Kaminari

Estábamos en pleno apogeo de la tormenta, dirigiéndonos al generador de energía. Como Shinso había pensado, la cinta aislante, en efecto, había logrado que no fuera el objetivo principal de gran parte de los rayos, pero esta vez, mi avance era delimitado producto de las altas temperaturas que estaba generando mi cuerpo, al tiempo en que parecía un farol andante, que para bien o para mal, nos permitió avanzar en la tormentosa noche.
– ¡Resiste, estamos a medio camino! – y quería creerle, mi cuerpo estaba más allá de tolerar otra sobrecarga de energía.

A nuestro paso, varios árboles fueron el blanco de los rayos que yo esquivaba lo mejor que podía, pero mentiría si dijera que no preferí que fueran ellos y no alguno de nosotros dos. Sin embargo, pese a mis intentos, poco antes de llegar a la barandilla que delimitaba la estructura de metal que se encargaba de regular la energía del campus, un rayo impactó contra mí inclementemente, produciéndome dolorosos calambres.
– ¡Kaminari! – gritó mientras el chaleco improvisado caía a mis costados
– ¡Estoy bien! – intentando decir mi mejor mentira, mientras sentía mis músculos arder.
– ¡Tienes que hacerlo de acuerdo a lo que te indiqué! – Apenas podía escucharlo sobre los estruendos y el helado torrencial que espesaba el aire.

Poco antes de salir del almacén, Shinso me explicó que debía hacer conexión a tierra próximo a uno de los generadores de energía para desprenderme del exceso de carga que estaba consumiendo mi fuerza vital. Esto permitiría que, en el peor de los casos, la electricidad fuera absorbida por este sin causar mayores daños, o eso esperamos.

Me dirigí a la barandilla que salió disparada a mi tacto, ignorando que podía sentir cómo la carga eléctrica tensaba cada vez más mis músculos. El dolor era tan insoportable que pensé que en cualquier momento me desplomaría inconsciente.
– ¡Kaminari, resiste! – de nuevo, su voz me recordó que no podía hacer que su esfuerzo fuera en vano

Pese a mi borrosa vista, de alguna forma conseguí acercarme lo suficiente a la fría estructura de metal, aferrándome a ella, mientras buscaba el soporte de tierra, diseñada para mitigar la carga eléctrica de la que disponía de sobra. En un último esfuerzo, abrí mis ojos como si mi vida dependiera de ello (porque, de hecho, era así), y divisé una especie de poste amarillo brillante. Sin estar seguro de lo que hacía, coloqué mis manos sobre él y poco después fue rodeado por una intensa luz cegadora que me hizo pensar que me encontraba en el más allá, pues tampoco era capaz de escuchar la lluvia que durante esos breves segundos fue inaudible.

La luz poco a poco se fue apagando, y yo ya no parecía una luciérnaga en plena noche de verano, sin embargo, mis pies comenzaron a fallarme, pero lejos de sentir el golpe del suelo, unos brazos me sostuvieron.
– Te tengo – su voz se escuchaba melodiosa pese a la ventisca. La lluvia comenzaba a mermar y el clima en general parecía apaciguarse, pese a que algunos relámpagos aún eran visibles.
– ¡Shinso! – separándome bruscamente de él, temiendo que aún conservara residuos de estática o de cualquier cosa que pudiera electrocutarlo.
– Por lo que puedo apreciar, ya estás mucho mejor – mostrándome una sonrisa, visible gracias a la luz de la luna que destacaba entre toda esta penumbra. Podía sentir cómo mi cuerpo volvía a su temperatura habitual mientras recuperaba mis fuerzas. – Debemos irnos a los dormitorios – dijo jadeante. Fue entonces cuando mis ojos reposaron en su cuerpo, percatándome de que aferraba su brazo a su torso como si temiera que fuera a desprenderse, viendo cómo gotas de sangre se mezclaban con el charco de agua a sus pies.
– Tu brazo… – acercándome a él. Una vez de frente, la vista de su cabello pegado a su rostro era inusual; la sombra producida por la luna destacaba su fornida musculatura, y pese a la insólita situación por la que habíamos pasado, esos detalles lo hacían ver mucho más… atractivo.

