Jiro
Nadie nos habría preparado para lo que vimos poco después de que la película había iniciado. ¿Quién pensaría que Bakugou besaría a Todoroki en frente de todos? Por supuesto que la impresión no se hizo esperar, pero mis ojos se fueron directamente hacia la amiga que estupefacta miró la escena para luego irse minutos después, cuando creyó que nadie más lo notó.
Toru Estaba hecha un mar de lágrimas mientras yo deseaba hacer todo lo posible para quitarlas de sus mejillas.
– Momo – intentó acercarse la invisible
– Necesito que me dejen sola, por favor – pidió sin mirarnos, marchándose a paso rápido.
Un nudo se formó en mi garganta y Toru solo se limitó a apretar mi mano mientras nos dirigíamos al área común. Al llegar, los chicos seguían viendo la película como si nada hubiera pasado, o eso parecía. Mis ojos reposaron en nuestros compañeros cuando pretendíamos volver a ocupar nuestro lugar, percatándome de que tanto Mina como Kirishima no estaban presentes. Pese a la aparente tranquilidad, de alguna forma, se sentía como si algo estuviese fuera de lugar.
Quise creer en lo que Toru me dijo aquella vez cuando los espió era mentira, pero en vista de cómo estaban acurrucados Todoroki y Bakugou, confirmé que su beso no fue una alucinación. Tenía miedo de mirar en su dirección con miedo a que quisiera atacarme, pero su expresión era ilegible, como si no estuviera presente, como debía estar mi expresión también.
Terminamos de ver la película, y mientras los demás parecían estar felices con el final, mentiría si dijera que le presté atención. Durante todo ese tiempo solo estuve pensando en Momo y en alguna forma para levantare los ánimos, pero ¿cómo podía darle consuelo a algo con lo que yo también estaba lidiando?
– ¿No vienes? – Preguntó la que se convirtió en mi cómplice mientras contemplaba el vaso de agua frente a mí
– No tengo sueño – mentí
– Dale tiempo y no te sobre esfuerces – sé que no podía ver sus facciones, pero sabía que ella también quisiera tener las palabras indicadas para Momo – Por favor, descansa – pidió apretando mis manos antes de desaparecer por las escaleras.
Terminé de recoger algunas envolturas que estaban esparcidas irregularmente, o más bien, escondidas, y apagué la luz de la cocina. Y, esperando a quedar a oscuras, fue la luz de la luna a través de la ventana que me hizo posible seguir definiendo las formas de los objetos allí.
Me acomodé en el otomano de una de las ventanas, esperando estar lo suficientemente cansada como para no tener más excusas para forzarme a permanecer despierta. Es como si quisiera castigarme por no haberle dicho lo que sabíamos, o más bien, el escarmiento al que me obligaba a estar sometida por mi patética esperanza de que ella tal vez lograría verme con los mismos ojos con los que lo veía a él.
– ¿Jiro? – casi me caigo del asiento cuando escuché la voz de Sero desde el pasillo – Lo siento, no quería asustarte. – Mientras se acercaba, me apresuré a limpiar los rastros de las lágrimas que había derramado. – ¿Estás bien? Pude notar que estuviste distraída durante toda la película, aunque con lo que pasó hoy, no es para menos. – Sentándose a mi lado
– Sí… Estaba pensando en que aún tengo cosas qué empacar – esperando que no leyera la mentira a través de mi ambigua seguridad
– Si necesitas ayuda, solo pídemela – mostrándose tan amigable como siempre
– Sí, lo tendré en cuenta. – dirigiendo mi vista al exterior, aferrándome a mis rodillas como si evitara romperme. Él permaneció en silencio a mi lado, con la vista fija en el exterior.
Mientras inútilmente intentaba evadir lo inevitable, el nudo en la boca de mi estómago parecía agrandarse cada vez que a imagen de Momo llorando venía a mi cabeza.
– ¿Cómo razonas lo que el corazón no entiende? – Pregunté precipitadamente, tomándolo desprevenido para luego arrepentirme inmediatamente de lo que había hecho sin pensar. – ¡No tienes que responder! Debo estar muy cansada. – Intentando alejarme de tan vergonzosa situación
– Yo también me he hecho la misma pregunta – respondió con la voz más monótona que jamás le hubiera escuchado hacer – Supongo que no se trata de razonar, sino de entender que hay cosas que están fuera de nuestro control. – Verlo así de serio era una imagen inusual – Es como si pensaras "Si está bajo mi control, ¿por qué me preocupo? Y si no lo está, ¿por qué me preocupo?" – respondió, al tiempo en que yo estaba agradecida de que no cuestionara el motivo de mi extraña pregunta
– Eres mejor dando consejos de lo que pensé – dije viendo cómo se formaba una tímida sonrisa en su rostro. No estaba segura si esa respuesta era la que esperaba, pero, me hizo sentir mejor.
