Capítulo 24: La venganza de Bill
Varios furgones trasladaron a los pacientes del hospital hacia el pabellón municipal. Sus familias fueron avisadas para que acudieran a hacerles compañía y darles más tranquilidad. El alcalde le debía un favor a Hugo, por lo que no fue difícil que aceptara habilitar el lugar en un tiempo récord sin dar explicaciones.
¿Dónde estaba Bill?
Simmons volvió a llamar a Joe a ver si había conseguido bajar, pero éste no respondía, por lo que salió de su laboratorio a ver qué diablos pasaba.
La pelirroja había hecho la maleta en pocos minutos y mientras Pennywise destruyó todos los documentos y fotografías que tenía aquel pesado dossier, en el proceso estaba asombrado de todo lo que ponía ahí.
-No sabía que podía hacer tantas cosas.- su voz apenas fue un susurro.
-Puedes hacer casi todo lo que te imagines. –dijo ella acercándose al payaso.
-¿Puedo detener el tiempo?- preguntó emocionado mirándola.
-No, pero…
-¿Resucitar a alguien?
-Tampoco...
-¡Joder!- gruñó. -¡Pues qué mierda!
-Puedes cambiar de forma tú mismo o lo que quieras, conocer el miedo de cada persona, volver loca a la gente, alterar su fisiología, afectar los fenómenos meteorológicos, hacer ver lo que tú quieras que vean, destruir cualquier cosa, hacerlas arder o explotar… son muchas cosas, ¡no te quejes! –el payaso se encogió de hombros con una pequeña sonrisa.
Simmons llegó con respiración agitada a la puerta medio abierta del ascensor, al lado había una palanca con la que había sido forzada. Al asomarse al hueco se dio la vuelta apoyándose contra la pared cubriendo su boca con la palma de la mano.
-Venga, salgamos de aquí. –Dijo Mussa alcanzando la maleta, pero el payaso fue más rápido.
-No, déjalo, yo te la llevaré. –Ambos se quedaron mirando sin decir nada. Se acercaba el momento de largarse de allí y de empezar una nueva vida. Unos toques en la puerta los devolvió a la realidad.
Mussa abrió esperando ver a Simmons, pero sólo pudo ver al bajar la vista los zapatos que había usado para bloquear el ascensor, ahora estaban ante ella perfectamente colocados. Bill se asomó entonces pistola en mano.
El disparo impactó en el pecho de Mussa y esta cayó de espaldas en los brazos de Pennywise.
-¡NOOOOO!- Gritó el payaso cerrando la puerta con la mente. –Mussa, ¡MUSSA!
Sus parpados apenas y podían abrirse, la sangre manaba de ella formando un desagradable charco. Fuera se escuchaba a Bill reírse a carcajadas.
Pennywise pensaba desesperado qué podía hacer para salvarla mientras el latido de su corazón se volvía más lento.
El payaso la obligó a mirarle sujetándola de las mejillas. –¡No cierres los ojos! ¡Mírame! –Mussa con lágrimas en los ojos le miró y todo se detuvo.
-¡Vamos monstruo asqueroso! ¡No seas cobarde y abre la puta puerta! ¡Voy a hacer que te reúnas con esa zorra en el infierno! –Bill disparó hacia el techo chillando como un loco. Saltaba desquiciado en el pasillo mientras las puertas del ascensor hacían su propio ruido abriéndose y cerrándose a la mitad chocando con el cuerpo tirado de Joe.
Una luz poderosa bajo la puerta detuvo la celebración del rubio y se acercó intentando escuchar lo que pasaba dentro.
-¿Qué cojones estás haciendo? ¡ABRE DE UNA MALDITA VEZ! –Gritaba dándole patadas a la puerta. -¡QUE ABRAS!
La puerta se abrió desvelando a Mussa al fondo de la habitación con mirada grisácea hacia el techo flotando. El vello de Bill se erizó con repulsión y miedo, ¿estaba muerta? La luz del pasillo empezó a parpadear furiosamente. La puerta volvió a cerrarse de un portazo dejándole sin aliento.
El ruido de las puertas del ascensor, de las luces tintinear… todo era un escenario de pesadilla. Más aún cuando otro ruido más se sumó a la escena. Un gimoteo ronco y enfermizo detrás de su espalda.
"Puedes cambiar de forma tú mismo o lo que quieras"- Repetía la voz de Mussa en su cabeza.
Bill se giró y se encontró con un ser deforme y sucio con gusanos saliéndole de la piel y de los ojos. Desprendía un olor a podrido nauseabundo, estaba cubierto como de una baba verde oscura cayéndole por todo el cuerpo.
Con la mano temblorosa y a punto de perder el conocimiento por lo que estaba viendo, levantó el brazo y apuntó con lo que creía ser el arma, pero en su lugar lo que sostenía era una enorme y gorda sanguijuela que se retorció en su agarre clavándole unos enormes dientes en la piel.
Bill chillaba y lloraba de dolor y asco intentando arrancársela, pero cuando apretaba a aquella cosa, a ésta le salía otra cabeza y le mordía en otro lugar. El rubio retrocedió dando un grito espeluznante viendo que el deforme se aproximaba a él hasta que su espalda se encontró contra la pared.
Con el frenesí, Pennywise no se dio cuenta de lo que sucedía tras él, sólo se agachó a la altura de la cara del rubio.
