Su padre y James Potter se encontraban charlando sobre el futuro de sus reinos mientras Lila, Narcissa y Lily mantenían una pequeña charla sobre el próximo baile que se daría para anunciar el compromiso de la feliz pareja. Draco, quién estaba sentado junto a Lucius, miraba la chimenea de manera distraída, pese a que sabía que debía estar al tanto de la charla política. Lila le miró y le sonrió cariñosamente, trayéndolo de vuelta al mundo real, tomó su taza de té y bebió el líquido que él mismo había enfriado; el calor de primavera sumado al cálido fuego en la habitación le hacían sentir un poco agobiado, necesitaba refrescarse y pronto. El señor Potter rio por algo que dijo su padre, pero Lucius mantuvo aquel rostro impasible que le decía que si convivía con el monarca del reino del sol era por pura conveniencia.
Decidió que había tenido suficiente de aquel ambiente tan desagradable así que se puso de pie y se sentó junto a su madre quién le arregló un mechón de cabello de manera cariñosa mientras lo incluía en los preparativos de la fiesta que estaban organizando. Lila rápidamente lo puso al tanto de todo lo que le gustaría incluir en la recepción y Draco aportó algunas ideas para el menú de la noche. Lily Potter lo miraba con curiosidad, pero como siempre lo miraba de aquella manera decidió simplemente sonreírle un poco y quitarse de encima aquellos ojos verdes que le escrutaban como si sospecharan algo, aquellos ojos tan parecidos a los de él.
Un par de sirvientes más entraron a la habitación repartiendo rebanadas de tarta de melaza y un poco de café, Draco agradeció la bebida pero no aceptó la tarta, pues aquella no le gustaba tanto como a Harry o a Lila y de todas formas había cenado demasiado. Pronto la charla de mujeres comenzó a tornarse aburrida, hasta que su prometida tuvo la brillante idea de comenzar a hablar de historia y entonces los cuatro se enredaron en una charla profunda sobre conocimientos que Draco disfrutó muchísimo. Narcissa hablaba sobre algunas de las costumbres de su reino cuando su hijo se disculpó para ir al baño. Salió de la sala de estar y recorrió un par de pasillos hasta encontrarlo, se mojó la cara, se miró en el espejo y suspiró, la luz de la ventana le decía que pronto anochecería y aquello le hizo sonreír.
Volvió a la habitación donde todos estaban reunidos solo para encontrarse con que una persona más había llegado, ahí estaba Harry, luciendo impecable como siempre y sonriendo ampliamente mientras tomaba asiento junto a su padre. El moreno le sonrió y le saludo calurosamente para inmediatamente después comenzar la charla sobre lo que había sido de su día; Potter había salido al pueblo en compañía de sus dos mejores amigos Granger, la hija del médico del pueblo y Weasley, hijo de la cocinera del palacio. Su padre solía decir que no entendía como James y Lily Potter podían permitir semejantes amistades, pues Draco solamente tenía permitido socializar con miembros importantes de la sociedad, hijos de condes y duques, pero Draco sí que lo entendía, a los Potter no les importaba quienes fueran esas personas, lo importante era que su relación de amistad fuese verdadera.
Al cabo de una hora Harry comenzó a repartir un montón de regalitos adquiridos en el pueblo a los presentes, comenzando con los invitados y el joven Malfoy no pudo evitar sonreír al notar como era que sus padres aceptaban los presentes bastante impresionados; regaló a Lucius un anillo de esmeralda y plata con sus iniciales grabadas, a Narcissa un collar de oro blanco con narciso de incrustaciones de diamante y al mismo Draco un sencillo juego de mancuernillas con la forma de una cabeza de serpiente con ojos de esmeralda. Por supuesto que los padres de Harry y su propia hermana también recibieron algo, cosas mucho más sencillas y discretas, pero igual de hermosas.
—¿Qué te ha parecido la tarta? —le preguntó Harry tomando asiento junto a él.
—La verdad es que prefiero...