– Creo que hoy ha sido una noche muy larga – levantándome – Será mejor que al fin vayamos a dormir – imitando mi gesto
– ¿Sabes en qué también soy bueno? – haciendo una pausa – Haciendo panqueques, pero no se lo digas a Bakugou. Los suyos saben mejor. – Susurrando esto último, volviendo a su personalidad habitual.
Nos separamos con un "buenas noches" y una vez en mi habitación, dejé salir las lágrimas de un amor no correspondido, sintiendo más empatía que nunca por quien también lloraba por la misma situación, esperando a que como a mí, esto la ayudara a liberarse de tan pesada carga.
Momo
Tras meditar lo suficiente con respecto a lo sucedido la noche anterior, todo comenzó a tener sentido. No quería admitir que la forma en la que se miraban cuando pensaban que nadie los observaba reflejaba una relación más íntima que de una simple amistad.
Lloré hasta quedarme dormida, sintiendo mi cuerpo pesado por la posición irregular en la que mi cuerpo se encontraba cuando me desperté. Sentía el cuerpo adolorido y pesado. La luz ya entraba por la ventana indicándome que debía estar lista antes de que vinieran por mí, pero lo último que quería era que vieran el deplorable estado en el que estaba.
Tras ducharme, permanecí sentada en la orilla de mi cama, mirando a la nada. Era como si estuviera anestesiada. Esperaba poder quedarme allí hasta que fuera la hora de irme, para minimizar la interacción con alguno de mis compañeros, en especial con…
– Momo, ¿podemos pasar? – la voz era de Toru – Kyoka y yo queremos saber cómo estás. – aún no estaba segura de querer ver a alguien, pero sé que, si no me despedía al menos de ellas, me arrepentiría por el resto de las vacaciones.
Al abrir la puerta, me encontré con un par de chicas visiblemente preocupadas.
– Pasen – invité. Me acomodé en donde estaba mientras Kyoka se sentaba a mi lado y Toru cerraba la puerta tras sí. No me atrevía a mirarlas directamente, me sentía apenada, expuesta y vulnerable.
– ¿Cómo sigues? – Toru se sentó a mi otro costado.
– Me siento mucho mejor ahora. – No me atrevía a mirarlas directamente, sentía que podría quebrarme si lo hacía.
– Sabes que puedes hablar con nosotras si lo necesitas – continuó la invisible, tomando mi mano
– Yaomomo – esta vez era Kyoka quien tomó mi mano libre – Sé que es difícil saber que a quien quieres piensa en alguien más, pero estar feliz por él también es una forma de mostrar afecto – encapsulando mi mano en las suyas.
De repente me sentí egoísta al pensar solo en mis sentimientos sin considerar los de Todoroki. Aún dolía, pero gracias a las palabras de mi querida amiga, comprendí que debía apoyarlo en esta nueva etapa para él.
– Sé de algo que te levantará el ánimo – y minutos después ya estábamos en la cocina.
Mis padres llegarían al medio día, así que para animarme las chicas decidieron prepararme un desayuno especial. Poco a poco, los demás se incorporaban al área común, donde las despedidas ya se hacían escuchar. Nos habíamos vuelto muy cercanos y pese a los inconvenientes que enfrentamos, lejos de flaquear nuestro compañerismo, nos hizo más unidos.
– ¿Ya le diste los buenos días a tu IcyHot? – reconocí la voz de Sero y poco después los gritos de Bakugou
– ¡No es tu maldito asunto! – para luego escuchar una explosión
– ¡Bakugou, Sero, dejen de hacer tanto alboroto! – reprimió nuestro representante de clase.
La mañana parecía transcurrir con normalidad, como si e evento de la noche anterior nunca hubiera ocurrido, hasta que verlo me revolvió el estómago. Su semblante apacible y estoico se iluminó en cuanto se recostó a espaldas del rubio, quien ni se inmutó ante su tacto.
Mis manos comenzaron a temblar y por un momento pensé en echarme a correr, hasta que sentí las manos de Kyoka y Toru tomar las mía.
– Estamos contigo, Momo – me dijo sonriente la peli violeta.
Continuamos preparando los panqueques que eventualmente terminamos haciendo para todos. Estábamos a muy poco de terminar de colocar las frutas y otros acompañamientos sobre el comedor cuando sentí que el aire se espesó repentinamente. Mirando hacia la dirección del origen, me encontré con un Mineta muy enojado. Ahora que lo pienso, no lo había visto en la noche de películas ni el día anterior.
