Pasaron los meses, llegó mi primer día en la academia ninja. Todos los niños y sus padres se encuentran en la entrada de la institución. Algunos de ellos lloraban por tener que despedirse se sus madres y padres, otros en cambio luchaban con ellos para que les dejaran irse.

Observé a Shikamaru cogido de la mando con su madre con la mirada perdida. Me gustaba la personalidad del Nara, era muy realista y de pocas palabras.

Llamaron a todos los niños para que entraran y dejaran fuera a sus padres. En el camino hacia el interior de la academia alguien se chocó contra mi.

Dirigí mi mirada hacia el causante del choque y me encontré con el niño que había estado buscando todo este tiempo.

-Si.

Rápidamente aparecieron miradas feroces por todos lados directas hacia el niño de cabello rubio. Me giré completamente hacia el mientras le tendía una mano para que se levantara. Me miró asustado y se cubrió pensando que le iba a golpear.

-Levanta-dije amablemente.

El niño tomó mi mano y se levantó de un salto, pero puso una gran distancia entre nosotros. Seguía mirándome con miedo, pero tenía un ligero sonrojo junto a un atisbo de curiosidad en sus ojos. Ambos nos dirigimos al cúmulo de niños a esperar a que nos separaran por clases.

-Edward Aoboshi.

Al decir mi nombre todos los padres con aspecto de ser ninjas que se encontraban apartados de los niños dirigieron su mirada hacia mí y empezaron los susurros. Susurraban sobre el porqué el heredero del clan Aoboshi se encuentran ni más ni menos que en la academia ninja de Konoha, que supuestamente entrenaba a con el fin de preservar su lealtad hacia la aldea y defenderla con tu vida. Nadie se creía lo que estaba viendo, como he repetido en muchas ocasiones, el clan Aoboshi se caracteriza por no estar de lado de ninguna de las aldeas y países por la seguridad de las mismas. Nadie tenía claro lo que pasaría de ahora en adelante, pero en lo que todos estaban de acuerdo era en que esto causaría grandes cambios, para bien como para mal.

Caminé lentamente hacia el grupo que me indicaron, en mi clase varias personas provenientes de clanes, pero no abundaban, la mayoría eran hijos de civiles que si mi intuición no me falla, se irían al cabo de los meses o como muchos años por qué seguramente no estarían echos para ser ninjas.

Varios niños de clanes dirigían su mirada hacia mi persona sabiendo que yo no debería estar aquí según sus padres, pero eso no hizo que me faltarán el respeto, al contrario, varios me adulaban sabiendo el poder político y físico que tenía mi clan.

Pasó el tiempo y cada vez me tomaba más en serio los entrenamientos con los integrantes de mi clan. Mi progreso era mucho más rápido que el promedio y eso hacía que me fuera más sencillo el aprender otras cosas. Después de haber aprendido a controlar bastante bien el manejo de chakra me dispuse a aprender el arte del sellado y varios tipos de jutsus. Odiaba con todo mi ser el taijutsu, que sí, que es muy útil, pero no le quita el requerimiento de esfuerzo físico constante.


Llegué a la edad de ocho años, y con ello llegó el gran día, el día de la masacre. No me había dado cuenta de lo que significaba eso hasta el momento en el que sucedió, estaba demasiado confiado y realmente no sabía lo que implicaba que los Aoboshi tuvieran una amistad con los Uchiha. Hanako murió, realmente me afectó su, nunca había experimentado la muerte de una persona cercana a mi en ninguna de mis dos vidas -la de mi padre no cuenta porque no había nacido todavía- y lo peor es que pude haber hecho algo para evitarlo, pero preferí dejar que pasará como sucedió en el anime, y eso me dejó factura. Mi comportamiento a partir de ese momento se volvió un poco más frío, no podía evitar despreciar a Danzo a niveles inhumanos, me había separado de Hanako y de mi padre solo por el bien de la aldea.

Mi madre estaba demasiado ocupada arreglando asuntos junto a mi tío como para que se diera cuenta de lo que pasaba por mi mente en esos momentos. La ira me nublaba la vista y cada noche lloraba y me culpaba por las muertes que pude haber evitado.

Al cabo de una semana pude pensar con claridad de nuevo. Me concentré en Sasuke, el debería estar devastado y con un odio horrible creciendo dentro de él proclamando por venganza y la muerte de su hermano. No creo que pueda parar ese tipo de pensamiento solo con buenos tratos y apoyo, por lo que lo dejé estar.

No había mantenido una relación cercana con Sasuke desde los seis años, desde ese momento por culpa de mi entrenamiento nos distanciamos y perdimos el contacto, ahora no éramos más que simples conocidos.

Los años pasaron con pensamientos decididos y con arduos entrenamientos que superaban con creces a los impartidos por los instructores de la academia. Conseguí que me quitarán el cuarto sello, por lo tanto, me encontré en un estado de alegría inmenso.

La mayoría de profesores eran precavidos conmigo pero lo dejaba pasar porque entendía perfectamente sus reacciones.

Y ahora llegaba mi último año en la academia. Todos los niños hablaban sobre las clases dónde estarían y que no querían separarse. Me llamaron y entré a mi aula asignada.

-¡Tú! -Un grito se escuchó cuando abrí la puerta de la sala.

Un niño rubio con bigotes me miraba mientras fruncía el ceño y me apuntaba con su dedo índice subido a una mesa.

Miré a mi alrededor, mi vista se fijó en un niño que rápidamente reconocí como Sasuke, el me estaba mirando viendo rápidamente desvió la mirada hacía la ventana.

Toda la clase menos cierto niño portador del apellido Uchiha miraba la escena que estaba montando Naruto.

-¡No me ignores, tú eres esa niña!

