Disclaimer's Incluidos.
Fecha de edición: 04/10/2020
Capítulo13.
.
"Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas"
—Françoise Giroud
.
.
Caminó sin prisa por el húmedo pasillo, la tenue luz de la bombilla sobre su cabeza a distancias considerables, provocando una leve penumbra en el lugar. El olor del miedo persistía de manera constante en el aire al igual que el óxido de la sangre, la poca ventilación era sin duda un factor decisivo en esos aromas tan arraigados en las paredes, oía algunos gritos que iban y venían, los golpes certeros de las fustas y coloridas maldiciones.
La puerta frente a él se abrió, dos soldados lo saludaron formalmente y continuó su camino. El asiento ya estaba preparado donde siempre, junto a una pequeña mesa y una tetera de té humeante con algunos aperitivos a su costado.
Se quitó la gorra, los guantes de cuero y otro soldado lo ayudó a despojarse de la chaqueta antes de tomar asiento y beber un sorbo de té, empapando su garganta. Sus músculos se relajaron finalmente después del largo día, lo único que restaba previo a la vuelta en sus aposentos.
La puerta de metal cerrándose, hizo eco en el lugar y el sonido de las cadenas arrastrándose con pesadez sobre el suelo. Sasuke continuó tomando pequeños sorbos y comió un bocadillo, sin reparar mucho sobre el cuerpo casi inconsciente que estaban sujetando sus hombres al techo.
—Mayor Uchiha—llamó Jūgo al terminar, Sasuke tomó un último sorbo antes de volver su mirada al hombre moribundo delante de él. El cabello rubio teñido de sangre, uno de sus brazos vendados tenía las gasas de color escarlata y al igual que su cuerpo con ciertas manchas rojas.
Sasuke lo analizó por unos largos minutos: las heridas del brazo tratadas por Karin se habían vuelto a abrir; su rostro tenía ciertos moretones y protuberancias, resultado de los golpes; la fatiga era sin duda un factor importante también, aunque el odio era visible por su único ojo, ahora un poco golpeado.
—Es claro porque estás aquí, Deidara.—Se levantó de su asiento y caminó hasta donde estaba colgado, tres pasos más y estaría sobre él.—Estás olvidando tu lugar en lapsos más cortos y a mí se me está agotando la paciencia.
Realizó un leve movimiento de cabeza y Jūgo agitó la fusta para terminar sobre la espalda del rubio, un leve murmullo se agitó sobre su pecho; pero Sasuke lo ignoró.
—Puede seas uno de los favoritos de Madara; pero hoy has destruido todo el maldito progreso en minutos por tu soberbia. Has ignorado la orden de dos superiores, matado a dos chicos bajo mi mando e intentaste matar a la Mayor Sakura Haruno.
—Eres un...—Trató de murmurar Deidara con la sangre en su boca; no obstante, las palabras se detuvieron después de un golpe sobre su mejilla. La sangre ahora estaba en su rostro, al costado derecho.
Sasuke lo miró con frialdad, la fusta en su mano derecha entregada por su hombre de confianza.
—He tenido suficiente con tus arrebatos de hoy, escucharás lo que te diga o de lo contrario, la próxima vez no seré tan condescendiente, ¿he sido claro?
Deidara escupió sobre el suelo cerca de las botas negras de él, Sasuke ignoró el insulto y siguió, estaba cansado y aún tenía prisioneros a los que interrogar.
—Te quedarás aquí unos días, por supuesto tendrás los cuidados médicos necesarios y las comidas al orden del día; pero no esperes más.
—No soy un prisionero, Uchiha—alegó, intentando soltarse. El brazo herido comenzaba a sangrar más.
—Ahora eres mi prisionero, Deidara. Nadie te sacará de aquí, estás bajo mi mando y haré un informé, ¿quién crees tendrá la razón? Un Uchiha o un don nadie, como tú.
—Vete al infierno.—Sasuke sonrió, entregó su fusta a uno de sus hombres y se acercó un poco más al rubio, bajando levemente su cabeza para susurrar:
—¿Dónde crees estar?
Enderezó la espalda y volvió a su asiento, un pequeño movimiento de mano para que soldados de la puerta lateral fueran por el nuevo inquilino de su prisión. Jūgo sirvió un poco de té en su taza, mientras los gritos de Deidara hacían eco por todo el lugar.
Sasuke sabía que lo odiaba, era algo mutuo; pero realmente lo tenía sin cuidado la mayor parte del tiempo a no ser que interfiriera en sus asuntos y era algo que definitivamente no iba a permitir.
