Kaminari
Estaba agotado, había corrido lo más lejos de los dormitorios para minimizar los daños, pero ¿a qué costo? Apenas podía mantenerme en pie y los rayos no dejaban de chocar contra mí una y otra vez. Si bien había aumentado mi concentración de energía, considerando la oscuridad en la que me encontraba sumado a una impredecible tormenta eléctrica, estaba en una grave situación de peligro si no redirigía la sobrecarga de energía antes de llegar a mi límite. Y pensar que hace apenas unas horas mi mayor problema era reparar una cámara de vídeo.
Algo me decía que tenía que hacer lo necesario para que, lo que sea que quisiera mostrarme, no fuera visto por nadie. Froté mis manos en el cobertor liberando pequeñas e imperceptibles descargas de energía que, tras unos segundos, se habían convertido en estática.
– Te mostraré – apenas encendió la pequeña pantalla del aparato, pude ver a Bakugou junto a Todoroki. A simple vista solo estaban hablando, nada fuera de lo común, pero, se trataba de un muy enojado Mineta, algo quería mostrarme digno de su desquite. Sin dar pie a ver algo que estoy seguro no era de mi incumbencia, sin siquiera llegar a tocar el dispositivo, este comenzó a distorsionar la imagen hasta apagarse. ¡Bien!
– ¡¿Qué le pasa a esta cosa?! – ¿por qué su voz sonaba tan gutural? – ¡¿Qué le hiciste?! – sus ojos verdes parecían salidos del juego de Dead Hollow, excepto que, en persona, y a tan poca distancia, era aún más aterradores.
– Debió ocurrir algún corto circuito – separándome de él. Su aura se había tornado muy pesada de repente
– ¡¿Qué acaso no tienes control sobre tu don?! – jamás había sentid tanto miedo de estar con él. ¿Por qué estaba tan interesado en molestar a Bakugou? ¿Por qué estaba tan molesto? ¿Por qué parecía otra persona?
– ¡Cálmate!, no es para tanto – sintiéndome acorralado
– No debí venir aquí – dirigiéndose a la salida – Descuida, solo quería darte la primicia, esto lo verán todos. – azotando mi puerta. Me dejé caer en el suelo, percatándome de que había estado conteniendo mi respiración. ¿Qué acababa de pasar?
Al día siguiente, me acerqué a un malhumorado Mineta, quien se negaba a hablar conmigo.
– Lo siento. – sentándome a su lado en la cafetería. – Intentaré repararla, sabes que soy muy bueno con los dispositivos eléctricos. – En parte, si era cierto. Podía restaurar los circuitos de la cámara sin problemas – No estés enojado conmigo – y no dejar rastro de lo que contenía.
– ¡Ah! ¡Está bien! – gruñó – Pero si no la reparas, tendrás que comprarme el nuevo modelo. – Levantándose con su bandeja de comida. – Ve después de clases a mi habitación.
Y como me indicó me acerqué a su habitación entrada la tarde, pero nunca recibí respuesta tras permanecer al menos diez minutos tocando su puerta.
– Kaminari, ¿quieres jugar? – Sero se acercó a mí con una pelota
– ¿Sabes en dónde está Mineta? – Acercándome a él
– Lo vi salir poco después de que llegáramos de clases – ¿Entonces para qué me dijo que viniera a su habitación? – Como sea, juguemos un rato. – Si de todas formas debía esperar por el regreso del pelimorado, supongo que podría distraerme mientras tanto.
Pese a la prohibición, estábamos lanzando el objeto esférico en los pasillos donde estaban las habitaciones, y es que hacerla rebotar contra las paredes sin que tocara el piso era lo más desafiante y divertido que podíamos hacer en interiores, siempre y cuando no fuéramos descubiertos.
– Por cierto – deteniendo el curso de la pelota – he notado a Shinso algo distraído, ¿sabes qué le ocurre? – Yo también lo había notado, pero considerando lo que pasó con Monoma, seguro no era algo de lo que quisiera hablar.
– Sí, lo he notado, pero Shinso es muy reservado con ciertas cosas. – Ahora que lo pienso, parecía decaído.
– Entiendo – volviendo a lanzar la pelota que rebotó en la puerta de Shoji
– ¡Corre! – anuncié, corriendo al piso superior.