—...la tarta de manzana y canela, lo sé —le interrumpió sonriente— ¿te ha gustado tu regalo?
—Son preciosas, gracias.
—¿Y has mirado bien la caja? —Draco inclinó la cabeza, curioso, pero Potter solamente sonrió y le guiñó un ojo, se puso de pie y se sentó junto a su hermana quién casi de inmediato se puso a la tarea imposible de arreglar su cabello.
Draco, con las mejillas encendidas por aquel simple gesto sacudió la cabeza, poniendo los pies en la tierra una vez más. El cuadro que se pintaba frente a él era cuando menos curioso, sus padres estaban sobrellevando bastante bien que los Potter no mantuvieran intactas las cortesías reales y hasta parecía que su madre se llevaba genuinamente bien con la reina del reino del sol. Aquella sería su familia en adelante, sus padres, sus suegros, su esposa y su cuñado, todos juntos reuniéndose de aquella manera para las festividades y, aunque era la familia ideal, aquella que sus padres siempre habían querido para él, la verdad es que se sentía incompleto.
Entonces Harry volteó a verlo y le sonrió delicadamente, Draco parpadeó un par de veces y apretó la boca, Lila se percató del gesto de su hermano y volteó a verlo también, con gesto preocupado. Los hermanos Potter le miraban en busca de una respuesta a su repentino cambio de actitud, pero él no podía ni abrir la boca, así que, sintiéndose sofocado se disculpó y salió de allí rumbo a su habitación. Su mente ya estaba trabajando en una excusa para ofrecerle a su prometida al día siguiente cuando se encerró en su cuarto. Rápidamente se desnudó y se dirigió a la ducha privada de su habitación, llenó la tina de mármol negro usando el elemento agua y así tan fría como estaba se sumergió en ella, sintiendo que un peso era quitado de sus hombros.
Se hundió hasta la nariz en el agua, extendiéndose cuan largo era mientras pensaba en lo difícil que le estaba resultando sobrellevar todo el asunto de la prometida, la boda y el hermano de la novia, lo desgastante que era mantener las apariencias, lo difícil que le era no tomar a Harry Potter de la mano y arrastrarlo hasta un lugar apartado, donde aquel beso a la luz de las luciérnagas se repitiera una vez más. Tocó sus labios de manera inconsciente y cerró los ojos, probar a Potter había sido un error, pues si antes le estaba costando trabajo ignorarlo ahora la tarea se había vuelto imposible, cada día que pasaba sentía que le hacía falta más de aquel dulce sabor de sus labios para sobrevivir, más de esas manos fuertes aferrando sus caderas, más de ese olor silvestre colándose por sus fosas nasales, más de esos fuegos artificiales estallando dentro de él, inundando todo su ser.
Y no sabía si aquel efecto había sido porque su cuerpo reconocía a Harry como la única persona capaz de alterarlo y complementarlo de aquella manera o si había sido por el pequeño detalle de que aquel había sido su primer y único beso. Se sonrojó hasta las orejas recordando aquel detalle y terminó de sumergirse por completo en la enorme bañera, deseando que aquel calor que sentía en el rostro se desvaneciera al contacto con el agua helada. Pero cada vez que aquella imagen tomaba lugar en su mente no podía evitar sentirse mucho más avergonzado y preguntarse si es que Harry había notado su falta de experiencia.
No podía decir que le habían hecho falta damiselas dispuestas a tomar aquel primer beso, pero la verdad es que él había estado muy ocupado preparándose para ser el monarca perfecto y si a eso le sumaba que Potter había sido el único en su mente por todos esos años, pues todo se reducía a un Draco Malfoy bastante sabio en diferentes aspectos de la vida, pero un total ignorante en el área de las relaciones amorosas. Sin embargo, cuando aquel beso había sido dado, le había salido tan natural que por un momento estuvo asustado; sus labios se amoldaron a los de Harry a la perfección y la danza que llevaron a cabo con sus lenguas y labios no había tenido ni un error, como si estuvieran hechos para tener ese tipo de contacto entre ellos y aquello le llenó de satisfacción y felicidad, y tanta había sido que no se había detenido a pensar en la aparente maestría que Potter había demostrado al besarlo.
