Se removió incómodo en su cama, sintiendo las extremidades entumecidas y aquel frio ya tan común helándole los huesos. Quería abrir la boca y pedirle a cualquiera que pudiera escucharlo que cerraran la ventana y que prendieran la chimenea pero parecía que lo único que su boca podía hacer era abrirse y cerrarse, castañeando por el helado clima. Escuchó pasos cerca de él, pero aunque intentó abrir los ojos le era imposible, la pesadez le impedía hacer algo más que respirar y comenzaba a ser fastidioso. No sabía cuánto tiempo llevaba en aquel estado y tampoco tenía idea de cuanto más faltaba para que la tortura terminara y pudiera recobrarse por completo.

Sintió unas manos conocidas sobre su frente y luego un trapito con agua hirviendo hizo contacto con su piel, haciéndolo temblar. Pensaba que no sería capaz de soportar mucho más, durante otoño había sido soportable, pero ahora en invierno era obvio que el frio terminaría con él, no solo por el clima del exterior, sino porque lo tenía dentro, acabando con él como una bacteria, pero aunque habían intentado de todo para ayudarlo a sanar simplemente no había nada que los médicos o curanderos pudieran hacer, solo debían esperar, pero Harry sabía que lo único que llegaría para él sería la muerte.

Él era un guerrero por naturaleza, se aferraba a la vida con uñas y dientes, pero en aquella ocasión, la muerte le significó más que una derrota, le significó la libertad. Gracias a su estado de salud la boda de su hermana se había pospuesto pero no se había cancelado y comprendía que aquel evento tendría lugar vivo o muerto, por lo que había optado por la segunda opción; si moría no tendría que soportar aquel fatídico momento de ver como Draco Malfoy se escurría entre sus manos, no tendría que controlarse para salir corriendo de ahí y huir para nunca volver, seguro de que no soportaría ver al hombre que más amaba desposado de la mujer que más amaba en universo.

Era realmente gracioso, o al menos eso pensaba el, que ni si quiera había hecho falta llegar más allá de un montón de besos y caricias sobre la cama para sellar el amor que se profesaban. Le parecía maravilloso el tipo de amor que sentían el uno por el otro, tan puro que solo había hecho falta una mirada para conectarlos y beso para saber que aquello era verdadero y Harry quería irse con ese pensamiento en la mente, aquel que le decía que Draco le pertenecía aún que nunca lo hubiera poseído físicamente, Draco le pertenecía porque le había entregado su corazón y él lo había aceptado sin reparos, aun sabiendo que al final no podrían estar juntos.

Recordaba aquellos días en su infancia en las que pasaba horas preguntándose que era ese sentimiento que le hacía querer cantar de felicidad, o bailar cuando pensaba en aquel niño de hermosos ojos grises, recordaba las noches de su adolescencia pensando sólo en él, vivía el presente teniendo claro que era amor y finalmente recordaba los últimos meses, recordaba haberse sentido sumamente abrumado al tener a Draco tan cerca y a la vez tan inalcanzable, recordaba como su relación fue avanzando lentamente, primero las cartas, luego las reuniones a media noche y finalmente la amistad que todos en el castillo conocían, recordaba su primer beso, rodeados de luciérnagas y una dulzura que jamás había sentido, recordaba la culpa de la traición, recordaba las ansias, recordaba como todo era olvidado cuando estaba con él, cuando se perdía en sus ojos, recordaba cuando ambos habían decidido dejarse llevar hasta el final, dando paseos a la luz de la luna, las veces que se recostaron en la hierba solo a platicar, las noches en las alcobas besándose hasta el cansancio, las manos ansiosas por quitar la ropa de en medio, cosa que nunca hacían temerosos de que llegar más allá terminara por destruirlos. Podía recordar el aroma de Draco colándose por su nariz, su cabello rubio haciéndole cosquillitas en el rostro, aquella hermosa risa que solo mostraba cuando estaba con él, porque juntos eran libres, eran solo un par de jóvenes enamorados, no habían reinos por unir, no habían príncipes ni deberes, solo esos grises ojos posándose en los suyos como si no existiera nada más.