– ¡Atrápala! – lanzándola lo suficientemente lejos de mi alcance. Corrí lo más rápido que pude, y cuando pensé que perdería, no dejé que tocara el suelo
– ¡La tengo! – sin embargo, trastabillé, pero lejos de sentir el rígido suelo, me encontré con una superficie bastante cómoda, hasta que lo escuché quejarse. En el proceso de evitar nuestra caída, Sero alcanzó a lanzar su cinta, solo para que no pudiéramos movernos. Mi corazón comenzó a latir como loco.
Desde que eso pasó mi nerviosismo cerca de Shinso no había hecho más que aumentar inexplicablemente, y mi cabeza no dejaba de dar vueltas, como si cada vez que lo veía, terminara de salir de una Ruleta Rusa a toda velocidad. Sin embargo, pese a que no me atreví a preguntarle cómo estaba mientras estuvimos en esa incómoda situación, además de molesto por estar irremediablemente ocupado su espacio personal, sus ojos se veían distantes, como si llevara a cuestas un peso invisible.
Ese día no había bajado a desayunar, y tampoco lo había visto para comer. Preguntando a nuestros otros compañeros, descubrí que no había salido de su habitación. Fue tras escuchar la conversación entre los profesores Aizawa y Yamada acerca de este día, que comprendí su reclusión. Buscando en varios sitios de internet, encontré información acerca del accidente aéreo ocurrido en la localidad de Sapporo. Buscando en la lista de víctima, dos captaron mi atención: Shinso, Hatsume y Shinso, Kyo. Una abrumadora tristeza me abrumó, pero quedarme sin hacer nada no era una opción.
Estuve de pie delante de su puerta el tiempo suficiente como para que mi mano se acalambrara antes de que accediera a que pasara. En cuanto entré, se incorporó y así pude notar que sus ojeras estaban mucho más pronunciadas que otros días.
Tras estar un rato con él, escuchando música, al fin le dije el motivo de mi presencia. Estaba inexpresivo y pensé que estaría molesto, hasta que poco después estábamos viendo fotos de su infancia. Debo decir que uno, su padre era muy parecido al Prof. Aizawa y dos, era muy adorable de pequeño. ¡Incluso supe que hablaba francés! Estaba tan feliz que quisiera compartir conmigo parte de sus recuerdos; que solo deseé saber más de él. Concentrado en las imágenes que me mostraba, lo último que esperé fue ver que, sobre una de ellas, salpicó una pequeña gota, o más bien, una lágrima, Me alarmé, pero, después de varios días, él se veía realmente feliz mientras las secaba de sus mejillas.
"Kaminari, muchas gracias por ser mi amigo" ¿Cómo era posible estar tan feliz y al mismo tiempo, abrumado por esas palabras? Mientras me las decía, sentía mi cuerpo desvanecerse y mi pecho agitado, solo para percatarme de que mis manos temblaban. ¿Por qué haces que me sienta así? Mientras más tiempo compartía con él, más preguntas como estas surgían.
Al día siguiente, debido a que mi mente solo estaba ocupada por Shinso, había olvidado la cámara de Mineta. Me dirigí a la habitación de éste, y como su puerta estaba abierta, decidí adentrarme a ella con cautela para no incomodarlo. El chico estaba de espalda, distraído.
– ¿Mineta? – el chico dio un respingo, para girarse en mi dirección, azaroso
– Podías haber tocado antes de entrar – al menos estaba de mejor humor
– Lo siento. – acercándome a él – Cuando vine a buscar tu cámara, no estabas
– Sí, tuve que salir – dirigiéndose a su escritorio, pasándome el aparato. – Espero que cumplas lo que me prometiste.
– ¡Dalo por hecho! – Estaba de pie en el marco de la puerta y una pregunta que había estado rondando en mi cabeza por mucho tiempo, quiso ser respondida – Mineta, ¿por qué no te cae bien Shinso? – Considerando que me llevo bien con ambos, supongo que es normal que quiera que se lleven bien también.