Finalmente salió de la ducha un poco más tranquilo, se secó con la toalla y se dirigió a su cama, justo donde había dejado la pequeña caja con las mancuernillas. Recordando las palabras de Potter y aún en bata abrió la caja de nuevo pero no encontró en ella nada diferente a la primera vez que la había mirado, entonces miró el interior de la tapa y ahí lo encontró, la nota: "A media noche en las caballerizas". Draco suspiró y se mordió el labio, aquella no sería la primera vez que juntos se escaparan por las noches pero cada que lo hacían al regresar volvía a jurar que no volvería a hacerlo y como siempre, rompía su promesa.
Tapó el regalo con delicadeza, dispuesto a ponerse el pijama, meterse en la cama y no salir de ahí hasta que el sol saliera, hasta que el impulso de reencontrarse con Harry le abandonara, hasta que pudiera plantarse frente a su prometida y besarla sin sentirse culpable por... ¿por qué? no lo sabía, entre Harry y él no había pasado nada más allá de aquel beso en el invernadero, pero sabía lo que sentían el uno por el otro y aquello lo hacía todo incorrecto y amoral. Sabía que debía seguir a su conciencia, sabía que debía quedarse en su habitación y no hacer más grande el asunto con Potter, pero su pequeña y secreta relación ya no solo significaba cariño, amor y amistad, si no libertad, una que jamás había tocado por miedo a equivocarse.
Toda su vida había sido el hijo perfecto, toda su vida había respetado las reglas sin rezongar, toda su vida había seguido los lineamientos y los protocolos, toda su vida se había mantenido recto y completamente impecable ante los hechos, luego había llegado Harry Potter con sus hermosos ojos verdes y le había enseñado un camino completamente diferente al que había conocido toda su vida. Le había enseñado que divertirse no tenía nada de malo, que fugarse por las noches podía ser divertido, que ensuciarse la ropa podía no ser desagradable y que carcajearse hasta quedar sin aire era una sensación extraordinaria y todo había sucedido la noche siguiente al encuentro en el invernadero.
El recordaba haber estado en su habitación, tal cual en ese momento, pensando en ese beso que se le había grabado a fuego en los labios cuando escuchó un par de golpes en su balcón. Pensando que podía ser un ave lo había ignorado pero los golpes siguieron y entonces, cuando retiró la cortina y miró a través de la puerta de cristal se encontró con Harry, con rostro avergonzado y el cabello revuelto por el viento de la noche. Le había dicho que no quería dejar de encontrase con él, que quería conocerlo mucho más allá de las cartas que habían intercambiado y le había prometido no hacer nada estúpido, por lo que, aun en contra de su sentido común aceptó y desde entonces se habían estado encontrando en diferentes partes del castillo y sus terrenos.
Entonces un golpecito en la puerta le trajo de vuelta y luego otro y otro más, no lo soportó demasiado, su fuerza de voluntad no era tanta, se cubrió la cara con las mantas pese al calor y sobre ellas colocó una almohada esperando que aquello redujera el ruido. Luego las campanadas de la media noche sonaron y el comenzó a hablar en voz muy baja: "No voy a abrir, no voy a abrir" pero cuando las campanadas terminaron de resonar él ya se encontraba de pie, con la mano sobre la delgada manija dorada. Corrió las cortinas, y abrió la puerta, Potter estaba ahí.
—Hola —le dijo amigablemente, adentrándose a su habitación sin esperar una invitación— estás en pijama —declaró con el ceño fruncido—...Oh... No ibas a encontrarte conmigo en las caballerizas ¿cierto?
—¿Por qué has venido? la cita era a media noche —decidió no responder esa pregunta. Se dio cuenta que su evasión había sido la indicada, Potter desvió la mirada y frunció la boca.
—Llegué antes para no dejarte esperando pero... alguien me encontró y tuve que irme, tenía miedo de que llegaras y... bueno, tuvieras problemas si también te descubrían, así que decidí venir antes y cambiar el lugar de reunión —entonces lo miró— aunque tal parece que no planeabas venir... ¿he hecho algo que te hiciera enojar? ¿Tiene que ver por la manera tan extraña en la que saliste de la reunión ésta tarde?
—Yo no salí de manera extraña —mintió— solo estaba agotado.
—Claro y por eso la habitación bajo diez grados de temperatura, oye, escucha, si no quieres que nos encontremos de nuevo está bien, pero al menos avísame ¿sí? —se puso de pie, dispuesto a bajar por las enredaderas del balcón, Draco lo vio poner un pie en la barandilla de piedra y entonces le dijo.
—¿Qué haremos esta noche? —preguntó arrepintiéndose casi de inmediato, odiándose por la manera tan impulsiva e irracional en la que se portaba cuando estaba con Harry. El moreno se detuvo y le miró por un instante para luego responder.
—Pensé que podíamos ir a cabalgar pero...
—Vayamos al lago, vayamos a nadar —propuso solo por tener algo que decir, perdiéndose nuevamente en aquellos ojos esmeralda. Harry sonrió y le extendió la mano.
—Vayamos entonces.
Bajaron por las enredaderas lentamente, pues se encontraban a una altura demasiado alta como para morir si tropezaban y caían, finalmente cuando estuvieron en tierra firme Harry volvió a tomarlo de la mano y ambos echaron a correr hasta el lago. Fue hasta que se encontraron frente a él que Potter pareció perder todo el entusiasmo acumulado desde que habían salido del castillo. Draco miró las aguas cristalinas brillar bajo la luna y luego miró a su acompañante quien se había entretenido demasiado tiempo mirando un par de piedras en el suelo. Entonces llegó a una conclusión.
—No saber nadar, ¿cierto, Potter? —El moreno se sonrojó y desvió la mirada— definitivamente no sabes hacerlo ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Pues porque... —dijo y se detuvo, luego susurró algo similar a:— porque estaba tan feliz de que quisieras venir que lo ignoré —pero Draco no estaba tan seguro de que aquellas fueran las palabras correctas así que lo ignoró.
Miró de nuevo la superficie del lago, calmada y serena, entonces miró a Harry una vez más y suspiró. Comenzó a quitarse el pijama lentamente, hasta que los ojos de Harry por fin se posaron en él, tan abiertos que creyó que se le saldrían del rostro y aquello le hizo sonreír; sabía que tenía buen físico, pero que Potter se lo demostrara de manera tan descarada le halagó y le elevó la autoestima de manera sobrehumana. Entonces cuando quedó únicamente en ropa interior le miró y el rostro de Harry se incendió aún más, su nerviosismo era tan palpable que por un momento creyó que de verdad prendería en fuego todo el jardín.
—¿Q-que haces?
—¿No es obvio? Voy a nadar.
—¿¡Desnudo?!
—No estoy desnudo, estoy en ropa interior, y te aconsejo que también te quites la ropa si no quieres mojarla.
—Pero yo no voy a entrar al agua —rebatió abrazándose a sí mismo— yo, yo y el agua no nos llevamos muy bien —Draco rodó los ojos.
—Lo entiendo, me siento igual de incómodo en presencia del fuego, son nuestros opuestos mágicos más poderosos —luego le sonrió amablemente— vamos, no dejaré que nada te ocurra, el agua es mi elemento ¿recuerdas? —Harry lo miró un poco desconfiado por lo que, con maestría levantó algo del agua del lago y la manejó, haciéndola girar en el aire, haciendo que los pececillos nadaran sin rumbo aparente, finalmente regresó el agua al lago y sonrió.
Harry se mordió el labio y dudó solo por un instante hasta que finalmente se apresuró a quitarse la ropa y cuando por fin terminó encontró a Draco en medio del lago, completamente relajado, con su rostro hacia el cielo, siendo iluminado por la luna y las estrellas y Harry pensó que así lucía más hermoso que nunca, rodeado de su elemento y alumbrado por el astro que le bendecía. Su cabello, ya largo hasta los hombros escurría lacio y deslumbrante y sus ojos se había vuelto mercurio puro. Draco giró para encontrarse con Potter temblando ligeramente mientras se adentraba en el agua, le extendió una mano y le dijo:
—No te dejará hundirte, yo se lo he pedido, avanza sin miedo —Y Harry obedeció al instante, el agua le dejaba sumergirse hasta el cuello, pero no le dejaba ir más abajo, sin embargo era obvio que le costaba moverse, así que Draco se acercó y le tomó de las manos —vamos, patalea, lentamente, lo estás haciendo muy bien.
—Deja de tratarme como a un niño —se quejó sin dejar de patalear en el agua y sonrojándose.
—Pues entonces deja de portarte como uno —se burló soltando una risita. —ahora voy a soltarte, ¿sí?
—¿Qué? ¡No! —Y se enderezó en el agua, aferrándose a Draco por el cuello, con su cabeza escondida en si hombro.
—Creí que no eras un niño... —le dijo pero no había ni una chispa de burla en su tono de voz, al contrario, era muy dulce y cariñosa, como pocas veces le escuchaba cuando no estaban a solas. Harry se apartó solo para encontrarse con aquella mirada gris mirándolo con intensidad, sabía que aún lo abrazaba por el cuello pero no le importó, cuando lo miraba de aquella manera nada importaba.
—No suenas como tú.
—Cuando estoy contigo no soy yo mismo... me vuelves... me vuelves irremediablemente vulnerable y te odio tanto por ello... —Harry sintió unas manos sujetar su cintura —era mentira, no iba a soltarte, jamás te soltaría, no dejaría que te ahogaras...
—Lo sé... —asombrándose de su propia respuesta. Draco sonrió— yo no dejaría que te quemaras, nunca.
—No le temo al fuego.
—¿Y a que le temes entonces? —aquella pregunta le sorprendió pero sin apartar la mirada de aquellos hermosos ojos verdes respondió.
—A no hacer lo correcto —Harry le acarició el rostro, se sentía tan cálido.
Entonces sus miradas se encontraron una vez más, sus ojos fueron a parar a los rojizos labios del moreno y lamió los suyos de manera inconsciente. Quería besarlo, quería besarlo nuevamente, pero no debía, no podía, Lila no se lo merecía ¿es que acaso Harry no pensaba en su hermana? Cerró los ojos con frustración, sintió los labios de Potter a escasos milímetros de los suyos y justo cuando estuvieron a punto de tocarse reaccionó; uso el elemento del agua para que una ola llevara a su acompañante hasta la orilla, a salvo, lejos de él, lejos del error que significaría un beso más.
Salió del agua y sintió una chispa de magia secarlo por completo, pero no se atrevió a mirar a Harry, así que simplemente se marchó de allí con un "buenas noches", dispuesto a dormir hasta que las cosas en su vida fueran un poco menos complicadas y con el corazón a mil por hora, debía ser fuerte, no podía caer nuevamente, no era correcto, tenía un deber que cumplir y besando a Potter no iba a lograrlo. Y sin embargo había estado a punto de ceder a sus impulsos y sus deseos, abrazado a Harry una vez más, perdiéndose en sus hermosos ojos verdes, en la textura de su piel desnuda, en su respiración y en su olor, ¿Por qué tiene que ser así? Se preguntaba pero él ya sabía la respuesta; su deber, su maldito deber.
