Shinso
Sólo habían pasado tres semanas, y sentía que tenía meses conviviendo con este variado y caótico grupo. Desde una plática en francés con Aoyama, discutir acerca de bandas de rock y punk con Tokoyami y Jiro, hasta entrenamientos físicos con Shoji y Oijiro, había conseguido aprenderme sus nombres con mayor rapidez de la que pensé, pero no podía evitar sentir que aún no estaba a la par.
Esa noche, tras la cena, no sé por cuánto tiempo estuve escuchando música mirando al techo. Por más fuerte que estuviera el volumen, no conseguía disuadir a mi mente de dejar de pensar en cosas que no hacían más que desgastarme.
Podía sentir mis mejillas arder cuando recordaba los breves minutos en los que Kaminari y yo estuvimos en ese minúsculo espacio jugando las escondidas, pero fue una vez volvimos a estar a solas que creí que mi pechó colapsaría producto de la presión sanguínea que mi corazón bombeaba lo mejor que podía mientras pensaba en las palabras correctas para decirle mis sentimientos… Me pregunto si me habría atrevido a hacerlo de no haber sido interrumpidos.
Resignado, decidí dejar de procrastinar y estudiar para los exámenes finales. Me acomodé en mi escritorio solo para darme cuenta de que no podía concentrarme en los apuntes que había escrito. Mi mente solo divagaba una y otra vez en los distintos eventos que pasaron algunos días atrás.
Eri no era ni remotamente la sombra de la niña tímida y temerosa que llegó hace poco más de un mes. Había conseguido adaptarse muy rápido al ambiente de los dormitorios, en especial a quienes ahora fungían como sus tutores legales, lo que me convirtió oficialmente en su hermano mayor; espero hacerlo bien.
Por otro lado, se acercaba esa fecha en el año que irremediablemente causaba estragos en mi estado de ánimo. Creo que fue justo por esa razón por la que prácticamente se me prohibió aislarme, sumado a que el clima no ha sido el mejor tampoco.
Sumado a que no podía evitar sentir que era constantemente observado. Ya fuera en los pasillos, en la biblioteca, en la cafetería, sobre la rama del árbol en dónde suelo estar e incluso en los dormitorios. No pensé que mi cambio de curso llamara tanto la atención, hasta que un día que estaba sentado en el otomano de una de las ventanas del área común, debido a que "salir de mi cueva me haría bien de vez en cuando" según el profesor a cargo y mi tutor, cuatro de las seis chicas con las que comparto salón se acercaron con más ánimo del que yo jamás tendré en toda mi vida.
– ¡Shinso! – el único miembro femenina del Bakusquad hizo honor a su característica principal, provocando que casi lanzara mi libro por la ventana tras lo que ella entendió es una forma de saludo
– ¿Sí, Ashido? – disimulando mi incomodidad
– Pues… – como si de una palabra clave se tratase, el cuarteto me rodeó mirándome fijamente – ¿Estás interesado en alguien? – ¿Por qué me abordan con esta clase de pregunta? Espero que mi cara no me haya puesto en evidencia
– Te acabas de delatar – no veía su mano, pero estoy seguro que Hagakure me estaba señalando
– ¿Por qué quieren saber?
– Porque pese a ser tan atractivo, no sabemos por qué estás soltero. – No pensé que este tema también fuera de interés para Uraraka, considerando cómo mira a Midoriya
– ¿Qué? ¿Alguna de ustedes está interesada?
– Depende, kero
– ¿Qué clase de chica te gusta, Shinso? – La rosada estaba demasiado entusiasmada con este tema, pero considerando el error en su pregunta, podría divagar para saciar su curiosidad… o quizás empeorarlo.
– Supongo que todo lo contario a mí
– Eso es muy ambiguo – protestó la invisible
– ¿En quién estás interesado? ¿Quién ha cautivado tu corazón? ¿En quién piensas antes de dormir? ¿Por quién suspiras día…? – ¿Es "Deku" la respuesta a esas preguntas para ti, Uraraka?
– No veo por qué les resultaría útil esa información – haciéndome paso entre ellas. – Si me disculpan, la velada entre el libro de Ética Heroica y yo será lo más romántico a lo que estaré de una relación. – Dirigiéndome a las escaleras, reforzando la idea de que la interacción con los demás no es mi fuerte.
– ¡El misterio solo te hace más atractivo! – Vociferó Ashido antes de subir las escaleras.
Debo admitir que ella fue mucho más audaz de lo que yo sería alguna vez, sin embargo, no podría revelarles a ellas lo que en primer lugar no creo poder confesarle nunca a él.