—¡Me escuchas Uchiha! Algún día te arrepentirás de todo esto, y seré el primero en escupir sobre ti. Marca mis palabras.
Las puertas de metal se cerraron nuevamente ahogando cualquier sonido. El Mayor Uchiha disfrutó de otra taza antes de continuar con los pendientes del día en la pequeña prisión.
—Mayor—llamó Jūgo después de varios minutos.
—Tráiganlos.
Tomó un pequeño bocadillo, observando cómo su taza era nuevamente llenada.
El silencio fue refrescante pese al poco tiempo que duró, los gritos eran peores que los anteriores. Una migraña comenzaba a tomar fuerza en su cabeza; pero tenía que ignorarla por el momento y terminar con su trabajo.
La puerta de metal sonó nuevamente, los gritos eran más intensos todavía. Sasuke levantó sus orbes para ver la fuente de tan horrible sonido, y volvió para mirar a Jūgo con una ceja levantada.
—De los que logramos capturar, estos dos parecen ser los líderes, siempre en medio y al frente.
Explicó observando a ambos prisioneros ser encadenados al techo, uno junto al otro en medio del caos.
—Silencio.—La voz de Sasuke fue fría y fuerte, mientras el agua saltaba un poco después de que este ondeara su fusta sobre el suelo. Ambos jóvenes se callaron para mirarlo sin miedo, pese al peligro que adornaba su voz.
El Uchiha sonrió, tenían agallas debía reconocerlo. Se levantó de su lugar y caminó hasta ellos seguido de Jūgo, quedando a una distancia prudencial, observó a ambos jóvenes delante de él.
El chico aparentaba apenas la mayoría: sus cabellos marrón terminando en punta, que enmarcaban su rostro cansado y magullado; los ojos de color azul oscuro lo miraban desafiante, teniendo en cuenta la precaria situación en la que se encontraba; era alto y bastante fuerte, con algunos signos de sangre en la ropa.
Después volvió sus ojos a la chica, quien era un poco más pequeña y algo delgada, la fatiga estaba marcada en su rostro al igual que su compañero y a diferencia de muchas, sus orbes púrpuras lo miraban de manera fija sin miedo alguno a pesar de encontrarse en aquella precaria situación; el cabello estaba completamente revuelto, lo que parecían haber sido dos colas, ahora eran solo la sombra de ello.
Sasuke extendió su mano libre y Jūgo le entregó una pequeña carpeta, dando una última mirada a ambos jóvenes, la abrió para analizar su contenido.
Konohamaru Sarutobi y Moegi Kazamatsuri, eran los nombres a cada lado de la carpeta con sus fotos y la información básica. El chico tenía 19 años, estaba estudiando en la Universidad y era justo de la edad que tenían requerimiento para prestar el servicio militar que habían informado hace poco; pero ahí estaba ahora, capturado como un participante de los rebeldes en las protestas.
Sasuke rio un poco y negó con la cabeza al ver con quién estaba relacionado, la familia Sarutobi poseía una generación larga de servicio a la anterior casa imperial, además de sus otros negocios recientes que iban en declive bastante público.
La chica por otro lado era un año menor, su familia era normal, nada relacionado con los apellidos que respaldaban los rebeldes y mucho menos al emperador anterior. Una persona del común que creía en los ideales de la que se hacía llamar a si misma: la resistencia.
El Mayor Uchiha realizó un leve movimiento de cabeza y su asiento fue movido con prontitud hasta su nueva posición. Sasuke tomó asiento y apoyó su codo izquierdo sobre el reposa-brazos sin apartar sus ojos oscuros de ambos prisioneros frente a él. Dejó que los segundos pasaran sin prisa y los observó con detenimiento antes de hablar.
—¿Cuándo lo harán?—Fue la primera pregunta del Uchiha con la mirada fija en ellos, ninguno hablo. Dos de sus hombres se acercaron hasta ambos desde atrás, una fusta en la mano derecha de cada uno, dispuestos a agitarla ante tal falta de respeto.
Sasuke levantó la mano y negó con la cabeza en dirección a ellos.
—Deben estar en perfectas condiciones para la reunión.
—Sí, Mayor Uchiha.—Realizaron una pequeña reverencia antes de retroceder hasta su puesto original, con los ojos fijos en la espalda de ambos jóvenes.
