Kaminari

No pensé que conseguiría mantenerme al margen tan bien… demasiado bien, de hecho. Debo admitir que lo último que imaginaba era verlos besarse. De alguna forma había conseguido llegar a mi habitación sin ser percibido por alguien, pero aún, así no podía evitar sentirme observado.

Me dejé caer en el dorso de mi puerta, liberando el más profundo de los suspiros, dándome cuenta de que me sentía sofocado. Sentía mi cuerpo pesado, adolorido; enfermo, pero, ¿por qué? Me aferré a mis rodillas mientras intentaba disuadir mi mente para pensar en algo más, inútilmente.

No salí por el resto del día. No quería que me hicieran preguntas que no sabía cómo responder.

Trataba de justificar mi incomodidad y no le hallaba respuesta aparente. Supongo que fue la impresión de saber que salía con alguien más, sus manos alrededor de Monoma, mientras se… ¡No sé por qué me molesta tanto! ¿Por qué me sentía tan frustrado?

Mientras intentaba lidiar con lo que sea que me estuviera ocurriendo, alguien comenzó a tocar la puerta de mi habitación. Fue una vez que me dirigí a ella que me di cuenta de lo pesados que se sentían mis pies.
– Kamibro, pensé que estarías de humor para una ronda de Dead Hollow – Sero me mostraba el videojuego sonriente pero la curva ascendente rápidamente cambió al verme – ¿Pasa algo?
– No. Solo estaba pensando en los exámenes finales… Pasa – haciéndome a un lado. A lo mejor una tarde de juegos era justo lo que necesitaba.
– No tienes que preocuparte tanto. – Tirándose en mi cama – Has mejorado mucho desde la última vez. Te irá bien. – Mientras encendía la pantalla del pequeño aparato y me facilitaba uno de los controles. – Además, sabes que puedes contar conmigo si necesitas ayuda.
– Sí. Gracias – mostrándole la mejor sonrisa que mi estado de ánimo me permitía.

Deberíamos haber estado así por el tiempo suficiente como para que las luces del exterior se encendieran.
– ¡Adelante! – vociferé sin apartar la vista de mi objetivo
– Los he estado buscando por todas partes – Kiribro se recostó a nuestro lado – ¿No han visto los mensajes?
– ¿Cuáles mensajes? – preguntó Sero tomando su celular – ¡No lo puedo creer! – el grito casi me hace caer de la cama– ¡Shinso será nuestro nuevo compañero! – Sentí como si el aire que estaba dentro de mis pulmones hubiera sido extraído.
– ¡Genial, ¿verdad?! – yo me sentía en trance – ¿No lo crees, Kami?
– Por supuesto que sí – recostándose de mi hombro – Él es uno de sus amigos más cercanos
– S–sí… – ¿Acaso esta era la razón por la que me citó? Quería saber cómo era posible que ahora fuera nuestro compañero, pero tenía miedo que me preguntaran cosas que se supone que debería saber, ya que soy su amigo.
– Más arriba en la conversación, el profesor Aizawa nos informó que había aprobado el examen especial para estar en el curso de héroes – mostrándonos dicho mensaje. Gracias Kiribro.
– ¡Esto es fantástico! – Tenía tantas emociones en mi pecho que no sabía cómo reaccionar. No tenía ni la menor idea de que había pensado en aplicar a dicha prueba, o que siquiera existiera. Eso explica por qué entrenaba tanto, por qué estudiaba tanto, pero, ¿por qué no me lo dijo antes?
– Sí, sé de alguien que no se tomó muy bien la noticia… – Más importante, ¿por qué no estaba tan feliz como ellos? ¿Estaba siendo egoísta?
– Bakugou no necesita excusas para estar molesto – Necesito hacer algo al respecto. Quiero que se sienta bienvenido.
– Esto tenemos que celebrarlo – anunció Sero, adelantándose a mi propuesta
– Tienes razón – secundó Kirishima – Digámosles a los demás, aunque tendremos que convencer al Prof. Aizawa.
– Él es su tutor, estoy seguro que accederá – Incorporándome – ¡Fiesta sorpresa de bienvenida para Shinso! – Anuncié, mostrando la mejor sonrisa que pude. Como lo había sido hasta ahora, debía seguir siendo ese amigo que lo apoyaría sin importar qué. Nadie tenía que saber del estado al que no sabía cómo nombrar.