Y se sentía sumamente dichoso de haber vivido un amor tan intenso como aquel, se sentía feliz de haber conocido a Draco a pesar de todo, se sentía alegre de haber podido compartir con él los mejores momentos de su vida y de su juventud y pensaba que, de volver a nacer, volvería a cruzar aquel camino, pensaba que Draco Malfoy no sería solo de él en esa vida, pero podía serlo en la siguiente, o la que viniera después de esa. Si, podía marcharse tranquilo, porque su hermana estaba en manos de un hombre fabuloso y su reino quedaría a merced de un gran rey; por fin, después de siglos y siglos de riñas, el sol y la luna volverían a ser uno solo y los dioses estarían contentos.

Suspiró sintiendo que de él salía solamente aire helado. Solamente tenía una petición que hacerle al sol y a la luna, lo único que su alma mortal ansiaba era reencontrarse nuevamente con él, decirle lo mucho que significaba para él y pedirle que cuidara de la pequeña Lila, de su gente y que fuera muy, muy feliz, que hiciera todo lo que él no podría a causa de aquella maldición, que viviera por él y que nunca lo olvidara porque se reencontrarían. Su cuerpo comenzó a temblar mucho más agresivamente e intentó abrazarse a sí mismo, sentía sus dedos helados contra su piel, estaba sufriendo, la herencia del sol estaba siendo consumida por la herencia de la luna y le estaba matando desde dentro, lentamente. Era como si pequeños trozos de hielo se le clavaran bajo la piel, como si sus órganos se congelaran y era tan poderoso que su fuego no había podido contrarrestarlo.

Escuchó la voz angustiada de su madre y de repente toda la habitación salió del mutismo, de repente era consciente de los pasos, las voces, el viento chocando contra la ventana cerrada, el crispar de la chimenea, y del sonido de los árboles azotándose por la tormenta en el exterior. Intentó abrir los ojos, cosa que le costó un mundo entero pero animado por la mano que le sujetaba cariñosamente lo logró. Su madre estaba sentada junto a él, mirándolo con expresión cansada, su padre caminaba de un lado a otro, impaciente, Lila iba y venía de la chimenea a su cama, tomando el agua hirviendo y cambiándola por aquella que ya se había enfriado, Narcissa Malfoy lo observaba desde uno de los sofás con gesto pensativo, pero ni Draco ni Lucius estaban a la vista. No le sorprendió demasiado, con toda su familia al pendiente de su salud alguien debía dirigir ambos reinos y seguramente ellos se estaban encargando, tampoco le sorprendió no encontrar a ningún médico, al parecer todos se habían resignado.

—Mamá... —dijo con voz débil, necesitaba despedirse, sentía que el tiempo se agotaba.

—Shh... no digas nada cariño, descansa —acarició su cabeza— ¿tienes hambre, sed? —él negó con la cabeza y giró la cabeza cuando su hermana se sentó junto a su madre, mirándolo con los ojos enrojecidos.

Se miró en el reflejo del tazón metálico donde su hermana ponía el agua, observándose por primera vez en días; su morena piel ahora estaba pálida, como la de un muerto, sus ojos estaban apagados, sus labios resecos y blanquecinos, sus cabellos opacos y un par de manchas púrpuras se habían instalado bajo sus ojos, dándole todo el aspecto de un moribundo. Ahora ya no solo era su subconsciente el que le decía que moriría, su cuerpo se lo había confirmado. Miró sus manos, estaban delgadas hasta los huesos y al igual que en su rostro la piel estaba ceniza y pálida. Posó los ojos en su madre quién le miraba de manera tierna, intentado retener las lágrimas, su padre se acercó hasta él y le revolvió el cabello, Lila se inclinó hacia adelante y le besó la mejilla derramando una lagrimita sobre él.

—No voy a pasar de esta noche —dijo con voz ronca y débil, mirando la luna llena por la ventana, mientras los copos de nieve y el viento se azotaban contra el cristal. —Mamá, papá, hermana, los amo.

—Vamos, Harry, no digas eso —pidió su hermana ya sin importarle que su suegra le mirara llorar— el invierno terminará y cuando llegue la primavera estarás como nuevo, solo debes resistir.

—Lo siento, Lila, lamento no poder estar el día de tu boda —la sujetó de las manos— pero estoy seguro que lucirás preciosa, después de todo eres la joven más hermosa de estas tierras. Cuida de nuestra gente, cuida de mamá y de papá, cuida de Draco, cuida de nuestras tierras, no olvides nada de lo que McGonagall nos enseñó, pero sobre todo se muy feliz.