Pese a que estaba a unos cuantos pasos de mi habitación, cuando escuché el "¡La tengo!" fue demasiado tarde para mí. En cuestión de segundos, sentí un peso considerable sobre mi pecho, mientras me percataba de que ya no tenía el ejemplar que leía en mis manos. Aún estaba conmocionado, boca arriba preguntándome quién era y cómo llegué a terminar en esa situación.
– Shinso, ¿estás bien? – me tomó unos momentos decodificar el tono de voz, pero fue ese único y característico trazo negro en forma de rayo en su cabello amarillo lo que me recordó que estaba vivo, pues con lo rápido que sentía mi corazón, no podría ser de otro modo.
– Oh no – sí, yo creo lo mismo. Sero tenía una miraba que alternaba asombro y burla – Iré por unas tijeras
– ¿Para qué…? – y ni siquiera hizo falta que terminara la pregunta pues, el hecho de que Kaminari no se haya levantado pese a mis intentos por moverme me confirmó que, no podíamos. En sus manos tenía una pelota y, al menos las partes que eran visibles, estaban cubiertas con cinta, auspiciadas por el único dispensador andante que conozco. – No puede ser – suspiré, dejándome caer, intentando calmar mis nervios.
– Lo siento – se quejó el chico sobre mí, haciendo que su respiración sobre mi pecho empeorara mi estado
– Justo por esta situación, este tipo de actividades están prohibidas. – Pensar en el juramento heroico ahora mismo sería una muy buena alternativa de distracción, sino fuera por el hecho de que saber que quien me gusta estaba en una situación comprometedora conmigo, en un contexto complicado de explicar.
– En serio lo lamento – ¿Cuánto tiempo más vas a tardarte, Sero?
– Quizás el castigo correspondiente lo compense – para esto si me digné a mirarlo, pero no esperaba a que estuviera tan rojo
– Haré lo que me pidas, pero no le digas nada al profesor Aizawa – descuida, no tengo intención de contarle los detalles que nos tienen en esta posición, sin tomar en cuenta lo sugestiva que es esa oferta
– No hablaba en serio, no tienes que preocuparte – dejándome caer nuevamente, cuestionándome dónde estaban el resto de nuestro compañeros y por qué no estaban allí para ayudarnos.
– Shinso, hay algo que he querido preguntarte… – y como si no fuera suficiente, acompañado de tu tono de voz, esa oración era lo único que faltaba a mi inestable estado emocional
– Adelante – accedí apretando mis puños, cuestionándome si había sido tan fácil de leer
– ¿Te…?
– ¡Lamento la tardanza!
– Ya era hora – sin estar seguro de estar aliviado o, frustrado. El chico se arrodilló y pocos segundos después estábamos libres.
– ¿Por qué tardaste tanto?
– ¿En serio fue tanto tiempo? – ayudándonos a levantarnos – ¿O quizás quería que compartieran un tiempo de calidad? – Si las chicas fueran tan asertivas como Sero, no habrían hecho tantas preguntas o tal vez solo la correcta.
– Yo tengo una idea en la que puedes pasar tiempo de calidad – estaba a punto de caer hasta que cubrió su boca. Se limitó a comunicar con una serie de gestos que estaría en su habitación, o lo que sea que significara el recuadro que hizo en el aire, antes de irse.
– ¿Qué ibas a preguntarme? – dije de frente al restante – No voy a usar mi don contigo.
– No… No es nada.
– Kaminari
– Ya te causé demasiadas molestias…
– No estoy molesto contigo – tomando su brazo
– Lo sé. De todas formas, olvidé lo que te iba a preguntar – Estaba evidentemente tenso y era obvio que no tenía intenciones de hablar, así que lo liberé. – Nos vemos luego. – Alejándose sin más.
Tomé el libro a pocos pasos de mi puerta y solo me dejé caer sobre en la cama, llevando una almohada sobre mi cabeza. Me sentía aturdido. Me pregunto si me habrías dejado con la incertidumbre si supieras que cada palabra que omites o dices, significan tanto para mí.
Se me está haciendo cada vez más difícil ser solo amigos, Kaminari.
…
Para este día en el año siempre era cuestión de azar que no estuviera lloviendo y, hoy no fue la ocasión. Había estado húmedo desde temprano y el cielo estaba lo suficientemente nublado como para pensar que no se detendría en las próximas horas, aunque, de todos modos, quizás era lo mejor. Algunos años eran más llevaderos que otros, pero en todos sin excepción, lo más difícil era pasar por este proceso de luto ineludible. Quizás la lluvia solo manifestaba la acumulación de lágrimas que hace ya muchos años no suelen frecuentar mis mejillas.