Convencer a nuestro profesor pareció ser una misión imposible hasta que su colega el Prof. Yamada intervino, convenciendo al apático pelinegro casi inmediatamente. Hasta donde sé, son amigos desde sus días como estudiantes en U.A. y vaya que estoy seguro que eso influyó en su aprobación.
– Solo no quiero desastres – anunció antes de que fuera abrumado por el subsecuente grito de felicidad que retumbó en el área común.

Sabía que detestaba las aglomeraciones, pero la fiesta también funcionaría para que conociera a sus nuevos compañeros, así como para probarme a mí mismo de que las cosas podían seguir como siempre entre nosotros… espero.

Por suerte, todo resultó mucho mejor de lo que pensamos, logrando interactuar con la mayoría salvo por Bakugou y Mineta, quien ni se molestó en presentarse. Del explosivo lo entiendo, le caen mal todos (o eso nos hace creer), pero los motivos de Mineta me seguían siendo un misterio. Espero que eso no genere conflictos.

Habían pasado dos semanas desde que se había incorporado al dormitorio y parecía adaptarse sin inconvenientes. Con frecuencia lo veía con Midoriya y el resto del Dekusquad, aunque siempre lograba pasar tiempo con él. Si bien nuestras pláticas seguían siendo las mismas, sentía que tenía que forzarme constantemente a olvidar la imagen que vi la tarde de ese viernes.

Y de verdad quería creer en eso, pero días después los vi conversar en uno de los pasillos y no pude evitar detenerme a escucharlos.

– Eres muy valiente por atreverte a hablarme
– ¡Escúchame! – el rubio se veía alterado – Lo lamento
– No me interesan tus disculpas
– Shin…–
– ¡No me toques! – zafándose del otro chico
– En verdad lo siento, ¿qué puedo hacer para que me perdones?
– No creo que pedas hacer algo, y realmente no me importa lo que sientas – ¿Será una discusión de pareja?... ¡Esto no es asunto mío!
– Si Shinso no me ha comentada nada al respecto, es porque no quiere que lo sepa. – Me alejé de allí lo más rápido que pude. Aunque ahora que lo pienso, jamás habíamos hablado de temas como estos, ¿para qué? A lo mejor si le comunicaba que podía contar conmigo, se sentiría motivado a contarme, pero, ¿realmente quería hablar con él al respecto?

La migraña que se había mudado en mi cabeza hace dos semanas atrás, me recordaba que, mientras no le diera respuesta a esa pregunta, estará conmigo por un largo tiempo.

Uno de los fines semanas previos a nuestros exámenes finales, decidí quedarme en el dormitorio, porque sabía que mis hermanitos me distraerían todo el tiempo. Mi rendimiento en los entrenamientos había mejorado competentemente, pero debía ir a la par con la teoría.

Intenté por lo que yo pensé habían sido horas concentrarme en Historia del Arte del Héroe Moderno, pero cabeceaba cada vez que comenzaba a leer solo para darme cuenta que como mucho, habían pasado treinta minutos.
– Quizás necesito descansar un rato – apartando el libro de mí. Entonces comencé a sentir hambre, así que, sabiendo que no podría hacer nada con el estómago vacío, me dirigí a la cocina.

