Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.
Explicaciones:
Este Fic, es una reescritura de "El Mago No-Muerto", pero Harry no contará con Zeref, pues él aún está "vivo", por estar el Fic ambientado en el mundo de Fairy Tail, y se seguirá parte de su Canon, así como el Canon de Harry Potter.
Primera Magia: Mugen (Infinito). Entrenadora: Merlín (Nanatsu no Tanzai)
Segunda Magia: Animal Soul: Leopardo. Entrenadora: Lisanna Strauss-Dragneel.
Tercera Magia: Devil Slayer del Cielo.
Capítulo 27.
Snape había odiado a los tres maestros anteriores de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero con Alastor Moody estaba tratando de tener cuidado.
Los alumnos lo veían medir su pulso, lo veían esquivándole la mirada, o buscando alternativas, para llegar a su destino, si es que Moody estaba en un corredor, por el que él había estado pasando.
Y, ahora era el momento de recibir la primera clase de los alumnos que acababan de ingresar al cuarto año, de Defensa Contra las Artes Oscuras.
―Hola a todos, soy Alastor Moody, y seré su maestro en esta materia, para este año. ―Se presentó el hombre, para luego llamar a lista. ―Por favor: devuelvan sus libros al maletín, solo dejen afuera sus varitas, pergaminos, tinteros y plumas. Recibí una carta del profesor Lupin, y están adelantados en el combate contra criaturas mágicas. Conmigo, verán lo que puedan hacerles los magos, a otros. Las maldiciones, varias en forma y gravedad. Según el Ministerio de Magia, yo debería de enseñarles las contramaldiciones y dejarlo en eso. No tendrían que aprender cómo son las... maldiciones... hasta... que estén en.… sexto... ―el hombre se sujetó de la mesa, había perdido el equilibrio, y se sentó, se miró la mano, extrañado. Se aclaró la garganta. ―El profesor Dumbledore y yo, creemos que: Cuanto antes sepan sobre las maldiciones prohibidas por la ley mágica, será mejor. ¿De qué forma pueden defenderse de algo que no han visto nunca? ―comenzó a parpadear, su vista se volvió borrosa por un momento. ― ¿Qué está pasando? ―se preguntó, miró a sus alumnos, y tomó aire lentamente, antes de exhalarlo. ―Un mago tenebroso, que esté a punto de atacarlos con una maldición prohibida, no les va a avisar antes. No es probable que se comporte de forma... caballerosa. Tienen que estar preparados, alerta y vigilantes, ante absolutamente todo. Y.… señorita Brown, guarde eso, por favor ―Lavender se sobresaltó, y sonrojó, le estaba mostrando a Parvati, por debajo del pupitre su horóscopo completo. ―Así que... ¿alguno conoce cuales son las tres maldiciones castigadas en extremo, por la ley mágica?
Ronald levantó su mano. ―Mi padre mencionó una, alguna vez... Imperio... creo.
―Imperius. La maldición que permite el control total, sobre la persona. Solo gracias a una fuerte voluntad, ustedes podrían oponerse ―dijo Moody. ―Imagínenlo: Caminan por la calle, y entonces sienten una sensación de belleza y maravilla, incalculable. No sabrán lo que ha ocurrido, eso es quizás lo más desagradable del Imperius: control total, y sin que se sepa lo que ocurre. ¿Cómo podemos superar esa situación, si somos atacados con esa maldición?, solo hay una forma: Fuerza de Voluntad. ―sacó de su maletín un frasco con tres arañas y extrajo una de ellas. ― ¡Imperius! ―un humo verde, fue hasta la cabeza de la araña. ―Baila ―la araña comenzó a bailar claque. Todos rieron. ―Teje una hamaca de tamaño pequeño pequeña. ―Un humo verde, fue hasta la cabeza de la araña y ella comenzó a hacer lo que le ordenaron, creando la hamaca, con su propio hilo. ― Balancéate en ella. ―Todos comenzaron a reírse de la araña. ― ¿Les gustaría que les hicieran esto a ustedes? ―las risas se apagaron. ―Solo la Fuerza Voluntad, puede evitar que sean controlados. Saltar por la ventana, ahogarse, envenenar a alguno de ustedes, hacer que se cuele por sus gargantas. ―Todos se veían inquietos.
―La maldición Cruciatus ―dijo Harry.
La vista de Moody llegó hasta otro alumno. ―Eres Longbottom, ¿no? ―el rubio asintió varias veces. ―Lamenté mucho lo que les ocurrió a tus padres, ¿sabes? En verdad... fue algo... fueron grandiosos compañeros de armas. ―el chico se sonrojó. El profesor agitó su varita, y ante ellos, apareció una imagen que parecía estar echa de fuegos artificiales, pero se veía claramente a un mago, apuntándole con la varita a otro, el cual parecía estar sufriendo. ―La maldición Cruciatus... no sería bueno, que presenciaran una tortura ―agitó la varita, y las arañas desaparecieron. ―No hacen falta... espadas, o hierros ardiendo al rojo vivo para torturar a alguien. Solo hace falta, para cualquiera de las tres maldiciones, el deseo, desde lo más profundo del corazón, de querer torturar a alguien. Y, la maldición asesina, el Avada Kedavra. La familia Potter, es famosa al día de hoy, por haber sobrevivido intacta, pero el señor Harry Potter, tiene la única... marca conocida, ―se volvió hacía el tablero, agarró una tiza y dibujó en él ― una figura, la cual muchos, han llamado un "rayo", pero es simplemente, el... movimiento de mano de la maldición. ―Sin heridas físicas, sin marcas visibles. Todo aquel que sea descubierto, empleándola, se gana un pase de por vida de Azkaban, en el subsuelo más peligroso y denso de la prisión, con Dementores ante sus puertas día sí y noche también. ―Finalmente sonó la campana, y todos salieron del salón, con los ánimos por los suelos. ―Longbottom, antes de que te vayas. ―Neville saltó y se acercó vacilante al profesor, quien buscó algo en un cajón. ―Esto es tuyo ―apuntó a un libro con su varita. ―Geminio ―un segundo libro apareció.
― ¡Gracias profesor! ―dijo Neville sonriente, al leer el título del libro. Plantas acuáticas mágicas del Mediterráneo y sus propiedades.
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Casi un mes después, estaban todos muy nerviosos, a causa de la llegada de los alumnos de Durmstrang y Beauxbattons.
Los que estaban nerviosos, eran los maestros, quienes habían estado limpiando, todo aquello que tuviera moho o polvo, listos a lo largo del mes de octubre, para la llegada de los extranjeros.
Harry pensó que moriría debido al estrés que su madre, y su jefe de casa, estaban colgándoles, a causa de que todo tendría que ser perfecto para cuando llegaran los extranjeros.
En el gran comedor, desde hace ya una semana, cada mesa tenía un mantel de con los colores de casa, y cuatro grandes estandartes colgaban del techo.
