Bakugou

Como si la noche no estuviera lo suficientemente jodida, las malditas bombillas irónicamente, explotaron por el exceso de energía, creando un espectáculo de cristales que aumentaron la cantidad de heridos, y todo por ese idiota, que campantemente me miraba con superioridad desde las sombras y, si bien que se supiera mi cercanía con Shoto era un tema delicado, no era ni por lejos la desgracia de tener que compartir techo con un psicópata. Sin pruebas, solo alertaríamos a que hiciera su siguiente jugada, pero hacer caso omiso de su confesión tampoco era una opción.

Shoto yacía recostado a pocos metros de mí, presumiblemente dormido tras ser medicado, mientras el resto de los chicos improvisaron futones en el área común.

Me sentía aturdido por la fuerte migraña que se apoderaba de mis sentidos, abrumándome con preguntas que no tenían respuesta: ¿en cuántos otros atentados habría estado involucrado? ¿habría más cómplices en esta misma sala? De ser así, ¿cómo lo sabríamos? ¿cuál sería su siguiente jugada? Odiaba esta sensación de impotencia y frustración que entumecía mi cuerpo, sentía que cada movimiento de mi cuerpo era monitoreado por ojos invisibles e impredecibles.

Sin embargo, debo admitir que, agradecí quedarme dormido tras la medicación esperando, despertar y que esto nunca haya pasado.

El día siguiente, tras las reparaciones correspondientes, estuvimos recluidos en nuestras habitaciones por órdenes de nuestro profesor a cargo mientras se realizaban las investigaciones de lugar, pero yo sentía que iba a volverme loco dentro de esas cuatro paredes. Mi mente divagaba entre las conspiraciones de una maldita uva despechada y la inestabilidad emocional de una de las personas más importantes para mí.

Las clases se reanudaron con normalidad al día siguiente, y aunque aparentemente parecía que todo estaba en calma, se respiraba un ambiente tenso, reflejado en las miradas esquivas de todos. La ausencia del control mental debido a un resfriado no hacía más que ponerme ansioso, aunque considerando los malentendidos que han sostenido antes, me costaba creer que la estúpida uva y él estuvieran aliados, a menos que esa actuación no sea más que una cortina de humo… ¡Detestaba sentirme así de conspiranoico!

No era lo que deseaba, pero estábamos a contrarreloj. Con mi habitual carácter, nadie sospecharía que hiciera que tirara al suelo los libros del bicolor. Si bien su expresión fue inmutable, esperaba que pudiera leer a través de mis ojos mis intenciones.

Y aliviado de que su densidad no fuera obstáculo para descifrar el mensaje subrayado en mi libro de historia, una vez estuve en el almacén para el equipo de entrenamiento, lo llevé hacia adentro procurando que nadie nos escuchara. Se sentía como si hubieran pasado meses desde la última vez que estuvimos juntos a solas, pero lejos de ser una situación confortable, era extremadamente impredecible.

Viéndolo a los ojos, con ojeras cuya causa podría ser desvelo o tristeza, descubrí lo débil que soy cuando estoy con él, pero no era momento para flaquear.
– Debemos hacer algo al respecto. No sabemos de qué más es capaz de hacer esa maldita uva – moderando mi noto de voz, mientras él se aferraba así mismo, como si quisiera mantenerse unido, y fue entonces cuando algo se quebró dentro de mí – Saldremos de esto – sosteniendo su rostro, solo para ver que de sus ojos brotaban dos lágrimas
– Katsuki… – aferrándose a mí – No quiero perderte… – dijo entre sollozos, apoyando su cabeza en mi hombro, al tiempo en que mi respiración se sentía pesada.
– Eso no pasará… – no sabía cuán difícil sería ni mucho menos cuán feliz me haría estar con quien pasó de ser mi rival a alguien que ocupaba mis pensamientos en cada momento, pero de lo que estoy seguro es que no me voy a separar de él mientras lo que sintamos sea mutuo. – Shoto – tenía mi mano a un costado de su rostro, deteniendo el descenso de la lágrima en su mejilla. – Debemos hablar con él… – Rápidamente su respiración se agitó y supe que experimentaba un ataque de ansiedad. – Shoto, estaremos bien. Yo estaré contigo, sin importar el resultado… – tomando su mano y llevándola a mi pecho, como hice aquella vez en su habitación. – Juntos somos más fuertes. – Y poco a poco su respiración se regularizó.

Como él, también me sentía inseguro y expuesto, sintiendo como miles de pensamientos con hipotéticos escenarios cruzaron mi mente una vez nuestra cercanía se supiera, pero era mucho peor estar bajo el yugo de ese idiota.

Sus manos estuvieron sujetadas a la tela de mi espalda por unos cuantos minutos, antes de que se separara para unir nuestras frentes, mientras lo único audible eras nuestras respiraciones y la fría brisa en el exterior.

Para bien, o para mal, su viejo había estado intentado acercarse a él desde hace meses, pero eso no descartaba que su reacción podría quitar o mejorar sus avances, si es que los había. Debíamos actuar con rapidez pues, estar a merced de alguien que era capaz de premeditar un apagón por mero resentimiento, era una situación por no decir más, peligrosa y repugnante. ¡Maldición!

Los dos días antes del fin de semana fueron casi imposibles de tolerar, pero una vez citó a su padre la mañana de ese sábado, supe que no había vuelta atrás y pese al miedo, ambos sabíamos que era lo mejor. A pocos metros del café, sus pies avanzaban torpemente, pero una vez desacomodé el gorro de lana en su cabeza, mostrándole la mejor sonrisa que podía disimular, sus pasos se hicieron más seguros.