Fue llegando al área común que pude ver una pequeña figura mecerse de un lado a otro en uno de los sillones.
– ¡Eri! – no pude contener mi emoción al ver la pequeña niña que se encogió al verme. – Lamento asustarte – acercándome lentamente a ella, quien seguía viéndome desconfiada. Si ella estaba aquí, significa que…
– Veo que estás muy bien acompañado, Kaminari – Estoy tan acostumbrado a verlo con el uniforme que, cuando usaba ropa casual parecía otra persona. ¿Desde cuándo sus brazos son tan amplios?
– Creo que fracasé en ser amigable con ella – uniendo mis índices
– ¿En serio? – se agachó a la altura de la niña, y vaya que se parecía al Prof. Aizawa desde esa perspectiva. – No tienes nada que temer Eri. – Acariciaba el cabello de la niña. – Una vez llega a su límite, es todo menos aterrador
– ¡Gracias! – reproché intentando ser sarcástico, pero lejos de estar molesto, debí haber activado mi don inconscientemente pues sentí una descarga recorrer mi cuerpo cuando me sonrió
– Veo que también te quedaste este fin de semana – sentándose al lado de Eri
– Sí, me distraigo mucho en casa – aunque esto podría considerarse como alguna forma de procrastinación
– ¿Tienes hambre, Eri? – la pregunta me recordó a lo que vine
– Hay manzanas en la nevera – comenté y la cara de la niña se iluminó.
– ¿Esas no las trajo Bakugou? – Para cuando preguntó ya estaba de pie frente al refrigerador
– Sí, pero si saben que son para ella, no hay problema – extendiéndole la fruta, que contempló unos segundos antes de tomarla. – Aunque no lo creas, es más amable de lo que aparenta – dando una mordida a la mía. – Lo vi darle un par a Tokoyami ayer – comenté en un susurro haciendo que volviera a sonreír, podía verlo así todo el tiempo que fuera, sin quejas.

Sabía que debía continuar estudiando, pero no tenía ni la más mínima motivación. Tan solo pensar en el grueso libro de historia me provocaba sueño y desde hace tiempo no me sentía tan a gusto en compañía de Shinso, quizás porque Eri estaba presente.

Estuvimos un largo rato conversando, hasta que poco después se nos incorporó Hagakure en compañía de Yaomomo y Ochaco, quienes no tardaron en peinar a la niña y jugar un rato con ella.

– Soy pésimo con los niños – estaba apoyado en el desayunador, viéndolas desde la distancia – Quisiera llevarme mejor con Eri
– No digas eso – comiendo mi segunda manzana – Es solo cuestión de práctica y tiempo. – Ante mi comentario solo se limitó a levantar una ceja. – Eri aún se está habituando a vivir aquí, date un poco de tiempo para compartir con ella. – Procuré tragar antes de continuar – Léele cuentos, enséñale a nadar en bicicleta, peina su cabello, canten alguna canción juntos…
– Pareces saber mucho al respecto – su expresión se suavizó al tiempo en que una calidez me envolvió
– Sí, ahm… Tengo dos hermanos pequeños que son la inspiración de estos sabios consejos
– Shinso, Kaminari, ¡acérquense! – Nos llamó Hagakure. – Las chicas y yo pensamos que sería divertido jugar a las escondidas con Eri – audiblemente entusiasmada
– Debe ser aburrido para ella estar aquí, por eso hagamos que se divierta – comentó la pelinegra igual de emocionada
– ¿Estás segura? – preguntó el pelimalva, inclinándose a la altura de la niña, a lo que ella asintió
– Yo creo que es una buena oportunidad para que se sienta más a gusto aquí – comenté y me sonrió. Me sentía muy feliz.
– ¡Buscaré más jugadores! – y poco después se nos incorporaron Aoyama, Oijiro, Satou y Koda
– ¡Hola Eri! – Midoriya se acercó a la niña mientras planeábamos nuestro modo de juego.
– ¿Quieres unírtenos? Jugaremos a las escondidas con Eri y no aceptamos un "no" por respuesta – Ochaco tenía una habilidad especial para convencer a cualquiera si se lo proponía
– ¡Claro!
– Estamos listos entonces – Yaomomo creó un par de pañoletas rojas para Eri y Hagakure, quienes se encargarían de buscarnos mientras nosotros nos escondíamos. – Las reglas del juego son que todos los escondites se limitarán solo a la primera planta del dormitorio, las habitaciones están prohibidas.
– ¡Vamos a esforzarnos Eri! – animó la invisible a la alegre niña, para que poco después Yaomomo les cubriera los ojos.
– Ganará el último en no ser encontrado y que tome en sus manos las vendas. ¡Qué comience el juego! – anunció y todos comenzamos a correr en distintas direcciones, mientras quienes nos iban a buscar contaban los escasos 20 a coro.

