Draco se escondió detrás de un armario de tres patas, completamente desarmado, por Potter, una vez más. Se sentía agotado, no creía poder seguir con aquello ni un segundo más, había dado pelea, había hecho todo lo que había estado en sus manos para entregar a Potter al señor tenebroso, pero una vez más había perdido ante él y no creía ser capaz de levantarse de nuevo. Extrañamente perder ante el héroe no le había causado el desagrado que comúnmente le causaba perder ante cualquiera, sentía que aunque sus intenciones habían sido ser un buen mortífago, por el bien de sus padres y para poder salvar su propia vida, el que Potter saliera victorioso era lo mejor que podía sucederle al mundo, que sus planes se vieran arruinados una vez más por aquel insufrible muchacho de cabellos desastrosos jamás le había traído tanto alivio. Era como que tenía la excusa perfecta, él lo había intentado y no había funcionado, aquello ya no era su culpa ciertamente, si no de Potter y tal vez, Voldemort estaría complacido con su "lealtad" y tal vez dejaría de torturar a su padre a crucioso dejaría de castigar a su madre en el calabozo sin comer por días, tal vez dejaría de amenazarlo con aquella horrible serpiente por la que había desarrollado una fobia terrible, tal vez su familia no recuperaría el respeto del pasado, pero podría reducir su sufrimiento.
Cerró los ojos con frustración, joder cuan cansado estaba de fingir que estaba en el bando correcto, cuan cansado estaba de tener que soportar las torturas y las amenazas de muerte, cuan cansado estaba de perseguir a Potter como lo había hecho desde que se conocieron. Que se quedara con la victoria, que se quedara con el reconocimiento del mundo entero, él ya estaba cansado de siempre competir. Escuchó más ruido de batalla, estaba seguro de que Vincent seguía en lo suyo, con la cabeza demasiado lavada por los discursos de Voldemort como para darse cuenta de la realidad que Draco había entendido hacía mucho; con el Lord al poder no serían libres como él había prometido, siempre serían sus esclavos, sus sirvientes. Draco pensaba que era una lástima que sus padres se hubieran dado cuenta de la realidad demasiado tarde, pensaba que, de haber elegido diferente ahora podrían estar a salvo, lejos de aquella locura, pero estaban hasta el cuello en aquella situación y no había nada que él hubiera podido hacer, demasiado ingenuo, dejándose influenciar por sus padres.
El sonido de una explosión le hizo cerrar los ojos con más fuerza y abrazarse a sí mismo, cobarde, como siempre había sido, todo lo contrario a Potter que sin pensarlo dos veces se arrojaba al peligro y salvaba a cuanta persona se le atravesaba, Draco pensaba que en su vida pasada debió haber dejado morir a alguien muy importante y que en ésta vida trataba de recompensarlo salvando a cuanto podía... o tal vez era que su gen de idiota Gryffindor el que no le permitía ignorar a alguien en apuros, incluyéndolo. Le parecía interesante la forma en que ambos parecían atraerse a pesar de su palpable rivalidad, le parecía sumamente curioso que sin importar las circunstancias siempre estaban involucrados el uno con el otro, como si inconscientemente se buscaran, se encontraran y entonces, como no sabían manejar aquella extraña atracción simplemente decidían pelear.
Debía admitir que de los dos, era él el que peor lo sobrellevaba, porque Potter le hacía sentir cosas que le asustaban y como él era un completo cobarde, rehuía de ellas, y asustado como estaba siempre se ponía a la defensiva y aquello terminaba en una serie de maleficios y golpes por los pasillos; el odio era más fácil de manejar que cualquier otra cosa opuesta a la que no le iba a dar nombre porque no valía la pena. Pelear era más fácil, burlarse era más fácil, insultar era más fácil, siempre que lo hacía Potter le dedicaba una mirada que no le daba a nadie más y era satisfactorio ver sus ojos verdes prendidos en furia e impotencia, él y solo él podía causar que el pelinegro perdiera los estribos, solo él podía robarse su atención con una risa socarrona, él y solo él podía ser el rival de Harry Potter, aunque en el fondo, muy en el fondo, deseaba que le mirara de otra manera, de la misma manera en la que miraba a Ginevra Weasley.