El silencio se apoderó de todo el lugar, ambos estaban ahí frente a él sin decir ni una palabra a pesar de saber, eran menos que nada en ese lugar. Retirando el brazo de la madera, golpeo su pierna izquierda antes de levantarse y acercarse a ellos de nuevo.
—Konohamaru Sarutobi.—Comenzó tranquilamente, observando el rostro de su preso—¿Qué fueron de los últimos días de tu abuelo? La familia Sarutobi sigue intentando ganar el favor del pueblo y por eso ahora eres un criminal o simplemente estás tratando de limpiar el nombre que manchado. Pasar a la historia como el único miembro de la familia que no odian.
Un pequeño jadeo de sorpresa en el lugar, seguido de un golpe seco, los pasos apresurados. Sasuke se limpió la mejilla derecha con la servilleta que le tendía Jūgo sin apartar los ojos negros del chico, quién ahora tenía un hilo de sangre bajando por el costado derecho de su labio.
—Te mataría ahora mismo de no ser que tenemos planes para ti—murmuró fríamente, luego de unos segundos.—Estoy siendo más condescendiente de lo que debería, tal vez unos latigazos sean lo más acertado, con tal de que sigan vivos deberían servir.
El Mayor Uchiha miró a los hombres detrás de los prisioneros, ambos asintieron y se acercaron agitando las fustas en sus manos, los gritos agudos de la chica llenaron el lugar después de tercer golpe y el joven Sarutobi gritó:
—¡No la toques! —Jadeó con dificultad Konohamaru después de que los gritos de Moegi se detuvieran.
Sasuke sonrió con burla impregnada en su expresión. No tenía que pegar a ambos, para obtener lo que quería, ellos mismos habían dado el material suficiente para hacer todo más rápido.
—Solo a la chica—murmuró el Mayor volviendo a su asiento, dejando que los golpes siguieran sin piedad.
Cerró los ojos escuchando los gritos y el sonido de la fusta contra la carne. «¿Por qué tenía que ser siempre así?» era la pregunta que se hacía mientras el olor de la sangre comenzaba a penetrar en su olfato, «¿Por qué no rendirse y ya?» Después de todo, ambos lados sabían que ya tenían la información y solo necesitaba comprobarla para estar totalmente seguros del próximo movimiento.
«¿Para qué dejarse matar?» A los rebeldes poco o nada le importaban sus miembros, lo único que realmente valía era el objetivo por el cual luchaban juntos: Hasta la muerte, era su lema. Sasuke había sido testigo de cómo Sakura Haruno abandonó todo por un grupo que al final, estaban buscando matarla al ser capturada.
La vio luchar contra todo y rendirse para salvar un amigo. «¿Cómo reaccionaría al encuentro con esos dos jóvenes delante de él? ¿Sería la vida de Naruto y la de ella, o las de esos adolescentes?»
Los sollozos comenzaron a oírse con más fuerza, sacando a Sasuke de sus propios pensamientos escuchó las disculpas débiles del joven y las negativas de la chica.
—¡Cállate Moegi!—gritó Konohamaru exasperado, mirándola con pena.
Sasuke alzó la mano, una silenciosa orden para que los golpes se detuvieran y los gritos cesaron para volverse sollozos.
Ella negó con ímpetu a pesar de su condición, murmurando una y otra vez en voz baja:
—No lo hagas, no…
—No voy a permitir que te maten, Moegi. No delante de mí.—Su tono de voz no daba lugar a discusiones, la mirada triste de ella lo decía todo; ella tampoco quería traicionar a su gente.
—Konohamaru…
—Lo siento.—Negó con la cabeza antes de volver a Sasuke quien seguía en su asiento, ahora con los ojos negros mirándolos fijamente.
Los sollozos de ella eran el único sonido durante unos largos minutos antes de que finalmente, Konohamaru se dignara a hablar, después de una larga batalla consigo mismo.
—Lo último que llegó a mi fue que el cargamento de provisiones había llegado al puerto, mi siguiente misión después de la marcha, sería ayudar a distribuirlas y aumentar nuestras fuerzas de apoyo.
—¿Cuándo?—preguntó Sasuke sin emoción desde su lugar.
Konohamaru negó con la cabeza, el Mayor Uchiha hizo un leve movimiento con su mano para que los golpes siguieran.
—¡No!—gritó con fuerza el chico de cabellos marrones al ver tal orden—, es verdad lo que digo. Kakashi Hatake nunca me dio más instrucciones que esas, creo que será pronto a lo mejor entre esta semana o la otra; pero dada las bajas es más segura la segunda opción. Deben estar evaluando daños y reuniendo más gente para el golpe.