Me sentía como un niño pensando en algún escondiste mientras el resto se movían como locos de un lado a otro. Aoyama se encontraba en uno de los mejores escondites del área de lavado, por lo que tenía que pensar rápido antes de que me encontraran; no iba a ser el primero en perder.
– Diecisiete – ¡Casi no me queda tiempo! – dieciocho – "A veces los escondites más obvios, son los mejores" pensé mientras esperaba que mi idea funcionara – diecinueve… – me sostuve con fuerza, esperando que mis brazos y piernas no me traicionaran. – ¡Veinte! – vociferaron a viva voz. Podía escuchar sus pasos consecutivos alrededor del área común, mientras mi cuerpo temblaba por la tensión que debía ejercer contra los bordes inferiores de la mesa para no caerme, como vi en una película donde una niña podía mover cosas con su mente.
– ¡Vayamos al área de lavado, Eri! – escuchando sus pasos alejarse, por lo que pensé en dejarme caer, pero me detuve al preguntarme por qué el buscador anunciaría su próximo lugar, cosa que no hizo Satou, siendo el primer soldado caído.
– ¡Yuju! Uno y faltan nueve – ahora sí estaba seguro que se habían alejado, pues cuando caí hice más ruido del que quería, pero nadie se dio cuenta. Esta vez me escabullí en el espacio entre la puerta de la cocina y el acceso al área de lavado.
– ¿Sabes qué, Eri? Acabo de recordar que debo lavar algunas de mis prendas, pero creo que hay ropa de alguien más en la lavadora que quiero usar. – Su voz se escuchaba irreconociblemente maliciosa. – ¿Me harías los honores? – Pese a lo tierna que se escuchaba al dirigirse a la más joven, algo no me terminaba de convencer. – Debes girar la más grande a la derecha y
– Non! – vociferó el rubio que reconocí por su acento francés.
– ¡Otro más, Eri! – celebraron. Ni modo, buena suerte para la próxima Aoyama. Contuve mi respiración hasta asegurarme de que me aseguré de que no había nadie más cerca.

Me arrastré a la altura de las alacenas inferiores, para dirigirme a la alacena solo para darme cuenta de que estaban ahí. Por un momento me paralicé, pero decidí que no perdería por algo tan trivial y fue cuando me di cuenta de que Ochaco se encontraba flotando a varios metros de altura, conteniendo la respiración. Yaomomo nunca dijo que no podíamos usar nuestros dones, por lo que quizás podría usar el mío a mi favor más tarde.
– Fue muy bueno tu camuflaje Yaomomo – sus voces se escuchaban cada vez más cerca, – ¡Pero Eri y yo somos imparables! – Comenzaba a entrar en pánico, pero no puedo negar que estaba feliz de escuchar a la niña reír.

Estaba a solo cuestión de segundos para ser descubierto si no pensaba en algo rápido, fue entonces cuando un plato de frutas… "¡Eso es!" Tomé una de las naranjas, y me acomodé en el minúsculo grosor del desayunador. Los pasos de las chicas se escuchaban más cerca, pero quería que se aproximaran más al área común.
– Supongo que será para la próxima – se lamentó la más amable de todo el grupo, lo que me sirvió de señal en un plan que no tenía garantías de funcionar, pero, ¿qué es un juego de escondidas sin riesgos? Como si se tratase de uno de los receptores eléctricos que suelo usar para redirigir mis rayos, lancé la fruta cítrica hacia arriba para atraer la vista del par de jugadoras.

