Harry se encontraba en su habitación, recostado sobre la cama y mirando el techo mientras pensaba en lo injusta que era la vida. El atardecer estaba por caer y estaba agotado por sus entrenamientos, habían pasado ya seis meses desde que había tenido que partir nuevamente de su reino y sin embargo no existía nada en que pensara más que en Draco, Draco Malfoy. Era extraño, por años no había tenido un nombre que darle a aquel rostro que era tan recurrente en sus fantasías que llamarlo de otra forma que no fuera "el ángel del árbol" le causaba una añoranza singular, porque, aunque sabía que eran la misma persona, para él no lo eran; su ángel no estaba comprometido con su hermana pequeña, su ángel tenía ojos solo para él, su ángel era suyo y de nadie más.

Y era injusto, sumamente injusto, había pasado años pensando en aquel joven, soñando con él y fantaseando que algún día lo encontraría, si hasta se había atrevido a llamar "destino" a aquella serie de acontecimientos que los había llevado a conocerse y a reconocerse como parte de un solo elemento. Pero resultaba que las cosas no eran de aquella manera, que no había sido el destino ni nada de aquellas cursilerías románticas que se había formado en la mente, porque por más que aquello sonara a una historia de amor no lo era, Malfoy desposaría a su hermana y él no podía hacer nada para impedirlo, mucho menos alegando que sabía, que sentía que estaban hechos el uno para el otro.

Y sabía que Draco le correspondía, no entendía como lo había descubierto, solo recordaba que lo había mirado a los ojos y la verdad le había sido revelada, y aquello, aunque debía ser un alivio no lo era, era la peor parte de todas, saber que se querían, que se anhelaban, que aquel amor a primera vista había sido cosa de dos y que, sin embargo, estaban obligados a mantenerse lejos el uno del otro, por el bien de sus reinos, por el bien de Lila y por el deber de Draco como el príncipe heredero. Y se sentía sumamente egoísta, deseando en el fondo que Draco decidiera cancelar el compromiso, pues sabía que su hermana estaba encantada con él y que, pese a haberse visto una sola vez, la correspondencia que intercambiaban a diario había sido suficiente para que cayera a sus pies.

Lila quería a Draco, y Draco le quería a él y él quería a Draco hasta tal grado de olvidar por completo que era correcto y que no, pero sabía que la historia no podía repetirse, que si con Cedric no había existido problema era porque —por muy clasista que se escuchara— aquel joven era solamente un sirviente, a diferencia de Diggory, el traicionar a su hermana y arrebatarle al rubio podía significar una guerra entre amos reinos, podía significar el fin de la tregua que el sol y la luna mantenían. Pero sobre los conflictos bélicos se encontraba su deber como hermano mayor, no podía hacerle aquello a su hermanita, ella había soñado con el príncipe perfecto y estaba más que claro que Malfoy lo era, desde su apariencia hasta su intelecto.

Pasaba días enteros deseando que Draco Malfoy mostrara ante sus hermana una faceta desagradable, algo que hiciera que Lila se arrepintiera de desposarlo, pero aquello no ocurría, al contrario, con cada carta su hermana se enamoraba más del príncipe de la luna, con cada carta recalcaba su perfección y aquello además de cautivar a su hermana, lo cautivaba a él y se sentía sumamente miserable. Malfoy no solo era un rostro bonito, no, el bastardo era un intelectual, era un caballero, era un artista y aquello le jodía como nada en la vida, jamás deseó tanto haber tenido razón cuando dijo que esperaba que se comiera los mocos y así su hermana se desencantara de él.

Pero soñar no era un pecado y a veces se encontraba a si mismo imaginando que las cosas eran diferentes, que era él y no Lila quién estaba comprometido con el rubio para unir sus dos reinos, que el rey Malfoy lo aceptaba sin problemas y que sus padres le devolvían la corona, contentos de verlo con la persona que él quería, sin tener que ocultarse de nada ni de nadie, llevando una vida tranquila y perfecta en pareja como la que sus padres tenían, con Draco a su lado, cumpliendo con aquel sueño infantil que había comenzado hace mucho, teniendo aquel final feliz que deseaba más que nada en la vida. Por supuesto que cuando aquellos sueños terminaban y volvía a la realidad se sentía como un traidor y mirar a Lila a la cara le costaba un esfuerzo sobre humano, pero no podía evitarlo, simplemente se sentía tan atraído a ese hombre que dolía.