Sasuke lo miró fijamente durante aproximadamente cinco minutos completos, antes de suspirar y levantarse de su asiento.
—Liberadlos, quiero a cada uno en una celda diferente. Lejos del otro; pero en la misma área para vigilancia.
Los soldados realizaron un leve asentimiento y prosiguieron a cumplir las ordenes, las cadenas se abrieron y el único sonido era la voz preocupada de Konohamaru llamando de manera desesperada a su compañera inconsciente, cuya sangre goteaba en las heridas de su espalda y caían hasta el suelo sucio.
—Busquen a alguien que atienda sus heridas—ordenó de manera simple despidiendo a los hombres con su mano.
El Mayor Uchiha caminó hasta la puerta de metal ignorando todo lo demás, por fin había terminado con sus obligaciones del día y disfrutaría un poco de tranquilidad en la soledad de su hogar; por supuesto, se tenía que asegurar que no existiera ningún contratiempo ocasionado por Deidara.
Volviendo a vestir todo lo que había dejado, preguntó después de unos momentos de silencio:
—¿Suigetsu?
—A controlado con éxito cualquier eventualidad—contestó Jūgo con prisa, extendiendo el abrigo para que su Mayor pudiera volver a vestirlo.
—¿El informe para Madara?
—Sobre su escritorio, Mayor—respondió luego de unos minutos, la incomodidad en su voz era evidente y él no tenía tiempo para lidiar con eso, necesitaba a sus hombres de confianza concentrados.
—No debes preocuparte, Jūgo. Madara sabe cómo es Deidara y todos estos pequeños arrebatos contra chicos nuevos, en definitiva, no le agradarán. Que este aquí, es perfectamente razonable y mañana me dará razón de ello; Suigetsu está haciendo un buen trabajo también, las cosas no cambiaran.
—Yo…
—Sé que Karin, Suigetsu y tú hablan a mis espaldas; pero no tienen de que preocuparse. Pese a que Deidara es su favorito y yo lo castigo de una manera demasiado frecuente, él apoya totalmente eso, no le gusta que se pasen de listos y se crean mejor que un Uchiha.
—Siempre tendrás nuestras lealtades, Sasuke.—Aseguró con voz firme al notar el tono del Mayor, mirando directamente a los ojos oscuros del Uchiha quién seguía impasible tratando de detectar cualquier discrepancia.
—Eso espero.—Siguió su camino de manera silenciosa, mientras las luces iluminaban todo el tramo, con la puerta a unos metros se detuvo unos segundos antes de volver su mirada a Jūgo quien estaba a unos tres pasos de él.
—La Mayor Haruno.
—Una herida superficial, ya está en su lugar de trabajo.
Sasuke asintió en silencio y caminó hasta la puerta para esperar su transporte. Como siempre, Jūgo fue totalmente diligente con sus deberes, y lo acompañó durante todo el trayecto hasta la puerta de su hogar dentro de la base.
Un viaje silencioso e incómodo si debían describirlo; pero no era un buen momento para darle charla al Mayor Uchiha, quién había cerrado los ojos al momento en que el vehículo comenzaba a rodar sobre el asfalto hasta que se detuvo y el volvió a revelar sus orbes oscuros, frunciendo el ceño.
En la puerta de su hogar estaban paradas dos mujeres, una de cabellos rojizos y otra de un tono anaranjado enfundada en un vestido de noche bastante revelador. Salió del auto sin mayores ceremonias y paso de largo ignorando a la primera antes de colocar una pequeña sonrisa sobre sus labios para la segunda.
—He escuchado que has tenido un largo día, Sasuke. No sé si podríamos tener una pequeña charla para relajarte.—Fueron sus palabras bajas, acercándose hasta el mencionado con una botella de vino en su mano diestra.
—Siempre es un placer, Mei.—Sonrió Sasuke ofreciendo un brazo con galantería y espero a que ella lo tomará antes de seguir su camino hasta las puertas de su casa, subiendo los peldaños en la entrada, sacó un juego de llaves y las introdujo para abrir la puerta principal ignorando a todos los demás.
Se hizo a un lado para que su acompañante pasara y fue justo en ese momento que escuchó como lo llamaban.
—Mayor Uchiha, es de suma importancia el reporte que debo darle.—Ahí estaba el tono fastidioso con ese eje de regaño que no quería escuchar en lo que restaba del día.