Lila se soltó a llorar y a gritar que no podía irse, Harry jamás la había visto así y el corazón se le hizo trizas. Vio a su padre sujetar a su hermana con paciencia y sacarla de la habitación, solo entonces Narcissa se puso de pie y se sentó en el lugar que antes hubiera ocupado su hermana, junto a Lily Potter. Ambas mujeres le miraron y Harry no pudo evitar notar lo diferentes que eran, su madre era como el sol, como el fuego, con sus cabellos rojos, era como la tierra, con sus ojos verdes. Narcissa era como la luna, como el agua, con sus ojos azules, era como viento, con sus cabellos platinados. Les sonrió a ambas dándoles a entender que todo estaba bien, pero había algo en ellas dos que le hacían creer que algo estaba pasando, algo además del hecho de su muerte.

—¿Aún no está listo para decir la verdad? —preguntó Narcissa con voz suave pero imponente— Sobre la noche que lo atacaron, ¿no va a decir la verdad, joven Potter? —Harry guardó silencio sabiendo a lo que se refería, pero no iba a culpar a Draco de nada. Narcissa suspiró.

—Lo sabemos —dijo Lily al ver que no hablaría— sabemos que esta no es una enfermedad cualquiera, sabemos que Draco lo causó, que la herencia de la luna lo hizo —Harry abrió la boca para negarlo pero su madre se adelantó— no estoy enojada con él, tu padre y Lila no lo saben aún, pero si lo hubieras dicho antes no estarías así Harry, ¿cómo has podido ser tan imprudente?

—Él no quería hacerme daño —le defendió de todos modos y ambas mujeres se miraron y sonrieron tristemente.

—También sabemos lo que hay entre ustedes —declaró Narcissa— sé lo que mi hijo siente por ti, hablemos de lo que tú sientes por él —alarmado intentó enderezarse, pero su madre le detuvo con una caricia en el rostro y una mirada comprensiva.

—No los culpamos, Harry, algunas personas simplemente están destinadas a ser —Le respondió su madre, luego miró la ventana— Sin embargo debo pedirte que seas razonable, tú y el joven Malfoy no pueden seguir con lo que sea que tengan, él tiene un deber que cumplir y tú también, no solo hacia tu pueblo, si no hacia tu hermana, hacia tu familia —Harry agachó el rostro, avergonzado.— Lo siento cachorro, pero esta vez no puedo darte la libertar de elegir como siempre he hecho, esta ocasión me temo que tendrás que obedecer.

—¿Cómo lo han sabido? —preguntó en voz bajita, llorando silenciosamente, se sentía avergonzado, atrapado, pero sobre todo vencido.

—Draco tiene un retrato tuyo en su habitación —Respondió Narcissa— lo he visto varias veces, eras mucho más joven, pero eras tú, él casi nunca pinta personas, ni si quiera tiene uno mío.

—Y la manera en la que se miran, la forma en la que se sonríen cuando charlan de manera casual —agregó Lily.

—Y si han visto todo eso porque no nos dejan... —tomó aire, hipando por el llanto— ¿Por qué no nos dejan estar juntos? —Alzó la mirada, era claro que para ellas tampoco era fácil pero aun así no dejó de reclamar— ¿Por qué si saben que nos amamos no dejan que dirijamos el reino? Juntos podemos hacerlo... juntos nosotros...

—Sabes que eso es imposible —interrumpió una voz en la puerta.

Harry desvió la mirada para encontrarse con Draco, luciendo cansado y algo pálido, vistiendo un traje azulado que contrastaba con la decoración rojo y dorado de la sala. Entre sus brazos sujetaba una maceta con una flor casi marchita que él reconocía muy bien, era la luz de medio día, el primer regalo que le había hecho, y se estaba muriendo... como él. El rubio caminó lentamente hasta él, colocando la flor en la mesita junto a su cama, luego se paró detrás de su madre y la sujetó por los hombros.

—Voy a sanarte, —Dijo Draco de manera tranquila— tengo la autorización de mi madre y la bendición de la luna para hacerlo.