El hombre no se había percatado de nuestra presencia, pues tenía la vista fija en el exterior y sus manos sosteniendo una taza humeante. Él mismo había acordado el encuentro en uno de los cafés más exclusivos de la ciudad y, aunque no me gustaban este tipo de lugares presuntuosos, tal vez ayudaría a mitigar cualquier posible alboroto, ya fuera causado por él, o por mí.

Verlo llevar ropa casual no lo hacía lucir tan intimidante pese a la cicatriz que ahora decoraba su rostro y, aun así, la respiración de Shoto era audiblemente fuerte.
– Recuerda que estoy contigo – dije con mi voz calmada, que secretamente sabía que le gustaba, solo para verlo sonrojarse.

Al verme, el tipo hizo un mohín buscando justificar mi presencia, sin embargo, fue interrumpido por una camarera que, luego de un ademán para alejarse, solo nos dejó tres figuras que no podían ser más dispares.
– Escuché que ocurrió un incidente en los dormitorios – sí, justo por eso estamos aquí. – Me pregunto cuándo dejarán pasar incidentes de ese tipo… – de no conocer su trasfondo, diría que su preocupación es genuina.
– Ese no es el tema para el cual te cité – y entonces sus ojos se posaron nuevamente en mí.
– Procede – diría que se escuchaba condescendiente, pero viendo sus facciones entendí que la ecuanimidad es genética
– Últimamente has manifestado tu interés en llevarnos mejor, y eso implica que me conozcas un poco más… – desvió la vista dejando escapar un suspiro – Estos últimos meses en U.A. he logrado compartir con personas a las cuales puedo llamar amigos, mi convicción por ser un héroe profesional es mucho más clara que antes… – su voz se escuchaba distante – pero aún tengo que lidiar con la sombra de tus intenciones de convertirme en el héroe número uno… – podía ver sus músculos tensarse, y en mi intento de reconfortarlo, la voz del mayor de los tres nos obligó a mirarlo
– Y quiero que lo seas – sentí como nunca antes la necesidad de detonar todo el lugar – pero no a costa de tu bienestar – por un momento, su semblante apacible me recordó al bicolor
– Espero que sostengas tus palabras de aquí en adelante – su voz era serena, a diferencia de sus manos, que temblaban nerviosamente bajo la mesa. Entrelacé mis dedos con los de él, y aunque el contacto lo sobresaltó, su mano ahora reposaba tranquilamente sobre la mía.
– Para ser sincero, no sé qué tan posible sea que su hijo sea el número uno mientras yo ocupe ese lugar – su ceño se frunció, e incluso una pequeña flama fue visible por breves segundos – pero estoy seguro que estará feliz, sin importar su posición. – Me giré para descubrir que sus ojos heterocromáticos reposaban en mí – Mientras haya quienes se preocupen por él, estará bien – mi pecho se sentía cálido. Hasta ahora nunca le habíamos dado nombre a la conexión inesperada que no hizo más que afianzarse con el tiempo, convirtiéndose en parte esencial de nuestro diario vivir desde que fue ineludible nuestro mutuo apego.
– Sí, puedo tener una idea por ver quien nos acompaña
– Katsuki es más que un amigo para mí – y esta vez su mano se aseguró a la mía, entrelazando nuestros dedos
– Me alegra que sean tan unidos y que…
– Somos pareja – anuncié fijando mis ojos en el corpulento. Parecía que sus ojos iban a salirse de sus cuencas y yo solo me predisponía para lo peor.
– Imagino que te refieres a…
– A que estamos en una relación. – Y nadie imaginaría que sería capaz de gesticular las palabras que lo sacarían de toda duda. – Somos novios. – No estoy seguro si el sobresalto de Shoto que pude sentir recorrer de mi brazo fue porque era la primera vez que le dábamos nombre a nuestra conexión o por la cara del hombre frente a nosotros.
– ¿Qué…?
– Si quieres que nos llevemos mejor, tienes que aceptar esta parte de mí. Porque estar con él me hace feliz. – y, desde que llegamos, fue la primera vez que lo vi sonreír.
– Definitivamente, esto era lo último que imaginaba cuando pediste verme… – estaba visiblemente incómodo – pero me tomará tiempo procesar esta declaración. – Me gustaría pensar que no me importaba, pero el agarre firme del chico a mi lado me hizo reconsiderar cualquier comentario.
– Estaré con él, lo apruebes o no – sentenció.
– Si eso es todo por hoy, me retiro. – Pronunció el hombre tajantemente, alejándose de nosotros.

Momentos después, Shoto dejó caer su cabeza en mi brazo, con la respiración agitada. Yo me apoyé sobre él, llevando mi mano disponible a su mejilla.
– Te dije que juntos somos más fuertes. – permaneciendo unos minutos más así antes de salir de aquel lugar.

Esa noche, como en las anteriores, habíamos decidido silenciosamente mantener distancia, y no creí que llegaría extrañar tanto el cubo de hielo al que el bicolor llama habitación, pero lo hacía. Deseaba poder dormir abrazado a él, pero ambos sabíamos que esto era lo mejor. Qué ironía, nos hacemos oficialmente pareja y ahora es cuando estamos más separados.

Con los exámenes apenas en la siguiente semana, mi mente no dejaba de divagar con respecto a lo que debería hacer, sin respuesta aparente.


El conflicto interno de nuestro querido explosivo.

Dato #69

Me gustó pensar en la problemática de dar a conocer este tipo de relaciones y la asimilación de estas a los más allegados.

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