La puerta de madera sonó, alguien pedía permiso para entrar y Harry tomando un poco de aire y preparándose para lo que venía cada noche respondió un "adelante" que intentó entonar de la manera más neutral posible, aunque la pesadez era palpable. Lila apareció detrás de la puerta, sonriendo como siempre y aquello le confirmó sus sospechas, debía prepararse para una muy larga charla sobre Draco Malfoy y lo perfecto que era, fingiendo que estaba feliz por ella, por haber encontrado al hombre ideal y evitando a toda costa demostrar que se sentía sumamente celoso y realmente triste por como las cosas se habían dado.

Resignándose se enderezó en la cama y se sentó para dejarla a Lila un poco de espacio que ella aprovechó sin dudar. La chica lucía recién bañada y vestía una de sus pijamas de seda color coral que tanto le gustaban. Harry le sonrió cuando ella le dirigió una mirada brillante, aquello siempre le hacía entrar en un dilema, pensaba que estaba realmente feliz de ver a su hermana tan ilusionada y feliz pese a estar siendo forzada a casarse, y por otra parte estaba el hecho de que la razón de su felicidad era aquel joven que él había considerado como el primer y único amor de su vida.

—¿Nueva carta eh? —preguntó sonriendo, no podía odiarlos, simplemente no podía, pero dolía.

—Si, ha llegado por la mañana pero con los estudios no había podido abrirla, me ha contado como le fue en su viaje por el extranjero, los negocios en su reino con los reinos vecinos van a la perfección y pronto volverá a casa, dice que me ha conseguido un par de regalos, aunque le he dicho que no necesito nada, después de ver el vestido que me envió he quedado sorprendida, pero las excentricidades nunca han sido lo mio.

—Deberías sentirte alagada, es un buen muchacho.

—Lo es y se preocupa muchísimo por mí, le he contado de la fiebre de la semana pasada y me ha mandado junto con la carta un montón de medicinas y vitaminas para mantenerme fuerte y sana ¿a que es un encanto?

—Lo es —respondió sumamente atribulado y disimulándolo muy bien, por su hermana y únicamente por ella. —¿Qué más te ha contado? —se forzó a preguntar.

—No mucho en realidad, hemos bromeado un poco sobre la boda y esas cosas, me ha contado tanto de él que siento que ya lo conozco de toda la vida, justo como siempre lo soñé, oh Harry, no sabes lo feliz que estoy de que esté saliendo de esta forma, estaba tan aterrada de estar con alguien completamente desconocido y ahora creo que es lo mejor que me ha pasado, Draco es todo un sueño, será un magnífico rey y el esposo perfecto. Si antes tenía miedo de unirme a alguien sin amarlo ahora sé que el amor puede llegar de muchas formas... ¿crees en el amor a primera vista? —le preguntó soñadora y él asintió con pesar— eso es justo lo que ocurrió cuando lo miré, cuando lo vi entrar al salón con aquel traje que resaltaba sus ojos supe que los dioses lo habían enviado solo para mí y cuando comenzamos a charlar y congeniamos al instante comprobé que no me equivocaba —soltó una pequeña risa— ¿crees que es demasiado cursi? ¿Demasiado infantil? —el negó, comprendiéndola totalmente— Me siento como en un cuento de hadas. Ahora entiendo por qué los dioses me negaron a Cedric y es que estaban guardando para mi algo completamente diferente, estoy tan feliz de que las cosas hayan salido así que podría reventar y muero de ganas de volverlo a ver.