Recordó viendo sus ojos cuando Bill entró a la celda con él llevándole cubiertos de verdad y su amenaza para que no volviera a acercarse a Mussa o le mataría. Su aversión y asco cuando desde la ventana les vio la tarde lluviosa en el patio para después contarle todo a Simmons. "Veía" a través de Bill y absorbía sus recuerdos y las emociones que sintió durante ellos. Bill pareció mostrarle a propósito el recuerdo de cómo besuqueó a la pelirroja hace unos días delante de él como venganza, y aunque trató de sonreír y humillar al payaso, el rubio sentía tanto asco que temblaba descontrolado a punto de vomitar.
Pennywise sonrió mostrando cucarachas entre los dientes y sarro negro, su aliento era la mismísima esencia de la muerte.
-No creerías que te irías a la tumba siendo ella la última persona que te besara, ¿verdad?
-¡NO! ¡AYUDA!- Gritó descontrolado cuando aquellas podridas manos le agarraron la cara con brusquedad. -¡AYUDAAAAA!
Pennywise rió monstruosamente y hundió sus fauces como si imitara un beso pero cubriendo toda la cara del rubio que se retorcía en el suelo.
En un último intento por destruir al payaso mientras éste le arrancaba su vida, le puso la pistola en la sien y se escuchó un fuerte disparo.
Pennywise dejó de hundirle los dientes y se retiró de Bill mientras le veía sangrar sin vida dejando un gran charco rojo en el suelo.
A unos metros estaba Simmons con el brazo aún extendido con el arma de Joe, al que había visto desde arriba tirado en el suelo del ascensor también sobre líquido escarlata.
El imponente payaso se puso de pie en su dirección con su traje habitual y se miraron fijamente. El hombre percibió con miedo que aquel ser le miraba con rencor, seguramente que algo había recordado, no todo pero lo suficiente para odiarle como desde que se conocieron, así que no bajó el arma.
-Si me disparas, ella muere.- Eso no era lo que esperaba oir, pero hizo que Simmons bajara el arma.
-No iba a… –Pero el payaso giró sobre sus pies y entró a la habitación sin escuchar el resto de la frase. Simmons le siguió a prisa.
Cuando alcanzó a ver a Mussa flotando y con el pecho ensangrentado, dándose cuenta de que la sangre salía de ella como si estuviera en gravedad cero flotando en hilillos escarlata, no pudo evitar agachar la cabeza hacia un lado en el suelo y vomitar todo lo que tenía en su estómago.
-Ahora no es el momento de vomitar, buen doctor. Está viva pero hay que hacer algo o se desangrará. –Dijo bajándola con suavidad y poniéndola sobre la cama.
El hombre se acercó a ella con cuidado y le levantó la ropa con miedo a que el payaso lo interpretase de otra manera, pero no dijo nada y le dejó inspeccionar la herida de bala.
-No hay tiempo de avisar al cirujano, seguramente hayan huido todos a excepción de los guardias. ¡Y Josef estará cada vez más cerca! –Aulló histérico. Pennywise enfureció y le agarró fuertemente por la bata levantándole los pies del suelo.
-¡Pues entonces dime qué tengo que hacer para salvarla!- gritó colérico. Simmons estaba aterrorizado. -¡Ella me dijo que podía hacer muchas cosas, y por tu culpa no estoy a pleno rendimiento! –Dijo con desesperación en su voz, Simmons sacó del bolsillo de su bata un frasco con un líquido ámbar.
-Bébete esto y lo estarás. Es el antídoto. –Pennywise le soltó de pronto haciéndole casi caer y miró con recelo el frasco, pero aún así lo tomó de un trago y Simmons corrió al baño a por toallas y agua caliente.
Pennywise notaba que la cabeza le daba vueltas y cayó al suelo de rodillas. La consecuencia fue que Mussa empezó a perder esa mirada gris y su sangre salía con normalidad, la que flotaba cayó de pronto manchando su cuerpo y la cama blanca. Simmons regresó viendo que todo se salía de control intentando detener la hemorragia.
-¡Por Dios!- ¡Recupérate!- Le chilló al payaso mientras presionaba sobre la herida. Las toallas blancas tornaron en un rojo intenso manchando las manos del director del hospital. El hombre lloraba desquiciado pensando en que se desmayaría si eso no se detenía ya. -¡RECUPÉRATE YA!- gritó mirando hacia arriba implorando a Dios que interviniera.
Se llanto quedó acallado en el acto con el cuerpo temblándole de miedo y angustia cuando notó que algo bajo las hacía fuerza hacia el exterior. Al apartar las manos, las toallas salieron disparadas al suelo y algo rodó de entre ellas. Al lado Pennywise estaba de pie con los ojos más brillantes que el sol, y de pronto toda la sangre parecía correr de nuevo al interior del cuerpo de la joven.
Tras unos agónicos minutos, la herida ya estaba cerrada y Pennywise se aproximó a tomar el cuerpo de Mussa entre sus brazos sentándose en su cama e intentando despertarla moviéndola suavemente. Ella no se movía, estaba pálida y mortalmente fría.
-Mussa... –Llamó Pennywise suavemente acariciando su cara. –Despierta, preciosa. Tenemos que irnos.- Siguió meciéndola mientras grandes lágrimas caían por sus mejillas hasta caer sobre su piel. –Mussa, si tú mueres muero yo… -susurró cerrando los ojos con fuerza y enterrando su cara en el cuello de la chica. –Te amo… -Simmons veía la escena sobrecogido, jamás imaginó que ese ser pudiera tener ese tipo de sentimientos. Se echó a llorar en silencio abrazándose a sí mismo.
-También te… amo…
Ambos hombres abrieron los ojos con sorpresa al escuchar la voz apagada y sin fuerza de Mussa. Pennywise la miró abatido, ella sonreía levemente con los ojos entornados y él con cuidado se agachó acurrucándose en su cuello sintiendo que si la hubiera perdido, habría muerto con ella.