– Ya que eres muy distraído como para darte cuenta tú mismo, te lo diré. – Caminó hacia mí, y el aire volvió a tornarse pesado. – Porque a Shinso le gustan los chicos – esto lo pude confirmar por mí mismo semanas atrás, pero, que él lo dijera lo hacía sonar despreciable
– ¿Qué tiene de malo? – brotó sin que pudiera detenerla
– Que, si te descuidas, serás igual que él – mi corazón se encogió. Me estaba sintiendo enfermo, abrumado y extremadamente incómodo de estar allí. – Aunque siendo positivo, eso me dejas con más chicas a mi disposición. – Mis pies se sentían pegados al suelo. – De hecho, no es el único en nuestro salón con esas preferencias
– ¿A qué te refieres? – mirando sus ojos, todo mi cuerpo me gritaba "aléjate de ahí"
– Pronto lo sabrás. Ahora déjame descansar, tengo mucho qué hacer – moviendo su mano, antes de cerrar la puerta. Mi mano apretaba con tanta fuerza la cámara, que de haber sido All Might, ya estaría hecha añicos.
El camino a mi habitación, a pocos pasos de allí me pareció eterno. Esa noche no pude dormir y concentrarme se me hizo imposible, bueno, más de lo usual. Revisé el aparato y con unos cuantos toques, ya estaba reparada, pero debía reiniciarse. Entonces, mientras esperaba, recordé la conversación con Sero en la piscina, creo que es uno de los que ha notado lo importante que es Shinso para mí.
En lo que terminaba de cargar el software, me dirigí a la habitación de mi amigo, con la esperanza de que aclarase mis dudas, y vaya que lo hizo.
Sero le dio nombre a la alegría que me provocaba estar con Shinso, hablar con él, escucharlo, compartir con él, quedarme mirando sus ojos indefinidamente… Sus palabras fueron muy claras "Estás enamorado de Shinso", a juzgar como mi cuerpo pareció llegar a su límite con solo pensarlo, estaba claro que era cierto. Pero mientras más lo pensaba, las palabras de Mineta se clavaban en mi pecho como dagas.
Recordar el desprecio con el que se refirió a él, me causó espasmos en todo el cuerpo, hasta que las palabras de Sero me reconfortaron "nadie que te haga pensar que lo que sientes por alguien más está mal solo porque no lo entiende, merece que lo tomes en cuenta" y el peso de mis hombros se esfumó. Y entonces…
– ¡Soy gay! – sin creer que esas palabras salieron de mi boca, sintiendo que la felicidad no cabía en mi propio cuerpo. Shinso era el único que ocupaba mi mente.
– ¡Ahora debes decírselo! – que quisiera verlo, no significa que estuviera listo para enfrentarlo.
– Tengo que pensar cómo lo haré – dije, antes de irme, no sin antes agradecerle como es debido a uno de los mejores amigos que jamás pensé tener.
…
En la mañana de ese sábado, había decidido quedarme en mi habitación el mayor tiempo posible primero, para poder concentrarme mientras estudiaba un poco de Ética Heroica, y porque no quería ver a Mineta, no antes de hablar con Shinso, considerando de que la actualización de software había tomado más de lo que pensé. Debía aclarar mis sentimientos con ambos y, mentiría si dijera que no me aterraban saber sus reacciones ante lo que les pudiera decir. Esa tarde, debido a que comenzaba a sentirme abrumado por los escenarios hipotéticos que me torturaban con diferentes finales, decidí salir a caminar.
Casi todos los días se veían nublados, pero esa tarde estaba tan clara que no me preocupé por tomar un paraguas. No quería alejarme tanto, por lo que me detuve en el parque cerca de la academia. La vista era fantástica, y el clima pese a ser templado, era tolerable. En esa paz, me apoyé del borde del barandal que delimitaba el peñasco a pocos metros más adelante.
Quizás haya sido por más tiempo de lo que puedo recordar. Su don me pareció increíble en cuanto lo vi enfrentarse a Midoriya, ¡puede hacer que quien le responda haga lo que quiera! Esa es una gran cantidad de poder. Pese a esa aura sombría que lo envolvía, una vez se reía, o más bien se mofaba de mí, su semblante cambiaba a uno mucho más agradable.
