La ceremonia comenzó pero Harry no estaba prestando nada de atención, el dolor que se había instalado a su pecho solo se comparaba con la despedida que él y Draco habían tenido después de hacer el amor. Miraba al sacerdote mover los labios, diciendo su letanía, pero para él no había sonido alguno, más que el de su propio corazón corriendo desbordado de tanta tristeza, por que aceptar los hechos era completamente ajeno al dolor, aceptar que pasaría no disminuía el sufrimiento. Miraba todo en cámara lenta, la luz avanzando por las ventanas, la gente removiéndose en las bancas de maderas, las veces que Lila volteaba a ver a Draco con ilusión, sonriéndole ampliamente, y éste correspondiéndole. El corazón se le hacía pequeño dentro del pecho, haciéndolo sentir sofocado como nunca, no podía controlar sus sentimientos, no podía controlar el sufrimiento, el dolor y la envidia que nació en él y que obscureció su mente, se sentía tan desdichado que pensó que podía morir.
Lila, su hermosa y dulce Lila, aquella a quién había protegido desde su nacimiento se estaba llevando de una vez por todas aquello que él más que nadie había amado y sin embargo no podía odiarla, ella no sabía nada y se veía tan, tan feliz. Deseó salir corriendo, pero la mano de su madre sobre la suya le impedía moverse ni un poco, era increíble que nada le hubiera preparado para aquel momento, para el momento en que Draco desposaría a su hermanita. Entonces el sacerdote se dirigió a Lila y le preguntó:
—Lila Lily Potter Evans ¿aceptas a Draco Lucius Malfoy como tu legítimo esposo? —Entonces Lila miró por sobre el hombro del sacerdote y le miró directamente a los ojos, como si quisiera decirle algo y entonces Harry la vio mover los labios en un ligero "lo siento, te quiero" y respondió:
—Sí, acepto —Harry se quedó estático, no sabiendo que hacer, su hermana sabía sobre sus sentimientos, ella siempre había sabido.
No le sorprendió, Lila siempre había sido muy inteligente y observadora, lo que si le sorprendió fue la manera en que había fingido no saberlo y Harry se preguntó si había estado al tanto de todo o solamente pensaba que estaba enamorado de su prometido sin que este le correspondiera. Y Harry supo que de entre los dos, al manos no había sido el único egoísta, Lila había sido paciente, nunca le reprochó nada a sabiendas que al final obtendría que lo que quería, decidió no pelear con él, simplemente había permanecido silenciosa y discreta. Una lágrima escurrió por su rostro, bien, había perdido, quería decirse que no importaba, pero importaba y mucho, de entre los dos Lila había sido mejor, mucho mejor; le dejó disfrutar con Draco un poco de tiempo a sabiendas de la situación, le dejó disfrutar de lo que tenían y aun así le había pedido disculpas al aceptar ser su esposa. La tierra comenzó a temblar ligeramente, sabía que estaba perdiendo el control pero no le importó en lo más mínimo.
No fue consciente de que se había sumergido una vez más en su mundo hasta que Draco le miró llorar y afligido sus grises ojos se empañaron ligeramente. El verde y el plata chocaron por un largo instante en que el tiempo se detuvo por completo, Harry quería gritar que no lo hiciera, que por el amor de dios no le hiciera aquello, que podía hacerlo feliz, pero ya había traicionado a su hermana una vez y no iba a hacerlo de nuevo, así que simplemente se dedicó a llorar y llorar, empapando su moreno rostro de amargas y saldas lágrimas. Entonces Malfoy cerró los ojos, juntó las manos y se las frotó, ansioso y Harry supo que estaba dudando. Su madre le sujetaba aún, preocupada por su manera de llorar, la cual no era de felicidad en comparación con las otras señoras sentadas a sus espaldas.
El rubio lo miró de nuevo por sobre el hombro del sacerdote, luego miró a Lila quién permanecía paciente, como si su prometido no estuviese tomándose su tiempo para responder la pregunta que el sacerdote había hecho y que Harry ni siquiera había escuchado, luego el rubio miró a sus padres quiénes parecían molestos por su silencio y finalmente dijo:
—Sí, acepto.
