Corre por los pasillos en automático y sin apenas darse cuenta está parado frente al Señor Scott, 'Scotty', apenas escucho su voz en el comunicador, su tono, su voz y no la del Capitán, supo que había algo terriblemente mal y ahora, apenas teniendo la capacidad de analizar su rostro compungido confirma sus sospechas.

Aun así, tener una idea de lo sucedido, no lo prepara en lo más mínimo para la que ve; su Capitán, su Jim se arrastra por el suelo del compartimento de seguridad, haciendo un esfuerzo por estirarse para sellar la compuerta metálica detrás suyo. Y él ordena, más como un ruego, aunque él mismo conoce de memoria los protocolos y sabe que es imposible, con voz en cuello, abrir la puerta de vidrio que lo separa del otro.

Porque quiere tenerlo en sus brazos, y odia lo inútil de su fuerza vulcana en estos momentos porque quiere protegerlo, mantenerlo seguro aunque sabe que ya ha fallado, ha fallado porque era su deber proteger a su Capitán, proteger a Jim y no lo ha hecho, ha fallado totalmente porque él está muriendo, está muriendo y lo único que puede hacer es observar. Vuelve a presenciar como en un horrible déjà vu, aunque mil veces peor, como la respiración es trabajosa en el pecho, como los ojos se desenfocan y es peor, porque los océanos azules lo observan a él, mirando no al vacío, ha descubierto que la expresión es errónea, o que no aplica en mentes tan grandes como las de Pike, como las de su Jim, porque él observa las estrellas, como hizo el otro, y más allá, aquellas a las que siempre parecieron admirar, con tanto anhelo por alcanzarlas, pero a la vez lo observan a él, a través de él, como adorando su interior, como si en él residieran todas las maravillas que el universo guarda y quisiera descubrirlas todas en sus últimos instantes.

Y es peor porque en esos ojos, los ojos de un superviviente que ha visto la muerte y regresado, esos ojos asustados que pese a todo le dicen lo orgulloso que se siente de haber logrado salvar a su tripulación, a su nave, de los dos, de salvarlo a él. Esos ojos siempre determinados y traviesos, llenos de chispa están también llenos de miedo e incertidumbre, y es incontables veces peor cuando el otro vocaliza lo que él ya ha notado; con una voz temblorosa y falta de aire, muy diferente a la confiada y juguetona, admite ante él que tiene miedo, que está aterrado de morir, porque Jim le pregunta desesperado qué hace para no sentir, ruega que lo ayude a no hacerlo y él no puede hacer más que admitir también que no tiene ni la más mínima idea, no tiene idea de nada y es incapaz de hacerlo porque sus barreras han caído por completo; porque todos los sentimientos lo inundan por completo y lo ahogan como nunca antes, ni siquiera cuando perdió a su madre, porque la impotencia es mayor que cuando no pudo agarrar su mano y detener su caída al vacío porque ahora lo tiene a él justo en frente, separado de él por un vidrio reforzado de 5.5 cm, porque lo está perdiendo, jamás se volverá a ver rodeado por la bruma de emociones a la que se volvió adicto, lo pierde y es totalmente incapaz de ayudarlo, ni siquiera aliviarlo en lo más mínimo.

Cuando lo ve juntar todas sus fuerzas para alzar el brazo y apoyar la palma sobre la superficie transparente, arrastrando los dedos hasta formar ese característico símbolo de su raza, no puede hacer más que responderle desde su lado del cristal, rompiéndose por fin y dejando salir una imposible lágrima; porque se supone que los vulcanos no lloran, no pueden, no tienen lagrimales, esta es parte de su herencia humana, la parte que tanto rechazo a favor de las doctrinas vulcanas, a las que está fallando ahora mismo; pero no importa porque su lado vulcano le falló a él, porque toda la disciplina no le ha servido para mantener a raya las emociones y las capacidades superiores no le han servido para salvar a su Jim.

Así que suelta un grito al aire cuando la mano se desliza inerte sobre el cristal, gritando en cólera el nombre de quien lo ha causado todo, imprimiendo en ese grito la sensación de vacío que ha dejado la pérdida, un vacío diferente al usual que viene del férreo control sobre sus emociones, es aún más grande que el hoyo negro en Jim, porque en él no hay nada de luz, se llevaron su luz y es un vacío que lo absorbe todo, todo menos la ira que lo inunda a cada segundo que pasa.

Y se encuentra otra vez corriendo en automático ahora por la ciudad, no corriendo hacia su Capitán, en su ayuda, sino hacia el superhombre, para hacerle pagar todo el dolor causado, no a él sino a Jim.

Cuando por fin logra alcanzarlo; solo es capaz de escuchar un zumbido en sus oídos, no precisamente por la velocidad del viento a su alrededor, y la voz del otro hombre en su cabeza "no es capaz de romper una regla", "no es capaz de romper un hueso"; pues las romperá todas y le romperá cada hueso al maldito, piensa con satisfacción salvaje, cuando siente romperse la nariz bajo sus manos, porque si no fue suficiente para ayudarlo lo será para esto.

Por Jim, siempre por Jim, es lo que piensa cuando logra romperle el pómulo y luego el brazo.

Porque la única imagen que mantiene en su mente es la de su Jim, contemplando el universo completo en sus ojos.

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Eres un santo si después de leer la primera parte decidiste continuar así que te amo. Igual que en el anterior, si quieres mostrar tu apoyo o dar tu opinión o consejos me harías muy feliz.