Sé que esta sería la última situación en la que debería estar pesando en eso, pero antes de todo este caos, no podía pensar en nadie más que no fuera él, y no quería que fuera de otra manera. Si no liberaba todo con lo que mi mente estaba lidiando en ese instante, no sería capaz de llegar cuerdo al dormitorio.
– Shinso, ¿por qué te arriesgaste tanto por mí? – colocando mi mano en su hombro, sin estar seguro de si lo hice porque quería sentirlo aún más cerca de mí o fue para no perder el equilibrio. Me contempló por unos segundos para luego dejar escapar un suspiro.
– Porque eres importante para mí, Kaminari – dijo sin apartar por un segundo sus ojos, mientras echaba su cabello hacia atrás, despejando sus ojos morados. – Y lo haría las veces que fuera necesario con tal de que estés a salvo. – Pensé que mi corazón saldría de mi pecho por lo rápido que estaba latiendo, al punto en que creí que quizás, debido al cambio brusco de temperatura que experimentaba en esos instantes, que aún quedaban residuos eléctricos en mi cuerpo. La tormenta ahora no era más que una simple llovizna y el tiempo pareció detenerse mientras mi corazón solo gritaba el nombre del chico que tenía justo delante de mí, a escasos centímetros de distancia.

Fui presa de mis impulsos y antes de darme cuenta, mis labios ya reposaban sobre los suyos. Me alejé en cuanto me di cuenta de lo que había hecho, solo para encontrarme con una efímera impresión que luego se transformó en una pícara sonrisa en su rostro, que estoy seguro fue consecuencia de mi invisible pero presumible ruborización, pero no me importaba. Quería volver a sentir esos labios, que pese a estar fríos al tacto producto de la lluvia, me hicieron sentir seguro.
– Definitivamente soy gay – sintiendo mi respiración más agitada de lo que esperaba
– Me alegra saberlo – para que esta vez fuera él quien uniera nuestros labios.

No había besado a nadie antes, pero como si de inercia se tratara, mis manos se acomodaron en su cuello como si ese siempre hubiera sido su lugar, intentando desesperadamente aferrarse a él, mientras las gotas de lluvia no eran obstáculo para el movimiento oscilatorio que hacíamos intentando no separar nuestras bocas. Poco después, pude sentir el agarre de su mano derecha en mi cintura, y cómo producto del frenesí, nuestra respiración escaseaba en cada choque de nuestras narices. Nunca habría sabido lo adictiva que sería la humedad de su boca, hasta que, en cada roce, sentía la creciente necesidad de querer más de él y no apartarlo de mí, jamás.

Quizás mi desesperación estuvo presente por más tiempo del que pude darme cuenta. El miedo a lo que los demás pudieran pensar, en especial Mineta, me cohibió de demostrar cuan preciado era Shinso para mí, pero ya no permitiría que eso fuera obstáculo.

Luego de lo que me parecieron minúsculos segundos, nos separamos jadeantes y, en ese instante en que nuestros ojos estaban fijos en el otro, parecía que solo existíamos nosotros dos.
– Debí hacerlo antes – aún aferrado a él.
– Ya lo creo – mostrando una amigable sonrisa que luego repliqué. Sin embargo, fuimos interrumpidos por un carraspeo a poca distancia de nosotros.

Poco después fuimos asediados por lo que parecieron al menos un centenar de linternas para que, de entre las copias del Prof. Ectoplasm, los ojos rojos del único profesor capaz de causar un pavor igual o mayor al de cualquier villano, se posicionaran en nuestra dirección. Antes de poder emitir cualquier sonido, fuimos atrapados por su arma de combate y solo el quejido de Shinso lo hizo detenerse.
– Ustedes dos tienen mucho qué explicar. – Su voz se escuchaba contenida, pero su enojo era casi palpable.