Como si fueran los síntomas de alguna enfermedad, comenzaba algunos días antes; mi apetito disminuye, suelo estar distraído y mi asilamiento suele ser la mejor forma para no tener que lidiar con preguntas que no quiero responder. No era intencional; es como si mi cuerpo manifestara que esta es la mejor forma para no pasarlos por alto, para no olvidarlos, pero eso es imposible. Como de costumbre, los noticieros siempre conmemoran este día, reportando a los familiares de las víctimas llevar flores y otro tipo de ofrendas en el lugar donde ocurrió el accidente, mientras yo suelo visitar sus tumbas mientras me convenzo que de alguna forma aún están conmigo.
Esa mañana, como en los días previos, había recibido la visita de mis tutores, pero, sé que sus intenciones esta vez no era un simple monitoreo rutinario.
– Lamento que este día no puedas visitarlos – escucharlo tan apacible, era muestra de que estaba preocupado. – Sabes que puedes hablar con nosotros si lo necesitas. – Apretando aún más su abrazo
– No te sobre esfuerces – ahora era el más reservado de los dos quien me acariciaba el cabello
– Solo necesito tiempo a solas – dije, aunque no me atrevía a verlos a los ojos. No quería asumir su lástima.
– Vendré más tarde a ver cómo sigues – anunció el pelinegro, antes de que se marcharan.
Volví a recluirme en mi habitación, no teniendo la menor idea de qué podría hacer. Pese a no haber dormido la noche anterior, no tenía sueño. Pensé en leer un rato, pero no lograba concentrarme. Había intentado acomodarme en la cama, pero el suelo se veía mucho más agradable; me estaba quedando sin ideas. Quisiera estar anestesiado.
Al fin decidí dejarme caer en el piso de la habitación, mirando hacia el techo y escuchando música instrumental mientras intentaba ignorar las gotas de lluvia que pocos minutos después habían aumentado de intensidad, reafirmándome que hoy no tenía derecho a otro sentimiento que no fuera melancolía.
Había conseguido sumergirme en las piezas de Rupert Gregson–Williams al grado de perder por minutos el sentido del espacio tiempo, sin embargo, aun podía sentir que algo no estaba del todo bien. ¿Esto era lo correcto? Con frecuencia pienso en ellos, cuando veo mi reflejo en el espejo miro que me he convertido en la copia de mi padre, y cuando hablo el poco francés que recuerdo, imagino a mi madre haciendo que lo practique con ella. A lo mejor, la razón por la que sentía este peso en mi pecho era a causa de que no pude estar el suficiente tiempo con ellos. Mis recuerdos son difusos y la imagen que concibo de ellos es por las fotos que conservo. No es mi culpa, lo sé, pero esa excusa no mitiga los estragos que sus ausencias provocan todos los años.
Subí el volumen de la música y solo esperé a que el día al fin terminara y se llevara consigo este malestar.
– ¡Adelante! – vociferé tras lo que me parecieron horas de constante azote. No tenía ganas de interactuar con nadie, y mi actual estado tampoco era el más idóneo, pero tal vez, quien sea que tocara mi puerta se alejaría una vez lo notara con sus propios ojos.
– ¿Puedo pasar? – mis ojos se abrieron al instante. Me incorporé para ver a la última persona que quería que me viera en este estado.
– Ya estás adentro – me resigné, volviendo a mí posición anterior. Como una analogía, verlo entrar a mi habitación fue como un rayo de luz, pero me sentía vulnerable, más de lo usual; supongo que no puedo decirle que no.
Con la mayor cautela posible, se recostó a mi lado, con los pies en dirección contraria, al menos a un metro de distancia, en silencio. Me sentía en trance, pero mentiría si dijera que no estaba a gusto de que me hiciera compañía.
– Toma – pasándole uno de los extremos de mis auriculares, que tomó sin hacer comentarios. Estaba tan tranquilo que parecía ser otra persona. Escuchamos varias de las piezas del compositor hasta que por fin se pronunció, haciendo la pregunta más típica en esta situación
– ¿Estás bien? – su voz era tímida, como si no quisiera desentonar el tono solemne de Townsend que escuchábamos.