– ¡Una naranja! – la voz de Eri era una de los sonidos más tiernos que jamás había escuchado
– ¡Y encontramos a la siguiente! – convirtiéndose en otra víctima del dúo. Lo siento Ochaco, esto es supervivencia del más fuerte, sin embargo, algo me decía que no perdería sin arrastrarme con ella, por lo que, rápidamente, mientras estaban distraídas con la antigravedad, me deslizaba lo más sigiloso posible hacia el pasillo que llevaba al armario de limpieza, pero como el que "a hierro mata, a hierro muere", obviamente fui delatado por una muy molesta Ochaco.
– ¡Kaminari escapó al pasillo! – anunció y corrí como si mi vida dependiera de ello. Escuchaba sus pasos aproximarse, pero yo solo pensaba en una coartada. Entonces se me ocurrió abrir una de las ventanas detrás de mí, así las haría pensar que salté, pero esto no era más que la treta de la treta.
– ¡Kaminari, solo podemos jugar en el área común! – ambas chicas estaban apoyadas de la ventana, por lo que aproveché para azotar una de las puertas laterales que también daban acceso al área de lavandería. El ruido hizo justo lo que había planeado, distraerlas. Estos años de práctica con mis hermanos no fueron en vano. Ellas se dirigieron hacia adentro del área, pero yo ya me encontraba a pocos metros del armario de artículos de limpieza.

Me pregunto dónde estarán los restantes. Koda era por lejos uno de los mejores para permanecer en silencio, si tenía un buen escondite, jamás lo encontrarían; Oijiro, al igual que Uraraka, podría escalar y permanecer en sitios altos por suficiente tiempo gracias a su cola, mientras que Shinso… ¿Dónde podría estar?

Al entrar al cuarto escasamente iluminado, miré a mi alrededor optando nuevamente por el minúsculo espacio detrás de la puerta debido a mi limitado tiempo, esperando que funcionara por segunda vez. Fue una vez estuve en la posición esperada que sentí unos ojos sobre mí, y fue cuando me encontré con los del dueño de la cola más suave que mis manos jamás hayan tocado. Oijiro estaba sujetándose de una tubería con su extremidad a varios metros de altura, mientras me hacía señas para permanecer en silencio.
– ¡Te vamos a encontrar, Kaminari! – Hagakure se escuchaba maníaca. Justo en ese momento sentía que me encontraba en una película de acción, o peor aún, de terror, escapando de la asesina en serie acompañada de su pequeña y tierna secuaz. Mis latidos estaban al máximo cuando pude ver la sombra de la más pequeña alargarse en la entrada. No la podía ver, pero sí percibir tanto su presencia como el sutil ruido de su mano deslizarse por el borde de la puerta. Si miraba detrás de ella, mis esfuerzos habrían sido en vano. La mano de la mayor, imperceptible pero presente, arrastraba la puerta mientras mis latidos a toda potencia me preparaban para lo peor…
– ¡Allá arriba! – anunció la menor con eufórica voz. Otro soldado caído.
– Oijiro, ¡estás fuera! – escuchando el subsecuente choque de palmas que imagino que sucedió entre sus captoras. Realmente lo habían estado haciendo muy bien, aunque no se puede esperar menos de la experta en el escondite, y que también fue ella quien propuso el juego. Escuché exhalar al chico, resignado.
– ¿Has visto algo sospechoso? – Oh no
– Emm… Creo que a lo mejor en el pasillo – Gracias Oijiro, tú sí que eres un buen amigo, no como yo. Ver a Uraraka flotar debió darles ideas para mirar en todas direcciones, incluido arriba. Ahora me sentía culpable; por mi culpa Oijiro había sido descubierto. Prometo que te compensaré de alguna forma, querido amigo.
– ¡Vamos Eri! Estamos a tres fugitivos por ganar – cada vez se escuchaba más emocionada
– ¿Fugitivos? – preguntó dulcemente la niña antes que sus pasos se hicieran cada vez menos audibles

Dejé escapar el suspiro que tenía contenido desde que fui delatado y comencé a buscar mi siguiente escondite. Pero el karma no estaba de mi lado, por lo que, cuando comenzaba a planear mis próximos movimientos, mi pie chocó con los bordes de una caja haciendo que, pese a que contuve el grito de dolor, el sonido del golpe pudiera ser escuchado por las jugadoras que no estaban tan lejos como pensaba.