Naruto se acercó mucho hasta el punto en el que tuve que empujar para que dejará de invadir mi espacio vital.

-No sé de qué me hablas, y no soy una niña-respondí secamente con una mirada neutra. Odiaba que se confundirán con mi género.

-Espera, ¿Qué? ¡No mientas! -Habló mientras se acercaba aún más a mi y nuestras narices casi rozaban.

Su ceño estaba muy fruncido mientras me observaba detalladamente. Pareció darse cuenta de que en verdad yo no era una chica y pareció enfadarse aún más de lo que ya estaba.

-Cállate de una vez dobe-dijo una voz proveniente del asiento de la ventana.

-¡Cállate tú teme! -Contestó Naruto mientras su vista y su enfado cambiaba hacia Sasuke.

Aproveché la discursión y el cambio de atención de mi persona hacia Sasuke para dirigirme al fondo de la clase.

Miré un asiento libre al lado de Hinata y le pregunté cortésmente si me podía sentar a su lado, a lo que contestó con un sí tembloroso y un muy fuerte sonrojo.

Vino Iruka-sensei y se puso a explicarnos como daríamos las clases a partir de ese momento. Los chicos deben tener dos días a la semana separados de las chicas por sus clases de kunoichi. Los dos días que teendríamos separados, trabajaríamos la cooperación entre camaradas y en diiferentestipos de uso de chakra que las chicas no pueden hacer por su condición.

Rápidamente cambiamos de tema y empezamos a dar tácticas ninja. Era bastante bueno en ese aspecto gracias a mi madre, el ser un "espía" dentro de la academia da sus frutos. Me puse a pensar en la charla que tuve con mi madre hace un tiempo; me dijo que si en algún momento yo quisiera pertenecer a Konoha en el sentido de querer protegerla con mi vida, ella aceptaría eso y no me guardaría ningún rencor. Era otra forma de decir que si decidís traicionarla no le importaría ya que seguiría siendo su hijo. No voy a mentir, eso me conmovió bastante, igual alguna que otra lágrima se me escapó.

-boshi.

¿Mnn?

-¿Edward Aoboshi? -Dijo Iruka con una expresión neutra.

-¿Sí, Iruka-sensei? -Respondí mirando hacía en frente encontrando a todo el mundo observándome.

-¿Puedes responder al problema número cinco? -Preguntó cansado.

-Claro, -miré el ejercicio señalado- el asesino es el hermano.

-No, esa no es la respuesta. Siguiente, Hina-

-¿Me dejarías explicar el porqué de mi respuesta? -Pregunté mirándolo fijamente.

-Eh, vale-

-La cuidadora no podría haber sido porque ella se encontró en la otra punta de la casa, la hermana tampoco, ella tenía una coartada bastante sólida gracias a la declaración del hermano, eso dejaría que la culpable era la madre ¿Cierto? Pero, ¿Y si la madre no es la culpable? La madre amaba a su hijo, tanto como para poder haber mentido y haber ocultado el cuerpo de su hermano. La madre era una persona cariñosa y protectora con sus tres hijos, tanto que haría cualquier cosa por ellos. Ella, al ver que había perdido uno, quedó devastada, pero, le quedaban sus otros dos preciosos retoños, quería, no, necesitaba que no se los quitaran, por eso no dijo nada cuando sus dos hijos se las arreglaron para que pareciera que ella había sido la asesina. El cómo lo sé es sencillo, las fotografías de la casa, sus integrantes, sus declaraciones y las declaraciones de los familiares. Todos apuntaban a que la madre era muy buena, lo normal sería pensar que hay un giro en el guión y que la persona más buena resultará la más horrible, ¿No? Pero no hay que darle muchas vueltas al asunto. Los cuadros esparcidos por toda la casa eran de sus hijos, no había ninguno que no fueran de ellos, se notaba que había algo más que amor en el corazón de la madre, había obsesión. Ponía a sus hijos por encima de todo, pero nadie lo veía de esa forma, todos la veían como una madre un poco protectora y muy feliz. Y por último, la ropa de los integrantes de la familia, está parte va de la mano con la anterior. A simple vista, parece que igual la ropa de sus hijos es más buena que la de ella, eso hasta cierto punto es normal, pero de lo que no se dieron cuenta es de que la ropa de la madre era la misma que utilizaba en las fotos de hacía más de dieciocho años en las fotos con sus hijos, mientras que la ropa de sus hijos eran de las mejores marcas, nuevas y listas para lucirse en ellos. Y bueno, así es como supe que el asesino siempre había sido el hermano, claro está, con la ayuda de su hermana. El porqué lo dejo a vuestra imaginación, después de todo, es un simple problema para niños.

Todo el salón se quedó mudo. Habían presenciado la puesta en escena de lo que sería en algún momento un detective nato, o algún ser que, sin lugar a dudas, sería importante en un futuro.

Iruka se quedó de piedra, no esperó que un niño le diera una respuesta tan elaborada de un simple problema -como dijo Edward- para niños. En verdad, aquel problema fue un caso real que ocurrió hace unos años en el distrito sur del pueblo. Lo pusieron en la academia -después de haberlo simplificado y haber hecho más obvias las respuestas correctas- para ver si llegaban a la misma conclusión que los oficiales de la policía civil de Konoha. Realmente, Iruka no sabía que pensar en ese momento, debería que hablar con el Hokage sobre el heredero Aoboshi.


Aclaraciones:

Hablo de Edward como si fuera un espía, pero en realidad no lo es como tal, solo presta más atención que la mayoría en torno a lo que ocurre en Konoha y piensa en cómo podrían afectar sus acciones en ella. También controla el cómo ven a su clan fuera de lo que es el terreno el día propiedad y lo habla con su madre.