Entonces todo pasó demasiado rápido, las cortinas de la iglesia se prendieron en llamas, incendiando todo el lugar de una manera sobrenatural, pero Harry no se percataba de nada, le zumbaban los oídios y todo lo que escuchaba dentro de su cabeza era ese "sí, acepto" en boca de Draco Malfoy que lo había dejado completamente moribundo de amor. Por su mente pasaron un montón de recuerdos de manera desordenada, se veía a sí mismo y a Lila jugando de pequeños por los jardines del palacio, pasando tardes en la plaza con Ron, Hermione, Luna y Ginny, se veía a si mismo, el día en que conoció a Draco Malfoy, cuando le besó por primera vez, cuando se amaron en aquella noche fría de invierno y era como si todos esos recuerdos se quemaran y se volvieran cenizas, bloqueándolo por completo.
Fue la voz de su madre la que lo trajo a la realidad, diciendo su nombre y zarandeándolo para traerlo de vuelta, el dolor seguía allí, pero ahora podía escuchar gritos y podía sentir el humo colarse a sus pulmones, olía a quemado.
—Harry, Harry... —Le decía ella llorando desesperadamente— Harry, por favor, tienes que detenerlo, Lila y Draco siguen dentro.
Alzó la vista, se sentía mareado y lo que encontró le horrorizó. La iglesia estaba en llamas. Salió de su estupor obligándose a sí mismo a poner la cabeza en su lugar. A su alrededor solo habían gritos, llantos y pánico, no entendía nada, su madre le rogaba que lo detuviera, su padre gritaba instrucciones a los sirvientes, Narcissa abrazaba angustiada a su marido, mientras Snape a su lado lucía genuinamente preocupado, por primera vez. Miró la estructura frente a él, sin saber exactamente que hacer; la iglesia estaba completamente envuelta en llamas y era tanto así que se mezclaban con el atardecer en el horizonte. Su mente intentaba procesar las palabras de Lily, pero aterrado como se encontraba del fuego le era imposible ¿él lo había causado? ¿Se había salido de control nuevamente?
Se puso de pie, el cuerpo le pesaba y sus piernas amenazaban con dejarlo caer sobre el césped, sin embargo puso todas sus fuerzas en ello y finalmente lo logró. Miró sus manos de manera temblorosa, mientras intentaba respirar, no necesitaba entrar en pánico, necesitaba salvar a su hermanita, su amada hermanita, necesitaba sacar de ahí a Draco el amor de su vida. Miró a su madre quién mucho más tranquila lo sujetó de los hombros, no le culpaba, simplemente le pedía que hiciera algo, lo que fuera. Avanzó lo más rápido que pudo hasta la iglesia, entonces extendió las manos hacia el fuego y de repente cayó en cuenta de que estaba a punto de revelar el secreto de su herencia mágica, por primera vez le mostraría al mundo lo que podía hacer.
Cerró los ojos, pensando en que al verlo dominar el fuego, los Malfoy no tardarían en comprender que había sido él el causante del incendio y seguramente exigirían su cabeza, pero aquello no le importaba, solo quería salvarlos, necesitaba hacerlo. Separó los dedos de su mano y se concentró lo mejor que pudo, pero entonces algo ocurrió, la herencia del sol no acudió a él, y se sintió repentinamente vacío, como si le hubiesen arrancado una mano. Lo intentó una vez y otra más, pero nada ocurrió. Aterrado miró a sus padres quienes tampoco entendían lo que estaba ocurriendo, vio pasar a Ron con algunos de los guardias, sujetando baldes de agua e intentando apagar el incendio. Fue entonces que soltó una risita de alivio ¿cómo había podido ser tan torpe y olvidarlo? , Draco podía apagar el fuego sin problemas, o abrirse paso entre las llamas.
—Todo va a estar bien —dijo a sus padres, sonriente— yo... no sé por qué no puedo pero, —miró sus manos— pero Draco es el heredero de la luna sus elementos contrarrestan los míos, van a salir sin problemas.
Entonces un furiosos Lucius Malfoy se acercó hasta él, sujetándolo por las solapas del saco con fuerza, mirándolo como si fuese capaz de asesinarlo ahí mismo, frente a todos.
—¡Fuiste tú! —le culpó luego miró a los Potter — ¡¿Querían venganza de lo que nuestro heredero le hizo al último heredero del sol?!
—Por favor, Lucius... —intentó tranquilizarlo James.
—¡Tú hijo! ¡Tú hijo hizo esto! ¡Por su culpa Draco..!
—¿Pero es que acaso no se da cuenta? ¡Draco va a estar bien! —Intervino Harry, sin molestarse en zafarse del agarre del hombre —¡Draco puede usar el elemento agua o viento para salir!
