XX
El mismo día en que estuvo en el banco también fue hasta Broadway, al teatro donde se presentaba la compañía Stratford, por un boleto para la función de estreno; pero estos estaban agotados. No se sentía triste, ni mucho menos decepcionada; estaba segura de que valía la pena esperar a que llegara el día indicado en el boleto.
—¿Candy? —la actriz le había visto mientras aún buscaba el dinero para pagar su entrada.
—¡Karen! —la rubia volteó a todos lados, esperando que Terry no estuviera cerca—. Hola. No esperaba… yo… —debía ser astuta y rápida para evitar encontrarse con el joven inglés.
—Él aún está en los camerinos —de inmediato se dio cuenta de que algo sucedía—. Pero será mejor que nos alejemos de aquí antes de que nos vea.
—Pero…
—Vamos… —la tomo del brazo, tal cual fueran las mejores amigas y comenzó a caminar, con prisa pero sin correr—. ¿Vendrás al estreno? —pregunto una calle adelante; tenia curiosidad por otros temas, pero prefería esperar.
—Me temo que no —se sorprendió al decirlo con pesar—. Tendré que esperar toda una semana para poder disfrutar del show.
—No me sorprende tu falta de confianza conmigo —fingió indignación, mientras abría la puerta de una cafetería cercana y entraban a esta—. De lo contrario, habrías acudido a mi —recalco, dirigiéndose a una zona apartada.
Candy no dijo una sola palabra mientras tomaban asiento y leía el menú. Aunque al principio no estaba convencida de ir con ella, eso era mejor que quedarse en el teatro, además solo había desayunado un poco de fruta y no había comido nada desde entonces.
—¿Cómo te fue en tus vacaciones? —después de ordenar, inicio con un tema diferente, era claro que la rubia necesitaba ese cambio de tema; además, tenía curiosidad por otros asuntos.
—Bien. Gracias —la rubia sonrió con mayor soltura—. Visite a mi familia y… —se detuvo por un instante.
—¿Y?
—Yo… bueno, llegue a pensar en no regresar a Nueva York —fue honesta—. Aquí no tengo nada, ni a nadie; solo tengo mi sueño de ser médico… —admitirlo, le era doloroso.
—Pero tienes a Simón —la actriz no sabía la realidad—. Y también me tienes a mí y a Terry, a pesar de que no hayas podido asistir a los funerales de Susana. Si eso es por lo que te ocultas de él; te aseguro que no está molesto contigo.
—Gracias —era obvio que ella no sabía nada, sin embargo agradecía el buen gesto—. Pero…
—Te daré un programa autografiado, como aquella vez, y daré indicaciones en la taquilla —tomo una servilleta y se la entrego a la enfermera—. Anota aquí tu nombre completo y, por favor, llega entre once y once treinta, con esto —le entrego un papel—. En realidad no es un programa, sino más bien es un boceto del programa, algo que nadie más tendrá —le sonrió, pensando pedirle a Terry su boleto de cortesía—. A esa hora ya te estará esperando tu boleto…
—Gracias, Karen —agradeció que el camarero hubiese llegado en ese instante.
Ambas chicas comenzaron a almorzar, aunque la rubia parecía continuar muy desanimada, deseando poder ser honesta con alguien, sin importar si ese alguien era Karen, tal vez charlar con ella podría ser mas fácil que charlar con Albert e incluso con Annie; seguramente la tímida e insegura señorita Brighton también le tacharía de pecadora y cosas aún peores.
—¿Cómo has estado, Karen? —se animo a seguir la conversación, deseando tener al menos una buena amiga en aquella ciudad.
—Muy bien. Los ensayos han sido agotadores, pero puedes estar segura de que será un espectáculo magnífico.
—Estoy segura de que así será —sonrío con cautela, insegura de cómo continuar.
—Por cierto; hace un par de días encontré a Simón —su interlocutora le escuchó con sorpresa e inquietud ante el cambio de tema—. Luce muy apuesto con su uniforme de médico; no es un Adonis pero tiene atractivo natural. A leguas se nota que es un buen partido, es algo que no se puede negar; es una lastima que solo tenga ojos para ti… —tomo un bocado mientras observaba y estudiaba la actitud de la rubia y con una chispa de astucia en la mirada, agrego otro comentario—. Eres afortunada…
—Sí… —ocultaba la mirada.
—Pero eso también es una ventaja —sonrió al notar la inquietud de la rubia—. Después de la muerte de Susana y gracias a tu compromiso con Simon; tengo el camino completamente libre, para conquistar a Terry…
¿ Conquistar a Terry?