La charla sobre Draco Malfoy continuó por un rato más, su hermana siempre lo mantenía al tanto de la vida de su prometido, tanto así que Harry sentía que lo conocía igual de bien que ella; había descubierto por su hermana lo que a aquel joven le gustaba, lo que le disgustaba, sus pasatiempos, sus fortalezas y sus debilidades, sus aspiraciones y sus metas, hasta su postre favorito y su estación del año preferida, pero si de algo no la había escuchado hablar era de la herencia de la luna, cosa que lo tenía sumamente intrigado, se preguntaba por qué Malfoy ocultaba aquella cosa tan importante, pero a la vez le alegraba que no lo compartiera, pues aquello era una de las cosas que solo él sabía sobre Malfoy y no quería compartirla con nadie más, aquello era su secreto, de los dos. Había leído tantas cartas de Malfoy y había escuchado tanto de él que a veces sentía que era él quien mantenía comunicación con el rubio y no su hermana, pero, aunque se había sentido tentado a escribirle, se detenía únicamente por su conciencia.

Cuando su hermana dejó de parlotear sobre su prometido ambos se encontraban ya sobre la cama, frente a frente y poco a poco la fue venciendo el sueño hasta que se quedó dormida, balbuceando algo sobre la lección del día siguiente. Harry la cubrió con la manta y ella rápidamente se acurrucó en su pecho, como cuando eran niños y él la recibió con cariño, acariciando su largo cabello rojo y admirando a la mujer en la que se había convertido. Era como estar entre la espada y la pared, ella era la persona que más amaba sobre la tierra, pero Malfoy, Draco Malfoy le llamaba como si estuviera hecho para él y solo para él.

Miró que su hermana aún sujetaba entre sus manos la carta de aquel día y, aunque en un principio lo dudó, al final la tomó y la leyó con sus propios ojos. La letra de Malfoy era hermosa, tanto como su dueño, una caligrafía sumamente estilizada y plagada de curvas precisas que le hacían sentir tranquilo. Tal cual su hermana le había dicho, el heredero de la luna le hablaba sobre sus viajes políticos y lo entusiasmado que estaba por, por fin, haber salido de su reino. Malfoy ya había mencionado antes que durante su infancia y el principio de su adolescencia había estado tan ocupado en los estudios que rara vez se le permitía salir de las murallas de sus tierras y la emoción con la que narraba sus aventuras le derretían en corazón; podía imaginárselo dentro de su carruaje, jalado por caballos blancos, mirando por la ventanilla, llegando a algún reino lejano y disfrutando de la libertad de la que al parecer sus padres le había privado durante tanto tiempo.

Finalmente tomó la carta y la colocó en su mesita de noche, dispuesto a dormir también pues al siguiente día le esperaba un largo itinerario que debía cumplir. Pero en su cabeza había surgido una idea completamente descabellada que le hacía mirar nerviosamente a su dormida hermana, luego la carta y finalmente el techo, como en busca de una respuesta o de algo que le impidiera aquello que quería hacer. Miró la carta, Lila estaba profundamente dormida y no sabía cuánto tiempo había transcurrido pero finalmente tomó el pergamino, se colocó de pie y caminó sigilosamente hasta su escritorio, su hermana no se había percatado de nada, pero él estaba nervioso, muy nervioso.

Malfoy había mencionado en su masiva que durante sus viajes había estado en busca de una flor y que había esperado encontrarla en su último destino, cuestión en la que no había tenido éxito; la flor luz de medio día. Harry había leído sobre ella durante sus clases de biología en años pasados y la había visto en las ilustraciones de los libros, sabía que era muy rara y exótica y también muy codiciada, en su reino las había habido por montones antes de que la sequía los azotara ya hora era tan difícil de encontrar que valían una fortuna. Pero esta flor no era especial por su particular luz dorada y el brillo mágico que emanaba por las noches, sino porque además, se decía era capaz de brindar a su protector y dueño la felicidad verdadera y una vida larga y saludable. Miró la carta una vez más y decidió que regalarle aquella flor que tanto deseaba no estaba mal.

Extendió sus manos sobre el escritorio y cerró los ojos, concentrándose y controlando en su totalidad el elemento de la tierra, sabía que aquello le consumiría gran parte de su energía y que al día siguiente amanecería enfermo, pues aquella no era una planta cualquiera, era una flor mágica. Aún contra todo riesgo lo siguió intentando, mentalizando la apariencia de la flor y sintiendo en él sus cualidades mágicas. Al principio parecía que ni su dominio del elemento tierra, ni el de fuego le ayudaría, comenzaba a sentirse débil y consumido por su propio poder, pero entonces una luz dorada brilló frente a él, Lila se removió en la cama por la repentina iluminación de la habitación y la flor apareció sobre el escritorio. Era una de las cosas más bellas que hubiese visto nunca.

