostro preguntándome si de verdad habrá valido la pena.
Me encanta cómo escribí a Sero. Es tan sagaz, perfecto para un distraído como Kaminari.
Dato #55
Si algo tiene Horikoshi es su increíble habilidad para darle profundidad incluso a los personajes de fondo, como Monoma (no tanta, pero ustedes entienden) por eso quise darle parte en esta historia y, descuiden, no será la última vez que leerán de él.
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