Capítulo 9: Llegué, vi y vencí
La expresión de Terry no dice nada. Solo la mira como si quisiera comérsela con los ojos. Acerca el rostro al suyo y, seguidamente, la besa como si fuese la primera y última vez.
Terry se deja llevar por aquel beso con el que tantas veces ha soñado. El beso que solo podía darle a Candy. El que ha repetido en su mente infinidad de ocasiones.
Y en ese instante, en el que el resto del mundo sobra y en el que las palabras no pueden describir lo que Candy siente, todo se sella con un beso.
El razonamiento se ha convertido en un efímero concepto que Terry no pude concebir, puesto que su mente, se encuentra abrumada por la intensidad de la situación.
Después de unos instantes, cruelmente breves, las manos de Terry liberan su rostro y Candy siente que el calor se aleja.
Terry ahora sabe que los labios de ella no solo le pidieron que los besara, no, querían que se adueñara de ellos. Y eso está bien, porque no va a permitir que nadie se los arrebate. Nunca.
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Besos, risas y más besos. Intentan negarlo, pretender que lo que sucede no es real, o que es sólo una locura pasajera que pronto pasará y caerá en el olvido.
Sin embargo, pasan los días y la verdad se hace más evidente: es una locura, pero no pasajera.
Le llevó mucho tiempo a Terry admitir lo que siente y no quiere sentir. Más tiempo aún le llevó comprender que no hay cura y no hay nada que hacer al respecto.
No se siente capaz de confesar sus sentimientos. Y la razón es porque no sabe si Candy siente lo mismo.
Lo que Terry no sabe, o no se da cuenta, es que la palabra flota en el aire cada vez que se besan y, por momentos, parece realizar una danza prohibida en los labios de ambos. No es audible ni aceptada, pero está presente, entre ellos, latente y aguardando el momento para surgir.
Alguna vez, en alguna parte escuchó a alguien decir que el amor es como un cigarrillo explosivo que fumamos voluntariamente y Terry no podía estar más que de acuerdo.
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Mirando el lado bueno, al menos Candy no permitió que Terry no se hiciera cargo de lo que había empezado.
Ignorando el hecho de que cada vez desea con más fervor ese roce entre sus labios, Candy está segura de que venció en la batalla.
Continuará...