—¿Cómo es que...? —estuvo a punto de preguntar el señor Malfoy, pero como si se hubiera dado cuenta a penas soltó a Harry y miró hacia la estructura. Entonces Narcissa dijo:
—Draco ya no posee la bendición de la luna... —su voz estaba quebrada por el llanto— mi hijo no va a poder salir de ahí porque no posee más los poderes de la luna —la mujer ya no guardaba la compostura, simplemente se había limitado a llorar de rodillas, mirando hacia la iglesia. —mi hijo renunció a sus poderes por ti, para salvarte la vida cuando estuviste a punto de morir —Harry sintió que la vida se le iba.
—¿Lo sabías? —le preguntó el moreno a su propia madre— ¡¿Lo sabías!?
No dejó que le respondiera, su mirada culpable le dijo todo, entonces simplemente hecho a correr hacia el edificio en llamas dejando atrás las súplicas de sus padres para que no hiciera nada arriesgado. Uno de los cristales de las ventanas explotó cuando se acercó lo suficiente, enterrándole algunos cristales en el rostro y el cuerpo, pero dándole una manera de entrar en busca de Lila y de Draco. Trepó con cuidado, hasta que estuvo dentro, se había quemado las manos con el metal caliente del marco de la ventana pero en ese momento sentía todo menos dolor.
Intentó manipular el elemento fuego una vez más pero era como si el sol le hubiese abandonado, y tal vez así era, los dioses se habían cansado de sus actitudes egoístas y de las traiciones entre hermanos y no solo le habían castigado poniendo en peligro a las dos personas que más quería si no arrebatándole la única herramienta que tenía para poder salvarlas. Recorrió las filas de banquillos en llamas, esquivando el fuego mientras cubría su rostro con el pañuelo que antes descansaba en el bolcillo de su saco. Era imposible ver algo a través del humo, quería dejarse guiar por su oído pero ni Lila, ni Draco gritaban por auxilio.
Una de las vigas calló del techo, casi aplastándolo, el fuego en el que estaba envuelta le prendió el saco y tuvo que quitárselo de inmediato, la angustia que sentía no se comparaba con nada, pero su determinación a encontrarlos y sacarlos de ahí era mayor, así que retomando su camino se animó a comenzar a llamarlos entre gritos y toses leves causadas por el humo. La iglesia se estaba derrumbando; sus partes caían del techo con premura, las ventanas de cristal explotaban una tras otra, los objetos se consumían y él sentía que se desmayaría por la falta de oxígeno.
Pasó por el cuerpo de un hombre al que reconoció como Vincent, un amigo de Malfoy y aunque sintió pena por él no detuvo su andar hasta que por fin divisó a su hermana y a Draco, abrazados hasta el fondo de la iglesia, la puerta trasera —aquella que su hermana había usado para salir y luego entrar por la principal cuando inició la ceremonia— estaba bloqueada por trozos de techo y un candelabro de cristal que se derretía lentamente. Se dio cuenta que Lila se había quitado el vestido que yacía consumido lejos de ellos y que si no habían logrado salir era porque una enorme viga se los impedía.
—¡Draco! —gritó —¡Draco, tienes que ponerte de pie y ayudarme con esto! —Como si fuera un rayo de luz en medio de la oscuridad, el rubio reaccionó, poniéndose de píe y acercándose hasta donde Harry y sin decir nada le ayudó a retirar el obstáculo.
Harry no esperó a que Draco trajeara a su hermana que parecía inconsciente, vistiendo solamente un camisón y la chaqueta del rubio, él mismo fui hasta ella y la tomó entre sus brazos para comenzar a salir de aquel lugar. El camino de regreso se le estaba haciendo más largo que el de ida, y cuando finalmente llegó a la ventana por la que había entrado, se dio cuenta de que estaba bloqueada, al igual que la puerta principal.
—Tiene que haber una manera —dijo Harry mirando desesperado por todas partes.
—¡Por allí! —exclamó el rubio señalando una ventana redonda en lo alto de la iglesia— trepemos por esos maderos.
No lo discutieron dos veces, Harry colocó a Lila a su espalda y comenzó a trepar la viga de madera y los trozos de techo que les daban acceso a la pequeña e intacta ventana. El peso extra de su hermana le estaba dificultando las cosas, pero aferrándose con uñas y dientes finalmente llegó hasta la ventana por donde comenzó a gritar por ayuda. Los guardias del castillo se apresuraron colocarse debajo con una manta y Harry dejó caer a Lila sana y salva, entonces se dio la vuelta y dijo.
—Draco, tu turno.