Se acercó hasta el balcón y tomó una pequeña maceta abandonada en la esquina y casi cayéndose por la debilidad de su cuerpo llegó de nuevo hasta su silla en el escritorio. Colocó la flor dentro y llenó la maseta con tierra usando sus poderes. Con mucho trabajo sacó de uno de sus cajones un pedazo de papel y con su desastrosa caligrafía escribió un mensaje corto:

"Supe que la habías estado buscando, la hice para ti".

H.

Finalmente colocó el trozo de papel sobre la tierra de la maceta, metió la planta dentro de una caja que encontró y que apenas era lo suficientemente grande para guardarla y escondió su regalo justo a un lado del escritorio, cubriéndola con un abrigo que tenía a la mano, temiendo que su brillo llamara la atención aún dentro de la caja. Una vez que terminó de poner todo en orden se arrastró hasta la cama, sintiéndose mareado, sabía que había sido imprudente hacer aquello, era muy diferente crear plantas ordinarias a crear unas mágicas pero no se había podido resistir. Se acostó junto a Lila y ésta volvió a abrazarlo aun dormitando, Harry agradeció que no fuera de sueño ligero.

Al día siguiente despertó empapado en sudor y con una fiebre tan alta que por poco había perdido la vida, sin embargo cada que le preguntaban si tenía idea de a que se podía deber tan repentina enfermedad él simplemente alegaba no saberlo y finalmente le dejaban en paz. Pasó en aquel estado más de un mes, demasiado débil como para poder ponerse de pie, demasiado débil para tomar sus lecciones, había sido tan grave que sus padres le habían ido a visitar, temiendo lo peor. Pero Harry era joven y poderoso y logró recomponerse pese a todo pronóstico.

Pero aunque había puesto todo su corazón en ello, no recibió respuesta por su regalo, y dada su condición Lila tampoco le había mencionado nada sobre Draco, demasiado preocupada por él como para si quiera poder concentrarse en sus propios deberes. Su hermana pasaba día y noche junto a él, negándose a abandonarlo si quiera un segundo; dándole de comer con cariño, cambiando los paños de agua que le mantenían la fiebre a margen, ayudándolo a ponerse de pie para ir al baño y negándose rotundamente en recibir apoyo de algún sirviente, alegando que era su responsabilidad como hermana menor y mejor amiga del príncipe.

No fue hasta el segundo mes que finalmente una carta llegó, le había sido entregada personalmente por el mensajero y cuando su hermana le preguntó de quién era él simplemente respondió que no tenía idea. Había tenido que hacer mucho uso de un autocontrol que jamás había poseído para no correr a su habitación y leer en ese mismo instante lo que Draco Malfoy tenía por decirle. Así que, para aminorar su nerviosismo y su ansiedad se concentró en sus lecciones del día y en sus clases nocturnas con Dumbledore quién, viéndolo tan distraído, le había dejado salir temprano.

Harry prácticamente voló entre los pasillos de la mansión donde vivían de manera temporal, hasta que llegó a su habitación a la que echó seguro nada más adentrarse en ella. Con manos temblorosas sacó el sobre que guardaba dentro de su saco, pues por nada del mundo la iba a dejar en su habitación y, como si el papel le quemara, se apresuró a abrir la carta, rompiendo el sello que no pertenecía a la familia Malfoy, únicamente era el sello con una media luna. Ni si quiera se molestó en sentarse en alguna parte, caminó de un lado a otro de la habitación sacando el contenido de la carta. Sentía como si dentro fuese a encontrar la respuesta a una propuesta de amor que no había realizado en vez de un simple agradecimiento, pero no importaba, aquella sería la primera vez que Draco se dirigía a él, no a su hermana, aquella sería la primera vez que Draco le hablaría a él, que sabría algo de Malfoy por él mismo y no por un tercero y creyó que podía morir de felicidad solo con eso.