Draco despertó por la luz que se filtraba a través de su ventana, como cada día en aquel reino, golpeando de manera fuerte, calurosa y brillante, haciéndolo sentir ligeramente enfermo y deseoso de poder volver a sus tierras, donde ni la primavera ni el verano eran tan asfixiantes. Sus ojos se encontraron con aquella que era su habitación desde hacía algunas semanas, una habitación hermosa debía agregar, todo en tonos fríos, tal cual le gustaban a él. Se enderezó sobre el colchón, estaba algo cansado, la sesión de nado le había dejado agotado y apenas había podido dormir un par de horas.
Se duchó, se colocó algo de ropa y bajó a desayunar, Harry no estaba en el comedor y tampoco lo vio después de eso. Por la tarde salió a pasear con Lila, ambos charlaban de cosas irrelevantes mientras la mujer le sonreía de manera genuina, causando que el estómago se le revolviera, no podía hacerle daño, ella había sido tan buena con él y... él le pagaba besando a su hermano. Suspiró.
—Te lo juro, entonces yo le dije "Ginn, no puedes hacer eso solo porque no te agrada" pero ella no me escuchó e igual le sacó la rueda a su carruaje —soltó una carcajada y él rio con ella— Nos castigaron, no la dejaron venir a visitarme, su madre lamentaba que fuese una mala influencia para mí.
—Creo que eres demasiado inteligente como para dejarte influencia por cualquiera.
—Lo sé pero éramos más pequeñas... —guardó silencio por un momento— ¿sabías que Ginny estaba enamorada de Harry?
—Si me lo preguntas yo creo que aún lo está, por la forma en que lo mira.
—Sí, es demasiado obvia —sonrió— vayamos por allá, hacia la fuente.
Draco asintió y se encaminaron hasta allí, iban sujetos del brazo y caminaban lentamente, mientras la hierva amortiguaba el sonido de sus pasos. El sol brillaba y Draco solo pensaba en encontrar un árbol donde protegerse del calor a su sombra, entonces un par de voces lo distrajeron de la conversación con su prometida, atravesaron un par de arbustos y los encontró. Harry estaba ahí, y no estaba solo, estaba con uno de los sirvientes del palacio, uno bastante joven. Entonces todo pasó demasiado rápido, Lila se puso nerviosa, intentó dar vuelta y arrastrarlo con ella, pero nada de ello sirvió, Draco fue testigo del momento exacto en que Harry y el jardinero compartían un beso, uno profundo y apasionado y algo dentro de él se removió.
Quería caminar hasta allá y comenzar a gritar, pero aquello no fue necesario, Harry se alejó del hombre frente a él y negó con la cabeza, luego volteó y sus ojos se encontraron, el rostro de Potter reflejó angustia, terror, pánico y Draco quería molerlos a los dos a golpes. Por eso a Potter no le importaba que él engañara a su hermana, porque él también lo estaba haciendo, engañaba al... al... al jardinero.
—Por favor, Draco —le dijo Lila con voz suplicante— nadie puede saber sobre esto, es mi hermano, si alguien se enterara él... ellos le harían daño, por favor, te lo suplico, no puedes decirle a nadie, no puedes —entonces sus ojos se apartaron de Potter y miraron a Lila, el amor que sentía por su hermano se reflejaba en sus ojos y era tal que los celos y el enojo se desvanecieron. Miró a Harry, el sirviente estaba claramente nervioso.
—De acuerdo... —Dijo finalmente— vámonos de aquí.
—Sí, claro... —Dijo Lila realmente aliviada, luego miró a su hermano con preocupación.
Lila intentó cambiar la plática, distraerlo de aquella situación, temerosa de que expusiera a su hermano como homosexual, cuando la realidad había sido que algo dentro de Draco se había quebrado, se sentía triste, inseguro y traicionado, sabía que no debía, porque él tenía una prometida pero ni así el dolor aminoró, su corazón le había pertenecido únicamente a él, y verlo entre los brazos de alguien más le rompió por completo, se preguntó si Harry se habría sentido así al verlo con Lila, probablemente, no lo sabía, ya no estaba seguro de que el amor que le había profesado en el invernadero fuese real.