—Pero a cambio, hijo, no debes volver a verte con Draco, él va a salvar tu vida, pero aquella es la única condición, ustedes dos no pueden seguir encontrándose —la voz de su madre era pacífica pero aquello solo le hizo sentir peor.

Miró a Draco, intentando buscar en sus ojos alguna explicación, pero solo encontró hielo sólido, Narcissa hizo una mueca de desagrado y resignación, era obvio que lo que sea que fuese a pasar no le agradaba en lo más mínimo. Las mujeres se miraron una vez más para finalmente ponerse de pie y salir de la habitación de manera silenciosa, cerrando la puerta en cuanto estuvieron fuera. Draco caminó detrás de ellas y finalmente colocó el seguro a la puerta, se giró y entonces su fría expresión se descongeló ante sus ojos, corrió de vuelta a él y lo envolvió en un abrazo tan cálido que por un momento dejó de temblar. Se impregnó del aroma de su cabello y del sonido de su corazón hasta que finalmente se apartó de él. Se dedicaron una débil sonrisa antes de que sintiera su corazón congelarse de manera dolorosa y le causara una mueca.

—Debemos darnos prisa —dijo Draco mirando la flor en la mesita de noche —aún tenemos tiempo. —Se sentó a su lado y extendió sus manos hacia su pecho, pero Harry le detuvo.

—Primero quiero saber que está pasando —exigió y Draco desvió la mirada,— por favor...

—Yo... yo se los dije, les dije lo que pasó esa noche... —confesó finalmente, tomando las manos de Harry entre las suyas— se lo dije a mi madre hace algunas noches, cuando comenzaste a empeorar, cuando ya ni si quiera despertabas —su mirada era triste. — No podía con la culpa y le hablé del accidente, de la pelea y una cosa llevó a otra y finalmente le dije todo... Ella, ella dijo que lo sospechaba pero de todas formas estaba furiosa por mi imprudencia, a mí solo me importaba salvarte y Severus me había dado un método para descongelar tu organismo, pero no podía hacer nada sin el permiso de alguien ligado con sangre a mí, tuve que implorarle, ella creía que si te dejábamos morir los problemas terminarían y nadie se enteraría de... de lo que sentimos el uno por el otro y al final tuve que hablar con tu madre también. Fue complicado pero al final obtuve la bendición de sangre y la bendición de mi astro protector, la única condición de mi madre fue que me alejara de ti... —su voz se quebró al final— lo siento Harry, tenía que hacer algo para sanarte, si no ibas a morir y yo... yo no iba a permitirlo —finalmente una lágrima escurrió por su rostro.

—¿Es que acaso no lo entiendes? —Dijo llorando con él— Yo no voy a poder vivir lejos de ti.

—Claro que podrás, eso era lo que habíamos acordado antes de todo esto ¿recuerdas?

—Pues estaba mintiendo, no planeaba alejarme de ti ni después de la boda ni nunca...

—Harry...

—Por favor Draco, si no puedo estar contigo entonces déjame morir.

—¡No puedo hacer eso! ¡Te amo demasiado como para dejarte morir de ésta manera! —Harry no replicó nada más, la decisión brillaba en los ojos de su amante con intensidad y ferocidad.

El pelinegro entonces se acomodó en la cama y cerró los ojos mientras algunas lágrimas escurrían por sus mejillas. No quería estar lejos de él, no podía estar lejos de él, pero Draco ya había tomado una decisión y no había nada que él pudiera hacer. Le conmovía su sacrificio, pero era tan injusto que le hacía querer gritar y patalear como un niño pequeño, como si de aquella manera las cosas pudieran solucionarse. Sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo cuando Draco colocó su mano sobre su pecho, entonces una ventisca comenzó a crearse dentro de la habitación apagando la chimenea, haciéndolo sentir dolor por el frio en su cuerpo. No supo cuantos minutos pasó de aquella manera, con cada segundo su cuerpo parecía recuperarse, lentamente. El frio comenzó a evaporarse de su organismo, de repente el apetito y la sed volvieron y una llama que creía olvidada volvió a calentarlo internamente.