– No del todo… Este día suele ser así, ya se me pasará
– La verdad… – incorporándose, anclado mi vista hacia él – La razón por la que estoy aquí es porque me acobardé. – Ahora fui yo quien se incorporó. – No quería sentir que invadía tu privacidad, pero tras escuchar por casualidad una conversación entre el Prof. Aizawa y el Prof. Yamada, no podía ignorarlo.
– ¿Qué conversación? – esa fue la primera vez que lo vi afligido
– Acerca de tus padres biológicos… ¡N–no tienes que hablarme de ellos!, solo... quiero que sepas que puedes contar conmigo. – Mostrándome una tímida sonrisa. En mi aislamiento, había obviado que preocupaba a los demás. – También con Midoriya, Sero, Kirishima, Ashido, Oijiro…
– Quizás… – quitándome los auriculares – He suprimido por tanto tiempo la falta que me hacen, que quizás hablar de ellos me haga sentirlos más cerca. – Me levanté para dirigirme a uno de los compartimentos de mi armario. Tomé una caja en la que conservaba algunos objetos de mi infancia, incluyendo el muñeco de peluche con el que dormía hasta los siete, pero entre todos ellos, estaban las fotos que conservaba, acomodándome a su lado. – Ella es mi madre. Era pastelera y a veces me habla en francés.
– ¿Hablas francés? – asombrado
– Un peu – respondí solo para que hiciera justo el gesto que esperaba, haciéndome sonreír. – Él es mi padre. Era un médico. – Poco a poco…
– Se parece bastante al Prof. Aizawa – El peso en mis hombros…
– Sí… – se hacía más ligero. – Aquí mi padre se cepillaba los dientes para ir al trabajo – Y, después de mucho tiempo
– ¡Un pijama de gatito! – de omitir estos recuerdos
– Ésta es de mi primer día de clases en la primaria – porque creía que solo me deprimirían
– Tienes la misma expresión que ahora – Comenzaba a sentirme…
– Aquí fue nuestra última Navidad juntos – …feliz. Una gota humedeció el recuadro con la imagen de mi padre y yo en su regazo.
– Shinso… – ¿Cuándo comencé a llorar?
– Estoy bien – quitándome las lágrimas mientras sentía una sonrisa formarse en mi rostro. – Gracias Kaminari – No pensé que podría ser capaz de sentirme de tan buen humor un día como éste.
– Me alegra haber ayudado – mostrándose más sonriente que antes. – Hay algo más – buscó su celular, y poco después me extendió uno de los extremos de unos auriculares. – Cuando mi abuelo murió, pasé por una situación similar y esta canción siempre me hacía sentir mejor. – Escuchaba en silencio la letra, mientras contemplaba las fotos delante de mí, y entonces las últimas palabras que me dijeron vinieron a mi mente "Siempre estaremos contigo, Shinso…"
La canción fue como si fueran palabras susurradas por ellos, diciéndome que era inevitable sentir tristeza y soledad, pero que aún en esos momentos, nunca se habían apartado de mí, alentándome a continuar. Me sentí sobrecogido por una grata sensación de paz.
– Kaminari – Tu presencia siempre era sinónimo de alegría para mí, – ¿quisieras acompañarme a visitarlos alguna vez?
– Seguro – como un farol en medio de una tormenta
– Y Kaminari, – que ilumina a todos a su alrededor – Muchas gracias por ser mi amigo. – con una amigable y sonriente luz.
…
Habían sido unos días intensos últimamente y debía volver a mis deberes, sin embargo, como si de una inoportuna ironía se tratase, justo cuando al fin decidí sumergirme en el maravilloso y vasto mundo del saber, mis ánimos se esfumaron en cuanto la oscuridad me arropó.
– ¿Un corto circuito? – cuestioné de mala gana, tomando mi celular para salir al pasillo. El ruido proveniente de las demás habitaciones no se hizo esperar a medida que, junto a quienes me encontraba, hacíamos camino hacia el primer piso. La tormenta había empeorado considerablemente, al grado en que más que gotas de agua, parecían llover rayos.
Para cuando llegamos al área común, un fuerte ruido, o más bien, un alarido se escuchó en el segundo piso.
– ¡Mantengan la calma! – Nos indicaba Iida mientras Momo se encargaba de crear linternas que facilitaba a quienes estaban presentes.
– Tokoyami – Pronunció Tsuyu, alarmada al lado de Uraraka. Había escuchado que durante el campamento al que asistieron, durante el ataque de los villanos, Dark Shadow había perdido el control. ¿Será este también otro atentado?
– Iré a ver cómo está – se adelantó Midoriya
– ¡Espera! – lo detuvo Iida – ¡es peligroso que lidies con Dark Shadow!