Comencé a acostumbrarme a su voz, a compartir con él mis avances e interesarme por los suyos, al punto en que quería saber más de él y nunca parecía suficiente, y vaya que fue así cuando me mostró las fotos de su infancia. Luego el resto de sus características se hacían más presentes en mis pensamientos: cómo subía una ceja cuando me molestaba, lo mucho que brillan sus ojos cuando está cerca de algún gatito, lo tierno que es con Eri, cómo llevaba su mano detrás de su cabeza cuando estaba apenado, lo poco que el uniforme ayuda a destacar las formas de su cuerpo… De repente me sentía agitado.
Mi cuerpo sintió como si una ola de energía lo recorriera al tiempo en que dejé escapar un suspiro para darme cuenta de lo feliz que me hacía pensar en él, hasta que el recuerdo de Monoma volvió a cruzar mi mente. Desconozco el tipo de relación que sostienen, pero, no creo poder soportar otro día sin dejarle saber mis sentimientos, aunque no sean correspondidos. Quiero seguir a su lado y ser su amigo incondicional.
Había estado allí lo suficiente como para que los faroles del parque comenzaran a encenderse, indicándome que ya era hora de regresar, pero antes de irme, quería apreciar unos minutos más los indicios del cielo nocturno, cuyos matices morados y lilas me hicieron desear ver a Shinso más que nunca.
Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a humedecer el pavimento, haciéndome acelerar mi paso, y fue tras pasar al lado de uno de los postes de luz que la lámpara en este estalló. Supuse que fue debido a un alto voltaje y continué mi camino, pero en mi avance, el resto replicaron la misma acción. No quería pensar que yo podía ser ni remotamente el responsable de provocar el alto voltaje, considerando que, tras las muchas advertencias del Prof. Aizawa, jamás usaría mi don sin licencia, y aun así, el tendido eléctrico parecía reaccionar a mi presencia.
Sin mejores ideas, decidí correr a lo largo de la calle, solo para que ahora las gruesas gotas de lluvia helada, chocaran con brusquedad en mi cara en mi avance, mientras las lámparas estallaban sobre mi cabeza como fuegos artificiales, dejando un camino sombrío a mi paso. Poco tiempo después, lo que me parecieron unas formaciones nubosas en la distancia, se habían convertido en una tormenta eléctrica, cuyos rayos parecían aumentar de frecuencia a medida que me acercaba a las inmediaciones de la academia.
De alguna forma logré llegar a la entrada de la academia, luego tendría tiempo de explicarle a Recovery Girl lo que me había ocurrido de camino al dormitorio. Estaba a pocos pasos de la entrada, cuando una incandescente luz me cegó momentáneamente, misma que acompañada de un fuerte estruendo, deteniendo mi avance, y una intensa cantidad de calor me envolvió repentinamente, justo como cuando mi cuerpo desprende grandes cantidades de energía, solo que esta vez estaba consciente de mi alrededor. Sin embargo, una vez el efecto desapareció, estuve sumergido en una considerable oscuridad.
– ¿Qué…? – dije sintiéndome agotado, sin saber qué había ocurrido. Quizás alguno de los rayos habría impactado la fuente de energía de los dormitorios.
Ignorando el frío, mis nervios y lo tenebroso que el panorama se veía desde afuera, solo me concentré en dirigirme a la puerta principal del dormitorio para al fin darme cuenta de que había sido impactado por un rayo, no una sino, dos veces.
– Eso quiere decir… – mi vista se dirigió al cielo aterrado, viendo como centenares de relámpagos eran la poca fuente de luz que me permitió darme cuenta de la cruda verdad: yo era quien atraía los rayos, y quien probablemente había causado el apagón. ¡Tengo que alejarme de aquí!
Corrí sin saber a dónde, mientras mi mente divagaba en todas direcciones. Nuevamente, un rayo chocó contra mi cuerpo, salvo que esta vez si podía sentir sus estragos. El impacto casi me hace caer al suelo, creando un pequeño cráter en donde estaba de pie. ¿Cómo fue que llegué a esta situación? Esto nunca me había ocurrido y si no averiguaba cómo detenerlo, estaría a merced del clima. ¿Cuánto soportaría mi cuerpo antes de llegar a mi límite? O, peor aún, ¿sería capaz de resistirlo?