Estaba en el medio del cuarto, mirando desesperadamente a todas partes, cuando fui tomado por detrás, arrastrado hacia el interior de un armario.
– ¡Sé que estás aquí Kaminari! – La voz de Hagakure era amenazante, pero no podía pensar en nada más que en los brazos que cubrían mi boca y sostenían mi pecho, en donde mis latidos estaban a toda potencia. Fue entonces cuando me di cuentas de que esas mangas le pertenecían a… ¡Shinso!

Creo que incluso él pudo sentir cuando mi ritmo cardíaco aumentó, pero solo se limitó a inclinarse a un costado haciendo el mismo gesto que Oijiro había hecho minutos atrás, para ser sincero, mi conmoción era tanta que de igual manera me era imposible emitir cualquier ruido. Sentir su pecho contra mi espalda me estaba dejando inexplicablemente sin aliento. Su respiración pausada chocaba con mi nuca y sus manos ahora estaban sosteniendo mis hombros. Estaba en estado de shock.

El ligero golpe contra una de las puertas del mueble tensó nuestros cuerpos, haciendo que sus dedos apretaran el área que cedió ante su agarre. Ella ya había alcanzado el cerrojo, cuando un ruido seco resonó en la distancia.
– ¿Escuchaste eso Eri? – Tal vez no estamos perdidos – Hay otra víctima cerca… – ¿Víctima? Esto se estaba poniendo muy intenso. Sus pasos se alejaban. – ¡Midoriya, no creas que no te vimos! – y luego se convirtieron en pisadas a toda prisa. Ambos dejamos salir un suspiro de alivio en cuando supimos que estábamos libres de peligro.
– Gracias – le dije sonriente, no estoy seguro si por los nervios o por lo insólita de la situación. Ahora estaba frente a él, a la menor distancia que jamás hemos estado. Pese a la oscuridad, podía ver sus ojos morados divagar. Estaba agradecido de ser de contextura delgada, porque de lo contrario no podríamos caber en tan minúsculo espacio. Su cuerpo ocupaba gran parte del espacio y quería pensar que era culpa de la ropa, pero no, los meses de entrenamiento eran evidentes en todo su cuerpo… ¿Cuánto tiempo había pasado? Y, ¿Por qué me sentía tan agitado? Y luego recordé a Monoma…
– Creo que será mejor si me voy – mi voz estaba quebradiza
– Espera – pidió en un susurro, tomando mi hombro. – Aún no. – Y de nuevo esa descarga de cuando lo veo sonreír recorrió mi cuerpo, salvo que esta vez fue más fuerte. Estaba concentrado, como si tratara de identificar los sonidos a nuestro alrededor, peor lo único que podía escuchar eran nuestras respiraciones y mi corazón latiendo como loco, con tanta fuerza, que estoy seguro que él también podía notarlo.

Y luego de lo que probablemente fueron menos de cinco minutos, salimos del armario con suma cautela.
– Pensé que para este momento ya estarías fuera – comentó divertido recostado de la puerta, procurando no ser percibido.
– Soy mejor de lo que crees
– Lo sé – estoy seguro que si volvía a ver esa sonrisa por lo que restara del día, mi corazón no lo resistiría. – Creo que podemos salir – Tomando la delantera, yo estaba a pocos pasos detrás de él. Su espalda se veía muy fornida… ¡Concéntrate Kaminari!

Desde el pasillo podíamos ver a los perdedores apaciblemente sentados en los muebles.

– Por aquí – me indicó cuando pretendíamos entrar al área de lavado, solo para encontrarnos de frente con Midoriya. Nuestros quejidos mientras estábamos tirados en el suelo fueron tan altos que quienes se encontraba al área común se acercaron a ver el desastre de extremidades que nos habíamos convertidos los tres, apilado incómodamente.

– ¡Tres pájaros de un tiro! – Levantando a la niña visiblemente feliz.
– Lo siento – se disculpó el peliverde
– No te preocupes Deku, – confortó Uraraka, fulminándome con la mirada – uno de ellos se lo merecía. – Parece que también tendré que compensarla a ella también.