– ¡Ustedes dos no son más que un par de anormales! – estaba muy alterado, gritándoles a Bakugou y Todoroki – ¡Son iguales a ese zombie! – o más bien a todo el que se encontrara, refiriéndose a Shinso de forma despectiva.
– ¡Mineta, ¿qué te ocurre?! – intentó calmar Iida solo para que el referido se alterara más
– ¡No son más que un par de aberraciones! – sentí mi corazón en un hilo al escuchar palabras tan hirientes hacia ellos dos. – Me pregunto qué pensarán los demás si supieran lo que esconden ustedes… – Y entonces fue cuando creí que las amenazas de Bakugou de matar a alguien al fin se harían realidad, hasta que el agarre precavido de la única persona capaz de calmarlo, lo acercó a él para confirmar una vez más que ya no tenían que ocultar lo que sentían el uno por el otro.
Como en cámara lenta, Todoroki, tomó su mano y lo acercó a él para dejar un corto beso en sus labios, que volvió a reanimar los ánimos de todos como la noche anterior, salvo que, en esta ocasión, tras mirar detenidamente cómo se miraban el uno al otro, pude confirmar que lo que sus miradas reflejaban al mirarse fijamente era una profunda y mutua complicidad.
– Qué pena que no seas el primero en darnos la primicia – respondió Shinso, quien estaba recostado en una de las ventanas, al lado de Kaminari. El de menor estatura estaba tan enojado que solo era posible delimitar dos tonos de color sobre él; los de su cabello morado y la de su piel rojiza.
– Se supone que ya deberías estar de regreso con tu equipaje, Mineta – Anunció el Prof. Aizawa, quien estaba visiblemente molesto.
El chico se estaba resoplando, hasta que, a regañadientes, se dirigió a las escaleras apartando a Shoji y Koda que se encontraban al pie de estas. – Mineta estará suspendido por 6 meses y hará servicio comunitario durante ese periodo por romper con el reglamento institucional – Continuó Aizawa, levantando aún más el asombro de los que estábamos ahí y, por supuesto, los murmullos no se hicieron esperar, pero rápidamente nuestro profesor volvió a intervenir. – Espero entiendan que esto es una medida correctiva con el fin de que vuelva a incorporarse a la academia una vez su sanción sea completada. – Concluyó, dirigiéndose a su oficina.
Por supuesto que después de esa intervención los ánimos eran una amalgama de distintas emociones, pero Uraraka fue la primera en intervenir.
– Sé que no esperábamos esto, pero esperemos que todo mejore en nuestro segundo año
– Uraraka tiene razón – continuó Iida
– Quizás solo nos haga falta un descanso de este año tan caótico – continuó Kyoka
– ¡Demos nuestro mejor esfuerzo entonces! – Hagakure siempre nos transmitía su enérgica personalidad
– Como sea, comencemos a comer – concluyó Bakugou, quien tomaba de la mano a su novio. Me tomaría un poco de tiempo acostumbrarme a verlo juntos, pero mientras se vieran tan a gusto el uno con el otro, estaría feliz por ellos.
– ¿Momo?
– Estoy bien – mostrándole una tímida sonrisa. – Vayamos a comer – invité a la pelimalva mientras nos acomodábamos en la mesa.
Cuatro horas después, recibí la notificación de que ya esperaban por mí en la entrada. Sentí mucha melancolía al despedirme de mis compañeros, es increíble cuánto cariño les había tomado en tan solo un año de convivencia. Habíamos crecido tanto juntos y el año siguiente nos traerían más desafíos que cada vez más nos acercarán a nuestra meta de convertirnos en héroes profesionales.
– Yaoyorozu – su voz aún me causaba un sobresalto – ¿Estás bien? Te he visto algo distraída – Si te tomas la molestia de preocuparte por mí, se me hará más difícil sacarte de mi corazón
– Sí, Estoy bien. – Tomando sus manos. – Y estoy feliz por ti y Bakugou. – Sus mejillas se ruborizaron levemente, y la vista fue realmente encantadora. – Te deseo toda la felicidad del mundo junto a él, Todoroki. – Le dije, forzando una sonrisa para reprimir mis lágrimas. Estaba feliz por él, pero me tomaría un tiempo habituarme a esto. – Cuídate mucho, llevando una mano en su mejilla, para que asintiera con un leve movimiento de cabeza.
De camino a mi hogar, volví a llorar, pero esta vez ya no sentía tristeza, sino paz. Mientras él fuera feliz, sé que no tendría nada de qué preocuparme y, considerando que fue capaz de despertar ese tipo de sentimientos en Bakugou, estoy segura que, lejos de ser simplemente correspondidos, son el uno para el otro.
Y siguen apareciendo los corazones rotos.
Dato #76
Me gustó el contraste de reacciones entre Kirishima y Yaomomo.
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