Me sentía aturdido, y apenas conseguía evadir los rayos, como si el cielo se hubiera ensañado conmigo. De alguna forma, conseguí llegar al área de entrenamiento, pero, ¿y ahora qué? Otro rayo impactó contra mi cuerpo, seguido de otros más de menor intensidad pero que tensaron los músculos de mi cuerpo, agotado tras correr sin destino fijo. Las gotas caían sobre mi cara como agujas, frías y punzantes, al tiempo en que la fuerte ventisca me aferraba al suelo.
Estando en esta situación tan vulnerable, mi mente viajó al Festival Cultural, específicamente a la casa embrujada y como en ese entonces, pensar en Shinso me arropó con un agradable sentimiento de calidez.
– ¡No puedo rendirme! – junté todas mis fuerzas para resguardarme en el minúsculo espacio entre la entrada de uno de los espacios donde tantas veces practiqué mi conductividad justo para que ahora fuera presa de ella.
Los rayos no cesaban, de hecho, parecía atraer cada vez más. En el techo, arremetían como lobos salvajes tratando de atrapar el conejo escondido en una madriguera, destrozando la superficie para poco a poco hacerse paso y devorar a su presa, rugiendo y embistiendo con violencia.
Para este punto, pese a no poder sentir mis extremidades debido al frío, podía ver mis manos temblar y sentir mis dientes titiritar, aunque no estaba seguro si esto era producto al clima, la incertidumbre o ambos. Así como cuando estuve petrificado en el suelo de la casa embrujada, deseaba que Shinso me volviera a reconfortar con su abrazo, y tras preguntarme si estaba bien, le respondería que "sí" porque estaría conmigo.
– ¡Kaminari! – por un momento temí que, en mi deseo de querer ver a Shinso, creyera escuchar su voz. – ¡Kaminari! – esta vez se escuchó más cerca. Mis ojos comenzaron a mirar en todas direcciones, de verdad quería creer que no estaba alucinando.
Una figura se hizo paso entre las sombras y pensé que el corazón saldría por mi pecho en cuanto pude identificar su silueta cuando uno de los tantos relámpagos iluminó su cuerpo. Era una imagen inusual verlo con el cabello pegado a su cara, mientras agitado vociferaba mi nombre.
Quería correr hacia él, pero considerando que era un pararrayos andante, debía ser lo más cauteloso posible para no lastimarlo. Pero antes de poder pensar hacia dónde dirigirme, los rayos sucesivos habían conseguido desgastar el techo a ta punto que, para cuando esquivé el rayo, si no era noqueado por este, lo habría sido por los escombros que cayeron poco después de que me moviera.
Nuevamente fui presa de otro rayo, y esta vez comenzaba a sentir los síntomas del agotamiento físico. Si no encontraba cómo detener esto, estaría en grave peligro.
– ¡Kaminari! – escuché su chapoteo escucharse, y pese a los calambres que ralentizaron mis movimientos, conseguí ponerme en pie antes de que llegara a mí
– ¡No te acerques! – y antes de que pudiera continuar, otro rayo me impactó
– ¡Kaminari, tienes que escucharme! – vociferaba con dificultad sobre la lluvia y el viento – ¡La lluvia aumenta tu conductividad, tenemos que resguardarnos en algún lugar! – Miraba agitado a todas direcciones mientras yo solo esperaba ser el único blanco de los rayos, no me perdonaría si algo le llegaba a ocurrir por mi culpa.
Como mi debilitado cuerpo me permitía, esquivaba lo mejor que podía los rayos, fracasando en algunos intentos, sintiendo cómo la carga eléctrica aumentaba en mi cuerpo. Un fuerte estruendo me obligó a ver hacia el almacén, cuya puerta frontal estaba abierta de par en par para que luego el pelimalva, ahora con un tono de cabello mucho más oscuro, apareciera poco después.
– ¡Kaminari! – apoyándose de la entrada, siendo esta mi señal para ir en su dirección.
Logré esquivar un par de rayos más antes de caer de bruces en el suelo del almacén que, comparado con el clima exterior, era una cálida cabaña. Shinso cerró rápidamente la puerta tras de mí, y pese a que intentó disimularlo, pude escucharlo gruñir. Me costaba respirar, pero la tensión de mis músculos desaparecía gradualmente a medida que entraba en calor, y fue entonces que me percaté que, como una bombilla, irradiaba luz.
Él estaba audiblemente agitado, visible gracias a que ahora era una linterna. Apoyado de una de las paredes mientras echaba su cabello hacia atrás, apretaba su hombro izquierdo.
La lluvia arremetía contra el techo y la entrada con brusquedad, al tiempo en que ahora los rayos no se hacían esperar, tronando con furia uno tras otro, como si compitieran por averiguar cuál de los dos sería el primero en reclamarnos como sus víctimas.
– ¿Qué es lo que te ocurre? – queriéndose acercar a mí, y créeme que ahora no había cosa que deseara más
– ¡No te me acerques! – arrastrándome hacia atrás – No sé cuánta energía tengo acumulada en mi cuerpo, y no quiero hacerte daño – tanto se refería Bakugou a mí como batería andante, que terminé convirtiéndome en una. Podía ver los halos de energía recurrir mis brazos y pies, como si de un escáner se tratase.
– ¿Por qué tienes este exceso de energía? – manteniendo la distancia
– No lo sé. – dándome cuenta de que estaba asustado como nunca antes había estado – Tras salir a caminar, de regreso al dormitorio las luces comenzaron a estallar a mi paso y para cuando me di cuenta ya era un pararrayos andante – ¿cómo podría controlar lo que no sabía lo que me sucedía?
– Tenemos que averiguar qué cambió en ese lapso de tiempo – se apoyó contra uno de los estantes a su costado, concentrando su vista en un punto fijo en el suelo. – Necesito que pienses en algo inusual que hayas notado en ti o en tu alrededor en al menos las últimas horas. – Mi mente comenzó a retroceder hasta el momento en que me desperté sin encontrar respuesta aparente.
– La verdad es que no lo sé – ¿Serán esto los efectos de mis sentimientos por él? ¿Qué tan mala suerte puedo tener si esa es la razón? Comenzaba a sentirme ansioso
– Kaminari, saldremos de esta situación. – su voz calmada se escuchó como un arrullo pese al ensordecedor arrebato de la tormenta que azotaba contra el almacén cual contrincante en una disputa. – Sólo concéntrate y piensa detenidamente en las últimas horas – Pese a la poca luz, podía notar como la ropa húmeda, parecía pintada sobre su cuerpo, y cómo una pequeña mancha se extendía en su brazo izquierdo, quizás alguna resina o aceite al estar apoyado en la puerta.
Quise comentarle acerca de la misma, pero uno de los rayos más fuertes que había escuchado hasta ahora me recordó porqué estábamos resguardados aquí en primer lugar.
Cerré mis ojos, intentando recrear las últimas horas, para no encontrar respuesta aparente a mi anormal estado, como si estar a contra reloj no fuera suficiente presión. Mi cuerpo estaba a temperatura ambiente, pero en estas condiciones, de no entrar en calor, Shinso podría experimentar hipotermia.
Sin embargo, pese a mi inestable estado, él seguía imperturbable, concentrado; pensando en alguna solución mientras yo era un manojo de nervios que no tenía ni la más mínima idea de qué ocurría con su don.
Y entonces recordé que fue tras pensar en el en el parque que, como en otras ocasiones, mi cuerpo sentía una ola de energía cada vez que pensaba en él. Me levanté súbitamente ante aquella conclusión y, pese a ser la posible causa, mi estómago se revolvió ante la idea de tener que mantener al margen mis sentimientos por mi propia seguridad; por su seguridad.
– Shinso… – mi mano se levantó involuntariamente a su dirección, y en cuanto me di cuenta de lo perjudicial que era, la contraje a mi cuerpo, reavivando la ya bastante alta carga energética.
– ¿Qué es ese ruido? – volteándose hasta quedar de frente al estante del que estaba recostado. Al abrirlo, pude ver que sacaba una caja de la cual era posible escuchar un ruido con el que estaba muy familiarizado: estática. – Al parecer uno de los walkie talkie permaneció encendido.
– ¡Eso es! – dije al darme cuenta de la causa – Debido a cierta situación, generé una carga estática en la cámara de Mineta y, como había ocurrido en otras ocasiones, supuse que, tras una reversión del efecto, se arreglaría, pero no fue así. – Él me miraba con sus profundos ojos color malva
– ¿Por cuánto tiempo estuvo así?