Nos dirigimos a la sala, solo para encontrar a un tímido Koda sostener las dos tiras carmesíes.
– ¡Declaro a Koda como el indiscutible ganador! – Anunció Yaomomo invitándonos a aplaudir.
– ¿Dónde estabas escondido? – le cuestionó la derrotada Hagakure
– Detrás de esa planta – señalando a su dirección.
– Pero eso no podría esconderte – protestó
– Permanecer callado fue una muy arriesgada pero astuta maniobra – congratuló Midoriya. Al final mis conclusiones fueron acertadas.
– ¡Estuvimos tan cerca! – agachada a la altura de la niña, que la miraba extrañada.
– Pero tenemos premio de consolación – dijo la sonriente Yaomomo, mostrándonos varios bocadillos en el desayunador.
– Pensé que tendrían hambre, así que les preparé algo de comer – anunció Satou. Mi nariz y el resto de mis sentidos cantaban de felicidad al ver la gran variedad de postres que había creados. Bendito sea su don.

De todo lo que veía, lo que más se me apetecían eran sus panecillos de canela. Alargando mi mano para tomar uno, el recipiente cambió de posición.

– A ti no te toca. ¡Traidor! – Uraraka obviamente seguía enojada
– ¡No es justo! – intentando tomar el recipiente con el delicioso postre circular, pero los hizo flotar – ¡Te estaba haciendo un favor! ¡Si hubieras durado más tiempo así, hubieras vomitado toda la bilis!
– ¿Por qué hablan de vómitos tan cerca de la comida? – Se acercó Shinso
– Este voltio andante me delató antes de correr como el traidor que es – sus redondos cachetes estaban rojos
– Supervivencia del más apto – por eso eres mi amigo
– ¡Es lo que pensé! – me defendí
– Aunque yo estaba pensando hacer lo mismo contigo
– ¡¿Qué?! – y así mi aprecio se esfumó al instante
– ¡Já! – Se burló la morocha señalándome
– Pero no tuve oportunidad – concluyó dando un sorbo a su bebida, risueño. No podía estar enojado si lo veía tan feliz.

El resto de la tarde la pasamos viendo películas en compañía de la niña, que ahora yacía dormida en los brazos de Shinso. Debía estar muy cómoda…

Para las primeras horas de la noche, Uraraka ya se veía más relajada de camino a su habitación. Y así, poco a poco el resto se dirigió a su habitación, quedando solo Shinso, Eri y yo.

– No es necesario que te quedes, Kaminari – Me había dicho que debía esperar al Prof. Aizawa para que se llevara a la niña
– No te preocupes por eso – acariciando el blanco cabello de la que dormía felizmente.
– Gracias por lo de hoy
– ¿Y yo qué hice?
– Técnicamente, nada. Había estado aburrido hasta que te apareciste y me sentí en verdadero peligro de ser encontrado. Fue lo más emocionante de hoy. – Eri se movió sutilmente, acomodando su cabeza contra el pecho del pelimalva
– Si tú lo dices. – Y de repente permanecimos en silencio, pero no de ese que te hace sentir incómodo, sino del que de alguna forma te sumerge en un estado de paz.

Unos cuantos minutos antes, había alcanzado a buscar el libro de historia, y pese a que de vez en cuando sentía la mirada de Shinso sobre mí, logré concentrarme. Quizás solo había estado exagerando. No sé por qué llegué a pensar que nuestra amistad tendría que cambiar solo porque los vi be… A lo mejor necesito un poco más de tiempo.