¿Por qué estaba teniendo un momento de reflexión sobre su vida y Harry Potter cuando había una guerra librándose fuera del castillo, cuando sus padres estaban atados a Voldemort seguramente preguntándose si estaría bien, cuando Vincent se encontraba completamente solo peleando contra el trío dorado? Bueno, no lo sabía, pensaba que ahora que pronto sería el final debía poner las cosas en claro; si ganaba Potter estaba perdido, el ministerio jamás perdonaría a sus padres, jamás lo perdonarían a él y si ganaba Voldemort le esperaban años de tortura por la incompetencia de su familia, años de una esclavitud que se habían ganado a pulso, sirviendo a un mestizo loco y enfermo de poder, simplemente no había escapatoria para él.
Pensó en ponerse de pie y pedir una tregua, pensó en ponerse de pie y ofrecerle su ayuda el héroe para ayudarlo a hacer lo que se supone que había ido a hacer a la sala de los menesteres, luego pensó que si al final Potter moría Voldemort podría ver aquel momento en su mente y entonces decidió seguir oculto detrás de aquel armario de madera, suficiente había tenido con la tortura que había recibido por haberse negado a reconocer al cuatro ojos en su mansión. Pensó que simplemente podía tomar a Gregory y salir discretamente de la sala antes de que todo se complicara pero nuevamente pensó en Voldemort y en como su cobardía sería castigada y volvió a quedarse en su lugar. Y se sentía sumamente contrariado, estaba con los malos pero no lo estaba de verdad, quería estar con los buenos pero no podía, su instinto de auto preservación Slytherin era demasiado fuerte, aunque cualquier otra persona le hubiese llamado simple y llana cobardía.
Entonces escuchó que Granger llamaba a Potter y luego escuchó la voz de Vincent maldiciendo a Weasley, pero lo que realmente le hizo reaccionar fue la intensa luz anaranjada que avanzaba hacia ellos y entonces comprendió que Crabbe había hecho una estupidez, el imbécil había conjurado fuego maldito, un encantamiento que jamás había podido controlar por sí mismo. El pánico le invadió de inmediato, el fuego en grandes cantidades siempre le había hecho sentir temeroso e inseguro, y las bestias que se levantaban frente a él, amenazando con devorarlo solo lo hacían sentir impotente, tanto que las piernas le temblaban, el fuego no le gustaba, detestaba el fuego, necesitaba que alguien se deshiciera de el o se lo tragarían por completo.
Escuchó a Potter intentar usar el encantamiento aguamenti pero era obvio que aquello no funcionaría, las llamas cada vez estaban más cerca y él no había podido más que ponerse de pie y caminar hasta el cuerpo de su inconsciente amigo. No fue hasta que alguien —no prestó atención en quién— gritó que debían correr que su cerebro volvió a activarse y su cuerpo hizo todo lo posible por mantenerlo con vida, como había estado haciendo los últimos meses. Tomó a Greg, sin importarle su peso y comenzó a arrastrarlo lo más rápido que podía, intentando solo mirar al frente, temeroso de que, de volver la vista atrás y ver las inmensas llamas, su cerebro volviera a bloquearse y entonces no pudiera seguir avanzando. Vio a Vincent adelantarlos a todos, él iba hasta atrás, Potter, Granger y Weasley pronto se perdieron de su vista y entonces se quedó solo.
Maldijo a Vincent por ser un estúpido y lamentó mucho no tener una varita con la cual reanimar a Greg. Miró a todas partes pero la temperatura elevándose y el humo asfixiándolo pronto comenzaron a nublarle la mente, por lo que, en vez de buscar la puerta de salida y seguido por aquellas quimeras de fuego, simplemente optó por tomar a su amigo y trepar por una enorme pero inestable pila de pupitres que comenzaron a consumirse nada más estuvo a la mitad del camino. El fuego demoniaco era poderosos y era incontrolable para un mago tan torpe como Vincent. Sabía que moriría, sabía que moriría calcinado.
Desde donde estaba podía ver toda la sala, con sus pasillos ya consumidos en fuego y algunos pilares de cosas inservibles derrumbándose, destruidas por las llamas y aquel panorama le trajo un sabor de boca tan amargo que quiso vomitar, era como si estuviera atrapado en algún tipo de deja vú, uno que terminaba en tragedia y aquello le hizo sentir mucho más inquieto. Con manos sudorosas aferraba el cuerpo de su amigo, temeroso que de dejarlo caer, el humo ya no le permitía ver gran cosa y entonces cerró los ojos con fuerza, solo para que al abrirlos se encontrara que entre sus brazos no estaba Gregory Goyle, sino una jovencita de cabellos rojizos y piel pálida que le recordó un poco a la Weasley, vestía un camisón blanco y su cabello ahora despeinado, aún era los vestigios de un impresionante arreglo con pequeñas flores blancas. La mujer de no más de diecisiete años brillaba con un fantasma, pero Draco creía que era más como una visión.