Abrió los ojos y lo primero que le llamó la atención fue la flor que antes marchita había vuelto a brillar con luz dorada, siendo ella la única fuente de luz dentro de la habitación invadida por la noche. Miró a Draco quién le escrutaba con los ojos llenos de lágrimas y una enorme sonrisa que Harry correspondió. Se miraron a los ojos un poco más y luego se tomaron de las manos, el moreno sintió algo diferente cuando hicieron contacto pero estaba tan feliz de estar cerca de la persona que más amaba que lo ignoró por completo. Entonces Draco se inclinó hacia adelante y le besó con ternura mientras él se dejaba hacer.

Aquel beso le supo a agria despedida, pero ni así se apartó de él. Dejó que Draco le acariciara el rostro, limpiándole las lágrimas en el camino, dejó qué le acariciara el cabello con devoción, dejó que le susurrara palabras de amor al oído y finalmente juntó la fuerza suficiente para aferrarse a él, para aferrarse a aquella primera y última vez.

Coló sus manos bajo su ropa, presionándola con la desesperación que el nudo en su pecho le hacía sentir. Sintió como su pijama era arrancada con sutileza y él se sintió agradecido de por fin verse librado de aquella prenda, de que Draco le tocara directamente. Se deshicieron de la ropa de manera lenta y cariñosa, ambos sabían lo que estaba ocurriendo, ambos sabían que aquel era el final y querían aprovecharlo lo mejor posible. Harry enredó sus manos en aquel cabello sedoso y besó aquel cuello como si no hubiera un mañana, se miraron a los ojos y dijeron en silencio muchas cosas que de decir en voz alta causarían llanto.

Harry abrió las piernas, Draco se colocó entre ellas, temblando, pues Harry sabía era su primera vez. El moreno le sonrió un tanto avergonzado, se inclinó hacia adelante y le besó con cariño, transmitiéndole paz y diciéndole que estaba bien, que todo estaba bien. El rubio entendió el mensaje y Harry volvió a recostarse, sintió la dolorosa intromisión en su recto pero no se quejó en lo más mínimo, tener a Draco era todo lo que deseaba. Cuando el rubio entró por completo se inclinó para besarlo una vez más y Harry sintió que podía morir de felicidad.

Ambos esperaron sin moverse entre la oscuridad, lo único que Harry veía por la escasa luz eran aquellos precios ojos plata que le miraban con devoción, amor, entrega y pasión. El ojiverde extendió una mano y le acomodó un mechón de cabello que había caído sobre su frente y finalmente le dijo:

—Muévete, Draco, hazme tuyo y de nadie más.

Malfoy lo miró por un instante, luego comenzó a moverse lentamente. Lo único que se escuchó en el cuarto fueron sus jadeos y sus gemidos, Draco lo estaba disfrutando y Harry no tardó en unirse cuando pese a la inexperiencia su amante encontró su próstata. Una estocada, luego otra y otra más y Harry sentía que se estaba prendiendo en llamas por el calor que aquel cuerpo le ofrecía. Draco era precioso, su cuerpo parecía tallado en mármol por un artesano experimentado, su rostro parecía haber sido hecho por los mismos dioses y embonaban a la perfección, aquel acto sexual se sentía como el camino correcto y ambos se dejaron llevar por eso.

Harry enredó sus piernas sudorosas alrededor de las pálidas caderas del rubio, se trepó sobre su regazo y comenzó a montarlo más rápido mientras Draco recargaba su frente en su hombro. Subió y bajó sintiendo que de repente las piernas le fallaban, el rubio lo abrazó con un brazo y sujetó su miembro con la mano libre, masturbándolo velozmente. Y entonces todo terminó, Harry fue el primero, vaciándose en sus vientres, luego le siguió Draco, llenándolo de su esperma y haciéndolo sentir purificado y tibio por dentro.

Se besaron una vez más, apasionadamente, mientras las lágrimas que no pudieron contener salían a flote, Draco sabía diferente, sabía a manzana con canela, sí, pero también sabía a dolor, a derrota, a despedida y resignación.

—Te amo, —le dijo con la voz cortada por el llanto— te amo tanto Harry...

—También te amo, también te amo...

Lloraron abrazados por un rato más hasta que Harry se bajó del cuerpo de Draco y finalmente le dijo:

—Cuida de Lila, cuida de nuestros reinos y prométeme que nos volveremos a encontrar en otra vida.

—Lo prometo... —Le respondió cuando se terminó de vestir y con un beso más salió de la habitación.

Harry supo que lo había perdido para siempre y que no había nada que pudiera hacer.