En un momento en que lo veía contemplando serenamente a Eri, sentí la necesidad de tratar el tema.
– Shinso – Se giró en cuanto me escuchó; no había vuelta atrás – ¿Acaso Monoma y tú…?
– No estoy saliendo con él. – Respondió adivinando mi pregunta; sin embargo, sentía una extraña e inesperada mezcla de alivio, al saber que no era así, y culpa, al ver su rostro disperso. ¿Habré sido muy entrometido?
– Disculpa si te incomodé con la pregunta
– No, no es eso… – divagó – Es solo que quien estoy interesado no me ve así. – ¿Le gusta alguien más? ¿Por eso habrá sido la discusión que tuvo con el rubio?
– ¿Cómo lo sabes? – pregunté sin pensar en cual metiche estaba siendo
– Porque sólo somos amigos – respondió amargamente, y entonces entendí que debía hacer algo para arreglar la reverenda metida de pata que acababa de hacer.
– No creo que haya que ser enemigos para intentar una relación con alguien – ni siquiera yo me esperaba un comentario tan sabio
– Quizás – suspiró. – ¿Me estás diciendo que vale la pena intentar averiguarlo? – Sus ojos parecían estar brillando, y es mucho que decir para alguien que suele estar a medio dormir.
– Sí… – sorprendido de estar nuevamente nervioso. Era la segunda vez en el día que volvíamos a estar tan cerca, pero pese a que mis latidos estaban inexplicablemente acelerados, otra vez, estaba a gusto, al punto en que el alrededor pareció desaparecer. El aire se sentía pesado sin llegar a ser incómodo, nuestras respiraciones eran apenas audibles. Sus labios se movieron sutilmente, y vaya que no esperaba encontrarme con la sorpresa de haberlos estado observando todo este tiempo, solo para que mis ojos se toparan con los suyos. Esta vez no sonreía, y no estábamos tan cerca como para si quiera rozarnos, pero la descarga en mi cuerpo volvió a manifestarse.
– Kaminari, yo…
– ¡Buenas noches! – anunció el Prof. Yamada cortando abruptamente nuestro contacto visual. En cuanto se acercó a nosotros, de Shinso emanaba un aura de molestia casi palpable y una vez el rubio sintió su mirada para luego reparar en una Eri que afortunadamente aún seguía dormida, entendió la expresión del pelimalva. – Lo siento – dijo apenado en un atípico bajo tono de voz.
– ¿Dónde está quien se supone que vendría por ella? – Shinso resopló, pasando la niña al profesor.
– Le dije que esta vez era mi turno – respondió acomodando a la niña en su hombro, con cuidado de no despertarla. – Gracias por cuidarla – susurró, mientras el chico asintió de mala gana, camino a las escaleras.

Me detuve en el segundo nivel antes de dirigirme a mi habitación.
– Buenas noches – me despendí encontrándome en que esta vez no debía forzar una sonrisa
– Descansa – devolviéndome el gesto.

Tras cerrar la puerta de mi habitación llevé mi mano derecha a mi pecho, que retumbaba acelerado, mi respiración estaba agitada. ¿Por qué me siento tan aturdido? ¿Estaré enfermo?

Me dejé caer sobre mi cama, intentando calmarme, sin éxito. El recuerdo de nosotros dos en el armario me hacía sentir sofocado y, reconfortado… Debía estar ardiendo en fiebre porque sentía mi cara hervir al contacto de mis manos. ¿Qué me estaba ocurriendo? Mis pensamientos fueron interrumpidos por el tocar constante en mi puerta.

– ¿Por qué estás tan rojo? ¿Sabes qué?, no me importa. – pasando a mi lado, con algo en sus manos que luego identifiqué como una cámara de vídeo. – Eso te pasa por pasar tanto tiempo con el zombie que llamas "amigo". – Sentándose al borde de mi cama – Al fin tengo las pruebas, que te convencerán de que Bakugou y Todoroki son mucho más cercanos de lo que jamás hubiéramos imaginado.
– ¿De qué estás hablando Mineta? – últimamente me estaba sintiendo muy incómodo cerca de él, y este día fue aún peor. Una sonrisa macabra se dibujó en su cara mientras encendía el aparato
– De que a Bakugou le gusta tocar algo más que la batería…


Los cliffhangers nunca sobran.

Dato #60

Kaminari es el personaje más tierno que hay y en densidad casi compite con Todoroki. Me encantó escribir este capítulo.

...

Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario