Todoroki

Me apresuré lo más rápido que pude de camino a la habitación del más callado de la clase. Al llegar allí, me encontré con un Koda muy agitado con una tortuga en sus manos y un conejo flotante pocos pasos a su derecha, hasta que me percaté de que estaba en compañía de Hagakure.
– Todoroki, aún no encontramos a la tarántula – comunicó
– Tampoco veo a mi serpiente – ¿es posible tener ese tipo de animales aquí? Y entonces sentí que algo se enroscaba en mi pierna
– Creo que ya sé dónde está – señalando a mi pierna. – Se acercó a mí mientras tomaba la tortuga en mis manos. Tomó el otro reptil y lo colocó en su jaula.
– ¡Encontré la tarántula! – anunció la chica y Koda se dirigió hacia ella.
– Debemos ir al área co…– mi voz fue opacada por el sonido de un trueno y el subsecuente rugido de la única criatura capaz de perder el control en esta oscuridad.

Salí disparado de la habitación, sólo para que, en mi camino hacia el segundo piso, tropezara justo sobre mi brazo izquierdo. Aún tenía movilidad en mi hombro, pero estaba seguro que mi muñeca estaba lastimada. El solo ademán de crear una minúscula llama me provocó un dolor agudo que recorrió todo mi cuerpo. Qué situación más inconveniente para torcerme la muñeca y entonces recordé que, si Tokoyami había perdido el control de Dark Shadow, Katsuki podría estar… Me repuse lo más rápido que pude, solo para encontrarme sumergido en una profunda oscuridad, mientras la lluvia en el exterior arremetía con furia contra las ventanas, mientras la silueta de Midoriya era apenas reconocible por los fugaces relámpagos que iluminaban el pasillo.

Mi cabeza daba vueltas y me costaba pensar con claridad. Me sentía agitado, y el dolor en mi mano no hizo más que empeorar mi estado, sumado a que la idea de que los villanos estuvieran involucrados en este incidente me llevaba a pensar lo peor. Comenzaba a sentirme ansioso, pues la idea de que Katsuki estuviera herido o peor aún, en las manos de los villanos otra vez, me aturdió aún más.

– ¡Todoroki! – la voz de Midoriya se escuchó con dificultad, pero fue lo suficientemente fuerte como para traerme a tierra otra vez, sumado al caos que Dark Shadow hacía a su paso. Debía actuar rápido, pues de lo contrario, los daños serían mayores.

Acercándome a la figura con la que el peliverde se batía como podía, provocó espasmos en mi cuerpo. Sabía que debía crear una fuente de luz lo más rápido posible, pero mientras mi mano se acalambraba producto de la hinchazón, pensaba en alguna alternativa mirando desesperadamente alrededor. Sin embargo, Katsuki era lo único que estaba en mi cabeza. Mientras no supiera su estado, no pensaría con claridad.

– ¡Tokoyami, vamos a ayudarte! – Shoji, vociferó desde el otro lado del pasillo. Entonces, la voz del referido al fin se hizo paso entre los rugidos de su don
– ¡Lo sé, ustedes son mis amigos! – y entonces entendí que, en la misma situación, Katsuki priorizaría la emergencia delante de sus ojos, pues priorizar a una persona en peligro sobre otra sería algo que nunca haría.

El dolor en mi mano comenzaba a repercutir en otras partes de mi cuerpo, el cual sentía hirviendo en fiebre y mi cabeza latía con fuerza, pero no me apartaría de ellos hasta ayudarlos. Debía crear fuego a como dé lugar, sin embargo, en un espacio cerrado como este, si no tenía la precaución suficiente, podría crear un incendio.

– ¡Shoji, necesito que me lances algo inflamable! – vociferé desde el otro extremo, pero debía acercarme un poco más. Usé como soporte una columna de hielo para lanzarme lo más alto posible hacia un pequeño hueco entre el techo y la pared.

La oscuridad tampoco ayudaba, sumado a que, con cada estruendo, Dark Shadow parecía cobrar más fuerza, haciendo que el ruido lo alterara aún más. Mientras Midoriya luchaba contra él lo mejor que podía, estand visiblemente agotado.

En un momento, una de las garras azabache, rompió una de las ventanas, haciendo que cayera una cascada de cristales y que, en cuyo asedio, le dio oportunidad para suplir de un fuerte golpe en el vientre a Midoriya. Si no creaba una fuente de luz rápido, habría más heridos. Sin embargo, con la tenacidad que lo caracteriza, se abalanzó hacia la sombra sin titubear; podía escuchar sus quejidos de dolor. Sé que a como dé lugar, él se llevaría al límite con tal de mantener a salvo a quien lo necesitara, y yo no podía hacer menos que eso.

Pese al dolor, de alguna manera logré hacerme paso entre la abertura que el peliverde creó para ambos, logrando acercarme a Shoji, que se desprendía del abrigo que llevaba puesto mientras concentraba mi energía en mi ahora palpitante mano izquierda. Y en un momento, sin previo aviso, la sombra nos tomó de los tobillos arremetiéndonos a extremos opuestos del pasillo con toda su furia, haciendo que todo el peso de mi cuerpo recayera sobre mi ya herido brazo izquierdo, terminando de dislocarme el hombro.

Ahogué un grito de dolor mientras intentaba ponerme en pie, solo para darme cuenta de que ya no sostenía el pedazo de tela para usar como antorcha.

El ruido de la tormenta; la brisa helada y húmeda haciéndose paso a través de la ventana; los alaridos de la bestia que intentábamos contener junto a los sucesivos truenos en el exterior se escuchaban como tambores mi cabeza; mi brazo izquierdo apenas funcional y la ansiedad en mi pecho no hizo más que aumentar en cuanto me percaté de que nuestra única alternativa yacía sobre un charco de agua a pocos metros de mí.

No podía dejar que otro imprevisto y mi ansiedad se apoderara de mí. Me levanté haciendo uso de toda la fuerza de la que disponía y activé mi lado izquierdo. Una hilera de fuego se dirigió hacia Tokoyami quien rápidamente volvió a tener el control de su don.

Caí al suelo, sintiendo mi cuerpo arder por la fiebre. Sentía escalofríos recorrer todo mi cuerpo, al tiempo en que mis llamas se apagaban, pero una fuente de luz rojiza era visible poco antes del final del pasillo. Midoriya rápidamente se encargó de extinguir el fuego con el abrigo goteante de Shoji, mientras me percaté de que la llama que mantenía a Dark Shadow al margen, era el abrigo preferido de Midoriya, una edición especial con el diseño del traje de All Might.
– ¿Estás bien? – tomándome del hombro – ¡Todoroki, tu mano!
– Sí… – quedando en evidencia mi agotamiento – Ve al área común – incorporándome con dificultad, sintiendo como si mi cuerpo se quebrara en cada movimiento
– ¡Claro que no lo estás! – intentando detenerme
– Debo buscar a Katsuki – le dije sintiendo mi voz agitada, ignorando si el par de chicos al otro extremo me había escuchado nombrar al rubio con su primer nombre. Estaba adolorido y agitado, pero no estaría tranquilo hasta saber cómo estaba, y creo que eso fue lo que mi amigo vio en mis ojos, pues no se atrevió a contradecirme.
– Te acompañaré – colocando mi brazo derecho sobre su cuello – ¡Chicos adelántense al área común! – comunicó antes de dirigirnos al segundo piso.
– ¿Crees que la liga…?
– Espero que no – respondió, adivinando el resto de mi pregunta. – Pero no permitiré que nos hagan daño de nuevo – aseguró, mientras sentía las gotas de sudor por la fiebre correr por mi cuerpo.

El pasillo estaba sumergido en una profunda oscuridad, sin embargo, era posible escuchar y sentir a nuestros pies el sonido del vidrio quebrarse a nuestro paso, para que la siguiente imagen, visible por unos breves segundos, fuera el cuerpo cubierto de cortes de Katsuki, recostado del muro, inmóvil. Sentí mi corazón batirse con fuerza en mi pecho, mientras el dolor en mi brazo izquierdo se hizo inexistente al tiempo en que me acercaba lo más rápido posible a él. El aire que inhalaba no parecía suficiente mientras aterrado tomaba su rostro
– ¡Kacchan! – estaba en el otro lado, agitándolo, al tiempo que de su garganta salía un sonido gutural
– ¡Katsuki! – al escuchar mi voz, abrió los ojos lentamente
– ¿Dónde… ? – al mirar hacia mí, dejó escapar un suspiro, para luego fruncir el ceño al percatarse que a su costado izquierdo se encontraba Midoriya – ¡Aléjate, maldito Nerd! – le gritó, confirmándonos que solo estuvo inconsciente
– Debemos irnos al…
– ¡Cállate, maldito Deku! – intentando incorporarse, solo para caer poco después, mientras dejaba escapar un quejido de dolor. Mirando con más detenimiento su postura, entre los breves destellos de luz exterior, pude notar que uno de sus pies tenía una posición antinatural.
– ¡Déjame ayudarte! – Era raro ver a Midoriya alterado, pero en esta situación, era más que entendible.
– Midoriya tiene razón – llevando mi mano a mi frente, para sentir como mi cuerpo se estremeció por el frío de la ventana.
– Tú tampoco estás mejor que yo – su mano se sentía helada en mi cuello
– Deku, ve por ayuda. Yo me quedaré con él – sintiendo cómo me cubría con su abrigo. Aunque quisiera, no podría ayudarnos a ambos.
–Vendré enseguida – desapareciendo poco después.
– Cuando ese idiota se dé cuenta de sus heridas, será él quien necesite ayuda – recostándome en su pecho. Su respiración era agitada, y pese a que tenía alta tolerancia al dolor, era innegable que su pie le estaba causando esta arritmia. No estoy seguro si sus manos temblaban por el frío, los rayos en el exterior, o ambas, pero no dudé en entrelazar las mías con las de él.
– No debí separarme de ti – mi temperatura corporal era inestable
– No es tu culpa – llevando su mano a mi cabeza. – Pero lo que sea que haya pasado, no creo que sea una simple casualidad. – Y tenía razón. U.A. construyó los dormitorios para mantenernos seguros, y una simple tormenta eléctrica no podría causar tantos daños.
– Tu pie… – mirando como una mancha carmesí oscurecía su pantalón
– ¿Estás temblando por la fiebre y sólo te preocupas por mí? – acercándome más a él
– El plan resultó mejor de lo que esperaba – sus palabras eran comprensibles, pero su voz se escuchaba distorsionada. Me separé de Katsuki para tener una mejor vista del hablante. – ¿Quién iba a pensar que una cámara de vídeo causaría tanto alboroto? – Mineta, a un costado del pasillo, no se había percatado de nuestra presencia.
– ¿De qué estás hablando, uva mutante? – y vaya que su mueca al vernos nos confirmó que, esa no era su intención. Sus ojos brillaban con un verde iridiscente mientras se acercaba a nosotros con una sonrisa torcida.
– ¡Qué románticos se ven acurrucados! – a pocos pasos de nosotros, pudimos ver que tenía en sus manos el dispositivo al que hacía alusión. Sin embargo, quien estuviera frente a nosotros, no era nuestro compañero de clases.
– ¡¿A qué te refieres con "el plan", maldita uva?! – el rubio a mi lado estaba alterado y no era para menos, pues en cuanto se acercó a nosotros, pudimos sentir que el aura que emanaba no parecía ser humana.
– Ya que tanto quieren saber, les diré. Yo fui quien planeó esta falla eléctrica y vaya que esta tormenta me ayudó a justificarla – su discurso fue interrumpido por un rayo a sus espaldas, y yo deseaba que lo que presenciaba fueran alucinaciones causadas por la fiebre.
– ¿De qué estás hablando, Mineta? – intentando no perder el conocimiento
– A su momento lo sabrán, pero yo en su lugar procuraría mantener este secreto entre nosotros – apoyándose en el pie herido de Katsuki – si no quieren que el resto sepa lo de ustedes dos. – Sentí como si una daga se clavara en mi pecho – ¿Se imaginan cómo reaccionaría el héroe número uno si supiera las preferencias de su hijo? – apoyándose aún más
– ¡Detente! – grité, haciendo que al fin lo dejara en paz – ¿Por qué estás haciendo esto?
– Porque estoy harto de que me subestimen – sus ojos brillaban con aún más intensidad, pero se desvanecieron en cuanto escuchó la voz de Midoriya – Si saben lo que les conviene, no dirán nada – poco después aparecieron Uraraka, Iida y Oijiro.
– ¿Mineta? – miró con extrañeza el peliverde
– Quise asegurarme de que estuvieran bien – volviendo a su habitual estado, haciendo que se me revolviera el estómago.

Midoriya y Uraraka me ayudaron a descender al área común, al tiempo en que Katsuki se apoyaba en Iida y Oijiro. Tras llegar al área común, fue Yaoyorozu quien me realizó los primeros auxilios con ayuda de Tsuchan.

Quisiera culpar a mi deplorable estado del malestar que sentía, pero esa no era más que una excusa para no admitir que uno de nuestros compañeros, era el traidor.

Pocos minutos después el sedante comenzaba a surtir efecto y yo deseaba que todo esto fuera una pesadilla.


¡Cuánto drama!

Dato #66

Me gusta pensar en Mineta como el medio para un fin.

...

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