– Estuvo así durante toda la noche, pero para cuando me desperté el software aún seguía actualizándose, aún en la tarde, poco antes de que saliera a caminar, cosa que nunca había ocurrido antes… – por alguna razón, la voz gutural de Mineta cuando fui a su habitación resonó en mi cabeza
– Algunos objetos cuando entran en contacto con la estática, crean una energía cinética que puede gradualmente convertirse en potencial, aumentando su intensidad, causando en algunos casos, interferencias con otros dispositivos, o en su defecto, aumentar exponencialmente su carga estática. – Tras devolver la caja con los dispositivos, siguió indagando entre los demás compartimientos – De alguna forma tu cuerpo debió servir como polo magnético que, tras salir a caminar, produjo energía cinética que aumentó la estática en ti... – Otro rayo nos trajo a la realidad en la que estábamos, interrumpiéndolo en el proceso
– ¿Cómo sabes todo esto? – poco o nada había entendido de su explicación, pero me liberó de mis hombros la tristeza de alejarme de él
– Para el examen del curso de héroes, le pedí a Hatsume, del curso de clases específicas, que me hiciera una máscara para modular mi voz – seguía revolviendo los estantes, sacando varios objetos al azar –, y entre las pruebas que estuvimos haciendo con distintos materiales, investigamos acerca de aquellos que repelieran la estática para evitar interferencias mientras hablara al usarla. – Y terminada su explicación, me lanzó una cinta aislante – Cubre tus zapatos con eso, hasta hacer una capa lo suficientemente gruesa.
– De acuerdo, pero, ¿por qué? – haciendo como me indicó, mientras sentía como la temperatura de mi cuerpo aumentaba. Lo que me faltaba, la fiebre como los primeros síntomas de una gripa
– Mientras estés en movimiento, tu cuerpo seguirá produciendo energía cinética – comenzó a cubrir un impermeable con varias capas de cinta. – Debemos ir a los generadores de energía detrás del taller de clases específicas para que te desprendas del exceso de energía que posees. – Su voz se escuchaba trémula – No estoy seguro si funcionará, pero no puedes permanecer más tiempo en ese estado
– Espera, si caminar produce la energía cinética, ¿eso no aumentaría la carga eléctrica de mi cuerpo? – pese a la incansable lluvia en el exterior, pude escuchar la pesadez con la que exhaló mientras se giraba hacia mí
– Si no hacemos algo para disminuir lo antes posible la electricidad que estás produciendo aun sin moverte… – sus manos se convirtieron en puños – …podrías permanecer en un estado de corriente continua que podría consumir toda tu energía vital… – las últimas palabras que pronunció entumecieron mis músculos; el aumento de la temperatura era producto de la energía que mi cuerpo estaba acumulando. Mis manos comenzaron a temblar. – Pero yo no voy a permitir que eso ocurra – lanzando a un lado el tubo donde estaba envuelta la cinta negra que ahora recubría el impermeable que lanzó en mi dirección. – Colócatelo y en cuanto estés listo, saldremos hacia el generador de energía. – Estaba viendo hacia fuera, de pie en la fina rendija de la puerta que permitía mirar al exterior, apretando su brazo izquierdo contra su cuerpo. Al principio pensé que era producto al frío, hasta que me percaté de que la mancha en la manga de su brazo se había expandido, hasta gotear a su pulgar y chocar en el suelo en pequeñas gotas color rojo; era sangre. Mi respiración se cortó al darme cuenta de que estaba herido. Por mi culpa, estaba en ese estado y yo no podía hacer nada más que colocarme el impermeable que cubrió aún con su brazo lastimado.
– Estoy listo – dije más nervioso de lo que intenté disimular luego de haberme acomodado torpemente la única esperanza aislante a la que me aferraba como último recurso.
Su esfuerzo no sería en vano.
El nombre del padre de Shinso, Kyo, es por uno de los personajes de "Fruits Basket". Me gustó mucho.
Dato #65
Para este capítulo busqué información acerca de cómo funciona la Energía Cinética y la Energía Potencial, para fundamentar mi explicación y considero que el resultado es bastante bueno.
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