¿Estaba hablando en serio?
¿Era una broma o algo así?
¿Ahora cómo podría ser amiga de la novia de su?...
Con cierta melancolía se sintió obligada a afrontar la realidad. Ella no era nada para Terry; tal vez nunca había sido nada más que una chica a la cual conoció en un barco y con la cual convivió durante el colegio…
—Lamento no poder ayudarte para que lo conquistes… —no pretendía ser honesta, pero sabía que en ese momento le era imposible controlar sus emociones y lo mejor era disimular—. Pero… —le costaba admitir lo sucedido—. La verdad es que, soy yo quien no quiere volver a ver Terry.
—¿Qué? Pero; ¿por qué?
—Porque es lo mejor —no tenía idea alguna de lo que decía—. Tú lo has dicho; Susana murió hace poco y yo estoy comprometida…
La actriz no comprendía la actitud de Candy, cuando para ella era claro que la chica seguía enamorada de su preciado amigo y compañero, y él de la enfermera. Aunque, tal vez todo era cierto; por eso es que deseaba que Terry no se estancará en su recuerdo y siguiera adelante con su vida. De ser así, era claro que Candice White era la chica más madura que había conocido.
—Para serte sincera, no creo que a mi novio le guste mucho esa idea —rio con soltura—. Además, prefiero a Terry como amigo y estoy segura de que cualquier chica sensata y que lo conozca, preferiría lo mismo —tomo un trago de su bebida, mientras la rubia le dedicaba una mirada de clara confusión—. Te aseguro, que no importa cuánto tiempo pase, aunque se llegue a casar con alguien, tenga una familia, o lo que sea; él jamás se olvidará de ti…
En un suspiro, esa charla se había tornado incomoda para la aún joven enfermera y el resto del almuerzo lo pasaron en silencio, hasta que llegó el momento de marcharse.
—Ojalá podamos reunirnos pronto —sugirió la actriz—. Sé que no suelo ser la mejor compañía, pero me agradas mucho desde que nos conocimos en Florida.
—Cuando gustes. Ya sabes dónde encontrarme —sonrió.
x – x – x
Siendo honesta con ella misma, aquella era la primer vez en que tendría la oportunidad de ver una obra completa, siendo Terry el protagonista.
La ocasión anterior no contaba, ya que a mitad de la representación había salido del teatro con la firme intención de hablar con Susana.
Estaba segura de que, a través de los años, la experiencia de Terry era cada vez más notoria y su actuación era mucho más natural. A pesar de todo lo sucedido entre ellos, aquello le alegraba.
Algo en lo que había reparado mientras permanecía sentada en una banca del vestíbulo, era en que, durante el intermedio se había sentido sola; mientras que a su alrededor todos tenían a alguien con quien charlar y compartir sus opiniones respecto al nuevo espectáculo. Recordó el momento en que Simon le había sugerido llevarla y deseó, al menos en ese instante, haber accedido.
Pero durante todo ese tiempo no había mantenido comunicación con el futuro médico y no estaba segura de que él deseara seguir manteniendo su amistad. Recordó el tímido besó que Simon le había dado la noche en que, sin saberlo, Susana había muerto, y en un mero reflejo, se preguntó si le aceptaría después de haber perdido su virtud.
Ansiosa por pensar en otras cosas, se levantó, tomo un programa y fue hasta el tocador de damas. Mientras esperaba, leía, una y otra vez, los nombres de los actores principales, del director y de otras personas involucradas en aquella producción.
Suspiro cuando solo faltaba una chica, para su turno; tal vez había sido un error haber asistido, tal vez debió haberse quedado en el penthouse y estudiar, ya solo faltaban un par de días para que su clases dieran inicio y comenzó a temer no estar preparada, tal vez tenía que haber ido a buscar a Simon y estudiar junto con él, en lugar de estar ahí, sintiéndose como una verdadera tonta, por haber ido a ver un espectáculo donde, el chico que se había burlado de ella, se pavoneaba de un lado a otro, pronunciando frases escritas siglos atrás.
Pero estaba ahí, saliendo de los sanitarios, regresando hasta su butaca, caminando a paso lento, dispuesta a terminar de ver aquella representación y tratando de tolerar la tortura que implicaban sus propios pensamientos.
x – x – x
El telón estaba a punto de volver a subir, mientras seguía en el taller de la costurera, esperando a que está le entregará la parte de su atuendo que había requerido de una reparación de último minuto al habérsele atorado la túnica con una estructura del escenario.
—¡Cinco para volver a levantar el telón! —alguna persona grito por el pasillo, impacientándole aún más.