Como presidiarios, fuimos llevados a la enfermería, iluminada apenas con los generadores emergencia, los únicos que resistieron la tormenta eléctrica porque se encontraban bajo tierra. Salvo por algunos rasguños y la comprensible fatiga que experimenté, estaba en buen estado. Aunque, pese a los cuidados de Recovery Girl, Shinso debía llevar un yeso en su brazo izquierdo por al menos una semana.

Tras suministrar un calmante, ambos estuvimos a solas en dos camas contiguas en la seca y cálida enfermería. Nunca pensé que estaría tan feliz de estar en un lugar con fármacos como aromatizante. Y fue justo este silencio lo que me llevó a retroceder el tiempo a cuando nos estábamos be… la sola idea de que estuve en una situación semejante con Shinso, bajo la lluvia, me parecía irreal y podría jurar que, a juzgar por la aceleración de mis latidos, estaba rojo como un tomate. Ahora que lo pienso, ¿nos habrán visto o esperaron para no interrumpirnos?
– ¡Denki!
– ¡¿Qué?! – extrañándome que pronunciara mi primer nombre
– ¿Estás bien? Tengo al menos cinco minutos llamándote – apoyándose en su brazo saludable
– Mira quien habla – recostándome del espaldar de la cama – Tu eres quien tiene un yeso
– Esto sanará en menor tiempo del que crees – no estoy seguro, pero cuando desvió su cara para disimular una sonrisa, creo haber visto sus mejillas ligeramente ruborizadas
– ¿Por qué estás tan rojo? ¿Tienes fiebre?
– No estoy así por la fiebre… – dijo tímidamente, y entonces recordé lo que pasó minutos atrás. Pero, así como el recuerdo de la vívida sensación de sus labios en contacto con los míos seguro me puso en una situación no muy diferente a la suya, decidí que no habría obstáculos. Era ahora, o nunca.
– Shinso – juro que estaba punto de desmayarme por los nervios – Me gustas… Aunque creo que eso quedó bastante obvio cuando nos… es–estuvimos junto al generador de energía.
– Como te habrás dado cuenta, el sentimiento es mutuo – mostrándome una amplia sonrisa – Digo, estaba dispuesto a recibir un rayo por ti – quería alegrarme, pero un nombre aún rondaba mi cabeza
– Monoma…
– La noche tras jugar a las escondidas, cuando estuvimos en el sofá… – me interrumpió. – Y me preguntaste quién me gustaba, Kaminari, era a ti a quien me refería. Tú eres quien me gusta. – Una descarga recorrió todo mi cuerpo, pero esta vez no sentía miedo, estaba feliz. – Por cierto, hay algo más… – su voz se hizo mucho más grave, casi en un susurro – Ante cualquier pregunta, no le comentes a nadie acerca de la cámara de vídeo, ¿entiendes?
– Bien pero, ¿por qué? – y luego pensé un poco más en su petición – No, no puede…
– No tenemos pruebas para culparlo, pero tampoco ninguna evidencia que lo libere de sospecha – sentenció – Debemos ser cautelosos con esta información, ¿de cuerdo? – Asentí, deseando que esto no pasara de ser una mera sospecha, sin embargo, fuimos interrumpidos por el fuerte azote de un muy, MUY, enojado Prof. Aizawa. – Cambiando de tema, ¿podrías electrocutarme hasta dejarme en coma? – se veía desesperado
– No hay nada que pueda liberarlos del castigo que les corresponde. – El aire era denso a su alrededor, y sus ojos se sentían como navajas. – Kaminari, danos espacio. – Y como ya no quería empeorar aún más mi situación, abandoné el cuarto sintiendo la mirada de auxilio de Shinso a mis espaldas.

Una vez en el pasillo, el subsecuente azote de la puerta, me hizo cuestionarme si tras la "charla" que de seguro iban a tener, su brazo izquierdo sería la única herida que tendría una vez terminaran.

Me sentía ansioso en medio del pasillo e, incluso así, la combinación de "heridos" y "dormitorio" pusieron mis sentidos alerta, acercándome a su origen. Una vez allí, escondido para que no me notase, pude identificar la voz de Midnight que conversaba con Recovery Girl. Al parecer, el apagón causó estragos en el dormitorio, resultando gravemente heridos Bakugou, Todoroki, Shoji, Midoriya y Tokoyami, debido a que éste último perdió el control de su don. Sin embargo, no solo nuestro dormitorio, sino el resto, habían también sido afectados por el incidente, cuando, durante lo que supongo fue mi descarga de energía, las bombillas explotaron debido a la sobrecarga, causando laceraciones menores en el resto de los estudiantes.

