- Somaaaaa ¡Vamos a llegar tarde!

- ¡Lo siento, lo siento! ¡Voy!

Un joven de cabello blanco se aproximaba al trote a las escaleras que daban acceso al templo Hakuba, su complexión delgada quedaba oculta bajo un grueso abrigo blanco a juego con sus pantalones, contrastando con la sudadera negra que cubría su torso.

En el rellano de las mismas le esperaba su pareja, Mina Hakuba, quien le metía prisa fingiendo juguetonamente estar molesta por ello. Era más bien bajita y de aspecto delicado, su cabello corto de color castaño claro estaba recogido por dos discretos lazos, y lucía un vestido de una sola pieza bajo un elegante abrigo negro.

Alcanzándola, Soma tuvo que hacer un serio esfuerzo para no resbalar sobre la escarcha que cubría los adoquines del acceso a la construcción. Aquellas botas no eran el mejor calzado para correr sobre suelo helado aunque, claro, no contaba con que su viejo reloj de pulsera se estropeara aquella mañana.

- Es raro que llegues tarde – apreció la muchacha, sacerdotisa del templo, que ahora no era más que una chica cualquiera - ¿Está todo bien?

- Sí – respondió él, recuperando el aliento tras lo que podría haber sido un importante traspiés – sí, es sólo… Este dichoso reloj – suspiró – Se ha parado, y he perdido la noción del tiempo ¿Vamos?

Mina asintió energéticamente en respuesta.

Apenas habían pasado unos meses desde la batalla contra el culto que, infructuosamente, había intentado acabar con Soma, sólo para encontrar al muchacho respondiendo a la amenaza con todas sus fuerzas y recursos disponibles, un culto que buscaba la resurrección de Drácula, el señor oscuro, para dar lugar al nacimiento de la representación del bien absoluto.

La razón por la que Soma había sido elegido como sacrificio era porque en su interior descansaba el alma de Drácula, y su muerte hubiera traído al que antaño fue el príncipe de las tinieblas.

Pero, pese a haber transcurrido sólo unos meses, aquello quedaba ya lejano, en aquel mismo instante Soma Cruz no era nada ni remotamente parecido a la reencarnación de Drácula. Aquella fría mañana en las vísperas de año nuevo, Soma Cruz era sólo un joven estudiante que se reunía con su novia para ir a comer con unos amigos.

Y ahora que ya estaban listos, emprendieron el camino hacia el punto de reunión.

- Y ¿Quiénes van a estar? – preguntó con curiosidad, al cabo de un rato - ¿Los de siempre?

- ¡Si! – respondió ella – Incluso Julius se las ha apañado para venir.

- ¡Me pregunto si a Julius le sentará bien este frío! – rio el joven.

Iban a reunirse con unos amigos, cierto, pero no se trataba de su grupo de amigos del instituto, ni de nadie con quien tuvieran una relación formal. Aquellos con quienes iban a tener una temprana celebración de año nuevo eran quienes habían compartido aventuras con ellos:

Julius Belmont, último miembro del clan Belmont, y el cazador de vampiros más poderoso.

Yoko Belnades, miembro del remoto clan de hechiceros Belnades, y toda una hermana mayor para Mina.

Genya Arikado, un agente de la iglesia con quien Soma tenía una relación… complicada.

Y… ¿Alguien más?

- No, Hammer no viene – indicó Mina, casi de inmediato – está demasiado ocupado con los asuntos del ejército.

- ¿Se alistó otra vez?

- Sí… Arikado me contó que se quejaba mucho de que en estos tiempos de paz es muy difícil vender armas.

Soma dibujó una sonrisa incómoda. Hammer era todo un personaje, no sólo había tenido que comprarle armas y pertrechos durante sus aventuras tanto en el eclipse solar como en la sede cultista, si no que además tenía una suerte de enamoramiento obsesivo por Yoko. Hablar con él era agotador.

- Bueno… así por lo menos Yoko estará tranquila – opinó – el viaje de vuelta fue bastante incómodo gracias a él.

- Si ¡Y cuando se durmió, Yoko se encargó de hacértelo incómodo a ti! – remarcó Mina con una risita.

Aaaahhhh… Si, Yoko tenía cierta tendencia a meterse en los asuntos románticos de Soma, e incluso a hacer insinuaciones y chistes picantes. A veces se preguntaba de qué hablaría con la sacerdotisa cuando estuvieran a solas.

En serio… Le tenía cariño a Yoko Belnades, pero a veces podía ser un tanto…

- ¡Cuidado!

- ¡HYA!

Interrumpió sus cavilaciones cuando, casi a cámara lenta, vio a Mina resbalar sobre la fina capa de escarcha, y acertó a sujetarla de la cintura para evitar que diera con sus huesos en el suelo. Cuando por fin se hubieron estabilizado ambos, se dieron cuenta de que sus rostros habían quedado a escasos centímetros el uno del otro.