—Mañana, Karin—replicó con simpleza guiando a la mujer dentro de la estancia, ignorando por completo el pequeño resoplido y la carrera que realizó para llegar detrás de él.
—Es de suma importancia, Mayor Uchiha.—Insistió colocando una mano sobre su hombre izquierdo, pasando de la mirada llena de reproche que le lanzaba Mei Terumi a unos metros de ellos.
Sasuke exhaló cerrando los ojos, le dio una pequeña sonrisa a Mei y giró sobre sí para mirar a Karin, quien había retirado la mano. Tenía el cabello recogido en una coleta y los orbes detrás de esos lentes tan característicos de ella lo observan con una ira profunda que le confirmaban iban a hablar de todo, menos de trabajo.
—Tienes dos minutos, Karin.—Recalcó el tiempo, soltando el pomo de la puerta, bajó por las escaleras hasta posicionarse a una distancia prudencial para que Mei no pudiera escuchar su conversación.
La Uzumaki lo siguió en silencio hasta quedar delante de él, intentando controlar un poco su enojo antes de hablar:
—Le marcaste la cara.—Recriminó Karin después de unos segundos, mientras ignoraba la miraba poco amigable de Mei Terumi, quién se quedó a unos metros de ellos, justo en la entrada de la casa.
—¿Debería preocuparme?—Sasuke volvió la cabeza a Mei y sonrió en dirección a ella, entendiendo por completo de quién estaba hablando su subordinada.
—No realmente, después de todo tú te casarás con ella, ¿no?
El Uchiha volvió sus ojos a ella de manera inmediata, su rostro estaba inexpresivo; no obstante, su mirada era algo totalmente diferente. «¿Cómo se atrevía?» pensó dando un paso amenazante hasta ella, no iba a tolerar ta actitud frente a él y mucho menos a permitirlo, aunque fuera alguien de su confianza.
—Ten cuidado con lo que dices, Karin. Sigo siendo un superior y semejante falta de respeto no es algo que toleraré.
La Capitana Uzumaki siguió firme en su lugar, mirando sobre su hombro para observar mejor por unos minutos a Mei Terumi antes de continuar, volviendo sus ojos a él.
—Puede que ahora estés empeñado en hacer creer y querer creer en ciertas tonterías; pero a mi no me engañas.—Se detuvo unos segundos antes de proseguir—Apostaría que no has besado a la Teniente Coronel Terumi y es algo que ella morirá esperando por otro lado, Sakura….
—Karin.—Fue la simple amenaza en su nombre, la mujer de cabellos rojos dejo sus orbes sobre las manos en forma de puño de su Mayor, los nudillos totalmente blancos y después volvió a mirarlo a los ojos.
La furia era latente en ellos y era momento de irse, la línea estaba marcada debajo de sus pies y un comentario similar sería la excusa para un largo castigo por tal insolencia, teniendo en cuenta que él no estaba de un buen humor para seguir soportando señalamientos a su vida personal; sin embargo, Karin se quedó unos minutos más debatiendo si debería decirle o no.
—Jūgo—llamó Sasuke, mirando sobre su hombro al hombre de cabellos anaranjados parado a unos metros.
El mencionado llegó con rapidez a su lado, mirándola de reojo unos segundos antes de fijar toda su atención en Sasuke.
—Los dos minutos han terminado, es hora de que se retiren, ambos.
Su tono de voz no daba lugar para réplica alguna, despidió a ambos con un pequeño movimiento de mano y giró sobre si para entrar en la casa, una mano sobre la cintura de Mei Terumi y otra sobre el pomo de la entrada. La Teniente Coronel los miró con burla antes de secar a relucir esa espectacular sonrisa de portada, moviendo su mano hasta el pecho de él.
Karin dio un paso adelante, mientras era agarrada del brazo por Jūgo. Lanzó una mirada de fastidio a su compañero y volvió su rostro al frente antes de hablar lo suficientemente alto para que su voz fuera escuchada por el Uchiha.
—No pierdas todo, Sasuke. No cuando sabes que aún hay esperanzas.
La puerta se cerró con fuerza. Él nunca miró atrás.
¡muchísimas gracias a todos los que aún siguen la historia! Espero que les gustará este nuevo capítulo! Bueno debo comentarles algo, esta reedición del fic vino con un aumento de capítulo y tendrá en total 32 capítulos más un epílogo.
Así que sigan pendientes a las actualizaciones!
Zhang.