Pero Draco no estaba detrás de él, el rubio aún se encontraba subiendo la viga con cuidado y fue que Harry se percató de que tenía una enorme quemadura en la pierna, cosa que le restaba movilidad. Observó su rostro sudado y enrojecido, lleno de manchas negras causadas por el humo, intentó descender para ayudarlo pero los escombros temblaron, haciéndolo temer agregar peso extra y entonces todo terminara por caerse y Draco quedara atrapado entre los escombros. Así que se limitó a estirar la mano lo más que pudo, sujetándose del marco de la ventana y le dijo.
—¡Vamos Draco! sólo un poco más —pero en el rostro del rubio se veía el trabajo que le costaba— ¡Sólo un poco más y yo te sujetaré! ¡Vamos! ¡Sólo un poco más, Draco, solo un poco más! —Entonces la estructura tembló, amenazado con venirse abajo por completo y Harry entró en pánico. Los ojos de Draco reflejaban la misma emoción. —¡Más rápido! ¡Más rápido! —le suplicaba al rubio pero sabía que le era imposible. Se estiró más, mucho más, hasta que las yemas de sus dedos tocaron las del rubio.
Draco se estiró todo lo que pudo, pero otro temblor le hizo bajar la mano y aferrarse a la viga, entonces levantó el rostro, sus grises ojos suplicaban por la salvación. El edificio se sacudió una vez más y entonces Draco le dijo:
—Te amo, Harry, lo siento mucho.
Y la estructura inestable de escombros se fue abajo, Harry se quedó colgado de la ventana, con la mano extendida y con el rostro desencajado por lo que acababa de suceder; Draco había caído directo al fuego, no había podido tomar su mano, le había dejado morir.
—¡Draco! —Gritó con desesperación, buscándolo entre los escombros, buscando la más mínima señal de vida. —¡Draco! —volvió a gritar sollozando, asimilando la verdad, Draco Malfoy no saldría de allí.
Entonces, sentado sobre la ventana la iglesia volvió a sacudirse y él calló hacia atrás, siendo atrapado por los guardias de la misma manera que su hermana, justo antes de que la estructura cayera por completo, víctima de aquel terrible incendio que él había ocasionado. Se quedó tendido en el suelo mientras las lágrimas resbalaban por su rostro, pensaba que no podía ser verdad, que Draco no podía haber muerto de aquella manera tan horrible, pero había ocurrido, lo había dejado caer, no había podido sujetar su mano, él le había asesinado.
Escuchó pasos a su alrededor, pero ni así hizo algo por levantarse, al menos hasta que sintió un tirón en su cabello, obligándolo a colocarse de rodillas. Abrió los ojos por fin, encontrándose rodeado de guardas, que lo defendían de un furioso Lucius. Miró a un lado, Lila estaba en el suelo, entre los brazos de sus sollozantes padres, una mirada de su papá fue suficiente para que entendiera que estaba muerta. Al final no había podido salvarlos, a ninguno, al final los había perdido a los dos. Comprendió entonces que habría preferido mil veces verlos casados, juntos y felices, rodeados de niños de ojos grises y cabellos de fuego. Una lágrima más se escurrió por su rostro. Que egoísta había sido dejándose llevar por sus propios sentimientos que, aunque fueran de amor no eran benignos, él les había matado y no solo por haber causado el incendio, si no por no haber aceptado de verdad desde el principio que las cosas podían terminar mal si no dejaba de desear tanto al prometido de su Lila; había jurado amarlos a ambos y a los dos les había causado un daño irreversible que no hubiera sucedido si desde el principio no hubiera insistido a Draco que estaba bien estar juntos.
Entonces levantó la vista, Ron se encontraba entre él y Lucius, se puso completamente de pie y dijo:
—Está bien Ron —Caminó apartando a su amigo del medio y plantándose frente al monarca Malfoy dijo— Acepto el filo de su espada como el pago de mi error, como el pago justo de una deuda, por lo que tiene usted el perdón real y nadie le condenará por sus acciones —Había memorizado aquella frase como parte de su educación real, pero nunca creyó que la utilizaría de verdad. —Los dioses reclaman justicia para estas vidas inocentes y tú serás la mano ejecutora.
Se plantó de rodillas frente al hombre nuevamente y le vio desenvainar la espada con la que se suponía bendeciría a su hijo al terminar la ceremonia matrimonial, cediéndole sus tierras, cosa que nunca ocurrió por culpa suya. Lo último que vio fue el filo dirigirse directamente a su cuello y lo último que escuchó fue la voz de su madre gritando su nombre.