Sobre mis hombros se posó una pesada culpa debido a que, directa o indirectamente, fui quien provocó el apagón. Solo deseaba cerrar mis ojos y despertar de esta pesadilla, en la que una de las personas a las que considero mi amigo, no sea el principal detonante de tan caótica noche.

Shinso

De no haber sido porque estuve muy cerca de experimentar una potencial muerte debido al impacto de algún rayo, diría que enfrentaba al mayor de los peligros existentes, y tal vez no estaba del todo equivocado.

Mi tutor, resoplaba de pie, a un costado de mi cama.
– Tienes menos de un mes, ¡UN MES! Y ya te involucraste en un incidente – llevando su mano a la sien
– Supongo que no quería estar en desventaja con el resto de mis compañeros – mi recurso para liberar la tensión, que era casi palpable en aquel cuarto blanco, se convirtió en mi sentencia de muerte cuando el hombre que emanaba un aura tan oscura como su ropa, gruñó con fuerza
– Si ese es tu mejor argumento, una suspensión es justo lo que necesitas – tomándome del cuello de mi suéter.

Pese a mi trivialidad, realmente necesitaba seleccionar las palabras correctas, con suma cautela, pues lo que implicaba acusar a uno de los estudiantes del curso de héroes como presunto perpetuador de tal catástrofe, no sería algo fácil de digerir.
– De hecho, tengo una hipótesis sobre la causa del apagón… – Mirándolo fijamente a los ojos, deseando que entendiera las señales. Si resulta ser cierto que fue capaz de causar semejante caos, no podía asegurar que no contara con algún cómplice.
– Vayamos a caminar – ayudándome a incorporarme. Salimos sin ser percibidos (o eso espero) de la enfermería, próximo al armario de limpieza, en un punto ciego. Gracias a los cuidados de Recovery Girl mi brazo estaba mucho mejor, pero la movilidad estaba limitada, sin embargo, podía sentir la presión de mis músculos contra el rígido yeso.
– Cuando investigaba para mi máscara, leí bastante acerca de la estática para evitar que ésta interfiriera mientras la usaba... – ¿De verdad iba a culpar a Mineta? Nuestra relación no ha sido la mejor, pero las sospechas solo apuntaban a él. – Kaminari estuvo en contacto con una cámara de vídeo que es probable que haya aumentado la carga eléctrica de su cuerpo, generándola en grandes cantidades… – continué. Su rosto era ilegible, y no era para menos, pues eso no solo explicaría las varias emboscadas realizadas por la Liga de los Villanos, sino que también daba pie a que podría haber más de un infiltrado.
– Por esta noche, Kaminari y tú permanecerán aquí… – suspiró. Parecía querer decir algo más, pero solo se alejó poco después.

Kaminari yacía en la cama a mi lado profundamente dormido, y claro que lo estaría después de quedarse, literalmente, sin energía. Yo en cambio, solo fui capaz de dormir gracias a los sedantes.

Mientras estábamos en este aparente estado de ignorancia, no podía descartar la idea de que, con cada minuto que pasaba, el caos se materializaba en las sombras.


¡Por fin! ¡Amé escribir este capítulo!

Dato #67

Para este capítulo estuve pensando por mucho tiempo cuál de los dos debía narrar, y como a lo largo de la historia están sobreentendidos los sentimientos de Shinso, quise que fuera Kaminari que esta vez los expresara.

Dato #68

Para este capítulo me inspiré en "Treacherous" (sí, otra canción de Taylor :P) Y con ella se resume lo que sienten el uno por el otro, además que es una de mis favoritas.

"Your name has echoed through my mind
And I just think you should,
Think you should know,
That nothing save it's worth the drive,
And I would follow you home,
Follow you home... "

...

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