Entonces la chica abrió los ojos, mostrándole unos familiares orbes avellana, lucía bastante cansada pero aun así estiró su mano hasta su rostro, muy lentamente, como si estuviese moribunda; aunque tal vez si lo estaba. Y Draco vio, vio un montón de cosas que cruzaron su mente como un torbellino de recuerdos que le pertenecían, no a él, sino a alguien que había sido. Se vio a si mismo junto a la mujer de cabellos de fuego, paseando por un hermosos jardín que no reconocía de ningún lado, en algún mundo que le era completamente ajeno, los vio riendo juntos, contarse un montón de cosas y compartir momentos felices, se vio a él junto a sus padres y reconoció a los Potter casi de inmediato; se vio a si mismo completamente enamorado de Harry, se vio a si mismo llorando de frustración porque nunca podrían estar juntos, se vio a si mismo besándole, haciéndole el amor y aquello, en vez de perturbarle le explicó muchas cosas que antes no había comprendido.
Soltó una pequeña lagrimita al llegar al final de la visión, él muriendo en medio de un incendio, Harry intentado salvarlo y no lográndolo, reflejando en su mirada un dolor que a su Potter jamás le había visto, demasiado fuerte como mostrarse débil ante él. Comenzó a sollozar de frustración, no creyendo que fuese a terminar de aquella manera una vez más, que fuese a morir calcinado de nuevo, como si con una vez los dioses no se hubieran dado por bien servidos, porque él sabía, estaba casi seguro que, si en otra vida Potter le amaba, en esta no y no iba a arriesgar su vida ni por él, ni por Vincent o Gregory.
Le pareció maravilloso poder presenciar una vida mucho más tranquila y sintió mucha pena por aquellos dos jóvenes que se habían amado y no había podido estar juntos, Draco pensaba que su rivalidad con Potter nacía principalmente de aquel final trágico, ambos se habían reconocido pero se habían alejado por miedo a terminar igual, era como... como en un cuento de hadas. Abrió los ojos sintiéndose completamente diferente, como si un sentimiento que había permanecido congelado en su interior por fin hubiese despertado y lo que sintió lo llenó de una manera tan profunda que casi fue doloroso, amar tanto que dolía. Era una lástima que aquella mujer no se hubiera aparecido antes, tal vez las cosas hubieran sido diferentes, tal vez hubiera podido tener algo con Potter, lo que en otra vida no. Tal vez aquello le hubiera salvado de Voldemort, de los mortífagos, de la oscuridad.
Para él era como haber abierto los ojos después de un largo sueño, un muy, muy largo sueño, porque lo que ahora sentía por Harry Potter era tan grande que no entendía como había podido mantenerlo guardado. Y sintió un poco de rabia, si tan solo lo hubiera reconocido desde el principio, aquel día en la tienda de túnicas y no en aquel momento, cuando estaba a punto de morir una vez más. Sentía que estaban destinados a ser, una cursilería completamente ilógica, pero tampoco hubiese imaginado que en su otra vida se había enamorado de aquel chiquillo flacucho y demás a primera vista. Y no había sido un amor así de un día, no, al parecer le había durado años.
Entre sus brazos vio que era Greg quien volvía a ser él, completamente inconsciente y se preguntó si la chica de ojos avellana había esperado precisamente aquel momento para revelarle la verdad porque sabía que era el final y pensaba que era buena idea hacerle recordar o simplemente había sido casualidad. Él pensaba más bien que era lo primero, era más que obvio que cuando se trataba de Potter y de él nada estaba echado al aire, todo con ellos era predestinado; su rivalidad, la extraña atracción que los hacía enfrentarse, el que fuesen una constante en la vida del otro, el que fuesen tan opuestos, como el agua y el fuego y aun así tan perfectos el uno para el otro que quería darse de topes por no haberse dado cuenta antes.
Soltó una carcajada y luego un suspiro, los dioses debían estar muy enojados con él y la verdad no les culpaba, le habían dejado regresar, le habían puesto en el camino al amor de su vida y él había perdido el tiempo con riñas estúpidas y duelos a media noche. Al menos ahora entendía por qué había tenido aquella imperiosa necesidad de volverse amigo de Potter desde antes de que supiera quién era, aquel día en la tienda de túnicas. Se preguntó si Harry había rechazado su mano inconscientemente, asustado por haber sido él el causante de su muerte en aquella otra lejana vida. Pensaba que sí, pensaba que Harry debía estar asustado de volver a involucrarse con él, pues la última vez que lo había hecho habían terminado muertos y no solo eso, también había perdido a su hermana... Lila.