Finalmente tomó el pergamino, lo extendió y leyó:

"Sé lo que has hecho y no debiste, Lila estaba realmente preocupada por ti, pudiste haber muerto, fue estúpido y peligroso, te pusiste en riesgo por una nimiedad y no has actuado como un príncipe en tu posición debió hacerlo. No tengo palabras para describir la decepción, pero a la vez el agradecimiento que tengo hacia ti y aquello me tiene contrariado, tengo que admitirlo.

El regalo ha sido precioso, había estado buscando la luz de medio día por mucho tiempo, pero no permitiré que vuelvas a hacer una tontería como aquella y quiero pedirte que no vuelvas a planteártelo, nunca, piensa por favor en el daño que le harías a tu familia y a tu reino si murieras por algo tan tonto.

Solo me queda agradecerte por el detalle y desear que te encuentres recuperado.

D."

Bueno, aquello no había sido muy romántico, y también había sido bastante formal pero ¿por algo debía empezar, no? Sonriente se sentó en su escritorio y se dedicó a escribir una respuesta.

"No ha sido ningún problema tener ese detalle contigo, era algo que podía hacer y que hice, no planeaba preocupar a nadie y mucho menos a ti. Lamento las molestias que te causó mi regalo, pero estoy sumamente feliz de que te haya gustado.

¿La plantarás en tu jardín? ¿Me dejaras mirarla cuando crezca?

H."

Sacó un sobre de uno de los cajones y metió la masiva en ella, miró el sello que pertenecía a su familia pero decidió no utilizarlo, aquello podría causar problemas así que simplemente usando la típica cera roja plasmó un circulo sin ningún tipo de detalle usando una tapita de madera que no tenía idea de a que pertenecía pero que encontró por ahí, en una de las repisas.

Aquel fue el inicio de una larga conversación que duró meses y meses. Con el tiempo ambos comenzaron a dejarse de formalidades y comenzaron a charlar sobre cosas más personales, dejándose arrastrar por la familiaridad que sentían el uno por el otro. Harry sentía que cada vez se unían más y aquello le hacía sentir feliz, al menos hasta que la hora de ver a su hermana llegaba y entonces se sentía culpable. No que Draco y él manutuvieran conversaciones que pudieran considerarse culposas, pero Harry no podía negar que muchas veces se dejaba llevar por sus sentimientos, sentimientos de amor que crecían pese a que no se encontraba frente aquella persona.

Y se sentía como el peor hermano del mundo, deseando de manera indebida al prometido de su hermana pese a que se juraba a si mismo que, si hablaba con él era únicamente para mantener una amistad. Y sabía que cuando tuviera que verle la cara aquellos sentimientos solo crecería aún más, pero ya no podía detenerse, la necesidad de mantenerse en contacto con él era mayor a cualquier cosa.

Para su sorpresa, no había nada que le dijera Malfoy que no supiera y es que su hermana se había encargado de contarle todo lo que sabía sobre él. Sin embargo era fascinante leerlo de su propio puño y letra y siempre le seguía la plática; hablándole sobre sí mismo y cuando había transcurrido el año Harry estaba seguro de que era la persona que mejor conocía a Draco Malfoy.

Harry regresó a su habitación dispuesto a responder la última masiva de Malfoy cuando su hermana lo interceptó en el pasillo, le sonrió ampliamente y le abrazó con fuerza. El moreno le correspondió el abrazo bastante confuso y le sonrió, esperando por una respuesta a su comportamiento. Lila se apartó de él y le extendió una carta, una carta de sus padres.

Harry leyó horrorizado la petición de sus padres, sus lecciones en el extranjero por fin habían concluido y debían volver al reino del sol para el cumpleaños de Lila, para su mayoría de edad, pero aquello no era lo que le tenía asustado, si no el anuncio que llegó casi al final; pasando el cumpleaños de su hermana todos se pondrían manos a la obra para la organización de aquella boda que había relegado de su mente para no hacerse daño a sí mismo. Había pasado tanto tiempo fingiendo que solo estaban Draco y él en el mundo que aquello le cayó como una cubetada de agua fría. Intentó sonreír lo más natural que pudo; había deseado por mucho tiempo poder volver junto a sus padres, a su reino, pero ahora no podía más que rogar a los dioses que aquello se retrasara lo más posible.