—¿Puede darse prisa? —presiono a la costurera, pero está ya había terminado y estaba checando que el remiendo no se notará demasiado
—Póntelo —le entrego la túnica y en seguida el muchacho se escondió tras un estante con vestuarios pasados y que sólo estaban amontonados.
Terry salió tan aprisa, que ni siquiera agradeció a la mujer, y a paso veloz se encaminó hasta el escenario, donde de inmediato se ubicó en su lugar y se preparó para salir a la última escena.
A pesar de eso, logro mantenerse en calma y concentrado durante todo el show, y al final de este. La avalancha de pensamientos que, mientras se ponía el vestuario, se había apoderado de él, no le abandono en cada receso al igual que al terminar con su trabajo.
¿Acaso podría deshacerse de esa indecisión?
¿Acaso aún tenía una oportunidad para hacer algo diferente con su vida?
¿Cómo podría estar seguro de tomar la mejor opción?
Aquello era demasiado abrumador, tanto, que a veces le llegaba la descabellada idea de regresar a Inglaterra, pedir perdón al Duque y volver a tomar su lugar en la realeza.
—Sin duda, es una idea descabellada —sonrió a su reflejo, burlándose de el mismo, mientras se terminaba de quitar el maquillaje.
—Si esa idea tiene que ver con cierta chica rubia, con muchas pecas y de ojos verdes, que ambos conocemos; estoy segura de que no es algo tan descabellado —al filo de la puerta, la actriz se detuvo al verlo hablando solo.
—Debí cerrar la puerta —sonrió el chico—. Me había olvidado de la siempre oportuna Karen Kleiss…
—Y hermosa. No olvides nunca que soy hermosa —bromeaba con él.
—Claro, sobre todo… —le seguía el juego.
—¿Y bien? —esperaba algún otro comentario.
—¿Olvide algún otro calificativo? —hizo notorio el poco interés que tenía en alentar el posible narcisismo de la actriz.
—Hablo de Candy… —entro, sin disimular su curiosidad—. ¿Tiene que ver con ella?
—No estoy seguro… —respondió después de pensarlo muy bien—. Ni siquiera estoy seguro de si algún día podré volver a verla.
—Vaya pesimismo el tuyo —sonrió y se sentó al lado de su colega—. Te comportas igual que ella.
—¿A qué te refieres? —no entendía hacia donde pretendía ir.
—Sí. Es decir; ambos dicen lo mismo pero con diferentes palabras. Ambos hablan sobre no volverse a ver porque es lo mejor y ponen esas caras de "sacrificado en nombre del amor" —Terry la miraba divertido, mientras ella gesticulaba y exageraba los gestos—. ¿Sabes qué? Eso son puras tonterías.
—¿A qué viene todo esto? —dio la espalda al espejo y se recargo en la repisa, mientras cruzaba los brazos.
—Bueno, es que, el amor ya es lo bastante complicado como para que ustedes mismos lo compliquen aún más —también se cruzó de brazos y se recargo a un lado del muchacho, quien parecía intuir con lo que continuaría—. Yo he visto cuanto le amas y he visto todo lo que has padecido lejos de ella y también he visto la forma en que ella te mira y habla de ti. Ustedes se aman; no veo cuál es el problema.
—No es tan simple. Ella está comprometida y…
—Pero ella te ama; eso es lo primordial. Además Simon no está manco, ni tampoco le falta una pierna, como a Susana —tan pronto lo dijo, se arrepintió—. Demuéstrale que eres mejor partido que él —se levantó y caminó hacia la salida; debía ir a casa—. Demuéstrale que aún la amas, quizá incluso más que su prometido, y lo que estarías dispuesto a hacer por ella…
X – x – X – x – X
Última edición en septiembre del 2019
Chicas, además de agradecer su lectura, quiero comentarles que hay un problema con los comentarios y no lo había notado y la verdad no tengo la menor idea de cómo solucionarlo o porque ha surgido.
por cuestiones de costumbre borre los correos con las notificaciones y ya no pude ver cuáles o quiénes han comentado y en Fanfiction no aparecen sus comentarios, incluso algunas ya me habían dicho que la página no les permitía dejar sus review.
No estoy segura de que tan normal sea eso, pero está pasando.
Así que, de antemano una disculpa al respecto y por ahora solo respondo a la chica que dejo un comentario de manera anónima.
El final es un poquito diferente, pero prometo qu después de todo y a pesar de que en su momento había dicho que no dejaría a Terry y Candy juntos, cambie de opinión y tendrán un fin agradable.
Gracias a todas y disculpen las molestias.
Monse