Sus labios casi podían tocarse.

- So… ma…

- Mina…

Inconscientemente, empezaron a acercarse cada vez más. Pese a ser pareja, no había ido más allá de cogerse de la mano y, en solitario, abrazarse y acurrucarse el uno con el otro; no es que tuvieran ningún problema con la aprobación parental, incluso por parte de la familia Hakuba, pero se lo estaban tomando con calma.

Últimamente, sentían que con demasiada calma.

- ¡BESAOS YA!

Los dos jóvenes se sobresaltaron y separaron de inmediato. Recuperados del susto, reconocieron la voz, y a ninguno le hizo maldita gracia.

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh! ¡Yokooooo! – exclamó la muchacha con fastidio.

Efectivamente, entre los dos había aparecido, de la más absoluta nada, Yoko Belnades, ataviada con un elegante traje de chaqueta y pantalón color burdeos y su rubia melena cayendo sobre su hombro izquierdo. La poderosa presencia de la mujer y su deslumbrante elegancia contrastaban de forma absurda con su pícara, casi infantil, expresión.

- ¡Os estabais tomando demasiado tiempo! ¡Quería espolearos, y vais y hacéis justo lo contrario!

- ¡El ambiente, Yoko! ¡Lee el ambiente! – le reclamaba Mina, con una obvia expresión de fastidio.

- ¡Lo siento, lo siento! Si queréis, os puedo reservar una habitación de hotel como compensación.

- ¡AAAAAAAHHH!

Expresión de fastidio que Soma, por cierto, compartía, pero no podía evitar sonreír divertido ante la escena que se presentaba delante suya. Mina consideraba a Yoko una hermana mayor, y quedaba reflejado en aquellos momentos.

- ¡Bueno! – concluyó la mujer, aparentemente satisfecha después de haber chinchado a la pareja - ¿Vamos? Arikado se pone gruñón si su cita no llega puntual.

- Y eso lo sabes ¿Por…? – respondió Soma a esto, con una sonrisa socarrona inusual en él, suponiendo la respuesta de antemano.

- Suelo llegar tarde a las reuniones de agentes que él preside – reconoció la Belnades, con la boca pequeña.

- JA

Tardaron aún unos minutos en alcanzar el lugar donde habían quedado con los demás, ni Soma ni Mina lo habían investigado, sabiendo sólo el nombre del local, por lo que se quedaron atónitos cuando arribaron a la puerta y vieron tanto el acceso como su interior.

- ¿Entráis o qué? – los apremió Yoko desde la puerta - ¡Se está más calentito aquí dentro!

No lo dudaban, pero no se atrevían a entrar, aquel lugar tenía pinta de ser inconmesurablemente caro.

- ¿Yoko Belnades ha llegado a un lugar antes que yo? – preguntó una voz a sus espaldas - ¿La habéis traído a rastras o algo así?

Sobresaltados, pegaron un respingo y se dieron la vuelta, encontrando a un hombre alto y pálido, de suaves rasgos orientales y hermoso cabello negro ondulado, vestía un lujoso abrigo de piel sobre su sempiterno traje negro, y lucía una sonrisa teñida de extraña socarronería, cosa no muy normal en él.

- ¡Oh! – exclamó Mina - ¡Arikado, buenas tardes!

- Hola, Mina – respondió él, con tono cordial – Soma…

- Hola, Arikado – devolvió el saludo el muchacho a su vez – No, curiosamente nos la hemos encontrado viniendo para acá.

- ¡TOMAAAAA! – exclamó la ruidosa voz de Yoko desde la puerta - ¡Has llegado después que yo! ¡Tú pagas la cena, Arikado!

- O-oh…

- Ya había planeado esto – confió el agente a la pareja, mientras veía a la Belnades adentrarse en el local como unas castañuelas – No se me ocurría otra forma de hacer que llegara a tiempo.

Soma dibujó una sonrisa de incredulidad. Así que Arikado y Yoko se llevaban esos rifirrafes…

Ya dentro, no tardaron en hallar la mesa que Yoko Belnades había reservado a su nombre. El local era, en efecto, elegante y caro, un restaurante de estilo europeo que la hechicera solía frecuentar entre misiones, y al que los había invitado para celebrar su triunfal regreso tras derrotar a la secta, aunque el papeleo y las gestiones que hubo que realizar con la iglesia retrasaron considerablemente el pequeño homenaje.

Mientras revisaban la carta, una última voz, ronca y adulta, llamó su atención manifestando esperar no haber llegado demasiado tarde. Era un hombre de unos 60 años, cabello castaño entrecano, frondoso bigote y perilla, de constitución robusta, vestía un sencillo traje azul por debajo de su abrigo color azafrán, y lucía una ampla sonrisa paternal.

- ¡Julius!