Tosió fuertemente, su cuerpo no iba a resistir mucho más la falta de oxígeno, pero pensó que era preferible morir asfixiado a morir por las llamas. Un escalofrío le recorrió cuando recordó la sensación de su piel abriéndose por las quemaduras, su muerte había sido lenta, había sufrido muchísimo y había pasado sus últimos segundos de vida deseando que la luna le perdonara el haber rechazado su herencia. Greg tosió un poco, pero no despertó, entonces Draco se acomodó sobre los pupitres, la torre se balanceó trayéndole a la mente aquel terrible momento en que la viga le había dejado caer justo cuando Potter había estado a punto de sostenerlo.
Entonces alzó la mirada, pidiendo perdón por todo lo que había hecho, en su vida anterior y en la que estaba viviendo y juró a los dioses que, si le dejaban salir de aquello, jamás volvería ser cobarde, jamás volvería a dejar que su "deber" se interpusiera en su camino a la felicidad, que no dejaría que nadie se interpusiera entre él y lo que era correcto. Le agradeció a la luna por haberle bendecido antes y le pidió perdón al sol por haber odiado su elemento, aferró más fuerte al único amigo que le quedaba y entonces gritó en busca de ayuda, aunque su voz más bien sonaba débil. Por favor, por favor, prometo que haré las cosas bien, prometo que haré las cosas bien. Rogaba hacia la nada.
Entonces divisó a través del humo una figura sobrevolando en escoba y grande fue su alegría al descubrir a Potter buscándolo entre las llamas. El moreno descendió cuando él grito una vez más que se encontraba ahí, intentó tomarlo de la mano sudorosa y una corriente eléctrica que denotaba reconocimiento le recorrió la espina dorsal, Harry jamás le había dado la mano. Pero aunque Potter hizo el intento, no logró levantarlos con el peso de Greg y Draco temió que aquello fuese a terminar mal una vez más. Entonces Granger y Weasley aparecieron también, tomaron a su amigo y se marcharon, haciéndolo sentir bastante más aliviado, antes no había podido hacer nada por Lila, pero estaba seguro de poder hacer algo por Gregory.
El movimiento que hicieron Weasley y Granger al llevarse a Goyle hizo que la torre se tambaleara peligrosamente, por lo que cuando estuvo a tomar la mano de Potter simplemente optó por bajar su mano y aferrarse al único objeto sólido bajo su cuerpo. Entonces alzó la mirada y se encontró con los verdes ojos de Potter mirándolo con pánico. La torre volvió a temblar y entonces Draco comenzó a asustarse de verdad, estiró la mano una vez más, pero Potter parecía haber entrado en trance, la torre se sacudió una vez más y entonces se derrumbó. Draco sintió como su cuerpo caía en cámara lenta, pensando en el gran circulo que era la vida, ahora volvía al mismo punto del que había salido y Harry no había podido hacer nada nuevamente. Entonces sintió un tirón en el brazo, Potter lo había sujetado y su rostro bañado en lágrimas le decían que algo había pasado, que tal vez, él también había recordado.
Con un hábil movimiento lo ayudó a subirse a la parte trasera de la escoba, Malfoy se aferró a su cintura con fuerza, escondiendo el rostro en su espalda, aspirando aquel aroma familiar que hacía siglos no disfrutaba. Pero Potter no fue directamente a la puerta, primero se aseguró de obtener de entre los escombros la diadema que le había visto buscar con desesperación en cuanto llegaron y cuando finalmente salieron y pudo respirar tranquilamente, se percató de que Vincent se había quedado atrapado, muerto por su propia mano.
Levantó la cabeza cuando terminó de toser, encontrándose con la mirada de Harry que aún no había dejado de llorar. Le vio ponerse de pie, dispuesto a acercarse hasta él, como si hubiera olvidado por un momento que no estaban solos, pero la voz de la sabelotodo le detuvo y Draco, nervioso como estaba, hasta se lo agradeció.
—¿Harry que es eso en tu mano?