– Iré a buscar a Todoroki y Kacchan para que me ayuden
– Toma esto – le dijo la pelinegra, creando una linterna y un radio al instante – Comunícate con nosotros si hace falta – y en cuestión de segundos, se había esfumado.
Debido a la escasa luz, no podía ver con claridad quiénes estaban presentes. Apenas logré distinguir a Oijiro quien estaba junto a Aoyama, y así, a medida que iba observando con detenimiento los demás se hacían presentes: Jiro, Satou… O al menos eso creía. Mi ansiedad iba en aumento a medida que, entre todas las caras conocidas, no estaba a quien deseaba ver.
Fue entonces cuando, tras acercarme un poco más al frente que vi a tres integrantes del distintivo Bakusquad estar de pie frente a una de las ventanas. Decidí acercarme a ellos, pero algo parecía no estar bien.
– No podemos quedaros sin hacer nada
– Lo sé, pero el Prof. Aizawa dijo que se encargaría
– ¿Y qué tal si es tarde para eso? Kaminari puede estar en peligro… – Mis músculos se tensaron al instante
– ¿Qué dijiste acerca de Kaminari? – le reclamé a Sero, quien cubría la boca de Ashido con sus manos – ¿A qué te refieres con "estar en peligro" Ashido? – aseveré, sintiendo mi respiración pesada, pero él se negaba a responderme. Estaba acercándome más al pelinegro hasta que mi avance fue interrumpido
– Kaminari salió a caminar en la tarde y no ha regresado – habló por fin Kirishima – Tememos que esté en problemas, considerando los anteriores ataques de los villanos – sus labios se movían, pero mi mente ya no procesaba sus palabras. La combinación de "Kaminari" y "villanos" en la misma oración no hizo más que revolverme el estómago.
– ¡¿A dónde vas, Shinso?! – la mano de Sero se agarró con fuerza a mi brazo
– A buscarlo, obviamente – dirigiéndome a la salida
– Shinso, también estamos preocupados por él, ¡pero no podemos ser impulsivos! – ahora era Kirishima quien me sostenía
– Mientras estamos aquí, ¡Kaminari está allá solo enfrentándose a quien sabe a qué! –intentando zafarme de ambos
– ¡Shinso! – no tuve opción
– No me sigan – ordené, liberándome al fin de su agarre. Tomé uno de los impermeables de la entrada, y salí en su búsqueda.
El aire se me hacía escaso mientras las frías gotas de lluvia arremetían contra mí a medida que intentaba adivinar dónde podría estar. El fuerte dolor en mi pecho no hacía más que aumentar y los rayos no dejaban de manifestarse, consecutivos y feroces; como si también protestaran conmigo la incertidumbre de su paradero.
Vociferaba su nombre con la esperanza de escuchar respuesta, pero era inútil. En un momento la ventisca fue tan fuerte que el impermeable que llevaba, debido a la intensidad de la lluvia, nunca cumplió su función y fue arrebatado de mí con tanta intensidad que, al caer al suelo por el arrastre, la linterna que sostenía quedó inservible en cuestión de segundos. Sin embargo, no iba a rendirme, jamás.
Seguí como pude hasta uno de los edificios más próximos a mi lugar de destino, entumecido por el frío, la humedad y el miedo que me atormentaban pensando en que una de las personas más importantes para mí, podría estar indefenso en algún lugar bajo la penumbra de esta lúgubre noche, quizás acorralado por algún villano o un escenario aún peor.
Justo en un momento de desesperación, pude percatarme de que los rayos eran atraídos a una sola dirección, y siendo ésta mi única pista, me dirigí hacía allí sin titubeos. Si importar con lo que me encontrase al llegar allí, no me detendría hasta encontrarte, Kaminari.
¡Hola! Espero estés bien después de tanta intensidad.
Dato #62
Los capítulos en los que narra Shinso son mis favoritos porque es el personaje con quien más tengo afinidad. Me encantó como describió lo que Kaminari significa para él.
Dato #63
La canción a la que hace referencia Kaminari es "One Step Closer" - INTERSECTION (está en japonés, pero la letra va así)
"No quiero verte derramar lágrimas en la soledad,
En un día normal pasamos por momentos difíciles
Entonces nuestros corazones se unen
No llores más con ese sentimiento
Porque no puedo aceptarlo"
Y como se habrán dado cuenta, también trata de lo que siente Kaminari por Shinso.
...
Si te gusta lo que lees, no olvides dejar un comentario