Soma llamó su nombre con alegría, si Yoko era como una hermana mayor para Mina, Julius, en el año y pico que hacía que lo conocía, se había convertido en una especie de segundo padre para él. Aún en activo como cazador de vampiros a pesar de su edad, se mantenía en contacto con Soma y su familia, en principio usando la excusa de mantenerlo vigilado como reencarnación de Drácula, pero todos sabían que aquello no era más que una excusa.

- ¡Uf! ¡Este frío cala! – comentó mientras tendía su chaquetón a uno de los camareros, que, como ya hizo con los demás, lo guardaría hasta que salieran - ¿Habéis pedido ya?

- No, pero yo ya he elegido – respondió Arikado, tendiéndole la carta, con una sonrisa cordial – Toda suya, Belmont.

- ¡Venga, Genya, no estamos para formalidades! ¡No soy tan viejo como para que me trates de usted!

Mientras leían la carta, Soma y Mina sonrieron, habían compartido suficientes vivencias con aquella tropa como para sentirse cómodos con ellos. Lo bastante cómodos como para juguetear con sus manos libres por debajo de la mesa aún en su presencia.

- De acuerdo pues, Julius – aceptó el agente – te tomo la palabra.

Y así comenzó una distendida sesión de charla mientras llegaban los platos, Soma y Mina escuchaban con atención, tanto Yoko y Arikado como Julius trabajaban para la iglesia y, aunque trataban por todos los medios que el trabajo no saliera a colación, era inevitable que acabara haciéndolo, y la joven pareja disfrutaba escuchando las historias.

- ¡Bueno, ya vale de hablar del tajo! – acabo estallando Yoko, achispada después de la tercera copa de vino – Tenemos asuntos más importantes que tratar aquí.

- Más… ¿Importantes?

Soma parecía confuso, mientras que la sonrisa de Julius y el gesto torcido de Arikado indicaba que ya sabían por donde iba a salir la Belnades.

- ¿Y? – se apoyó en la mesa, mirando directamente a la pareja - ¿Hasta dónde habéis llegado?

- ¿…Eh?

- ¿¡Eh!?

- En vuestra relación – insistió - ¿Cuántas bases habéis cubierto ya?

- ¡Y-Yoko…! ¡Nosotros no…! – protestó Mina, roja como un tomate.

- S-Sí, n-nos lo estamos tomando a n-nuestro propio ritmo – la apoyó Soma, igualmente encendido, trasbillando de pura vergüenza.

- ¿En serio? – respondió la Belnades, burlona – Porque lleváis todo el rato flirteando debajo de la mesa.

- ¡N-n-n-n-n-nos-s-sot-t-tros n-n-no...!

- ¡Aaaaahhh, Yoko! ¿¡Cómo t-te has dado c-cuenta!?

- Yoko… - la riñó Arikado – eso no ha sido nada apropiado

- ¡Ah! ¡La juventud! – suspiró Julius a su vez.

- ¡Julius! ¡Tú también no!

- JAJAJAJAJAJAJA ¡Di que sí, Julius! ¡No hay nada mejor que la juventud!

- Por dios…

Tras esto, la comida llegó al final atropelladamente, Arikado se aseguró de bloquear el acceso de la Belnades a toda bebida alcohólica después de la cuarta copa y, tras los postres, pagó una suma que, para no sobrecargar a la joven pareja, prefirió no revelar.

Cuando se encontraron fuera de nuevo, se encontraron con la noticia de que tenían que dispersarse otra vez, tanto Yoko, como Julius y Arikado habían obtenido permiso para escaparse uno o dos días, pero el fin de año estaba cerca, y cada uno de ellos era requerido en un punto estratégico en Europa, a fin de prevenir posibles incidentes.

- Ha sido un placer reunirme con vosotros – se dirigió Genya a la pareja, tendiéndoles la mano con una sonrisa – nos encantaría celebrar el año nuevo en el templo Hakuba, pero esta vez no podrá ser.

- YAAAAAAAAAAY ¡Año nuevoooooo! – Yoko, sujeta al brazo de Julius, parecía en su propio mundo - ¡Vamos a seguir bebiendo para celebrarlo!

- Vendremos de visita cuando todo haya terminado – dijo así mismo el Belmont, sonriendo ampliamente, ignorando a la hechicera - ¡Celebradlo con la familia por mi parte!

- ¿Cómo pensáis devolverla a la realidad? – preguntó Soma, divertido, señalando con la cabeza a Yoko.

- Cubo de agua fría – respondió Julius de inmediato.

- Congelada, de ser posible – agregó Arikado como quien no quiere la cosa.

Los dos jóvenes rieron. En ese punto, Soma se apercibió de que Mina lucía un rubor fuera de lo normal. Ahora que lo pensaba, la hechicera le había dado a probar de su copa en algún punto.

Finalmente, llegó el momento de la despedida, y los dos hicieron una leve reverencia.

- Feliz año nuevo – dijo el joven para sí mismo, con una sonrisa, contemplándolos alejarse – con suerte, el año que viene sólo tendremos que luchar por vernos de nuevo.