Y pronto el trío se envolvió en una charla que Draco aprovechó para escabullirse, arrastrando a Goyle por los pasillos del colegio que amenazaban por caerse debido a las explosiones. Encontró un aula lo bastante alejada del alboroto y se adentró a ella, esperando a que su amigo despertara. Su cabeza estaba hecha un lío, apenas media hora atrás había estado a punto de entregar al amor de su vida al ser más ruin y peligroso del universo y aquello le hizo sentir enfermo y completamente sucio. Agradeció entonces que las cosas no salieran como él lo había planeado y decidió que había tomado una buena decisión al alejarse de Harry, ahora él estaba realmente ocupado siendo un héroe, así que... que simplemente debía esperar.
Pero la espera había sido más larga de lo que había imaginado, entre temblores, sonidos de explosión y gritos lejanos Draco comprendió que la batalla podría durar días y días, pero entonces todo se detuvo. Lo primero que pensó fue en sus padres y en si estarían muy preocupados por él, lo segundo era en que Harry debía haber ganado aquella batalla contra Voldemort. Se puso de pie de la banca donde había estado descansado y con un Greg aún muy adormilado recorrió los pasillos del colegio hasta el gran comedor donde en el caminó encontró un montón de cuerpos de los hombres de Voldemort.
Entonces se detuvo de golpe, haciendo que su amigo lo mirara confundido. ¿Cómo iba a explicar sus repentinos sentimientos por Potter? ¿A caso sus padres le creerían si les dijera que estaban destinados a ser desde una vida pasada? Si Voldemort había perdido él... él tendría que comparecer ante el Wizengamot ¿Harry querría estar con un ex mortífago? Lo dudaba, él no era el mismo príncipe de la luna, siempre recto y justo, esa vida que estaba llevando era muy diferente a la anterior. Y entonces tuvo miedo, porque ese Harry no era el mismo que él había visto, y él no era el mismo tampoco, lo que le hizo preguntarse ¿serían aquellos sentimientos reales?
Avanzó lentamente, se encontró con un gran barullo a mitad del gran comedor y entonces lo vio, el cuerpo sin vida de Voldemort y justo en el otro extremo de la sala estaban sus padres, abrazados entre ellos, completamente aliviados de haber sido librados de aquel loco. Corrió hasta ellos y los abrazó fuertemente, aliviado de que al parecer sus padres decidieran no participar en aquella batalla y se encontraran completamente a salvo. Entonces se apartó de ellos y por sobre sus hombros vio a Harry, estaba con sus amigos, riendo aliviados a carcajadas, entonces Ginevra se acercó y le besó y Draco cerró los ojos recordando lo doloroso que era ver a alguien que amas en brazos de otra persona.
Pero las cosas no podían ser de otra manera, él lo sabía, las cosas no iban a cambiar solo porque un fantasma del pasado había venido a mostrarle que en otra vida Harry y él habían sido el uno para otro. La Weasley no iba a desaparecer, él no iba a dejar de ser un mortífago y los años de rivalidad tampoco iban a evaporarse; él no era el heredero de la luna y Harry no era el heredero del sol. Comprendió entonces que era inútil recordar cosas que él no había vivido, que era tonto pensar en una vida que no había sido la suya.
Resignado se mantuvo junto a sus padres, evitando mirar al centro del gran comedor, pensando en que habría preferido no recordar nada de aquella otra vida, pensando en que aquel sentimiento que se había mantenido oculto muy dentro de él estaba mejor ahí, en aquella caja, lejos, en un lugar donde no le causara dolor al darse cuenta de la realidad, una donde él era Draco Malfoy, Slytherin, mortífago y probablemente futuro prisionero de Azkaban, donde él era Harry Potter, Gryffindor, héroe del mundo mágico, el próximo jefe de aurores posiblemente.
Entonces, notó que la gente había dejado de celebrar y miró nuevamente hacia el centro del gran comedor, Harry le miraba intensamente y él se sintió avergonzado de no haber sido diferente, de no haber sido un poco más como en su vida anterior. El moreno apartó a sus amigos y comenzó a caminar hacia él y Draco creyó que moriría de un ataque cardiaco, no sabía que decirle, no sabía cómo actual frente a él; su alma gritaba, reconociéndolo, exigiéndole que lo tomara entre sus brazos y le besara, su cabeza le decía que era ilógico, que no podía sentir cosas por él como por arte de magia, pero las sentía. Entonces un recuerdo más llegó a su mente; él dormido bajo un árbol y una risita despertándolo, pero cuando abrió los ojos no estaba en aquel jardín en primavera, estaba en verano, en medio de la tienda de túnicas y a su lado estaba Harry. Y recordó la familiaridad con la que le había hablado, como si se conocieran de toda la vida, lo había reconocido y entonces, cuando volvió a la realidad y se encontró nuevamente con esos hermosos ojos verdes supo que se había enamorado a primera vista, una vez más, como la primera vez.
Potter se plantó frente a él, no miraba a ninguna otra parte, ni si quiera a sus padres, era como si solo ellos dos existieran en el mundo y tal vez era así. El pelinegro le sonrió entonces, con los ojos enrojecidos y amenazando con derramar alguna lágrima. Draco tuvo la imperiosa necesidad de estirar su mano y acariciar su rostro, pero su sentido común lo detuvo ¿y si Harry no había recordado? ¿y si estaba ahí solo para recordarle que le había salvado la vida?
Pero entonces todas sus dudas se apagaron cuando el ojiverde lo miró por última vez, lo tomó del rostro y ahí en frente de todo el mundo le besó, profundamente. Aquello fue todo lo que Draco necesitó para dejarse llevar una vez más por la sensación de familiaridad de la que Potter le embriagaba. Sus labios se amoldaban a los suyos a le perfección, la danza de sus lenguas mostraba tal sincronización que aquel no parecía su primer beso. Draco no había estado verdaderamente consciente de lo mucho que su alma había anhelado aquel encuentro. Lo había esperado por siglos y ahora ya no le quedaba duda, ellos debían estar juntos.
Harry se separó finalmente, con las mejillas encendidas de un rojo vivo, estaba todo lleno de tierra y suciedad, pero a Draco le pareció mucho más guapo que aquel recuerdo que tenía de él, vistiendo como todo un príncipe, aquel era su Harry y le gustaba tal y como estaba.
—Tú —le dijo el moreno con voz alegre —siempre has sido tú. —Draco cerró los ojos dejando que algunas lágrimas escurrieran por su rostro — Lo lamento, lo lamento tanto... —susurró en su oído una vez que lo envolvió en un abrazo —Lamento haberte dejado caer, Draco, lo siento tanto.
—Me atrapaste... —le dijo a forma de consuelo, acariciando su cabello. —ahora estoy bien.
—Yo... lamento haber tardado tanto en... en darme cuenta que... pero cuando te vi en medio del fuego yo... —sollozaba sin parar, entre afligido y angustiado. —y luego Lila estaba ahí y... Dioses, Draco, yo no sabía que habías perdido tu herencia por mi culpa, no sabía que la luna te había desheredado, pude haber llegado antes pude...
—Shh... —le calmó— ahora eso ya no es importante, yo no soy esa persona —se apartó y le miró a los ojos— ¿lo ves? Estoy aquí, vivo gracias a ti.
—Pero yo, yo pude...
—Hay cosas que no están en nuestras manos y lo sabes —le sonrió— ahora compórtate como un príncipe de verdad y deja de llorar como si fueras un bebé —le regaño a forma de juego, por lo que solo recibió un fuerte abrazo.
—Lo siento... —dijo nuevamente y Draco guardó silencio, esperando a que continuara— Creo que es mi culpa que no hayamos recordado antes, yo no quería volver a hacerte año y me mantuve alejado de ti.
—No todo es tu culpa, yo también estaba aterrado de que algo saliera mal de nuevo y no dejé que sucediera, pero al parecer Lila no pensaba igual...
—¿También la viste?—él asintió—. Ella, ella me hizo recordar y me dijo que había decidido no volver nunca a reencarnar por mí, por ti, por nosotros, para que los dioses nos dejaran estar juntos de nuevo... ella nos dio una nueva oportunidad.
—El amor de hermana sobrepasa todo —dijo Draco entre conmovido y triste — era una gran mujer.
—La mejor —concordó Harry.
Entonces como si acabaran de salir de una burbuja, miraron alrededor, percatándose de que todos les miraban con la boca abierta, sin comprender su repentino cambio de actitud, entonces Harry se dio vuelta para encararlos a todos, tomó la mano de Draco y el viento y el fuego se hicieron presentes por un pequeño y casi imperceptible instante cuando recién hicieron contacto. Draco miró a sus padres, firme y decidido, ya antes le habían arrebatado aquella felicidad y no iba a permitir que aquello sucediera de nuevo.
El sol y la luna miraban desde lo alto, orgullosos y satisfechos mientras Lila les hacía compañía en forma de estrella, sabían que aquellos dos tenían toda una travesía por delante, pero también sabían que su amor era tan fuerte que podía traspasar las barreras de la muerte. Al final, habían cumplido con su promesa, la promesa de reencontrarse en otra vida.
